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Cazador de Brujas por igorkieryluk-d7fk4i6

Una de las figuras más destacables y características del Viejo Mundo es la del cazador de brujas. Fácilmente reconocibles por su alto sombrero de ala ancha, su oscura indumentaria, su intransigencia y su afición a arrestar y quemar mutantes, pocos individuos causan más terror en culpables e inocentes por igual que los cazadores de brujas. Se ha escrito mucho sobre estos entregados personajes, y los rumores ondean a su alrededor como el humo que brota de sus hogueras. Pero ocultan la verdad tras una máscara de competencia y fanatismo feroz.

Si los ejércitos del Imperio y los magos de batalla son la primera línea de defensa contra las invasiones del Caos que proceden del exterior del país, los cazadores de brujas son la defensa contra los ataques del enemigo interior. Sabedores de que la mejor defensa es el ataque, persiguen y neutralizan a los que se alían con el Caos o violan las leyes del Emperador relacionadas con él. Todos los ciudadanos de a pie coinciden en que los cazadores de brujas son necesarios y que su trabajo es crucial para la seguridad del Viejo Mundo, pero son muy pocos los que no sienten escalofríos cuando ven a un individuo con el familiar sombrero oscuro, la túnica con hebillas y la capucha.

La Verdad sobre los Cazadores de Brujas Editar

Cazador de Brujas contra Fanático del Caos

Temidos y respetados, apreciados y odiados, los cazadores de brujas son tanto un azote como una salvación para la civilización. Son asesinos despiadados que sirven a los intereses del Imperio quemando la corrupción con sus antorchas allí donde la encuentran. Se oponen a todo lo que encuentran antinatural, sea cosa o persona. Brujos y brujos oscuros, hechiceros vulgares, mutantes, sectarios, engendros del Caos, no muertos, nigromantes, vampiros y cualquier otra cosa que no se ajuste a lo que es bueno y virtuoso es aniquilada, convirtiéndose en una víctima más de sus purgas.

La práctica de cualquier brujería ajena al auspicio de los Colegios de la Magia se considera abominación dentro del Imperio. La muerte en la hoguera es el castigo prescrito por este crimen concreto, y los cazadores de brujas no son nada quisquillosos a la hora de administrarlo. Recientemente, tras la Guerra del Caos en el norte, los leñadores y cazadores de brujas están muy ocupados, pues cada vez hay más gente que abraza supuestamente las artes oscuras. Todos los ciudadanos ordinarios están de acuerdo en que los cazadores de brujas son necesarios, y que el trabajo que desempeñan es crucial para la seguridad del Viejo Mundo, pero prácticamente todos palidecen de terror cuando ven a una figura ataviada con el familiar sombrero de ala ancha, una túnica con hebillas y un largo manto negro.

Para ser cazador de brujas, la persona debe recibir una autorización especial de un sacerdote de rango superior perteneciente al templo de Sigmar. Estas autorizaciones no se conceden a la ligera, pero es más fácil que obtener de una licencia para practicar la magia y no tienen que ser renovadas cada año. Algunos templos entrenan a cazadores de brujas y les tienen controlados; otros conceden licencias a cualquiera que parezca cualificado o motivado. Los Cultos de Ulric, Verena y Morr tambien están autorizados a ordenar a sus propios Cazadores de Brujas, pero su poder e influencia no es comparable a los de Sigmar.

Cazador de Brujas por Eric Lofgren
Los cazadores de brujas varían de los fríos e indiferentes, que creen que lo que hacen no es más que un trabajo, a los fanáticos cuyo ardor por dar caza a los siervos del Caos y nigromantes no conoce límite, reduciendo a cenizas una aldea hasta los cimientos si fuera necesario antes que arriesgarse a que un sectario escape sin castigo. Conforme los cazadores de brujas se van haciendo viejos y más experimentados, y crece la cantidad de horrores que han presenciado, muchos adoptan perspectivas más radicales, muy parecidas a las de los arquetípicos templarios de Sigmar de hace tres siglos, que creían que todo el mundo es culpable; lo único que cambia es cuánto. Algunos eruditos se han preguntado si es posible que los cazadores de brujas que siguen este camino se hayan asociado inadvertidamente con el propio Caos (claro que no se lo preguntan en voz alta).

