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Desiertos del Caos

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Alrededor del Reino del Caos, las fronteras del mundo real forman un anillo de sombras que rodea la esencia de la oscuridad que hay en su interior. Por esta razón, las Tierras del Norte también son conocidas como las Tierras Sombrías, la Umbra Caótica, o más comúnmente, los Desiertos del Caos.

Los Desiertos se encuentra cerca de la cima del mundo. Más allá incluso de los más lejanos confines del Norsca y el Mar de las Garras, los Desiertos del Caos se componen de terrenos tan fríos como desolados, donde pocas cosas naturales crecen y sólo las criaturas más desesperadas o altamente mutadas pueden esperar sobrevivir por mucho tiempo.

Aunque la mayoría de la gente del Viejo Mundo creen que los Desiertos del Caos son la fuente de todo lo que es sucio y vil, pocos se dan cuenta que es en realidad una barrera entre el mundo real y el Reino del Caos. La bullente locura del Vacío apenas es contenida por esta barrera, aunque para los no iluminados, hay poca diferencia cuando ven los horrores acechan en los Desiertos del Caos. Los eruditos y magos saben acerca de la verdad, aunque a menudo incluso ellos se equivocan, basando sus afirmaciones en rumores, creencias supersticiosa, y en las palabras escritas en oscuros tomos.

DescripciónEditar

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Los Desiertos del Norte se encuentran al este del Mar del Caos, junto a los límites del Reino del Caos. Esta extensa región forma parte del mundo material, aunque se encuentra inevitablemente corrompida por la proximidad del Caos. El Reino del Caos irradia una intensa y peligrosa energía por todo el globo; se trata de la energía de la disformidad, considerada por los hechiceros como la fuente de toda magia.

Al hallarse próximas a las fronteras del Caos, las Tierras del Norte quedan inevitablemente saturadas de esta energía, mientras que el poder del Caos va debilitándose gradualmente a medida que uno se distancia más del polo.

Penetrar en los Desiertos del Norte es viajar hacia la muerte. Pocos osan enfrentarse a los terrores del Caos, pero los relatos de montañas enteras transformadas en oro o joyas preciosas, o la promesa de potentes artefactos mágicos ocultos en los desiertos, siguen atrayendo a los más desesperados cazadores de tesoros. Aquellos que osan viajar por ellos sin la protección de los Dioses del Caos jamás regresan. Lo más probable es que estos temerarios aventureros sean despedazados por los monstruos que vagan por los desiertos, o sean asesinados por una de las incontables hordas que degüellan salvajemente a cualquier intruso en nombre de su dios. Otros sufrirán mutaciones que los convertirán en criaturas irreconocibles debido al poder del Caos en estado puro. Algunos son conducidos a la locura por los horrores que allí presencian.

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Oscilando en el borde entre el mundo real y el Reino del Caos, los Desiertos del Caos son difíciles de describir. Dentro de sus áridas estepas hay ciudades perdidas, campamentos repletos de Hombres Bestia, Bárbaros, ogros, y lugares con un poder sobrenatural, extraño y peligroso. Los Desiertos del Caos tienen una extraña manera de reforzar sus habitantes con una fuerza perversa y fecundidad, lo que garantiza un flujo constante de humanoides y mutantes dispuestos a cumplir las órdenes de los Señores del Caos. Debido a que el Ojo del Caos está permanente abierto en el extremo norte, esta cruel energía siempre estará allí, incluso aunque se aniquile a todos los mutantes y Hombres Bestia, y se destruya cada monolito y lugar arcano, esto no impediría eventual retorno del caos.

El paisaje de los Desiertos del Caos es de vastas estepas, solitarios bosques y rocas estériles. Debido a que está situada cerca del norte, la tierra es a menudo es enterrada bajo la nieve y atacada por vientos gélidos. Mientras que las tierras sureñas de los Desiertos del Caos son similares a las de Norsca o el Territorio Troll, el paisaje cambia drásticamente a medida que avanzamos más al norte. Nada es seguro aquí, y hay lugares de los Desiertos que desafían toda lógica natural, y se pueden encontrar pequeñas junglas tropicales, desiertos de arena multicolor y pantanos de miasma, entre otras localizaciones aún más extrañas e indescriptibles. Estas aberrantes alteraciones en la región a menudo coinciden con su proximidad a lugares mágicos y poderosos monolitos, pero a veces surgen sin ninguna razón en particular.

