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Carnaval Pandemónium

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En cualquier camino importante del Imperio pueden encontrarse viajeros de todo tipo. La mayoría tienen un motivo para estar en el camino; algunos vagan porque carecen de hogar; pero para unos pocos el viaje en sí se ha convertido en un fin más que en un medio.

Cinco carromatos tirados por bueyes y cargados hasta arriba nunca dejan de constituir un espectáculo interesante en los caminos del Imperio. Cinco carromatos cargados hasta arriba que aún no hayan sido asaltados y saqueados constituyen un espectáculo doblemente interesante. Sea lo que sea que necesita tanta protección debe ser muy valioso. O muy peligroso. Puede que las palabras destacadas con colores chillones sobre los letreros de tela que penden a los lados de los vehículos ofrezcan alguna pista sobre por qué estas carretas en particular pueden viajar tan seguras:

Carnaval pandemonium.png
No muchos bandidos saben leer. Ni siquiera cuando las letras son pocas y sin rodeos. Si ya son muchas, descorazonarán incluso al bandido más ilustrado y dejarán impasibles a aquellos que gozan de una buena reputación. Pero hasta el salteador más estupido e ignorante sabrá que le conviene dejar en paz a este grupo de viajantes en particular.




Wolfgang y sus hombresEditar

El carnaval Pandemónium y la Feria de Prodigios Ambulante no es ni más ni menos que lo que su nombre indica: un zoo itinerante de animales curiosos, algunos de ellos amaestrados por el Doctor Wolfgang Hollseher, su propietario. Este personaje se define a sí mismo como adivino, sabio, herbolario, trotamundos, actor en sus tiempos y empresario teatral, y gran experto en animales tanto corrientes como sobrenaturales, amigo de la nobleza de varios estados importantes, escritor y colecionista de todas las culturas, alquimista, maestro de esgrima, bebedor, cocinero distinguido y veterinario sin par. Y éstas son sólo las flores que se echa cuando está acompañado.

Wolfgang no es persona que se tenga en baja estima, ni a su carnaval o casa de fieras. Tiene motivos para mostrarse orgulloso de su circo, pues existen pocas colecciones de Hombres Bestia en todo el Viejo Mundo que se le puedan comparar, y mucho menos que viajen en carromatos. Tan sólo la pintura descascarillada de sus vehículos da a entender que sus días de oro quedaron atrás.

Wolfgang cuenta con un equipo de colaboradores de ocho humanos y un enano. Su segundo de a bordo se llama Benbow, quien en sus tiempos fuera un marinero de Albión y que aún sigue siendo un tipo duro. Benbow da las órdenes a los cuidadores y encargados: Gran Anders, Pequeño Anders, Bertoldo, Ivan, Magda y Mijail. Ellos se encargan del trabajo duro. El humano que falta es la Abuela Haller, y Benbow no es tan tonto como para decirle lo que tiene que hacer. Cocina para los demás y les echa las cartas cuando el circo se instala en una feria. El último componente de la cuadrilla es una persona curiosa y quizás incluso inesperada: Magnus el enano va demasiado bien vestido y su aspecto es demasiado blando (para tratarse de un enano, ya que éstas cosas siempre son algo relativo) para tratarse de un obrero. Es de dominio público que los enanos no sirven como domadores, pese a lo cual Magnus es el veterinario de Wolfgang. A cambio de su contribución a la hora de mantener a los Hombres Bestia con vida, Magnus tiene permiso para estudiarlos. De hecho, se trata de un erudito que está aprovechando la oportunidad para observar la colección de Wolfgang.

Como cabría esperar, los Hombres Bestia constituyen un elenco variado, donde uno de ellos ni siquiera es un Hombre Bestia de verdad. En total, los carromatos reforzados de Wolfgang alojan a doce especímenes. Su tamaño va desde el gigantesco Urzo, dos veces mayor que un hombre, a los diminutos gemelos, "hombres bestia de bolsillo" idénticos que no alcanzan los treinta centímetros de altura. La joya de la colección es la "Bestia Imperial", ¡un Hombre Bestia con auténtica piel de oro! El otro espécimen destacado en realidad no es un Hombre Bestia propiamente dicho: Rassarak, un Skaven albino y ciego.

El bueno del doctor y su personal han desarrollado una gran habilidad y valor a la hora de mantener a estas bestias bajo control. También han acumulado una gran cantidad de conocimientos acerca de los Hombres Bestia del Viejo Mundo; sobre todo en lo que respecta a mantenerles con vida, aunque también sabrían decirte unas cuantas formas distintas de matarlos.

