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Bretonia

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Bretonia es uno de los grandes reinos del Viejo Mundo, casi rivalizando con el Imperio tanto en tamaño, como en riqueza y poder. Se extiende desde las Montañas Grises en el este, hasta el Gran Océano Occidental. Al sur limita con Estalia y Tilea y al norte con el tormentoso Mar de las Garras que azota su rocosa costa.

A diferencia del Imperio, Bretonia tiene un clima más agradable y en donde la tierra se cultiva con mayor facilidad. Los extensos bosques y regiones salvajes están separados por grandes llanuras fértiles y valles donde la nobleza de Bretonia ha establecido sus dominios feudales. Quienes visitan brevemente Bretonia ven una tierra de fértiles granjas, colinas onduladas, montañas de belleza inhóspita y bosques espaciosos. La población está formada por caballeros nobles y corteses, bellas damas y campesinos satisfechos y respetuosos. Los cocineros bretonianos son famosos por sus habilidades culinarias, y el vino que se elabora en los viñedos del campo es célebre en todo el Viejo Mundo. Esta es la imagen que los bretonianos quieren dar, y no es del todo falsa.

Sin embargo, sí que oculta ciertos problemas. Las montañas son el hogar de pieles verdes, y en el bosque habitan inmundas criaturas. Muchos campesinos se mueren de hambre, y por toda la región abundan caballeros que usan la cortesía para enmascarar las brutalidades que cometen. Incluso los magníficos sabores de la comida suelen ocultar ingredientes putrefactos. Los cínicos dicen que Bretonia viste una máscara de belleza sobre una profunda corrupción; los más generosos lamentan el abismo que media entre sus ideales y la realidad. Sin embargo, ninguno de los que conocen el campo puede ignorar el contraste.

HistoriaEditar

La tierra que actualmente se conoce como Bretonia fue colonizada en una época remota por los Elfos de Ulthuan. Los Elfos construyeron puertos, altas torres, palacios y pináculos para sus colonias en el Viejo Mundo. Durante un tiempo prosperaron, sus ciudades crecieron y sus habitantes se enriquecieron gracias al comercio con los Enanos y con las tribus primitivas de humanos. Sin embargo, cuando los Elfos y los Enanos se enfrentaron en la Guerra de la Barba, esas tierras resultaron devastadas por los combates entre sus ejércitos. Después de muchos años de guerra, los Elfos zarparon hacia el Oeste y abandonaron el Viejo Mundo mientras que otros se adentraron en el bosque de Athel Loren dejando atrás sus asentamientos, ahora en ruinas. Los Enanos, a su vez, también se retiraron cuando sus reinos montañosos empezaron a desmoronarse a causa de terremotos y las erupciones volcánicas. De esta manera, toda la región quedó deshabitada y olvidada.

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Con la desaparición de los Elfos y los Enanos, esas tierras fueron rápidamente ocupadas por los Orcos, los Goblins y las aguerridas tribus humanas, que en esa época eran casi tan brutales como los Orcos. Durante muchos siglos, el área permaneció dividida entre señores de la guerra rivales, tanto pieles verdes como humanos, hasta la llegada al poder de Gilles, de la tribu de los Bretoni. En esa época, el reino fue unificado y; como una única nación, los bretonianos consiguieron derrotar y expulsar a las tribus de Orcos y Goblins. La creación del Reino de Bretonia data de esas fechas, aproximadamente unos 977 años después de la Era de Sigmar y de la fundación del Imperio.

Los Bretoni se establecieron y cultivaron la tierra frente a las amenaza de las tribus de Orcos y Goblins. Después de siglos de continuas guerras, los bretonianos ganaron los fértiles valles y llanuras y empujaron a sus enemigos a los bosques y las tierras altas. Pero la guerra continuó en cuanto aparecieron nuevos enemigos. Flotas de No Muertos saqueaban las regiones costeras del oeste, los Skavens aparecieron desde el Sur, los nórdicos y Bárbaros del Caos llegaron desde el otro lado del Mar de las Garras y navegaron tierra adentro a través de los ríos anchos, extendiendo la destrucción a su paso. Sucesivas generaciones de guerra continua contra estos enemigos implacables forjaron en los bretonianos una formidable y heroica tradición de caballería. Se trata de los Caballeros de Bretonia que contienen las fuerzas destructivas que amenazan con devorar la tierra.

Hasta la actualidad, los Caballeros de Bretonia han seguido las tradiciones de la caballería establecidas por Gilles el Bretón. La visión que tuvo Gilles de la Dama del Lago en la víspera de una batalla presagió que su misión sagrada y su destino final serían convertirse en Rey de Bretonia. Desde entonces, los guerreros de Bretonia se han consagrado al servicio de la Dama del Lago y han tratado de observar las virtudes de la caballería en su nombre. Mediante una gesta militar, un caballero puede aumentar la estima de la diosa hacia él y convertirse gradualmente en uno de los caballeros que han sido distinguidos especialmente por ella; la cual les concede el gran honor de beber del Grial, como hizo Gilles el Bretón. Sólo los caballeros puros de corazón y de hecho pueden beber del Grial.

División territorialEditar

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Bretonia es una región de rica tradición y paisajes escénicos. Desde los campos verde esmeralda hasta los imponentes bosques, es un lugar lleno de belleza y de gloria. Pero bajo el velo de esplendor, Bretonia, al igual que el resto del Viejo Mundo, oculta su propia corrupción y sus propios secretos oscuros.

Bretonia está dividida en catorce ducados, cuyos territorios correspondían originalmente a los feudos de los Caballeros del Grial que fundaron Bretonia. Con el paso de los años, las guerras, los conflictos y otros desastres fueron modificando las fronteras entre los distintos ducados. Cada región (salvo Mousillon), está gobernada por un Duque, que tiene a su servicio varios nobles y caballeros.