Terreno fuera de lugarEditar

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Cuanto más se acerca un viajero al norte, más desolado, surrealista e inhóspito se vuelve el terreno. Este viajero tendrá que atravesar estos Desiertos del Caos si desea cruzar la frontera entre ambos mundos y alcanzar el Reino del Caos. Los Vientos que allá soplan no son de aire, sino de pura magia, y el cielo, sacudido por las tormentas, hierve de poder arcano. Aquí, uno puede observar la rebelión de la naturaleza misma, y hasta los elementos se dividen entre los mundos mortal e inmortal.

Con frecuencia, el terreno de los Desiertos del Caos puede resultar contradictorio y chocante. Aunque se encuentra muy al norte, donde predominan la nieve y los vientos helados, a veces la maldición del Caos altera el mismísimo tejido de la realidad y crea lugares que no podrían existir en condiciones normales.

Algunos cuentan historias sobre pantanos húmedos y tumefactos, desolados desiertos llenos de arenas abrasadoras, y densas junglas más propias de las lejanas tierras meridionales de Lustria que de los climas septentrionales. Existen lugares donde los árboles se retuercen formando ennegrecidos esqueletos que alargan sus ramas hacia las criaturas de sangre caliente. Hay planicies ensangrentadas, cubiertas por un bosque de formas petrificadas, en las que ejércitos enteros han sido transformados en estatuas de oro, mármol y piedras preciosas por el hálito de dioses indolentes.

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Las montañas de este devastado lugar han adquirido formas prodigiosas y de los acantilados salen fauces abiertas que rugen para que se les alimente con la carne de seres mortales. Picos serrados y pinchos de metal surgen del terreno como huesos astillados, y ríos de lava fluyen al revés a través de profundas fisuras en las llanuras cubiertas de nieve. Monolitos erigidos en alabanza de Paladines del Caos salpican el paisaje árido; sus superficies rugosas exudan sangre continuamente y tienen grabadas las leyendas de hazañas terribles. Enormes bastiones coronados por calaveras arrojan sombras que escenifican matanzas y muerte a medida que se agitan y danzan.

Desde sus nidos coronados de llamas, las Quimeras bajan en picado a darse un festín con quienes pasan por allí, y los rugidos de sus tres cabezas dejan la sangre tan fría como el hielo. Por este paisaje imposible y pesadillesco acechan Paladines oscuros que vagan por los desiertos en pos de gloria eterna y guerra perpetua, y únicamente los más grandes entre todos ellos alcanzarán con vida los límites del Reino del Caos. Si nuestro viajero tuviera esa capacidad de supervivencia, y traspasará el límite, encontraría una región de espacio infinito, completamente separada del mundo mortal. Las palabras no bastan para describir lo que hay allende el velo del olvido. Por tanto, hemos de dejar al viajero a las puertas del Caos, donde seríamos incapaces de seguirle, ni siquiera con nuestra imaginación.

Las tierras del norteEditar

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En las proximidades de las fronteras del Caos, las tierras del norte están saturadas de fuerzas maléficas. Es un páramo helado en el que acechan toda clase de monstruos repulsivos y bárbaros errantes. No sobrevive ningún cultivo aquí, ya que el suelo es duro como el hierro y los vientos aullantes son tan fríos que cortan como un cuchillo. Una red de fiordos e islas cubiertas de niebla bordean la costa, y es aquí donde los Norteños construyen y amarran los navíos con los que aterrorizan el mundo conocido.

