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Dinero Sangriento
Brunner el Cazarrecompensas 01 - Dinero sangriento
Detalles
Título original Blood Money
Autor C.L. Werner
Ilustrador de cubierta Martin Hanford
Diseño de cubierta Desconocido
Traductor Desconocido
Saga Libro único
Colección Brunner, el Cazarrecompensas
Entrega Primer libro
Publicación 01/05/2004
Precuela No tiene
Secuela Sangre y Acero

Dinero Sangriento es el primer libro de la trilogía de "Brunner, el Cazarrecompensas", escrita por C.L. Werner. En vez de una novela, se trata de un conjunto de varias historias cortas autoconclusivas, que nos narra las diversas aventuras vividas por el siniestro cazarrecompensas.

Cada relato está precedido siempre por una pequeña introducción narrada por Ehrhard Stoecker, que actúa como una especie de cronista de la vida de Brunner. Para diferenciar estas secciones de la historia principal irán centradas y en cursiva.

SinopsisEditar

En el inhóspito Viejo Mundo, pocos son tan temidos y odiados como los cazadores de recompensas. El suyo es un mundo de engaño, traición y violencia indiscriminada, donde las palabras y las vidas se venden a bajo precio. La supervivencia depende de una mezcla única de inteligencia, astucia animal y fuerza bruta, mientras la promesa de dolor mantiene vivo el miedo. Brunner es uno de ellos, un hombre despiadado que no se detendrá ante nada con tal de atrapar a su presa y reclamar la recompensa.

TramaEditar

Plantilla Spoiler Cazador de Brujas
Alto, estás caminando por la senda del Hereje. Si continúas, corres riesgo de... perderte.
Este artículo puede contener spoilers de Dinero Sangriento

Editar

La historia comienza con Ehrhard Stoecker explicando cómo conoció a Brunner en Tilea. Tras publicar un tratado sobre Vlad von carstein, se ve obligado huir a Miragliano tras atraer las atenciones de criaturas más peligrosas que los simples censores humanos. una vez allí, malvive recopilando relatos de marineros, comerciantes y piratas para publicarlos en folletines. Sin embargo un día, mientras entrevistaba a un bandido, la conversación se ve interrumpida repentinamente por Brunner, que buscaba la cabeza del este, dejándolo fuera de combate. Impresionado por su fama, su figura y el aura que le rodeaba, Stoecker pidió a Brunner que le contara sus aventuras, a lo que el cazarrecompensas, tras meditarlo un momento, accede.

El precio del prestamistaEditar

Tras asegurarse de que el bandido al que había ido a capturas no se le escapara, el cazarrecompensas le habló un poco de su vida y de sus aventuras, narrándole de un contrato que tuvo reciente en Miragliano.

Brunner es contratado por Ennio Corbucci Volonté, un cruel y obeso comerciante y prestamista de la ciudad, famoso por prestar dinero y cobrarse las deudas a intereses altísimos, muchas veces con violencia y brutalidad. A cambio de noventa monedas de oro, quiere que mate al comerciante Golfredo Bertolucci y le traiga su corazón como prueba. La razón de esto es que le había convenció para que le financiara una empresa comercial, sellando el pacto cansando a su hija Giana con Alberto, el hijo de Bertolucci. Sin embargo la empresa terminó en completo desastre, haciéndole perder una fortuna, y ahora ha desaparecido de la ciudad.

Para saber su paradero, Brunner visita a Tessari, un informador afectado por la mutación que tiene bastante conocimientos acerca de todos los habitantes de Miragliano. Este le comenta que la hija de Volonté y el hijo de Bertolucci llevaban mucho tiempo enamorados, y que Volonté accedió casar a su hija solo a cambio de que le dejaran participar en un negocio que prometía grandes beneficios. Sin embargo, tras el desastroso resultado del mismo, dice que lo más probable es que Bertolucci se haya refugiado en la villa familiar a las afueras de Miragliano, con su hijo, nuera y varios sirvientes.

Ya en la campiña de Miragliano, haciéndose pasar por un hombre llamado Habermas, se encuentran con un soldado llamado Gramsci que escoltaba a una sacerdotisa de Shallya llamada Elisia. Brunner les advierte que de media vuelta pues hay hombres bestias recorriendo el territorio, pero dado que ellos tienen una misión al norte de la región, continúan y Brunner decide acompañarlos pues van en su misma dirección.

Durante el trayecto, son asaltados por una banda de Hombres Bestia adoradores de Khorne, y Gramsci muere durante la lucha. Brunner se enfrenta al líder de la banda y le hiere, pero consigue huir del lugar junto con Elisia. Enfurecido por el hecho de su ofrenda para el Dios de la sangre le hubiese herido y huyera, el jefe de los Hombres Bestia ordeno que siguieran su rastro.

Portada Dinero Sangriento por Martin Hanford - Brunner

Brunner y la sacerdotisa llegan a su destino, que es justamente la villa de Bertolucci. Resulta que Giana está embarazada y a punto de dar a luz y por eso se había enviado a Gramsci en busca de una sacerdotisa. Brunner les cuenta los últimos acontecimientos y de que los Hombres Bestias se dirigen al lugar para asaltarlo. Debido a aquello, Bertolucci le pide a Brunner que lidere a los pocos guardias que todavía le son leales contra la amenaza. Tal como había previsto, los Hombres Bestias atacan el lugar, y el cazarrecompensas de incógnito se vuelve a enfrentar contra el líder de la partida del Caos, y esta vez lo mata.

Al ver la derrota de su líder, los hombres bestia supervivientes se retiran del combate llevándose el cadáver de su jefe, según Brunner, para devorarlo y después enfrentarse entre ellos para saber quién será el nuevo líder, dejando de representar un problema.

Con la amenaza dispersada, los supervivientes tratan de recuperarse. Durante el combate, el hijo de Alberto nace, y este se ausenta para verlo. Esto es aprovechado por Brunner para acercarse Golfredo, que estaba solo en la cocina. El anciano se da cuenta de la verdadera razón por la que el cazarrecompensas está ahí y sus intenciones, y fracasar al intentar hacerle cambiar de opinión. Brunner le dice que solo está allí por él y que no le interesa para nada su familia.

