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Batalla del Montículo Negro

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Mapa de la Batalla del Montículo Negro

1185 años antes de que Sigmar fundara el Imperio, el venerable Enano Señor de las Runas Kadrin Melenarroja (fundador de la gran tradición de los martilladores) realizó un viaje hacia las ruinas plagadas de criaturas de la fortaleza de Karak-Varn. Expulsó a los viles Skavens que habían ocupado el antaño poderoso bastión enano y se retomaron las operaciones mineras, que llevaron al descubrimiento de una rica veta de Gromril. Bajo el sello oficial del gran rey de Karaz-a-Karak, Melenarroja empezó a reconstruir la fortaleza y un gran número de enanos, la mayoría mineros y prospectores, acudieron en masa para establecerse en el bastión conquistado al enemigo.

Durante casi cincuenta años siguieron explotando el filón de gromril y las caravanas de mulas que viajaban por las costas de Agua Negra en dirección a Karaz-a-Karak iban cargadas hasta los topes de dicho mineral. El verano de -1136 AI fue especialmente próspero ya que una sola veta produjo mineral por valor de cinco años de prospección minera. Tal y como mandaba la tradición, una quinta parte de todo ese mineral se envió como diezmo al Gran Rey. Con la intención de proteger el convoy y a la vez visitar al Gran Rey, íntimo amigo suyo, Kadrin Melenarroja acompañó a la recua de mulas.

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Partiendo al inicio de otoño, más tarde de lo normal, para tener más tiempo para extraer más mineral, Melenarroja decidió viajar por Zhufbar para así ver a su primo Hodrik antes de tomar el camino más tortuoso para rodear Agua Negra. Aquella decisión resultó ser un error, ya que unos exploradores goblins montados en lobo procedentes de la guarida de pieles verdes del Monte Gunbad espiaron la caravana y fueron a informar a su cruel amo, el señor de la guerra Gorblak el Pincho, llamado así por su repugnante afición de empalar a los prisioneros atrapados en la Carretera de la Plata que pasa por el sur de Gunbad. Tal vez la historia hubiese tomado otro curso diferente si los exploradores goblins no hubieran sido apresados por una tribu nómada de orcos llamados los Kraneoz Malvadoz, pues Monte Gunbad se levanta a unos 350 Km de allí y Gorblak no era un líder tan aventurero como para dirigir un ataque hasta allí.

Al enterarse de la recua de mulas que transportaba mineral gracias a los goblins, el señor de la guerra de los Kraneoz Malvadoz, Kruk Gorgrim, reunió inmediatamente a sus guerreros y se dispuso a tenderles una emboscada. Haciendo gala de una paciencia y una astucia increíble para un líder piel verde, Gorgrim fue hacia el sur durante varios días hasta encontrar el mejor lugar en el que llevar a cabo su plan. Hizo que los jinetes lobo siguieran a la recua de mulas desde una distancia prudencial y que fueran enviando mensajeros para informar de su situación. Sigue siendo un misterio por que los jinetes lobo permanecieron con la tribu de los Kraneoz Malvadoz, aunque seguramente fuera tanto por miedo como por codicia.

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Cascos Enanos

Gorgrim eligió un sitio a unos cien kilómetros al sur de Zhufbar y esperó allí durante una semana a que llegara la recua de mulas. Lógicamente, las perspectivas de botín amansaron el carácter tradicionalmente salvaje e impaciente de la borda piel verde. Aunque la temible reputación de Gorgrim también tuvo que ver en ello; se dice que este fue el mismo caudillo que más tarde se aventuraría hacia el Oeste y devastaría las tierras de los bretonis y de los thuringianos. Al estar informado en todo momento por sus jinetes del lobo, Gorgrim se lanzó al ataque justo cuando los Enanos estaban acampando en el décimo día de su viaje procedentes de Karak Varn.

El campo de batalla escogido se encontraba cerca de donde el propio camino pasaba junto a la orilla de Agua Negra y discurría entre una elevación del terreno llamada el Montículo Negro y una hilera de colinas y deslizaderos que permitía al líder orco mantener ocultos a sus guerreros hasta que su ataque estuvo preparado. Muchos piensan que Gorgrim ya había luchado contra los Enanos en anteriores ocasiones, se supone que con éxito, puesto que demostró poseer un gran conocimiento del carácter enano y de la manera en que reaccionarían al ataque. Partiendo de esta información, reunió a sus tropas de manera que los enanos se vieran conducidos igual que las vacas al matadero.

Primero mandó atacar a los jinetes de lobo, que salieron de una estrecha hondonada y se lanzaron a la carga contra la retaguardia de la recua de mulas antes de que estas decidieran huir. Previendo que habría más ataques, Melenarroja ordenó a su contingente tomar posiciones defensivas en el Montículo Negro, cuya cima estaba coronada por los restos de piedras carbonizadas de un viejo fuerte enano (de ahí el nombre). El señor de las runas dividió a sus fuerzas en cuatro partes: una para defenderse de los ataques procedentes del norte del Montículo Negro, dos que tomaron posiciones en las mismas ruinas en la cumbre sur y la cuarta para cubrir el hueco entre ambas fuerzas y servir de reserva en caso necesario.

