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Be'lakor

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Be'lakor - El Maestro Oscuro por Catherine OC.jpg

El Señor Oscuro

El poderoso ser conocido en la actualidad como el Señor Oscuro ha recibido otros muchos nombres y apelativos a lo largo de los siglos, como el Heraldo, el Portador y el Oscurecimiento. En ciertos libros muy antiguos está escrito que el nombre original de la criatura era Be'lakor, pero solo unos pocos estudiosos especialistas de los textos prohibidos lo saben, dado que este ser tiene miles de años de antigüedad.

A muchos les resultaría difícil creer que el Señor Oscuro, un ser de una maldad y crueldad infinitas, fuera en principio un ser mortal. Sin embargo, parece ser que, efectivamente, fue la primera criatura terrenal que consiguió obtener la vida eterna cuando los señores infernales lo transformaron en un demonio como recompensa por el sinfín de hazañas que había llevado a cabo para ganarse su atención y respeto.

HistoriaEditar

En los albores del tiempo, Be'lakor fue bendecido por todos los dioses del Caos, siendo el primer mortal convertido en inmortal y su reinado como Príncipe Demonio duró siglos. Al reencarnarse en forma de príncipe demonio, el Señor Oscuro se convirtió en una criatura terrorífica y abrumadoramente inmensa y en poco tiempo llegó a ser adorado como un dios.

En el momento antes de la guerra de los Elfo contra el Caos, Be'lakor dominaba el mundo con puño de hierro, al mando de las hordas de demonios en nombre del Caos. Como poseedor de un poder inimaginable, Be'lakor cabalgó al frente de los ejércitos del Caos y condujo a legiones infinitas de demonios a guerras titánicas que devastaron las tierras. Ningún mortal podía enfrentarse a él y acababa con millares de vidas con solo desearlo

A la par que sus poderes iban aumentando día a día, también fue creciendo su orgullo, lo que al final desembocó en su perdición.

La caída de Be'lakorEditar

Be'lakor - El Primer Príncipe Demonio por luffie.jpg

Como soberano absoluto del mundo, Be'lakor comenzó a mirar a los mortales con desdén, y su poder aumentó tanto que. henchido de arrogancia y orgullo, Be'lakor, finalmente, acabó por despertar la ira de los Grandes Dioses del Caos. En los textos oscuros está escrito que él se consideró igual a los dioses del Caos y no como su sirviente, dejando de rendirles el debido respeto, incurriendo en la ira de los dioses oscuros cuando comenzó a desafiarlos, y que eso fue lo que le hizo caer en desgracia. El Señor Oscuro fue desterrado de su posición privilegiada y Tzeentch, El Que Cambia las Cosas, le echó una maldición.

De hijo predilecto del Caos, pasó a convertirse en una criatura-espíritu llena de odio y confusión. Tzeentch le despojó de su poder, negándole la forma física y lo que le obligó a servidumbre sin sentido al caos. Perdió todo atisbo de cordura y se transformó en un ente azaroso sin rumbo ni destino que solo gobernaba el reino oscuro de su propia locura. El Señor Oscuro ha existido durante miles de años presa de la demencia mientras el tiempo iba pasando con una lentitud agónica y desesperante en la que los minutos le parecían meses. Los confines de su torturada mente están constantemente inundados de pensamientos e ideas vagos e inconclusos y todo él está lleno de frustración, rabia y odio.

Tzeentch forzó a Be'lakor a convertirse en el Heraldo, el que corona al Gran Elegido. Tzeentch concedió el acceso del odio a su espíritu para los sendas secretas de la Corona de la Dominación - un yelmo de batalla antiguo que fue el símbolo del Gran Elegido, esto sólo es posible mediante la ejecución de un guantelete de Demonios y Engendros del Caos en el Primer Santuario del Caos, en lo profundo las Montañas Filospada. Pero Be'lakor nunca sería el mismo... un hecho que le indignó más que su estado incorpóreo.

Como parte de la maldición, a este espíritu del Caos ahora insustancial y desprovisto de ambición se le impuso una misión. Durante miles de años, el mundo ha sufrido multitud de invasiones del Caos lideradas por todo tipo de demonios o guerreros mortales. Sin embargo, algunos de estos líderes destacan de entre los demás por ser paladines conquistadores de gran poder a quienes los dioses del Caos han favorecido especialmente. Todos estos líderes han unificado a los seguidores de los dioses oscuros del Caos y han orquestado las grandes incursiones del Caos que han sembrado la destrucción por el mundo.

