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Batalla de la Llanura Finuval

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Tyrion y Teclis color por Paul Dainton.jpg
Cuando llegó la Gran Incursión del Caos, el destino tocó a los dos gemelos. Procedentes del Norte, los Elfos Oscuros avanzaron por Ulthuan en el año 2301 del Calendario Imperial saqueando, arrasando y devastando. Su alianza con los seguidores de los cuatro poderes del Caos les hacía parecer imparables; las gigantescas arcas de Naggaroth vomitaron una ola de corrupción en las costas de las tierras de los Elfos. Navíos de rojo hierro con runas grabadas llevaron a miles de guerreros del Caos a Ulthuan y el Rey Brujo de Naggaroth puso su pie una vez más en la tierra de la que había sido expulsado hacía mucho tiempo. Los Elfos, que no estaban preparados para la guerra, sufrieron derrota tras derrota a manos de sus parientes depravados. En las tierras de los hombres, las cosas no iban mejor. El dividido Imperio, que durante tanto tiempo había mantenido una lucha entre facciones, no podía hacer frente a la marea del Caos. Fue un tiempo de sangre y oscuridad, el mundo estaba al borde de la muerte y la destrucción.

El Origen de la Leyenda de Teclis y TyrionEditar

Tyrion se encontraba en Avelorn en la corte de Alarielle, la recíen coronada Reina Eterna, cuando aparecieron los Elfos Oscuros. Los rugidos ensordecedores de sus bestias inundaron los bosques ancestrales. El estridente aullido de sus trompetas resonó triunfalmente en el corazón de la tierra. Apresuradamente, la guardia de las doncellas de la Reina Eterna se movió para enfrentarse a los enemigos de su señora. Una fuerza de guerreros organizada partió para presentar batalla, pero no sirvió de nada. Los Elfos Oscuros eran demasiado fuertes y parecía como si la Reina Eterna, la líder espiritual de Ulthuan, fuese a caer en sus garras. Desesperadamente, Tyrion la sacó de su pabellón de seda y avanzó dejando a su paso los cadáveres de todos los Elfos Oscuros que se interpusieron en su camino. Mientras huían, Tyrion sufrió una herida a manos de una Elfa Bruja; pero, a pesar de ello, consiguieron escapar adelantándose en el corazón de los antiguos bosques y allí desaparecieron. Los rumores de la desaparición de la Reina Eterna se extendieron por todo el país y los corazones de los Elfos quedaron llenos de desesperación.

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Cuando la noticia de la desaparición de Tyrion llegó a la Torre Blanca, Teclis se negó a creer que su hermano había muerto. Desde su nacimiento, los dos hermanos compartían un vínculo especial y Teclis estaba convencido de que, si Tyrion hubiera muerto, él lo sabría. Decidió abandonar la torre y partir en su busca. Empleando todas sus artes, se forjó una espada y la imbuyó de hechizos mortíferos. Viendo que Teclis no podía ser disuadido, el gran señor del conocimiento le entregó la Corona de Guerra de Saphery y le dejó marchar. Sintió el destino del joven y supo que la suerte de los Altos Elfos descansaba ahora sobre sus hombros. Ahora Teclis era más fuerte, las pócimas de los señores del conocimiento le habían ido proporcionando una fuerza mortal. El gran señor del conocimiento esperaba que fuese suficiente.

Tyrion y la Reina Eterna habían huido por una tierra devastada por la guerra. Los viejos bosques habían sido incendiados por los Elfos Oscuros que buscaban venganza por su largo exilio. Un ejército de tropas a caballo de Ellyrion fue destruido en el campo de batalla por los hechizos del Rey Brujo. Los príncipes de Caledor se esforzaban inútilmente en despertar a los dragones. Los grandes navíos de Lothern fueron expulsados de los mares por las flotas del enemigo en una serie de batallas titánicas. Un ejército de Elfos Oscuros reconquistó la Isla Maldita;y el Altar de Khaine cayó una vez más en manos de los Elfos Oscuros. Las victorias se sucedían para los vástagos de Naggaroth. Los Altos Elfos solo conseguían acumular amargas derrotas.

