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Athel Loren

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Bosque Athel Loren Elfos Silvanos por Sven Bybee.jpg

Athel Loren es el más viejo de todos los bosques del Viejo Mundo, sus árboles más ancianos crecieron a partir de las semillas sembradas por los servidores de los Ancestrales. Se trata de un lugar místico cuya sombra se extiende más allá de lo que muchos piensan. Nadie sabe decir si fueron los Ancestrales quienes le dieron la vida a este bosque o si fue la llegada del Caos lo que hizo despertar a sus árboles. Todo lo que se sabe es que en el amanecer de los tiempos los árboles empezaron a pensar y a tener sentimientos como el enfado y el odio. El bosque tomó conciencia de sí mismo y de las demás razas de pequeños seres que habitaban el mundo. Y las intenciones de estas no le gustaron un ápice.

Los primeros colonos Elfos que llegaron al Viejo Mundo se adentraron hacia el interior, alcanzando los limites del gran bosque conocido en la actualidad como Bosque de Loren. En aquellos tiempos, su extensión era mucho mayor que la actual, aunque todavía sea gigantesco. Los Elfos denominaron a éste bosque silvestre Athel Loren, que significa “Bosque del Amanecer del Mundo” en su idioma. Más tarde, durante la guerra entre los Elfos y los Enanos y, posteriormente, cuando las colonias fueron abandonadas, éste fue el bosque que más atrajo a los Elfos como refugio para esconderse y vivir en él.

Todavía quedan grandes extensiones de naturaleza salvaje dispersas por todo el Viejo Mundo: algunas de ellas se han regenerado allí donde los pueblos han quedado arrasados por la guerra, y los bosques vírgenes son atravesados por los caminos trazados por los comerciantes. Sin embargo, de todos los grandes bosques del Viejo Mundo, el Bosque de Loren es el más salvaje y virgen.

El Bosque de Athel LorenEditar

Wood elves.jpg
El bosque de Athel Loren es un lugar místico cuya sombra se extiende por la tierra. Abarca las orillas de dos grandes ríos, elevándose desde las llanuras fértiles de Bretonia y alcanza las montañas. Los límites externos de este reino ancestral están marcados con monolitos con ajadas runas élficas colocados allí por los primeros pobladores élficos para contener las tierras salvajes de su interior. Tras ellos habitan enormes árboles cuyas ramas se mueven con suavidad, como intentando escapar a la barrera mágica que conforman los monolitos. Sus raíces se retuercen y se clavan en las rocas cubiertas de musgo y en el suelo cubierto de helechos , mientras una baja neblina se arremolina bajo los pies en torno a los árboles y alcanza los claros y roquedales.

Nadie se aventura a pasar entre estos árboles sin sentir los ojos del bosque sobre ellos. Cada paso es seguido por un sentido de la vigilancia que se respira en cada claro y camino serpenteante del bosque. Este verdoso laberinto desconcierta y desquicia hasta a la más valerosa de las almas, pues el intruso no deja de ver movimientos por el rabillo de su ojo, escuchar extraños sonidos a su alrededor y sentir la sensación de que uno está siendo observado en todo momento. El bosque parece estar vivo y vigilante. Formas siniestras se mueven entre las retorcidas ramas y el denso follaje; pequeñas formas que revolotean de árbol en árbol. Athel Loren ve y siente todo lo que sucede en él. Observa y guarda silencio, deseoso de acabar con todo el que ose entrar. Solamente los insensatos, los muy tontos o sencillamente aquellos temerarios a los que el valor les ha desprovisto de entendimiento se atreven a entrar en Athel Loren. Todos los demás la rechazan como un lugar encantado, lleno de espíritus malignos e inquietos.

