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El ¡Waaagh! de Gorbad Garra'ierro

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Iron Claw Horde Warhammer by masterchomic.jpg

En el año 1707, Gorbad Garra’ierro, uno de los líderes orcos más temibles y exitosos de todos los tiempos, se puso al mando de la hueste de Orcos y Goblins más grande que se hubiera visto jamás y condujo a sus ejércitos al Oeste a través del Paso del Fuego Negro. Su campaña de destrucción causó estragos a través de los territorios del Imperio y dejó la región de Solland tan devastada que nunca se llegó a recuperar del todo.

Hasta el día de hoy, más de 500 años más tarde, los chamanes Orcos siguen entrando en trance para contar las gestas de Gorbad. Los hipnotizados pieles verdes quizás no lleguen a entender la significación histórica de la invasión de Gorbad, pero se muestran increíblemente entusiasmados con las visiones del legendario Orco liquidando a media docena de caballeros de Imperio con cada descarga de su poderosa hacha, conocida como "Morglor la mutiladora".

La formación del ¡Waaagh!Editar

Fortaleza Orcos y Goblins por Jonathan Kirtz .jpg

Gorbad se labró un nombre en lo más profundo de las Tierras Yermas donde su tribu, los Garra'ierro, poseían la fortaleza conocida como la Roca de Hierro. Los Garra'ierro vivieron alrededor de la fortaleza durante muchos años y sus fortunas aumentaron y decrecieron con la habitual regularidad de las tribus orcas.

Cuando Gorbad se hizo con el liderazgo, logró que su tribu conquistase grandes extensiones de terreno. Desde su inexpugnable base Gorbad envió una partida de guerra tras otra para arrasar las Montañas del Fin del Mundo. Lo único que se atrevió a interponerse en el camino de los Garra'ierro fue la tribu de los Orcos Diente Roto, tradicional enemiga de la Garra'ierro, que estaba gobernada por el notorio Kaudillo Zogoth el Triturador, famoso por su enorme tamaño y su gran salvajismo, y los Enanos, que aún seguían ostentando un gran poder cerca de sus principales bastiones.

Los Orcos del Diente Roto, que estaban entonces en posesión del Peñasco Negro, fueron las primeras víctimas en experimentar la ira de Gorbad y sus crecientes legiones. Gorbad había aprendido a aniquilar a los líderes rivales de la manera más violenta y horrible posible. A menudo esto servia para intimidar al resto de las peñas enemigas, que corrían a unirse a los ejércitos de Gorbad.

Garrapatos.jpg
En un brillante ataque relámpago, Gorbad ordenó a sus Goblins Nocturnos que excavasen un túnel que llevase justo bajo el Peñasco Negro, y condujo a su ejército a través de los antiguos túneles enanos, aniquilando a los miembros de la tribu del Diente Roto antes de que estos se dieran cuenta de lo que estaba pasando. Zagoth el Triturador escapó por esos mismos túneles al interior clamando por venganza; mientras Gorbad envió a los salvajes garrapatos cavernícolas tras él. Los brutales gritos de los garrapatos resonaron por los pasadizos del Peñasco Negro durante bastante tiempo, pero el Kaudillo de los Diente Roto no tuvo la más mínima posibilidad de escapar a la estampida de Garrapatos que fue liberada en el túnel. Gorbad decidió entonces enviar a los goblins Nocturnos Cazadores de Garrapatos para que recuperasen a las criaturas supervivientes. Lo único que quedó de Zogoth fue una oscura mancha informe en el suelo.

Tras la victoria de Gorbad, los demás orcos del Diente Roto supervivientes le aceptaron rápidamente como su nuevo líder, tal como suelen hacer todos los orcos cuando saben a ciencia cierta que les acaban de patear el trasero y desean inmediatamente encontrarse en el bando vencedor. Con esa gran tribu bajo su yugo, Gorbad estableció su dominio sobre todos los picos entre el Paso del Perro Loco y la Montaña de Fuego y pronto conquistó las restantes tribus de Orcos, Goblins y Goblins Nocturnos de los alrededores y el ejército a sus órdenes aumentó enormemente de tamaño, aunque no de disciplina. ¡El Waaagh de Gorbad había comenzado!

A Gallant Death by Paul Herbert.jpg
Durante este periodo, Gorbad empezó a aparecer de manera regular en el libro de los agravios de los Enanos. Mientras que la mayoría de pieles verdes que se encontraban con los Garra'ierros acababan siendo absorbidos por ellos, los Enanos obviamente eran otro cantar, y combatían hasta el fin. Una vez que Gorbad hubo exterminado al último "barbudo" que quedaba en la región, las fortalezas y asentamientos Enanos fueron saqueados tan a fondo que no quedó en ellos ni una moneda de oro, ni un fragmento de cobre, ni siquiera una viruta de hierro.

Los relatos sobre las hazañas logradas por Gorbad se cuentan en cada tribu (aunque siempre exagerándolas). Como por ejemplo, aquella vez que el enorme Orco derrotó en combate personal a dos Gigantes a la vez, o aquella otra en que persiguió a un ejército derrotado de barbudos hasta las mismas puertas de la gigantesca capital Enana de Karaz-a-Karak (se dice que Gorbad se atrevió incluso a picar con sus puños en los inexpugnables muros de aquella fortaleza, y que aún hoy pueden verse allí las profundas hendiduras que dejó su característica garra de hierro). En poco tiempo, por todas las Tierras Yermas se alzaron tribus de Orcos y Goblins para unirse a este Rey de todos los Kaudillos. Era como si el aroma de la victoria piel verde flotase en el aire, y nadie quisiese perderse la diversión de la próxima masacre.