Encontrar traidores, disidentes y revolucionarios no es responsabilidad de los cazadores de brujas, y la mayoría no tienen interés alguno para ellos (a no ser que estén confabulados con el Caos). Un cazador de brujas escrupuloso podría mencionarle a un amigo de la guardia que hay un grupo de antimonárquicos o separatistas fomentando revueltas en una universidad, por poner un ejemplo.. aunque la mayoría de los cazadores de brujas no tienen amigos.

En el Imperio todavía hay cazadores de brujas independientes, que se erigen a sí mismos y actúan según sus propias reglas y sin autorización oficial. Algunos de ellos son renegados o fanáticos que siguen cruzadas personales, mientras que hay otros que son corruptos que acusan a gente rica con el objetivo de confiscar sus posesiones. Sin embargo, tal es el terror que el nombre "cazador de brujas" despierta en las mentes de los campesinos del Imperio, que éstos creerán a cualquiera que asegure ser un exterminador del Caos. Los líderes de las comunidades, los sacerdotes, los abogados y burgomaestres pueden ser más escépticos, pero posiblemente no quieran enfrentarse a un orador con antorcha en mano por si acaso son acusados también de aliarse con las fuerzas de la oscuridad.

Historia Editar

Cazador de Brujas por Darkeen

Durante cientos años, el Imperio ha languidecido en declive. Aparecían demonólogos, nigromantes y sectas con una frecuencia alarmante. y a pesar de todo lo que era el Imperio, no tenía forma alguna de evitar su multiplicación. Al no poder contar con el débil e ineficaz líder que se sentaba al trono, el pueblo acudió al culto de Sigmar en busca de ayuda. Para satisfacer las necesidades de las atormentadas provincias, el Gran Teogonista Siebold II fundó la Orden del Martillo Plateado en el año 1682, un grupo de sacerdotes guerreros e investigadores comprometido con la erradicación de los agentes del Caos. Portaban un mandato con el sello del Gran Teogonista, por el cual ningún lugar ni persona se hallaba fuera de su alcance.

Durante los sesenta años siguientes estos cazadores de brujas no se consideraron una amenaza significativa, pero fueron expandiéndose poco a poco, tejiendo una red de espías y confidentes. Su reputación creció, y la gente empezó a temer su poder. En respuesta a la temeraria destrucción causada por demonólogos y nigromantes, en 1913 el Gran Teogonista concedió un fuero especial a la Iglesia para que erradicara la plaga de la demonología y de la adoración al Caos. El trabajo se encomendó a los Templarios (como se les llamaba), autorizándoles a los Templarios a emplear la fuerza para poner freno a la práctica de toda magia, algo a lo que se dedicaron con entusiasmo, en muchos casos con demasiado entusiasmo, lo que trajo consigo una nueva era de represión brutal contra todo tipo de hechiceros. Los cazadores de brujas más moderados nombrados o contratados por los templos de Solkan, Ulric y Venera, quedaron al margen.

Con el paso de los años, la dureza y crueldad de los Templarios se hicieron legendarias, así como la perversidad de sus tácticas, la brutalidad de sus torturas y las atrocidades cometidas en la ejecución de sus tareas. Las bases y normas de raíces militares originales de su fuero fueron ampliadas, hasta que los "cazadores de brujas" (como se les llegó a conocer) tuvieron permiso legal para detener, juzgar y quemar a "brujos, brujas, hechiceros, adivinos, nigromantes, adoradores de los dioses oscuros, pervertidos, mutantes, herejes, blasfemos, pecadores, pregoneros de temas profanos, siervos de los demonios o compositores de música corrupta". Los practicantes de la brujería eran los blancos principales: a cualquiera que usase magia se le consideraba confabulado con el Caos.

Mordheim-Witch-Hunter-and-Priest

Pero el poder corrompe. Los cazadores de brujas engrosaron sus escasas filas aceptando en ellas a cualquiera con devoción religiosa. Y así, en los años siguientes, reclutaron fanáticos incontrolables y hombres de mala catadura en su lucha contra el Caos. Y fue entonces cuando el Gran Teogonista envió a los Templarios a que purificaran la pecaminosa ciudad de Mordheim. Creyendo que las Hermanas de Sigmar (la única orden de sacerdotisas que alguna vez hayan servido oficialmente a Sigmar) eran herejes y estaban corrompidas por el mal que anidaba en la ciudad, el Gran Teogonisra marcó a las herejes y las excomulgó del culto. La guerra prosiguió ferozmente durante un año más, hasta que un corneta de colas gemelas cayó del ciclo y arrasó la Ciudad de los Condenados.