El circo se ha pasado varios años de gira por las principales ciudades del Viejo Mundo. Wolfgang ha enseñado a sus Hombres Bestia desde Kislev a Estalia y en muchos otros lugares por el camino. Pero ahora, Wolfgang, sus ayudantes, e incluso su almacén de criaturas, se están haciendo viejos, con lo que el circo viaja sólo dentro de los límites del Imperio, visitando feria tras feria. El tiempo no perdona a nadie.

Los carromatosEditar

Carnaval pandemonium camino.png
El Carnaval Pandemónium lo componen ocho vehículos: la diligencia personal de Wolfgang, una caravana dormitorio para sus sirvientes, otra para el equipaje y cinco jaulas para sus exhibiciones.

Las jaulas son los carromatos que más llaman la atención. Se trata de vehículos sólidos, compuestos por una pesada jaula de hierro dispuesta sobre un resistente chasis. Cuatro bueyes tiran de cada una, haciendo rodar sus inusitadamente anchas ruedas.

Cuando está en marcha, las jaulas, y su contenido, quedan ocultas bajo delgados paneles de madera y cubiertas de lona. Cada cubierta puede retirarse por separado a fin de mostrar a sus ocupantes como sea preciso. Wolfgang posee el único juego de llaves y jamás de los jamases saca a las bestias fuera de las jaulas mientras les quede un hálito de vida en el cuerpo. Los trabajadores del carnaval están acostumbrados a manejar su carga sin necesidad de contacto físico y en ningún momento se requiere que entren en las jaulas. Los Hombres Bestia también han aprendido la importancia del buen comportamiento: los que no "se porten bien" no comen.

El carruaje de Wolfgang, tirado también por bueyes, encabeza la caravana y suele estar bien cerrado. Cuando el carnaval sienta el campamento, esta carreta hace las veces de taquilla. En su interior se encuentran su cama y equipo, incluidos los libros y otros objetos. Su pintura es la más reciente y resulta el más colorido de los carros, con letreros dibujados con chillones colores verdes y rojo cubriéndola por ambos lados. Bajo el suelo a la altura del eje trasero se encuentra una caja fuerte que contiene los fondos del carnaval, una ecléctica colección de monedas de todos los rincones del Viejo Mundo.

La caravana de los trabajadores es casi tan vistosa como la de Wolfgang. Posee dos paneles que se abren desde cada lado para ampliar el suelo sobre el que dormir, y un brasero de hierro que mantiene el habitáculo cálido y acogedor independientemente del tiempo. Cuando la caravana está cargada, no queda sitio para nadie más, puesto que todo lo que los empleados puedan necesitar durante su viaje se encuentra en su interior. Todo encaja perfectamente en su sitio, desde las mantas y cataplasmas a las cacerolas e hierbas. Incluso disponen de un montón de leña seca para los días de lluvia. La Abuela suele hacer las veces de conductora de esta caravana.

La carreta del equipaje se destina a objetos que no necesiten desembalarse cada vez que la caravana se detenga para pasar la noche. Entre estos enseres encontramos la plataforma empleada por Wolfgang para su espectáculo de magia (escénica), y las banderas y guirnaldas que decoran la carpa del carnaval. Disponen incluso de un mástil de tres piezas plegable donde Wolfgang izará un cartel para anunciar su llegada a la gente del lugar. Un elemento del equipo que se desembala todas las noches es el juego de vallas con las que se delimita el área destinada a los animales. Ya que le cuesta caminar todo el día siguiendo el ritmo de las carretas, Magnus se ha convertido en el conductor habitual de ésta.

Solo la primera de las jaulas dispone de un conductor en todo momento. Los ronzales de los bueyes de las demás se atan al carro de enfrente. Los empleados suelen caminar junto a las carretas y estar pendientes del camino.

Las cabras, ocas y los pollos caminan a su ritmo tras la caravana y proporcionan la comida extra de la compañía durante el viaje. Los animales procuran no despistarse porque saben que por la noche les darán bien de comer. Se trata, claro está, nada más que de provisiones ambulantes para el carnaval en sus trayectos de ciudad en ciudad. El Pequeño Anders y Magda se ocupan de los animales domésticos.

El orden de la caravana cuando viaja es siempre la diligencia de Wolfgang, el carromato con el equipaje, las jaulas, la caravana dormitorio y por último el rebaño de cabras mezclado con las ocas y las gallinas.

Cuando la compañía se ha detenido para realizar una actuación, los carromatos suelen disponerse en forma de herradura, con la diligencia de Wolfgang atravesada en la boca de entrada haciendo las veces de taquilla.

Cuando acampan por la noche, los carromatos conforman un círculo irregular con la caravana dormitorio en el centro y los bueyes encerrados en las proximidades. Uno de los empleados estará siempre despierto, aunque los mismos Hombres Bestia hacen las veces de sistema de alarma a las mil maravillas si detectan un intruso.

