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Deidades menores imperiales

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Aunque los ciudadanos del Imperio rinden homenaje a nueve cultos principales, existen docenas, incluso centenares de dioses menores que todavía son venerados por toda la nación. Cada provincia cuenta con sus propios dioses únicos, algunos de los cuales ni siquiera son conocidos a varios kilómetros de las zonas en que son venerados. La mayoría de las deidades menores son adoradas fervientemente por un pequeño puñado de feligreses, a menudo en secreto, sobre todo si se trata de dioses de cariz sanguinario o cuestionable. Por lo demás, el grueso de la población homenajea a estas deidades menores en festividades concretas, y las ignora el resto del tiempo.

Los sacerdotes de los nueve cultos principales admiten la existencia de estos dioses menores, aunque su grado de aceptación depende de varias circunstancias. Si se descubre un nuevo dios en alguna región atrasada e inexplorada, los sacerdotes hacen todo lo posible por clasificarlo como aspecto de uno de los nueve dioses principales. Dependiendo de la zona y de la actitud de los lugareños, esta “inclusión" de su deidad en el panteón reconocido puede ser completamente aceptada o rechazada y declamada como herejía. No obstante, la mayoría de los dioses menores son simples aspectos del panteón central, aunque muchos los consideren entidades totalmente distintas. Así es el caso, por ejemplo, de Ranald el Negociador y Ranald el Acechador Nocturno. Los burgueses y mercaderes casi siempre realizan ofrendas al primero, pero también lo harían para que el segundo se mantuviese alejado de sus asuntos. Sorprendentemente, la mayoría de los ciudadanos del Imperio aceptan este tipo de contradicciones sin ningún problema.

Otras deidades menores incluyen a los dioses extranjeros importados al Imperio. Los inmigrantes siguen venerando a sus propios dioses, y en algunos casos esta devoción se extiende a otros, incrementando potencialmente el prestigio de la divinidad. Un buen ejemplo de esto es el de Myrmidia, que evidentemente procede del sur del Viejo Mundo (aunque aún se discute si viene de Tilea o de Estalia), y que sin embargo se ha hecho extremadamente popular entre los ciudadanos del Imperio. No cabe duda de que esto podría volver a suceder; es posible que, en el futuro, aparezcan dioses nuevos y las costumbres de los antiguos dioses se olviden o sean relegadas a un segundo plano. Pero afirmar esto abiertamente se considera una herejía.

Deidades localizadas y dioses de la naturalezaEditar

El Imperio está compuesto por una enorme cantidad de personas muy diferentes con una vaga percepción de unidad. Está atestado de dioses, espíritus y otras entidades que exigen ser adoradas. Más allá de los nueve dioses convencionales, existe todo un espectro de dioses menores; algunos datan de eras pasadas, otros son nuevos, y también están los que son relativamente novedosos para el culto colectivo de los lugareños. La mayoría de los dioses comunes pueden definirse como deidades locales propias de un pueblo, burgo o provincia concreta, o bien vinculadas a ríos, bosques y demás emplazamientos naturales. La diferencia entre estas dos categorías depende de a quien se pregunte.

Religiones Provinciales.jpg
Las deidades localizadas son solo eso, dioses cuya influencia o reputación apenas se extiende a unas pocas decenas de kilómetros, aunque algunos son reconocidos a grandes distancias. Esto suele ocurrir con ciertos tipos de deidades asociadas a caminos o senderos, a lo largo de los cuales hay diseminados varios santuarios pequeños. A menudo hay una línea un tanto confusa que separa a una verdadera divinidad de algún alma venerable del pasado, aunque el poder y el respeto que se le conceden es el mismo. Las personas que adoran a estas fuerzas locales suelen ser muy extremas en su fe, y se niegan a creer que sus prácticas sean herejes; muy a menudo se ven en la tesitura de tener que convencer a los cazadores de brujas itinerantes de que lo que hacen es un acto de devoción, no de blasfemia.

Las deidades de la Naturaleza son mucho más comunes. Dependiendo de a quien se pregunte, estas deidades pueden ser aspectos menores de Taal, Rhya o Manann, algún espíritu que ha sido confundido con un dios, o incluso una antigua deidad con raíces en las tradiciones élficas o enanas. Los dioses de la Naturaleza suelen estar asociados a una arboleda sagrada (o incluso a un único árbol), caverna, arroyo o cualquier otro paraje de belleza natural. Otras son en realidad ninfas, dríades, náyades y demás criaturas feericas a quienes se ha tomado por divinidades. Si una persona cree en una deidad de la Naturaleza concreta, es probable que deje una ofrenda al dios en cuestión y también a Taal y Rhya, para honrarlos a todos. Los ritos que solicitan estas deidades pueden parecer absurdos y anacrónicos para los no creyentes, pero son de una importancia vital para quienes creen en su poder. Por ejemplo, el dios de un río local podría exigir el sacrificio anual de una marrana virgen, mechones de pelo de tres doncellas y la sangre de un gallo negro, pues de lo contrario provocar una crecida del río que anegará el paisaje circundante.

Sean deidades locales o de la Naturaleza, los forasteros pueden creer que estas demandas tienen poco peso, pero para los lugareños es tremendamente importante celebrar los ritos y sacrificios necesarios. No sería la primera vez que un ciudadano imperial comete el error de contravenir las exigencias y edictos de estos dioses, a menudo sin ni siquiera darse cuenta, para luego recibir un correctivo a manos de los lugareños. Así, cualquier extranjero que visite una provincia lejana podría convertirse en un sacrificio para estos dioses, más debido a la ignorancia que a un propósito intencionado de causarles una grave ofensa.

