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Caballeros de la Necrópolis

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Caballero de la necroplis.png

Los Caballeros de la Necrópolis son guerreros de élite que montan sobre estatuas gigantes con forma de serpiente. Se mantienen agarrados a sus monturas mediante un afilado gancho, que sostienen firmemente con una de sus manos momificadas, mientras que en la otra llevan una pesada y afilada lanza. Las monstruosas estatuas sobre las que van montados son capaces de destrozar huesos y hasta metal con cada golpe de sus colas, y de hundir sus garras similares a cimitarras en la blanda carne de cualquier enemigo.

Originalmente, las Necrosierpes fueron construidas para vigilar las entradas a los templos del Culto Mortuorio. Su estatura es enorme, e incluso enroscadas suelen medir más del doble que un humano. Aunque algunas parecen víboras esqueléticas o áspides de dos cabezas, la mayoría fueron creadas con el aspecto de una cobra de Khemri, pues Qu'aph, el dios Nehekhariano de las cobras, las eligió como su forma corpórea. Se dice que Qu'aph daba caza a los dragones que habitaban en el Valle Fértil antes de la llegada del Hombre. El dios permanecía emboscada bajo la superficie del desierto hasta el momento de surgir de improviso sobre su presa y atravesarle la escamosa garganta con sus garras del tamaño de lanzas. El veneno de la cobra de Khemri es tan potente que incluso una sola gota es suficiente para matar a una docena de caballos de guerra o a una gran cantidad de hombres adultos. Aquellos que son mordidos por una de estas serpientes mueren con un rictus de agonía en sus caras, mientras cada músculo de su cuerpo se contrae hasta el punto en que se le rompen los huesos y se le parten los dientes. Misteriosamente, los colmillos de las Necrosierpes rezuman con el mismo tipo de veneno.

En la base de cada Necrosíerpe hay un pedestal que contiene un espacio hueco, como una pequeña alcoba, dentro de la cual descansa el sarcófago de un Caballero de la Necrópolis. En vida, estos guerreros servían en las sagradas filas de la Guardia del Sepulcro y todos eran luchadores leales y veteranos encallecidos. Sin embargo, los constantes años de violencia y masacres se habían ido grabando tan profundamente en sus mentes, que su ansia por matar acababa por dominarles por encima de su afamada disciplina marcial. Dichos soldados mostraban actitudes preocupantes tales como abandonar sus formaciones sin previo aviso, ser incapaces de obedecer órdenes mientras quedase un enemigo vivo, y demás actos de indisciplina que podían llegar a poner la vida del rey en peligro mortal.

Michael Franchina Snake Necrosierpe Reyes Funerarios.jpg

La pena para estos comportamientos solía ser la deshonra del exilio, ante la cual muchos preferían cometer un suicidio ritual. Otros Guardias del Sepulcro, sin embargo, demostraban ser lo bastante valientes como para elegir un destino aún más agonizante, pero que les diese la posibilidad de servir de nuevo a su rey en la eternidad: cortarse las palmas de las manos y llenar con su sangre la panza de una Necrosierpe, para luego presentar sus heridas abiertas justo bajo el veneno que goteaba de los colmillos de la bestia. Según se decía, a medida que las toxinas descoyuntaban el cuerpo del guerrero, del dios Qu'aph escrutaba detenidamente su alma, y si le parecía lo bastante digna le concedía la bendición de renacer en la otra vida como un Caballero de la Necrópolis, un guerrero dotado de las habilidades, poderes y fuerza de los mismos dioses. Tras morir, estos combatientes de élite eran momificados y enterrados con toda su panoplia de armas y equipo de guerra, justo bajo la misma estatua Necrosierpe a la que se habían sacrificado poco antes.

Cuando los Caballeros de la Necrópolis se despiertan para servir en el ejército inmortal del Rey Funerario, las Necrosierpes que descansan junto a sus sepulcros vuelven también mágicamente a la no-vida. Jinete y montura se ven reanimados por el alma de un mismo guerrero, y se mueven y actúan como un solo ser, marchando a la guerra en perfectas filas de terrorífica caballería. Las Necrosierpes pueden desplazarse por debajo de las dunas del desierto a buena velocidad, emergiendo de pronto en medio de una cascada de arena, con los Caballeros de la Necrópolís orgullosamente montados a sus grupas, sus lanzas apuntando al enemigo listas para hacer correr su sangre. Las serpentiformes Necrosierpes utilizan sus colmillos y garras para destripar y rajar en todas direcciones, dejando un reguero de muerte y horror allí por donde pasan. Es extremadamente difícil aguantar con éxito la carga de los Caballeros de la Necrópolis, pues se tratan de oponentes increíblemente poderosos y difíciles de vencer: dado que la montura y el jinete comparten la misma alma, sólo destruyéndolos a ambos se podrá derrotar por completo a un Caballero de la Necrópolis. Una hazaña al alcance de muy pocos enemigos.

MiniaturasEditar

  • 8ª Edición.

ImágenesEditar

  • Caballeros del Templo de AsaphIr a Caballeros del Templo de Asaph

FuenteEditar

  • Ejércitos Warhammer: Reyes Funerarios (8ª Edición).

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