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Alarielle

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Alarielle Radiante.jpg

Alarielle, la Radiante

Ulthuan está gobernado por el Rey Fénix y la Reina Eterna. La Reina Eterna es la sacerdotisa y representante elegida por Isha, la diosa élfica de la naturaleza, las plantas y los bosques en el mundo mortal desde la Época Dorada.

ArtículoEditar

Alarielle es la decimotercera Reina Eterna en el cargo desde los días de Aenarion y es la actual Reina Eterna. Dicen que es la más bella de las que ha recibido los favores de Isha desde los lejanos días de Astarielle. Por donde camina la Reina Eterna, los campos comienzan a florecer y las flores brotan de la tierra. Los blancos pájaros de Avelorn tienden a posarse en su mano, y su risa plateada resuena a través de los bendecidos claros del Valle Gaen. Su cabello ondulante en el viento como una nube dorada, y se dice que su belleza es tal que puede conmover incluso a los dioses inmortales. Su poder es el de la propia naturaleza, por lo que cuando se lamenta, los cielos lloran con ella y cuando frunce el ceño el trueno resuena a lo largo del Valle Gaen.

Si bien muchas de sus predecesoras se desentendieron de la guerra tanto como las circunstancias les permitieron, Alarielle ha guiado con decisión a ejércitos en defensa de Ulthuan. El reinado de Alarielle no ha sido pacífico, ya que sus poderes fueron sometidos a una dura prueba cuando los ejércitos de los Elfos Oscuros y las legiones del Caos invadieron Ulthuan y arrasaron Avelorn. Durante un tiempo se creyó que la Reina Eterna había muerto en combate. Para los Altos Elfos, la Reina Eterna representa el espíritu de Isha, y su pérdida podía presagiar la destrucción de toda Ulthuan. En realidad no había perecido, sino que estaba escondida y protegida por el Príncipe Tyrion, aunque sus poderes se habían visto reducidos considerablemente, mientras que los poderes del Caos se alimentaban por las matanzas de la batalla. El poder del Caos crecía incesantemente a causa de la devastación que se propagaba por la tierra. Finalmente, la Reina Eterna Alarielle consiguió escapar para tomar parte junto a Tyrion en la Batalla de la Llanura Finuval, donde el Caos fue derrotado y los Druchii expulsados. La Reina Eterna y su guardia de doncellas regresaron a Avelorn, donde vive actualmente junto a su paladín, el Príncipe Tyrion. La Reina siempre va con una guardia de doncellas que la protegen de todo mal, mientras defiende a su pueblo de todos los que intentan amenazar su paz.

Alarielle1.jpg

Alarielle, actual Reina Eterna

Un ejército de Altos Elfos puede contar con su ayuda gloriosa en su hora más oscura. Al despuntar el alba, una de las Doncellas hará sonar el Cuerno de Isha, para que la diosa vea que su suma sacerdotisa está en el campo de batalla. A continuación se iza el Estandarte de Avelorn bien alto, para que sus hebras vivientes reluzcan con el sol. Cuando se propaga la noticia de la llegada de Alarielle, el desánimo desaparece como las sombras a plena luz del día, y crece una nueva determinación. Entonces, el Cuerno de Isha volverá a sonar para incitar a los Elfos a hazañas legendarias.

A pesar de las muchas victorias de Alarielle desde la Batalla de la Llanura Finuval, hay Elfos que se escandalizan por sus acciones. Según la tradición, la Reina Eterna se encarga de la defensa espiritual y el bienestar de los Elfos y deja al Rey Fénix las hazañas bélicas de sangre y fuego, y los Altos Elfos valoran la tradición sobre todas las cosas. Hay quien ve en ello un indicio de que la propia Isha se ha vuelto más belicosa en esta época desesperada, de que la miseria y destrucción del mundo mortal incitan a la guerra incluso a los dioses.

Alarielle es la Reina Eterna, heredera de una línea ancestral que proviene, según la leyenda, de la propia diosa Isha. La Reina Eterna posee la Bendición de Isha, por ello la Reina Eterna es sagrada para los Altos Elfos, y su mera visión inspira hazañas de heroísmo y valor. La Reina Eterna es la encarnación de la armonía de la naturaleza, y el mismo Caos retrocede ante su presencia. Alarielle no pelea en el sentido estricto de la palabra, puesto que ella es la representación de la paz y no de la guerra. No obstante, el más ligero de sus toques puede acabar con un enemigo al desorientarlo con un cegador rayo de luz.