A lo largo de los tres siglos siguientes, los cazadores de brujas continuaron con su labor, pero la propagación del Caos demostró ser demasiado peligrosa para contenerla ellos solos. La influencia de las Fuerzas Malignas era tan terrible que, en el año 2111, el gran duque de Middenheim, que también era cazador de brujas, mandó ahorcar a todo el pueblo de Rotebach tras acusarlos de adorar al Caos. Los demás cultos montaron en cólera ante este suceso, y los de Ulric, Myrmidia otros más fundaron sus propias organizaciones para proteger a sus congregaciones (aunque nunca fueron más que algunas bandas de fanáticos sin apenas recursos).

Sin embargo, en el año 2301, el mundo cambió con la llegada de Asavar Kul, iniciándose así la Gran Guerra contra el Caos. Cuando Magnus y sus ejércitos lograron rechazar a la horda, se enfrentó a la tarea de volver a unificar el Imperio, pues a lo largo de los siglos anteriores se había desintegrado en su mayor parte. Para reunir a las díscolas provincias bajo el estandarte imperial, sometió a todos los cazadores de brujas bajo el control del Lord Protector. Este hombre debía responder tanto ante el Emperador como ante el culto de Sigmar. Mediante esta secularización parcial del cuerpo de cazadores de brujas, Magnus alivió el terror que provocaba la existencia de un cuerpo policial descontrolado y la posibilidad de que condenan a los seguidores de otros dioses a la misma muerte ardiente que a los mutantes y los de su especie.

Cazador de Brujas por Russ Nicholson
Igualmente, se crearon los Artículos de la magia Imperial y entre 2304-7 se reformaron las leyes relacionadas con la magia. Por aquellos tiempos los templarios de Sigmar se habían convertido en una de las fuerzas más odiadas del Imperio. Estaban fuera de todo control y eran temidos incluso por los propios sacerdotes de la Iglesia de Sigmar. Era evidente que se debía limitar su poder, pero no estaba tan claro cómo se podía hacer: cualquiera que criticara a los Templarios era inmediatamente denunciado como antisigmarita (un hereje) y por tanto era ejecutado.

Magnus resolvió el problema, pero no redujo el poder de los sigmaritas, sino que lo aumentó. Ratificó el fuero de 1913 a la Iglesia de Sigmar pero también responsabilizó a la Iglesia de hacer cumplir los Artículos, incluido el que decía que los Templarios eran unidades militares y religiosas y que por lo tanto debían lealtad al Imperio, a sus Electores y a los comandantes de sus ejércitos así como a su dios.

Una vez que el Gran Teogonista accedió (tras muchas discusiones), Magnus declaró que los jefes de los Colegios de la Magia Imperiales tenían el rango de comandantes militares. Los Templarios, tras verse bajo el mandato de sus antiguos enemigos (quienes no sólo tenían derecho de darles órdenes y someterles a su disciplina, también el poder real de reprimir cualquier desobediencia) no tuvieron más remedio que someterse a unas leyes que gobernaban sus acciones y el reclutamiento de nuevos miembros. Esto permitía a los que no fueran templarios y a miembros cualificados de la población convertirse también en cazadores de brujas, y se concedió el mismo rango a los cazadores de brujas de los templos de Solkan, Ulric, Verena y Mórr. Una vez que el poder de los Templarios quedó roto, Magnus retiró el rango de comandantes a los Grandes Hechiceros, aunque amenazó con reinstaurarlo en cualquier momento.

Sin embargo, Magnus fue posiblemente el último Emperador firme en un periodo de casi doscientos años, y debido a la ineptitud o la ignorancia de sus sucesores, los Templarios volvieron gradualmente a sus antiguas costumbres. Al cabo de una generación, la Orden de Sigmar quemaba y mataba a todo el que deseaba sin reparo alguno por la ley, y volvió a escapar del control del Emperador. La situación continuó así hasta que Volkmar van Hindenstern fue seleccionado como sucesor del Gran Teogonista Yorri XV.