Be´Lakor imagen.png
Cada una de estas invasiones podría, perfectamente, haber acabado obteniendo la dominación total y absoluta, pero todas han sido rechazadas a costa de muchas pérdidas. La marca del favor de los dioses del Caos que porta el privilegiado señor de la guerra encargado de dirigir las incursiones es la temible Corona de la Dominación, un símbolo de una gran fuerza para las criaturas del Caos que demuestra que los Dioses Mayores han elegido a ese mortal para dirigir sus ejércitos.

Antes del advenimiento de cada una de estas poderosas reencarnaciones del Caos, Be'lakor despierta de su tormentosa locura. Está condenado a acompañar a cada extraordinario señor de la guerra hasta el lugar donde reposa eternamente la Corona de la Dominación y guiarlo por los senderos ocultos por donde debe enfrentarse a un sinfín de desafíos mortales para así demostrar su valía ante la mirada de los dioses.

Una vez ha tomado la corona, el propio Señor Oscuro se ve obligado a llevar a cabo la oscura ceremonia de coronación y colocar la corona sobre la frente del señor de la guerra mientras la envidia y el odio corroen al príncipe demonio caído en desgracia. Después de haber puesto la corona sobre la frente del señor de la guerra, Be'lakor empieza a desvanecerse de vuelta estado de existencia de permanente locura a pesar de todos sus esfuerzos por resistirse al embate de la enajenación. Cada vez que presencia el nacimiento del Unificador del Caos debe recordar con aflicción que le están robando el puesto que estaba originariamente destinado para él. Esta es la maldición que debe soportar: estar obligado a ayudar a los señores de la guerra en su camino hacia la gloria sabiendo que ellos y no él serán los que dirigirán las espléndidas incursiones contra el mundo de los mortales.

Coronaciones de los Grande ElegidosEditar

Be'lakor llevó a cabo su primera oscura coronación hace miles de años. El primer Gran Elegido, Morkar el Unificador, había levantado un gran ejército y, con las bendiciones de los Dioses Oscuros, se le encomendó la tarea de hacer del mundo un portal permanente del Caos. Gritando su furia a los vientos, Be'lakor descendió a su propio reino de la locura - al no ver victorias por parte de Morkar, y el nacimiento del hombre que serían una la gran pesadilla para el Caos, Sigmar. El estado de servidumbre en el que se ve obligado a vivir enciende las llamas de la envidia y de la frustración en el corazón de Be´lakor, que cae rápidamente en un estado de demencia.

Sigmar se reunió con Morkar en una batalla que determinaría el destino del mundo. La batalla fue comparada a la existente entre los dioses, pero al final Sigmar realizó un golpe mortal, destruyendo a Morkar y poner fin a su incursión. De las cenizas de esta batalla, Sigmar se convirtió en el primer emperador de la tribus humanas unidas. Durante miles de años desde entonces, su Imperio ha perdurado como un faro para la humanidad.

Debido a la naturaleza inconstante del Caos, Be'lakor logra escapar de su maldición durante un tiempo como Señor Oscuro de la ciudad en ruinas de Mordheim. Allí, Be'lakor fue capaz de evitar su odiado deber y poseyó el cuerpo de Kharduun el Glorioso, el tercer Gran Elegido, pero acaba atrapado, retenido por la piedra bruja que impregna las ruinas de Mordheim e incapaz de escapar. Se convirtió en un nuevo Emperador Oscuro, que se proclamo su soberanía sobre la Ciudad de los Condenados. Bautizado como el Señor Oscuro, el Amo de los Poseídos, los seguidores de los cultos del Caos procedentes de todos los rincones del Imperio se reunían para jurarle obediencia. Aunque nadie sabia si era un hombre o un demonio, muchos proclaman que era el salvador y buscaban afanosamente cumplir su voluntad.