Familia Editar

Es la madre de Aliathra, la Princesa Eterna. Esta fue capturada por el vampiro Mannfred von Carstein cuando regresaba de firmar un tratado con los Enanos en Karaz-a-Karak, y su sangre fue utilizada en el ritual para resucitar a Nagash. Esto condenó al Gran Nigromante a sufrir la Maldición de Aenarion, ya que su padre no era Finubar el Navegante sino Tyrion.

Objetos MágicosEditar

Portados por la Reina Eterna

  • Joya Escudo de Isha: Sobre su pecho, Alarielle lleva una joya de artesanía insuperable. Es la Joya Escudo de Isha, un amuleto tan antiguo como la propia Ulthuan, cuyo interior palpita con energía propia. La Joya está en armonía con el aura de la Reina Eterna, y sólo ella puede liberar el poder mágico que encierra. La Joya protege a los puros de corazón, bloqueando los golpes mortales y desviando las flechas al suelo.
  • Estrella de Avelorn: La Reina Eterna ciñe sobre su noble frente una pequeña diadema de Ithilmar en la que está engastada una única joya radiante que Aenarion le regaló a Astarielle como prenda. No es una gema común, sino que se dice que es una estrella tomada de los cielos por Isha y encerrada en un cristal mágico, y tiene el don de sanar heridas mortales.

Portados por la Guardia

  • Cuerno de Isha: El Cuerno de Isha está hecho a partir de una única concha de un color blanco nacarado similar al de una perla. Su creación sigue siendo un misterio para todos los magos y sabios de Ulthuan, pero se sabe que el Cuerno de Isha ha existido desde que hay una Reina Eterna. Cuando se sopla en él, el sonido de este bello instrumento rasga el velo entre el reino mortal y el inmortal e insta a la diosa madre a bendecir a sus hijos predilectos.
  • Estandarte de Avelorn: Tejido con hojas vivas y el cabello de las Doncellas de la Reina Eterna, el Estandarte de Avelorn es una creación increíblemente hermosa de los Elfos de Avelorn, y un artefacto de pureza sin igual. Se elabora uno nuevo cuando una Reina Eterna asciende al trono, y algún día le servirá como sudario. Mientras la Reina Eterna viva, el Estandarte de Avelorn será un foco de luz y vida. Si ella perece, su magia se escapa del mundo mortal y se filtra al reino que hay más allá para proteger a la Reina Eterna del apetito de Slaanesh.

El Fin de los TiemposEditar

Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Alarielle fin de los tiempos.png

Las Reinas Eternas de Ulthuan es la más antigua tradición de los elfos. En un tiempo anterior a los Reyes Fénix, cada Reina Eterna gobernaba por sí sola, una emisaria de Isha, cuyo cetro de mando a su vez había sido un regalo de la diosa madre. En tiempos de paz, educaba a su pueblo con la magia de lsha; en las raras ocasiones de conflicto, utilizaba fuego purificador para protegerlos, ya que nunca había sido el lugar de una madre cruzarse de brazos cuando sus hijos están amenazados. Y así fue durante muchos años, con el título y el poder de la Reina Eterna pasando de madre a hija con cada generación. Luego llegaron los Reyes Fénix, y todo cambió.

Con la invasión de los demonios y la ascensión de Aenarion al Trono del Fénix, el papel de la Reina Eterna disminuyó. Frente a una amenaza que sólo podía ser confrontada por la fuerza de las armas, los elfos llegaron a confiar en su nuevo rey más que en su reina. De este modo, se olvidaron de que la fuerza existe en formas mucho más sutiles que la mera fuerza física, y por lo tanto perdieron para siempre una parte de su herencia. Astarielle, Reina Eterna de aquellos tiempos y esposa de Aenarion, tal vez podría haber alterado esta forma de pensar, pero murió antes de tiempo. Cuando la hija de Astarielle, Yvraine, por fin ascendió al Trono Eterno muchos años más tarde, la tradición élfica había cambiado: la mayor parte del poder de la Reina Eterna ahora estaba en manos de los Reyes Fénix.