Los Enanos supieron reconocer lo inútil que era enfrentarse a tal cantidad de enemigos, y simplemente sellaron las puertas de las fortalezas que aún estaban bajo su control, para esperar a que pasara la tormenta. Gorbad, viendo que los barbudos no quedan "zalir a jugar", ordenó a sus ejércitos dirigirse al norte, en busca de presas más disponibles. Desde todos los lugares de las Tierras Yermas, tribus de Orcos y Goblins se movilizaban para unirse rápidamente al gigantesco ejército mientras éste se movía gradualmente hacia el norte, con dirección hacia el Paso del Fuego Negro.

El Imperio en llamasEditar

Jezzi-poisonbit por Franz Vohwinkel Goblin Silvano.jpg
A medida que el creciente ¡Waaagh! avanzaba a través del Paso del Perro Loco, las tribus de Goblins que vivían a lo largo de los esparcidos túneles, iban uniéndose a él. Conforme el ejército se desplazaba hacia Occidente por el bosque bajo la Fortaleza Enana de Pico Eterno, se le unían también al ejército las tribus de goblins silvanos a lomos de sus Arañas Gigantes, aullando sus salvajes gritos de guerra. Al amparo de la noche más oscura y mientras los truenos y rayos rugían y caían desde el cielo castigando los picos de las Montañas Negras, el gran Whaagh atravesó el paso del Fuego Negro.

Los fuertes enanos del paso fueron arrasados en cuestión de días cuando los Goblins los atacaron desde dentro procedentes de túneles subterráneos y los bestiales Orcos destrozaron los muros y aniquilaron a los defensores con sus hachas; y una pequeña fuerza de guarnición de tropas Imperiales fue barrida de sus posiciones. El Imperio de aquella época se encontraba plagado de discordias, ya que varias familias nobles competían por colocar a sus vástagos en el trono. Antes de que el Imperio llegara a poder reunir un ejército, la horda de Gorbad ya había descendido de las montañas desparramándose hacia las planicies de Averland. La invasión había empezado.

Ciudad del Imperio Asedio arte Warhammer Total War.png

En los distantes flancos de la gran horda verde, los Jinetes de Lobo Goblins se destacaron como avanzada para saquear y destruir los pueblos y asentamientos cercanos a su ruta. Mientras tanto, las incontables tribus de Orcos y Goblins que formaban el grueso de la fuerza de Gorbad seguían su ruta a lo largo de la Vieja Carretera Enana, haciendo temblar el suelo bajo sus pies. Más acostumbrados a las duras y estériles Tierras Yermas que a las ricas y fértiles colinas de Averland, los pieles verdes amasaron tanto botín de saqueo en los primeros días de marcha que Gorbad se vio obligado a ordenar acampar en las antiguas ruinas élficas de las Tres Torres, en la frontera del territorio conocido como La Asamblea.

Aquí los orcos se corrieron una enorme juerga y festejaron sus victorias peleándose entre ellos mientras duró el botín recién capturado durante tres días de violenta borrachera. El Kaudillo necesitó los tres días con sus tres noches para poner orden en su ejército; reorganizar sus líneas de batalla, distribuir tareas a los recién llegados, solucionar un puñado de desafíos y peleas internas, y parar los pies a las tribus Goblins más arteras, a fin de impedir que robasen el botín de saqueo de otras tribus. Solo los detuvo la excitante idea de conquistar el Territorio de la Asamblea. Los Halflings, sabedores de la eminente invasión orca, se prepararon para defenderse.

Gobbos saqueando de Mark Molnar Goblins.jpg
Sorprendido al ver sus tierras cubiertas en un furioso manto de pieles verdes, el Conde Elector de Averland envió emisarios para alertar a las provincias colindantes. Al mismo tiempo, aprovechando el inesperado parón de la horda de Gorbad envió el grueso de sus tropas regionales a engrosar los efectivos que estaban defendiendo La Asamblea.

Fue un gesto tan generoso como fútil: cuando Gorbad volvió a ponerse en marcha dirigiéndose hacia el norte atravesando las colinas de la Torre, y pillando a los Halflings y a sus aliados en el Bajo Aver, un grupo de colinas bajas al sur de la Asamblea. Aunque los halflings lucharon lo mejor que pudieron contra los invasores, no pudieron hacer nada contra las feroces manadas de lobos y las cargas atronadoras de jabalís de colmillos afilados, siendo aniquilados hasta el último hombre; y el resto del ejército imperial no tardó mucho más en ser arrasado y reducido a ceniza. Tan solo sobrevivieron a la carnicería unos pocos Caballeros Pantera, que se presentaron ante Sigismund, el Emperador electo de Reikland, para informar del inmenso tamaño de la invasión, y de cómo el Kaudillo Gorbad hacía maniobrar a sus tropas con una increíble astucia, impropia de un Orco.

Warhammer LCG Smash Go Boom by Cryptcrawler.jpg

Los Orcos y Goblins se pasaron dos días saqueando el territorio de La Asamblea y en beberse el contenido de sus muchas posadas de los Halflings. Los pocos refugiados que quedaban vivos intentaron escapar, mayormente descendiendo por el río Aver en un convoy de barcos, barcazas e improvisadas balsas de todo tipo. Su cauce se sobrecargó de tal manera con embarcaciones, que los maliciosos Goblins no pudieron resistir la tentación de desplegar sus máquinas de guerra junto a la orilla, para divertirse practicando un poco de tiro al blanco. De hecho, atormentar a los Halflings (a los que los Goblins suelen llamar "aperitivoz” porque alimentan poco más que un bocado, o "chillones” por su hábito de emitir agudos alaridos cuando se les hinca el diente), demostró ser un pasatiempo muy popular entre los Pieles Verdes. Por todos sus campamentos se celebraban competiciones de comer Halflings, peleas de barril (consistentes en enfrentar a un Halfling contra un Snotling en el interior de un barril o de una caja de madera), y otras prácticas igualmente crueles.