Con el poder de los Poseídos apoyándoles, los seguidores del Señor Oscuro se hicieron poderosos en Mordheim. En la Matanza de la Calle de la Plata el Culto de los Poseídos emboscó y destruyó una gran fuerza enviada para aniquilarlos. Las calles de Mordheim pertenenecian al Señor Oscuro y a sus servidores. Todas las bandas de Poseídos reunieron piedra bruja para el Señor Oscuro, quién permanecía oculto en el Pozo, donde se dice que estaba protegido por titánicos Poseídos del tamaño de casas.

Creía que había derrotado la maldición de los dioses oscuros, pero al final, consumido por la ira y el odio, Be'lakor ve cómo su forma corpórea es destruida (para diversión de los Dioses), cuando no pudo llegar a la Corona de Dominación en su forma física. Be'lakor regresa a su torturada existencia y lentamente pierde la poca cordura que le quedaba, obligado de nuevo a los caminos de sombra para proteger la Corona de la Dominación. Cientos de años después, Asavar Kul el Ungido se convirtió en el próximo Gran Elegido, liderando una campaña de muerte y destrucción a través de las tierras decadentes y corruptas del Imperio. Sin embargo, como en épocas pasadas, un campeón de la luz se levantó para desafiar al Caos en la hora más oscura de la humanidad. Magnus el Piadoso, el futuro emperador del Imperio de Sigmar, se unió a Ar-Ulric Kriestov y al Gran Rey Alrikson para oponerse a las oleadas del Caos procedentes del norte, encabezados por Asavar Kul y Engra Deathsword. Durante el asedio de Kislev, Magnus y Asavar Kul se encontraron cara a cara, al igual que Sigmar y Morkar milenios antes - y, al igual que en aquella titánica batalla, el Elegido fue destruido de nuevo. Be'lakor, observando desde el cielo, gritó de ira cuando el elegido volvió a caer en combate.

Sabía que si los Dioses Oscuros no le había maldecido, hubiera destruido al propio Sigmar milenios antes, y los múltiples Elegidos no habrían sido necesarios. Be'lakor fue objeto de otro príncipe del fin de los tiempos cuando Archaón comenzó a someter a las tribus del norte, mientras reclamaba las reliquias necesarias para ser nombrado el Elegido.

La invasión de AlbiónEditar

De esta manera, el Señor Oscuro despertó por sexta vez de su locura y recuperó su consciencia para llevar a cabo la misión que le habían impuesto. Los recuerdos de Be'lakor acerca de lo que lo que ocurrió en el pasado reaparecieron y así volvió a recordar cómo fue expulsado de su estado de gracia y relegado a la oscuridad. Todo su ser estaba poseído por el odio que sentía contra los altos poderes del Caos y se propuso no permitir que la historia se repitiera más. Be'lakor se dispuso a preparar un plan desesperado que le permitiera evitar tener que cumplir con la función a la que había sido predestinado y así recuperar lo que había perdido. Antes de que el nuevo señor de la guerra llegara a estar preparado paró recibir la corona, el Señor Oscuro se escabulló inadvertidamente hacia Albión, seguro de que aquella isla encerraba la clave que le permitiría escapar, al sentir los latidos de energía mágica ye emanaban de ella.

Solo él conocía la localización de la Corona de la Dominación aunque una parte de la maldición preestablece que no pueda tocar la Corona hasta que la mano del guerrero elegido la haya recuperado. Sin embargo, Be'lakor descubrió que si el poder de las Piedras Ogham de Albión llegaba a concentrarse en su ser, podría recuperar su tan codiciada forma física y romper las defensas que mantenían a la Corona de la Dominación fuera de su alcance. Si lograba obtener la Corona para sí, sería él el que recibiría el título de Señor de la Guerra unificador de los ejércitos del Caos y sería él el que dirigiría a las legiones demoníacas a devastar las tierras de los mortales del sur. Be'lakor se impuso la misión de atraer sirvientes y, con este propósito, corrompió y engañó a todo el que pudo para que se uniera a él, ya que se necesitaba esbirros que pudieran cumplir sus órdenes y focalizar el poder sobre él.