Y así fue durante generaciones. La Reina Eterna rara vez era algo más que una figura, una joya de valor incalculable que mantener a salvo de los enemigos de Ulthuan. Protegida por una hermandad de élite de guardia de doncellas, Yvraine y las que la sucedieron eran recipientes políticos. Se las prohibía luchar en batalla, ya que la sucesión de la Reina Eterna todavía se consideraba vital para la supervivencia de los elfos, incluso si la razón llevaba largo tiempo en el olvido.

Todo eso cambió cuando Alarielle ascendió al Trono Eterno. Hija del sabio Bel-Hathor y Estrielle la Plateada, Alarielle era de carácter fuerte de una manera que a menudo conducía a su madre a la desesperación. Cuando era una niña, a menudo eludiría a sus protectores para alejarse profundamente en Avelorn, donde no importaba cuanto la buscaran, no la encontrarían. A su vuelta, Alarielle anunciaría despreocupadamente que había estado caminando con Sernalla, una mujer cuyo pelo brillaba con la luz de las estrellas. Nadie entre la corte de Estrielle sabía de esta mujer. Por temor a la depredación de algún demonio o espíritu maligno, la Reina Eterna envió a su hija a Lothern para quedarse en la residencia de su padre. Alarielle fue sin quejarse, y nadie pensó en registrarla. Si lo hubieran hecho, la Estrella de Avelorn que Sernalla había regalado a la Niña Eterna seguramente habría sido descubierta.

Muchos años más tarde, Bel-Hathor falleció, y Alarielle ascendió al Trono Eterno como la esposa de Finubar el Navegante. Desde el primer momento, la nueva Reina Eterna dejó bien claro que no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados mientras su tierra natal fuera amenazada. Muchos nobles se opusieron, pero Alarielle no les prestó atención - en todo caso, se la veía más a menudo en el campo de batalla que a su marido. Ayudó, por supuesto, que Ulthuan fuera amenazada entonces en un grado no visto en años, y también por el hecho de que el Rey Fénix negara sumar su voz a los que instaban a su errante Reina Eterna a conformarse con la tradición. Una y otra vez, Alarielle tomó el mando de los ejércitos reunidos en defensa de Ulthuan, con su fría y clara voz sonando a través del estruendo, y su toque curando la más salvaje de las heridas. Ninguna Reina Eterna había carecido nunca del respeto de sus súbditos, pero nunca desde antes de la época de Aenarion había ninguna ganado su amor tan completamente como Alarielle.

Sin embargo, había algunas tradiciones que Alarielle se negó a romper. No iba a empuñar el acero, sin importar lo oscura que fuera la época, aunque en verdad no tenía ninguna necesidad real de hacerlo, ya que su toque - al igual que el de todas las que habían llegado antes que ella - era anatema para las criaturas de corazón maligno. Del mismo modo, nunca abandonó sus funciones como suma sacerdotisa de lsha, incluso cuando Ulthuan podría haber sido mejor gobernada por una Líder de Guerra que por una celebrante. Avelorn, en particular, lo amaba más que todos los otros reinos. Alarielle caminaba durante horas por debajo de sus hojas, como lo había hecho siendo niña, hablando con los árboles como Sernalla le había enseñado, y aprendiendo todos los secretos que podía.

A medida que el reino de Finubar transcurría, y los días se hacían cada vez más oscuros, Alarielle cada vez estaba más en un primer plano. La hermandad de Avelorn, durante tanto tiempo solamente con la tarea de defender a la Reina Eterna, fueron distribuidas a lo largo de los diez reinos, luchando junto a las milicias y nobles de muchas tierras. Alarielle se volvió más audaz y decidida, ya no se conformaba con esperar que los problemas ocurrieran, sino que recorría las nieblas de Yvresse y las laderas de las Annulii con el fin de evitar la depredación de los demonios. Por ahora, su matrimonio ritual con Finubar se había acabado hacía mucho, y era bien sabido que Alarielle había tomado al Príncipe Tyrion como su consorte, pero nadie, salvo los amantes sabía exactamente cuan larga había sido su unión en verdad.