Los Elfos Oscuros se alegraron al conocer la noticia de la pérdida de Alarielle, pero el Rey Brujo se negaba a dar crédito a los rumores de su muerte. Insistía en que encontrasen su cuerpo para mostrarlo crucificado sobre su estandarte. Cuatro asesinos se presentaron ante él y le juraron que no descansarían hasta llevar ante su presencia el cadáver de Alarielle. Los Elfos Oscuros buscaron a la pareja de fugitivos por todas partes. Tyrion y la Reina Eterna a menudo se escondían enterrándose bajo el barro para evitar a las patrullas de Elfos Oscuros. Entretanto, el veneno de la Elfa Bruja iba haciendo mella en él. Tyrion se fue debilitando por la fiebre, pero con su tierra destruida; la joven Reina Eterna no podía encontrar el poder para salvarlo.

Portada La Secesión Malekith por Jon Sullivan.jpg
Los Altos Elfos se vieron obligados a emprender una guerra de guerrillas en su propia tierra mientras los sirvientes de la oscuridad reinaban en todas partes. Sin embargo, finalmente un nuevo rumor llegó a oídos de todos, ya que, al parecer, había un mago alto elfo al que nadie había podido derrotar. Era un joven pálido que llevaba la Corona de Guerra de Saphery. Cuando avanzaba, los Elfos Oscuros temblaban porque dominaba los poderes de la magia como si hubiera nacido con ellos. Sus palabras invocaban rayos y abatía monstruos y destruía guerreros del Caos con una sola palabra. El paladín de Slaanesh, Alberecht Numan, le retó en combate singular, pero tanto él como sus seguidores quedaron inmediatamente convertidos en polvo. Después, Teclis intervino en la Batalla del Vado de Hathar y aniquiló al Cónclave de los Diez de Ferik Kasterman, los hechiceros de Tzeentch más temidos del Caos. Eran victorias pequeñas, pero devolvieron la esperanza a los Altos Elfos en esos días de oscuridad.

Y la esperanza era lo que más necesitaban la mayoría de habitantes del reino de Ulthuan. El Caos mantenía a la isla continente atrapada entre sus garras. Desde Cracia; en el norte a Yvresse en el sur, las tierras de los Altos Elfos estaban infestadas de enemigos. Ni siquiera las aguas del Mar Interior se encontraban a salvo de las incursiones de los Elfos Oscuros. A una velocidad sobrenatural, construyeron barcos con los árboles de los bosques destrozados y los incursores alcanzaron la Isla de los Muertos, aunque fueron rechazados por poderosos hechizos de protección. Solo en Saphery, alrededor de la Torre Blanca y en las murallas de la poderosa fortaleza de Lothern, lograron detener a los Elfos Oscuros, e incluso allí la situación parecía insostenible. Trece arcas negras empezaron a asediar el gran faro de Lothern. Durante el día y la noche se sucedían las explosiones de los hechizos y los disparos de las máquinas de asedio batían las murallas. El propio Rey Fénix se hallaba atrapado en el interior de la ciudad y parecía que solo era una cuestión de tiempo antes de que toda la tierra fuera devorada. Con la desaparición de la Reina Eterna, las esperanzas de que los Altos Elfos continuasen la lucha eran muy escasas.

La Caza Llega a AvelornEditar

En los bosques de Avelorn, la caza llegaba a su fin. Los cuatro asesinos encontraron finalmente a Tyrion y a su valiosa acompañante y atacaron su campamento por la noche. El señor élfico herido luchó como un lobo rabioso. Los asesinos elfos oscuros murieron bajo el ataque furioso de su espada, pero antes tuvieron tiempo de enviar a un mensajero para que llevase la noticia de su descubrimiento al Rey Brujo. Con un aullido de triunfo, el Señor de Naggaroth envió a su mejor guerrero, el guardián de los secretos N´Kari . Con un rugido, el gran demonio salió al cielo nocturno en busca de su presa.