Resignado a su suerte, Bertolucci le pregunta a cuánto está el cerdo en Miragliano, a lo que este le responde que a ochenta piezas de cobre. El comerciante contó una cantidad equivalente de dinero y se las entregó a Brunner, antes de que este acabase con su vida y le quitara el corazón. Alberto trató de vengar a su padre, pero fue derrotado fácilmente y dejado inconsciente, y los soldados supervivientes no se atrevieron a enfrentarse a él después de ver su habilidad para el combate, por lo que Brunner se marchó tranquilamente del lugar.

Días más tarde por la noche, Brunner entra en secreto en la casa de Volonté y le comunica que su misión ha concluido, entregándole el corazón de Golfredo como prueba. También le comunica que su hija estaba allí y que acababa de dar a luz al hijo de Alberto Bertolucci, pero Volonté le importa bien poco su hija y su nieto. Antes de darle el pago acordado, el prestamista le pide que le cuente cómo fue la muerte de Golfredo y de cómo imploró por su vida, pero Brunner le dice no hizo tal cosa, y que antes de morir le preguntó cuál el precio de mercado de un cerdo en Miragliano, pagándole ochenta piezas de cobre.

Nervioso, Volonté, que aquella suma no era suficiente para comprar a un hombre como él, pero Brunner le replica que es la presa lo que determina el precio de un cazador de recompensas, y que un cerdo vale mucho menos que un hombre, mientras se le acercaba para cumplir el encargo Golfredo Bertolucci

Los sirvientes de Volonté se despertaron cuando un agudo grito resonó por toda la casa, pero no le dieron importancia. Por la mañana, ya habría tiempo suficiente para repartirse las posesiones del prestamista.

La perdición de GnashrakEditar

Meses después de su primera entrevista con Brunner, cuyo primer relato de sus hazañas se había vuelto muy popular, Ehrhard Stoecker vuelve a encontrarse con el cazador de recompensas, deseoso de que le vuelva a contar su última hazaña. Al ver el modo rígido en el que se movía y al hecho de que algunas de las piezas de su armadura eran nuevas, al parecer su última misión le había llevado a enfrentarse a un enemigo demasiado peligroso, incluso para Brunner. Este le pregunta si alguna vez había perseguido orcos…

La historia se desarrolla en Bretonia, en el castillo del marqués De Galfort, donde Brunner había acudido para cobrar una sustanciosa recompensa por una banda de forajidos. El viejo marqués estaba preocupado porque recientemente los orcos, liderados por su kaudillo Gnashrak había empezado a saquear sus aldeas y asesinar a sus súbditos. A pesar de la insistencia de su hijo Etienne por llevar a cabo una noble gesta para erradicar aquella amenaza, todavía no se sabía cómo de grande era aquella banda piel verde, además de que hacía mucho tiempo que en sus tierras no se veía amenaza por los orcos, por lo que no sabía cómo hacer frente a esas criaturas.

Por ello, a cambio de tres veces los que cobró por los bandoleros, el marques contrata a Brunner como rastreador. Debe guiar a su hijo y a una compañía de sus caballeros al encuentro de esas bestias, salvo que sean tan numerosos que superan la capacidad de la compañía, en cuyo caso deberán regresar y aguardar la llegada de refuerzos solicitados a los dominios vecinos. Brunner acepta.

Poco después, una compañía de cincuenta caballeros del marqués y sus correspondientes escuderos parten del castillo bretoniano. Con Brunner y Etienne a la cabeza. Al principio, el joven marqués se muestra arrogante y desdeñoso con las advertencias de Brunner, pero al ver las aldeas atacadas, con los cadáveres de su habitantes destrozados y los horribles trofeos dejados por los orcos a su paso, decide aceptar su consejo.

Tras analizar los escenarios, el cazarrecompensas consigue determinar mas o menos con exactitud como de peligrosa es la amenaza a la que se enfrenta. Se trata de una banda de orcos formada alrededor de treinta miembros y su líder Gnashrak es bastante más astuto que la media orca. Quiere librar batalla, pero es lo bastante listo como para buscar una batalla que pueda ganar él, así que no atacará una fuerza que sea mayor que la suya. Para hacerle salir a buscar batalla, Brunner sugiere dividir la fuerza bretoniana en dos. Brunner, junto con cinco caballeros y sus respectivos escuderos harán de cebo, mientras el resto de la fuerza se mantendrá alejada lo máximo posible para no levantar sospechas y atacarán cuando llegue el momento.

Tal y como lo había previsto, Gnashrak no puede resistirse y embosca con toda su banda al grupo de Brunner, que se ven obligados a retirarse a un claro en cuyo centro había un pequeño montículo, una tumba de alguna tribu, con los restos derruidos de un antiguo circulo de piedras. Allí, Brunner y sus aliados se parapetan para poder hacer frente lo mejor posible a la banda de orcos. Los pieles verdes pronto empiezan a superar a los bretonianos, y el propio cazarrecompensas se enfrenta al kaudillo orco. A pesar de que Gnashrak pierde un ojo, parte del brazo y sufrir varias heridas en su lucha contra Brunner, está a punto de acabar con su vida.

En ese momento llega Etienne con la restante fuerza bretoniana y se abalanza sobre los orcos. Gnashrak se da cuenta de que todo está perdido y huye de la batalla acompañado por tres de los suyos, mientras el resto de orcos, inundados por una sed de sangre, se enfrenta a la nueva amenaza hasta que todos y cada uno de ellos acaba muerto. Etienne felicita a Brunner ya que su plan funcionó a la perfección, lo único que lamenta es que el kaudillo consiguiera huir. Brunner le tranquiliza diciéndole que ya no supone una amenaza, pues, con las heridas que sufrió, lo más probable es que sea desafiado y acabe muerto a manos de un orco más joven, que ocupará su puesto.

La historia termina con Gnashrak en una ladera de Las Cuevas junto a los tres orcos que le siguieron. Su mente estaba llena de deseos de venganza contra los bretonianos y contra el cazarrecompensas en particular, pero con su único ojo sano ve el brillo de la ambición en sus seguidores. Aún sienten algo de miedo hacia su jefe, pero no el suficiente. Con la espada en la mano que aún le quedaba y el sueño invadiéndole la mente, Gnashrak se tendió, receloso de sus compañeros...

Dinero SangrientoEditar

Mientras recopilaba información para sus panfletos, Ehrhard Stoecker vuelve a encontrarse con Brunner en la posada del Jabalí Negro bebiendo una botella de schnapps, que era el modo que tenía para relajarse después de una cacería particularmente exitosa. Le preguntó qué tal le iban las cosas y si podría compartir su buena fortuna con un amigo, a lo que accedió y comenzó a relatar acontecimientos que habían tenido lugar en los Reinos Fronterizos. Mientras hablaba, Stoecker se percató de un barril que había en el piso cerca del cazarrecompensas, y se estremeció al comprender lo que contenía.....

