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Bel-Hathor el Prudente

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Bel-Hathor el Prudente fue el décimo Rey Fénix de los Altos Elfos, sucediendo a Morvael el Impetuoso y reinando del 5929 al 6588 del calendario élfico (del 1503 al 2162 CI). A su muerte le sucedió Finubar el Navegante.

ReinadoEditar

El Noveno Consejo llegó a un punto muerto, un empate entre las facciones que querían a un rey guerrero y las que querían uno que trajese la paz. Al final se alcanzó un compromiso y Bel-Hathor, un príncipe hechicero de Saphery, fue elegido y coronado.

Al principio, la de Bel-Hathor no parecía una elección desacertada, ya que la mayoría de príncipes de Saphery tenía algo de excéntrico. La mayoría de los otros príncipes le vieron como una persona fácilmente manipulable para los objetivos de su facción. Estaban equivocados. Bel-Hathor resultó ser sorprendentemente sabio y voluntarioso. Rechazó todas las propuestas que le hicieron de ordenar la invasión de Naggaroth. Sabía que, aunque podía ser factible que Ulthuan ganase la guerra en las tierras desoladas del Norte, el coste en vidas sería tan alto que los reinos élficos no se recuperarían nunca. El número de Elfos se había debilitado tanto en los últimos años que las ciudades estaban medio vacías y muchas de las tierras habían sido abandonadas. No estaba preparado para jugarse el futuro de la raza élfica.

Pronto su atención fue reclamada en otro lugar. En el Viejo Mundo la raza de los humanos había dejado de ser salvaje para convertirse en la civilización dominante en tan solo dos milenios. Dos reinos poderosos controlaban la porción norte del Viejo Mundo: el Imperio, una alianza libre entre ciudades-Estado y provincias que debían lealtad al Emperador, y el reino feudal de Bretonia. Más allá del Viejo Mundo se hallaba la península de Norsca, de donde procedían los feroces incursores Norses.

Los grandes barcos de los Norses ya hacía mucho tiempo que perturbaban las costas de Ulthuan deslizándose entre la pantalla de barcos de guerra élficos. Durante los doscientos años que duró el reinado de Bel-Hathor, la flota Norse liderada por Magnus el Loco intentó conquistar Lothern. Una empresa tan insensata como aquella requirió de mucho tiempo, y gracias a ella este Norse consiguió un título honorífico, pero no fue la única ni la más grande de las incursiones de los Norses. No habían transcurrido dos siglos desde el ataque de Magnus cuando las incursiones se habían intensificado hasta el punto de que la flota élfica no estaba lo suficientemente equipada para poder hacerles frente. Un gran número de barcos de guerra élficos se habían perdido en enfrentamientos navales y muchos asentamientos de la costa oriental de Ulthuan habían sido saqueados.

Al comprobar que los ataques no hacían sino empeorar con el paso del tiempo, Bel-Hathor convocó a los más grandes magos del reino y les pidió que protegiesen las rutas al Este de Ulthuan. Después de tres décadas de preparación, los magos rodearon las rutas de aproximación a la isla con un muro de hechizos, ilusiones, nieblas y arrecifes traidores. Se hizo virtualmente imposible para los incursores nórdicos alcanzar Ulthuan, excepto por pura casualidad. Las leyendas sobre estas terribles rutas marítimas llegaron hasta el Viejo Mundo e hicieron que los hombres hablaran del reino élfico con pavor. Los nórdicos no fueron los únicos hombres que se atrevieron a utilizar las rutas marítimas que conducían hasta Ulthuan. Cada vez más, los grandes poderes navales del Viejo Mundo, el Imperio y Bretonia, se dirigían por el océano hacia el Oeste, en busca de Ulthuan y las legendarias ciudades doradas de Lustria. Los hombres del Viejo Mundo eran marineros avezados y, finalmente, alguno de sus barcos encontró una ruta hasta Ulthuan. El Rey Fénix proclamó un edicto prohibiéndoles poner pie en Ulthuan. Sin embargo, accedió a que Finubar, Príncipe de Eataine, regresase al Viejo Mundo con ellos para conocer a los nuevos soberanos del Viejo Mundo.

Finubar navegó hasta L'Anguille en Bretonia y desde allí luego pasó cincuenta años deambulando por el continente. A causa de la antigua disputa con los Enanos, hacía mucho que un Alto Elfo no visitaba el Viejo Mundo. Se sintió a la vez impresionado y aterrado por lo que allí vio. Los reinos humanos eran enormes, abundantes y muy poblados. Los hombres mostraban una gran inventiva en sus obras de ingeniería y en su erudición.

Finubar había esperado encontrar chozas de barro y salvajes primitivos. Y en lugar de ello encontró ciudades poderosas rodeadas de muros y ejércitos disciplinados, capaces de doblegar a los Orcos y de mantener la paz en franjas enormes de territorio. Comprobó que los humanos eran numerosos y cada vez lo eran más, y que solo era cuestión de tiempo que eclipsaran a las razas más antiguas. Además, quedó fascinado por su tosca vitalidad y su cultura exuberante, su energía y su codicia. Rápidamente decidió que sería mejor para los Elfos tener a esas gentes como aliados que como enemigos.

En sus viajes también llegó al reino élfico de Athel Loren. De nuevo, se vio impresionado y conmovido por lo que encontró allí. Los Elfos de la vieja provincia fronteriza habían seguido un camino muy diferente del de los Altos Elfos, ya que se habían hecho uno con el bosque que era su hogar y eran tan diferentes de los Altos Elfos de Ulthuan como los Elfos Oscuros de Naggaroth. Poco después pasaron a ser conocidos por los Elfos de Ulthuan como los Elfos Silvanos. Aunque los Elfos de Athel Loren no fueron poco amistosos con Finubar, los intentos de acercamientos ulteriores resultaron imposibles y los embajadores enviados regresaban a Ulthuan y contaban que les habían tratado con indiferencia en el mejor de los casos y, en algunos, incluso con una clara hostilidad.

Cuando Finubar regresó finalmente a Ulthuan fue recibido como un gran héroe. El Rey Fénix escuchó el informe elaborado por Finubar y revocó su edicto anterior en el que denegaba a los hombres del Viejo Mundo el acceso a Ulthuan. A petición de Finubar se abrió la ciudad de Lothern a los mercaderes humanos y se les proporcionaron pilotos élficos para guiar a sus flotas a través de los accesos de Ulthuan. Ante tal invitación, los humanos que sentían inclinaciones marineras no tardaron en alcanzar la isla continente para ver por sí mismos sus maravillas. En poco tiempo, se agolpaban barcos procedentes del Imperio, Bretonia, Marienburgo y otros muchos que querían visitar la ciudad élfica más importante.

De esta forma empezó un segundo período de gran crecimiento para Lothern. El Príncipe Finubar observó cómo su ciudad natal se convertía en el puerto comercial más grande del mundo y aquello le hizo feliz. Los humanos quedaron asombrados por la gracia y majestuosidad de la civilización élfica y quedaron agradablemente complacidos con el comercio que allí efectuaban. Los Elfos se mostraron encantados de tener poderosos aliados en el Viejo Mundo. Bel-Hathor murió pacíficamente a una edad avanzada y Finubar fue elegido su sucesor.

FuenteEditar

  • Libro de Ejército: Altos Elfos (7ª Edición).

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