Las hileras de refugiados empezaron a manar hacia la ciudad de Averheim con los Orcos y Goblins pisándoles los talones, y no pasó mucho tiempo antes de que la gran ciudad se viera convertida en objetivo de las máquinas de guerra de los pieles verdes (la mayoría de las cuales demostraron una puntería inusualmente certera gracias a sus recientes prácticas de tiro en el río). Las Máquinas de Guerra Pieles Verdes redujeron a escombros las puertas las puertas de la ciudad y destruyeron los muros que la rodeaban, y tras este periodo de bombardeos, Gorbad ordenó el asalto masivo. Pronto el todo ¡Waaagh! se encontraba en el corazón de la ciudad, quemándola y destrozándola mientras los desamparados ciudadanos huían hacia las colinas más próximas. El ¡Waaagh! literalmente "niveló” la ciudad bajo una tormenta de destrucción.

La Caida de NulnEditar

Orcos Negros de James Ryman.jpg
Por aquel entonces, la reputación de Gorbad Garra’ierro se había extendido como la peste entre todas las tribus de orcos y goblins del Gran Bosque. Así, muchos más guerreros Pieles Verdes se desplazaron hacia el sur para unirse al gran Kaudillo. Tribus de piratas Orcos remontaban el río a remo para unirse a la horda, al igual que innumerables pieles verdes salidos de los bosques, montañas y llanuras.

Los Orcos comenzaron a saquear y destruir todo a su paso al más puro estilo orco, y durante el saqueo de los restos de Averheim, los ejércitos de Gorbad llegaron a ser más grandes que nunca, pero Gorbad no se conformaba con eso, tenia otros planes aún más ambiciosos. A sus órdenes, seleccionó a los Orcos Grandotes y los organizó en peñas especiales, que fueron enviadas a recorrer las arruinadas calles de Averheim, reuniendo a todos los Pieles Verdes medio borrachos y llevándolos otra vez a las líneas de batalla. Esta acción causó el enfado de muchos jefes orcos y se tuvieron que rebanar unas cuantas cabezas, pero fue necesario para recordar a todo el mundo quien era el jefe.

Kabezazo por Alexandru Sabo Orco.jpg

El ¡Waaagh! de Gorbad volvió a ponerse en marcha sin descanso, y Nuln, famosa por sus cañones de hierro, fue la siguiente ciudad en verse asaltada. Gorbad avanzó hacia la urbe por el este, siguiendo rudamente el curso del río Aver. Nuln tenía ya problemas de superpoblación a causa de los refugiados Halflings y de la gente del extremo Este de Averland que también se había refugiado allí de la horda Orca. Los Orcos apenas fueron contenidos un instante por los muros exteriores de la ciudad, que las atravesaron llevados por una orgía de violencia, destruyendo y asesinando como si fuese una repetición de la masacre de Averheim. Brutus Leitdorf, Conde de Averland, ordenó a sus tropas que se replegaran más allá del gran puente que dividía la ciudad y reagrupó a sus soldados en la mitad occidental de la ciudad, donde se hicieron fuertes.

Su ingeniosa maniobra de lucha en retirada y su posterior orden de destruir el gran puente justo cuando los Orcos empezaran a aproximarse, pretendía así frenar su imparable avance, y a punto estuvieron de lograr salvar la mitad de Nuln. Sin embargo, Gorbad no sólo respondió a Leitdorf con la superior capacidad de combate de sus tropas, sino que también le supero en capacidad de maniobra: su recién adquirida flotilla, formada por todos y cada uno de los piratas Orcos del Imperio (venidos de vías fluviales tan lejanas como el Reik y el Stir), recibió la orden de empezar a transportar tropas a la batalla.

Orcos y Goblins Saqueando ciudad imperio.jpg
Mientras Gorbad presionaba a los defensores por un lado para tenerlos ocupados, por el otro lado los Pieles Verdes empezaron a remolcar los restos de barcos que habían quedado medio hundidos en la parte destruida de la ciudad, y los unieron entre si para construir un tosco pero funcional puente flotante. Cuando estuvo listo, cientos de algunos pielesverdes se lanzaron como una marea a través del río y lo cruzaron sobre vigas rotas de madera y otros desecho. Al principio, los ataques fueron repelidos y muchos se ahogaron en el río lleno de sangre, pero al final, el aplastante número de enemigos prevaleció, y los orcos ganaron un firme puesto de tierra, estableciendo una cabeza de puente cada vez mayor en la orilla oeste del río.

La matanza fue terrible, y para cuando hubo caído la noche, la ciudad entera estaba ardiendo. Los pocos supervivientes huían hacia el norte buscando la protección de Altdorf. Brutus Leitdorf estaba entre ellos llevando los restos de su ejército lo más lejos posible del desastre, camino también de Altdorf. Se derribaron edificios que habían aguantado durante mil años, se incendiaron multitud de bibliotecas que contenían obras únicas y muchos documentos antiguos que ahora yacen perdidos para siempre fueron destruidos por el salvajismo irreflexivo de Gorbad.