La historia comienza con la llegada de Brunner a la ciudad de Greymere, un asentamiento particularmente próspero en los Reinos Fronterizos gobernada por el príncipe fronterizo Waldemar. Su llegada fue avistada por un hombre llamado Vicenzo, que corrió al hogar de una de los principales consejeros del príncipe, un hombre que se hacía llamar Drexler.

Drexler, cuyo verdadero nombre era Bruno von Ostmark, era el antiguo barón de Kleindorf, que se había visto obligado a huir a los Reinos Fronterizos, y por el cual el conde de Stirland ofrecía una recompensa bastante cuantiosa por su cabeza, así que cuando Vincenzo le hablo de Brunner, estaba seguro de que iría a por él. Así que envió a Savio para que acabara con él. En Tobaro, en Miragliano y en Luccini su nombre era conocido como el del más grandioso duelista que jamás haya practicado el arte de la vendetta.

Savio fue a la posada en la que se alojaba Brunner, y retó al cazarrecompensas a un duelo, a lo que este aceptó. El posadero intentó convencer a Brunner para que se retirara y huyera, pero el no estaba dispuesto a hacerlo pues Savio tenía una bonita recompensa por su cabeza, ya que mató a uno de los hijos del más próspero maestre de una cofradía de Luccini antes de huir de Tilea, y él tenía intención de cobrarla.

Brunner salió a su encuentro con una andrajosa capa pendiendo en su brazo derecho, algo que el duelista tileano identificó como algo típico de los esgrimistas pendencieros de su nación. Pero mientras bravuconeaba, Brunner le pegó un tiro con la pistola que llevaba oculta bajo la capa, matándolo. Después, pagó a un chiquillo para que le trajera un saco con sal donde conservar la cabeza.

Vincenzo fue corriendo a avisar de la muerte de Savio a Drexler, que en aquel momento estaba en un tosco anfiteatro cercano al ciudad disfrutando del combate entre un gladiador un puñado de goblins. Al principio pensó que su objetivo era Savio y no él, pero dado que Brunner todavía continuaba en la ciudad, estaba claro que no era así. Vicenzo le habla de un mercenario que podrían contratar para ocuparse de Brunner, pero tras ver como el gladiador despachaba a los goblins, a Drexler se le ocurrió otra idea.

Mientras inspeccionaba como había sido el trato de sus caballos, Brunner fue emboscado por el gladiador en las caballerizas. Este le atrapó por detrás y trató de estrangularlo, pero Brunner logró liberarse de su presa y derribarlo, antes de matarlo a patadas. Después inspeccionó su rostro y sonrió al reconocerlo, un antiguo corsario sartosano que en otros tiempos tenía puesto precio a su cabeza en todos los puertos de Tilea, así que cogió su cuchillo para cortarle la cabeza. Al llegar a la posada, preguntó al chiquillo si reconocía al pirata, a lo que este le respondió que no, que lo más seguro es que fuera un forastero. Brunner estaba seguro de que alguien lo quería muerto y que seguramente habría más intentos, así que pagó al niño para que le avisara por si llegaban más forasteros.

Drexler estaba cada vez más nervioso, tras el fracaso del gladiador hacía dos días que no salía de su habitación. Le había hablado al príncipe para que detuviera a Brunner, y lo habría hecho si el cazador de recompensas no se hubiese presentado ya ante él para cobrar la recompensa del antiguo corsario. Vicenzo trató de calmarlo diciendo que ya había establecido contacto con Louis, el mercenario del que le había hablado anteriormente, aunque tardaría en llegar. Pero Drexler tuvo otra idea.

Aquella noche, un asesino se deslizó hasta la habitación de Brunner en la posada. Se trataba de Drugo, un sectario de Khaine que se encontraba encerrado en los calabozos del príncipe Waldemar. Drexler había logrado convencerlo para que lo liberara y por su libertad le había impuesto al sectario una serie de condiciones. Lo habían obligado a hacer juramentos en nombre de su dios patrón que se marcharía de Greymere para no regresar nunca, y no matar a ningún otro de sus habitantes. Pero había una sola salvedad: el cazador de recompensas.

Cuando llegó a la cama donde descansaba, Drugo empezó a apuñalar al cazarrecompensas, solo para descubrir que había sido engañado y lo único que había acuchillado eran un montón de almohadas. Antes de que pudiera hacer nada, recibió un disparo por parte de Brunner, que se había ocultado debajo de la cama. Como había sospechado, habían intentado volver a matarlo. En ese momento llegó el posadero alarmado por el ruido, y reconoció al sectario.

Brunner celebraba satisfecho su suerte en la posada. Aunque modesta, había recibido una recompensa por parte del príncipe Waldemar por la cabeza de Drugo. En ese momento llegó el chiquillo que le avisó de la llegada de un forastero al que no reconocía y se lo describió a Brunner.

Se trataba del mercenario Louis, un reconocido arquero forajido conocido como Pluma Negra a causa de las plumas de cuervo con que adornaba sus flechas. Louis era un antiguo campesino bretoniano que había vivido junto con su familia cerca del Bosque de Loren. Habían conocido a los Elfos Silvanos y uno de ellos le había regalado a su padre un exquisito arco. Ese arco le había costado la vida a su progenitor cuando el señor feudal exigió que le entregara el arma, afirmando que un arco semejante era impropio de las manos de un campesino. Loius mató al noble en represalia y recuperó el regalo, para después vengarse de los señores de Bretonia por su crueldad y opresión. Debido a ello se vio obligado a abandonar su tierra natal y recorrer grandes distancias a través del Mundo Conocido para escapar del vengativo poder del rey.

Louis fue contratado para matar a Brunner, así que se apostó en la torre más alta de la ciudad y esperó durante horas con la flecha lista para ser disparara en el mismo momento en el que Cazarrecompensas pusiera un pie fuera de la posada. Sin embargo, éste lo estaba esperando a él y le pilló de espaldas. Brunner trató de interrogarlo sobre quien le había enviado para asesinarlo, pero Louis el bretoniano trató de defenderse, así que se vió obligado a tirarlo de la torre para después separar la cabeza de su cadáver.

