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Arkhan el Negro

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Arkhan el Negro, conocido como el Rey Exánime, fue el primero y el más leal de los seguidores de Nagash. Creció junto a él en la antigua ciudad de Khemri, y fue la primera persona aparte de Nagash en consumir el Elixir de la Vida, que garantizó a Nagash y sus seguidores la vida eterna, y un estudiante adepto de las hechicerías de su señor, aunque por sí mismo era un poderoso hechicero.

PersonajeEditar

Así fue como Arkhan ascendió rápidamente para convertirse en visir de confianza de Nagash y su mano derecha, siempre a la vanguardia de sus planes para la dominación. De hecho, Arkhan fue el principal arquitecto del primer golpe de Estado que extendió el poder de Nagash. Y fue recompensado en gran medida por su servicio. A Arkhan no le importaba. Hasta ahora, su vida había sido pequeña y anodina, marcada por la disolución y el vandalismo. Nagash le había concedido gloria y un propósito, y estas cosas vinculaban estrechamente a Arkhan más a su maestro que las riquezas o encantamientos que podía imaginar.

Cuando los Reyes Sacerdotes se aliaron y se levantaron contra Nagash, Arkhan fue su principal lugarteniente en las numerosas batallas que libraron sus tropas. Estuvo al mando de muchos ejércitos y combatió en numerosas ocasiones contra los enemigos de Nagash, no siendo nunca derrotado en batalla. Sin embargo, al final, las numerosas tropas de los ejércitos de los Reyes Sacerdotes demostraron ser insuperables para las fuerzas de Nagash, que fueron obligadas a retirarse hacia Khemri donde fueron asediadas. Cuando finalmente la capital de Nagash cayó en manos de los ejércitos de los Reyes Sacerdotes, Arkhan dirigió un contraataque suicida que dio a Nagash la oportunidad de escapar. Arkhan y su guardia personal lucharon hasta el último hombre, sin esperanza, superados en número y rodeados por todas partes. Cuando murió el último de sus guardias, Arkhan luchó solo durante más de una hora, manteniéndose de pie sobre un montón creciente de cadáveres.

Finalmente, Arkhan cayó, no como víctima de la espada de un héroe, sino por una lanza arrojada por un soldado desconocido. Arkhan miró horrorizado la madera de la lanza sobresaliendo de su pecho y supo al instante que le había atravesado el corazón marchito.

Con su último aliento, lanzó una terrible maldición sobre cualquiera que se atreviera a tocar su cadáver, y a continuación cayó al suelo y murió. En cuestión de segundos, unas oscuras llamas cubrieron su cuerpo, consumiendo su carne y dejando sólo su esqueleto ennegrecido. Nadie se atrevió a profanar los restos de Arkhan, por lo que los Reyes Sacerdotes enterraron a Arkhan bajo un túmulo de rocas junto a todos aquellos a los que había matado. Fue el único enemigo que fue honrado de esta forma. El resto de los seguidores de Nagash fueron decapitados e incinerados, esparciéndose sus cenizas al viento. Durante generaciones el cuerpo de Arkhan permaneció bajo su túmulo de piedras, olvidado por todos excepto por Nagash, quien no se olvidó de su lugarteniente más capaz.

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Mientras Arkhan permanecía en su tumba de piedra, Nagash levantó un poderoso imperio No Muerto y regresó para vengarse y derrotar definitivamente a los Reyes Sacerdotes y sus seguidores. Después de derrotarlos, Nagash lanzó un hechizo nigromántico inmensamente poderoso que despertó a todos los guerreros muertos que estaban enterrados en el reino de los Reyes Sacerdotes. Arkhan renació gracias al hechizo. Con un terrible rugido apartó las rocas del túmulo y se levantó una vez más, siendo a la vez más y menos de lo que había sido en vida. Arkhan se convirtió en el Rey Exánime, el primero de las criaturas conocidas como los Nueve Mortarcas de Nagash. Estas criaturas infernales fueron en el pasado los mejores capitanes y aprendices de Nagash, y los más temidos cazadores de sus enemigos. Hoy todavía recorren el mundo trayendo la desesperación a los vivos. Armado con las armas forjadas por la propia mano de Nagash. Zefet-kar, la Hoja Funeraria, era la espada hermana de Nagash. Encantamientos que reaniman el cuerpo de una víctima y lo envuelve como un esclavo sin vida en lo profundo de su profano acero. Khenash-an, el Báculo de los Espíritus, permitió a Arkhan apagar las almas de aquellos que se le opusieron, y torcer su esencia de vida para sus propios fines. Así armado, Arkhan hizo la guerra a los reyes sacerdotes, pero, en la víspera de la victoria final, Nagash fue asesinado.