Zakeando Ziudad Umana por David A. Nash Orcos.jpg
La destrucción de Nuln fue un golpe durísimo para Sigismund, el Príncipe de Altdorf y Emperador de Reikland, y se convirtió en una victoria de leyenda para Gorbad Garra’ierro, pero las cosas aún tenían tiempo de ponerse peor para la mayor nación del Viejo Mundo pues las fuerzas del Imperio empezaron a perder su determinación mientras el ejército de Gorbad aumentaba cada día más. El ejército imperial estaba tan debilitado por la pérdida de sus fuerzas que Sigismund no tuvo otra opción que pedir ayuda a las provincias más al norte, y quedarse quieto contemplando como los pieles Verdes descendían sobre los territorios del Sur para devastarlas.

Gorbad, al comprobar que de momento no debía temer por ninguna amenaza venida desde el norte, ordenó el saqueo de Solland y Wissenland. En un intento casi desesperado de rechazar a los invasores, el Conde Eldred de Solland y el Conde Adolphus de Wissenland unieron sus ejércitos e hicieron frente a la horda de Gorbad.

La Destrucción de SollandEditar

Grandes Espaderos Imperio contra Orco Negro por Adrian Smith.jpg

Eldred, el Conde de Solland, reunió a sus soldados aun a sabiendas de que las fuerzas enemigas eran tan numerosas que costaba de creer. Los exploradores de Eldred le informaron de que el ejercito orco estaba siguiendo la Vieja Carretera de los Enanos, así que el conde partió con sus tropas en dirección a las orillas del río Aver y ordenó cruzarlo al otro lado. Deteniéndose solo para saquear algún asentamiento y arrasarlo por completo, el ejército de Gorbad se lanzó al río y atacó a los defensores en la orilla opuesta. A pesar de que al cruzar el río la horda de pieles verdes perdió a miles de guerreros que fueron arrastrados por la fuerte corriente, los Orcos consiguieron afianzarse en la orilla.

Aquello fue el principio del final para los defensores, ya que su única esperanza había sido poder retener a los Orcos en la otra oriIla. A medida que cada vez más pieles verdes lograba cruzar el río, el ejército imperial empezó a verse rodeado y Eldred intentó desesperadamente huir del campo de batalla antes de que sus hombres fueran despedazados. Pero no pudo lograrlo, ya que Gorbad, haciendo gala de una astucia hasta el momento nunca vista en los ejércitos orcos, había ordenado a la mayoría de sus jinetes de jabalí y de lobo más rápidos rodear al ejército imperial.

Mientras la escolta personal de Eldred luchaba para proteger a su señor, las tropas rápidas aparecieron por el horizonte norte para flanquear al ejército del Imperio. Los regimientos situados a la izquierda del Imperio fueron arrasados y huyeron ante la terrorífica carga de los Orcos y Goblins montados. En cuestión de segundos, una retirada ordenada se transformó en una desbandada y el ejército huyó del campo de batalla. Al perder la batalla, Eldred dirigió a sus leales guerreros hacia delante y se abalanzó contra el rugiente combate para enfrentarse al líder de aquella horda de Orcos. Resplandeciente con su larga capa y brillante corona, el último conde de Solland se enfrentó a la terrorífica masa de Gorbad Garra'ierro en combate singular.

Imperio contra orcos.jpg

No cabe duda de que Eldred era muy valiente, pero hacer frente a la fuerza de un caudillo tan poderoso requería cierto grado de locura. A pesar de ir armado con la potencia del Colmillo Rúnico, Eldred no estaba a la altura de Gorbad y, por ello, el Conde de Solland acabó siendo brutalmente despedazado y desmembrado, por Morglor la Mutiladora, el hacha de Gorbad. El Kaudillo Orco que reclamó para sí el arruinado cuerpo de su enemigo y su Espada de Solland (uno de los nueve Colmillos Rúnicos que los enanos habían entregado a los herederos de los caudillos de Sigmar muchos siglos atrás), quedó en manos de los orcos como trofeo mientras pisoteaban su estandarte contra el barro.

Además, tal como cuenta la leyenda, Gorbad arrancó de la cabeza del Conde la corona de Solland y la plantó en la suya propia, empleándola a partir de ese momento como señal de su gran victoria, con lo que los pocos y desperdigados supervivientes llamaron a aquella batalla la Batalla de la Corona de Solland. Los restos del Conde fueron arrojados como alimento a Gnarla, el fiero y espantoso jabalí de guerra de Gorbad, salvo la cabeza, que acabó colgada entre los trofeos del señor de la guerra.

A lo largo de las semanas siguientes Los orcos se dedicáron al pillaje y a la destrucción de la provincia, hasta que, con hambre de más batallas, se dirigieron hacia el norte, otra vez con la mirada puesta en Altdorf.

La Batalla de GrunbergEditar

Soldados del Imperio.jpg
Después de presenciar la suerte de Solland, los condes sabían que se enfrentaban a la aniquilación a manos de los Orcos y reunieron a sus guerreros mientras la horda rapaz de Gorbad marchaba por el Reik en dirección a Altdorf. A pesar de estar unidos de nuevo frente al peligro, los condes no lograban ponerse de acuerdo sobre cuál era el mejor curso de acción a tomar, pues unos opinaban que debían hacer frente al ejército de Gorbad en el campo de batalla, mientras que otros sugerían que era mejor que dejaran que el ejército del señor de la guerra chocara contra las murallas de la capital de Reikland. Argumentaban que las defensas de la ciudad estaban al máximo de su potencial, que había unas reservas más que suficientes de metralla y pólvora para el cañón, que los almacenes estaban a rebosar de grano y carne sazonada, que los ingenieros eran capaces de desplegar muchas de sus recién inventadas armas de pólvora y que todos los soldados estaban listos para defender su patria.

