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Egrimm van Horstmann

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Egrimm van Horstmann por Des Hanley.jpg

Egrimm van Horstmann es el más infame, y tal vez el más peligroso, de los pocos traidores conocidos de los Colegios de la Magia Imperiales, y es también la mayor vergüenza de la Orden Blanca. Hubo un tiempo en el que Horstmann se contaba entre los magister más brillantes y con más talento de la orden. Fue el último en ocupar el trono del patriarca en la Orden de la Luz antes que Verspasian Kant.

En su día, Horstmann fue aclamado como el magister más joven y dotado que jamás hubiera presidido uno de los Colegios Imperiales de la Magia. Mientras se arrodillaba para jurar lealtad al Patriarca Supremo, al Emperador y a la causa de la orden, nadie podía adivinar que su fidelidad y su alma ya habían sido entregadas a un amo mucho más lejano y siniestro.

Como aprendiz de salmodiador del octavo círculo de la orden, Horstmann servía al difunto y respetado salmodiador maestro Alric, el Salvador de Apesto, quien le enseñó muchos de los antiguos secretos de la orden. Pero durante todo el tiempo que sirvió en la Orden Blanca, Horstmann rezó a los dioses del Caos para que le concedieran poder y conocimiento con los que sobrepasar a sus iguales, lo cual explica su rápida ascensión por la jerarquía. De día estudiaba la magia pura del Hysh, y por la noche se inclinaba sobre los antiguos manuscritos dedicados a los saberes corruptos de la hechicería que los hierofantes guardaban a buen recaudo en sus bibliotecas. Sin duda, los demonios de Tzeentch susurraban sus secretos atemporales a la mente dormida de Horstmann, y los malignos poderes de Egrimm fueron fortaleciéndose.

El perverso patriarca obró su maldad en la oscuridad durante tres años, sembró las semillas de la corrupción en los corazones de muchos aprendices y magísteres de la Orden Luminosa, y muchos de los iniciados más prometedores de la orden se perdieron en las sombras que Horstmann proyectó sobre ella. Su habilidad a la hora de tejer una perversa magia era tal, que Horstmann podía alterar sutilmente muchos de los rituales de la orden, redirigiendo sus por lo demás benévolos poderes para satisfacer sus propios fines. Y lo más ultrajante de todo es que Horstmann llegó a utilizar las energías conjuradas por los coros de aprendices que trabajan en las cámaras inferiores de la Pirámide de la Luz, cámaras que habían permanecido selladas desde que Teclis de Ulthuan, Fundador de los Colegios de la Magia, las crease como prisión para algunas de las criaturas y artefactos más terribles de la última Gran Incursión del Caos. Uno a uno, Horstmann venció los cierres mágicos de las cámaras hasta revelar los secretos prohibidos que contenían. Es imposible valorar los daños provocados, o los horrores liberados en el mundo por el Patriarca antes de que su maldad fuera descubierta por los Inquisidores de Sigmar y el Gran Teogonista Volkmar.

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La búsqueda y el descubrimiento de esta fuente de corrupción constituiría un relato largo y horripilante por sí solo con un terrible final. Antes de que él y sus retorcidos aprendices huyeran de la furia combinada de Volkmar, los cazadores de brujas y los iniciados de nuestra orden que aún eran leales a sus honrados principios, Horstmann logró liberar al infame dragón del Caos Baudros de su prisión eterna bajo la Pirámide de la Luz, y montado sobre su forma alada y bicéfala del Dragón del Caos, Horstmann se elevó por los cielos y huyó hacia los Desiertos del Caos.

Con sus corruptos acólitos, Egrimm formó la Cábala, quizá la más poderosa de todas las Hordas de Tzeentch. Estos siniestros hechiceros-guerreros de Tzeentch veneran a Egrimm van Horstmann como su señor. Egrimm no ansía otra cosa que el dominio del mundo. Es un gran conspirador, sólo inferior a su Amo Tzeentch. Sus acólitos están por todas partes, y muchos de los secretos, sectas y cultos del Viejo Mundo están controlados por Horstmann. Este tipo de tramas y conspiraciones satisfacen en gran medida a Tzeentch, que ha recompensado generosamente a van Horstmann, convirtiéndolo en su servidor favorito.