Antes de continuar, es importante aclarar la función de los nombres. En Bretonia, los nombres de lugares y los títulos funcionan de un modo muy sencillo. Tomemos por ejemplo Couronne. El Ducado de Couronne está gobernado por el Duque de Couronne, cuya sede se encuentra en el castillo Couronne, que a su vez se halla en la ciudad de Couronne. Esto también se aplica a los niveles inferiores. El señor de Temmerais, en Quenelles, gobierna el feudo de Temmerais desde el castillo Temmerais, que se eleva sobre la aldea de Temmerais. La gente del Imperio sugiere que esto se debe a que los bretonianos no son capaces de recordar más de un nombre. Por otro lado, los bretonianos insinúan que a los nobles imperiales les gusta poseer muchos títulos para paliar su escasez de poder. De hecho, los nobles bretonianos pueden tener también múltiples títulos, pero no está bien visto usar más de uno a la vez; siempre ostentarán el que sea más relevante. Los Duques utilizan casi invariablemente su título ducal, siendo el rey la principal excepción.

DucadosEditar

MapasEditar

La tierraEditar

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Todo el que viaja por Bretonia, a excepción de la región desolada de Mousillon, ve un país aparentemente hermoso y próspero. Los ominosos bosques y amenazadoras montañas del Imperio no se ven por ninguna parte aquí. Sin embargo, eso no significa que Bretonia sea completamente segura. Tras su fachada acecha el peligro.

El paisaje de Bretonia puede dividirse en seis tipos principales: tierras de cultivo en la que se siembran huertos, pastos en los que pacen los animales, bosques, montañas, costas y grandes ríos.

Tierras de CultivoEditar

El cultivo predominante de Bretonia es el trigo, aunque también se siembra avena, cebada y verduras. Los campos son muy extensos y se dividen en franjas. Cada familia campesina se encarga de una de estas franjas, y las diferencias en su cultivo hacen que muchos campos presenten un aspecto veteado. En las colinas son frecuentes los huertos frutales y viñedos, ya que la tierra está demasiado inclinada para labrarla fácilmente. A menudo hay ovejas pastando bajo los árboles frutales.

Los campesinos trabajan las tierras casi constantemente. Con buen tiempo, esto contribuye a aumentar el encanto del paisaje, ya que la mayoría de los campesinos parecen contentos. Con mal tiempo, encorvados bajo el viento y la lluvia, casi parecen fundirse con el entorno debido a la capa de barro que los cubre. En estos tiempos, apenas pueden verse por los campos.

La mayor parte de las colinas de Bretonia se usan como pastizales, mientras que las llanuras y valles se dedican al cultivo. Los animales de pastoreo evitan que la hierba crezca demasiado, y el paisaje de verdes colinas salpicadas de ovejas blancas o típico ganado bermejo bretoniano es bastante habitual. Pastores y ganaderos cuidan de rebaños y manadas. En el sur de Bretonia son comunes las pastoras, pues allí es la única ocupación que permite a las mujeres viajar por sí mismas. En el norte no se ve con buenos ojos la idea de dejar que las mujeres se aventuren solas por las colinas.

Los rebaños de ovejas atraen a todo tipo de depredadores, desde lobos hasta Goblins, Orcos, Hombres Bestia y demás. En consecuencia, la vida de un pastor es mucho más peligrosa de lo que parece. Las pastoras en concreto tienen reputación de ser guerreras duras y peligrosas, y por lo general les cuesta encontrar marido. A la mayoría ni siquiera les importa. Muchos pastores portan el cayado bretoniano, una lanza con un gancho en el extremo del mango, y son diestros en su uso.

BosquesEditar

Los lindes exteriores de los bosques de Bretonia están muy explorados por sus habitantes. Los cerdos rebuscan en los mantos de hojas caídas. Los árboles se talan para usarlos en construcción, y otros se convierten en sotos o desmochan. Estas son técnicas que se aseguran de que un árbol produzca muchas ramas largas y finas, muy útiles para zarzos y barro o como leña. Para ello hay que cortar las ramas cada año, casi hasta su nacimiento si se trata de soto, o más arriba en el tronco si se pretenden desmochar. En Bretonia es más común el desmoche, para que los cerdos y las ovejas no puedan comerse los brotes de las ramas nuevas. Como resultado, los árboles de estas zonas están muy separados entre sí para facilitar el acceso, y hay muy poca maleza.

Sin embargo, más hacia el interior, los bosques se vuelven tan oscuros y espesos como cualquiera del Imperio. No hay Elfos en los bosques de Arden y Chalons (el Athel Loren está fuera de lo que se considera Bretonia), y ningún humano vive más allá de los límites colonizados. Por tanto, son un refugio para hombres bestia y demás monstruosidades similares, o incluso para sectarios de las Fuerzas Malignas. Los forajidos humanos suelen establecer sus guaridas junto a los márgenes de los bosques, y suponen un perímetro defensivo muy importante para las comunidades locales, ya que evitan que las peores criaturas salgan de las profundidades de los bosques. Existen historias de ciudades enteras de Hombres Bestia ubicadas en el corazón del Arden, y aunque no hay pruebas que demuestren esta idea inverosímil, no es del todo imposible; nadie sabe lo suficiente sobre lo que hay dentro de los bosques como para afirmar que tales ciudades no estén allí.

MontañasEditar

Las montañas que rodean Bretonia, y el Cerro del Orco que hay en su corazón, son famosos por sus espectaculares paisajes. Elevadísimos acantilados y retumbantes cataratas delimitan los confines exteriores de las cadenas montañosas, y con el cielo despejado sus picos parecen brillar debido a la nieve que los corona. Las lindes de estas cadenas montañosas están salpicadas de comunidades granjeras y mineras, célebres por los tejados extremadamente puntiagudos de sus casas (diseñados para que la nieve se derrame rápidamente por ellos).

En invierno, algunas de estas comunidades quedan aisladas del resto de Bretonia durante meses y han desarrollado sus propias costumbres (que en algunos casos implican la adoración de los Dioses Oscuros). Más hacia el interior viven tribus de Orcos y Goblins. Cuando llega el deshielo de primavera, siempre se descubre cuando menos una comunidad montañosa que ha sido reducida a escombros calcinados. Sin embargo, hace ya muchos años que estos Orcos se han atrevido a realizar alguna incursión más allá de sus baluartes montañosos; algunos temen que estén acumulando fuerzas.