En este punto, Drexler era un manojo de nervios. Tras los últimos fracasos llevaba día y medio oculto a las afueras de Greymere junto a un grupo de guardias. Desesperado, decidió jugar su última baza para acabar con el cazarrecompensas y después huir del lugar: un Mercenario Ogro llamado Vogun. Vincenzo primero trató de hacerle comprender que su plan consistía en ir a la posada de la ciudad y matar a Brunner, pero dada la dura mollera del ogro, le dio órdenes muy sencillas que su poca inteligencia podía entender: Destruir la posada y matar a todos los que se encontraban dentro.

Tal como le habían ordenado, fue al local y empezó a arrasar con todo y matar a quienes trataban de detenerlo, pero igualmente también buscaba a Brunner. Este le atrajo hasta su habitación en el piso de arriba y despreocupadamente roció al ogro con aceite de lámpara para después lanzarle un papel en llamas.

Drexler y sus hombres vieron atónitos al ogro convertido en una llameante bola de fuego antes de que muriera. Estaban sorprendidos de que el cazarrecompensas hubiese sido capaz de acabar con Vogun, pero abrigaban la esperanza de que hubiese resultado herido en el enfrentamiento. Entraron con cautela y siguieron un rastro de sangre que les llevó hasta la habitación de Brunner, pero allí no había nadie, y se dieron cuenta demasiado tarde de la trampa y no pudieron escapar de la explosión de un barrilete lleno de pólvora y metralla. A las afueras, Brunner sonreía.

Había calculado que el ogro representaba la última esperanza de quienquiera que fuese que estuviera intentando matarlo. Dedujo que el hombre que se hallaba detrás de todo el asunto acudiría a comprobar por sí mismo si estaba muerto, y que llevaría consigo los suficientes músculos para sentirse seguro. El cazador de recompensas había cogido un poco de sangre de un soldado que había muerto en la planta baja de la posada, para atraer al mayor número de enemigos lo más rápidamente posible hasta su habitación antes de que la bomba explotase. Al parecer, la bomba había alcanzado a todo el grupo, lo cual era más de lo que él había esperado. Brunner volvió a entrar en su habitación, ahora convertido en un matadero, para ver si podía reconocer a alguno por cuya cabeza ofrecieran algo.

Al estudiar al agonizante Drexler, vio que tenía un inconfundible aire de autoridad que se evidenciaba incluso en la agonía, reconociéndolo como la persona que había estado detrás de todos los ataques dirigidos contra él. Drexler miraba a Brunner con ferocidad, había luchado hasta el fín e iría al otro mundo con la cabeza bien alta. Pero aunque él esperaba que Brunner lo rematase con su cuchilla de carnicero, este simplemente simplemente le preguntó "¿Por qué?" En ese momento, Derxler se dio cuenta de la situación: Brunner ni siquiera sabía quién era él, no estaba allí por su cabeza, pero en su desesperación por matarlo había sido el artífice de su propia muerte. Al comprender lo absurdo de todo eso, empezó a reír antes de morir.

Brunner dejó a un lado el cadáver y se acercó al de Vicenzo, un ladrón tileano por el cual ofrecían una pequeña suma en Miragliano...

Horas más tarde, Brunner se marchó de Greymere llevando consigo un barril. Había acudido a la ciudad para atrapar a un secuestrador, pero con todo lo que había ocurrido, lo más seguro es que ya ni se asomase por la ciudad. Pasarían semanas antes de que aquel lugar volviera a calmarse. Brunner le echó una mirada al barril por encima del hombro. Podía ser que no se hubiese encontrado con el hombre al que perseguía, pero al menos había sacado provecho de su ocio en la ciudad de los Reinos Fronterizos.

El TiranoEditar

Una vez más, Ehrhard Stoecker vuelve a reencontrarse con Brunner en la posada de El Jabalí Negro. En esta ocasión trae consigo una magnífica espada mágica, Malicia de Dragón, un arma que anteriormente pertenecía a una de las casas nobles del Imperio. Cuando el cronista le pregunta cómo la consiguió, el cazarrecompensas le habla de su última hazaña....

La historia comienza en el poblado de Yorckweg, en los Reinos Fronterizos. El poblado estaba gobernado por Albrecht Yorck, un individuo cruel y despiadado que se entretenía torturando a su pueblos con todo tipo de diversiones sádicas, siendo su favorita dejar a su víctima en una plaza y ver tranquilamente desde un palco como esta era despedazada y devorada por dos monstruosos mastines de guerra de la lejana Norsca.

Años atrás, el ahora autoproclamado barón de Yorckweg era el vasallo del barón von Drakenburgo, un noble imperial al que había traicionado en favor de su enemigo, el vizconde bretoniano Augustine de Chegney. Chegney no estaba dispuesto a recompensar a Yorck por ayudarlo a derrotar al barón, pero le permitió huir llevándose consigo Malicia de Dragón simplemente para torturar más a Von Drakenburgo. York huyó a los Reinos Fronterizos, donde lideró una banda de mercenarios.

Cinco años antes de esta historia, fue contratado por el conde Schlaesser, señor de Elsterholz, para proteger el asentamiento, pero York se hizo con el control del asentamiento, ejecutó al conde y a los soldados que le eran leales, y se autoproclamó señor de Elsterholz, rebautizando el asentamiento como Yorckweg, imponiendo una tiranía, matando de hambre a su pueblo, y castigando a la menor provocación.

Hartos ya de su sádico gobierno, un grupo de desesperados campesinos envían a Jurgen, el más joven de ellos a que busque y contrate a un asesino para acabar con Yorck con el dinero que han conseguido reunir, sin saber que fueron descubiertos por otra persona que fue a llevarle la información al barón con la esperanza de recibir una recompensa.

Días más tarde, Jurgen llega a la pequeña ciudad de Brezano. Su imprudencia hace que un ladrón le esté a punto de robar el dinero, pero antes de que le pase nada, este es asesinado por Brunner, para cobrar la recompensa por su cabeza.

Impresionado por su figura y su capacidad de matar, el joven Jurgen quiere contratar al cazarrecompensas para que mate al tirano, dándole todo el dinero que tenía. Brunner le pide al chico que le describa como es York, cosa que hace, pero este se queda sorprendido cuando Brunner describe con total exactitud la espada del Barón.

