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Corona de la Hechicería Azhag el Carnicero Warhammer Total War.jpg

Corona de la Hechicería amoldada en el yelmo de Azhag el Carnicero

La Corona de la Hechicería es una antigua reliquia que perteneció en su día a Nagash, razón por la que también es conocida como la Corona de Nagash. Fue forjada por el el Supremo Señor de los No Muertos en persona, estando impregnada con parte de su poder y su espíritu maligno, lo cual le permite mantener parte de su esencia en el mundo mortal, y ejercer una influencia corruptora sobre cualquier persona que la llevase.

Poderes Editar

La Corona de la Hechicería fue forjada hace muchos siglos por Nagash para ampliar sus poderes y control sobre la nigromancia. Aquellos que empleen la corona podrán emplear hechizos nigrománticos sin problemas, incluso aunque hayan nacido sin dotes para la manipular los Vientos de la Magia. Sin embargo, este formidable poder tiene un terrible coste, y es caer lentamente bajo el influjo del Gran Nigromante.

Esta corona dentada susurra constantemente los oscuros pensamientos del antiguo nigromante directamente a las mentes de aquellos que se atreven a colocarsela en la cabeza, manipulándolos lenta e insidiosamente hasta someterlos a su voluntad, mientras les habla con una voz seca y grave como los desiertos del sur, dándoles "sabios" consejos que hacen que destaque por encima de los suyos. Cada vez que el usuario emplea los poderes de la corona, su mente es invadida poco a poco por los oscuros pensamientos del Nagash, volviéndose cada vez más cruel y despiadado con aquellos que les rodea, incluido con sus amigos y seres queridos.

Eventualmente, si el portador no se da cuenta del peligro que supone la Corona de la Hechicería, será completamente derrotado por el poder de la misma y sometido a su voluntad, enloqueciendo por completo y viéndose impulsado a viajar con dirección a la Tierra de los Muertos, lejos al sur de las Tierras Yermas, ya que la Corona desea ante todo regresar a las manos de su autentico dueño. Controlado por el artefacto, el usuario atacará enloquecidamente a todos aquellos que traten de pararlo, y sólo podrá ser detenido si se le logra quitar la corona de la cabeza.

Incluso aquellos que tengan la suficiente sensatez y fuerza espiritual para resistir y darse cuenta del terrible peligro que representa, descubrirán para su horror que les será casi imposible arrancársela de la cabeza. No solo tendrá que luchar con la despiadada resistencia del espíritu que reside en la Corona de la Hechicería, que se niega a que su huésped lo rechace, sino que a los pocos minutos de coronarse con este artefacto maldito, la corona dentada empezará a crecer y aferrarse a la perfección al cráneo del usuario, por lo que, a menos que sea removida con los procedimientos adecuados, los mas probable es que el portador termine muriendo al tratar de quitársela, salvo que sea poseedor de una resistencia física y mental a niveles sobrehumanos.

HistoriaEditar

Rise of Nagash stefan kopinski.jpg
La Corona de la Hechicería ha tenido varios propietarios a lo largo de la historia, extendiendo su influencia corruptora sobre todos ellos. Como ya se ha mencionado antes, la Corona fue forjada por Nagash después de su primera derrota a manos de la alianza entre los Reyes Sacerdote de las distintas ciudades de Nehekhara, obligando a Nagash a huir de aquella tierra y exiliarse al norte, jurando que regresaría y se vengaría.

Cuando Nagash invadió Nehekhara por segunda vez, en esta ocasión estaba coronado con este artefacto mágico, el cual le permitía amplificar en gran medida sus poderes nigrománticos, y le proporcionó el poder suficiente para llevar a cabo un oscuro ritual con el que acabó con toda la vida del antiguo reino.

La forja de la CoronaEditar

Para su fabricación, el Gran Nigromante empleó una mezcla de plomo, hierro y piedra de disformidad, más un metal que le era completamente desconocido: gromril. Dicho material había sido robado a los Enanos por los Skavens, que se lo habían entregaron a Nagash como parte de un pacto "comercial" que habían acordado. El Gran Nigromante reconoció su valor de inmediato.

Con estos materiales, Nagash forjó la corona alrededor del año -1300 C.I., en el corazón de su fortaleza de Nagashizzar en una noche en la que Morrslieb estaba llena en lo alto del cielo nocturno, ya que para su forja era necesario llevar a cabo un extenso y complicado ritual. En un crisol de Piedra Bruja, Nagash fundió los materiales mientras él y un grupo de acólitos recitaban oscuros conjuros. Cuando la matería prima estaba preparada, el propio Nigromante empezó martillearla para darle la forma adecuada. A ritmo lento pero seguro, el reluciente metal terminó cediendo a la voluntad del nigromante. Fue una labor difícil, pues Nagash no era herrero, pero para que el objeto cumpliera su propósito tenía que darle forma con su propia mano y su mente. El trabajo del metal era una parte del rito igual de indispensable que los propios conjuros.

