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Culto de Gorlaz el Dorado

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Como los Enanos son una raza antigua con una larga historia, a menudo los eruditos descubren referencias a fortalezas perdidas y clanes olvidados en tornos viejos y vetustos o en los bajorrelieves que adornan los muros de ruinas antiguas. Seres extraños, dioses lejanos y conflictos desconocidos yacen ocultos, a la espera de ser descubiertos por algún explorador, un aventurero dispuesto a enfrentarse a lo que haya en las ciclópeas profundidades del mundo bajo las montañas. Así fue como ocurrió con la fundación de la secta de Gorlaz.

Hegakin Rokrison es un Enano que nunca había estado muy centrado. Era un erudito ambicioso que se esforzaba por ganarse una reputación, y durante toda su vida supo que debía haber algo más aparte de las enseñanzas dogmáticas de los cultos establecidos de Grungni. Pero sus investigaciones le llevaron a lugares prohibidos, le condenaron al ostracismo y, finalmente, al exilio. Vencido, huyó a Karak-Azgal y se propuso explorar algunas de las ruinas más profundas que yacían bajo la ciudad. Para alegría suya, descubrió un antiguo santuario consagrado a un dios del que no había tenido noticias hasta entonces, aunque estaba seguro de que los Enanos jamás habían visitado aquel lugar, ya que su construcción era chapucera y definitivamente no era Enana. Intrigado, se aproximó al altar, aún cubierto por pegajosos e incalificables líquidos a pesar de los siglos, y tendió una mano temblorosa para tocarlo. Cuando sus gruesos dedos entraron en contacto con la piedra, se convivió para siempre en una criatura del Caos, un esbirro de Slaanesh.

Temiendo ser descubierto, el erudito huyó de las cavernas y regresó a la ciudad. Durante semanas padeció extraños sueños y fantasías aún más extrañas mientras luchaba por resistirse a la corrupción que se extendía por su cuerpo. Contempló horrorizado cómo su piel adquiría una textura correosa y se tensaba alrededor de sus huesos. Tenía que hacer algo cuanto antes, por lo que inventó a Gorlaz. Un mes después comenzó a predicar su recién descubierta deidad en la Fuente de Plata, extendiendo su mensaje de riquezas, lujos y gloria. Por la noche asesinaba aventureros y les robaba sus tesoros para poder comprar las vestiduras adecuadas para un dios de la riqueza. Pero a pesar de sus esfuerzos por fundar un nuevo culto que llevara la gloria al gran Slaanesh, los Enanos se burlaban de él y ridiculizaban su estúpido mensaje como si no fuera más que el producto de una mente febril.

Hegakin no se desalentó y prosiguió su trabajo, y un día su insistencia dio frutos y logró llamar la atención de Elgrom Matadragones, un enano que supuestamente descendía del mismísimo Skalf. Todos los días y durante semanas, Elgrom acudió a escuchar los sermones de Hegakin y acabó por unirse al erudito, presintiendo que su camino a la gloria pasaba a través de las enseñanzas de este nuevo dios. Con el apoyo de Elgrom, Hegakin y la secta de Gorlaz adquirieron cierta credibilidad, y poco después la gente se apiñaba alrededor de la fuente para escuchar las palabras de estos profetas.

Elgrom se convirtió a Slaanesh después de llevar un año colaborando con Hegakin. El erudito enseñó a su alumno que para poder reclamar el trono de la fortaleza debía acumular riquezas y poder (dos cosas que Slaanesh podía proporcionar a sus devotos). Los dos Enanos viajaron a las ruinas y se acercaron al templo, donde Elgrom tocó también la húmeda piedra, condenándose a una vida de corrupción y mutación paulatinas.

Veinte años después, Hegakin y Elgrom se han erigido como personas influyentes en Karak-Azgal. No sólo son el núcleo de un culto nuevo y en expansión, sino que éste es además la principal casa de banca en Karak-Azgal, y se dedica a guardar monedas y demás tesoros a cambio de un modesto porcentaje (5% para enanos, 7% para humanos y Halflings, y 12% para Elfos). Con los fondos obtenidos mediante actividades bancarias y donativos, compraron un viejo edificio en el barrio del Templo y lo remodelaron con mármol blanco, un tejado dorado y columnas. Con el tiempo, instalaron puertas dobles de oro macizo y una estatua dorada de tres metros de altura del falso dios Gorlaz, que sostiene en alto una moneda para que todos la admiren. Hegakin y Elgrom predican el camino de Gorlaz, recordando a su congregación que la riqueza es buena y que deben hacer acopio de todo el oro y las joyas que puedan para deleitarse con la belleza de las creaciones Enanas. Los miembros deben hacer peregrinajes sagrados a las ruinas para recuperar tantos tesoros como puedan en honor de Gorlaz, y para evitar que caigan en manos de otras razas. Según dicen los predicadores, haciendo estas cosas se glorifica y honra a los antepasados.

Aunque los Enanos han reunido una enorme congregación que adora indirectamente a Slaanesh en su veneración por el ídolo de Gorlaz, muy pocos (por no decir ninguno) se dan cuenta de ello. La mayoría creen sinceramente que Gorlaz es un dios auténtico, y absorben gustosos las enseñanzas de los lunáticos que dirigen la secta. Sin embargo, con el crecimiento del culto la situación se está volviendo peligrosa. La secta ha empezado a llamar la atención de los nobles más poderosos de la corte de Lord Thordin. Incluso el dirigente del gremio de joyeros, Zarador Svenginson, pertenece ahora a la secta. Y lo que es peor, las mutaciones de Hegakin y Elgrom están empeorando, volviéndose más pronunciadas, con lo cual cada vez les resulta más difícil ocultar su verdadera naturaleza. Suelen vestir túnicas largas y pesadas para esconder mejor su corrupción, pero la gente está empezando a sospechar. Elgrom, que está bastante desquiciado, estimula el crecimiento y aspira a convetirse en el señor de la fortaleza, en la creencia de que Slaanesh va a proporcionarle el trono.

El líder de la secta tiene a su servicio a veinte guardias del templo; en todo momento hay diez de ellos de servicio. Visten armaduras de placas completas y llevan el símbolo de la moneda dorada de Gorlaz inscrito en la coraza. Desde luego, sólo cuatro de ellos saben la verdad sobre la secta, y se han consagrado totalmente al servicio de su oscuro amo. Los demás creen de veras que sirven a la causa de su antiguo y nuevo dios. En cualquier caso, sirven a Elgrom y acatan sus órdenes hasta la muerte. Incluso aunque se les revele la verdad seguirán negándola, y atacarán al acusador para preservar la integridad de su fe.

Para los forasteros, la secta parece ser algo ostentosa. Sus miembros llevan recargados anillos de oro y asisten a fiestas en el templo que duran toda la noche. Los ladrones sueñan con robar algunos de los tesoros que supuestamente se guardan en el templo, pero hasta ahora nadie lo ha conseguido, y ninguno de los que ha superado las defensas del templo ha regresado jamás. Durante estas fiestas, dos de los guardias que están al tanto de la situación se llevan a un miembro a una cámara secreta sepultada bajo el templo, donde el sujeto en cuestión es sedado con fuertes drogas y recibe el honor de que le cubran de oro una parte de su cuerpo. Se trata de un proceso doloroso, digno del retorcido Slaanesh. Se vierte una pequeña cantidad de oro líquido sobre un dedo del pie o una uña de la mano, y cada vez que el sujeto grita de dolor, Elgrom grita de regocijo.

FuenteEditar

  • Warhammer Fantasy JdR: Karak Azgal (2ª Ed. Rol)

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