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Gracias a los esfuerzos de los miembros más puros de la orden de los Templarios, la corrupción interna de la organización de cazadores de brujas le fue revelada a Volkmar el Adusto, quien asumió inmediatamente d control de la rebelde y violenta facción. Algunos murmuran que el Lord Protector había estado bajo la influencia de una secta oculta, responsable de las desenfrenadas matanzas que habían sobrecogido al Imperio durante años. Sea cual sea la verdad, el Gran Teogonista anuló el cargo de Lord Protector y creó tres cargos distintos, denominados General del Sur, General del Norte y General del Este. Estos generales de cazadores de brujas controlaban sus territorios con puño de hierro, y enviaban a sus cazadores de brujas a los confines más recónditos del Imperio.

Cuando Magnus el Piadoso hubo reconocido la legitimidad de la Orden del Martillo Plateado y la sometió al trono además de al Gran Teogonista, nombró a los cazadores de brujas inquisidores oficiales del Imperio, sancionados y subvencionados por el estado. Esto concedió a los cazadores de brujas un poder considerable, situándolos por encima de sus contrapartidas de otros cultos. Aunque ejercen una autoridad increíble, ahora están obligados por la ley y deben operar dentro de sus límites. Los cazadores de brujas ya no son libres de quemar a quien se les antoje.

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Ahora pueden arrestar a cualquier ciudadano imperial sospechoso de relacionarse con el Caos. También tienen el derecho de interrogar a dichos sospechosos, empleando la tortura si fuera necesario. Y en caso de conseguir una confesión, están en su derecho de quemar al individuo en el acto. De lo contrario, deberán juzgar al acusado frente a un jurado paritario. Pero al no haber leyes sobre la presentación de pruebas, los cazadores de brujas son libres de utilizar cualquier técnica a su disposición para convencer al jurado de la culpabilidad del sospechoso. Suelen ganar en casi todos los casos.

Tras dos siglos, los Templarios de Sigmar todavía forman la base de los cazadores de brujas, pero sus filas están llenas de templarios y antiguos clérigos de otras órdenes, así como por ex-soldados, campeones judiciales, personas que quieren vengarse del Caos e incluso algunos antiguos lanzadores de hechizos. Los cazadores de brujas siempre son tratados con cierto respeto y, a menudo, con aversión temerosa: los recuerdos de sus atrocidades y las quemas en masa de los antiguos días de los Templarios todavía viven en algunas partes del Imperio y también en las mentes de algunos cazadores de brujas. Quizá hayan prometido servir a las leyes de Magnus, pero algunos creen que el Emperador y sus lacayos no entienden el verdadero poder que se esconde tras el Caos y añoran el regreso de las antiguas formas de actuar.

Hombres de Acción Editar

Cazador de brujas comic por Chad Hardin

En términos generales, los cazadores de brujas están acostumbrados a la lucha. Son individuos robustos y bien armados. Prefieren usar mantos con capucha y sombreros para ocultar su aspecto de miradas curiosas Algunos llevan cadenas de plomo alrededor de la garganta que les recuerdan a sus camaradas caídos, y también (o eso afirma la superstición) porque el plomo protege contra la brujería. Los seguidores de los cazadores de brujas (la chusma que suele acompañarles) son una visión aún más ominosa: hombres dementes y automutilados que han perdido o renunciado a todos sus bienes materiales y, probablemente, también a su razón.

Con una considerable presencia en los temores del Imperio, los Cazadores de brujas imponen respeto desde hace mucho; de hecho, la naturaleza de su trabajo exige que así sea. Se cuchichean cientos de historias sobre sus hazañas, algunas poco más que leyendas, otras aterradoramente recientes. Los diversos grupos de cazadores de brujas fomentan la imagen popular del torvo protector del Imperio; de ahí la creencia popular en una agencia de cazadores del Caos cohesiva y misteriosa, dispersa por todo el Imperio (y más allá).

La verdad es, desde luego, mucho más compleja que la realidad. Los cazadores de brujas no son los infalibles hombres de hierro de los mitos populares. Aunque la mayoría poseen un mandato "oficial" para perseguir lo sobrenatural, una gran cantidad de ellos no son más que justicieros rebeldes o fanáticos obsesivos. Tan variados como el Imperio al que protegen, la apariencia más o menos uniforme de los cazadores de brujas traiciona sus distintas motivaciones y afiliaciones.