El gran demonio encontró a Tyrion y a la Reina Eterna justo antes del alba y se abalanzó sobre ellos igual que una estrella que cae del firmamento. En otros tiempos, la Reina Eterna podría haberse deshecho del demonio, pero su poder estaba muy debilitado porque su tierra había sido arrasada. Tyrion se tambaleó, decidido a vender cara su vida. Con un golpe de su poderoso puño, el demonio apartó a un lado al guerrero herido. Una vez ante la Reina Eterna, alargó una de sus garras para acercarla a su mejilla.

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En ese instante, un rayo surgió de la noche y el demonio cayó hacia atrás. Una figura de aspecto frágil emergió del bosque. En su cabeza llevaba el yelmo de la luna en forma de cuernos de Saphery y rápidamente se situó entre la reina y el guardián de secretos. Con un rugido de rabia, el demonio se levantó para enfrentarse a él. Teclis pronunció unas palabras atronadoras y surgió una esfera de energía brillante que devolvió al demonio al lugar de donde nunca debería haber salido. Rápidamente, Teclis se dirigió a ayudar a su hermano. Empleando todos sus conocimientos sobre curaciones aprendidos en la Torre Blanca, consiguió traer de vuelta al espíritu de Tyrion desde el abismo de la muerte.

Teclis guío a la Reina Eterna y a su hermano gemelo hasta las costas del Mar Interior. Allí fueron recogidos por un navío blanco tripulado por los supervivientes de la guardia de la Reina. El barco les llevó a la Llanura Finuval, donde los restos desorganizados de los ejércitos de Altos Elfos se preparaban para la desesperada confrontación final.

La Batalla de la Llanura de FinuvalEditar

Aquella noche, ambos ejércitos acamparon casi a tiro de flecha uno del otro. Las hogueras de una fuerza podían verse desde los puestos de vigilancia del adversario. Es el campamento alto elfo, Tyrion y Teclis fueron saludados por su padre, Arathion. El viejo señor alto elfo regaló a Tyrion la Armadura del Dragón de Aenarion. Esta armadura la había llevado el primer Rey Fénix durante las antiguas guerras contra el Caos. Había sido forjada en el Yunque de Vaul y podía resistir el fiero aliento de los dragones. Lleno de gratitud por el rescate de la Reina Eterna, los Elfos de Ellyrion le regalaron el mejor de sus corceles, Malhandir, el último ejemplar de la familia de Korhandir, padre de los caballos. La propia Reina Eterna le regaló un broche en forma de corazón que había imbuido de hechizos para que regresara sano y salvo del combate. En su poderosa mano, Tyrion empuñaba la espada rúnica Colmillo Solar, forjada en épocas antiguas para acabar con los demonios. Así pues, Tyrion estaba listo para la batalla.

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Urian Poisonblade

Alarielle entregó a Teclis el Báculo Sagrado de Lileath. Este le proporcionaría fuerza y tanto poder que ya no tendría que depender de las pociones revitalizantes. Teclis rehusó el ofrecimiento de cualquier espada, ya que prefería emplear la que había forjado con sus propias manos. Ahora estaba listo para situarse junto a su hermano en el fragor de la batalla.

Al día siguiente, se reveló toda la magnitud de las fuerzas del Caos. Filas inacabables de ballesteros elfos oscuros entonaban alabanzas a los Dioses Oscuros. Una horda de gélidos graznaba y rugía en la fría luz de la mañana. Guerreros protegidos con cotas de malla blandían sus lanzas. Las Elfas Brujas cacareaban y chillaban de forma frenética. Los señores de las bestias colocaban a sus manadas de monstruos en posición. Un flanco entero del ejército del Rey Brujo lo componían caballeros del Caos y sus seguidores bestiales. Los Elfos Oscuros superaban ampliamente en número a los Altos Elfos. La situación parecía desesperada.