CostasEditar

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Las costas de Bretonia están marcadas por muchos acantilados y amplias playas de arena dorada a sus pies. Alrededor de los grandes deltas de los ríos la aproximación es más permisiva, y existen numerosos puertos seguros. Las aguas costeras de Bretonia están plagadas de pequeñas islas que contienen aldeas o incluso pueblos pequeños. Hay varias aldeas costeras construidas en las caras de los acantilados y demás zonas abruptas de la costa, cuyas calles están conectadas por escalinatas o incluso escalas que discurren paralelas a la inclinación del terreno. Estas aldeas suelen depender de la pesca como fuente oficial de ingresos.

Sin embargo, las aguas que rodean Bretonia son notoriamente difíciles de navegar. Las corrientes, vientos y mareas varían rápidamente, y en las zonas más escarpadas de la costa hay cuevas habitadas por muchos monstruos marinos. En consecuencia, se producen muchos naufragios. La situación se ve empeorada debido a los habitantes de ciertas aldeas que atraen barcos hacia las rocas para poder luego saquear sus restos. La distribución del terreno también hace que sea casi imposible atracar un barco en otro lugar que no sea un gran puerto, y los peajes e impuestos de dichos puertos son muy elevados. También pueden encontrarse contrabandistas a lo largo de la mayor parte de la costa, que evitan los peajes de los principales puertos transportando sus mercancías en pequeños botes que saben dónde y cuándo varar.

RíosEditar

FaunaEditar

Las tierras de Bretonia comparten muchas de las criaturas que son comunes en el resto del continente del Viejo Mundo, como jabalíes, lobos, ciervos... así como también grandes monstruos como dragones, gigantes o las bestias mutantes que habitan en los bosques. La siguiente lista corresponde a los animales, criaturas y monstruos que solo se pueden encontrar en Bretonia, o bien son más abundantes allí:

Los bretonianosEditar

Ver artículo: Bretonianos

PolíticaEditar

Menciona la política bretoniana a la mayoría de viejomundanos, y pensarán en caballeros realizando juramentos de lealtad, disputas entre familias nobles que se remontan a generaciones atrás, y la pompa y solemnidad de la corte real. No cabe duda de que son rasgos muy importantes del reino, y es cierto que los campesinos están excluidos de todo poder formal.

Sin embargo, esta exclusión no implica que los campesinos se mantengan totalmente al margen de la política; nada más lejos. La política invisible de Bretonia (el entramado de relaciones y responsabilidades entre señor y campesino) es tan importante, turbulenta y depravada como las ostentosas relaciones entre los miembros de la nobleza.

El sistema feudalEditar

La política nobiliaria se desarrolla en el marco del sistema feudal, un arcaico sistema político originado en el Viejo Mundo hace varios siglos. Hoy día, Bretonia es la única región en la que aún prevalece. El sistema feudal se basa en juramentos de lealtad entre individuos y carece de un concepto abstracto de Estado. Si bien los bretonianos se consideran una nación equiparable al Imperio, no hay una esencia legal de "Bretonia" más allá de "todas las personas que juran lealtad definitiva al rey de Bretonia y a las tierras que poseen".

Los campesinos conforman la base del sistema feudal y se les exige que sirvan y obedezcan a la nobleza. No realizan juramentos ya que no se considera que tengan el honor necesario para mantenerlos. En vez de eso, se les informa de sus obligaciones y se les obliga a desempeñarlas (por medios violentos si es necesario).

NoblezaEditar

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La nobleza está vinculada por una serie de votos: los juramentos de lealtad. Todo noble inferior jura un insigne y prometedor servicio militar a cambio de sustento.

Los nobles se dividen en cinco clases principales, que más o menos equivalen a rangos. Muchos nobles pertenecen a más de una de estas clases (por ejemplo, Louen Leoncoeur es tanto Rey de Bretonia como Duque de Couronne), y su rango se determina en función del más alto de sus títulos.

ReyEditar

En la cúspide se encuentra el Rey de Bretonia. El rey es soberano, lo que significa que sus actos no están restringidos por la ley. Puede promulgar leyes según le plazca, y todo lo que hace es legal, porque es él quien lo hace. Si el rey fuera corrupto, Bretonia se enfrentaría a graves problemas. Sin embargo, Louen Leoncoeur es un ejemplo perfecto de caballería, al igual que la mayoría de sus predecesores, de modo que el poder del rey sirve para regular los abusos de la nobleza menor, incluso aunque dichos abusos respeten las leyes.

DuquesEditar

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Por debajo del rey se encuentran los Duques. Un Duque bretoniano tiene poder real dentro de su ducado, pero sigue sometido al rey. Esto significa que nada de lo que haga un Duque dentro de su ducado quebrantará la ley, a no ser que desobedezca una orden directa del propio rey. A diferencia del poder real, el poder de los Duques ha sido objeto de abusos, principalmente en Mousillon. Actualmente no existe Duque en Mousillon, para evitar que nadie ostente dicha autoridad de una zona tan corrupta. Todos los duques cuidan de sus tierras directamente para el rey. Louen también posee el Ducado de Couronne, y por tanto cuida sus tierras para sí mismo. Legalmente son dos personas distintas.

En teoría, el rey puede nombrar a tantos Duques como desee, aunque el título no significa nada si no se poseen tierras. En la práctica, sólo los catorce grandes feudos heredados de Gilles y de sus Compañeros se consideran meritorios de tal posición.

BaronesEditar

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Los barones son nobles que poseen tierras en nombre del rey, pero que no son Duques. Están sometidos a la ley real y a las órdenes del rey, pero no a las leyes u órdenes de ningún otro noble (incluidos los Duques). Así, una baronía es legalmente independiente del Ducado en el que se encuentra. No hay muchos barones en Bretonia. Es preciso señalar que los nobles que reciben tierras de Louen Leoncoeur en su capacidad de Duque de Couronne no son barones; sólo quienes las reciben de su cargo como Rey de Bretonia tienen ese título.

LoresEditar

Por debajo de los barones están los lores, nobles que poseen tierras de otros nobles que no son el rey. Están sometidos a la ley real, a la ley ducal del ducado al que pertenecen sus tierras, y a las leyes de su señor inmediato. Incluso los vasallos de los barones están sometidos a la ley ducal; la inmunidad de los barones no se transmite. Los lores conforman la abrumadora mayoría de la nobleza terrateniente de Bretonia.