A medida que se acercaba el fin de los tiempos, ocurrió el desastre. Aliathra - hija de Alarielle, y la futura Reina Eterna - fue capturada, y ningún intento de rescate consiguió liberarla. Todo Ulthuan lamentó la pérdida, ya que creían que todo se perdería si la línea de Reinas Eternas se marchitaba. Alarielle, que sólo le importaba que su hija estuviera en peligro, oró para recibir orientación. Fue entonces cuando Sernalla vino a ella una vez más, y se reveló como Lileath. Bajo la pálida luz de la luna, la diosa mostró a Alarielle cómo hacer uso de las raíces del mundo - antiguos caminos que unen todos los bosques del mundo - y le ordenó buscar la ayuda de los elfos silvanos.

Alarielle desapareció de Ulthuan durante muchos largos meses, y su ausencia se sintió profundamente. Cuando la Reina Eterna, por fin volvió a Ulthuan, había cambiado mucho. Durante su tiempo en Athel Loren, el alma de Alarielle se había fusionado con la de la moribunda Ariel, quien era a su vez la última faceta de la diosa Isha. Mientras dormía debajo del Roble Eterno, la voluntad de Alarielle se impuso sobre la de la diosa con la que se había unido. Aunque Alarielle siempre podría recordar momentos de la vida de lsha, sus pensamientos y decisiones eran propios, no los de la Diosa Madre. Su poder, sin embargo, era mayor que lo que había sido antes.

Antes de su transformación, Alarielle poseía un control pasmoso de la magia de la luz y la vida. Después, con la marchita esencia de Isha entrelazada en su alma, su luz hizo retroceder a la oscuridad, y desterró con una sola mirada a aquellos cuya presencia la habían hecho débil y quebradiza una vez.

Sin embargo, esta no fue la única transformación que Alarielle sufriría. En la última batalla de la Isla de los Muertos, el viento de la vida llegó a ser fusionado a su ser, rehaciéndola una vez más en un foco de renovación. Ahora, los que luchaban al lado de Alarielle podían sentir el poder de la vida misma fluir a través de sus venas, curando incluso la más grave de las heridas, y prestando a los miembros cansados ​​la fuerza para luchar tanto tiempo como tuvieran necesidad.

Alarielle ya no era sólo la Reina Eterna, ni siquiera el Avatar de Isha. Ahora, era la vida encarnada. ORIGINAL:

The Everqueens of Ulthuan are the elves’ oldest tradition. In the time before the Phoenix Kings, each Everqueen ruled alone, an emissary of Isha, whose staff of rule had itself been a gift from the Mother Goddess. In times of peace, she nurtured her people with lsha's magics; in the rare times of strife, she wielded cleansing fire to protect them, for it is never a mother’s place to sit idle when her children are threatened. And so it was for many long years, with the title and power of Everqueen passing from mother to daughter with each generation. Then came the Phoenix Kings, and everything changed.

With the invasion of the daemons and Aenarion’s ascension to the Phoenix Throne, the role of Everqueen diminished. Faced with a threat that could only be confronted through strength of arms, the elves came to rely on their new king more than his queen. In so doing, they forgot that strength takes forms far subtler than mere physical might, and thus lost forever a part of their heritage. Astarielle, Everqueen of those times and wife to Aenarion, could perhaps have altered this course, but she died too soon. When Astarielle's daughter, Yvraine, at last ascended to the Everthrone many years later, elven tradition had shifted: much of the Everqueen’s power now rested with the Phoenix Kings.

And so it was for generations. The Everqueen was seldom more than a figurehead, a priceless jewel to be kept safe from Ulthuan’s enemies. Protected by an elite sisterhood of maiden guard, Yvraine and those who followed her were political vessels. They were all but forbidden from fighting in battle, for the succession of the Everqueen was still seen as vital to the elves' survival, even if the reason was long forgotten.

All that changed when Alarielle ascended to the Everthrone. Daughter of wise Bel-Hathor and Estrielle the Silver, Alarielle was strong-willed in a manner that often drove her mother to despair. As a young girl, she would often evade her protectors and stray deep into Avelorn, where no amount of searching would uncover her. Upon returning, Alarielle would unconcernedly announce that she had been walking with Sernalla, a woman whose hair shone with starlight. None amongst Estrielle’s court knew of this woman. Fearing the predation of some daemon or evil spirit, the Everqueen sent her daughter away to Lothern, to dwell in the halls of her father. Alarielle went without complaint, and none thought to search her. Had they done so, the Star of Avelorn that Sernalla had gifted the Everchild would surely have been discovered.

