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Círculo de Sangre

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Esta campaña fue publicada por Games Workshop en 1997 en donde se enfrentan los ejércitos del Bretonia y No Muertos (en adaptaciones posteriores realizadas por fans se substituyen por Condes Vampiro). Toda la campaña, incluidos los personajes, es propiedad de Games Workshop. La campaña es obra de Tuomas Pirinen y Jake Thornton.

Introducción: Círculo de SangreEditar

En las lejanas tierras del Gran Río, hace muchos siglos, Nagash, Señor Supremo de los No Muertos, creó el Elixir de la Vida. Esta siniestra y maligna poción confería la inmortalidad y extraños poderes místicos a quien la bebiera. Pero no sin pagar un alto precio, ya que corrompía el cuerpo y el espíritu, y despertaba el ansía de beber la sangre de los vivos a quien la bebiera. Quienquiera que bebiera el elixir debería evitar la luz del sol para siempre, su piel se volvería tan pálida y lustrosa como la porcelana, y sus ojos brillarían como piras funerarias. Con el tiempo, los hombres denominaron a estas criaturas Vampiros. Por suerte, el secreto del elixir de Nagash se ha perdido. Sin embargo, los más ávidos de poder todavía buscan su fórmula entre las tumbas y criptas de la Tierra de los Muertos.

El precio que hay que pagar por unirse a las filas de los No Muertos es muy elevado, pero para algunos conseguir los poderes de un Vampiro justifica el riesgo. Los Vampiros son mucho más fuertes que cualquier hombre vivo, siendo capaces de romper el espinazo de un oso, simplemente con sus manos, o partir por la mitad a un hombre con armadura completa de un sólo golpe. Los Vampiros tienen la habilidad natural de ver y sentir los oscuros vientos de la magia y controlarlos con su voluntad. Los espíritus y los muertos vivientes también están bajo su control. Las bestias naturalmente asociadas con las fuerzas de la oscuridad son esclavos a sus caprichos, y las manadas de lobos y murciélagos les siguen a donde vayan.

El ritual sacrílego que utilizan los Vampiros para crear más de su propia especie se llama Beso de Sangre. En vez de absorber la sangre de su víctima, el Vampiro le transmite una parte de su propia sangre contaminada, utilizando sus poderes hipnóticos para que olvide su penosa experiencia. La persona así condenada enfermará, se debilitará, y finalmente morirá de lo que parece una enfermedad natural. Incluso si son puros de corazón y bondadosos, la maligna sangre del Vampiro les convertirá en depravados y malvados. El efecto de la magia oscura que la víctima atraerá ahora, corromperá cualquier vestigio de su vida anterior, y su necesidad de sangre humana borrará cualquier sentimiento de piedad que hubiera poseído en su vida anterior.

Se dice que cada nueva generación de vampiros es menos poderosa que la anterior, por lo que los vampiros más poderosos son siempre los más antiguos. Los vampiros sólo pueden conceder a lo largo de su existencia el Beso de Sangre a un solo mortal. Puesto que buscan compañeros para sus largas y solitarias existencias, eligen a sus víctimas con mucho cuidado, escogiendo sólo a los más poderosos, inteligentes y bellos entre los vivos, lo que es una tragedia, ya que el alma de la víctima se perderá para siempre en la oscuridad.

La hermosa tierra de Bretonia no está tan contaminada con la maldición de los No Muertos como otras muchas áreas del Viejo Mundo, pero incluso esta tierra de caballería no está completamente a salvo de esta maldad. La ciudad maldita de Moussillon, al Oeste, ha estado siempre contaminada por la presencia de los muertos vivientes, y los pueblos y ciudades costeras de Bretonia están bajo la constante amenaza de las flotas de No Muertos de Settra.

Los Bretonianos poseen numerosas tradiciones que protegen a los muertos para que no puedan ser animados de sus tumbas. Una de esas tradiciones dicta cómo debe enterrarse al fallecido. En primer lugar se le corta la cabeza y después le bendice una Doncella del Grial que rocía el cuerpo con agua de un lago sagrado. Además, se le llena la boca con dientes de ajo y la tumba donde se le entierra se sella con hechizos de atadura. Incluso estas medidas pueden ser insuficientes contra un Nigromante decidido.

Los vampiros en Bretonia son muy poco frecuentes, pero son extremadamente peligrosos. Ya que pertenecen invariablemente a la nobleza, pueden poseer un considerable poder terrenal además de sus propias habilidades antinaturales. Si eran poderosos señores feudales en su vida anterior, los votos de fidelidad de sus caballeros y vasallos en vida les atarán a él después de la muerte, y si no son liberados, están destinados a servir a sus malvados señores No Muertos durante toda la eternidad. Por esto los Vampiros Bretonianos tienen a su servicio una gran hueste de esclavos, y los ejércitos que crean son extremadamente mortíferos, sirviendo fielmente a su señor en la muerte como lo hicieron en vida.

La Balada del Duque RojoEditar

La historia del Duque Rojo es una antigua leyenda, muy conocida en toda Bretonia. Existen numerosas versiones, con diferentes grados de detalle, y en algunas el Duque Rojo no es el villano sin corazón que se describe en otras. Pero aún así es una trágica y triste historia.

Aunque los hechos aquí descritos están envueltos por la niebla del tiempo y han sido distorsionados por las leyendas, un erudito puede reconstruir la historia real, extrayendo los hechos de entre el florido lenguaje de las canciones y baladas de los juglares Bretonianos. Lo que se relata a continuación es lo que sucedió en realidad.

Hace mucho tiempo…Editar

En la época de las Cruzadas, durante el reinado de Louis el Justo, el decimoquinto rey de bretonia, los paganos habitantes de Arabia guiados por el tres veces maldito Sultán Jaffar, conquistaron Estalia y amenazaron la libertad del resto del mundo.

Llenos de una justa ira, los caballeros de Bretonia se reunieron para expulsar a los invasores. Entre estos caballeros se encontraba el Duque de Aquitaine: un hombre hermoso y poderoso, conocido por todo el mundo por ser el caballero más valiente del país. Cuando los más nobles hijos de Bretonia alzaron sus espadas contra el infiel, él fue el primero, siempre dispuesto a defender el honor de Bretonia.