Finalmente le dice al chico que tendrá en consideración su oferta. Jurgen le promete que podrá quedarse con los tesoros del barón cuando lo haya matado pero esto no parece convencerlo. Jurgen trata de recuperar sus monedas pero Brunner se queda con ellas para que no trate de contratar a otro mientras toma la decisión de si ayudarlo o no. Le recomiendo al chico que regrese a su pueblo y que tendrá la respuesta dentro de dos semanas. Defraudado y las esperanzas perdidas, Jurgen se marcha, seguro de que el cazarrecompensas le había robado.

Al regresar a su hogar, Jurgen descubrió que su plan había sido descubierto y su familia había sido apresada por los hombres de Yorck, siendo capturado poco después. Tras ser torturado e interrogado, confiesa el plan de asesinato y de que había encontrado un hombre dispuesto a matarlo. Tras oír aquello, el barón ordena a su lugarteniente Aldo para que se encargue de la amenaza, mientras que él se llevaría al chico a la plaza para divertirse y que fuera comida de sus perros.

A última hora de la tarde, Aldo y otros tres jinetes salieron por la puerta principal de Yorckweg. No llegaron muy lejos ya que fueron emboscado por Brunner. El cazarrecompensas en realidad no había necesitado ni un instante para tomar en consideración la oferta del chico. Lo había seguido de vuelta hasta su aldea natal sin que se diera cuenta. A continuación, se había ocultado en el bosque que dominaba Yorckweg, a la espera de una oportunidad para entrar en el pequeño poblado, oportunidad que llegó con Aldo y su pandilla.

Disfrazado ahora con la armadura del lugarteniente, Brunner se infiltró en la ciudad, deshaciéndose uno a uno de los hombres de York. Al llegar a la plaza donde el barón disfrutaba de las ejecuciones, liberó al chico antes de enfrentarse al tirano. Después de tanto años de llevar una vida hedonista, York no era rival para Brunner, intentó por todos los medios que el cazarrecompensas no le matara e incluso le entregó la espada Malicia de Dragón. Pero Brunner estaba allí para llevar a cabo un ajuste de cuentas largamente pospuesto.

Brunner hirió de gravedad a York, y lo lanzó a la plaza. Con una mirada interrogativa y con sangre saliendo a borbotones de su boca, este le preguntó cuánto le habían pagado, a lo que respondió “todo” y le lanzó el dinero del chico: tres monedas de plata y una cuantas de bronce. Yorck se quedó mirando fijamente a las monedas, sin comprender, hasta qué Brunner tiró de la cuerda y liberó a sus perros, que se abalanzaron sobre su antiguo amo.

Al igual que el cazador de recompensas, los perros habían acabado con muchas vidas, pero nunca había saboreado durante tanto tiempo ni tan bien el momento de matar.

Honor entre alimañasEditar

Ehrhard Stoecker se siente obligado a abandonar Miragliano a raíz de su último encuentro con Brunner, que terminó en un desagradable incidente.

El cronista se encontró con el cazarrecompensas en la ciudad tileana por la noche, y este le preguntó si había una habitación pensión en la que se alojaba, le respondió que sí y marcharon al lugar. Pero más tarde Brunner le exigió cambiar de habitación porque la suya no se ajustaba a su nivel de comodidad, recordándole que era gracias a sus historias por las que había mejorado su calidad de vida. Sin otro remedio, Stoecker aceptó.

Sin embargo en mitad de la noche, el escritor se despertó y se sobresaltó al ver ante sí a una enorme rata humanoide, un Skaven, con intenciones de asesinarlo. Pero antes de que pudiese hacerle nada, Brunner interrumpe en la habitación y mata al hombre rata con su ballesta de repetición. Stoecker se sintió indignado y acusó al cazarrecompensas de haberlo usado como señuelo.

El cazador de recompensas cogió una pequeña bolsa que el skaven muerto llevaba sujeta al cinturón y sacó varias monedas de oro, además de un trozo de cuero con un mensaje. Stoecker exigió saber de qué iba todo eso y Brunner le respondió que solo era un mensajero de alguien que quiere saldar una deuda, y le empezó a contar su última aventura en la ciudad de Altdorf...

Todo comienza cuando Niedreg, un aprendiz de hechicero asesina a su maestro, Lothair el Dorado. El aprendiz estaba resentido con el hechicero y había encontrado a un nuevo mentor, uno que prometía enseñarle mucho más de lo que nunca podría haberle enseñado Lothair. Pero para ello tenía que asesinar a su anterior maestro con una hoja oscura y después prenderle fuego a toda la casa. Sin embargo trató de llevarse varios cosas del lugar, y fue detenido por caballeros de la Reiksguard acusado de robo, incendio y asesinato. Todo aquello fue observado por Skrim Muerde-Cola,

Toda aquella situación se debía a que el personal de la casa del duque Verletz había caído enfermo; de hecho, la mayoría había perecido, incluido el propio duque. El duque, que contaba con el favor del Emperador, tenía como objetivo renovar la red de cloacas de Altdorf para mejorar la higiene de la ciudad, pero aquel plan no era del agrado de algunos Skavens. Así que los habitantes de la casa del duque habían enfermado, y el hechicero Lothair había sido llamado para que intentara identificar la naturaleza de una enfermedad que parecía obra de brujería y hallara una manera de neutralizarla. Aquello también suponía un peligro para Skrim, así que manipuló a Niegred para que asesinara a Lothair. Todo lo que tenía que hacer después el Skaven sería asesinar al aprendiz, desapareciendo así el último nexo entre él, la muerte del duque y los verdaderos hechos relativos a su fallecimiento.

Para su desdicha, Niedreg fue detenido por la Reiksguard, lo que significaba que, en lugar de acabar en un calabozo corriente, acabaría en las prisiones de Karl Franz, situadas bajo el mismísimo palacio, un lugar en el que Skrim Muerde-Cola no se arriesgaría a entrar, ya que cuenta con medidas de seguridad especiales contra los Skavens, así que decidió que sería un humano el que haría el trabajo.

Ocultando su deforme cuerpo de rata bajo capa andrajosa y su olor con perfume barato, Skrim contrató a Brunner para encargarse de la misión. Lo había contratado por su terrible reputación entre los contrabandistas y traidores con los que tenía ocasión de tratar. Le entregó un mapa de las alcantarillas hasta una entrada secreta que le permitiría entrar en los calabozos, y una considerable suma de monedas como adelanto por matar a Niedreg, para reunirse después en el callejón detrás de la carnicería, prometiéndole mucho más cuando terminara el trabajo. Dicho esto, regresó a las alcantarillas y trazó planes para deshacerse de Brunner una vez cumpliera su encargo, y así eliminar cualquier conexión.