Tácticas de los Cazadores de Brujas Editar

Wich hunter

La mayoría de las personas consideran a los cazadores de brujas poco más que alborotadores autorizados por el estado (o el culto), que controlan a las muchedumbres instigando el miedo y la sospecha; y no les falta razón. Los cazadores de brujas utilizan los recursos disponibles en una comunidad, apropiándose de los soldados y la milicia locales para que le ayuden contra cualquier amenaza a la que se enfrenten. Si no hay un cuerpo de guardia competente, echan mano de los campesinos si hace falta.

Normalmente estas actividades suelen emprenderse en los tramos finales de sus investigaciones. Los cazadores de brujas no capturan a su presa sin aguardar pacientemente a haber recopilado todos los datos necesarios. Así, a no ser que la amenaza sea inmediata y evidente, el cazador husmea por la comunidad, atento a cualquier pista o conducta sospechosa. Mientras tanto, va reuniendo a un grupo de ayudantes, lugareños que conozcan a la gente y sus idas y venidas dentro de la comunidad.

También calibran la pureza de sus ayudantes manteniéndolos cerca. Los cazadores de brujas suelen trabar "amistad" con los sospechosos para vigilarlos más de cerca. Una vez descubierta la corrupción, el cazador de brujas explota el miedo del resto del pueblo, con lo que logra reunirlo para que le ayuden a capturar a los mutantes o sectarios. Luego, una vez aprehendidos, el cazador de brujas los interroga (torturándolos si fuera necesario) para sacarles la información que necesita y descubrir a sus posibles cómplices. Los prisioneros que no mueren durante el interrogatorio son purificados en el fuego, y todo el que los haya ayudado es torturado o ejecutado en público para disuadir a los demás de prestar ayuda a los agentes del Caos.

Obligaciones y poderesEditar

Cazador de Brujas 1

El cazador de brujas ha jurado proteger al Imperio y a sus ciudadanos contra el "Caos, sus aliados y aquellos que le sirven", entre los que se incluyen demonios, demonologistas, sectarios del Caos, hechiceros del Caos, nigromantes, practicantes mágicos sin licencia, mutantes y hombres bestia. Muchos cazadores de brujas se especializarán en un campo concreto de investigación, y muchos pasan años, o incluso décadas, viajando por el Imperio para dar caza a los miembros de un determinado culto o tras el rastro de algún sacerdote de un dios oscuro. A los que se especializan en la persecución de nigromantes y demonologistas se les recluta a veces para convertirse en exorcistas.

Tras la creación de los Colegios de la Magia, Magnus limitó el poder de estos cazadores de brujas por un lado, mientras que por el otro lo ampliaba ostensiblemente. Convirtió a la Sagrada Orden en los inquisidores oficiales del Imperio, autorizados y financiados por el estado imperial. Los cultos de Morr y Ulric también cuentan con sus propios investigadores religiosos, pero están gestionados por los propios cultos, y si bien se toleran, no están autorizados por el estado y carece del número, financiación y adiestramiento de la Sagrada Orden de Templarios. De hecho (al menos, sobre el papel), estas organizaciones deberían responder ante un cazador de brujas autorizado por el estado mientras estén en suelo imperial; esto ha producido enfrentamientos y resentimientos en algunos sectores. Los cazadores de brujas de otras religiones podrían considerarse como una especie de templarios y exorcistas, pero no como cazadores de brujas en el sentido que se les da aquí.

Las reformas realizadas por el Emperador Magnus obligó a los cazadores de brujas a trabajar dentro de la ley; ya no pueden seguir actuando como fiscales, jueces, jurado y verdugos (por lo menos, no con la frecuencia con que solían hacerlo). Tienen poder para arrestar a cualquier ciudadano imperial al que crean culpable de brujería o de comulgar con el Caos y adoración demoníaca, y pueden exigir que esa persona sea juzgada de inmediato convocando un juicio sumario para él (una petición a la que muy pocos ayuntamientos se negarán). El acusado tiene derecho a un juicio justo, aunque la definición de “justicia” varía según la región. Los templarios siempre actúan como fiscales en estos juicios, y como no hay leyes que les obliguen a ceñirse estrictamente a las pruebas, algunos emplean la oratoria, la implicación, la sospecha, la suspicacia e incluso amenazas veladas para convencer a un señor, juez o magistrado (y jurado, de haber uno) de la culpabilidad del acusado. Si es hallado culpable, la sentencia habitual para el acusado es la muerte en la hoguera (se cree que es la única forma de destruir el cuerpo y purgar su inmundo espíritu al mismo tiempo).