Cuando Nagash fue vencido por el último superviviente de los Reyes Sacerdotes, Alcadizaar, tan sólo unas horas después de lanzar el gran hechizo, Arkhan reunió un enorme ejército de No Muertos con las criaturas que se habían despertado con el hechizo de Nagash. Decidido a vengarse de todos los seres vivos por la destrucción de su Señor y Maestro, Arkhan se dirigió al Sur, hacia el oponente vivo más cercano que podía encontrar.

Durante incontables generaciones después de la muerte de Nagash, Arkhan y la horda de No Muertos bajo sus órdenes vagó a lo largo y ancho de todo el mundo destruyeron los reinos de Arabia, en lo que los cronistas árabes denominaron las Guerras de la Muerte, obrando masacres en muchas tierras, rara vez por cualquier motivo excepto la maldad, pues con la muerte de Nagash había perdido todo propósito. Arkhan y su ejército habitaban los yermos desiertos que rodean las tierras de Arabia, despreocupados por el calor sofocante y la ausencia total de agua que habría destruido a cualquier ejército de seres vivos. Desde aquí se lanzaban sobre cualquier ciudad árabe desprevenida, la destruían y quemaban hasta los cimientos, y volvían a desaparecer en el desierto de donde habían venido. Entonces, después de años de vagar, el Rey Exánime escuchó por fin la voz de su amo susurrando a través de sus pensamientos. Exultante, Arkhan comenzó los preparativos para ver por fin al Gran Nigromante renacer en el mundo. Por desgracia, el regreso de Nagash fue demasiado breve. Expulsado de Nehekhara por la alianza de los reyes de Settra, el Gran Nigromante y Arkhan viajaron lejos en el norte para reclamar la Corona de la Hechicería. Sobre el río Reik se cruzaron con Sigmar, y un poderoso golpe del martillo Ghal Maraz, elaborado por Enanos, desterró a Nagash al mundo de los espíritus una vez más.

Los registros no dicen cómo escapó Arkhan de la ira de Sigmar, pero lo hizo. El Rey Exánime era ingobernable, una vez más, pero no lo hizo por la desesperación ante la destrucción de Nagash como lo había hecho antes. Arkhan sabía que el Gran Nigromante acabaría por volver, y que era su destino servirle una vez más. Sin embargo, Arkhan compartía la malsana obsesión de su maestro por dominar Nehekhara por encima de cualquier otro objetivo, y así acabó volviendo a la Tierra de los Muertos. Desde su maldita Torre Negra construyó el reino de Arkhanaaz, para que estuviese preparado para lo inevitable.

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Los Reyes de Nekekhara estaban disgustados al descubrir al lugarteniente de Nagash en medio de ellos, una vez más, pero hace tiempo que la alianza que había conducido a la derrota del Gran Nigromante se había derrumbado bajo el peso de la arrogancia colectiva, así que Arkhan se apresuró a sacar provecho, ofreciendo sus servicios como jefe militar y hechicero a cualquier gobernante que pudiera permitirse pagar su precio. El Rey Exánime era raza vez empleado por un largo espacio de tiempo, pues entre los Reyes del desierto había una gran cantidad de díscolos y traicioneros que buscaban ventajas sobre sus rivales. Muchos consideraban a Arkhan esa ventaja, pero se engañaban a sí mismos. Arkhan tenía poco interés en los tesoros, y ninguno en absoluto en la amistad de los que estaban tan claramente en inferioridad. Cuando se rompían las alianzas, lo hacían de acuerdo a un plan mucho más grande de lo que ninguno podría haber adivinado: mantener a sus vecinos débiles, mientras que su propio reino se fortalecía.

De todos los soberanos que gobiernan en la Tierra de los Muertos, sólo Settra el Imperecedero se negó a tolerar la presencia de Arkhan, convirtiéndose en su mayor rival. Ambos se han enfrentado en no menos de una docena de ocasiones, y aunque el ejército de Arkhan no puede rivalizar con el poder de las huestes de Settra, el Rey de Nehekhara es asimismo incapaz de superar la Magia Oscura del Rey Exánime, por tanto sus batallas hasta la fecha han acabado en tablas. Si Settra hubiera admitido su debilidad y ganado el apoyo de sus compañeros gobernantes, la victoria podría haber sido suya y Arkhanaaz borrado del mapa para siempre. Sin embargo, el Gran Rey nunca habría permitido tal concesión, por lo que cada batalla terminaba en un punto muerto, hasta que Arkhan inclinaba la cabeza para humillarse y profería falsas promesas de lealtad con el fin de satisfacer el orgullo imponente de Settra y así acelerar el camino de regreso a casa, a Khemri.

No obstante, las cuestiones de guerra y manipulación y los juramentos de servidumbre a Settra no eran más que distracciones de los objetivos de Arkhan, ya que en secreto planeaba el modo de acelerar el inevitable retorno de Nagash.