A partir de este punto es difícil conseguir información fiable sobre Horstmann. Se sabe que ha creado una ciudadela fortificada en los Desiertos, en los márgenes de las Colinas Aullantes. Ha convocado a muchas almas corruptas a estas relucientes torres de plata, la mayoría de las cuales son los mismos colegiados a los que pervirtió con sus maquinaciones. Según algunas leyendas, el primero en responder a su llamada fue sacrificado para crear el temible estandarte del Ojo Fulminante, asesino de hombres y símbolo de la devoción de Horstmann a Tzeentch. Sea cierto o no, a las torres de Egrimm no cesan de llegar peregrinos hambrientos de poder, dispuestos a sacrificar sus almas para convertirse en aprendices del traidor.

Horstmann y sus aprendices corruptos formaron la Cábala, posiblemente el más infame de todos los grupos que veneran a Tzeentch. Los hechiceros de la Cábala sólo se inclinan ante Horstmann, y únicamente porque es el más poderoso. La mayoría de los guerreros que protegen a la Cábala son esclavos sumisos de Horstmann y sus aprendices. Son hombres ignorantes, desesperados por conseguir una oportunidad para aprender una fracción de las habilidades de su amo.

En las argénteas Torres de la Cábala, los hechiceros de Tzeentch estudian la sabiduría arcana y los augurios, intentando predecir el momento en que la Tormenta del Caos volverá a levantarse, y cómo someterla a su voluntad. Los Hechiceros de la Cábala no hablan, en vez de ello se comunican por medio de la telepatía, incluso a través de las grandes distancias. De este modo nadie tendrá conocimiento de sus planes.

Portada Libro Egrimm van Horstmann por Cheol Joo Lee.jpg
Nadie sabe cómo encontrar a la Cábala para unirse a ella, pero una vez aceptado, un hechicero debe realizar juramentos mágicos de lealtad a Horstmann y a su señor oscuro. Tzeentch. Una vez marcado con la runa de Tzeentch, el iniciado jamás podrá rebelarse contra la voluntad de sus maestros, so pena de verse reducido a un engendro del Caos sin mente.

Los Guerreros del Caos de la Cábala reciben el nombre de los Siervos, pues son esclavos voluntarios de van Horstmann. Tras unirse a la Cábala, un guerrero o un hechicero ha de jurar una lealtad sin límites al amo de la Cábala y a su señor Tzeentch. Tras ello es marcado en la frente con el símbolo de Tzeentch, de forma que nunca pueda rebelarse contra la voluntad de sus amos. A cambio, será iniciado en los secretos de la Cábala.

La armadura de la Cábala es arcaica y ceremonial hasta el punto de estar impracticablemente cubierta de una masa de talismanes y sellos de advertencia. Sus armas muchas veces son mágicas, fabricadas por los hechiceros de la Cábala. En combate, sus espadas emiten un fulgor fantasmal que es amenazador y a la vez fascinante. La Cábala es un terrible enemigo: sus guerreros combaten en perfecta sincronía, guiados por el demente genio de sus hechiceros. Sus planes de batalla son infinitamente complejos y muchas veces parecen contradictorios, pero siempre resultan victoriosos. Sus adversarios sienten que forman parte de una obra en que sus papeles están predestinados, e intentar resistirse es como debatirse contra cadenas invisibles. El símbolo de la Cábala es el Ojo Fulminante de Tzeentch en una mano abierta. Su estandarte porta su símbolo, y es fuente de orgullo para ellos el que nunca haya sido capturado. Se dice que el que mire al interior del Ojo Fulminante envejecerá y se convertirá inmediatamente en polvo.

Los aprendices de Horstmann están por todas partes, y casi dos tercios de las sectas del Caos del Imperio han sido creadas indirectamente por agentes suyos, están controladas por su Cábala de alguna forma indirecta, o le deben lealtad sin rodeos. No cabe duda de que semejantes conjuras y planes complacen a Tzeentch, pues parece haber recompensado generosamente a Horstmann con el paso de los años y lo ha convertido en su servidor mortal favorito.

Baste con decir que Hommann desea someter a los Colegios de la Magia a su control y corromper a todos los magister del Imperio para que adoren a su maestro. Al hacerlo, Horstmann espera atraer la atención de su divino maestro y ser recompensado con la demonización.

MiniaturaEditar


FuentesEditar

  • Suplemento: Paladines del Caos 5ª Edición
  • Warhammer Fantasy JdR: Reinos de la Magia (2ª Ed. Rol)

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