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La mayoría de los cazadores de brujas trabajan solos, a veces de incógnito, pero casi siempre lo hacen sin ocultarse, uniformados con su sombrero y la túnica negra para infundir el miedo en los corazones de la gente y la confu-sión en sus cabezas. Pueden recurrir a los servicios de la milicia o la guardia local, los sacerdotes de los templos de Sigmar, Ulric, Verena y Mórr y de todos los "ciudadanos de bien" para que les ayuden en la ejecución de sus tareas. La intención de Magnus era que los cazadores de brujas trabajaran juntos y con sus templos, pero las tensiones entre los cazadores de distintas fes y entre aquellos con distintas actitudes hacia la magia hace que sean pocas las veces las que unen sus fuerzas. No obstante, hay conciliábulos y organizaciones de cazadores de brujas, con frecuencia en los altos niveles, tales como los Buscadores de la Verdad y la Justicia con sus propias viviendas y casas en diferentes ciudades. Un par de las más poderosas tienen abadías o castillos donde los miembros se reúnen para dar informes, entrenarse o rezar juntos.

Uno de los más controvertidos Artículos de la Magia Imperial estipula que la propiedad de cualquiera que se encuentre culpable de asociación con las fuerzas del Caos pasa a depender del templo del cazador de brujas que lo llevó ante la justicia. En muchos casos esto ha hecho que a los cazadores de brujas se les acuse de corrupción, o de falsificar pruebas que evidencian una relación con el Caos para derribar a un rival comercial o para restaurar el equilibrio de poder en la situación política de la zona. De cuando en cuando, un templo local con un puñado de sacerdotes descubre de repente que se ha hecho con un castillo, unas tierras o, como en un caso en 2495, una compañía mercante con almacenes a lo largo de todo el Reik y una flota de veinte barcazas.

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Algunos cazadores de brujas prefieren trabajar al margen de la ley. Algunos saben que nunca serán capaces de detener a su presa y llevarla ante la justicia, otros creen que la justicia de Sigmar es demasiado benévola con la escoria a la que persiguen, y unos pocos comienzan a ver signos del Caos por todas partes. Si se les coge, estos renegados serán tratados con la misma dureza que si fueran adoradores del Caos. Algunos individuos se hacen pasar por cazadores de brujas: visitan comunidades aisladas, fomentan la histeria contra inocentes, consiguen que les quemen en la hoguera, confiscan sus posesiones y huyen antes de que su crimen sea descubierto. Si se les prende, su castigo será duro: hacerse pasar por un cazador de brujas es un delito gravísimo.

Ningún templario empleará jamás magia arcana en el cumplimiento con sus obligaciones. Se les ha enseñado que la magia es una fuerza del Caos, que emplearla contra aquello que la ha creado sería como intentar apagar un fuego echándole aceite. En parte como resultado de esto, muchos cazadores de brujas creen que todos los practicantes de la magia están corrompidos por el Caos de una u otra forma; incluso aquellos con una licencia imperial simplemente han engañado a los siervos del Emperador al hacerles creer que sus perversas prácticas son seguras.

Para convenirse en templario, una persona debe unirse a una de las casas capitulares de la Sagrada Orden. Existen muchas de ellas en todo el Imperio, pero la autorización para unirse a ellas no se concede fácilmente. Algunos capítulos adiestran cazadores de brujas y los supervisan muy de cerca; otros conceden licencias a todo el que parezca cualificado y motivado. En algunas de las regiones más septentrionales del Imperio, se considera que los cazadores de brujas están descontrolados, pero por otro lado los peligros a los que se enfrenta el Imperio son tales que estos pocos creen que sus acciones están totalmente justificadas.