En los momentos de calma entre guerras, el Rey Exánime recorría el mundo entero. Cada paso fue guiado por la voz de Nagash, impulsándole a establecer planes en marcha que podrían acelerar el regreso de su amo. Arkhan buscó los objetos encantados que un día pertenecieron al Gran Nigromante, artefactos vinculados a la existencia de Nagash, pues se dice que en cada uno de ellos reside aún una fracción de su ser maligno. Apoderándose de ellos cuando estaba en su poder hacerlo, o manipulando a los demás cuando el riesgo para sí mismo era demasiado grande, de todos los que encontró, la posesión más preciada que guarda Arkhan es el Liber Mortis, uno de los Nueve Libros de Nagash que contienen los secretos de la nigromancia. Un día Arkhan el Negro logrará resucitar por fin a su oscuro maestro; y entonces los Reyes Funerarios serán destruidos, y el mundo se ahogará en una muerte eterna.

Arkhan otorgó patrocinio y el conocimiento a los nigromantes en todo el Viejo Mundo, la unión de los débiles a su voluntad y la garantía de que el fuerte tenía más que ganar con su amistad que de su enemistad. Incluso Mannfred von Carstein bailó al son de Arkhan, aunque él no lo sabía. Aun así, no todos sucumbieron a gusto a sus planes, pero poco importaba. Después de miles de años de existencia, Arkhan había aprendido a tener paciencia. Sabía su propósito, y se contentó con llevarlo a cabo.

Sin embargo, aunque Arkhan ha tenido muchos éxitos, también ha conocido bastantes fracasos. No mucho tiempo después de haber recuperado Alakanash, el báculo de Nagash, tras arrancarlo de las frías garras del vampiro Mandregan, con el que podía canalizar los Vientos de la Magia a voluntad, una cruzada de Bretonia barrió Arkhanaaz. Los caballeros sitiaron la Torre Negra de Arkhan, incautaron a Alakanash como trofeo y posteriormente lo enterraron en lo profundo de uno de sus lugares más sagrados, la Abadía de La Maisontaal. En los últimos tiempos, Mannfred von Carstein se ha convertido en un rival más que en un aliado involuntario, apoderándose de muchos de los artefactos que Arkhan busca para llevar a cabo un plan propio, sin duda para disgusto de Nagash.

Más preocupante aún es que, a medida que los susurros de Nagash se han vuelto más insistentes, también lo han hecho los presagios de ruina incipiente en los cielos. Si Nagash no renace pronto, o eso cree Arkhan, es posible que ya no haya un mundo que gobernar.

El Fin de los TiemposEditar

Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

La Batalla de MainsontaalEditar

Arkhan había estado planeando su asalto a La Maisontaal durante muchos años, tras haber doblegado la voluntad al corrompido Duque Maldred, y luego la de su hijo adoptivo, Mallobaude.

La verdad es que la guerra civil de Bretonia había asestado al reino una herida aún más profunda que la que Arkhan había esperado, y le concedió una mayor abundancia de cadáveres de lo que había previsto.

Si no fuera por la necesidad urgente de Nagash, el liche habría conquistado con mucho gusto Bretonia para sí, pero para Arkhan, las viejas lealtades superaban la vanidad personal.

Renacer de NagashEditar

Tras la resurrección de Nagash en los Nueve Demonios, Arkhan el Negro fue reafirmado como uno de los nueve Mortarcas del Gran Nigromante, y encabezó uno de los ejércitos destinados a la conquista de Nehekhara.

Invasión de NehekharaEditar

Cuando Arkhan marchó a la guerra, vació Nagashizzar por completo, llevándose consigo tanto el ejército de No Muertos ya activo como todos los esqueletos que pudo sacar de las fosas de huesos. Después avanzó a lo largo de la ladera occidental de las Montañas del Fin del Mundo hasta Quatar. Hacía mucho que no visitaba aquella ciudad, y no guardaba buenos recuerdos, pues allí había sido capturado y torturado en vida. Ahora, sin embargo, Arkhan venía a recoger a aquellos traidores que habían expresado su deseo de traicionar a sus antiguos Reyes Funerarios, y después se reuniría con el ejército de Krell en las llanuras aluviales de Khemri para enfrentarse a Settra en la Batalla de las Puertas de Khemri.

En un momento del combate, tras rehuir varias veces un duelo directo con Settra, este consiguió darle alcance y cortar su cuerpo por la mitad. Encadenando sus restos a la parte trasera de su carro, el Rey lo arrastró de vuelta a la ciudad y lo entregó al Sacerdote Funerario Ankhmare para que lo destruyese definitivamente. Sin embargo, este utilizó unos fragmentos de los Nueve Libros de Nagash para invocar al espíritu de Nagash del interior del cuerpo de Arkhan. Mientras su señor se dirigía a la Pirámide Negra a restaurar su poder y derrotar al Dios Usirian del Inframundo, Arkhan regresó a la no-vida y restañó los daños sufridos por su cuerpo.

MiniaturasEditar

  • Miniatura de octava edición

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Libro de Ejército: No Muertos (4ª Edición).
  • Libro de Ejército: Reyes Funerarios (8ª Edición).
  • The End Times I - Nagash.

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