Durante la guerra que finalmente liberó al reino de Estalia y vio el final del corrupto reino de Jaffar consiguió una considerable fama. Se compusieron multitud de canciones que loaban sus victorias contra los guerreros del sultán. Entonces sucedió el desastre.

En el asedio de Lashek, poco después de que cayeran las murallas, el Duque de Aqutaine desapareció y se creyó que había muerto. Durante muchos días, en el campamento de los cruzados se propagaron rumores sobre lo que le había sucedido, hasta que se le encontró gravemente herido y delirando, pero vivo. Los fieles vasallos del Duque le cuidaron y ni siquiera cuando cayó en coma le abandonaron. En vez de eso, regresaron a Bretonia y a sus hogares, atravesando ardientes desiertos y sufriendo numerosas emboscadas por parte de los Skavens y los Orcos, llevando consigo durante todo el tiempo a su enfermo señor, en una camilla.

El Señor regresaEditar

Finalmente llegaron a su tierra natal, y allí acostaron a su señor para que muriera. La melancolía se abatió sobre el castillo cuando el Duque sucumbió finalmente a la fiebre. Sus caballeros le velaron y juraron servirle fielmente más allá de la muerte, palabras que serían su perdición en los peligrosos tiempos que se acercaban. Lo enterraron bajo su castillo, como era costumbre en aquellos tiempos, y entonaron cánticos por su alma a lo largo de toda la noche.

El Renacimiento del DuqueEditar

El Duque permaneció seis días en su tumba, y entonces, en mitad de una noche oscura y tormentosa, volvió a levantarse. Ya no era el Duque de Aquitaine, el paladín del Rey.

Se había convertido en un maligno vampiro, contaminado por su desconocida tragedia. Nadie sabía cómo había sucedido, pero tenían otras preocupaciones más inmediatas. En pocas horas mató a todos los habitantes del castillo, animándolos después de su prematura muerte con su recién adquirido poder. Pronto tuvo un temible ejército de No Muertos a su servicio, y empezó su reinado de terror.

En poco tiempo, los campesinos dejaron de utilizar su nombre y empezaron a llamarle el Duque Rojo, por la sangre que empapaba sus ropas y sus actos. Miles de refugiados huyeron hacia el Norte en busca de la ayuda y la protección del Rey. Cuando el Rey se enteró de lo sucedido en Aquitaine, reunió un poderoso ejército y se dirigió al encuentro de su antiguo vasallo.

El Duque Rojo, temeroso del poder del Rey, pidió ayuda a la Guardiana de la Torre de Hechicería. La torre era una antigua construcción medio derruida, construida por los Altos Elfos hacía muchos años, en un lugar de gran poder. Su Guardiana, Isabeau, era reconocida por todos como la hechicera más poderosa de Aquitaine. El Duque Rojo le ofreció un trato: juntos derrocarían al Rey y luego se dividirían el reino de Bretonia. Isabeau rehusó. Ella sabía lo que era realmente el Duque Rojo, un monstruo inhumano del reino de los No Muertos, y huyó para reunirse con las mesnadas del Rey.

La cataclísmica batalla tuvo lugar en el Campo de Ceren. Se recuerdan pocos detalles del combate que tuvo lugar entre los terribles No Muertos, que todavía vestían la librea de Aquitaine, y la nobleza de Bretonia. Basta con decir que ninguna criatura No Muerta podía enfrentarse al Rey, y que los Caballeros del Grial no temían a los espíritus de los muertos. La Guardiana de la Torre, gracias a su poder y sabiduría, contrarrestó los mortíferos hechizos que lanzaba el Duque Rojo. Finalmente, se enfrentaron los dos antiguos amigos, el Rey y su paladín. La batalla continuó durante una hora, pero la Dama del Lago estaba del lado del Rey y juntos vencieron. El Rey empaló al Duque con su lanza, causándole una herida mortal que selló el destino de su ejército maldito. Sus seguidores se dispersaron, su castillo fue arrasado hasta los cimientos, y las ruinas fueron cubiertas con sal.

La cataclísmica batalla se libró en los campos de Ceren. Poco se recuerda de esta batalla cuando las terribles hordas de No Muertos, todavía vestidos con la librea de Aquitania, lucharon con la nobleza de Bretonia. Basta decir que ninguna de las criaturas de los No Muertos pudo resistir el embate del Rey y de los Caballeros del Grial que sin temor cargaban contra los difuntos. El Guardián de la Torre, con todo su poder y sabiduría, recitaba los mortales hechizos que el Duque Rojo intentó tener en su bando. Finalmente los dos antiguamente amigos se encontraron, el Rey y su campeón. La batalla se alargó durante una hora, pero la Dama del Lago estaba con el Rey Bretoniano y juntos ganaron. El cuerpo del Duque Rojo fue atravesado por la lanza del Rey infiriéndole un golpe mortal que selló el destino de su indescriptible ejército. Sus seguidores fueron dispersados, su castillo arrasado hasta los cimientos y se echó sal bendecida por los caballeros del Grial por las dispersas ruinas.

La DerrotaEditar

Isabeau informó al Rey que debía quemar los restos del Vampiro, pero no pudo soportar la visión del profanado cuerpo de su antiguo campeón. Muerto, el Duque Rojo tenía nuevamente su aspecto anterior. Sus rasgos eran nobles y pacíficos otra vez, y parecía estar a salvo de su maldición. El Rey ordenó que se construyera una gran tumba para su antiguo amigo y que fuera sellada con la marca del Grial para honrar al caído. Después dio instrucciones para que el verdadero nombre del Duque Rojo fuera borrado de todos los registros de forma que la terrible vergüenza fuera olvidada y los parientes del Duque Rojo no tuvieran que vivir constantemente con el recuerdo de la maldad que en cierta ocasión estuvo ligada a su nombre.

