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Demonios del Caos

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Demonios principal.jpg
"No puede haber victoria duradera contra los siervos de los Dioses Oscuros. Cuando vengan a por ti, la supervivencia deberá ser tu única meta."
Jostro el Hereje

Nadie sabe desde cuándo existe el Reino del Caos, ya que el paso del tiempo tiene poca importancia en este lugar maldito. Es posible que sea tan antiguo como la propia historia, que se formara antes de que las estrellas cobraran vida y el mundo fuera creado. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que el Reino del Caos y todos sus habitantes son la manifestación de las esperanzas y miedos de las criaturas vivas, así que, ¿cómo podría existir antes de que apareciesen las primeras razas inteligentes? Sea como sea, poco importa: lo único importante es que los Dioses del Caos existen, y que tienen un ansia permanente por devorar las almas de los mortales.        

Hay cuatro Dioses del Caos: el iracundo Khorne, el ladino Tzeentch, el pestilente Nurgle y el cruel Slaanesh. Son deidades envidiosas y engreídas, y cada una de ellas cree estar destinada a ser el amo supremo de la existencia. Luchan constantemente entre sí por el control del Reino del Caos, pero rara vez se rebajan a enfrentarse en confrontación directa, pues esa no es la tarea de entidades omnipotentes como ellas, sino de sus legiones de siervos. Por ello, cada Dios del Caos envía a sus poderosos ejércitos de Demonios a que presenten batalla en su nombre. 

Las Huestes Demoníacas y la Forja de AlmasEditar

Hueste Demoníaca.jpg

De igual modo que los Dioses del Caos son seres de magia, también lo son sus sirvientes demoníacos. Cada Demonio es como una astilla de su maestro divino, una imagen distorsionada de los anhelos, emociones y deseos más oscuros de los mortales, que ha tornado forma y tiene licencia para destruir. Así pues, cada Demonio es un reflejo de la presencia y personalidad de su amo. Los Demonios de Khorne son musculosos, brutales, y proclives a la masacre indiscriminada, mientras que aquellos que sirven a Tzeentch son taimados y arteros, dados a evitar el combate y optar en su lugar por la magia que tanto detesta Khorne. Los Demonios de Nurgle son con mucho los más resistentes, aunque también algo aletargados a la hora de pensar y actuar. Por su parte, los Demonios de Slaanesh son tan gráciles y rápidos fisicamente como salvajes de temperamento. Pero con independencia de su forma fisica, todos los Demonios son de una dureza sobrenatural, capaces de encajar golpes que destruirían a cualquier otra criatura. Además, ningún Demonio puede ser destruido por completo. Su cuerpo fisico sí que puede aniquilarse, pero lo único que eso logrará será expulsar su espíritu hasta el torbellino de energía mágica conocido como la Forja de Almas. Una vez allí, el Demonio se ve inmerso en el proceso de tener que crearse un cuerpo nuevo que habitar, mientras sueña con vengarse de quienes lo han reducido a ese estado.

Aunque los Demonios comparten numerosas características, no existen dos que sean completamente iguales, pues entre los guerreros de las huestes demoníacas puede encontrarse toda la variedad infinita de la que hace gala el Caos. Muchos Demonios están dotados de extremidades adicionales, armas mágicas u otras características y poderes aún más extraños. Dichos rasgos son regalos y bendiciones concedidos por el patrón de dicho Demonio, ya sea como premio por algún servido especialmente exitoso o como castigo por un fracaso ignominioso (y en ocasiones, ni siquiera es posible diferenciar un supuesto del otro). Por lo general, los Dioses del Caos prestan la misma escasa atención a sus Demonios que a las criaturas mortales que persiguen sus favores, y a veces dicho desinterés puede llevarles erróneamente a premiar o ascender de rango a siervos que no lo merecen, o a castigar de firma injusta a sus más útiles y meritorios esbirros.

Guardián de los Secretos by columbussage Demonios Caos.png

Al igual que los Demonios son parodias retorcidas de criaturas mortales, sus ejércitos tienen similar aspecto a las de los planos materiales. Las huestes demoníacas de mayor tamaño son lideradas por Grandes Demonios, monstruosos avatares de los Dioses Oscuros cuyo poder eclipsa fácilmente el de cualquier señor de la guerra mortal. Las tropas de a pie de estas fuerzas son los Demonios Menores, antinaturales guerreros que marchan bajo siniestros estandartes, ya sea a pie o montados sobre rugientes bestias de guerra y carros de aspecto infernal. 