En las tierras de Norsca, entre el Mar de las Garras y el Mar del Caos, los asentamientos costeros dispersos proporcionan algo de cobijo de los crueles elementos, aunque a menudo son atacados por los krakens de sangre y otros horrores. Más hacia el interior, el hielo da paso a estepas, donde las tribus de jinetes cazan y se mantienen alejados de los cubiles alfombrados con huesos de los Dracos de Hielo. Es una tierra oscura y sombría en la que los débiles no viven mucho tiempo, y vivir supone una lucha constante por la supervivencia, la supremacía y la oportunidad de complacer a los dioses.

Desde las tierras del norte, uno puede ver que el Reino del Caos es una entidad pulsante que se contrae y se expande hacia el mundo real como una marea irregular. El poder del Caos siempre ha crecido y menguado, y durante casi todo el tiempo, la sombra de su influencia se ha mantenido cercana a los polos. Sin embargo, a medida que se expanden sus confines, cada intrusión va acompañada de la marcha de grandes partidas de guerra del Caos. Los eruditos han afirmado que ambos están íntimamente relacionados, como si el deseo colectivo de las partidas por sembrar la destrucción alimentara la expansión del Reino del Caos, De ser así, a menos que se puedan repeler esas incursiones, el Reino del Caos terminará por engullir al mundo entero, y todo se sumirá en la demencia y la muerte.

Lugares Importantes Editar

ImágenesEditar

HabitantesEditar

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Los hombres que habitan en las Tierras del Norte son en su mayor parte bárbaros y salvajes comparados con los que viven en las tierras del Sur. Físicamente no difieren del resto de los humanos y, en tiempos de paz, pueden encontrarse mercaderes del Norte vendiendo su mercancía en los mercados de ciudades tan cosmopolitas como Marienburgo, en el Oeste y Weijin, en el Este. No obstante, en otros aspectos no se parecen en nada a los demás humanos, ya que adoran a dioses extraños y su forma de vida es mucho más brutal y primitiva. Lo más importante, sin embargo es el hecho de que viven bajo la sombra del Reino del Caos y debido a eso no pueden escapar del todo a su influencia.

Incluso en las tierras civilizadas del Sur, la mutación y la desfiguración resultan cotidianas. Por ejemplo, en el Imperio, los recién nacidos que sufren algún tipo de mutación son abandonados y aquellos que demuestran poseer una deformación, por pequeña que sea, son perseguidos y quemados en la hoguera por los temidos cazadores de brujas.

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En el lejano Norte, este tipo de mutaciones son tan comunes que podrían tildarse de ser casi generalizadas. Aunque, a veces, puede no resultar evidente, la mayoría de los habitantes del Norte presentan en su cuerpo alguna marca del Caos. Sin embargo, ellos no las consideran maldiciones o desfiguraciones, sino bendiciones concedidas por los dioses. Incluso las mutaciones más terroríficas se sienten como una señal irrefutable de que un individuo posee la marca de un dios, aunque resulta imposible juzgar si dicha marca lo señala como un elegido para la inmortalidad o bien para el olvido eterno.

Casi todas las tribus del Norte son bárbaras, fieras y están sedientas de sangre. Son pueblos guerreros que suelen luchar constantemente entre ellos y también contra los humanos más civilizados y débiles del Sur. La guerra es su estado natural, por lo que libran batallas sin ningún tipo de remordimiento o prejuicio, disfrutando con la lucha y con la fuerza de sus armas, y rinden honores a los que han combatido con valentía (sean del bando que sean), mientras que desprecian a los cobardes. A pesar de todo, son capaces de olvidar las rencillas con sus vecinos cuando son llamados al combate en nombre de sus dioses, pues para ellos no existe mayor honor que el de conquistar y morir luchando en los ejércitos de los inmortales.

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Aquí se encuentran los hogares de los arrogantes Paladines del Caos que se disputan el poder y combaten entre sí como lobos rabiosos. Cometerán cualquier felonía, sin tener en cuenta ni lo sangrienta ni lo vil que sea, con tal de agradar a su dios. Los desiertos resuenan con el eterno fragor de la batalla, los sonidos del entrechocar del acero y los lamentos de los moribundos. Cientos de hordas recorren los Desiertos del Norte, midiendo sus fuerzas contra criaturas monstruosas, numerosas tribus de Orcos y Hobgoblin, e incluso combatiendo entre sí, ya que su sangre es tan bien recibida por los Dioses del Caos como cualquier otra.