Una Tumba sin reposoEditar

Pero el Duque no estaba muerto. Su cuerpo podía haber sido atravesado por la lanza del Rey, y su voluntad destruida por el poder de la Guardiana de la Torre, pero había tomado sus precauciones por si algo así ocurría. Había encerrado parte de su esencia vital en una joya carmesí, hechizada con sangre de inocentes y magia negra pura. Necesitó muchos años para regenerar su maltrecho cuerpo, pero por fin se alzó de nuevo y se preparó para abrir las puertas de piedra de su tumba. Sin embargo, esta vez habían sido más astutos que él. Los símbolos del Grial y los sellos mágicos de la Guardiana mantenían cerradas las puertas de piedra y al Duque Rojo encerrado.

Durante muchos años el Duque Rojo rugió enfurecido en el interior de la tumba, pero sin resultado: cada vez que intentaba abrir las puertas de la tumba con su enorme fuerza, las inscripciones sagradas y los sellos de protección le quemaban las manos. Nada podía mover el sello que mantenía cerradas las puertas. Las protecciones eran demasiado poderosas.

La LiberaciónEditar

Aunque la joya roja conservaba su vida antinatural, el ansia del Duque Rojo por la sangre de los vivos fue aumentando cada vez más hasta que se sumió en un pozo de locura sin remedio. Sólo podía aullar su rabia a los muros de piedra y jurar que se vengaría.

Así permaneció durante siglos, y la gente fue olvidando la leyenda maldita del Duque Rojo, hasta que un día…

EscenariosEditar

Los ejércitos históricos que participaron en este conflicto están descritos, aunque de forma superficial, en los numerosos cantares de gesta y baladas de los trovadores y juglares Bretonianos. Los relatos sobre los desenlaces históricos están basados en la Balada del Duque Rojo de Jaques Thorand, un poeta notoriamente inexacto, y los comentarios históricos son extractos de los escritos de Allan Anneau de Couronne que efectuó un estudio extensivo de todo lo sucedido.

Escenario 1: Batalla Nocturna en MercalEditar

La muerte acecha en la nocheEditar

Llegaron durante la noche. Silenciosos, inexorables, infatigables. Las fuerzas No Muertas partieron del castillo del Duque Rojo al anochecer, con Renar el Nigromante al frente. Cruzaron marismas y densos bosques para atacar el pueblo de Mercal en medio de la noche. Pero, ¿por qué Mercal? La Guardiana de la Torre no estaba allí, ni pasaba por él ningún camino que permitiera atravesar el río Morceaux ¿Qué valor tenía este pequeño pueblo?

Mil años antes, tras la derrota del Duque Rojo, él no fue el único que fue encerrado en una celda dorada. Cuando el Duque Rojo murió y sus ejércitos empezaron a desintegrarse a su alrededor, un pequeño grupo formado por sus seguidores más fanáticos y leales consiguieron escapar del desastre. Escondiéndose en pantanos y bosques solitarios donde los campesinos temían aventurarse, siguieron luchando y huyendo durante días, hasta que fueron acorralados y destruidos uno por uno.

Al igual que el Duque Rojo, los que habían sido nobles hijos de Bretonia no fueron incinerados, sino que fueron enterrados. Se construyó un Santuario del Grial junto a sus tumbas para que un Caballero Santo pudiera vigilar sus espíritus para siempre. Este santuario está situado en el centro del pueblo de Mercal.

Cuando el Nigromante Renar le liberó de su prisión, el Duque Rojo ordenó a todos sus seguidores que acudieran ante su presencia, pero los más leales de sus capitanes no respondieron. El Duque estaba furioso ¿Habían olvidado su juramento de fidelidad? Envió a sus malvados mensajeros a buscarlos: bandadas de murciélagos y grandes cantidades de negros y reptantes demonios. Pronto descubrió que el destino de sus vasallos más leales había sido tan despiadado como el suyo: estaban enterrados en Mercal. La fe del Caballero Santo mantenía a los sirvientes del Duque atrapados en aquel lugar, conscientes de la llamada de su amo, pero incapaces de liberarse de su mausoleo ¡Ese hombre debía morir!

La capilla de la serenidadEditar

Todo estaba tranquilo en el pequeño pueblo de Mercal. Los habitantes del pueblo ya se había retirado a descansar después de un duro día de trabajo en los campos de su señor. Todo estaba en paz.

Entonces, de repente, las campanas del Santuario del Grial empezaron a sonar, no era el sereno ritmo que llamaba a los fieles a rezar, sino un frenético repiqueteo de alarma. Los hombres corrieron para ver qué sucedía, y se encontraron con el noble guardián del lugar que les informó alarmado del desastre que se cernía sobre el pueblo. La Dama del Lago le había concedido una visión en la que había visto un ejército de las criaturas más horribles que pudieran imaginarse.

Los No Muertos se acercaban.

"Prepararos -gritó el Caballero Santo- ¡A las armas! Esta noche hay mucho más en juego que el destino de nuestros hogares."

Era tan grande el respeto que tenían por el Caballero Santo, que ninguno dudó de la veracidad de la profecía. Si él decía que el mal se acercaba, ellos le creían.

Los habitantes corrieron a por sus armas, escondiendo a sus mujeres e hijos, y preparándose para la batalla. Durante algunos minutos todo fue confusión, hasta que, en el centro del pueblo, el Caballero Santo empezó a cantar. Era un antiguo Cantar de Gesta Bretoniano, un enardecido relato de valor frente a fuerzas muy superiores. Poco a poco los arqueros y los hombres de armas empezaron a organizarse alrededor del caballero, y su confianza aumentó. A medida que iban formando las unidades, sumaban sus voces al desafiante himno de batalla. Cuando el relato llegó a su fin, todos los habitantes del pueblo estaban en sus posiciones. Cada hombre estaba preparado, cada uno sabía cuál era su deber, y cada uno esperaba en silencio que los mensajeros que habían partido regresaran a tiempo con los refuerzos. Pero, un momento, ¿qué era ese ruido? Un entrechocar de armas y escudos, el crujir de los huesos...