Los Dioses del Caos están siempre enzarzados en guerras entre ellos por hacerse con el control de toda la existencia, y el poder de cada uno (y de sus huestes demoníacas) aumenta y disminuye según su nivel de éxito en este Gran Juego. Dichos enfrentamientos se libran sin cuartel ni convenciones de ningún tipo: cualquier táctica, artificio o artimaña se consideran lícitos. Las alianzas son frecuentes y cambiantes, y la traición es común. Y sin embargo, por mucho que los Dioses del Caos discutan y se peleen entre ellos, hay una causa en la que se muestran unidos: la condenación del reino mortal y de todas las criaturas que habitan en él. Con tal de lograr este objetivo, los cuatro Poderes Ruinosos se mantienen hombro con hombro (aunque vigilándose mutuamente por el rabillo del ojo), y sus esbirros marchan como una sola voluntad para aplastar a los insignificantes defensores de los reinos mortales.

Aun así, cuando tengan la victoria en la palma de la mano volverán a luchar entre ellos, buscando reclamar el control de las tierras conquistadas. Demonios que un momento antes luchaban unidos contra un enemigo común volverán sus espadas, hechizos y garras unos contra otros sin dudarlo. Dicho conflicto cobrará tal ferocidad, que cualquier ganancia que puedan haber conseguido de forma conjunta será barrido por completo. Un paraje que crepita con el poder de la Magia Oscura volverá casi a la normalidad en cuestión de horas pues las hordas enfrentadas de Demonios consumirán toda esa energía para poder seguir adelante con la lucha, y en cuanto no quede magia para sustentarlos serán inevitablemente reabsorbidos por el Reino del Caos.

Gracias a eso, el mundo mortal está relativamente a salvo de la destrucción total, no por la fuerza de las armas sino por la propia codicia divina que inició la matanza. Ya sea mediante el conocimiento erudito o la superstición primitiva, saben que es solo cuestión de tiempo que los Dioses Oscuros se unan de nuevo, y que los Demonios del Caos vuelvan otra vez a asolar el mundo mortal.

El Reino del CaosEditar

Reino Caos John Blanche.jpg

Artículo principal: Reino del Caos.

El Reino del Caos, la dimensión de la que proceden los Demonios, es un lugar de sueños y pesadillas, donde una causa no siempre tiene el efecto esperado. Dentro de sus confines todo es posible, pues no existen leyes físicas comparables a las del mundo mortal. En el Reino del Caos, las esperanzas y los miedos se hacen realidad, y la realidad se reconstruye como una febril alucinación. La fuerza de gravedad, las formas, el espacio y la razón cambian constantemente según la voluntad de los Dioses del Caos. Pocos mortales son capaces de percibir este dominio en todo su esplendor, pues la mente mortal se evade de sus paisajes ultraterrenos. Por ello no solo no existen dos visiones iguales del Reino del Caos, sino que de hecho la mayoría de ellas son contradictorias. 

Regiones del Reino del CaosEditar

Lenguaje DemoníacoEditar

MagiaEditar

El Nombre de los DemoniosEditar

Portada libro de Ejército Demonios del Caos 7ª edición por Adrian Smith.jpg
El verdadero nombre de un Demonio comúnmente es una oleada de sílabas guturales que escapan a la comprensión de la mayoría de los que las leen e intentan pronunciarlas. Prácticamente todos los Demonios procuran mantener en secreto sus verdaderos nombres. El conocimiento del nombre verdadero proporciona una ventaja, y los Demonios no renuncian a ese poder fácilmente. Solo los Grandes Demonios más poderosos y que no temen que otra criatura los domine no se preocupan por ocultar sus verdaderos nombres. Al ocultar sus verdaderos nombres, los Demonios utilizan una serie de nombres y títulos falsos que varían en función de la circunstancia, ya que como estos nombres no importan a los Demonios, no proporcionan beneficio alguno a quien los conozca. 

Un Demonio siempre elige un nombre que refleje su naturaleza. Grauhilatarak, un Devorador de Almas de Khorne, ha ostentado títulos como el Asesino Despótico de la Inocencia, Despojacarnes o Arrancacráneos. Del mismo modo, el Guardián de los Secretos Lachirelarian'sithelme se regocija usando nombres que reflejen las obsesiones de Slaanesh, como Grito Infame, Bailarín del Pecado y Saqueador Acechante. 

En otras ocasiones, un Demonio se ve tan complacido por un epíteto adjudicado por los enemigos a los que se ha enfrentado, que adopta el nombre para si. H'guturhtuk Urg'pelagua tenía el apelativo de Flujo Pútrido hasta la Batalla de las Colinas Baldías. Los soldados de la Milicia Imperial que consiguieron no ahogarse en el vómito pútrido arrojado por esta Gran Inmundicia lo denominaron Avalancha de Bilis mientras huían de la oleada de bilis viscosa y borboteante. Como a H'guturhtuk le complació esta descripción basada en el pánico, decretó que desde ese instante se le debería denominar Padre de la Avalancha de Bilis.