Portada El ascenso de de Nagash Nagash, el Inmortal por Jon Sullivan.jpg

Nagash con la corona en su cabeza

A medida que tomaba forma, Nagash no sólo vertió poder mágico en el metal, sino también sus recuerdos. Desde sus amargos días como hierofante en Khemri, al violento derrocamiento que llevó a cabo contra su hermano Thutep y sus años de gobierno de mano dura sobre toda Nehekhara. Desde el odio que sentía por los dioses de la otrora Tierra Bendita; a los dulces recuerdos de las masacres cometidas contra los ejércitos y ciudades de los Reyes Sacerdotes que osaron desafiarle, pasando por la furia al recordar los acotamientos que le precipitaron a su derrota. Pero más que de cualquier otra cosa, Nagash llenó el metal de sus ansias de venganza y su deseo de gobernar sobre toda la humanidad.

No hubo belleza ni elegancia en la corona que forjó Nagash, sólo un propósito sombrío y eterno: correr un tupido velo de noche sobre el mundo y gobernar como rey de un reino de muertos. Forjada mediante Magia Oscura y dotada de la esencia nigromántica de Nagash, la corona amplificó sus poderes por mil. Era a la vez un símbolo y una potente herramienta que supondría la perdición de todo lo vivo.

La caida de Nagash y la ciudad de MourkainEditar

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Después de que sus ejército sufrieran una segunda derrota a manos del Rey Alcadizaar. Lleno de amargura y odio, Nagash decidió exterminar con toda la vida de Nehekhara, envenenando las aguas del río Vitae. que quedaron mancilladas para siempre, transformándose en el inmundo río Mortis. Los nehekharanos empezaron a debilitarse y a morir, hasta el punto de que cuando Nagash atacó de nuevo, esta vez no pudieron hacer nada. Las fuerzas de Nagash pasaron a cuchillo a los poco que habían conseguido sobrevivir allí por donde pasaban, y finalmente capturaron a Alcadizaar, el último rey de Khemri.

Nagash le permitió sobrevivir por la simple razón de que lo quiso así. La maldición que desató sobre Nehekhara iba dirigida con cuidado. De entre todos los seres vivos que recorrían la tierra, me aseguró de que sólo el se salvara para torturarlo y hacerle sufrir, primero al ver cómo todo lo que había amado moría y se convertía en polvo, y segundo mientras languideciera en los calabozos de Nagashizzar. En el año -1151 C.I., tras arduas preparaciones, Nagash empleó sus poderes reforzados con los de su corona para llevar a cabo el Gran Ritual, con el que acabó con la poca vida que aún quedaba en Nehekhara, para luego iniciar el Ritual del Despertar, con el que resucitó a todos los muertos del reino y los puso bajo su control.

Tras realizar tan complejos rituales de un poder inimaginable, Nagash quedó completamente exhausto, cayendo en un profundo letargo con el que poder recuperar sus fuerzas. Los skaven, al comprender la terrible amenaza que todo aquello significaba, aprovecharon el momento para liberar a Alcadizaar y darle la Espada Cruel, un arma forjada específicamente para matar al Gran Nigromante, quien todavía descansaba imperturbable en su trono. Dándose cuenta de esta oportunidad, el antiguo rey atacó por sorpresa Nagash antes de que este pudiera reaccionar a tiempo. A pesar de su desesperada defensa, Alcadizaar logró asesinar a Nagash. A pesar de su victoria, el último rey de Khemri, terminó por enloquecer y escapó de la fortaleza, llevándose por alguna razón la Corona consigo. Alcadizaar terminó dirigiéndose hacia el norte, hasta que finalmente murió ahogado en el río Ciego.

Warhammer AoR Mourkain Morgheim tumba Michael Phillippi.jpg
El cuerpo de Alcadizaar, con la Corona todavía aferrada a él, fue encontrado por Kadon, un joven chamán de la tribu Lodringen. Tras enterrar a Alcadizaar, Kadón sintió una extraña atracción hacia la corona y se quedo con ella, para su eterna condenación. La corona conservaba parte del espíritu del Gran Nigromante, y enseñó a Kadon algunos de los secretos de Nagash. Los sueños de Kadon estaban llenos de promesas susurradas, y su mente empezó a soñar con un imperio. Su noble alma pronto quedo corrompida por el mal latente en la corona. Siguiendolas órdenes de Nagash, Kadon explicó a los miembros de la tribu que tenía visiones que le ordenaban construir una ciudad junto al túmulo de Alcadizaar, y la ciudad debía llamarse Morgheim, que en el idioma de su pueblo quería decir Lugar del Muerto.