Desenlace históricoEditar

El Caballero Santo organizó a los habitantes del pueblo en unidades grandes; un plan sensato ya que el miedo que el enemigo inspiraba podría desmoralizar fácilmente a grupos más pequeños. Tan pronto como vislumbraron entre la niebla las espectrales formas de los No Muertos, los Arqueros empezaron a disparar sus letales andanadas de flechas. Muchos Necrófagos y Esqueletos fueron abatidos por la lluvia de flechas, pero el resto continuó avanzando y pronto entraron en combate cuerpo a cuerpo con los defensores.

Los jóvenes del pueblo que aspiraban a ser caballeros, junto con los Escuderos a Caballo, intentaran defender Mercal lo mejor que pudieron antes de que fuera rodeada por completo por los No Muertos. Sin embargo, la Caballería Esquelética fue más rápida. Reforzada por la magia Nigromántica, la Caballería cargó contra el flanco de los Caballeros Noveles, dispersándolos y arrollándolos. Los Escuderos, viendo que sus Caballeros eran derrotados, dieron media vuelta y huyeron.

El regimiento principal de Guerreros Esqueletos, al mando de Renar y un Caballero No Muerto, atacó a los Hombres de Armas que estaban al mando del Caballero Santo. La batalla duró cerca de una hora, pero al final vencieron los No Muertos, que habían aniquilado a los Hombres de Armas. Sin embargo, el Caballero Santo siguió resistiendo, cantando la Chanson de Gilles el Bretón y luchando con valor aunque estaba rodeado por los Guerreros Esqueletos. Golpeó a diestro y siniestro, derribando a muchos de los guerreros No Muertos, y el propio Renar apenas evitó morir bajo esta lluvia de golpes cuando intentó atacar al Caballero. Durante unos instantes pareció que el Caballero Santo podría cambiar el curso de la batalla y salvar el pueblo únicamente con su valor.

En este momento crucial, el Caballero No Muerto levantó su Espada a dos Manos y golpeó por la espalda al Caballero Santo. La herida era mortal, y el Caballero Santo cayó. Tras la muerte del Caballero Renar no tuvo ningún problema para lanzar el hechizo necesario para despertar a los Caballeros en sus criptas. Los antiguos Caballeros salieron de su sueño y de sus tumbas, y mientras empezaba a clarear, persiguieron a los campesinos, como ellos habían sido perseguidos anteriormente.

Como represalia por su resistencia e insolencia, Renar ordenó que todo el pueblo fuera incendiado y se pasara a cuchillo a toda la población. Sólo sobrevivió un pequeño muchacho, escondido entre los cadáveres, y cuando los No Muertos se marcharon, huyó hacia el Oeste para contarle la triste historia al Duque Gilon.

Comentario HistóricoEditar

Los Bretonianos tenían muy pocas posibilidades de ganar esta batalla, pero lucharon valerosamente contra sus temibles enemigos. Los Arqueros demostraron la efectividad y la resistencia de su formación defensiva.

Renar corrió un riesgo inútil atacando ,- al Caballero Santo. Con un poco de suerte, el Caballero podría haber destruido al Nigromante y asegurar la victoria a los Bretonianos. Finalmente los No Muertos, haciendo uso de la oscuridad de la noche y del miedo de los supersticiosos plebeyos, aplastaron toda resistencia con facilidad.

Mientras tanto, los Necrófagos y la Caballería Esquelética hicieron un magnífico trabajo ahuyentando a los Escuderos y a las tropas montadas de refuerzo.

Los Bretonianos quizás hubieran conseguido la victoria si no hubieran salido del pueblo, manteniéndose cerca del cementerio. Esto hubiera obligado a los No Muertos a perder tiempo acercándose a combatir en vez de poder cargar casi inmediatamente.

Escenario 2: La Defensa de la TorreEditar

La venganza del Duque RojoEditar

Habían transcurrido muchos años, pero el Duque Rojo no había olvidado el papel que había desempeñado la Guardiana de la Torre en su derrota. El Duque Rojo decidió atacar Aquitaine y la Torre de la Hechicería simultáneamente. Conociendo el poder mágico de la Guardiana, envió a uno de sus sirvientes más poderosos para enfrentarse a ella. El Duque Rojo envió a la Doncella Espectral, un espíritu lastimero que podía matar a cualquier mortal simplemente con su aullido. El Duque Rojo le ordenó arrasar la Torre de la Hechicería hasta los cimientos y envenenar el lago bendito protegido por la Torre. Con él envió a sus servidores más rápidos, para que pudiera atacar rápidamente y por sorpresa, y a continuación reunirse con el ejército principal cuando atacara las fronteras de Aquitaine. Las fuerzas de los No Muertos estaban compuestas por rápidos carruajes y tropas de caballería, así como por gigantescos Carroñeros.

Pero la Guardiana no estaba indefensa. Utilizando sus poderes mágicos leyó el futuro en el lago cristalino, y vio la difusa imagen de un siniestro enemigo cabalgando hacia ella. Consideró la posibilidad de huir a la relativa seguridad del Castillo Aquin, pero finalmente decidió que no podía abandonar el lugar sagrado que tenía bajo su protección. Envió a sus doncellas a advertir al Duque Gilon de Aquitaine del inminente peligro, aconsejó a los plebeyos que huyeran con sus familias, y se preparó a vender cara su vida.

En vez de abandonar sus hogares, los plebeyos de toda el área circundante se quedaron a su lado, en señal de respeto por la ayuda que les había prestado como Guardiana de la Torre. La noticia de una dama en peligro se propagó, y muchos Caballeros Noveles de los alrededores cabalgaron en su ayuda. La Dama del Lago tampoco había abandonado a su fiel sirvienta; Caballeros Andantes y los dispersos Caballeros del Grial se reunieron junto al lago, atraídos por augurios y sueños enviados por la Dama del Lago.

Cuando la Doncella Espectral llegó, tanto el Lago Tranquilo como la Torre de la Hechicería estaban fuertemente defendidos. Las fuerzas estaban muy igualadas, pero la Doncella Espectral no se atrevió a desobedecer a su amo. Se preparó para plantear la batalla junto a la torre. Allí esperaría que el enemigo elevara sus oraciones a la Dama del Lago. La Doncella Espectral sabía que en ese momento era cuando serían más vulnerables.