El Señor Oscuro centró su atención en los Arúspices de Albión, los guardianes de las Piedras Ogham, y se dedicó a pervertir a todos los que podrían volverse en contra de los suyos. Al prometerles grandes poderes y concederles magia potente, los que entonces pasaron a llamarse Emisarios Oscuros empezaron a abusar de su conocimiento legendario de las Piedras Ogham y dedicaron todos sus esfuerzos a alimentar y engrosar el poder del Señor Oscuro. Tuvo lugar una gran batalla entre los Emisarios Oscuros y los Arúspices para la que ambas facciones buscaron ayuda en costas lejanas. Establecieron alianzas en todos los rincones del mundo y las batallas se fueron haciendo cada vez más grandes. Así dio comienzo la Guerra de Albión.

En poco tiempo, Albión se vio envuelta en una marea de sangre y destrucción. Se profanó un sinfin de círculos de piedras, cuyo poder fue utilizado después con fines infernales y abominables. Be'lakor no dejaba de regocijarse ante tanto derramamiento de sangre y tanto horror. A medida que ocupaban cada uno de los círculos de piedras, los Emisarios Oscuros empleaban sus propios poderes corruptos para extirpar la energía indomable de la tierra y succionar la vitalidad de la isla de Albión para luego ofrecérsela a su Señor Oscuro. A la vez que sus poderes iban en aumento, el tenebroso príncipe demonio se fue haciendo cada vez más material y se deleitaba al comprobar que poco a poco iba recuperando la forma física que había perdido hacía tantísimo tiempo.

Be'lakor instigaba a sus secuaces a seguir adelante constantemente, puesto que ansiaba sentir la plena forma material y estaba seguro de que por fin había llegado la hora de escapar de su condenado destino. Al medida que iba creciendo empezó a ejercer su propio poder, con lo que fueron muchos en Albión los que pudieron presentir su oscura sombra formando una abrumadora nube en el cielo. Para otros, esta sensación fue más intensa e incluso los Arúspices llegaron a sentir el poder del Señor Oscuro tratando de penetrar sus mentes comuna presión muy fuerte. Simultáneamente, Be'lakor comenzó a tantear las defensas que rodeaban la Corona de la Dominación y sintió que ya empezaban a ceder.

Mientras tanto, los Arúspices habían estado muy ocupados asegurándose nuevos aliados, de manera que lograron detener a las fuerzas de la oscuridad. El Señor Oscuro montó en cólera, pues sabía que le quedaba poco tiempo. Ya podía sentir que en el lejano Norte se acercaba la hora en la que el poderoso señor de la guerra estaría preparado para recibir la Corona de la Dominación. El Señor Oscuro sabía muy bien que debía tener aquel potente artefacto entre sus manos antes de que eso ocurriera, dado que ni siquiera él sería capaz de resistir la fuerza del destino que le obligaría a cumplir con el sino que tanto aborrecía cuando llegara la hora de la coronación impía.

Cuando las fuerzas de la oscuridad empezaron a perder, se volvieron unas contra las otras y antiguos aliados asesinaron a muchos de los Emisarios Oscuros. Los Arúspices, unidos dentro de la Fortaleza de los Ancestrales, empezaron a realizar encantamientos de gran poder para así unir sus fuerzas mágicas y poder hacer frente al Señor Oscuro. En un arrebato de furia, el Señor Oscuro, cuyo cuerpo ya era casi del todo sólido y corpóreo, se dio cuenta de que sus planes habían sido frustrados. Sabía que, como sus tropas se habían visto obligadas a detener su avance, ya no podría obtener a tiempo el poder que necesitaba. Al empezar a sentir la fuerza del destino, supo que no podría resistirse a él.

La sexta coronaciónEditar

Be'lakor tenía previsto tomar la corona de la dominación por sí mismo para luego descender en Archaón y devorar su alma a la vista de los Dioses Oscuros. Sin embargo, sus planes se vinieron abajo y su espíritu inmortal se llenó de furia, Be'lakor fue una vez más obligado a realizar la coronación. El Señor Oscuro se alzó en toda su magnificiencia, a pesar de tener el cuerpo a medio formar y no del todo tangible, y desapareció de la Ciudadela de Plomo obligado inconscientemente por el destino a marcharse. Atrás dejaba a sus secuaces, que siguieron la lucha contra los Arúspices sin su ayuda. Descendiendo como un ángel oscuro, Be'lakor se arrodilló ante Archaón, el odio y la ira llenaron su alma, para después coronarlo como nuevo Gran Elegido.