CaballerosEditar

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Conforman el rango nobiliario más básico. Los caballeros no poseen tierras, y a menudo sirven a los nobles a cambio de comida y alojamiento. Es importante señalar que todos los nobles son también caballeros; sólo los que carecen de cualquier otro título se encuentran en la parte baja de la jerarquía.

Títulos honoríficosEditar

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Los títulos honoríficos acarrean derechos legales de menor importancia que los correspondientes a los títulos de poder:

  • Conde - Los condes son nobles ricos y poderosos. Este título no otorga poderes adicionales, pero es una señal de reconocimiento por parte del rey. Muchos condes son también barones, pero no todos.
  • Marqués - Un marqués es un noble responsable de un feudo en una zona susceptible a un ataque (normalmente situada en las fronteras del reino). El marqués tiene potestad para reunir tropas y construir fortificaciones sin tener que solicitar permiso a sus superiores.
  • Castellano - Un castellano es un noble responsable de un gran castillo, que normalmente es propiedad de su superior feudal. Tiene autoridad plena sobre el castillo y sus tierras (a no ser que su señor esté presente).
  • Justicia mayor - Un justicia mayor es un experto en leyes. Tiene poder para aplicar las leyes del noble que lo haya designado justicia mayor: los justicias mayores del rey viajan por todo el reino haciendo valer la justicia real.
  • Paladín - Los paladines son renombrados guerreros y líderes de batalla. Este título es simplemente cuestión de honor, aunque muchos paladines reciben tierras peligrosas y son nombrados marqueses para dar buen uso a sus talentos.

Familia y herenciasEditar

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La familia es muy importante para la nobleza. En primer lugar, no se es noble a no ser que todos los antepasados también lo fueran. Esto hace que la nobleza tenga mucho cuidado a la hora de casarse con alguien. En segundo lugar, los feudos se heredan. Casi ningún noble puede privar a uno de sus vasallos de su feudo, ni negarse a aceptar al hijo de un difunto vasallo. El rey y los Duques pueden hacerlo, pero casi nunca lo hacen; es una de las pocas cosas que puede lograr que todos los vasallos de un Duque se unan contra él.

Toda la propiedad de un noble fallecido pasa al primogénito. El noble no puede cederla a ningún otro, como tampoco puede regalar feudos antes de morir. En consecuencia, los demás hijos de la nobleza deben luchar para encontrar un lugar en el mundo. Las hijas tratan de casarse con herederos, mientras que los hijos menores pueden intentar conseguir sus propios feudos mediante la fuerza de las armas o incluso casándose con miembros ricos del campesinado, sacrificando así la nobleza de sus hijos por las comodidades de las riquezas.

Las mujeres nobles no pueden convertirse en caballeros (a no ser que se hagan pasar por hombres). No obstante, la hija mayor de un noble sin hijos heredará sus feudos. Se le considera la señora de dichos feudos, pero no podrá ejercer por sí misma los derechos de tal título. En vez de eso, será su esposo quien lo haga en su lugar. Cuando la dama muera, su hijo mayor heredará su título, como sucedería con los hijos de su esposo. Si es el esposo quien muere primero (cosa bastante frecuente), el hijo mayor asumirá el papel del esposo como defensor de los derechos de su madre, pero no se convertirá en señor de las tierras hasta después de la muerte de su madre.

Las herederas son con diferencia las novias más populares entre la nobleza, ya que fortalecen sustancialmente a una familia. También son escasas y a veces tienen sus propias ideas respecto a quién desearían desposar. El matrimonio con hijas nobles sin herencia es igualmente político, pues son la expresión de una alianza entre dos familias. En estos casos, la hija mayor es la más valiosa: si sus hermanos mueren antes que su padre, ella se convierte en heredera. Los nobles que confían en este acontecimiento pueden poner de su parte para ayudar a que suceda.

Los matrimonios suelen celebrarse entre iguales. Sin embargo, los nobles también pueden ceder parte de sus feudos a otros nobles a cambio de los servicios de sus caballeros. Esto se denomina subenfeudación, y es esencial para el sistema; teóricamente, el rey subenfeuda todo el país. Un noble también puede aumentar su poder solicitando a un señor que le conceda un feudo. Como este tipo de cesiones son irrevocables, son bastante poco frecuentes.

No existe ley que afirme que un noble sólo puede tener un señor. Algunos tienen varios. El ejemplo más extremo es el del barón Marsaq, que posee tierras del rey, de los duques de Aquitaine, Bastonne, Bordeleaux y Quenelles, y de otros tres nobles menores. Su título nobiliario es superior al de estos tres últimos, a pesar de ser su vasallo en algunas tierras. Estas situaciones son complicadas si surge algún conflicto entre los señores de un noble, y los barones Marsaq tienen una reputación como diplomáticos que se ha extendido durante varias generaciones.

CortesEditar

Una corte se centra en un señor noble. El objetivo de los cortesanos es convencer al señor de que los agracien con riquezas, poder o tierras. Algunos cortesanos tienen objetivos realmente altruistas, pero son pocas excepciones. La mayoría de los caballeros verdaderamente nobles de Bretonia se mantienen lo más lejos posible de la corte, y se limitan a sus feudos para respaldar sus actos caballerescos.

Todos los miembros de una corte son de menor rango que el noble central, lo que significa que las cortes son mayores cuanto más poderoso es el noble en cuestión. Todo el que solicite un favor al señor pasa a formar parte de la corte, de modo que en los niveles más bajos la corte incluye a campesinos. Sin embargo, los campesinos jamás pueden convertirse en cortesanos, individuos que pasan la vida en la corte pugnando por el favor del noble.

Los cortesanos se dividen en tres clases principales. En primer lugar están los vasallos terratenientes del señor en cuestión. Estos nobles a menudo ignoran la corte, ya que están seguros en sus feudos, pero muchos encuentran de utilidad estar al tanto de los planes y personalidad de su señor. En segundo lugar, están los caballeros de la corte del señor. Estos caballeros tienen una función concreta, y si son buenos en ella, es poco probable que sean cesados por meros rumores. Por otro lado, sus puestos no están asegurados, y muchos de ellos pasan gran parte de su tiempo haciendo méritos para conseguir un feudo.