Desenlace HistóricoEditar

La Dama Iselda sentía tanta compasión en su corazón, que no pudo abandonar a los plebeyos que se habían reunido para defenderla. Iselda decidió permanecer cerca de la Torre, al mando de uno de los regimientos de Arqueros.

Mientras el escalofriante aullido de la Doncella Espectral anunciaba la llegada del enemigo, los Caballeros del Grial y los Caballeros Andantes que se habían reunido junto al Lago Bendito se apresuraron a ayudar a Iselda. Los rápidos Carruajes No Muertos y los Caballeros No Muertos a caballo avanzaron para interceptarlos.

Dirigidos por la hechicería maligna de la Doncella Espectral, las huestes de No Muertos se esforzaron por abrir una brecha entre los Caballeros y los Plebeyos. La Caballería Esquelética cargó contra los Hombres de Armas, y los Caballeros No Muertos a caballo interceptaron a los Caballeros que se habían reunido alrededor del Lago.

Los Caballeros No Muertos no fueron rival para los Caballeros, pero su intervención permitió a los No Muertos situar una gran bandada de Murciélagos sedientos de sangre entre los Caballeros y los Plebeyos. La Doncella Espectral y los Carroñeros atacaron a los Arqueros que dirigía personalmente Iselda. Los Plebeyos fueron rápidamente masacrados por la Doncella Espectral y por los picos de los Carroñeros. Con furia justiciera, los Caballeros aniquilaron el enjambre de Murciélagos, pero mientras espoleaban sus monturas y se preparaban para acudir en ayuda de Iselda, fueron atacados por los Carruajes No Muertos.

Viendo como todos los guerreros que la protegían caían muertos, Iselda huyó hacia los Caballeros que estaban trabados en combate cuerpo a cuerpo con los Carruajes No Muertos. Pero sus enemigos la perseguían de cerca. Triunfante, la Doncella Espectral cabalgó sobre los salvajes vientos de la Magia Oscura. La Guardiana de la Torre no tuvo salvación posible. La Doncella Espectral atrapó a la Guardiana, y la mató con su espada. Las baladas cuenta que en el lugar de su muerte crecen flores de lis.

Comentario HistóricoEditar

Los No Muertos atacaron con decisión, abriendo una brecha entre los dos grupos de Bretonianos. Esto les permitió destruir una a una las unidades Bretonianas, y matar a Iselda.

Los Caballeros lucharon valientemente y sufrieron muy pocas bajas, pero al no poder unirse a las fuerzas de Iselda, fueron incapaces de impedir que el Espectro y los Carroñeros mataran a Iselda.

Iselda quizás debería haber reunido un regimiento más poderoso a su alrededor, y permanecer más cerca de la Torre durante la batalla. Su decidido avance hacia los No Muertos fue su perdición.

El Espectro acertó al enviar contra los Caballeros sólo aquellas tropas que no se desmoralizaran. Esto impidió a los Caballeros atravesar fácilmente las líneas de los No Muertos, y todavía estaban luchando contra los Carruajes No Muertos y los Guerreros Esqueletos cuando el resto del ejército rodeó la Torre de la Hechicería.

Escenario 3: Carrera por el PuenteEditar

El retorno del joven herederoEditar

Cuando el número de maltrechos refugiados de los destruidos pueblos fronterizos aumentaba hasta formar un torrente, el Duque Gilon de Aquitaine izó su estandarte de batalla sobre el Castillo Aquin. Sus heraldos partieron para reunir a los caballeros del ducado, y para avisar a sus vecinos del peligro inminente. Poca ayuda cabía esperar de fuera del ducado, ya que las malas condiciones climatológicas habían dejado intransitables las carreteras y los pasos para el traslado de grandes contingentes de tropas. Además, la mayoría de los caballeros se hallaban en el Este, tomando parte en las guerras del Rey contra los Orcos. Los hombres de Aquitaine tendrían que enfrentarse ellos solos a este terror.

Mientras el Duque Gilon reunía sus fuerzas, su hijo Richemont regresó inesperadamente de su peregrinación al Santuario del Grial de Couronne. Había visitado la Gran Abadía de la Dama del Lago y las tumbas de los grandes héroes de Bretonia. Mientras ayunaba y rezaba, se había quedado dormido en el Gran Santuario. En sueños tuvo la visión de su hogar atacado por una terrible hueste de No Muertos, e inmediatamente había iniciado el regreso al castillo de su padre.

Sir Richemont conocía una forma de retrasar el avance de los No Muertos. En su sueño había visto que ningún Vampiro podía cruzar un curso de agua en movimiento si no era por un puente. Ya que sólo había uno que cruzara el río Morceaux a lo largo de muchos kilómetros, la destrucción de este puente obligaría a los No Muertos a dar un gran rodeo y permitiría a los Bretonianos ganar un tiempo precioso para reunir sus tropas. Los zapadores de Castillo Aquin podían destruir fácilmente el puente, y Sir Richemont se ofreció para dirigir un ejército de Caballeros que se adelantaría para evitar que los No Muertos lo ocuparan. Pidió voluntarios para ayudarle a defender el puente. El concilio de caballeros estaba dividido. Algunos apoyaban a Sir Richemont pues estaban convencidos de que la visión había sido enviada por la Dama del Lago, mientras que otros rechazaban el plan por considerarlo demasiado osado y peligroso.

Finalmente, muchos de los caballeros más jóvenes decidieron seguirle, ya que Sir Richemont era una figura carismática y popular entre los Caballeros Andantes. Pero prácticamente todos los Caballeros del Reino y la mayor parte de los soldados decidieron quedarse, ya que habían jurado permanecer en el castillo y defender la fortaleza de su señor feudal.

Por la mañana temprano, Richemont partió hacia el puente a la cabeza de su pequeño ejército, mientras los zapadores del castillo les seguían en sus carros tan rápidamente como podían. Pero sus enemigos también se aproximaban rápidamente.