Pero los condes de Wissenland y Averland, cuyas tierras habían sido arrasadas por los Orcos, no iban a dejar que el enemigo se les acercara, así que condujeron a sus ejércitos hasta el pueblo de Grünberg. Sabedor de lo que le ocurriría a Altdorf si Gorbad llegaba a ser asediada, el Emperador Sigismund recurrió a la flor y nata de las tropas Imperiales para organizar una defensa avanzada capaz de ganar tiempo mientras llegaban más refuerzos del norte.

Portada Libro de Ejercito 5ª Edición Orcos y Goblins por David Gallagher.jpg
Se envió un nuevo ejército Imperial bajo las órdenes del Conde Elector de Wisseland para interceptar el avance de los orcos antes de que estos alcanzaran la capital del Imperio. Dicho Conde, Eric Adolphus, estaba considerado como el mejor general del Imperio y había derrotado en muchísimas batallas al pretendiente del trono imperial, el Conde Gerhardt Meister de Middenland. El ejército de Adolphus era bastante pequeño pero estaba formado por las mejores unidades de toda la tropa imperial: la Reiksguard, los Caballeros del Lobo Blanco, los Caballeros Pantera y los Caballeros del Sol Llameante.

Esta fuerza combinada de rudos veteranos salió al encuentro de las hordas pieles verdes, guiándose por las enormes columnas de humo que se alzaban en el horizonte, y que delataban sin el menor género de duda la sangrienta ruta que iba siguiendo la invasión. Muy pronto, los exploradores jinetes de Lobo informaron del avance del ejército imperial a Gorbad, quien envió una gran fuerza de Jinetes de Jabalí Orcos, Jinetes de Lobo, Goblins Silvanos Jinetes de Araña y una multitud de carros para interceptar al enemigo.

La batalla resultante, conocida como la Batalla de Grünberg, fue inusual en el sentido de que los dos ejércitos que se enfrentaron estaban compuestos en su mayoría por las respectivas tropas montadas en los dos lados, los mejores caballeros del Imperio contra la caballería más móvil de la horda orca. Gorbad lideró sus tropas en persona, llevando la corona de Solland en su cabeza y moviendo en círculos su enorme hacha de batalla, Morgor la Mutiladora.

Al principio, los caballeros imperiales parecían intocables cuando en su frenético avance pusieron en fuga a los Goblins Jinetes de Lobos del campo de batalla, pero Gorbad enseguida lideró una contracarga de Jinetez de Jabalíes flanqueados por grandes peñas de Jinetez de Arañas Goblins Silvanos. Esto podría ser considerado como una maniobra de ataque estúpida por parte de los pieles verdes, teniendo en cuenta que el grueso de la horda aún estaba a millas de distancia, pero Gorbad estaba embriagado por sus anteriores victorias y no estaba dispuesto a esperar, pues no creía necesitar una gran superioridad numérica para vencer esa batalla. Además, en el combate cuerpo a cuerpo, las lanzas de los caballeros no serían tan útiles como las rebanadoras de sus enemigos en la cerrada lucha resultante

Kaudillo Gorbad.jpg
Sin embargo su oponente, el Conde Adulphus, había estado esperando justamente una oportunidad como aquella, pues ya sabía lo que era tener que enfrentarse contra las hordas de Gorbad al completo. Al atraer al comandante Orco para que le cargara con sólo una porción de su ejército, el astuto general Imperial había logrado poner en práctica la única situación posible que le otorgaba alguna esperanza de victoria. Sin dudarlo ni un segundo, Adolphus ordenó a sus tropas que se concentraran en matar a Gorbad. El choque entre los caballeros y los Jinetez de jabalíes fue titánico. Gorbad bien pronto se abrió camino hasta la primera línea, su enorme hacha de batalla masacrando a caballeros y monturas por igual. Desesperado por abatir a tamaño monstruo, el Conde Adolphus cargó hacia el fragor del combate junto con las últimas reservas Imperiales.

Aunque sus Jinetez de Jabalíes Garra'ierro (Orcos de élite bregados en mil batallas), estaban cayendo como moscas a derecha e izquierda, ninguna lanza o espada parecía poder causar el más mínimo rasguño a Gorbad. En vez de eso, el Kaudillo Orco espoleó a su jabalí Gnarla y se lanzó a atravesar las filas de caballeros del Imperio de punta a punta. Mientras sus tropas estaban trabadas en combate, ambos líderes se arrojaron uno contra otro para añadir su peso específico a la batalla. El más formidable general del Imperio y el más poderoso Kaudillo orco de todos los tiempos, se lanzaron el uno contra el otro con la furia de antiguos enemigos.

En el duelo resultante, el Conde Elector hendió su Colmillo Rúnico a través del gigantesco pecho de Gorbad y un torrente de humeante sangre verde manchó su armadura. Encendido por la rabia, Gorbad lanzó un agónico aullido y respondió con gran brutalidad. Con un salvaje golpe de su guantelete de hierro extrajo la espada de su pecho, en el proceso arrancando de cuajo el brazo de Adolphus a la altura del codo, quien por poco estuvo a punto de perder también la cabeza cuando un mortífero golpe de Morgor rozó la sien del humano.