Por último, están los hermanos menores de los nobles asociados a la corte, que generalmente son su líder y sus vasallos. Estos cortesanos carecen de puesto alguno más allá de contar con el favor del noble, y es entre ellos donde la política adquiere su cariz más despiadado, llegando hasta el asesinato. La corte de un señor corrupto es tan peligrosa como una fortaleza de Orcos, e incluso la corte de un parangón de rectitud podría verse desvirtuada por consejeros malvados pero sutiles.

La Corte RealEditar

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La corte del rey Louen Leoncoeur tiene su sede en Couronne durante los meses de invierno. En verano, los nobles se dispersan a sus propios feudos para librar guerras. Es una antigua tradición que el rey hable solo con los nobles, y normalmente con nobles de rango de barón o superior. Todos los sirvientes personales del rey son barones, y su poder procede de su continuo acceso al rey. La única vez que el rey dirige la palabra a un campesino es cuando le concede un título nobiliario.

El rey Louen está consagrado a su país, y ha declarado que está dispuesto a escuchar todo caso de abusos e injusticias cometidos por cualquiera de sus súbditos, no importa cuán poderoso sea. Si los campesinos pueden convencer a un noble, por inferior que sea, de que presente su caso, podrán apelar directamente al rey. Aun así, el tiempo del rey es limitado, y hay más abusos de los que puede atender, y mucho menos rectificar. Convencer a los cortesanos de que una petición concreta debería ser atendida es toda una aventura. Lo bueno es que si el rey llega a atender un caso, siempre lo resuelve de modo justo. Algunos dicen que la Dama del Lago le inspira directamente con su sabiduría.

EjércitoEditar

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Bretonia no tiene ejército. Es decir, no hay soldados profesionales que trabajen como guerreros remunerados al servicio del Estado. En vez de eso, cuenta con el servicio feudal de sus caballeros.

Cuando un señor debe enfrentarse a un enemigo en el campo de batalla, convoca a sus vasallos para que le proporcionen servicio militar. Ellos, a su vez, reúnen a sus propios vasallos, y la mayoría de los señores añaden Hombres de Armas y Arqueros Campesinos a la lucha. Estos ejércitos no se entrenan juntos y normalmente ni siquiera tienen una cadena de mando central, pero las tácticas militares bretonianas son lo bastante simples y uniformes como para permitir una colaboración fluida.

La principal debilidad de la leva feudal se deja ver en las campañas prolongadas. Señores y caballeros deben regresar a sus feudos para actuar como gobernantes o para defender sus propios hogares, y la mayoría sólo puede mantener unida la leva durante cuarenta días. Desde luego, la cosa cambia si son sus propias tierras las que están siendo atacadas.

Si el sitio que hay que defender se trata de un lugar importante, como un paso de montaña o la ruta hacia una fortaleza Goblin, el rey o un Duque concede un feudo en dicha región a un guerrero poderoso y lo convierte en marqués. Este señor pasa a ser responsable de la construcción de fortificaciones, la formación de ejércitos y la eliminación de la amenaza. Esto suele funcionar con la primera generación, pero el primer heredero del marqués no siempre está a la altura del trabajo. Algunos incluso recurren a aventureros de baja ralea en busca de ayuda.

Por último, el rey es el único que puede declarar una Guerra de Caballeros Noveles, en la que se convoca a la mayoría de los caballeros para que luchen y demuestren su virtud.

Conflictos civilesEditar

Bretonia no es una región completamente pacífica: aun exceptuando los ataques de los Orcos de las montañas y los Hombres Bestia de los bosques, la tierra también se ve asolada por batallas entre nobles. Ciertos tipos de disputas entre nobles pueden solucionarse mediante la fuerza de las armas en lugar de en tribunales legales. Ningún noble puede recurrir a la guerra contra sus superiores feudales ni contra cualquier otro que posea autoridad legal sobre él, pero en cualquier caso dichos adversarios suelen ser demasiado fuertes para luchar contra ellos.

Existen tres justificaciones reconocidas para la guerra. La primera es la recuperación de tierras robadas por otro noble. La segunda es la destrucción de un notorio traidor; aunque se espera que el señor del traidor emprenda algún tipo de acción, también se permite hacerlo a cualquier otro noble. La última de las justificaciones posibles consiste en una ofensa realizada contra el honor de la familia del noble.

Servir al Caos o aliarse con pieles verdes se considera traición, y tales acusaciones han servido como excusa para más de un ataque. El robo de tierras no tiene asociado ningún límite de tiempo, y si un ataque tiene éxito, la víctima siempre puede afirmar que la tierra tomada ha sido robada y contraatacar tras conseguir aliados. La última de las justificaciones, insultar el honor de la familia, permite a un noble declarar la guerra por haber recibido un asiento equivocado en un banquete (de hecho, esto ha sucedido). A veces estas guerras degeneran en disputas que se prolongan durante generaciones, y en las que los actos de cada bando proporcionan al otro todas las excusas necesarias para ir a la guerra.

Los mejores nobles bretonianos sólo utilizan este derecho para enfrentarse con señores que sean claramente traidores, y reunir las pruebas necesarias para convencerlos suele ser un trabajo para aventureros. Los señores menos escrupulosos también podrían emplear aventureros si un noble inocente necesitara ayuda para defenderse de un vecino opresivo.

Mercaderes y comercioEditar

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Los mercaderes ocupan un lugar anómalo en la sociedad bretoniana. Casi todos ellos son campesinos, pues muy pocos nobles se dignan a ensuciarse las manos con los oficios. Sin embargo, los mercaderes prósperos son a menudo mucho más ricos que los nobles a los que sirven. El comercio es vital para Bretonia; no sólo mueve productos por todo el país, sino que además sirve para traer productos extranjeros (principalmente a cambio de vino bretoniano). Por ello, una acción conjunta de las clases mercantiles podría causar serios problemas a la nobleza.

Como campesinos que son, los mercaderes están regidos por las mismas leyes que el resto del campesinado. En teoría deben entregar la mayor parte de sus ingresos a sus señores. Pero en la práctica, el concepto bretoniano de ingresos se definió teniendo en mente la agricultura, y aunque engloba gran parte de los productos artesanos, casi todos los beneficios de un mercader son invisibles, ya que en realidad no elaboran nada. El conservadurismo bretoniano, unido a un sutil pero intenso cabildeo mercantil, han hecho que las cosas sigan así. Algunos de los nobles más inteligentes han comprobado que obtienen más beneficios de los sobornos que de los impuestos, ya que los tributos que se imponen a la mayoría de los campesinos destruirían prácticamente cualquier empresa comercial.