El puente sobre el Río MorceauxEditar

Mientras tanto, el Caballero Oscuro, el más terrible de los capitanes del Duque Rojo, y también heraldo y paladín del Reino de Sangre, dirigía la vanguardia del ejército No Muerto, arrasando pueblos, quemando cosechas y matando a cualquier criatura viviente, hombre o bestia, que fuera lo bastante desafortunada para cruzarse en su camino. Los cuerpos eran abandonados sin enterrar, para que su amo pudiera realizar sus ritos Nigrománticos con ellos y aumentar su ejército de muertos vivientes.

Envió a sus Carroñeros para explorar, y los malignos espíritus que los montaban le informaron del ejército de Caballeros Bretonianos que se acercaba rápidamente al puente. El Caballero Oscuro, llevado por la ira y la arrogancia, se dirigió hacia el puente a la cabeza de sus tropas, decidido a aplastar a los Bretonianos y conquistar el puente para su siniestro amo. Envió a sus Carroñeros a informar al Duque Rojo, y llegó al puente justo cuando Sir Richemont lo cruzaba. Sin esperar a formar una línea de batalla adecuada cargó, decidido a aplastar el ridículamente pequeño ejército de caballeros que intentaba impedirle el paso.

Desenlace históricoEditar

El joven Sir Richemont cabalgaba en vanguardia de su ejército, y estaba muy adelantado del resto de sus tropas, que todavía estaban reorganizándose para poder cruzar el puente. En ese momento crucial, el cielo se oscureció cuando las alas de una innumerable cantidad de murciélagos ocultaron los rayos del sol. El Caballero Oscuro, a la cabeza de sus Caballeros No Muertos, cabalgó hacia el campo de batalla, ordenando a sus tropas que avanzaran hacia el puente, mientras que él mismo cargaba para interceptar y destruir a los Caballeros que ya estaban en su lado del río.

Largos son los relatos de los bardos sobre esta batalla, pero todos ellos se centran principalmente en dos combates. El Carruaje No Muerto, los Caballeros No Muertos montados y los Esqueletos armados con lanzas oxidadas atacaron conjuntamente a los Caballeros Andantes, y por unos instantes pareció que estos caballeros benditos sucumbirían ante el feroz ataque de los No Muertos. Pero los Caballeros Andantes, con un propósito sagrado, sobrevivieron a la avalancha de huesos y acero. Golpeando a diestro y siniestro, destruyeron a sus atacantes, y aunque la batalla prosiguió durante varias horas de lucha feroz, al final aniquilaron a todos sus adversarios. Mientras se libraba esta sangrienta batalla, Sir Richemont avanzó para desafiar al Caballero Oscuro en combate personal. Aunque ambos combatientes estaban muy igualados, el valor de Sir Richemont prevaleció, y finalmente le permitió derrotar a su adversario. El día terminó con la victoria Bretoniana y el puente pudo ser destruido por los zapadores.

Ahora el Duque Rojo no disponía de ningún acceso fácil hacia las tierras de Bretonia. Cuando al día siguiente el Duque llegó al lugar, sólo encontró una fuerte corriente, y podía sentir la ira de la Dama del Lago que fluía por él. Su capitán más fiel ya no existía, y sus Caballeros No Muertos habían sido enviados de nuevo al reino de los muertos. Con su negro corazón lleno de una fría furia, el Duque Rojo juró vengarse, y ordenó a su ejército que avanzara hacia el Este, donde podría cruzar el río por un puente más pequeño. Pero esto le haría perder un tiempo precioso. Ahora los Caballeros de Aquitania podrían reunir todas sus fuerzas para enfrentarse a él.

Comentario HistóricoEditar

Los jóvenes caballeros que acompañaban a Sir Richemont estaban decididos a no amedrentarse por los numerosos No Muertos. De esta forma su equipo superior, su disciplinado entrenamiento y su gran habilidad en combate serían insuperables para el enemigo. Cuando ni siquiera la carga del Caballero Oscuro logró dispersar a los valientes Bretonianos, la batalla estuvo perdida para los No Muertos. La caballería pesada Bretoniana demostró su superioridad sobre las tropas No Muertas.

El resultado de esta batalla significó que el Duque Gilon tuvo tiempo suficiente para reunir todas sus tropas y planear adecuadamente la batalla que se avecinaba. Ahora el Duque Rojo tendría que enfrentarse a todo el poder de los Caballeros de Aquitania.

Escenario 4: La Batalla del campo de CerenEditar

Cae la oscuridadEditar

Los pueblos fronterizos de Aquitaine estaban vacíos, arrasados por el enemigo. Los campos de cultivo habían sido abandonados y el invierno destruiría las cosechas. Pájaros carroñeros sobrevolaban toda esta destrucción, podían verse los espíritus de los muertos caminando por los campos, y los restos de los muertos más recientes avanzaban torpemente sobre sus pies, blandiendo armas contra sus hijos y hermanos. Cada día que pasaba, aumentaban las malignas tropas del ejército del Duque Rojo. Cada día que pasaba, acercaba la victoria a las garras de los No Muertos.

Las antorchas del Castillo Aquin permanecían encendidas hasta muy tarde mientras el Duque Gilon y sus consejeros deliberaban en consejo. Los capitanes de los caballeros discutían acerca de las acciones que debían llevarse a cabo. No podía esperarse ayuda alguna del Rey o de los Ducados próximos, ya que la mayoría de sus caballeros estaban luchando en una Guerra de Caballeros Noveles contra los Orcos o, defendiendo las fronteras. Nadie se esperaba que tuviera lugar una guerra en el interior de Bretonia. Aquitaine estaba sola ante este antiguo mal.

El consejo estaba dividido. Algunos, encabezados por el joven Sir Roget, querían salir y desafiar al Duque Rojo en combate singular. Otros, todos ellos curtidos veteranos, sugirieron fortificar aún más el Castillo Aquin y resistir hasta que llegaran refuerzos. Al final, el Duque Gilon rechazó ambas ideas.