De todos los Demonios, los alados Señores de la Transformación son los que suelen adoptar títulos más habitualmente. Como alteran su color, tamaño e incluso la forma constantemente y de forma caprichosa, estos vigilantes alados no quieren restringirse a sí mismos con un único nombre. Por este motivo, los Señores de la Transformación pueden tener un centenar de títulos y usarlos todos a la vez en un momento determinado: algunos de ellos los comparten entre una docena o más de otros Grandes Demonios. Estas prácticas laberínticas entorpecen la identificación de un Señor de la Transformación y lo convierten en un proceso de lo más irritante y complicado.

Invasiones DemoníacasEditar

Cruzada Negra Tzeentch by Jason Juta.jpg

Desde su oscuro dominio en el Reino del Caos, los servidores de los Dioses del Caos vigilan, a la espera de una oportunidad para desatar toda su furia primaria sobre los desventurados mortales del mundo de Warhammer.

Aunque los Demonios pasan la mayoría de su existencia encerrados en el conflicto interminable que se libra dentro del Reino del Caos, ¿qué es el tiempo para un ser que ha visto el nacimiento y la muerte de estrellas? Los años, las décadas y los siglos son fugaces y efímeros para los que han presenciado el ascenso y la caída de civilizaciones. Esta es la visión que tienen los Demonios del Caos del mundo; se trata de algo pasajero, un patio de recreo en el que satisfacer sus deseos y un campo de batalla en el que representar todos los horrores, el sinsentido y la crueldad que buscan.

Los mortales del mundo no significan nada para los Demonios, ya sean los nobles Elfos, los testarudos Enanos, los valientes hombres del Imperio, los bárbaros pieles verdes o los imponentes Ogros. El desdén que siente un Demonio por todo tipo de criaturas equivale a la indiferencia con la que un niño cruel observa a unas hormigas mientras las atormenta con una lupa o un cazo de agua caliente. Para él solo son juguetes, cuyo único valor es la diversión que proporcionan con sus frágiles y patéticos cuerpos. Cuando los Demonios lanzan incursiones desde el Reino del Caos, irrumpen en el plano mortal para llevar a cabo los horrores oscuros que dominan sus corazones.

Estas invasiones son sangrientas y brutales, porque ninguna preparación basta para contener el monstruoso poder del Reino del Caos. Cuando las legiones demoníacas se desbordan en el plano mortal, Nurgle extiende sus mayores plagas y sus resultados son estallidos gloriosos de pestilencia y muerte agónica. Entre la multitud de mortales, los Demonios de Slaanesh se deleitan con los excesos de la guerra y la brutalidad, regodeándose en la masacre y la crueldad de la guerra, mientras los ensangrentados soldados de a pie de Khorne prueban su superioridad marcial frente a cualquiera que se cruza en su camino. Incluso los servidores de Tzeentch se complacen en la destrucción, provocando cambios y mutaciones en los desprevenidos y los reacios, disfrutando con el infierno que causan.

La Invocación de un DemonioEditar

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A lo largo de los siglos, mortales de todas las razas han invocado Demonios. Lo han hecho para lograr sus propios objetivos, usando el conocimiento que adquieren en textos heréticos como el Grimorio Daemonicus, el Pandemonius y el Liber Maleficus. Algunos buscan un poderoso protector; o un asesino implacable para eliminar a sus enemigos. Otros ansían conocimientos mágicos o ver el porvenir. Al ser atemporales, los Demonios tienen una perspectiva única del mundo real y pueden vaticinar a los mortales lo que sucederá en el lejano futuro. 

Por su parte, los Demonios ansían seguir el conducto mágico de una invocación hasta su fuente, aunque no tienen ninguna intención de darle las gracias a quien abrió esa puerta. Es entonces cuando el invocador descubre lo eficaces que son realmente sus hechizos de protección. Cualquiera que tenga protecciones con la más mínima falla, es devorado rápidamente y sus habilidades mágicas y su esencia sirven como sacrificio para que el Demonio sobreviva en el mundo real. Si el invocador está protegido por encantamientos de una complejidad y poder tal que el Demonio no puede romper, podrá ejercer cierto dominio sobre la criatura. 

Incluso un Demonio sometido es el más peligroso de los sirvientes, y siempre tratará de romper sus ataduras. Cualquier consejo o sabiduría que imparta será una apuesta demoníaca por su libertad, aunque lo presentará en términos que parezcan beneficiosos para el invocador. Las bestias más astutas consiguen llegar a un acuerdo con su captor; según el cual, el Demonio se ofrece a servirle una temporada que puede ser de días, años o hasta siglos aunque el final de todos ellos es el mismo: el Demonio sale triunfante, y el mortal acaba devorado. 

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Demonios del Caos (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Demonios del Caos (8ª Edición).

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