Todos los mercaderes reconocen la necesidad de tener contenta a la nobleza, lo que provoca un caudal constante de regalos. Estos regalos se presentan como humildes aceptaciones de la gran superioridad de los nobles, y siempre son artículos suntuosos y de gran calidad, como por ejemplo bandejas de oro o túnicas bordadas y forradas de piel. Si el noble es pobre y tiene mayor necesidad de pan, carne y leña, el mercader se ofrece a recuperar el regalo a cambio de dinero. Desde luego, esta compra se lleva a cabo sin ostentaciones. Se sabe de un mercader que vive en el Ducado de Quenelles que le ha entregado al señor de su aldea el mismo cáliz de oro en cada festival durante los últimos diez años, y luego lo ha recuperado al día siguiente, manteniendo así a su señor pese a la pobreza general de su aldea. A cambio, el señor permite al mercader obrar como desee.

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La mayoría de los mercaderes dependen únicamente de regalos, pero todos (excepto los más pobres) han de contratar guardias para proteger sus cargamentos y almacenes. Los guardias de los mercaderes más ricos forman ejércitos privados, que pueden enfrentarse contra los nobles que les amenacen con violencia. Por supuesto, los mercaderes han de asegurarse de que los demás nobles se mantienen al margen de la lucha, ya que no podrían ganar una batalla contra toda Bretonia. Este tipo de conflictos son muy raros, pero la combinación de regalos y armas implica que los mercaderes más acaudalados estén a efectos prácticos por encima de la ley, siempre y cuando no amenacen con alterar el orden social.

La mayoría de los mercaderes respetan estos límites, pues son conscientes de que la anarquía social es mala para el comercio. Algunos parecen querer mejorar su posición en la sociedad mediante alianzas más íntimas con la nobleza. Los hijos menores de los nobles más pobres suelen estar dispuestos a casarse con miembros de una familia mercante adinerada, cambiando su posición social por riquezas. Se espera que la familia mercante sustente económicamente a sus parientes nobles, mientras que ésta proporciona apoyo legal y político a los mercaderes.

Asociaciones mercantilesEditar

No existen gremios mercantiles formales en Bretonia. La ley no reconoce peso legal de tal tipo de organización de campesinos. No obstante, la ley no impide que los mercaderes se reúnan e intenten organizar el comercio en beneficio propio. Así, existen muchas asociaciones mercantiles, y la mayoría sólo se diferencian de los gremios en el nombre.

Una asociación típica requiere que sus miembros comercien entre sí bajo condiciones favorables, y con los ajenos a ella bajo condiciones que les aseguren obtener beneficios. Muchos intentan monopolizar el comercio dentro de un pueblo, ciudad o ducado; otras tratan de abarcar el mercado de un tipo concreto de productos. Se trata de un negocio de rivalidad encarnizada en su forma más pura.

Dado que los gremios no tienen estatus legal, no pueden servirse de las leyes para obligar a los demás mercaderes a obedecer sus normas. Por ello recurren a la violencia y la intimidación. En general, a la nobleza le importa bien poco la violencia contra los campesinos, siempre y cuando no se les vaya completamente de las manos.

La diferencia entre estas asociaciones y el crimen organizado a menudo es bastante sutil, pero está ahí. Los mercaderes están interesados principalmente en el comercio legal, y recurren a la brutalidad para persuadir a la competencia, mientras que los criminales usan la brutalidad para sacarle dinero prácticamente a cualquiera. Eso no quita que ambos grupos puedan cruzar la línea en uno u otro sentido.

Además, no hay leyes que regulen la jurisdicción de una asociación en un área concreta. Esto conduce a luchas por el control, que se libran mediante intimidaciones, sobornos a jueces, sabotajes, incendios provocados e incluso asesinatos. El pueblo de Dalron, en Lyonesse, era un puerto próspero hasta que la guerra comercial entre la Pluma Dorada y los Tres Toneles redujo todos los negocios importantes a cenizas. Ahora, la población se gana la vida mediante el crimen, bajo el liderazgo del sindicato de los Tres Toneles.

Algunas de las asociaciones mercantiles más importantes son las siguientes:

  • La Hermandad del Faro - Este grupo es una de las asociaciones más antiguas del país, con más de tres siglos de historia confirmable. Ha monopolizado el comercio dentro de la ciudad de L'Anguille. Los Fitzgodric, la familia más rica de Bretonia, son miembros de esta asociación, así como tres de las otras cinco más ricas. La Hermandad observó los sucesos acaecidos en Marienburgo con gran interés, y aguarda una oportunidad para realizar una maniobra similar.
  • El Gallo y la Caldera - Este grupo era originalmente una congregación de buhoneros de poca monta, pero ha organizado derechos comerciales para sus miembros en la mayoría de las ciudades del reino a cambio de pagos menores. Recientemente, el grupo ha empezado a importar armas de fuego, principalmente del Imperio pero también algunas de factura Enana. Su riqueza e influencia está creciendo, incluso aunque la nobleza se niega a utilizar armas de fuego pues las considera "poco caballerescas". Por ello, los miembros de este grupo ejercen un monopolio casi absoluto del uso de armas de fuego, y últimamente han intentado promover su uso. Algunos nobles han reparado en ello y empiezan a preocuparse.
  • Vida Desigual - Este grupo cuya actividad se centra en los ducados occidentales (especialmente junto a la costa), trafica con sustancias ilegales y esclavos. Circulan ciertos rumores siniestros sobre la naturaleza de sus líderes, pero quienes propagan dichos rumores suelen acabar muertos. Los comerciantes que trabajan para esta asociación tienen identidades encubiertas como farmacéuticos o agencias de contratación de trabajos temporales, y ejercen ambos oficios a la perfección. Es una suerte, ya que ejercen un monopolio brutal.
  • Los Sangre Azul - Para poder pertenecer a esta asociación hay que tener al menos un antepasado noble en las dos últimas generaciones, y la posición se determina mediante una combinación de riqueza y abolengo. Los Sangre Azul permiten la doble pertenencia a otros grupos, ya que su única aspiración es la de introducir mercaderes en la nobleza. Muchos mercaderes creen que es inútil y se mantienen alejados de esta asociación, incluso aunque sus antepasados cumplan los requisitos.

