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Orcos vs Demonios

En el año 2401 del Calendario Imperial, el iWaaagh! Pizoteatripaz cayó sobre Stirland. Con el Emperador y sus aliados más cercanos asediados en el oeste repeliendo una invasión bretoniana, parecía que el ¡Waaagh! Pizoteatripaz haría tambalearse al Imperio hasta sus cimientos. Sin embargo, mientras la horda de pielesverdes atravesaba las ruinas de Wurtbad, su Chamán Jefe, Kolmillo Rojo, encontró un antiguo libro en perfecto estado a pesar de hallarse en medio de los escombros carbonizados. Aunque el texto de sus páginas era indescifrable para el Orco medio, el Chamán podía percibir la magia encerrada en sus páginas y comenzó a provocarlo utilizando su propia magia. La explosión resultante destruyó el centro de Stirland rompiendo en pedazos el tejido de la realidad y liberando un poderoso ejército de Demonios en el mismísimo corazón del ¡Waaagh! 

Las Diablillas fueron las primeras en irrumpir por la brecha, bailando y cantando mientras se abrían paso a través de las filas de los desconcertados Orcos y Goblins. Los Desolladores Infernales y los Carros de la Demencia de Slaanesh se estrellaron contra los pieles verdes que huían en desbandada, mientras las ruedas chirriantes y las cuchillas los desgarraban a tiras. Cuando las Diablillas salían del portal, más Demonios emergieron para atacar a los pieles verdes. Los Horrores Rosas se reían y chillaban mientras lanzaban rayos de fuego y las Bestias de Nurgle saltaban entusiasmadas entre las ruinas. Elevándose por detrás de todos ellos se alzó la figura gigantesca de Kz´ar´aka, Príncipe Demonio, Heraldo de Pesares y Elegido del Dios de la Sangre, empañando un hacha que destellaba a la luz del amanecer.

Llegado este momento, Pizoteatripaz había conseguido rugir alguna que otra orden al resto de sus compañeros. A una orden del Kaudillo, una docena de regimientos de Orcos Negros se abrieron paso pisoteando a las criaturas del Caos, haciendo caso omiso a los aullidos de dolor de los que caían bajo sus pisadas férreas. Sonriendo astutamente, las Diablillas giraron el rostro para enfrentarse a esta nueva amenaza y saltaron adelante. Los Orcos Negros permanecieron firmes mientras las Diablillas hacían cabriolas y piruetas. En el último momento los brutos cerraron sus escudos y las Diablillas chocaron contra una pared irregular de madera pesada, duro hierro y tercos tendones. El metal disforme de los Carros y los Desolladores Infernales se dobló por el impacto, arrojando a su tripulación sobre las formaciones de Orcos Negros. A las Diablillas a pie les fue un poco mejor. Algunas de sus garras encontraron grietas en la armadura de los Orcos Negros, pero la mayoría sólo consiguió impactar en los escudos y en las placas baqueteadas por las batallas. A modo de respuesta, las hachas de los Orcos Negros cercenaron extremidades y cabezas con gran brutalidad. Con el corazón partido de una Diablilla en la mano los Orcos Negros rugieron con la alegría de la victoria. El grito del ¡Waaagh! se extendió a través de las ruinas de Wurtbad cuando todos los pieles verdes se hicieron eco del mismo.

Los Horrores Rosas fueron los primeros en sufrir el ímpetu del ¡Waaagh! A pesar de que sus hechizos salvajes mutaron a cientos de Orcos fueron arrasados por la horda de pieles verdes. A medida que cada Horror Rosa perecía, aparecían dos Horrores Azules, pero los que no morían golpeados en los primeros momentos de su existencia se escabullían en busca de refugio en medio de las piedras caídas y las maderas rotas. Cuando el último Horror Rosa cayó, Kz´ar'aka desató a sus tropas de choque.