Pero, gracias a sus nuevos poderes, Be'lakor aprendió muchas cosas. Comprendió que las incursiones se estaban haciendo cada vez más frecuentes y que se acercaba la hora en la que el mundo acabaría por sufrir el ataque de una incursión omnipotente que duraría hasta el fin de los tiempos. No importaba cuánto tiempo transcurriera, aunque fuesen siglos, hasta que dicha incursión hubiera conquistado todas las tierras porque el tiempo no significa nada para los dioses del Caos. El odio cubrió por completo al Señor Oscuro al darse cuenta de que el que iba a estar al mando de los ejércitos del Caos en estas gloriosas batallas finales no iba a ser él.

Con el odio le sobrevino otra curiosa revelación. Be'lakor se percató de que con el poder que había reunido en su ser durante la guerra en Albión era capaz de resistir otro nuevo descenso a la locura. Se había librado de su maldito destino. Si bien no había logrado todo lo que se había propuesto, los planes maléficos del Señor Oscuro no habían hecho más que empezar. Después de coronar al nuevo líder del Caos, el Señor Oscuro se retiraró al Reino del Caos con ansias renovadas de poder y de venganza.

Los planes que la rabia le había inspirado consistían en cobrarse venganza de los Dioses del Caos. Así, sumido en la oscuridad, el ser conocido como Be'lakor trama su venganza final mientras el mundo cada vez es más consciente de los tiempos sombríos y sangrientos que se avecinan y para los que falta cada vez menos, unos tiempos en los qué las tierras volverán a sentir el poder infernal del Caos...

Tormenta del Caos Editar

Logo Tormenta del Caos.png

La Tormenta del Caos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la campaña mundial de La Tormenta del Caos, que recientemente ha sido sustituida por la de El Fin de los Tiempos.

Valten vs Archaon.jpg

Días previos a al inicio de la campaña Editar

Be'lakor 2.jpg
Al tratase de un ente de sombras y terror, el Señor Oscuro conjuró un gran portal por el que pudieran pasar sus antiguos ejércitos, acompañados por el estridente clamor de los cuernos de batalla y los gritos guturales de triunfo. Be'lakor dirigió a sus legiones hacia el Sur, hacia las tierras de los hombres, siguiendo el avance de Archaón.

Fue en las frías y heladas tierras al norte de Kislev donde Be'lakor se vio atraído hacia cierto lugar, Al llegar, descubrió que se trataba del campo de batalla en el que Volkmar, el Sombrío de Sigmar, había caído ante el Gran Elegido. El campo ensangrentado estaba repleto de cadáveres congelados medio devorados por los cuervos y las alimañas y, en el centro de aquella escena de muerte quietud, encontró los restos del altar de guerra del Gran Teogonista, cuyos arreos yacían rotos y las imágenes de Sigmar desperdigadas por el barro helado y manchado de sangre.Entre los restos del carro de batalla encontró el cadáver del propio Volkmar, que yacía congelado en su agonía final con su sangriento tajo en el pecho y los fragmentos rotos del Amuleto del Grifo de Jade a sus pies.

Viendo un modo de imponer su superioridad sobre Archaón, Be'lakor empleó sus poderes mágicos más antiguos y puso su mano sobre el pecho del Gran Teogonista. El príncipe demonio traspasó su energía oscura a Volkmar y, con un grito estremecedor, el alma del Gran Teogonista fue obligada a regresar a su cuerpo.

Volkmar volvió a respirar a través del inmenso dolor que atenazaba el cuerpo y abrió poco a poco los párpados. Incluso la fe del poderoso Volkmar fue sometida a una dura prueba al contemplar la terrorífica aparición que se alzaba ante él. Podía sentir la mancha de la magia del Caos recorriéndole los brazos, el corazón y la mente.

Be'lakor alzo al Teogonista y lo encadenó al estandarte de batalla de su legión, desde donde pudieran oírse las maldiciones e imprecaciones agónicas del sacerdote y verse las convulsiones de su maltrecho cuerpo. Mientras que Archaón no había hecho más que acabar con el líder de la Iglesia de Sigmar, Be'lakor deseaba inflingirle a Volkmar toda una vida de torturas físicas y mentales. Quería verlo destrozado, llorando e implorando el perdón de los dioses por sus actos. De momento ya le debía la vida a los poderes del Caos y Be'lakor disfrutaba imaginado los atormentados pensamientos que ocuparían la mente del sacerdote hasta que acabara por volverlo loco.