Política del campesinadoEditar

Arqueros Campesinos por Karl Kopinski.jpg

Si los mercaderes están oficialmente excluidos de la política, los campesinos corrientes y molientes lo están aún más. No pueden permitirse ofrecer regalos caros a la nobleza, ni poseer ejércitos privados. En la mayoría de los casos, la principal preocupación de un campesino es cultivar comida suficiente para alimentar a su familia.

Esto no quiere decir que los campesinos no se impliquen en política. En Bretonia es bastante frecuente encontrar campesinos oprimidos por su señor o administrador, y a veces tratan de pedir ayuda para aliviar su situación. Un noble jamás atendería la súplica de un campesino, de modo que dichas apelaciones se realizan en grupo, idealmente en representación de toda la aldea. Algunos señores reaccionan a la formación de estos grupos como si se tratase de un intento de rebelión y mandan ahorcar a los portavoces. Por ello, los campesinos tratan de organizarse para evitar que ninguno de ellos destaque como portavoz. Suelen conseguirlo recitando su queja al unísono (después de practicar durante horas), caminando lentamente en círculo frente al noble (de modo que nadie queda al frente) o aprovechándose de un forastero ingenuo (un aventurero bienintencionado, por ejemplo) para que les sirva de pararrayos. Estas técnicas nunca son completamente eficaces, ya que si un señor se propone colgar a alguien para restaurar el orden se limitará a escoger a alguien al azar.

Por lo tanto, los campesinos tratan de no involucrar a la nobleza en sus disputas en la medida de lo posible. Esto puede parecer difícil, pero los problemas de los campesinos casi nunca se deben a que el señor visite personalmente la aldea y propine palizas a la gente. Más a menudo sus problemas se limitan a conflictos con otras aldeas, abusos por parte de los administradores o impuestos excesivos exigidos por una mala cosecha.

Los conflictos entre aldeas surgen por diversos motivos, pero los más comunes son los derechos de explotación de ciertos recursos como pastos, ríos o bosques. Cada aldea en liza escoge a un embajador que se reúne con los embajadores de las demás partes en una zona neutral, normalmente una zona desierta a mitad de camino entre las aldeas, para acordar un compromiso. Luego los embajadores han de convencer a sus respectivas aldeas de acceder a los términos del mismo.

Si las partes no llegan a un acuerdo, es tradición resolver la situación mediante un combate formal. Ambas aldeas deciden lo que implicará la victoria para cada bando, y luego determinan un lugar y fecha para el combate. El número de combatientes, las armas permitidas y las condiciones de victoria también se deciden en este momento. Los combates a muerte son muy raros, ya que habría que explicar dichas muertes al señor. La mayoría de las aldeas respetan los resultados de estos combates, ya que la alternativa sería implicar a la nobleza.

Los administradores corruptos son un problema mayor, pues sólo el señor puede retirarlos. Los aldeanos pueden negociar directamente con el administrador si creen que pueden tener probabilidades de éxito, pero es algo poco frecuente. Lo normal es que intenten demostrar que el administrador está corrupto. Para ello suelen ocultarle productos cuando se dispone a realizar la evaluación de impuestos, para luego colocar el "tributo excedente" en casa del administrador. Los campesinos especialmente osados se presentan ante su señor para agradecerle la protección que ha permitido una cosecha tan cuantiosa (lo que le lleva a preguntarse por qué entonces son tan bajos los tributos).

Por supuesto, la mayoría de los administradores conocen bien esta estrategia, de modo que las maniobras realizadas entre administrador y aldeanos llegan a cotas de sofisticación muy elevadas. Muchos administradores llegan a un acuerdo con los aldeanos, y estafan al señor para repartirse los beneficios mientras dan una imagen de unidad. Si el señor llegara a enterarse, las cosas se pondrían pero que muy feas.

Los mayores problemas los suponen los impuestos excesivos. Incluso aunque el administrador esté del lado de los aldeanos, sencillamente no pueden entregar ciertas cantidades sin morir de hambre. Si apelar al buen corazón del señor no es una opción, los aldeanos recurren al "robo de forajidos" mientras van de camino a ver a su señor. La mayoría de los señores persiguen a estos forajidos antes de exigir a la aldea que compense las diferencias.

Un resultado de estas prácticas, así como de la existencia de cortes aldeanas, es que muchos señores creen que no hay problemas entre sus campesinos, y que realmente sus vidas son idílicas y carentes de los problemas que acucian a la nobleza. Así, incluso nobles que se sienten inclinados a ayudar a los campesinos apenas creen que exista la necesidad.

Sublevaciones del campesinadoEditar

De vez en cuando, a los campesinos les gusta rebelarse. Estos levantamientos casi siempre sorprenden a la nobleza, porque los campesinos han ocultado los problemas hasta que se han vuelto insoportables. De este modo, la mayoría de los nobles creen que las sublevaciones están motivadas por avaricia o por vil ingratitud; y ni siquiera los más virtuosos dudan en utilizar la fuerza para sofocarlo. Ninguna rebelión campesina ha triunfado jamás, ya que todos los nobles se apresuran en acallarlas. No pueden permitirse semejante amenaza a su autoridad.

Con diferencia, la causa más frecuente de sublevación son unos impuestos intolerables. Si los tributos exigidos por un señor condenan a los campesinos a morir de inanición, no tienen nada que perder levantándose contra él. De hecho, dada la actitud bretoniana, morir en combate es incluso mejor que morir de hambre, de modo que aun perdiendo su condición ha mejorado. Estos levantamientos suelen sofocarse de manera brutal; muchos de los campesinos que sobreviven son ejecutados. Por consiguiente, los almacenes de alimentos suelen bastar para abastecer a los supervivientes.

La segunda causa más común es la manipulación por parte de otros nobles. Las rebeliones del campesinado nunca triunfan, pero distraen a los nobles y apartan sus tropas del frente, aumentando con ello las posibilidades de éxito del ataque de otro noble. Algunos nobles se limitan a prometer mejores condiciones una vez hayan invadido la región; una pequeña cantidad incluso llega a cumplir dicha promesa. Otros manipulan a sus enemigos para que exijan unos tributos excesivos, o sabotean sus cosechas para hacer que los impuestos normales sean imposibles de cubrir, para que los campesinos se subleven por iniciativa propia.

