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Dragón Alto Elfo (Relato)

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Dragon contra barbaros.jpg

La espuma blanca se estrellaba contra los mástiles y las cuadernas de los restos naufragados de los tres drakkars que yacían amontonados sobre la arena dorada de la costa de Yvresse. Tras ellos, mar adentro se extendía una flotilla de navíos halcón con las blancas velas infladas por el viento y, en medio de todos ellos, se alzaba imponente un drakkar negro que avanzaba a gran velocidad propulsado por sus tres hileras de remos y cortando el mar con una proa inmensa talla en forma de rostro demoníaco. Los proyectiles de los lanzavirotes de los navíos halcón revotaban contra el casco forrado de hierro del drakkar.

La playa estaba atestada de individuos de armaduras oscura que habían desembarcado de los dos drakkars que había varados. Sobre la multitud ondeaban unos estandartes rojos y negros que tenían garabateados runas de una lengua siniestra o se alzaban iconos de latón con los símbolos de los dioses del Caos que relucían por are de maléficos encantamientos. Los Elfos armados con lanzas de Yvresse se alzaban firmes ante los ataques incesantes de los bárbaros como si fuera una fina linea blanca tratando de rechazar el avance de una mancha negra y ponzoñosa.

Sin embargo, la superioridad numérica de los invasores estaba empezando a imponerse y aquí y allí la oscuridad internaba a través de la fulgurante línea de defensores. Después de haber atravesado el bloqueo de los navíos halcón, el gran drakkar negro alcanzó la orilla y se deshizo bruscamente del embate de las olas. Guerreros del Caos revevestidos en gruesas placas de armadura saltaron a la arena por ambos lados del barco y se reunieron raudamente en torno al tótem ardiente de su caudillo. Empezó a oírse un repique de tambores muy pesado y los guerreros del Caos avanzaron dirigiéndose muy pesados dirigiéndose hacia una de las aberturas de la linea de los Elfos.

De repente, un rugido prolongado engulló el fragor del combate y una sombra colosal cruzo todo el campo de batalla haciendo que los guerreros de ambos bandos interrumpieran la carnicería durante un instante para alzar la vista. Tras proferir otro aullido ensordecedor, un dragón de escamas azules descendió de los cielos soltando un rastro de humo por la boca repleta de colmillos. Sobre él cabalgaba una figura de armadura dorada que asía una lanza brillante en las manos. El dragón sobrevoló el drakkar negros en círculos y creó un torrente de agua con el batir de sus alas. De las fauces del dragón brotó una llamarada de fuego azul intenso que prendió fuego al mástil y las velas y que se extendió rápidamente a las cuadernas del casco de la nave. Al poco, toda la embarcación estaba envuelta en llamas..

Acto seguido, el dragón realizó un vuelo rasante por el campo de batalla mientras el fuego se reflejaba en las escamas de su vientre. Allí por donde pasaba, los bárbaros del Caos se amedrentaban y terminaban huyendo presos del terror. Tan solo el caudillo y su escolta se mantuvieron firmes.

El príncipe dragón y su monstruosa montura arremetieron entonces contra los guerreros del Caos como un rayo de venganza pura y el ruido seco de los huesos al partirse y el chirrido de la armadura al resquebrajarse se mezcló con el rugido estentóreo del dragón. La lanza del jinete atravesó el yelmo del caudillo del norte y, a su muerte, los guerreros del Caos perdieron todo el coraje y huyeron despavoridos. Mientras los Elfos victorioso corrían por la arena persiguiendo a los bárbaros, el dragón empujo a los norteños al mar. La mayoría se ahogaron al ser arrastrado hacia el fondo por su armadura y otros lograron subirse a sus barcos. Al cabo de un instante, empero, estos últimos ardían ferozmente presos de la cólera infernal del aliento del dragón.

El reflujo de la marea se llevó consigo los cuerpos y maderos carbonizados mar adentro y a la mañana siguiente ya no quedaba nada de la malograda expedicion de Kurbad el Furibundo.

FuenteEditar

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