Cazadores Devotos Editar

Los cazadores de brujas devotos son los pocos motivados por el saber de su culto, un llamamiento personal de su dios, o simple preocupación por su rebaño. Estos hombres y mujeres religiosos "luchan de parte de los buenos" contra cualquier corrupción del Caos, usando fe, miedo y fuego a partes iguales. Algunos son contratados al servicio de un noble y operan de forma muy parecida a la de los cazadores de brujas mercenarios. De vez en cuando, los cazadores de brujas de alquiler se ven atraídos hacia la religión tras un incidente particularmente horrible, convirtiéndose así en devotos. Otros son sacerdotes locales que han adoptado el papel de cazadores por algún terrible estallido de brujería. Sea cual sea su historia, estos cazadores de brujas están unidos en su servicio a uno o varios de los dioses del Imperio.

Los Templarios de Sigmar Editar

Buscadores de la Verdad y la Justicia Editar

Otros Cazadores de Brujas Editar

Cuando alguien piensa en un cazador de brujas, se imagina dos cosas: a los Templarios de Sigmar y a los cazadores de brujas laicos de las provincias. Ambos grupos son veteranos curtidos impulsados por su compromiso de exterminar el Caos. Sin embargo, hay muchos más dedicados a la persecución de mutantes y demás engendros.

Los cazadores de brujas oficiales desaprueban el ejercicio de su oficio sin la autorización del culto de Sigmar. La razón es bien sencilla: para cazar mutantes y demás miembros de su calaña hay que infringir la ley a menudo, lo que crea más problemas de los que resuelve, a no ser que se respete un cierto protocolo. Más aún, sin la formación especial que reciben los cazadores de brujas, los independientes son más vulnerables al Caos y a su corrupción. Hay demasiados que llegan a creer que la mano de los dioses oscuros lo alcanza todo, y acaban quemando a inocentes por un inoportuno sentido de la justicia. En consecuencia, todo individuo que sea descubierto haciéndose pasar por cazador de brujas se enfrenta siempre a una pena de muerte.

Mercenarios Editar

Cazador de brujas Mordheim

El tipo más común de cazadores de brujas (en los diversos sentidos de la palabra) son los contratados. Posiblemente son los más fáciles de comprender; casi todos son simples mercenarios sumamente especializados. Estos espadas de alquiler utilizan su talento para el combare para eliminar los peligros de una comunidad. Por la cantidad pertinente de oro patrullarán por la finca de un noble, eliminando a todos los individuos sospechosos, peligrosos y problemáticos. Dependiendo de la naturaleza del terrateniente, estos hombres y mujeres podrían ser investigadores extremadamente profesionales o sanguinarios asesinos a sueldo. De vez en cuando renuncian a su indumentaria habitual para investigar de incógnito, pero por lo general suelen aprovecharse del miedo y pánico que suscita el uniforme característico de su oficio.

Aunque matan mutantes, no son tan rigurosos en sus esfuerzos corno los cazadores de brujas legítimos, y lo que es más, son más receptivos a la corrupción y el soborno. Se han producido muchos escándalos de corrupción entre estos cazadores mercenarios. Abundan las historias de sobornos; de hecho, más de un magister ha escapado a la hoguera conjurando apresuradamente algo de oro. Ciertos nobles sin escrúpulos han llegado a conceder órdenes judiciales y encomiendas no oficiales a sus cazadores, lo que ha provocado desalojo de terrenos, confiscación de propiedades e incluso quemas "accidentales". Gran parte de la aristocracia tacha tan extremas acciones de "toscas" (suelen llamar la atención del culto de Sigmar), por lo que es poco frecuente, aunque posible, que se den.

Establecidos por ley y autorizados Editar

Aunque se consideran prácticamente incorruptibles, los cazadores de brujas de alquiler disfrutan del firme apoyo de la ley. Como legalmente son agentes de quien los financia. es la nobleza la que les confiere directamente sus poderes. Salvo circunstancias de excepción, todos portan un estatuto que detalla dónde y cómo deben desempeñar su labor. Esta licencia, o mandato como se conoce más apropiadamente, concede al cazador derecho a buscar, detener, juzgar, ejecutar, aprisionar, etc.

Técnicamente, estos cazadores actúan “como si fueran su empleador”, y por tanto se considera que todos los castigos son decretados directamente por el propio noble. Por esta razón, los nobles con gusto son especialmente cuidadosos a la hora de escoger a quién facultan. Después de todo, un cazador insensato posee una capacidad tremenda para agotar la mano de obra y dejar a uno en mal lugar. Casi todos los aristócratas se niegan a autorizar a cazadores de brujas religiosos, ya que tienden a introducir convicciones totalmente erróneas en su tarea de limpiar de brujos una propiedad.