Con su sacrílego estandarte a la cabeza de su legión, Be'lakor se dirigió de nuevo hacia el Sur, complacido por aquella pequeña victoria sobre su rival. Cuando Middenheim cayera, estaba seguro de que no iba a ser a manos del advenedizo de Archaón, sino por sus propias hazañas Se convertiría en el autentico paladín de los dioses y estos volverían aceptarlo como su elegido, tal y como estaba destinado a ser los últimos tres mil años.

Durante la Campaña Editar

¡Be'lakor! Un nombre que se ha extendido por todo el norte del Imperio en tiempos recientes, mencionado tan solo en susurros aterrados. Ahora la pesadilla que habían previsto los videntes se ha convertido en realidad. Los vientos mágicos han estado aumentando en fuerza durante varios días y los augurios de maldad han estado inundando Middenheim y el área que la rodea.

En Krudenwald, una gran tormenta mágica rodeó la ciudad durante varias horas y alcanzó su cumbre cuando se partió el cielo y vomitó una marea de bestias demoníacas nacidas de la deformada imaginación de un loco. Al frente de ellas se encontraba el Señor Oscuro, precedido por una palpable ola de terror. Ahora la población está rodeada por tres criaturas decididas a destruirla: Be´lakor, Grimgor Piel´ierro y Haargoth el Sangriento. La aparición del Señor Oscuro ha alterado espectacularmente la situación, la visión de un atormentado Volkmar que aullaba y temblaba sobre la bandera del Príncipe Demonio ha descorazonado a los hombres del Imperio, haciendo vacilar su determinación. Durante los días posteriores las fluctuantes energías mágicas que rodean Krudenwald han causado la aparición y desaparición de guerreros demoníacos en muchos lugares mientras la sombra de Be´lakor aún se extiende sobre la población, cayendo finalmente la ciudad por los ataques combinados de los tres ejércitos, tras arrasar la ciudad, los ejércitos avanzaron hasta Immelscheld, arrasándolo todo a su paso.

Los asaltos iniciales sobre Immelscheld fueron repelidos sin problemas; los deformados guerreros y sus inhumanos aliados marchaban rápidamente al ataque tan solo para ser fácilmente derrotados. Varios ataques esporádicos por parte de los Orcos, tanto contra los defensores como contra los atacantes, han demostrado igualmente no ser decisivos. Sin embargo, si Haargoth, Be´lakor o Grimgor se volcaran completamente en el ataque, la pequeña población no aguantaría mucho tiempo. Ante esa situación, Boris Todbringer inicio la evacuación hacia Grimminhagen, y mientras los guerreros de Khorne y los Orcos se peleaban, Be'lakor llevó a cabo un ataque contra la población, pero fue repelido por un contingente de Enanos y por la guardia teutógena y numerosos sacerdotes guerreros de Ulric.

Con las nuevas de que Karl Franz y Valten llegaron a Talabheim, Boris Todbringer dio la orden de retirada a todas sus fuerzas hacia las defensas exteriores de Middenheim. Mientras los hombres, Enanos y Elfos se retiraban de Grimminhagen, una sólida carga dirigida por el Rey Louen Leoncoeur de Bretonia dispersó a las fuerzas perseguidoras del Caos. En el cuerpo a cuerpo que siguió, el Rey de Bretonia y sus caballeros se enfrentaron a la horda demoníaca de Be'lakor. Mientras Louen batallaba valientemente contra el Señor Oscuro, un aullido desgarrador atravesó el campo de batalla. Lleno de una fuerza inhumana, Volkmar se liberó de las cadenas que le ataban al estandarte de ejército de Be'lakor y atacó a los demonios con esas mismas cadenas encantadas. Ensangrentado pero firme, Volkmar ha alcanzado la libertad a lomos del hipogrifo del Rey y fue transportado hasta el templo de Shallya en Middenheim.