Aunque receloso de su misterioso contratista, el cazarrecompensas se deslizó por las alcantarillas y siguió el mapa hasta el objetivo indicado, siempre atento a cualquier posible amenaza. Resultó que esta se presentó en forma de un terrible y apestoso Engendro del Caos, que había hecho de los sumideros su hogar y territorio de caza. El monstruo estuvo a punto de matar a Brunner, pero consiguió salvarse gracias a su espada Malicia de Dragón, logrando herir a la bestia y obligándola a retirarse.

Tras recuperar el aliento después de aquel encontronazo, continuó su camino hasta el lugar que le indicaba el mapa. La entrada secreta llevaba a una celda, que ese momento estaba ocupada por un ladrón llamado Trotzel. Brunner lo dejó inconsciente. Mientras estudiaba al hombre, un pensamiento surgió en la mente del cazador de recompensas, y un nuevo plan comenzó a tomar forma. Tras abrir la puerta de la celda, Brunner se infiltró por las mazmorras eliminando a los guardias que se encontraba en el camino, deteniéndose unos minutos a interrogarlos para saber el paradero de Niedreg antes de hacerlo.

Siguiendo sus indicaciones, llega hasta la sala de torturas, donde un escriba y un interrogador intentaban hacer confesar al agrilletado aprendiz todo acerca de lo ocurrido. Brunner entró en la instancia y los mató a ambos. Al principio Niedreg se alegró porque pensó que su nuevo mentor lo había enviado a rescatarlo, pero pronto descubrió allí que estaba allí para hacerlo callar para siempre. Tras matarlo, le cortó las manos que estaban aprisionadas en los grilletes y se llevó el cadáver de Niedreg con él.

Volvió a la prisión por la que había entrado, cuando el ladrón se estaba recuperando del golpe que le dio. Brunner obligó al ladrón a cargar con el muerto y después se lo llevó con él a las alcantarillas, cerrando la entrada secreta tras de si, llevándose además las llaves de los guardias muertos y un par de sus espadas. Caminó un buen trecho aguantando la feliz verborrea de Trotzel sobre su recién ganada libertad, pero al llegar a la zona donde le había atacado el engendro, Brunner lanzó al ladrón y el cadáver del aprendiz al canal, y aprovechó para alejarse lo máximo posible mientras la criatura se entretenía devorándolos. Después lanzó las llaves y las espadas al canal.

Brunner sonrió ante su planificación. Había dejado todas las pistas que indicaban que Trotzel y Niedreg habían trabajado conjuntamente para escapar de la prisión. Cualquier duda que pudiese surgir acerca de la fuga sería atribuida a la magia del hechicero, y la huida de Niedreg recaería sobre quienquiera que fuese el mago que lo había examinado y había declarado que sus poderes eran débiles e insignificantes. No había nada que sugiriera que el hechicero había muerto en las mazmorras, ni que su asesino había sido un intruso procedente de las cloacas.

Ahora solo quedaba ocuparse de su misterioso contratista.

Brunner llegó al lugar acordado, y esperó durante unas horas hasta que finalmente llegaron Skrim Muerde-Cola y los suyos. Tras ser informado de la muerte de Niedreg, Skrim ordenó a sus subalternos que mataran a Brunner. El cazarrecompensas había esperado enfrentarse a hombres, no a criaturas inhumanas tan envueltas en el mito y la superstición como los Skavens, pero estaba acostumbrado a enfrentarse a toda clase de peligros y no se dejo dominar por el miedo, acabando con todos menos con Skrim, que salió huyendo presa del pánico y escapó por las alcantarillas.

Brunner no tenia ganas de bajar ahí abajo de nuevo, así que se conformó con saquear los cadáveres de los hombres rata, para quedarse con sus exóticas armas como compensación del dinero que no le había pagado su traicionero cliente inhumano, quedando especialmente satisfecho con una ballesta de repetición.

Por su parte el Skaven maldecía al humano y a sus incompetentes subordinados por ser incapaces de matarlo. Su mente empezó a idear planes de venganza contra él. Sin embargo, tras analizarlo un rato, pensó que aún podría serle útil. No parecía tener lealtad ninguna más allá de su necesidad de oro que todos los hombres codiciaban, y con la cantidad suficiente, tal vez podría incluso olvidar el desafortunado malentendido que había tenido lugar entre ellos.

La engañosa mente de Skrim Muerde-Cola comenzó a tejer nuevos planes e intrigas, tramas en las que el cazador de recompensas desempeñaba un papel bastante importante.

El Príncipe Negro Editar

Tras huir a Bretonia después del incidente con el Asesino Skaven, Ehrhard Stoecker volvió a reencontrarse con la torva y terrible figura de Brunner, convirtiéndose en esa ocasión en algo más que en el cronista del cazarrecompensas, sino también en su compañero en su cacería del Príncipe Negro, una figura semilegendaria que se ocultaba en las Montañas Grises, y que desde hace más de trescientos años tenía una enorme recompensa por su cabeza. Stoecker acabó siendo testigo de la confrontación de estos dos personaje tan implacables como inmisericordes a su manera.

El comerciante Josef Kretez se relajaba junto a su padre Otto en un taberna de Bretonia cuando un misteriosa figura embozada entró en el local. Poco después llegó otra figura, un siniestro jefe bandido en una armadura negra acompañado con varios miembros de su banda, y pronto ambos personajes empezaron a pelear. Sin que casi ninguno de los presentes lo supiera, el primero era un Asesino Elfo Oscuro enviado allí para matar al segundo, Dralaith, Druchii como el primero pero que había renegado de su raza y de su dioses hace mucho tiempo para adorar a los dioses oscuros, convirtiéndose en el Príncipe Negro, un temido señor del crimen que tenía bajo su control la lealtad de numerosos criminales humanos y unos cuantos Hombres Bestia.

A pesar de su asombrosa habilidad, el asesino no fue rival para el Príncipe Negro, que lo despachó con insultante facilidad y después ordenó a Urgmesh, un lacayo Hombre Bestia, que llevara el cadáver a su guarida. Dralaith estaba acostumbrado a que sus antiguos compatriotas enviaran asesinos del templo desde Naggaroth para acabar con su vida, pero aquella ocasión era especial. A través del Ojo de Tchar, un objeto mágico, sabía que el druchii muerto había acudido a aquella posada para reunirse con un traidor.