Existen pocos caminos seguros a través de Athel Loren. El bosque desafía las leyes naturales del mundo y el tiempo corre de manera diferente en sus dominios. Un individuo que pase caminando por el bosque lo que para él no han sido más de dos horas y consiga volver a casa con vida puede descubrir que, en realidad, hace más de un siglo que abandonó su aldea. De igual forma, podría vagar perdido por Athel Loren durante décadas y comprobar que tan solo han pasado unos minutos en el mundo exterior.

Atravesar Athel Loren no es tarea fácil, ya que está mucho más vivo que cualquier otro bosque, y sus arboledas, puntos de referencia y claros están cambiando de forma y lugar constantemente. Lo que al acampar te pareció un claro a la luz de la luna puede haberse convertido al despertar en un denso bosque. Además, las sendas tienden a desaparecer o cambiar de rumbo en cuestión de horas. La mayor parte de los que entran en Athel Loren se encuentran una y otra vez en el punto de partida de su viaje por el bosque sin importar los esfuerzos que hagan por avanzar. Incluso si un intruso intenta seguir un camino recto, invariablemente encontrará sin saber cómo que ha dado la vuelta y ha vuelto a salir del bosque tras haber puesto a prueba su cordura con los horrores y maravillas que encontró en su interior. Muchos de los viajeros que se obstinan en entrar en Athel Loren son hallados en sus lindes balbuceando, enloquecidos, incapaces de decir dos palabras coherentes seguidas debido a las cosas de las que han sido testigos en el bosque. Y eso, si tienen la suerte de volver.

No obstante, no todas las incursiones terminan en desastre pues hay espíritus cuyo corazón no odia a las demás criaturas vivas del mundo. El afortunado, o quien se lo merezca, encontrará un pasadizo entre sendas gracias a un providencial rayo de luz que le guía hasta él o se topará con una senda de manera inesperada al girar un recodo. Inspirados por tales relatos, siempre habrá aquellos que se atreverán a penetrar en el oscuro bosque con la intención de aprender los secretos del bosque o atraídos por fantásticas historias de tesoros y objetos escondidos en él.

Los ClarosEditar

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En el interior del Bosque de Loren, el paisaje varía enormemente. Los límites del bosque van desde las llanuras de Bretonia hasta las colinas de las Montañas Grises. El Bosque de Loren se extiende varios miles de kilómetros entre los márgenes de dos de los ríos más grandes del Viejo Mundo. Sobre la vasta extensión del bosque, la vegetación cambia de una zona del bosque a otra. En algunos parajes, el suelo es elevado y rocoso, con peñascos escarpados, cimas rocosas y grandes piedras diseminadas entre los árboles. En otros parajes, el suelo es cenagoso, con lagos en el interior del bosque. Existen incluso claros de una considerable extensión, que son como prados donde la hierba alta predomina sobre los árboles. Algunas áreas se caracterizan por la abundancia de una especie de árboles en particular.

La mayor parte del bosque es un mundo extraño y casi siempre sumergido en la penumbra, casi crepuscular, bañado únicamente por los mortecinos rayos de luz del sol o de luna capaces de atravesar la espesa capa de hojas. Dispersos por el bosque, los espacios abiertos naturales del bosque permiten ver el cielo azulado de día o las brillantes estrellas de noche. Los Elfos Silvanos denominan a estos espacios abiertos “claros”. Además de ser zonas abiertas al sol, los claros a menudo son parajes donde los vientos de magia fluyen cerca de la superficie. Algunos claros son grandes extensiones de tierra que acomodarían fácilmente a la más grande ciudad del Viejo Mundo, y más de un duque de Bretonia los reclamaría como dominio. De hecho, algunos los tienen, aunque nunca por mucho tiempo.

Cada una de las Estirpes de los Elfos que entraron por primera vez en el bosque se establecieron en un área diferente. Algunas Estirpes se sintieron más atraídas por unas áreas que por otras. Cuando una estirpe elegía una zona determinada como centro de su población, los Elfos que pertenecían a la Estirpe empezaban a adaptarse a la vida en su nuevo entorno inmediato. Cada claro adquirió la sutil influencia de la Estirpe que vivía en ella. Algunas estirpes no permanecían durante mucho tiempo en un mismo lugar, sino que se desplazaban constantemente, convirtiéndose en nómadas del inmenso bosque. En cualquier parte a donde se trasladaran durante algún tiempo, siempre elegían zonas donde creciera la misma clase de árboles.

