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Cárceles en el Imperio

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Prisioneros por Ralph Horsley.jpg

La idea de retener a alguien contra su voluntad durante un amplio periodo de tiempo no es nada nueva en el Imperio; el secuestro es un crimen antiguo, después de todo, aunque se lo llame "botín de guerra" cuando los nobles se retienen los unos a los otros para pedir rescate.

Incluso el concepto de encarcelar a alguien de forma legal es ya antiguo. Los archivos legales del siglo X recogen el juicio del Conde Albertus II "el Sobrio" de Nuln, quien ordenó la entrada en prisión de dos borrachos en lugar de azotarlos en público ya que, como él dijo, "a menudo ni siquiera sienten el dolor en el momento de su detención, pero lo que van a sufrir a la mañana siguiente cuando despierten será mil veces peor que cualquier azotaina." Aún hoy en día, muchos pueblos y ciudades conservan pequeñas jaulas donde encerrar a borrachos o alborotadores mientras esperan la próxima visita de un magistrado itinerante.

Aunque la idea de encarcelar a los convictos de crímenes más serios resulta ciertamente novedosa en el Viejo Mundo. La lista de castigos más usuales incluía multas, mutlación y muerte, mientras que la financiación del alojamiento y manutención de los convictos se consideraba un malgasto de dinero. Confiar en que acabaran arrepintiéndose de sus crímenes era ridículo. "Corta cabezas y no mires con quién" era el lema de las clases de poder.

Pero la confusión del Segundo Milenio cambió la forma de pensar de muchas personas. Con la irrupción del Imperio se conoció una inseguridad y una subida de la criminalidad sin precedentes. En la ciudad y en el campo por igual, los levantamientos que hicieron que el Viejo Mundo se tambaleara convirtieron a la gente desesperada en criminales, y supuso una oportunidad de oro para todos aquellos ya inclinados de por sí hacia lo inmoral. El viaje, tanto por tierra como por agua se volvió inseguro incluso en tiempos de alto el fuego, y la erosión de la autoridad dejó grietas en la sociedad por donde el Caos supo infiltrarse. Cuando tuvo lugar la Guerra de los Brujos en el siglo XX, los nigromantes y demonologistas habían dejado de actuar en la sombra.

La primera respuesta de quienes ostentaban el poder fue la represión violenta. La mutilación y después la muerte se convirtieron en el castigo estándar incluso para los crímenes menos violentos. Los vigilantes de caminos se convirtieron en jueces y verdugos, a menudo sin siquiera molestarse en nimiedades tales como un juicio justo. Los cazadores de brujas recibieron carta blanca para considerar cualquier crimen la evidencia del Caos. La pira y el dogal fueron convirtiéndose en las sentencias más comunes, y las ejecuciones en espectáculos de masas. Esta oleada de represión alcanzó su climax en 2111, cuando el Gran Duque de Middenland, el Cazador de Brujas Liutprand II, hizo que toda la población de la ciudad de Rotebach bailara al extremo de la soga acusada de "alianza con el Caos". En realidad, su único crimen había sido ocultar la mitad de su cosecha de trigo de los recaudadores del Gran Duque.

Los reformistas Shallyanos.Editar

Suma sacerdotisa Shallya.jpg
Un siglo antes de que Magnus el Piadoso reunificara el Imperio, un sínodo de sacerdotes y sacerdotisas shallyanos se reunió en Marienburgo para debatir sobre la precaria situación del mundo. Los castigos extremos para los crímenes más leves eran una afrenta para la Dama Blanca, y resolvieron dedicarse a encontrar otra solución. Empleando la prisión de Marienburgo en la Islote de Rijker como ejemplo, la recién formada Orden de las Lágrimas Piadosas envió misioneros a todos los dirigentes del Imperio.

Los misioneros argumentaban que las ejecuciones no sólo demostraban resultar ineficaces, sino también contraproducentes. "Si matáis a cualquiera por cualquier agravio, ¿quién pagará los impuestos?" le imploró la Hermana Hildegarde al Graf de Middenheim. Ridiculizados al principio, siguieron defendiendo que un período de confinamiento dedicado a la oración y al trabajo podía reformar a un hombre mucho mejor que el hacha del verdugo.

Sin prisa pero sin pausa, fueron convenciendo aun regente tras otro para que construyeran lo que ellos llamaban "penitenciarias y reformatorios", donde los shallyanos podrían intentar recuperar aquellas almas descarriadas. Su fama se extendió gracias a algún que otro éxito de gran resonancia, en especial cuando la Gran Condesa Beatrice de Nuln patrocinó la fundación de una "Academia para la Salvación de la Juventud Descarriada" en la ciudad.

Por último, en 2319, consiguieron su mayor victoria cuando el Emperador Magnus el Piadoso quedó convencido por sus logros y sacó a la luz la "Lex Imperialis Salvationis et Misericordiae", la Ley de la Salvación y la Misericordia Imperiales. Con este nuevo código haciendo las veces de estandarte del Imperio reunificado, Magnus animó a los Electores para que fundaran prisiones según el ideal shallyano de "promover la piedad y la curación entre los ñiños de Sigmar". Tal era su prestigio que pocos nobles se opusieron a la idea, llegando muchos incluso a abrazarla. Si bien la idea original se ha ido desvirtuando desde aquellos días (en muchas prisiones hoy en día, los preceptos shallyanos están lejos de las mentes de presos y guardianes), el concepto moderno de la cárcel se implantó firmemente en la Ley Imperial.

PrisionesEditar

Fuente Editar

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