Los dos líderes se observaban con dolor mientras la batalla seguía a su alrededor. Cuando se preparaban para atacar otra vez, los jinetes de Jabalí y los Caballeros Imperiales cargaron desde los dos lados, chocando en el mismo lugar en el que estaba produciéndose el duelo, arrastrando con ellos a ambos malheridos líderes, que se perdieron de vista en medio de la enloquecida carnicería.

Reiksguard cargando.jpg

Fue una dura batalla para los dos bandos, pero a medida que los orcos conseguían llegar al cuerpo a cuerpo, empezaron a ganar terreno mientras los caballeros fueron cayendo bajo sus garras. Con la caída de la noche, la tropa imperial se encontraba en total retirada con los Jinetes de Lobo pisándoles los talones. De no haber sido por la carga desesperada que llevaron a cabo los hombres de la Reiksguard, no habría sido posible mantener a raya a Gorbad mientras el caballo del conde arrastraba el ensangrentado cuerpo de su amo hasta llevárselo fuera del campo de batalla, a la vez que se lograba recuperar su espada (con el brazo aún agarrado a ella y moviéndose espasmódicamente). Los desperdigados supervivientes de la batalla huyeron a Altdorf, hablando de un ejército invencible que lo destruía todo a su paso.

Gorbad, a quien el dolor de la herida hizo enfurecer de un modo salvaje, no tardó en poner en fuga a los Caballeros, pero estaba demasiado herido como para para organizar una persecución en toda regla, por lo que muchos valientes caballeros tuvieron oportunidad de escapar. Tras la batalla, los Orcos arrasaron las regiones del sur del Imperio durante semanas, saqueando e incendiándolo todo a su paso, hasta volver a encaminarse de nuevo hacia el norte en dirección a Altdorf. Una semana más tarde, la horda de Gorbad alcanzó las murallas de la ciudad y rodeó el último bastión del Imperio con un mar de rugiente color verde.

El asedio de AltdorfEditar

Asedio Orcos Imperio por Des Hanley.jpg
En Altdorf, el emperador Sigismund se preparó para la invasión de los Orcos fortificando los muros de la ciudad, más gruesos y altos que las murallas de Nuln; se organizó una milicia de campesinos para que estuvieran en vigilancia continua y reuniendo las cosechas. Una vez que cada hombre, mujer, niño y bestia en un radio de 80 kilómetros a la redonda estuviera a salvo dentro de la capital, el emperador ordenó que todas sus tierras fueran devastadas. Cuando los orcos llegaron, se encontraron los campos ya quemados, los pozos envenenados y todas las casa vacías. Debido a ello, el ejército Piel Verde no perdió el tiempo en su habitual pillaje, y empezaron a pelearse por los pocos víveres que pudieron encontrar hasta que Gorbad, a quien la herida del pecho le provocaba un mal genio terrible e irritado por haber dejado escapar a sus enemigos, puso fin a la disputa decapitando a los cabecillas (y a unos cuantos Goblins que había por allí cerca por si acaso).

Gorbad, en un intento de evitar que sus seguidores volvieran a pelearse de nuevo, ordenó al recién llegado grueso de su ejército que siguiera avanzando a paso ligero y lanzó directamente al ataque contra las murallas de Altdorf, pero este primer asalto fue tan poco premeditado e irreflexivo que fue sangrientamente rechazado por las defensas de Altdorf después de que muchos guerreros Orcos y Goblins hubieron sufrido un gran número de bajas.

Impacientado por la tardanza en conquistar la ciudad, Gorbad vociferó a los kaudillos a sus órdenes que lanzaran un ataque tras otro, exigiendo a tribus enteras que atacasen a través de las extensiones pantanosas situadas al sur de Altdorf. Por desgracia, los pantanos dificultaron el avance de los Orcos y cientos de pieles verdes se ahogaron al caer en los lodazales tras las violentas discusiones que se produjeron sobre cuál era el mejor camino a seguir a través del cenagal o fueron pisoteados por sus propios compañeros en la precipitación. Finalmente Gorbad, al ver la confusión reinante entre sus filas, recuperó la sensatez táctica, detuvo aquel sacrificio inútil de tropas y ordenó preparar campamento para un prolongado asedio de la ciudad.

Catapulta Orcos y Goblins Lanzapiedroz imagen 4º edición Mark Gibbons.jpg
Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Los pieles verdes seguían superando en número a los humanos, pero el ¡Waaagh! de Gorbad había sufrido su primer revés, y los campamentos de Orcos y Goblins que se establecieron en tomo a Altdorf se llenaron de un resentimiento que nunca antes se había experimentado bajo el férreo liderazgo de Gorbad.

El Kaudillo ordenó a los Lanzapiedroz que se desplegaran en posición, pero algunas tribus decidieron no hacer caso y “escaquearse" para forrajear la zona por su cuenta. Al principio, atacó las murallas y bombardeó la ciudad arrojando enormes rocas con los inmensos Lanzapiedros, que destruyeron bastiones enteros y redujeron edificios a polvo. En represalia a ello, los cañones de la ciudad apuntaron contra las máquinas de guerra orcas y fueron silenciadas rápidamente al ser reducidas a astillas, y las salidas a la carga de las órdenes de caballería acabaron con cientos de Orcos con cada uno de sus ataques. A pesar de que las bajas de los hombres del Imperio fueron horrendas, para los Orcos fue todavía peor.