Los trabajadores nunca encienden ninguna hoguera al aire libre cuando acampan. Wolfgang les ha inculcado un miedo feral al fuego a sus Hombres Bestia con el fin de mantenerlos bajo control, y las llamas no harían sino alarmarlos de forma innecesaria, cuando no entrar en un frenesí enloquecido.

Libros y otros objetos de interés

Gran Libro de los Agravios.jpg
Entre las pertenencias de Wolfgang se cuentan tres interesantes libros con los que Magnus y él llevan trabajando algún tiempo. El primero es la copia de un texto antiguo, Tratado acerca del Corrosivo Efecto del Caos sobre las Mentes y Cuerpos de sus Sirvientes, y las Marcas que Sirven para Identificar a tales Criaturas en los Primeros Estadios de su Corrupción. Sirva su título para describir su contenido; por desgracia, aunque resulta muy detallado en muchos aspectos, también comete numerosos errores en algunas de sus observaciones. Sostiene, por ejemplo, que el Caos siempre marca a sus víctimas con una mutación visible antes de que su moral comience a corromperse, cuando suele ocurrir exactamente lo contrario. Los apuntes y notas al margen que Magnus y Wolfgang le han añadido al libro resultarán sin duda mucho más interesantes para cualquier genuino estudioso del Caos que el libro en sí. Cualquier Cazador de Brujas estaría dispuesto a pagar una buena cantidad por este texto, aunque lo más probable es que terminaran acusando al propietario del mismo de demostrar un interés malsano por la "brujería del Caos" a fin de conseguir hacerse del libro gratis.

El segundo de los textos es el amplio Diario y Anotaciones sobre los Hombres Bestia, su Comportamiento y sus Costumbres Antinaturales de Wolfgang, que es más un portafolio de notas garabateadas y bocetos que un libro propiamente dicho. Salta a la vista tras haberle echado un vistazo a sus páginas que Wolfgang ha elaborado un trabajo concienzudo. Aquí encontramos ilustraciones anatómicas, listas de hábitos alimenticios, y muchas otras cosas que podrían interesar a cualquier estudioso y erudito del Viejo Mundo que estudiara, no ya a los Hombres Bestia, sino al Caos en general.

El último volumen es una copia impresa de un libro titulado Tratado sobre la Piedra de Disformidad y sus Usos en las Artes Médicas y Alquímicas. Wolfgang aparece como el autor, y el libro se imprimió en la ciudad Bretona de Parravon. Una vez más, el gran número de anotaciones al margen indican que ha estado trabajando concienzudamente en una segunda edición.

No obstante, cualquier Cazador de Brujas del Imperio tendría buenos motivos para pensar que el propietario de este libro es un peligroso servidor del Caos, puesto que el libro requiere el empleo de Piedra de Disformidad para todas sus prácticas. Por desgracia, al utilizar la Piedra de Disformidad en tratamientos de enfermedades, existe una posibilidad de que el paciente desarrolle algún tipo de mutación del Caos. Las propias notas de Wolfgang apuntan este hecho, aunque no se encuentra más cerca de solucionar estos efectos secundarios que cuando comenzó el trabajo. Wolfgang ha tenido mucha, mucha suerte hasta ahora en sus estudios.

Wolfgang posee numerosas licencias para su compañía otorgadas por varios nobles y autoridades eclesiásticas a lo largo y ancho del Viejo Mundo. Durante todos estos años, ha tenido mucho cuidado de mantenerse dentro de la ley y ha conservado todos los documentos que le autorizan a exponer a sus Hombres Bestia. Como resultado, no suele tener problemas para disuadir a las autoridades locales de que le dejen levantar su circo.

Por último (y éstos son objetos de condena a los ojos de cualquier oponente del Caos, en caso de que su existencia se hiciera de dominio público) Wolfgang dispone de cuatro viales de un líquido que no es sino la combinación de Piedra de Disformidad con aceite de vitriolo (ácido sulfúrico). Wolfgang ha utilizado esta substancia en sus experimentos alquímicos para fabricar oro, sin éxito hasta la fecha.

La colecciónEditar

Los doce Hombres Bestia de la compañía de Wolfgang Hollseher son los siguientes:

Jaula 1: Urzo

Urzo, el mayor Hombre Bestia de la colección, se cuenta también entre los más pasivos. Bastante viejo para un Hombre Bestia, de hecho parece algo achacoso y lleva algún tiempo enfermo. Wolfgang sospecha que Urzo necesita algún ingrediente extra en su dieta, pero lo que aún no sabe es que este ingrediente "extra" se trata de carne humana.