Tras el primer día de asedio, en el Oeste, Khazrak y el Señor Oscuro lanzaron sus ataques junto a Feytor de Nurgle. Estos tres terrores malditos lograron avances decisivos hacia la ciudad, pero tanto Feytor como Be'lakor se vieron detenidos en sus esfuerzos por valientes contraataques. Continuando la batalla que habían empezado, el Rey Leoncoeur de Bretonia se ha enfrentado una vez más al Señor Oscuro y vivió para contarlo. Protegido de las malvadas hechicerías del Caos del príncipe demonio por los encantamientos de la Dama, el Rey Louen dirigió una carga de docenas de caballeros del pegaso contra el Señor Oscuro y sus viles seguidores. A pesar de que Be'lakor no ha sufrido daño alguno, se vio obligado a gastar buena parte de su poder para mantener la apertura al Reino del Caos que permitia que su legión exista. Mientras tanto, la llegada del Boyardo Makarev y su alianza norteña de Kislev ha proporcionado unos muy necesitados refuerzos para mantener a raya a los shaggoths de Khazrak.

Durante el día siguiente, Middenheim resistió el asedio, aunque los defensores de la entrada occidental han tenido graves problemas y los kislevitas, bretonianos, Enanos y hombres de Middenheim reúnen su coraje para enfrentarse a la hueste demoníaca de Be'lakor. Su ejército de malevolencia personificada se ha envalentonado por las incursiones demoníacas exitosas dirigidas por un príncipe demonio al que los defensores han empezado a llamar el Acechante de las Sombras, una oscura criatura angelical que ya ha matado a docenas de enemigos.

Una fiera salva de cañones desde los muros de la ciudad ha obligado a retirarse a las fuerzas de los atacantes que se reunían junto al Camino Oeste. Bajo la cobertura de este bombardeo, los sacerdotes de Sigmar, Ulric y Shallya han empezado a prepararse para un ritual que dispersará algo del poder que nutre en estos momento a las Legiones Demoníacas de Be'lakor y del Acechante de las Sombras. Uno de los ayudantes de confianza del Conde von Raukov, Jeffrey Tier, había sido corrompido por el Caos y fue utilizado como conducto por las fuerzas demoníacas para atacar a los sacerdotes que estaban llevando a cabo el ritual para expulsar a la horda demoníaca. Varios sacerdotes fueron asesinados o heridos antes de que las flechas de punta de hueso de dragón del conde elector acabaran con el poseído.

Parece que las fuerzas de Archaón y sus aliados son incapaces de resistir a los ejércitos que marchan desde Middenheim. Ante esa situación, Be'lakor ha reunido todo su poder y ha ordenado al acechante de las sombras que empiece un nuevo ataque en el Camino Oeste, previendo el nuevo ataque de Archaón en el Este. Von Raukov, Conde de Ostland, dirige la defensa aquí, ayudado por un contingente de magos altos elfos, encargados de mantener a raya la vil magia de las legiones demoníacas. Finalmente la legión del Señor Oscuro barrio las plegarias y encantamientos de los defensores a la vez que abría un sangriento camino a través de las defensas para alcanzar el puente occidental. Con el combate creciendo en intensidad, el derramamiento de sangre ha proporcionado a Be'lakor una gran cantidad de poder y su legión ha alcanzado una vez más el tamaño que tenía cuando apareció por primera vez, sin que las bajas sufridas a lo largo de las semanas hayan contado para nada contra la hueste inmaterial.

Envalentonados por la aparición de un ojeroso pero desafiante Volkmar, los defensores del puente occidental consiguieron repeler el asalto del Señor Oscuro y sus demoníacos sicarios. Con las plegarias a Sigmar y Ulric resonando por los muros de la ciudad, los valientes defensores asaltaron a la impía hueste y los obligaron a retirarse, aunque muchos de ellos encontraron una horrible muerte durante la lucha. Sin embargo, a medida que se acerca la noche, la oscuridad trae consigo un frío escalofriante, ya que Be'lakor una vez más intenta extender el terror y el desorden antes de iniciar un nuevo ataque.