Con la ayuda de Ushoran, el primer vampiro Strigoi, construyó la ciudad de Morgheim (que más adelante sería tambien conocida como Mourkain) y fundó la civilización de Strigos alrededor de ella, una cultura obsesionada con la muerte y el culto a Nagash. Igualmente, Kadon reescribió cada uno de los nueve libros de Nagash, y se convirtió en un poderoso nigromante.

Después varios años, un enorme ¡Waaagh! Piel Verde liderado por el kaudillo Orco Dork Ojo Rojo, arrasó la ciudad, cayendo tanto Kadon como Ushoran, y expulsando a los striganos y sus amos vampíricos de la región. La Corona sobrevivió a la destrucción gracias a que un pupilo de Kadon, Morath, huyó con ella al norte con la Corona.

La Corona llega al ImperioEditar

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Tras la caída de Mourkain, Morath, uno de los pocos supervivientes de la destrucción huyó con la Corona de la Hechicería hacia las tierras que más tarden formarían el Imperio. Medio muerto, llegó hasta un valle oculto en las Montañas Centrales, donde pasó siglos durmiendo bajo el mundo y lejos de la vista de los hombres.

En la época de Sigmar, Morath despertó de su letargo y, empleando los poderes de la corona, construyó su guarida de la Fortaleza de Bronce trazó sus planes para reconstruir la gloria de la destruida Mourkain, levantando una ingente fuerza de No-Muertos. Mientras estaba sepultado pudo sentir el gran poder de Sigmar y decidió atraerlo ante él para someterlo y convertirlo en un sirviente no-muerto. Para ello, empezó a realizar escaramuzas contra el recién formado Imperio, atacando las aldeas y asentamientos de los territorios cercanos a su guarida, hasta que finalmente consiguió su atención.

Sigmar hizo un llamamiento a las armas para formar un ejército con el que poner fin a la amenaza del nigromante, desencadenando la Batalla de la Fortaleza de Bronce, donde las fuerzas del emperador consiguieron imponerse a las hordas no muertas del Nigromante, no sin un importante número de bajas. Sigmar en persona se enfrentó contra Morath, y a pesar de que el nigromante empleó los poderes de la Corona contra él, Sigmar se sobrepuso a su hechicería y acabó con él, poniendo fin a su antinatural existencia.

Sigmar Leyenda de Sigmar Imperio Jon Sullivan.jpg

Fascinado por el poder de la Corona, Sigmar se la quedó como trofeo y la ciñó en la cabeza dejando a un lado la corona creada por Alaric. Sigmar quería emplear el poder de la Corona de Nagash con fines benéficos, sin embargo esta se aprovechó del pequeño resquicio de oscuridad que había en su interior y empezó a manipularlo, convirtiendo a Sigmar en un regente cada vez más autoritario y despiadado contra aquellos que desobedecían su autoridad. Los Ropsmenn fueron casi completamente exterminados y los condes electores Krugar y Aloysis estuvieron a punto de ser ejecutados por el propio Sigmar por desacatar su mandato. Solo la oportuna intervención de su amigo Wolfgart impidió que cayera definitivamente en la oscuridad.

Sigmar comprendió que era un artefacto demasiado peligroso y ordenó enterrarlo en lo más profundo de Reikdorf. Encerró la Corona maldita en un cofre de hierro, sellado con palabras sagradas y encantos de protección recitados por todos los sacerdotes de Reikdorf. Después la llevó directamente a la suma sacerdotisa Alessa, en el templo de Shallya, donde se excavó un profundo pozo de treinta metros de profundidad y estaba cubierto de barras de hierro y lleno de tierra bendita, donde la corona fue sellada tras una solemne ceremonia. A pesar de todas estas precauciones, el poder de la Corona era demasiado grande y trató por todos los medios de manipular a la sacerdotisa, que a duras penas conseguía resistirse a su influencia.

La invasión de NagashEditar

Sigmar vs Nagash.jpg

En el año -40 del Calendario Imperial, el Gran Nigromante volvió a la vida después de haber sido destruido por Alcadizzar, y pasó un tiempo recuperando su poder y sus huestes.

En un momento dado, aproximadamente en el año 15 del Calendario Imperial, Nagash descubrió que la Corona estaba en el norte, en manos de Sigmar. Dispuesto a recuperar lo que le pertenecía, viajó hacia el norte, donde despertó a Krell de su letargo y estableció su base de operaciones en Athel Tamara, la ciudad élfica en ruinas. Envió un emisario para tratar con Sigmar, exigiéndole la devolución de la Corona, pero éste había sentido la maligna influencia de la Corona y no cedió.