Muchos de los Señores del Caos poseen fortalezas allí, construidas quizás por sus seguidores. O concedidas personalmente por los Dioses Oscuros como capricho. Las que albergan a los seguidores de Khorne están construidas con piedra negra o bronce, están rodeadas por fosos de sangre o fuego, y sus muros están cubiertos con innumerables cráneos. Las fortificaciones de los servidores de Tzeentch están hechas de cristal o humo, y algunas incluso viajan por el aire. Las torres plateadas de los Hechiceros de la Cábala se alzan sobre las Colinas Aullantes, a canzando una altura imposible. Porque allí, bajo la sombra del Caos, todo es posible.

Eterno campo de batallaEditar

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Es aquí, en la cuna de la magia donde el aliento de los dioses sopla con más fuerza que en ningún otro lugar del mundo. A partir de aquí, las promesas blasfemas de poder y la gloria son susurradas en los vientos a todos aquellos que quieran escucharlas.

Estas promesas atraen un flujo constante de aquellos sedientos de poder que tienen la esperanza de ganarse el favor de los Dioses Oscuros, donde los Desiertos del Caos es la fragua donde se templa y se forma a sus mayores campeones. Por cada acólito elegido de los dioses que viajan hasta lo profundo de los Desiertos del Caos en busca de la aprobación de su dios patrón, a cientos de ellos no se les vuelve a ver.

Horda del Caos por Adrian Smith Guerreros del Caos.jpg

Estos aspirantes a campeón están constantemente en guerra unos con otros, ya que cada uno se esfuerza por demostrar su valía a través de conquistas en nombre de su dios. El retorcido paisaje está lleno de evidencias de sus conquistas y sus derrotas. Los más macabros de estos lugares se encuentran a menudo cerca de los desfigurados monumentos dedicados a poderosos guerreros que cayeron hace tiempo, pues los Dioses Oscuros son volubles y caprichosos.

Innumerables batallas han tenido lugar dentro de los Desiertos del Caos a lo largo de milenios, y sus restos aún se pueden encontrar esparcidos entre esta vasta desolación. La mayoría de estas batallas fueron entre dos o más facciones de los servidores del Caos, o de las manadas de Hombres Bestia que llaman al lugar de origen. En varias ocasiones en el pasado, los ejércitos de las tierras al sur han lanzado campañas para hacer retroceder a estas hordas. Unos pocos y necios comandantes incluso lanzaron ofensivas, enviando hombres a la muerte en la equivocada creencia de que era posible erradicar todos los viles seres que habitaban en los Desiertos del Caos antes de que tuvieran la oportunidad de contraatacar.

En la superficie, estos campos de batalla olvidados en los Desiertos del Caos se asemejan a los que uno puede encontrar en otras regiones como consecuencias de las campañas militares. Sin embargo, los restos de los caídos en los Desiertos son absolutamente horribles, ya que se puede encontrar los huesos y a veces incluso los cadáveres intactos de los viles Hombres Bestia, bárbaros, monstruos y similares.

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Los cadáveres de los mutantes son a menudo los peores, ya que sus cuerpos se pudren revelando esqueletos que no tienen nada de natural. Armas y armaduras rotas y destrozadas yacen enterradas en el barro y la sucia nieve, mientras que algunas banderas hechas jirones todavía resisten los vientos y ondean sus destrozados telares desafiando a la brisa. Ocasionalmente, las gélidas temperaturas y los extraños poderes del Caos consiguen de alguna forma preservar los cadáveres y los restos diseminados en estos campos de batalla, dando la sensación de que la batalla hubiese ocurrido ayer.

Fuentes Editar

  • Ejércitos Warhammer: Caos (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Hordas del Caos (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Guerreros del Caos (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Guerreros del Caos (8ª Edición).
  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de Corrupción (2ª Ed. Rol)

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