Desde una colina devastada en el centro del diabólico ejército, la figura del Rey Brujo ataviado con una armadura negra supervisaba el campo de batalla, seguro de que tenía la victoria a su alcance.

Urion Hojaenvenenada, el paladín personal del Rey Brujo, lanzó un desafío para enfrentarse en combate singular. ¿Había alguien entre el ejército de los Altos Elfos lo suficientemente valiente para enfrentarse a él? Su reputación le precedía. Había sido entrenado para el combate por el propio Rey Brujo. Era el más grande de los asesinos, el más duro de ellos. Arhalien de Yvresse fue el primero en responder. Era un soldado poderoso, veterano de innumerables batallas. Urion acabó con él como si se hubiera tratado de un niño. El ejército Alto Elfo se lamentó desesperado y consternado. El siguiente fue Korhian Ironglaive, capitán de los leones blancos de Cracia, el guerrero más famoso de toda Cracia. Intercambiaron golpes más rápidos de lo que la vista podía seguir, pero fue en vano; en unos minutos, el orgulloso alto elfo yacía decapitado en la llanura. Entonces, Tyrion se adelantó.

Teclis vs Morathi por Adrian Smith Altos Elfos Oscuros.jpg

Fue una batalla sin igual la que presenciaron los allí reunidos. Era como si los propios dioses estuvieran enfrentándose. Surgían las chispas cada vez que entrechocaban las espadas. Ambos guerreros luchaban bajo un silencio fúnebre. Una y otra vez la brillante espada de Urian rebotaba contra la armadura de Tyrion. Una y otra vez el maestro asesino esquivó el golpe de la espada Colmillo Solar. Lucharon durante una hora y parecía que ninguno de los dos iba a ganar. Los hechizos enviados por el Rey Brujo para ayudar a su paladín flotaban a su alrededor. Con el sudor surcando su frente, Teclis los dispersó.

Los presentes contuvieron la respiración. Parecía imposible que nadie pudiera sobrevivir a aquella tormenta de espadas. Entonces Tyrion resbaló y Urian se abalanzó sobre él con la espada en alto. Era la situación que había esperado el Alto Elfo. Un rápido movimiento de su espada traspasó el corazón de su enemigo. La hueste de la oscuridad lanzó un alarido de furia y cargó hacia adelante para arrollar al solitario guerrero élfico, pero el ejército élfico también se adelantó para chocar con el enemigo. Malhandir fue el primero en llegar junto a Tyrion, quien, saltando sobre su silla, se revolvió para enfrentarse a sus enemigos.

Los dos ejércitos chocaron en el centro de la Llanura Finuval. Los Elfos Oscuros eran más numerosos y sus aliados eran despiadados. Los Altos Elfos luchaban por su tierra natal y por la Reina Eterna. Tenían el valor desesperado que surge de saber que posiblemente aquella era su última oportunidad de poder cambiar el curso del destino. Durante todo el día, los ejércitos lucharon con furia salvaje. Ambos bandos estaban motivados por el amargo odio que la antigua guerra civil había engendrado. Las nubes de virotes de las ballestas eran tan numerosas que oscurecían el cielo, pero eran respondidas por nubes blancas de flechas. Los monstruosos gélidos fueron neutralizados por los ágiles guerreros élficos. Los jinetes de Ellyrion fueron rechazados por las apestosas bestias del Caos. Los hechizos surcaban el aire. La sangre se mezcló con el polvo levantado durante la batalla. Murieron miles de guerreros, pero ningún bando cedió terreno. Tan grande fue la masacre que los guerreros seguían luchando sobre los cuerpos mientras los cuervos se atiborraban con los heridos que habían quedado atrapados bajo los montones de cadáveres.

Justo en el centro de la batalla, Tyrion luchaba con la furia de una bestia enloquecida y sedienta de sangre. Su gran espada ardiente partía a un enemigo por la mitad a cada golpe y su brillante armadura rechazaba los golpes de las espadas de sus desesperados enemigos. El paladín alto elfo valía por todo un ejército. Por donde pasaba, los Altos Elfos cobraban nuevos ánimos. Malhandir pisoteaba a los Elfos Oscuros bajo sus cascos plateados. Pero Tyrion no podía estar en todas partes a la vez y lentamente el peso de la superioridad númerica empezó a decantar la batalla contra los Altos Elfos.