Es una criatura enorme del tamaño aproximado de un ogro. Su cabeza de cabra presenta un par de cuernos impresionantes, lo cual, unido a sus patas con pezuñas le otorgan un aspecto demoniaco que lo convierte en una máquina de hacer dinero para Wolfgang. Su piel está cubierta por escamas puntiagudas como las de un armadillo y sus manos podrían romper fácilmente el cráneo de un hombre como si se tratara de una cáscara de huevo. Pese a todo es bastante dócil, acostumbrado a encontrarse dentro de una jaula y a que lo alimenten con regularidad. Cuando la multitud lo examine, sacudirá los barrotes de su jaula, gruñirá, rugirá y extenderá los brazos como si quisiera descuartizar a alguien en cuanto se despiste, pero se trata de puro teatro. Aunque podría resultar verdaderamente peligroso si se le provocara, Urzo lleva con Wolfgang el tiempo suficiente para saber qué es lo que se espera de él, y qué tipo de comportamiento significa mayor cantidad de comida.

Jaula 2: Rassarak

Aunque no sea un Hombre Bestia, Rassarak el Skaven sigue poniéndole los pelos de punta a los habitantes del Viejo Mundo. A pesar de estar ciego, el oído de Rassarak es excepcional y, de manera asombrosa, puede "observar" a los espectadores con exactitud infalible, desmintiendo sus ojos invidentes.

Es completamente blanco y ciego de nacimiento, no obstante su oído y olfato se han desarrollado de forma increíble para compensar esta falta de visión, con lo que su desventaja no lo es tanto. Le irrita su confinamiento, pero aguarda pacientemente la oportunidad apropiada para escapar.

Jaula 3: Los Hombres Bestia de Khorne

Estos tres Hombres Bestia, criaturas salvajes por lo general, han sido amansados por Wolfgang y sus ayudantes. El fuego los aterroriza y harán lo posible por mantenerse lejos de las llamas, aún cuando ésta sea tan inocua como la de una vela. Su hora de la comida (cuando les meten una cabra en la jaula) es siempre un éxito de público.

Los tres llevan sobre sus cuerpos la marca del Dios de la Sangre. Uno presenta una gigantesca cicatriz en el pecho en forma de runa-calavera, el rostro de otro de ellos ha sido deformado hasta parecerse a ese símbolo, que puede verse en forma de pelaje amarillo sobre el lomo rojo oscuro del tercero. Todos tienen cuernos afilados, largos colmillos y maos y pies con garras. Al contrario que Urzo, estos tres conservan toda su sed de sangre y su ferocidad no es fingida. Destruirán a cualquiera o cualquier cosa que se ponga a su alcance que, afortunadamente, no supera más de medio metro de distancia de los barrotes de su jaula.

Jaula 4: Los Gemelos y la Bestia Imperial

Los Gemelos ocupan un tercio de esta jaula y la Bestia Imperial, el resto. Los Gemelos son unos diminutos Hombres Bestia peludos y con cuernos de cabra que no levantan treinta centímetros del suelo, mientras que la Bestia Imperial posee el tamaño aproximado de un Enano. No obstante, su rasgo más destacable es su pelaje, del color del oro más puro. Wolfgang a veces bromea con que el Hombre Bestia valdría más muerto que vivo, pero es consciente de que la criatura es un auténtico prodigio y una atracción demasiado valiosa como para sacrificarla sólo por su piel.

Los ferocidad de los Gemelos no concuerda para nada con su tamaño, y se arrojarán contra los barrotes de su jaula gruñendo e intentando coger todo lo que se mueva.

La Bestia Imperial es la criatura de piel dorada, ¡de auténtico oro! La piel en sí confiere inmunidad contra amenazas como el ácido, la electricidad y el fuego. Si muriese, su piel podría alcanzar un altísimo valor, puesto que su pelambre podría tejerse hasta formar un fino hilo con el que crear una fabulosa tela de oro. No obstante, tal vestido tendría la posibilidad de infectar a quien la vista con una mutación del Caos, sin importar lo puro que hubiese sido antes. No existe ninguna manera de eliminar la huella del Caos de este oro.

Jaula 5: Los Hombres Bestia de Corral

La colección "de corral" de un Hombre Bestia con cabeza de cabra, otro con cabeza de vaca y otros dos con cabeza de gallina constituyen el "elenco humorístico" de la compañía. No obstante, los cuatro son mucho más peligrosos de lo que aparentan a causa de su saliva venenosa. Los empleados procuran en todo momento mantener a los espectadores a una distancia segura del carromato, y disponen de cubos llenos de agua limpia para enjuagar a cualquiera con tan mala suerte de recibir un escupitajo.

Fuente Editar

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