Los Mastines de Khorne se lanzaron a las filas de Orcos. Enloquecidos por el olor de la sangre, los Mastines no pensaron en su defensa. Cada bestia recibió tres o cuatro buenos golpes de las rebanadoras hasta que finalmente se quedaron inmóviles. El ataque de los Mastines de Khorne había desbaratado las líneas de los pieles verdes, momento que aprovechó Kz´ar´aka para lanzar a los Desangradores y Aplastadores de Khorne a los huecos. Entonando canciones de batalla brutales, los Demonios atacaron con una ferocidad equiparable a la de los Orcos Negros. Las Espadas Infernales describían arcos sangrientos arriba y abajo, ampliando los huecos en las líneas de los Orcos y permitiendo que otros Demonios se incorporasen a la refiega. Los Demonios de Slaanesh merodeaban por los flancos, clavando sus garras, mordiendo y atacando al enemigo presos de la locura. Muy por encima del resto de la contienda, en las ruinas del campanario del Templo de Sigmar, Snotlings y Nurgletes intercambiaron una lluvia de heces salpicada de hongos y desechos putrefactos; esta batalla carecía de la desesperación y el horror de la que se libraba abajo, con ambos bandos vitoreando cada vez que uno de aquellos proyectiles repugnantes impactaba en el blanco.

Finalmente, Kz´ar´ka se aburrió de mirar. Extendiendo sus poderosas alas, el Príncipe Demonio se abalanzó sobre el corazón del combate, donde se hallaba Pizoteatripaz, con la rebanadora rota y luchando con la extremidad cortada de un Juggernaut. Esta arma podría haber sido risible, pero el rastro de cuerpos aplastados y rotos a los pies del Kaudillo demostraba lo contrario, Kz´ar´ka pensó en pillar por sorpresa a Pizoteatripaz, pero éste, advertido por la sombra de las alas del Príncipe Demonio dio media vuelta y con su arma improvisada impactó al Príncipe Demonio en el torso, abollando su armadura y rompiéndole un puñado de costillas. Antes de que el Príncipe Demonio pudiera recuperarse, Pizoteatripaz descargó otra andanada de golpes. Kz´ar´ka desvió dos de ellos con su hacha, pero el tercero impactó al Príncipe Demonio de lleno en la cabeza, rompiéndo la punta de uno de sus magníficos cuernos. Este golpe privó a Pizoteatripaz de su arma, pero el torturado Demonio cedió finalmente. Incluso entonces, el Kaudillo no se dio por vencido, y se lanzó sobre Kz´ar´ka para darle patadas, cabezazos y puñetazos con determinación salvaje. Sonriendo diabólicamente, el Príncipe Demonio dejó a un lado su propia hacha y descargó un garrazo sobre la garganta del Orco. Haciendo caso omiso de la lluvia de golpes apretó sus garras y cerró los afilados colmillos sobre la cabeza de Pizoteatripaz que cayó muerto limpiamente en el suelo.

Con la muerte de Pizoteatripaz, el combate se les escapó a los Orcos, ya que se desmoralizaron y huyeron. Incluso los Snotlings se batieron rápidamente en retirada, mientras sus oponentes Nurgletes les saludaban y vitoreaban. Kz´ar´aka inspeccionó el campo de batalla y le complació lo que vio. El portal por el que habían entrado aún brillaba con fuerza, con lo que más demonios llegaban a su lado a cada minuto que pasaba. Mejor aún, los Vientos de la Magia reforzaban su poder demoníaco. El Príncipe Demonio sabía que era sólo cuestión de tiempo antes de que uno de los Grandes Demonios apareciera en la brecha y asumiera el mando de su ejército. Pero hasta ese momento, desataría la destrucción y anarquía en nombre de Khorne. El ¡Waaagh! Pizoteatripaz no era más que el principio...

Fuente.Editar

  • Libro de Ejército "Demonios del Caos" 8ª Edición.

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