Many years later, Bel-Hathor passed away, and Alarielle ascended to the Everthrone as wife of Finubar the Seafarer. From the very first, the new Everqueen made it quite clear that she was not prepared to stand idle whilst her homeland was threatened. Many nobles objected, but Alarielle paid them no heed - if anything, she was more often seen upon the battlefield than her husband. It helped, of course, that Ulthuan was then threatened to a degree not seen in years, and also by the fact that the Phoenix King refused to add his voice to those who called for his errant Everqueen to conform with tradition. Time and again, Alarielle took command of the armies mustered in Ulthuan’s defence, her cold, clear voice ringing out across the din, and her touch soothing the most savage of wounds. No Everqueen had ever lacked for her subjects’ respect, but not since before Aenarion’s time had one earned her subjects’ love so completely as Alarielle.

There were some traditions, however, that Alarielle refused to break. She would not wield steel, no matter how dark the hour, but then she had no real need to do so, for her touch - like that of all who had come before her - was anathema to creatures of evil heart. Likewise, she never forsook her duties as lsha's high priestess, even when Ulthuan might have been better served by a warleader than a celebrant. Avelorn, in particular, she loved beyond all the other realms. Alarielle walked for hours beneath its leaves, just as she had as a child, speaking with the trees as Sernalla had taught her, and learning whatever secrets she could.

As the reign of Finubar wore on, and the days grew increasingly dark, Alarielle came ever more to the fore. The sisterhood of Avelorn, for so long tasked only with the Everqueen’s defence, were spread across the Ten Kingdoms, fighting alongside the militias and nobles of many lands. Alarielle became bolder and more determined, no longer content to await trouble to befall, but scouring the mists of Yvresse and the slopes of the Annulii in order that she might prevent the predations of daemons. By now, her ritual marriage to Finubar was long over, and it was well known that Alarielle had taken Prince Tyrion as her consort, but none save the lovers knew just how far back their union truly went.

As the End Times approached, disaster struck. Aliathra - daughter to Alarielle, and future Everqueen - was captured, and no attempt at rescue could set her free. All Ulthuan mourned the loss, for they believed that all would perish if the line of Everqueens withered. Alarielle, who cared only that her daughter was in peril, prayed for guidance. It was then that Sernalla came to her once more, and revealed herself to be Lileath. Beneath the pale light of the moon, the goddess showed Alarielle how to make use of the worldroots - ancient pathways that bound together all the forests of the world - and bade her seek the wood elves’ aid.

Alarielle was lost to Ulthuan for many long months, and her absence was keenly felt. When the Everqueen at last returned to Ulthuan, she was much changed. During her time in Athel Loren, Alarielle’s soul had merged with that of the dying Ariel, who was herself the last facet of the goddess Isha. As she slept beneath the Oak of Ages, Alarielle’s will asserted itself over that of the goddess she had joined with. Though ever after Alarielle would recall moments from lsha's life, her thoughts and decisions were her own, not those of the Mother Goddess. Her power, however, was greater that it had ever been before.

Before her transformation, Alarielle possessed phenomenal control over the magics of light and life. After, with the fading essence of Isha entwined about her soul, her light drove back the darkness, and she banished with a single glance those whose presence once left her weak and brittle.

However, this was not the only transformation Alarielle would undergo. In the last battle upon the Isle of the Dead, the Wind of Life became fused to her being, remaking her once more into a locus of renewal. Now, those who fight at Alarielle’s side feel the power of life itself flowing through their veins, healing even the most severe of wounds, and lending weary limbs the strength to fight for as long as there is need.

Alarielle is no longer merely the Everqueen, nor even the Avatar of Isha. Now, she is life incarnate.


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Miembro a cargo: snorri Fecha de inicio: 04-07-16 Estado: Esperando revisión


MiniaturasEditar

  • 8ª Edición.
  • 6ª Edición.

IlustracionesEditar

  • Concept art para Warhammer Online.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (8ª Edición).
  • The End Times I - Nagash.
  • The End Times III - Khaine.

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