Las leyendas de los Elfos Silvanos describen la existencia de varios claros en el Bosque de Loren, cada uno con un carácter distintivo propio y habitado por una Estirpe en particular. Algunos claros son compartidos por todas las estirpes y otros son rehuidos por todas. Los claros pueden ser áreas bastante grandes; cada una de ellas puede describirse como un grupo de claros interconectados que están distribuidos en una amplia área. Con el tiempo, la zona más importante del poblado de una estirpe puede desplazarse de un lado a otro, pero normalmente permanece en la misma zona del bosque, excepto en el caso de las Estirpes nómadas. Sin embargo, éstas siempre buscan el mismo tipo de claros, vayan donde vayan en el interior del bosque.

Los Reinos EternosEditar

Emboscada de los Bosque 8ª Edición.jpg
Athel Loren está dividido en doce reinos, cada uno gobernado por un señor o dama del gran consejo. Algunos reinos están bloqueados permanentemente en el tiempo y lo que parece el paso de una estación es en realidad de años. Otros habitan en una noche eterna o en la gloria de la luz del sol de mediodía.

Los mágicos salones de los señores y damas élficos se encuentran repartidos por los claros de estos reinos. En estos lugares, envueltos por una macilenta luz, se pueden escuchar risas y tonadas fantasmagóricas que recuerdan al soplido del viento a través de las ramas de primavera. Sus magníficos portales de entrada están entretejidas con los troncos de árboles ancestrales o excavados en las faldas de una colina. Estos lugares permanecen ocultos para todos aquellos que no son bienvenidos por los Elfos. Puede que estos seres pasen muy cerca de dichas entradas, pero nunca llegarán a descubrirlas.

Poblado Elfos Silvanos por Sven Bybee Athel Loren.jpg
Todos los que entren por alguno de estos extraños portales se encontrarán en gigantescas y preciosas cavernas bajo un árbol o una colina. Las raíces quedan mucho más arriba, en el techo de la sala curvándose para dar forma al elegante tejado del salón o entrelazadas entre sí para conformar columnas entretejidas con plata y piedras preciosas. El lugar está adornado con elegantes linternas en cuyo interior hay diminutas formas brillantes, mientras suena una música fantasmal por doquier, y una suave luz se desliza como el viento soplando a través de los árboles otoñales. Estos son los lugares que los Elfos Silvanos tienen como hogar: delicadas estructuras de etérea belleza.

Es en estos salones donde los Asrai festejan los ciclos naturales del bosque con grandes banquetes, juegos florales y degustando embriagadores vinos élficos que corre a raudales. Los niños raptados de las tierras que rodean el bosque no envejecen jamás ya que se les encomienda la tarea de servir a sus gráciles maestros élficos. Los salones parecen cobrar vida y palpitan gracias a las salvajes danzas, la melodiosa música y las cantarinas risas. Se dice que en raras ocasiones, los Asrai han dejado que los extraños, como algunos Caballeros Andantes Bretonianos, formen parte en alguna de estas fiestas, pero siempre con consentimiento, pues solamente el tonto se atrevería a comer o beber los manjares de los Elfos sin permiso.

ReinosEditar

Localizaciones ImportantesEditar

FaunaEditar

MapasEditar

  • Mapa de la 8ª Edición
  • Mapa de la 6ª Edición
  • Mapa de la 5ª Edición
  • Mapa campaña: La Gesta de Agravain

FuenteEditar

  • Libro de ejército Elfos Silvanos 5ª Edición.
  • Libro de ejército Elfos Silvanos 6ª Edición.
  • Libro de ejército Elfos Silvanos 8ª Edición.

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