"No podemos esperar que esta criatura maligna respete el Código de la Caballería -dijo- Y no hay suficientes suministros en el castillo para resistir un asedio prolongado, mientras que nuestros enemigos no necesitan ni comida ni descanso. Sus tropas no se sublevarán contra su amo ni se cansarán de esperar. La vigilancia de sus centinelas no se relajará. Estaríamos atrapados como ratas. Y también debemos pensar en los habitantes de Aquitaine, que no tienen protección alguna contra este enemigo cruel -el viejo Duque suspiró profundamente-. No, nuestra única posibilidad es salir y combatir a nuestro enemigo allí donde se encuentre, y rogar que la Dama del Lago nos conceda la victoria ¿Quién está conmigo? No le pediré a ningún hombre que venga en contra de su voluntad".

Uno por uno, los Barones y Caballeros de Aquitaine desenvainaron sus espadas y las dejaron sobre la mesa. Todos ellos juraron seguir al Duque Gilon hasta la muerte. Conmovido por la lealtad de sus hombres, el Duque Gilon dijo:

"Estoy orgulloso de todos vosotros. -entonces llamó a sus escuderos- ¡Traedme mi espada y ensillad mi Pegaso! ¡El Duque de Aquitaine parte hacia la guerra!".

En pocos días, la mesnada de Aquitaine estaba preparada para enfrentarse a los No Muertos. Una fila tras otra de Caballeros equipados con relucientes armaduras y adornados con la magnífica librea de Aquitaine estaban dis-puestos para defender su tierra. Grandes unidades de robustos Hombres de Armas y ágiles Arqueros estaban preparadas para combatir contra las legiones de No Muertos del Duque Rojo. Los Escuderos se desplegaron en unidades de hostigadores, preparados para explorar los territorios por donde avanzaría el ejército. El Duque Gilon, montado en Fulminer, su leal Pegaso, recibió la ovación de sus tropas. Las leyendas cuentan que nunca se había reunido en Aquitaine un ejército más grande ni más valeroso que el que partió para combatir contra los No Muertos del Duque Rojo.

Terreno sagradoEditar

El ejército atravesó las puertas del Castillo Aquin y desapareció en la bruma. El Duque Gilon decidió presentar batalla al enemigo en el Campo de Ceren. En él, según los juglares, el Rey Louis había conseguido una gran victoria sobre el Duque Rojo.

En este lugar sagrado también estaba enterrado el Duque Galand, un antepasado de Gilon, que murió luchando valerosamente contra los enemigos de Bretonia. Gilon, que conocía bien el corazón de los hombres, sabía que el lugar incitaría a sus tropas a realizar actos de gran valor y alentaría sus espíritus. Si los Bretonianos habían conseguido derrotar una vez a los No Muertos en ese campo de batalla, podían hacerlo de nuevo.

Medio día después de que los Bretonianos llegaran al Campo de Ceren, los exploradores informaron de que el enemigo estaba aproximándose y que llegaría en menos de una hora. De repente, una gran sombra se cernió sobre la mesnada del Duque Gilon. La creciente oscuridad anunciaba la llegada de sus enemigos.

Una enorme bandada de gigantescos Murciélagos Vampiros, invocados por el Señor Vampiro, oscurecieron la luz del sol. Al son de tambores fabricados con piel humana, legión tras legión de Esqueletos amarillentos avanzaron por la llanura. Tras ellos se tambaleaban los Zombis, con sus podridos cerebros obsesionados con una sola idea: matar a todo ser viviente. Mortíferas máquinas de guerra construidas con huesos humanos y magia negra fueron emplazadas en sus posiciones. La Caballería Esquelética avanzó como un sombrío recordatorio a los Caballeros de que ellos también eran mortales. Y en medio de la hueste, la cara blanca como la cera del Señor Vampiro no mostraba emoción alguna, sus ojos ardían como antorchas, prometiendo la condenación eterna a quien osara desafiarle.

El Duque Rojo, que poseía unos sentidos más agudos que los de cualquier ser vivo, inspeccionó el campo de batalla. Su mirada penetró todas las sombras y observó la brillante armadura del Duque Gilon Alzó su espada, como una burla del tradicional gesto de desafío de los Caballeros. Nunca podría haber paz entre estos dos poderosos guerreros: uno, un caballero caído; el otro, un brillante ejemplo de los ideales del Código de la Caballería.

El campo de batalla estaba cubierto con los huesos de los héroes de antaño, los guerreros que una vez lucharon contra los Orcos y Goblins en estos campos y construyeron el Reino de Bretonia con su sangre y su sacrificio. Éste era un lugar sagrado para los Bretonianos. Pero el Duque Rojo sonrió; sus ojos eran fríos como el hielo ya que los vientos de la Magia Oscura se arremolinaban en la llanura, concentrándose alrededor de los restos de los guerreros muertos. Los hechizos Nigrománticos del Duque Rojo podrían lanzarse con facilidad.

Bajo las oscuras alas de los murciélagos, los dos ejércitos se dispusieron para el combate, y los dioses observaron la lucha que decidiría el destino de Aquitaine.

Desenlace históricoEditar

Los Bretonianos llegaron al Campo de Ceren a primera hora de la mañana y el Duque Gilon, temiendo que los No Muertos les evitaran y atacaran los pueblos que estaban defendiendo, envió exploradores para que descubrieran los movimientos del enemigo. Los Escuderos encargados de esta misión regresaron rápidamente e informaron que los No Muertos se acercaban. Advirtieron de los grandes enjambres de Murciélagos que volaban por delante del ejército No Muerto y de que el Duque Rojo en persona cabalgaba al frente de sus tropas, con el cuerpo del Caballero Santo colgando de su Estandarte de Batalla. Cuando el Duque Gilon oyó esto, se enfureció y juró que no abandonaría el campo de batalla hasta que Aquitania se viera libre de ese monstruo. No tuvo que esperar mucho para tener su oportunidad.

Mientras la niebla se disipaba, los Bretonianos aprovecharon el lento despliegue de los No Muertos para avanzar. Se encontraban en un terreno sagrado para los Bretonianos, y no estaban dispuestos a ceder ni un centímetro ante los ejércitos malignos de los No Muertos.

El Duque Rojo entró en combate pletórico de confianza, su ejército era numéricamente superior y estaba mejor preparado para la batalla. Los Nigromantes de su ejército eran superiores en número a los hechiceros Bretonianos en una proporción de tres a uno. Estaba seguro de que esta vez los No Muertos vencerían, y él obtendría su venganza.