Debido a la negativa del emperador, Nagash desató todo su poder y sus hordas no muertas sobre el joven Imperio. Atacó desde diversos frentes, causando una enorme destrucción a su paso, matando a todos aquellos que le salía al frente y arrasando asentamientos, solo para después resucitar a sus víctimas y que se sumaran a sus cada vez mayor ejército. Y así continuó hasta llegar hasta los muros de Reikdorf. Nagash exigió una vez mas la devolución de su Corona, pero Sigmar volvió a negarse a ello, lo que desencadenó el asalto final a la ciudad. Tras comprender que la Corona era el punto débil de Nagash, Sigmar se lo jugó todo a una sola baza y se ciño de nuevo la Corona en la cabeza durante la batalla.

Portada La leyenda de Sigmar El Rey Dios por Jon Sullivan Nagash.jpg

En el combate final contra el nigromante, Sigmar se aprovechó de su obsesión por recuperar la Corona para tenderle una trampa. Sigmar consiguió engañar al propio Nagash al hacerle creer que tenía la intención de destruirla con su martillo Ghal Maraz. Tal era la obsesión de Nagash que su deseo por proteger y recuperar el artefacto lo dejó vulnerable ante Sigmar, que lo destruyó con su martillo. Con su muerte, la magia que animaba a su ejército no muerto cesó y este empezó a derrumbarse, salvando al Imperio de la total destrucción.

Sigmar había derrotado a Nagash en combate, no sin sufrir terribles secuelas por ello. Tras la guerra, Sigmar le devolvió la Corona a la suma sacerdotisa Alessa y le pidió que se la llevara lejos del Imperio, a algún lugar en el que su poder maligno no pudiera corromper las almas de los hombres. Alessa partió de Reikdorf con un grupo de guerreros de voluntad férrea y se había dirigido al este, para nunca regresar.

El Waaagh de AzhagEditar

Azhag el Carnicero por Mark Gibbons.jpg
Durante veinticinco siglos, se pierde la pista de la Corona, hasta que es encontrada en el Territorio Troll por el Kaudillo Orco Azhag, que posteriormente sería conocido como el Carnicero, que la saqueó del tesoro de un Troll del Caos que había matado.

Dominado por las oscuras energías de la Corona, el Kaudillo Orco reunió bajo su estandarte a todas las tribus pieles verdes del Territorio Troll e inició una sangrienta campaña de devastación a través de Kislev y el Imperio en dirección al sur. El objetivo de la Corona era volver a las manos de su dueño, en Pico Tullido.

A la enorme fuerza bruta del ejercito orcoide se unió la brillante mente táctica de Nagash. Gracias esta combinación de ferocidad y estrategia los ejércitos de Azhag eran imparables y sumaban victoria tras victoria, por lo que sus chicos hacían la vista gorda a sus comportamientos "poko orkoidez" como no seguir la tradicional estrategia orca de "Arrejunta a toa la peña y lanzaloz kontra loz enemigoz" o hablar con una voz que no era la suya, cosa que ocurría cada vez que la Corona conseguí hacerse con la voluntad del Kaudillo Orko.

Azhag.jpg

Desgraciadamente para Nagash, la mente de Azhag fue inusitadamente resistente a su influencia. El caudillo orco solía desobedecer sus órdenes y no seguía sus indicaciones, por lo que constantemente el espíritu de Azhag y la voluntad de la Corona luchaban por el control de la mente del bruto pielverde. Esta lucha interna provocaba que Azhag se quedara muchas veces embobado sin hacer nada, incluso en medio de una batalla.

Fue gracias a esta lucha de voluntades por la que Azhag pudo ser detenido y muerto en la batalla de Osterwald (año 2515 del calendario Imperial) por el Gran Maestre de los Caballeros Pantera, Werner von Kriegstadt.

Tras su derrota, el Imperio se hace con la corona y estalla una discusión entre el Gran Teogonista, que ansía guardar la corona en las cámaras acorazadas, y Ar-Ulric, que pretende destruirla. Tras la intervención del Emperador, se sobrepone la opinión del Gran Teogonista y la corona es llevada a Altdorf.

Desde entonces, la Corona se encuentra oculta en lo más profundo de las bóvedas del Gran Templo de Sigmar en Altdorf, salvaguardada con los más poderosos encantamientos, encerrada para siempre, para proteger al mundo de su mal.

MiniaturaEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammmer: Condes Vampiro (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammmer: Condes Vampiro (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammmer: Condes Vampiro (8ª Edición).
  • Ejércitos Warhammmer: Reyes Funerarios (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammmer: Reyes Funerarios (8ª Edición).
  • Ejércitos Warhammmer: Orcos y Goblins (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammmer: Orcos y Goblins (8ª Edición).
  • Warhammer Fantasy JdR: Realms of Sorcery (1ª Ed. Rol).
  • Warhammer Fantasy JdR: Amos de la Noche (2ª Ed. Rol).
  • Manuscritos de Altdorft Tomo 3, Ejercito de Ulric

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