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Cantor sigmarita.

"Levanto mi voz en la canción para levantar el ánimo de nuestros fieles y la energía de nuestro dios."
Cantor anónimo

Los Cantores son vocalistas de gran talento que han consagrado sus vidas a la interpretación en coros de templos y durante rituales. Los cantores son los encargados de dirigir al coro durante los servicios, además de instruir a cada uno de sus componentes. Algunos también son músicos consumados y componen nuevos himnos de alabanza a sus deidades.

Además de entonar cánticos, muchos cantores tienen la capacidad de realizar encantamientos y mantras que ayudan a los sacerdotes en la celebración de sus rituales divinos; para las ceremonias más poderosas, un sumo sacerdote podría requerir la presencia de muchos cantores. El símbolo más común del oficio de un cantor es una vara corta con la que golpean el suelo (o a los coristas que se van del tono) para llevar el ritmo de la música cuando dirigen al coro. Un cantor experto puede mejorar la reputación de un templo y de sus sacerdotes sin apenas proponérselo.

El CoroEditar

Muchos servicios religiosos contienen himnos y demás cantos de alabanza. En la mayoría de los templos son recitados por la congregación, pero algunos tienen la suerte de contar con un coro de talentosos cantantes que prestan sus voces a las ceremonias. Estos coristas también ayudan a los clérigos en sus ritos recitando y cantando al unísono.

Sólo los más grandes y prósperos templos emplean coristas profesionales; los más célebres de todos ellos son los denominados cantores. No todos los cultos disponen de coros; normalmente sólo se utilizan en templos de Sigmar y Shallya, aunque los ulricanos y los myrmidianos a veces organizan coros marciales que recitan himnos bélicos y cánticos de batalla.

En Memoria Editar

-Geheimnisnacht está sobre nosotros, la gloria sea con Morr, el Gran Cuervo.

Eckhardt von Rach levantó los ojos grises hacia el cielo nocturno, agradecido por las lunas llenas que adornaban la Noche de los Misterios. Esta era su primera noche sagrada como Cantor del Jardín Amortajado de Morr, sería la primera vez que su nuevo himno, "La Oda del Cuervo", se llevaría a cabo.

-Que el Señor de los Sueños y Presagios acepte esta escasa ofrenda de palabras y canto para anunciar la llegada de una gran alma a su custodia como Dios de los Muertos. En esta noche, enterramos al Señor Varrakhen, y esta oda es en su honor y el tuyo, mi señor.

Sus pesadas túnicas de cantor evitaban el frío otoñal, aunque la capucha echada hacia atrás no podía proteger su cabeza tonsurada. Eckhardt sintió la brisa arremolinarse en torno a él cuando dio el último paso al estrado, mirando hacia arriba al coro que había montado a partir de los pueblos de los alrededores.

Un grupo heterogéneo en el mejor de los casos, y joven, pero sus voces se adaptan a mis necesidades. No es necesario que comprendan plenamente la gloria de Morr, sólo tienen que cantar una melodía y dejarse llevar por ella. Mi fe y mi piedad serán suficientes para todos nosotros.

Los siete sacerdotes detrás de él comenzaron la Letanía de Morr, la última oración funeraria entonada entre el sumo sacerdote y los seis sacerdotes que llevaban el ataúd. Los asistentes funerarios fueron guardando silencio, por respeto al hombre muerto delante de ellos y al gobernante del Inframundo que les rodeaba, con su jardín de tumbas enclavado dentro de este claro del bosque.

Eckhardt escuchó atentamente, recordando los estudios de hace mucho tiempo que quemaron el Paseo de los Muertos y sus cadencias en su cabeza. Recordó su camino de los servicios que realizó, siempre caminando exactamente 116 pasos desde el comienzo de la letanía hasta el descanso final del muerto.

Mientras los cuatro sacerdotes bajaban el ataúd a su tumba, el sumo sacerdote terminó la Letanía de Morr. Eckhardt alzó las manos, y mientras Accolo cerraba su libro de oraciones, las voces de soprano llenaron el aire a su alrededor, seguidas por los altos y bajos con cada uno de sus cánones a su vez.

-La potencia de nuestras voces pueden convocar, puede usarse para un propósito mayor que el simple réquiem de un noble. Que este himno otorgue un poder sagrado para soñar, no sólo para la muerte.

Eckhardt dejó que su propia voz de barítono se uniera al coro, con su cayado de cantor sonando sobre el mármol gris para recalcar el estribillo de su himno. En honor a los fallecidos y sus sueños.

FuentesEditar