Jurisdicción limitada Editar

Los magister astutos se apresuran en señalar que los cazadores de brujas a sueldo suelen tener áreas de influencia limitadas. Como reciben sus poderes de un noble, su jurisdicción suele terminar en los límites de la propiedad de su financiador. De vez en cuando, la aristocracia que tiene relaciones verbales con sus vecinos tratará de extender su mandato, pero casi nunca se consigue (más que nada porque los nobles sumisos escasean más que un bretoniano aseado).

Hay algunos cazadores de brujas, normalmente ex soldados, que pese a su disconformidad con la existencia de los colegios, también comprende su valor. Incluso puede darse el caso de que se acerquen a un magister de una de las Órdenes de la Magia para pedirle ayuda en la captura de un brujo oscuro o hechicero especialmente peligroso que no puede ser llevado ante la justicia sin asistencia mágica.

Cazadores Renegados Editar

Caza Vampiros de John Blanche

Mientras que a los cazadores mercenarios les motiva el oro, y a los cazadores devotos la riqueza espiritual, existe una otra clase de cazadores de brujas que no encajan fácilmente en una categoría predefinida ya que no actúa por oro, por fe ni por mandato imperial. Estos "renegados" casi nunca tiene una razón sencilla que les motive a emprender la vida de cazadores. Carecen de apoyo por parte de un culto religioso o noble, sino que caminan por un sendero difícil, motivados por la culpa, el odio, la venganza, el honor y demás emociones del estilo. Son lobos solitarios de rostro impasible; a menudo pasan años tras la pista de un único enemigo, persiguiéndolo con un fanatismo sanguinario y obsesivo.

Estos cazadores de brujas sedicentes pueden hallarse por todo el Imperio, trabajando por su cuenta y sin autoridad oficial. Algunos de ellos son corruptos y acusan a los ricos para poder confiscarles sus posesiones, pero muchos son rebeldes o fanáticos que han emprendido una cruzada personal. Si bien tienen el mismo fanatismo de la organización respaldada por el culto, carecen de la infraestructura y el apoyo necesarios para ayudarles a vencer a sus enemigos. Así, la mayoría de estos individuos sufren una triste muerte a manos de sus adversarios. Pero algunos, sólo unos pocos, logran dejar huella y ganarse el respeto de sus iguales merced a éxitos imposibles.

Tal es el terror que evoca el término "cazador de brujas" en las mentes de los campesinos de las zonas rurales del Imperio que a menudo creen a todo el que afirma dedicarse a purificar el Caos. Los líderes de comunidades, sacerdotes y abogados pueden mostrarse más escépticos, pero posiblemente sean reacios a oponerse a un orador instigador, no vaya a ser que se les acuse de confabularse con las fuerzas de la oscuridad.

Juez, jurado y verdugo Editar

Cazador de Brujas barbacoa

Varios de estos cazadores de brujas prefieren trabajar al margen de la ley. Algunos sospechan que jamás serían capaces de arrestar algunas de sus presas para llevarlas a juicio; otros creen que la justicia de Sigmar es demasiado buena para la escoria a la que persiguen, y unos pocos empiezan a ver señales del Caos en todas partes. Si son atrapados, estos renegados son tratados tan duramente como si fueran auténticos seguidores del Caos. Hay casos de criminales que se han hecho pasar por cazadores de brujas itinerantes; visitan comunidades alejadas, despiertan sentimientos de histeria contra un inocente, consiguen que lo quemen, confiscan sus posesiones y huyen antes de que se descubra su crimen. De ser atrapados, les espera un duro castigo: hacerse pasar por cazador es un delito capital.

Cazadores de Brujas de otros Dioses Editar

Cuando Magnus hizo a los cazadores de brujas responsables de todos los demás cultos oficiales, no tardaron en aparecer otras facciones. Ahora hay cazadores de brujas al servicio de Ulric, Myrmidia e incluso Taal. Aunque son poderosos, carecen del adiestramiento y financiación de los Templarios de Sigmar, y casi nunca se les consideran cazadores auténticos o incluso aprobados, por lo que reciben el mismo trato que los demás renegados.

Fuentes Editar

  • Warhammer Fantasy JdR: Reinos de la magia (2ª Ed. Rol)
  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de corrupción (2ª Ed. Rol)

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