Llenos de pía furia y liderados por Volkmar el Despiadado, los ejércitos del puente occidental se han adentrado profundamente en territorio enemigo para expulsar a los demonios y aplastar las partidas de guerra de los Hombres Bestia que acechan en los bosques más allá de la ciudad. Se dice que Volkmar está decidido a enfrentarse al Señor Oscuro para hacerle pagar por los meses de agonía que sufrió a manos del primero de los príncipes demonio. Las batallas son duras, Volkmar debido a sus esfuerzos en el campo de batalla se han cobrado un elevado precio en su cuerpo casi lisiado mientras su mente vaga entre lo real y lo irreal, torturada por el sufrimiento que ha soportado estos últimos meses, la mancha del Caos aún es fuerte y hay ahora una guardia constante en el templo de Shallya. A pesar de hacer perder un poderoso líder al Imperio, la legión demoníaca de Be'lakor está terriblemente reducida y se ha visto obligada a retirarse hacia el Norte, más allá de Norderingen. El Conde von Raukov, junto con un gran número de Elfos que estuvieron implicados en el combate y ayudado por Ar-Ulric y muchos otros sacerdotes de Ulric y Sigmar, está buscando al Señor Oscuro en los bosques que rodean la población.

El Gran Elegido fue hacia el Oeste siguiendo la Vieja Carretera del Bosque y en Krudenwald unió su ejército al de Haargroth el Sangriento. No obstante, sus ataques no fueron los únicos, ya que el kaudillo orco negro Grimgor Piel´ierro escogió aquel lugar para revelar sus planes, consistentes en asaltar Krudenwald para tratar de superar la ofensiva de Archaón. De momento, Grimgor se contentaría con demostrar que él era el más fuerte tratando de llegar primero hasta Middenheim. Be'lakor, el Señor Oscuro, también hizo su aparición en aquel momento a la cabeza de una enorme hueste demoníaca. Los tres estaban decididos a demostrar su superioridad frente al resto y estas luchas intestinas permitieron que Boris Todbringer y los demás defensores de Middenheim pudieran retirarse a la fortaleza.

Tras días de luchas en el Oeste, el mismo aire brillaba de poder sobrenatural y el cielo se revolvía y giraba violentamente como si una mano invisible lo estuviera torturando. En los bosques empezó a formarse una sombra que fue extendiéndose hasta llegar a Middenheim. Procedentes de aquel gran lago de oscuridad, se oían chirridos inhumanos y aullidos monstruosos. En aquel velo de sombras se veían ojos brillantes y un viento cálido transportaba crueles risotadas y maldiciones de pesadilla. Una oleada de terror se extendió entre las filas del ejército de Karl Franz en cuanto la hueste demoníaca se aproximó y una sombría silueta alada se elevó por los aires por encima de la legión infernal. Con las alas extendidas en toda su amplitud y su mano garruda extendida hacia el Emperador, Be'lakor ordenó avanzar a su legión, aislando así a Karl Franz de Archaón y dejando al ejército de Valten, que se encontraba en una abrumadora inferioridad numérica, a solas para enfrentarse al Gran Elegido.

Cuando la sombra de la legión demoníaca envolvió la armadura de Karl Franz, un haz de luz blanca irrumpió en aquel mar de tinieblas. Las relucientes espadas de trescientos maestros de la espada de Hoeth se alzaban y descendían formando arcos brillantes, atravesando formas inmateriales y destripando los cuerpos intangibles de sus infernales adversarios. A pesar de que luchaban con una destreza incomparable, eran pocos y cada uno que caía acababa recubierto de infinitas garras, colmillos y espadas demoníacas. Y en medio de todos ellos, dentro de un círculo formado por sus leales guerreros, se alzaba Teclis, el cual, después de beber todo el contenido de una redoma reluciente, desató todo su poder. Del suelo surgieron unas llamas de energía blanca que formaron una semiesfera alrededor del mago alto elfo. El fuego mágico, cuya brillantez era cegadora, fue extendiéndose en todas direcciones a partir de Teclis. Toda la zona se llenó con los alaridos de los demonios a medida que las llamas purificadoras los iban expulsando de vuelta al Reino del Caos. Por un instante, una oscura sombra permaneció en el lugar después de que las llamas hubieran desaparecido, una mancha de oscuridad apenas visible en el aire, hasta que incluso esta parpadeó y desapareció por completo. Todos los demonios habían desaparecido.

Relatos relacionadosEditar

MiniaturaEditar

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Campaña: La Tormenta del Caos.
  • Reglamento Mordheim.

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