La primera señal de verdadero ataque fue el regreso de los jinetes de lobo desde el norte, que fueron avanzando por el camino. Los Enanos del norte levantaron un muro de escudos mientras los jinetes de lobo iban galopando hacia delante y hacia atrás arrojando flechas. El ataque de los Goblins no surtió demasiado efecto y entonces Melenarroja ordenó avanzar a su contingente hacia el norte para obligar a los Goblins a apartarse del Montículo Negro. Aquello supuso una inesperada ventaja para Gorgrim, puesto que el comandante enano demostró tener una inaudita falta de paciencia y, de hecho, en la mayoría de documentos en los que se hace referencia a Melenarroja se dice de él que tenía un comportamiento un tanto precipitado para ser un Enano.

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Arrankaviszeraz

Como Melenarroja había centrado toda su atención hacia el norte, Gorgrim mandó atacar por el sur a sus corpulentos jinetes de jabalí y a un puñado de bastos carros tirados por jabalíes. Una lluvia de virotes de ballesta, acompañada de gritos de guerra, cayó sobre los jinetes de jabalí y los carros mientras estos avanzaban a toda velocidad por el camino, así que al llegar a la empinada falda de Montículo Negro, su ofensiva había perdido mucho ímpetu. Los Orcos siguieron adelante, pero no lograron atravesar el cordón defensivo de guerreros, mientras que los carros rodearon sin causar daños los muros en ruinas y sin poder acercarse a los Enanos. Todo parecía indicar que los Enanos podrían resistir.

No obstante, la astucia de Gorgrim era mucho más enrevesada de lo que Melenarroja podía llegar a suponer, ya que el ataque del carro y de la caballería no había sido más que otra táctica de despiste para poder reunir a la parte más grande de su ejército justo debajo de la cumbre de una alta colina al noroeste de las posiciones enanas. Al quedar cegados por el sol de la mañana, los vigías enanos no pudieron ver cómo la horda salía de su escondite y se situaba entre los altozanos del Paso de Agua Negra.

Al haberse parapetado tras los muros para defenderse de los jinetes de jabalí, los Enanos también quedaron expuestos a los ataques de los destartalados lanzadores de piedras y lanzavirotes que la tribu de los Cráneos Malvados habían construido los últimos días en el lindero de un bosque cercano hacia el este y al Sur del Montículo Negro. Las enormes piedras y las estacas afiladas se estrellaron contra las ruinas arrojando tan solo esquirlas y astillas contra las filas de los enanos, aunque algunos de aquellos valerosos guerreros cayeron bajo el ataque de las máquinas de guerra. Los proyectiles también cayeron sobre los jinetes de jabalí y sus carros, aunque lógicamente a Gorgrim no le importó lo más mínimo. Los orcos también estaban totalmente seguros de conseguir la victoria, de modo que siguieron acercándose al asediado frente enano.

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Martillo Milenario

Y entonces Gorgrim lanzó su golpe de gracia. Su tropa principal avanzó rápidamente por la colina y atacó por el noreste. El contingente más al norte que regresaba tras haber perseguido a los jinetes de lobo se encontró en aquel momento entre la acosada caballería ligera y el flanco derecho del frente orco de Gorgrim. Este había aislado a su vez a la parte central del ejército enano situado al exterior del puesto de vigilancia en ruinas que había entre las dos cimas del Montículo Negro. Pero la verdadera astucia de Gorgrim se demostró entonces con todo su esplendor. Los carros de jabalíes abortaron su ataque contra la hueste enana principal y dieron la vuelta a las ruinas para después atacarla de nuevo por entre las dos cumbres de la colina del oeste.

Tras retirarse de la masa principal de los Orcos, el centro de los Enanos arremetió contra los carros y sufrió bajas graves, pero finalmente consiguió atravesar las desvencijadas máquinas y unirse a Melenarroja. El contingente del norte fue obligado a retroceder más hacia el Norte y los jinetes de lobo y la infantería orca lo arrasaron prácticamente todo a unos tres kilómetros de distancia del Montículo Negro. Es precisamente en los testimonios de los supervivientes de ese contingente que logró llegar a duras penas hasta Zhufbar en lo que se basan la mayor parte de la información de esa batalla. Mientras tanto Gorgrim dirigió del ataque principal contra el fuerte en ruinas. Melenarroja se erguía en el centro del frente enano dando órdenes y organizando la defensa. En sus manos blandía el Martillo Milenario, la antiquísima arma rúnica que al Gran Rey regaló a Kadrin por su participación en la defensa de Gunbad, aunque la fortaleza fue reconquistada por los Goblins años más tarde. Gorgrim portaba una espada curva cruelmente afilada, imbuida de poder mágico. En las leyendas de los bretones, esta arma era supuestamente llamada Arrankavíszeraz por los Cráneos Malvados y formaba el emblema de su líder. Aquel aciago día los malignos encantamientos del arma se cobraron un montón de victimas al cortar limpiamente las armaduras ricamente decoradas de los Enanos. Por otro lado, el Martillo Milenario que blandía Melenarroja también cumplió con su sangrienta tarea y se cobró la vida de por lo menos tres docenas de Orcos en la batalla por la muralla norte del Montículo Negro.