Incluso mientras las catapultas pieles verdes se enzarzaban en un intercambio de disparos a larga distancia con los toscos cañones Imperiales, el ¡Waaagh! ya había empezado a dispersarse. Muchos pieles verdes se escabulleron del lugar, a veces en peñas, otras en tribus enteras. Al poco tiempo todo Reikland estaba ardiendo, por efecto de los numerosos ataques de estos grupos independientes de desertores en su camino de retirada.

Gorbad, todavía débil por la herida sufrida en Grunberg (que ya no curaría nunca), seguía siendo un comandante astuto, y se dio cuenta de que no podría aguantar mucho tiempo aquella hemorragia de tropas desertoras, y que tampoco estaba en condiciones de liderar por sí mismo el asalto definitivo. Al ver que era imposible destrozar los muros de Altdorf, empezó a organizar una fuerza aérea donde lanzar su arma secreta contra la ciudad.

Warhammer poisonous wyvern by thegryph-d3cag35.jpg
En el noveno día de Brauzeit, ordenó cortar las cadenas de varios enormes carromatos que el ejército había ido arrastrando desde las montañas. Emítiendo un rugido ensordecedor y un hedor nauseabundo, media docena de gigantescas serpientes aladas de las Montañas del Fin del Mundo emergieron de sus húmedas jaulas. Gorbad lanzó a todas aquellas bestias reptilianas en un masivo asalto aéreo, coordinado con otro nuevo ataque a gran escala por tierra, mientras una lluvia de Goblins Voladores caía inesperadamente causando el pánico y la consternación a la capital imperial. Los monstruos furibundos sobrevolaron a los defensores de la ciudad y se lanzaron en picado contra ellos, destripándolos con sus garras afiladas y derribando los cañones Imperiales con facilidad, al tiempo que sembraban el terror en casi todos los humanos.

En medio de toda aquella conmoción, una de las serpientes aladas se coló en el palacio del Emperador echando abajo el techo del gran salón. Durante varias horas la criatura vagó por el interior del edificio sembrando la destrucción, zampándose a miembros del servicio por docenas, y defecando en el salón de los banquetes. Cada vez que los defensores trataban de detener el avance del lagarto encerrándolo en alguna de las salas, la Serpiente Alada volvía a abrirse camino atravesando con sus hombros otra pared en medio de una lluvia de astillas de madera y polvo de ladrillos.

Finalmente, cuando la Serpiente Alada llegó a la sala del trono el propio Emperador Sigismund le hizo frente al mando de un grupo de sus arqueros, pero la bestia se quitó de encima a los soldados con un potente coletazo y atrapó al Emperador entre sus fétidas fauces. Los registros Imperiales explican cómo los arqueros supervivientes huyeron de inmediato sin volver la vista atrás, mientras los horribles sonidos de masticamiento y crujir de huesos al partirse resonaban por toda la sala, aunque algunos testimonios aseguran que apareció una segunda Serpiente Alada, y que ambas se pusieron a luchar por ver cual de ellas se daba un festín con los despojos reales. Sea como sea, una vez la bestia hubo saciado su apetito empezó a fabricarse un nido con los estandartes y tapices que adornaban la sala del trono y, cuando empezó a adormecerse, un grupo de furiosos caballeros de la Reiksguard cargó contra ella y vengó la muerte del Emperador. Al mismo tiempo, pero en otra parte de la ciudad, otra serpiente alada fue aniquilada al explotar un cañón de salvas por error.

Guerreros Orcos de Tiernen Trevallion Warcry sabertooth.jpg
Mientras tanto, fuera, el resto del asalto aéreo había causado muchas bajas, pero no había mucho más ya que, tal y como era de esperar, las serpientes aladas habían ignorado por completo las órdenes de abrir los portones de la ciudad de Altdorf a pesar de las concienzudas instrucciones recibidas por parte de los Orcos. Con la mayoría de las "armas secretas" del Kaudillo Orco fuera de combate (algunas muertas, otras durmiendo en algún rincón tras haberse llenado la barriga con la carne de sus enemigos), el asalto de los pieles verdes por tierra siguió estrellándose contra los muros de la ciudad, recibiendo numerosas bajas y apenas ninguna ganancia.

A pesar de que una palpable oleada de desesperación se cernió sobre las fuerzas impeiales a la muerte del Emperador y en distintos puntos los guerreros orcos lograron hacerse fuertes sobre las ensangrentadas almenas, la oportuna intervención del conde de Wissenland, que recogió a Ghal Maraz y reagrupó a los desanimados soldados imperiales, logró salvar la situación y tanto él como los supervivientes consiguieron repeler a los atacantes de las murallas. Tras la muerte del Emperador los ataques aéreos fueron disminuyendo paulatinamente hasta volver a un estado de sitio que parecía no terminar nunca.

Al inicio del asedio, Gorbad había liderado todos los ataques, pero, a medida que pasaba el tiempo, la herida mágica que Gorbad había sufrido por parte del Conde de Wissenland no solo no acababa de curarse, sino que había empezado a provocar un continuo sufrimiento al poderoso Señor de la Guerra Orco. Durante muchos días se retorció debido a un intenso dolor febril, y comenzó a gritar, a aullar a sus secuaces y a maldecir a sus subordinados por no poner en sus manos la ciudad de Altdorf.

Battleworn Orcs por James Brady jimbradyart Orcos.jpg
Al empezar a caer los primeros copos de nieve, se le vio cada vez menos a la cabeza de sus guerreros, dado que la herida del Colmillo Rúnico lo atormentaba cada vez más y le iba mermando las fuerzas con cada día que pasaba. Cuando la ferocidad y la frecuencia de los ataques orcos empezó a disminuir, los defensores imperiales cobraron nuevos ánimos y realizaron más y más salidas fuera de las murallas para atacar a los pieles verdes. A medida que el invierno se fue acercando al Imperio, cientos de Orcos y Goblins empezaron a morir de hambre cada día y, finalmente, la horda orca empezó a disgregarse.