A menudo se culpa de estas rebeliones a alborotadores extranjeros y al sentimiento revolucionario, pero en realidad casi nunca son la causa. Las potencias extranjeras que deseen debilitar Bretonia cuentan con medios más eficaces que agitar al campesinado, y los alborotadores políticos son bastante escasos.

Las sublevaciones más peligrosas son, de lejos, las inspiradas por las Fuerzas Malignas. Los campesinos con mutaciones (o peor aún, apoyados por Hombres Bestia) pueden suponer una grave amenaza incluso para los caballeros de Bretonia. Este tipo de sublevaciones fueron momentáneamente habituales durante la Tormenta del Caos, durante la cual gran parte de la flor y nata de los caballeros bretonianos se encontraban en el Imperio luchando contra las hordas de Archaón.

Los caballeros que han regresado se han unido apasionadamente en la erradicación de estos levantamientos, y los pocos núcleos de corrupción que aún perduran son pequeños y aislados. En tiempos normales, las Fuerzas Malignas suelen encontrar a los súbditos de nobles brutales más receptivos a la seducción del Caos.

Los Bretonianos y el extranjeroEditar

Bretonia limita con la mayoría de las naciones del Viejo Mundo, de modo que tiene que hallar la forma de convivir con ellas.

Los Reinos FronterizosEditar

"El padre del padre de mi padre fue un Caballero Novel de Bretonia. Nuestra familia defiende el honor de la verdadera nobleza, y no como muchos otros de por aquí."
Lord Bastond de Torrentera, Noble de los Reinos Fronterizos

Muchos de los nobles que viven en los Reinos Fronterizos descienden de caballeros bretonianos que lucharon contra los pieles verdes en la Guerra de Caballeros Noveles del rey Charlen, que duró sesenta y ocho años y acabó hace tan sólo treinta y cuatro. Dichos caballeros no se marcharon en desgracia, y algunos de ellos aún deben lealtad a ciertos nobles de Bretonia, aunque teniendo en cuenta la barrera que supone Las Cuevas, este hecho es casi enteramente anecdótico.

Los nobles bretonianos de los Reinos Fronterizos suelen considerarse bretonianos y se preocupan por mantener su honor, en contraposición a los oportunistas que conforman los demás reinos de poca monta. Esto ha hecho que los bretonianos sean muy poco populares entre los demás habitantes de la región.

El ImperioEditar

"Comen ranas vivas, elaboran una cerveza que sabe como si ya se la hubieran bebido una vez, y se dedican a montar caballos en vez de usar armas de fuego. Eso sí, su vino es muy bueno."
Thomas de Helmgart, mercenario

Las relaciones de Bretonia con el Imperio son las más importantes, y actualmente son mejores de lo que han sido durante décadas. El rey Louen Leoncoeur declaró una Guerra de Caballeros Noveles para ayudar al Imperio contra las hordas de Archaón, y el Emperador aún se siente agradecido. Sin embargo, las dos naciones poseen personalidades muy distintas, y la mayor antigüedad del Imperio lo lleva a despreciar Bretonia. A cambio, los betonianos ven poca nobleza en el Imperio, incluso entre quienes afirman ser nobles.

EstaliaEditar

"Desprecia su carencia de técnica si quieres, pero un contingente de caballeros bretonianos sigue siendo una fuerza formidable en el campo de batalla. Aunque los asuntos del honor se les escapan de las manos."
Diego Cortez y Maranda, Diestro

La frontera bretoniana con el reino estaliano de Bilbali es un simple río. En consecuencia, hay casi tanto tráfico con Estalia como con el Imperio, a pesar de que este último sea mucho mayor. Las relaciones con Bilbali son buenas, y los nobles bretonianos reconocen a los nobles de este reino como iguales. Por ello, las relaciones con Magritta son por lo general malas, y la mayoría de los bretonianos consideran que el reino meridional está compuesto enteramente de campesinos.

Los caballeros bretonianos y los duelistas estalianos no conocen bien los respectivos estilos de sus vecinos, y esta falta de comprensión es la causa de gran parte de la tensión entre ambas naciones.

TileaEditar

"¡Arrogantes henchidos de orgullo, que dependen únicamente de los logros de sus padres! ¿Qué es lo que han hecho? ¡Nada! ¿Y me llaman campesino a mí?"
Ricardo de Trantio, mercader

Los tileanos tienen una cantidad de tratos con Bretonia extraordinariamente pequeña. Los bretonianos nunca contratan mercenarios (oficialmente), y los mercaderes ostentan un nivel social tan bajo en su país que los tileanos prefieren negociar con los bretonianos que los visitan. En consecuencia, abundan los estereotipos y los prejuicios. Para los tileanos, los bretonianos son nobles estúpidos a los que hay que señalar por qué lado camina un caballo, o bien campesinos tan inmundos que apenas sí son humanos. Para los bretonianos, los tileanos son ladrones que fingen ser mercaderes, o bien asesinos que afirman ser guerreros mientras contratan sus servicios al mejor postor.

Las Tierras DesoladasEditar

"¿Por qué cambiar a un Emperador por un rey?"
Proverbio marienburgués

A los bretonianos les gustaría incorporar las Tierras Desoladas a su reino, siempre y cuando pudieran hacerlo sin ofender al Imperio. Los límites entre la Marca de Couronne y las Tierras Desoladas están muy poco definidos, y Adalberto, marqués de Couronne, estaría encantado de añadir Marienburgo a su reino y solicitar el estatus de ducado. Los Duques Folcard de Montfort y Hagen de Gisoreux también contemplan el norte con ojos golosos, aunque las Montañas Grises dificultan todo intento de conquista por su parte.

Los marienburgueses son conscientes de estas ambiciones, y por lo general enfrentan al Imperio y a Bretonia entre sí. El debilitado estado del Imperio les ha llevado a reforzar sus propias tropas, principalmente mediante la contratación de mercenarios tileanos.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Bretonia (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Bretonia (6ª Edición).
  • Warhammer Fantasy JdR: Caballeros del Grial (2ª Ed. Rol).

Spotlights de otros wikis

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