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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Skavens contra slann.jpg

Abominación enfrentándose a los Hombres Lagarto

El Consejo de los Trece tomó asiento en un opresivo silencio. La cámara yacía en lo profundo del Gran Templo de la Rata Cornuda, pero estaba tan imbuida con ruinosas energías que podía haber existido en un reino diferente. Estaba oscuro, tan solo iluminado por un enfermizo fulgor verdoso procedente de los incensarios, y vacía, salvo por un pilar de trece caras y una mesa de piedra. Ambas tenían runas grabadas sobre ellas, las cuales hacían daño en los ojos con tan solo mirarlas.

En torno a la mesa se sentaban los doce gobernantes del Imperio Subterraneo; el trono número trece seguía vacío, el simbólico asiento reservado a la Gran Cornuda. Todo permanecía en calma, aunque el aire estaba cargado de agitación. En el inquieto silencio, una cola se retorció. El movimiento áspero de unos pulmones encharcados identificó al Archiseñor de la Plaga Nurglitch, el cual estaba sentado sobre el décimo asiento, un sencillo trono de hueso. Había esperado este momento durante mucho tiempo. Saboreó el tenso silencio, cuyo tiempo estaba marcado por el zumbido de los engranajes y los pitidos de vapor del aparato de respiración del Señor de la Guerra Vrisk.

El Señor de la Videncia Kritislik, que se sentaba en el codiciado primer asiento, rompió la sofocante calma para dirigirse a los Señores de la Descomposición. La aguda voz de Kritislik irrumpió llena de rabia mientras el aire que lo rodeaba rielaba con un poder desconocido.

"Estoy disgustado, sí-sí. Lord Morskittar, le pedí-ordené que no abandonara ni comerciara dispositivos con clanes menores. ¿Por qué ha sido este garra-pacto roto con el Clan Mors?"

Durante un momento, el más antiguo de los videntes grises alzó la mirada sobre los miembros de su consejo. Examinó uno por uno con sus amplios ojos. El Señor Nurglitch luchó contra la necesidad de moverse, intentando que sus ojos llenos de pus no parpadearan de manera antinatural.

El Señor Morskittar, el más exaltado brujo y Maestro del Clan Skryre, se movió lentamente y sus ojos telescópicos chirriaban mientras se ajustaban sobre el cornudo vidente. El Señor Nurglitch sabía, al igual que el resto de miembros del consejo, que Kritislik prohibía con regularidad el comercio de armas a los clanes que no pagaban los tributos al vidente gris. A pesar de que el Clan Skryre había vendido sus mercancías a unos pocos clanes con tal prohibición, la escasez generalizada de armamento avanzado había convertido para los Skavens en muy costosa la invasión de Tilea. Sin los lanzallamas de disformidad o esferas de gas para neutralizar los focos de resistencia, muchos de los defensores tenían que ser ejecutados a lanza o colmillo.

Cuando el Señor Morskittar respondió finalmente al Señor Kritislik, lo hizo con una voz metálica que resonó por toda la enorme cámara. "Tenemos muchas-muchas máquinas para comerciar. El Clan Mors hizo la mejor puja en piedra de disformidad. ¿Por qué no debía comerciar con el Señor Gnawdwell? ¿Por qué-por qué debería importarme que creas que ha crecido demasiado poderoso?"

Durante un momento se le escaparon a Kritislik unos silbantes balbuceos, haciendo que la cola de Nurglitch diese un respingo de malvado deleite. Airear las conversaciones privadas del Consejo era una forma común de desprestigiar a los demás; de hecho era la táctica favorita de Kritislik. Esta vez, pensó Nurglich, los roles se habían invertido. Ahora era la autoridad del Vidente Gris la que estaba siendo menospreciada.

El Señor Sneek fue el siguiente en romper el ominoso silencio. Nurglitch, y todos los demás, giraron sus ojos hacia la sombra donde se encontraba el gobernante del Clan Eshin. Incluso cuando los incensarios relumbraban con mayor intensidad, la zona permanecía a oscuras; no lo llamaban el Señor de la Noche por nada. "Vidente-Señor Kritislik, he hecho retirarse de sus objetivos al Señor de la Muerte Snikch e informado a Doomclaw de tu doble cruz", dijo el Señor Sneek con su voz susurrante. A esto le siguió un fuerte ruido sordo mientras Kratch Doomclaw golpeaba la mesa con el enorme aparato con el que había sido reemplazado su brazo izquierdo. El era el Señor de Pico Jorobado, Supremo Señor de la Guerra del Clan Rictus, y mostraba sus amarillentos colmillos hacia Kritislik de manera desafiante. Nuevamente, la cola de Nurglitch temblaba, y esa señal era universalmente conocida entre los Skaven, hasta por el esclavo más bajo. Era la postura que una rata de clan común tomaba para una lucha abierta por el rango.

Kritislik se mostró incrédulo, pero sus curvos cuernos relumbraron con un halo de poder. "¿Te atreves? Yo hablo en el nombre de la Gran Rata Cornuda. Solo yo soy..."

Pero antes de que pudiera finalizar, sus palabras se convirtieron en un chirrido, un lamento de puro dolor mientras su cuerpo se convulsionaba. Un oscuro vapor emanó de sus mandíbulas desencajadas, una creciente penacho de oscuridad. El Gran Pilar relumbró y de la oscura nube salió un relámpago. Mientras se convulsionaba, Kritislik quedó reducido a su esqueleto en un instante, y luego se convirtió en cenizas.

Nurglitch estaba conmocionado, y el sobresaltado aspecto del resto de miembros del consejo le decía que no era el único.

Mientras los últimos copos del vidente gris caían en el suelo, la oscura nube se fusionó sobre la simbólica cabeza de la mesa del consejo. Ojos como faros surgieron de entre la oscuridad. Esto fue demasiado para el Señor Nurglitch, quien cayó sobre el suelo al lado del resto de Señores de la Descomposición, postrándose con temor y terror.

La Gran Rata Cornuda había llegado.

Mientras se retorcía contra el suelo, la cabeza de Nurglitch comenzaba a llenarse de conocimientos que no había pedido. En su mente, el Señor de Plaga tuvo visiones sobre la malevolente sombra de la luna; se puso enorme y se había hinchado. Entonces vino la voz. Habló con un rugido discordante como si mezclara los rasposos susurros de un billón de ratas chillonas. El Señor Nurglitch conoció y comprendió. La Gran Rata Cornuda estaba disgustada y ya no le complacían las riñas entre sus chiquillos. Un nuevo maestro de videncia tocaría el pilar y se uniría al consejo. Él hablaría con corrección en nombre de la Gran Rata Cornuda.

Antes de partir, la Gran Rata Cornuda habló en alto de una única profecía que amenazaba con rasgar el tejido de la realidad.

"¡Hijos míos, heredaremos!"

FuenteEditar

  • The End Times I - Nagash.

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