Comunicó a todos los presentes que estaba allí para capturar a Bors, un renegado de su banda que pensaba traicionarlo. Bors intentó escapar pero fue fácilmente capturado. Después ordenó a los suyos que mataran a todos los testigo y prendieran fuego al local. Josef se abalanzó sobre el Príncipe Negro después de que este matara a su padre pero fue derribado fácilmente por este y dado por muerto, pero consiguió arrebatarle una daga durante el forcejeo. Josef consiguió escapar del local en llamas, y juró que se vengaría del príncipe negro aunque fuese lo último que hiciera en esa vida.

Tiempo después de aquel incidente, el joven comerciante contactó con Brunner que en aquel momento andaba tras el rastro de un criminal buscado. Josef quería contratarlo para que lo condujera hasta el Príncipe Negro. El cazador de recompensas se mostraba receloso ante esa idea. El Príncipe Negro era considerado una leyenda, un mítico rey de los bandidos, pero Josef le aseguró que era real y le entregó la daga que le arrebató.

Tras analizarla y compararla con el arco que le había arrebatado Louis tiempo atrás, dedujo que se trataba de un Elfo, aunque de uno distinto a los que conocía. Brunner aceptó el encargo pues el criminal tenía una recompensa de cinco mil monedas de oro después de que asesinara a una embajadora de Athel Loren hace trescientos años.

A cientos de kilómetros del lugar Dralaith, mientras disfrutaba de un banquete con la carne del asesino elfo oscuro, reflexionaba sobre el Ojo de Tchar. Se trataba de una gema que había arrebatado hace mucho a un chamán Norse. Tenía múltiples propiedades pero la más importante era que mostraba el futuro de su propietario. La gema revelaba cualquier peligro que amenazara y que le mostrarían al dueño de la joya la manera de contrarrestar ese peligro. Sin embargo, había ocasiones en los que no lo hacía, como la conspiración de Bors. Sumido en sus pensamientos, continuó disfrutando del banquete.

Días más tarde, Brunner se reúne con un individuo embozado en la posada de un poblado bretoniano. Josef ve como Brunner le muestra la daga al individuo y ambos se ponen a discutir, para después alquilar una habitación. A la mañana siguiente, continúan su viaje hacia Parravon, y en el camino se les une Lithelain, el embozado de la otra noche, un cazarrecompensas Elfo Silvano que también va tras el Príncipe Negro, y le advierte a Brunner que está siendo perseguido por un grupo de cinco jinetes, y que les dará alcance en unas horas.

El grupo estaba comandado por Osorio, que también andaba tras la cabeza del Príncipe Negro. Se trataba de un fanático de Solkan y antiguo enemigo de Brunner. El cazarrecompensas le tendió una emboscada Pantano Inhóspito y lo dejó gravemente herido para que muriera, antes de continuar la travesía a Parravon.

Muy a lo lejos, Dralaith observó toda la acción gracias al poder del Ojo, que le había avisado de la inminente amenaza que suponía el grupo de Brunner, para después amonestar duramente a sus tenientes, Drannach y Uraithen. Los dos eran hijos suyos, y ambos eran muy parecidos físicamente a su padre, pero Dralaith no dudaba ni un momento en tratarlos cruelmente si cometían alguna falta.

Una vez en Parravon, Brunner y Josef se reúnen con Ehrhard Stoecker, que aún se sentía resentido con el cazarrecompensas por el asunto del skaven de hace un año. El escritor era un experto en toda clase de historias, mitos y leyendas y esperaba que le contase cualquier información útil sobre el Príncipe Negro y su localización, pero en esa ocasión no consiguió nada de utilidad. Cuando Josef le habla del día en el que encontró con el príncipe negro este había ido a buscar a un traidor de su banda llamado Bors.

Ehrhard lo identificó con un famoso salteador de caminos de esta zona, que tenía un socio, un ladrón llamado Ferricks que, siendo demasiada coincidencia, hace una semana fuera arrestado por la guardia, y que ahora estaba en espera de la horca. Sin embargo, Stoecker conocía al carcelero del duque, un caballero ambicioso llamado sir Lutriel Tourneur, de haberle escrito algunas de las mentiras que cuenta acerca de cómo se convirtió en caballero del reino, pero que podía convencerlo para que soltara a Ferricks para que les condujera hasta la base secreta del Príncipe Negro.

Una vez en las prisiones, consiguen que Lutriel accediera a su petición, solo a cambio de poder unirse a su grupo y quedarse con buena parte de la recompensa y de los tesoros del Príncipe Negro. Al ladrón no le hace ninguna gracia tener que regresar al hogar del señor al que había traicionado pero no le dieron ninguna opción. Igualmente, Brunner se encuentra con un antiguo conocido suyo, Mahlinbois, un hechicero ilusionista que había sido encarcelado bajo la acusación de practicar brujería. Considerando que sus poderes ilusorios serían de gran ayuda contra el Príncipe Negro, el cazarrecompensas pide que lo liberen, a lo que Lutriel solo accede a cambio de más recompensa.

A lo lejos, Dralaith observaba a través de la gema mágica como el cazarrecompensas se había encontrado con Ferricks, tal y como le había predicho el ojo de Tchar.

Durante los siguientes días, el grupo viajaba por las Montañas Grises hacia la guarida del rey bandido siguiendo las indicaciones del ladrón. Josef se puso a analizar a sus compañeros. Él estaba allí para buscar venganza, Brunner y Lutriel por la recompensa. Mahlinbois y Ferricks por que no les quedaba otra opción, y el cronista Stoecker porque deseaba vivir su propia aventura. El único que del que no sabía la razón era del elfo Lithelain, hasta que Stoecker le aclaró que era el hermano de la embajadora elfa asesinada.

Finalmente llegaron al lugar, una antigua torre élfica en ruinas que había sido asediada por los Enanos en el pasado y que después se convirtió en una guarida goblins antes de que se les fuera arrebatada. Por esa razón había un montón de agujeros y túneles por la zona.

Aquella noche, Lutriel convenció a Josef para entrar ellos solos en la torre a través de una entrada secreta y matar al Príncipe Negro. Sin embargo, una vez dentro, este les estaba esperando y capturó a ambos. Gracias al poder del Ojo, Dralaith había previsto todo aquello y también sobre la presencia del resto del grupo. Ordenó a sus hombres que llevaran al caballero bretoniano a la fosa mientras se reservaba al comerciante para mas tarde. Después ordenó a sus hijos Drannach y Uraithe para comentarles una cosa antes de ir a por Brunner y el resto.