El Duque Gilon aprovechó el menor tamaño y la mayor maniobrabilidad de su ejército, y mientras los No Muertos todavía estaban desplegando en una línea de batalla, sus Caballeros avanzaron, preparados para cargar contra los No Muertos tan pronto como fuera posible. Su hijo estaba al mando de los Caballeros Andantes en el flanco derecho, mientras que el Duque avanzaba junto a sus leales Caballeros del Reino.

El Duque Rojo alzó sus manos, y con un inmenso esfuerzo lanzó un hechizo, a pesar de los desesperados intentos del Hechicero Bretoniano por impedirlo. La Caballería Esquelética cargó contra los Caballeros Andantes, pero su carga carecía de la fuerza necesaria para atravesar la muralla de acero y valor con que se encontraron. Los Caballeros respondieron con furia, y el campo se cubrió rápidamente con los restos de los Corceles Esqueléticos y sus jinetes.

El Duque Rojo se dirigió hacia la tumba de Sir Galand, y con un golpe de su espada mágica destruyó la placa de piedra donde estaba grabado el símbolo del Grial. Ahora que la tumba ya no bloqueaba el flujo de la Magia Oscura, notó cómo el poder corría de nuevo por sus venas. Para probar sus poderes, invocó a los vientos de la magia Nigromántica, y lanzó un devastador hechizo de destrucción contra los Caballeros del Reino, matando a casi la mitad de ellos.

Los Lanzadores de Cráneos dispararon sus proyectiles incesantemente, destruyendo casi por completo a los Caballeros Noveles, y matando a muchos de los Escuderos ¡La batalla tomaba un mal cariz para los Bretonianos!

Pero los Caballeros contraatacaron con un gran valor, y avanza-ron por los flancos, aniquilando a las Momias y a los Zombis. Una vez más, los Caballeros demostraron el poder de una carga de su caballería, y dispersaron fácilmente a los No Muertos.

Los Escuderos y los Arqueros concentraron su fuego sobre los retumbantes Carruajes No Muertos, y sus esfuerzos dieron resultado. El último de los Carruajes fue destruido pocos metros antes de alcanzar la línea de Arqueros. Una vez eliminada esta amenaza, los Arqueros pudieron dividir su fuego entre los Lanzadores de Cráneos y los regimientos de No Muertos. En este momento crucial, el Duque Gilon se lanzó en picado desde el cielo y desafió al Duque Rojo en combate singular. Sonriendo con frialdad, el Señor de los No Muertos aceptó, y ambos adversarios se enfrentaron en una lucha de proporciones titánicas. El Duque Rojo fue herido por la espada mágica del noble Bretoniano, pero a su vez respondió trazando un brillante arco con su dorada espada. La velocidad y la potencia del ataque fue demoledora, y atravesó la armadura del viejo Duque Gilon. La espada del Vampiro desgarró el cuerpo del Duque con una herida mortal. Los Caballeros del Reino acudieron prestos en su ayuda, pero ya era demasiado tarde. El pánico se propagó por las filas del ejército Bretoniano, pero sólo un regimiento de Escuderos abandonó el campo de batalla.

Saboreando su victoria, el Duque Rojo aulló triunfante, y se giró para buscar nuevos adversarios para matar. Pero mientras sus ojos recorrían el campo de batalla, se dio cuenta de que su ejército estaba siendo aniquilado. Los Hombres de Armas, redoblando sus esfuerzos, habían aplastado a los regimientos de Guerreros Esqueletos. Por todas partes su ejército estaba siendo destruido por los Bretonianos, que estaban vengándose de la pérdida de sus seres queridos y de los horrores que había sufrido el ducado a manos del Duque Rojo.

Mientras los últimos rayos de sol caían sobre el campo de batalla, el Duque Rojo se volvió y huyó hacia la oscuridad, gritando su odio y venganza, con los Caballeros Andantes persiguiéndole de cerca.

Comentario HistóricoEditar

Como cabía esperar, los Bretonianos se prepararon para efectuar una carga en masa y expulsar así a los invasores del terreno sagrado. Era su única oportunidad de detener a los No Muertos y salvar al Ducado. La flor y nata de la caballería Bretoniana se había reunido allí, incluidos los misteriosos Caballeros Andantes, que no sirven a ningún poder terrenal, sino a la Dama del Lago.

Los No Muertos contaban con numerosas ventajas, como las máquinas de guerra y los Nigromantes; pero en combate, los Esqueletos y los Zombis no eran rival para los Caballeros.

El propio Duque Rojo demostró cuán poderoso y terrible podía ser como enemigo un Señor Vampiro. Destruyó la tumba del Héroe Bretoniano y derrotó él sólo a una unidad de Caballeros.

La clave de la batalla fue que los Hombres de Armas tuvieran el temple necesario para luchar contra los Guerreros Esqueletos, ya que una vez trabados en combate, los Esqueletos fueron destruidos con relativa facilidad. Los Arqueros también tuvieron una actuación distinguida, abatiendo a un gran número de No Muertos.

Al final, los Bretonianos obtuvieron la victoria, pero fue una victoria pírrica. Su amado Duque había muerto, y los cuerpos de sus valientes Caballeros yacían por todo el campo de batalla. Menos de la mitad del ejército Bretoniano vivió para contarlo, y muchos de ellos estaban heridos. Sir Richemont asumió el título de Duque de Aquitaine, y juró gobernar sabiamente, cumpliendo los deseos de su padre.

Por lo que respecta al Duque Rojo, fue perseguido durante meses por los Caballeros Andantes, pero nunca lo encontraron. Su siniestra leyenda todavía ronda las pesadillas de los Bretonianos de Aquitaine. Ha engañado a la muerte una vez, ¡y quién sabe si podría hacerlo otra vez? Pero al menos de momento el círculo de sangre estaba completo.

Personajes EspecialesEditar

BretonianosEditar

No MuertosEditar

FuenteEditar

  • Campaña: Círculo de Sangre

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