Algunos dioses menoresEditar

Existen cientos o incluso miles de dioses menores en el Imperio, algunos de los cuales tan solo cuentan con algunas docenas de seguidores. Además, algunos viejomundanos veneran a deidades no humanas que han tornado prestadas de los enanos, los elfos o incluso los halflings, y las incluyen en sus oraciones y ceremonias.

Artho, el InamovibleEditar

En honor a la tradición y las viejas costumbres, algunos ancianos huraños llevan encima ídolos de piedra que representan a Artho. De este modo, siempre que se enfrentan a algún cambio que perciben como una amenaza para la fibra moral de Middenland, exhiben el ídolo para recordar a los demás los valores y costumbres a los que deberían adherirse los middenlandeses. Y si sus protestas caen en saco roto, siempre se les puede golpear con el ídolo.

Borchband, la VozEditar

Los políticos y demás legisladores de Reikland y Altdorf guardan amuletos de Borchband sumergidos en copas de vino con la esperanza de distraer al dios y evitar que envíe alborotadores que frustren sus planes.

Helgis la Enlutada, Patrona de las ViudasEditar

Para no llamar Ia atención de Helgis la Enlutada, algunas mujeres sacrifican un animal y lo visten con las ropas de sus esposos. Luego arrastran el cadáver hasta el bosque como ofrenda a la odiada bruja que les roba a sus amantes.

Forsagb, Dios de los AuguriosEditar

Los pastores de Averland que sufren mal de amores suelen apelar a Forsagh con la esperanza de averiguar si su afecto será recíproco. Tras recitar una plegaria rápida, examinan la consistencia de las próximas deposiciones que se encuentran. Si son suaves y blandas, sus amadas les corresponderán, pero si son secas y duras será mejor que el pastor busque consuelo en alguna otra parte.

Gargali, Dios de las Vetas OcultasEditar

Antes de entrar en una nueva mina, los mineros de Wissenland atan un trocito de papel con el símbolo de Gargali a la pata de un gorrión, y luego lo encierran en una jaula. Se cree que si el pájaro muere, significa que están cerca de una nueva veta de minerales. Lamentablemente, muy pocas personas pueden confirmar si este sistema funciona realmente.

Katya, Deidad de la Belleza ArrebatadoraEditar

El culto a Katya es extremadamente regional, casi desconocido fuera de Reikland. Las doncellas jóvenes suelen esconder pequeños símbolos de Katya entre las pertenencias de sus amados para dejarlos indefensos ante sus encantos.

Loerk, Señor de la DanzaEditar

Se dice que los nordlandeses a quienes les crecen verrugas en los pies han sufrido la desaprobación del Señor de la Danza. Los que se niegan a bailar por principios hacen que estos feos bultos se extiendan frotándolos con sapos, y durante los grandes festejos estos hombres y mujeres se sientan exhibiendo orgullosamente sus pies descalzos para mostrar su desdén. Algunos murmuran que estos individuos son en realidad middenlandeses que adoran a Artho.

Narlog, el InevitableEditar

Cuando los ostlandeses comentan que algo es "obra de Narlog", suelen hacer referencia a la muerte, los impuestos, el despecho de una mujer y lo que suele suceder si dejas solo a un averlandes con una oveja.

Renbaeth el Sagaz, Patrón de AbogadosEditar

Hay un dicho en Talabecland que se aplica siempre que alguien va a cerrar un costoso trato o sale perdiendo en un negocio. Se dice que tales individuos han pagado la cuota de Renbaeth, en relación a los desorbitados precios que cobra el estimado sector legal de Talabheim.

Shaback, Dios de Ciénagas y PantanosEditar

Venerado por los nativos del Pantano Maldito, aunque más allá, de sus fronteras su nombre se usa más como maldición que como deidad. Los habitantes de los territorios aldeanos suelen murmurar la palabra Shaback cada vez que ven algo desagradable.

Sheirrich, el Viento PerdidoEditar

En Averland, cada vez que alguien percibe un olor hediondo en el aire, no tardan en exclamar "¡El tufo de Sheirrick!". Se cree que la última persona del grupo que lo diga es quien ha emitido el mal olor (sea cierto o no), provocando así las sonoras carcajadas de sus compañeros.

Tahrveg, la Flecha CerteraEditar

Tahrveg fue un dios popular en el pasado, y la mayoría de los arqueros sacrificaban uno de sus dedos al dios para que afinase su puntería. La última incursión del Caos provocó una oleada de tal pánico que los arqueros se cortaron tantos dedos que apenas si podían sostener sus arcos. Desde entonces se cambió el dogma, y en la actualidad esta ofrenda es solo simbólica: cada arquero suele empapar su dedo en su propia orina para garantizar que su puntería será certera. Algunas muchachas comentan entre risillas que esto también les ayuda a apuntar cuando disparan con su otro arco.

Wendred, Dios del Deber y el ServicioEditar

Esta divinidad es adorada en muchas regiones de Wissenland; cada vez que se encomienda alguna tarea importante a una persona, se dice de ella que "carga con el peso de Wendred".

Otros dioses menores Editar

Fuente Editar

  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de Salvación (2ª Ed. Rol)

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