La Resolución de la BatallaEditar

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En el fragor de la batalla, Teclis luchó contra la hechicería oscura del Rey Brujo. El Señor Oscuro había perfeccionado sus artes malignas durante un largo milenio y, por primera vez, Teclis se enfrentó a un enemigo que le superaba. Se concentraron y lanzaron poderosas energías mágicas. Los rayos cruzaban el oscuro cielo. Grandes nubes, capaces de desgarrar a los hombres hasta los huesos, fueron alejadas por vientos mágicos. Los demonios aullaban y farfullaban mientras participaban en la carnicería. Teclis se elevó por los aires para observar mejor la batalla. Desde lo alto de una colina devastada, el Rey Brujo lo desafiaba con un hechizo tras otro.

Teclis vió que la balanza de la batalla se decantaba por las fuerzas de la oscuridad. El tamaño de la hueste de guerra de los Elfos Oscuros era demasiado grande. Parecía como si los Elfos fueran a ser masacrados. En ese momento comprendió que el fin estaba próximo e invocó el poder de Lileath. Su báculo brilló y latió mientras la diosa le suministraba energía. Teclis redirigió la energía en una descarga titánica que lanzó sobre el Rey Brujo.

Frenéticamente, el hechicero maligno trató de desviarla, pero fue incapaz de hacerlo. La descarga de energía cayó sobre él consumiéndole hasta el alma. En el último momento, se vio obligado a retirarse del universo material a la disformidad para evitar su muerte total y definitiva. Libre entonces de la carga que representa enfrentarse al Rey Brujo, Teclis dirigió entonces sus energías sobre la horda del mal. Un hechizo tras otro cayó sobre los Elfos Oscuros; cientos de ellos morían cada vez que un rayo de energía mágica pura los alcanzaba.

Malhandir condujo a Tyrion hasta el portaestandarte del Rey Brujo y el héroe alto elfo se deshizo de su adversario con facilidad. Malhandir pisoteó el estandarte del rey Brujo por el fango. Viendo que su señor había sido derrotado y su estandarte destruido, los Elfos Oscuros quedaron desmoralizados. Sobre ellos, un hechicero aparentemente invencible descargaba toda su energía mágica mientras un guerrero imparable atravesaba sus filas como un barco que surca a través de las olas. Casi todo el ejército intentó dar la vuelta y huir, siendo casi todos aniquilados en el intento. Los Altos Elfos habían conseguido su primera gran victoria de aquel año. La suerte había cambiado.

La Derrota del Rey BrujoEditar

Tyrion condujo al ejército hacia el Sur para liberar a Lothern del asedio. Las noticas de su llegada dieron nuevas fuerzas a los Altos Elfos. El alto guerrero, que contaba con el favor de la Reina Eterna, y su gemelo mago eran temidos por el enemigo. El ejército alto elfo atacó a las tropas que asediaban Lothern y masacró hasta el último de sus adversarios. El Rey Fénix partió de Lothern con su guardia para salir a su encuentro. Atrapado entre el yunque y el martillo, el ejército oscuro fue aplastado. Bajo las murallas de Lothern, Tyrion y Teclis fueron recibidos por el propio Rey Fénix.

Dos días más tarde, se había trazado un plan para expulsar a todos los Elfos Oscuros de las tierras de Ulthuan. Tyrion llevaría un ejército alto elfo hasta Saphery para liberar la Torre de Hoeth. Entretanto, el Rey Fénix se dirigiría hacia el Norte para enfrentarse directamente con el enemigo. Desde Caledor llegó la noticia de que los dragones habían despertado. Los Altos Elfos tenían la victoria al alcance de la mano.

FuenteEditar

  • Libro de Ejército: Altos Elfos (7ª Edición).

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