Al rato, el Príncipe Negro fue a la fosa, completamente embozado en su armadura y acompañado Drannach y el hombre bestia Urgmesh, para ver como Lutriel luchaba por su vida casi desnudo y armado solo con un cuchillo de hoja larga. El bretoniano hizo un último intento de matar al Príncipe Negro lanzándole el cuchillo pero este lo atrapó y después ordenó a sus hombres que abrieran las compuertas de la arena.

En las afueras, el otro teniente salió en busca de Brunner y el resto con un grupo de hombres, pero quedó desconcertado al encontrarse entre un grupo de árboles que no debería existir. El teniente no se dio cuenta de la trampa y cayó en un profundo agujero, mientras sus hombres eran eliminados por la puntería de Brunner y Lithelain. Muerto todos, Mahlinbois canceló su hechizo ilusorio que creaba un bosque de la nada. Stoecker estaba molesto pues Brunner sabía que Lutriel y Josef se marcharían por su cuenta, y los había utilizado para que el enemigo saliera en su búsqueda, acusación que el cazarrecompensas no negó. Con la amenaza ahora eliminada, pudieron infiltrarse en la torre sin ser descubiertos.

Dentro de esta, el Príncipe Negro y sus hombres disfrutaban viendo como Lutriel intentaba sobrevivir como podía en la arena, ahora sin nada que defenderse. Se enfrentaba a un grifo terriblemente mutilado: Ciego, con las alas amputadas y con multitud de heridas por todo el cuerpo. El bretoniano conseguía esquivar todas las acometidas de la ciega criatura, pero el Príncipe Negro acabó aburriéndose del espectáculo, y le lanzó un cuchillo clavándosela en la pierna, por lo que no pudo escapar al siguiente ataque y acabó siendo despedazado. Indignado, Josef trató en vano de atacarle ya estaba encadenado, pero mientras el Elfo Oscuro decidía qué hacer con él; Brunner y su grupo entraron en la sala.

El Príncipe Negro ordenó a sus hombres que los mataran, mientras el se retiraba a la sala del trono, alarmado por no ser advertido de su intrusión. El grupo de Brunner empezó a matar a los bandidos pero seguían siendo muchos más que ellos. Empleando sus poderes de ilusión, Mahlinbois consiguió engañar a la mente del mutilado grifo, haciendo que saliera de la fosa y empezada a matar a los hombres del Príncipe Negro. En cuanto pudo, Ferrick salió corriendo del lugar. Stoecker se defendía como podía de los envites de Urgmesh. Lithelain liberó a Josef pero este lo noqueó momentáneamente para ir tras el Príncipe Negro y matarlo antes que nadie; en cuanto se recuperó, el Elfo Silvano salió corriendo tras él.

Por su parte, Brunner se enfrentaba Drannach, quien murió al ser lanzado por los aires hasta una estaca por uno de los zarpazos del grifo ciego. La bestia finalmente murió a causa de las numerosas heridas que recibió en la lucha, tras haber provocado una auténtica masacre entre los hombres del Príncipe Negro. Aún con todo, seguían siendo muchos. Sin embargo, antes de que se lanzaran a atacar, vieron para su horror como el esqueleto de la criatura muerta cobraba viva y se aproximaba a ellos. Esta nueva amenaza fue demasiado para los supervivientes, que salieron huyendo de la sala. Tras matar a Urgmesh y salvar a Stoecker, Brunner le pidió a Mahlinbois, que cancelara su ilusión pues ya no era necesario; y el esqueleto enloquecido desapareció.

El Príncipe Negro llegó a la sala del trono, y abrió al caja donde estaba guardado el Ojo, pero descubrió para su sorpresa que no estaba allí. Al poco llega Josef a la sala, y más tarde Lithelain. El Druchii vence sin problemas al comerciante para después encararse con el Elfo Silvano, al que mata tras un intenso duelo. El Príncipe Negro se disponía acabar también con Josef, pero en ese momento llega Brunner y mata al Príncipe Negro de un disparo de su pistola, acabando para siempre con la amenaza.

Todo había terminado. Brunner reclamó la recompensa por la cabeza del Príncipe Negro, mientras que Josef, Stoecker y Mahlinbois se repartían sus tesoros, o al menos, los que todavía quedaban. Los bandidos supervivientes se habían llevado la mayor parte ya que sabían dónde buscar y habían contado con el beneficio adicional de las habilidades de Ferricks. Tras haberse excusado de la batalla, el ladrón se había escabullido hacia las cámaras del tesoro, y desarmado los muchos dispositivos astutos destinados a protegerlas. Todos, salvo el último, terminando empalado en una jabalina.

Tras regresar de las Montañas Grises cada uno se fue por su lado, Brunner fue a reclamar la recompensa, Josef y Mahlinbois marcharon al Imperio, y Stoecker decidió continuar en Parravon. Ciertamente, su despedida con el cazarrecompensas no fue del todo agradable, pero esperaba con ansiedad su regreso para que le contara nuevas historias de sus aventuras.

Muy lejos, en la abandonada torre élfica, una figura encapuchada se movía por la sala del trono, haciendo caso omiso del cadáver putrefacto y sin cabeza tirado en el suelo, y sacó Ojo de Tchar de su auténtico escondrijo. Dralaith, el verdadero Príncipe Negro, sonreía pues todo se había desarrollado exactamente como le había mostrado la joya. La noticia de su “muerte” llegaría a Naggaroth, y ya no acudirían más asesinos, algo que le reconfortaba pues creía que tarde o temprano uno de ellos acabaría logrado su objetivo.

Como había hecho en tantas otra ocasiones, permitía que uno de sus hijos asumiera el rol de Príncipe Negro mientras él se disfrazaba de teniente. Había sacrificado mucho para que el engaño diese resultado. La muerte de sus hijos no le importaba nada, al igual que la pérdida de sus tesoros y sus seguidores. Solo le tomaría un tiempo volver a recuperar su poder.

Lo único que le molestaba era la idea de que el cazarrecompensas caminaba por la tierra jactándose de haber matado al Príncipe Negro. De hecho, había estado muy a punto de lograrlo al hacerle caer por el agujero, del que tardó horas en salir. Lo había alarmado un poco que el Ojo no hubiese mostrado ese acontecimiento en particular.

Sin embargo, ya llegaría el momento en el que pudiera vengarse.

FuenteEditar

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