El combate fue sangriento y encarnizado y los Enanos mantuvieron una posición ventajosa desde la cual impedían que los Orcos pudiesen avanzar de modo seguro. Al estar rodeados por tres de las cuatro direcciones posibles y con las mulas en el centro del puesto defensivo, los Enanos se juraron a sí mismos que habrían de luchar hasta las últimas consecuencias. Y aquello fue lo que hicieron, ya que derribaron a casi la mitad de la partida de guerra de Gorgrim. Sin embargo, los Orcos no se dejaron amedrentar por las bajas, posiblemente debido a que sabían que a cada guerrero caído no hacía más que aumentar la porción de botín que iban a llevarse los que sobrevivieran. Mientras las hachas de los Enanos se estrellaban contra los escudos orcos de madera y las bastas espadas y mazas chocaban contra las brillantes cotas de malla de los Enanos, las enormes rocas y virotes de las máquinas de guerra orcas seguían cayendo sobre los asediados Enanos.

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Colores Kráneoz Malvadoz

El tramo final de la batalla tuvo lugar al mediodía, cuando una nueva carga del propio Gorgrim consiguió atravesar el círculo que formaban los enanos al norte de las ruinas. Mientras Gorgrim y los gigantescos orcos que formaban su escolta resistían el contraataque de los Enanos, más Orcos se lanzaron contra la brecha y llegaron a destrozar el muro para que los carros pudieran pasar. Con la ayuda de Gorgrim, los carros embistieron a los enanos y los arrollaron bajo el peso de sus ruedas envueltos por los chillidos de los malignos jabalíes que no paraban de morderles. Gorgrim siguió avanzando sin parar, presionando al enemigo con sus superioridad numérica.

Al ver que el fin se encontraba cerca, Melenarroja reunió a sus guerreros para lanzar una ofensiva final y arremetió él mismo contra Gorgrim acabando con la mayor parte de sus guardaespaldas, aunque los dos comandantes nunca llegaron a enfrentarse entre si. Por desgracia, un salvaje hachazo orco pudo colarse por la rendija existente entre el yelmo de Melenarroja y su cota de mallas y se clavó profundamente en su hombro. Tras quedar gravemente herido, Melenarroja vociferó a los cuatro vientos los juramentos realizados a sus antepasados, partió aquel orco en dos e hizo retroceder al enemigo blandiendo su brillante Martillo Milenario en amplios arcos. Se fue abriendo paso hasta apartarse del combate mientras proclamaba en voz alta que ningún pielverde iba a quedarse con su valiosa arma como trofeo. Siguiendo su ejemplo, gran parte de los Enanos asieron cofres y sacas de Gromril de las mulas y fueron tras él.

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Colores Clan Melenarroja

Acompañado de sus guerreros más fieros, Melenarroja fue abriéndose paso a martillazos hasta salir de las ruinas y bajó la pendiente del Montículo Negro para llegar a la orilla de Agua Negra. Sobre los guijarros mojados por el agua de la orilla las fuerzas estuvieron a punto de abandonarle y cayó al suelo de rodillas. Mientras sus fieles camaradas formaban un círculo alrededor, Melenarroja reunió las últimas fuerzas que le quedaban y arrojó el Martillo Milenario lo más lejos que pudo a las profundidades del lago. Sabiendo que ninguna mano malvada blandiría nunca su magnífica reliquia familiar, Melenarroja exhaló su último suspiro y murió. Los Enanos arrojaron todo el Gromril que pudieran fuera del alcance de los Orcos y después lucharon hasta el final con gran determinación. La batalla siguió hasta el mediodía, los Enanos de espaldas a Agua Negra y los Orcos sin poder utilizar su abrumadora superioridad numérica, pero al final todos y cada uno de los guerreros de Karak Varn fueron abatidos.

La batalla del Montículo Negro resultó salir más cara a los Enanos que la perdida de una mera recua de mulas cargadas de Gromril. Al quedar desanimados y carentes de la personalidad impulsiva de Melenarroja para levantarles la moral, los Enanos de Karak Varn empezaron a marcharse. El golpe definitivo llegó cuando las repugnantes criaturas que habían logrado expulsar en su reconquista volvieron a reunirse en gran número y atacaron de nuevo procedentes del subsuelo, matando a los últimos Enanos que quedaban en Karak Varn

FuentesEditar

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