A medida que la fuerza del liderazgo de Gorbad se fue debilitando paralelamente a su fuerza física, el ejército del señor de la guerra empezó a desintegrarse, primero en pequeños contingentes y luego en cada vez mayor número. El poder de su Waaagh perdió su ímpetu y las tribus fueron volviendo a los bosques y las montañas de origen. Finalmente, incluso Gorbad tuvo que darse por vencido y dejar atrás la ciudad calcinada y marcada por el combate pero invicta.

Altdorf le había derrotado y el ¡Waaagh! había terminado.

Colapso y retirada del ¡Waaagh!Editar

Fortaleza Asediada de Rahll Orcos Enanos.jpg
Los Orcos Garra’ierro y del Diente Roto eran lo que quedaba de las innumerables tribus pieles verdes que se habían unido bajo el estandarte de Gorbad, aparte de algunas pocas tribus de Goblins leales o que le tenían demasiado miedo a Gorbad como para desertar, pero aun así eran pocas comparadas con las de los grandes días de la conquista.

Gorbad Garra’ierro se retiró hacia el Este, regresando por el margen del río Reik de vuelta a las Montañas del Fin del Mundo. Con sus tropas exhaustas, el regreso al hogar fue difícil; los Orcos de Gorbad eran acosados por Enanos y las fuerzas del vengativo Imperio y hasta atacados por tribus de los mismos Orcos que en el pasado habían luchado a su lado en el ¡Waaagh!, intentando aprovechar la situación para aumentar sus ganancias de saqueo. La mayor parte del botín acumulado por las tropas de Gorbad hasta ese momento se perdió o quedó abandonado durante aquella atropellada retirada.

Pero aún le faltaba a Gorbad librar un último conflicto a gran escala: la Batalla del Pico Sangriento, que se libró, bajo las sombras de la formidable montaña de color rojizo situada al Sur del Paso del Fuego Negro. Fue allí donde el resto de la horda orca todavía formidable se enfrentó a un ejército enano a las órdenes del rey de Karaz-a-Karak. Durante su primera marcha hacia el Oeste, Gorbad había profanado muchas tumbas de los Enanos y robado las armas mágicas y tesoros que contenían, un acto sacrílego que enfureció enormemente a los "taponez" pero que, desprovistos de fuerza como estaban entonces, no pudieron evitar a tiempo, pero que era un agravio que jamás no habían olvidado.

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Puesto que Gorbad encabezaba el regreso al Este, los Enanos vieron su oportunidad de vengarse y prepararon una trampa para el ejército Orco que se retiraba. Aunque rodeados por los Enanos, medio muertos de hambre y agotados por la marcha, los Orcos demostraron qué clase de guerreros eran. Aunque Gorbad se mantuvo firme ante la ira de los Taponez y consiguió abrirse un camino de sangre y mutilación a través de las fuerzas Enanas, en torno suyo el resto de su ejército se desmoronó completamente. A la llegada del ocaso, el Kaudillo Orco estaba completamente solo,con los cadáveres de sus enemigos le llegaban hasta las rodillas, pero él seguía rugiendo desafíos mientras los Enanos lo iban rodeando y sembrando muerte con su potente hacha a todo aquel enemigo que se le acercaba.

Gorbad no volvió a aparecer nunca más por las tierras del Imperio. No obstante, puesto que los Orcos nunca dejan constancia de ningún tipo de sus hazañas, no se sabe con seguridad qué fue de Gorbad. Quizás pereció en aquella gran batalla final aunque los Enanos nunca han confirmado este dato. Tal vez logró consiguió abrirse paso para salir de la trampa y dejar atrás a sus atacantes, recuperó su antiguo poder en las Tierras Yermas y reconstruyó sus dominios; puede que finalmente la herida del Colmillo Rúnico acabase con su vida o quizás cayó bajo el filo de la espada de algún joven Kaudillo Orco ambicioso después de su regreso ala Roca de Hierro.

Warhammer invasion Portaestandarte orco de JB Casacop.jpg
Es imposible saber con certeza cuál fue el destino que corrió el más poderoso Señor de la Guerra Orco de todos los tiempos, pero fuera el que fuera, lo que permanece de él es su reputación y su recuerdo aún vivos hoy en día. Para los Orcos, Gorbad llegó a convertirse en el gran héroe cuyo espíritu está al lado de los Dioses Gorko y Morko en cada batalla. Para los Hombres y los Enanos, por su parte, Gorbad es una lección y un recordatorio imborrable del terrorífico poder destructivo de los ¡Waaaghs!, y aún hoy su nombre sigue infundiendo el temor en el corazón de todo hombre, mujer o niño.

A pesar de haber impedido la invasión, la provincia de Solland fue totalmente destruida y se perdió el Colmillo Rúnico de su soberano. Todos sus habitantes habían sido despedazados o tomados como esclavos, de modo que tan fértil tierra se vio reducida a áridos yermos. Sus milenarias tierras y sus numerosas ruinas acabaron por verse absorbidas por la provincia vecina de Wissenland y su nombre y su historia se convirtieron en meros recuerdos. Por otro lado, después de vencer la amenaza de los Orcos, las viejas rencillas y rencores existentes entre los condes resurgieron y la unidad que habían formado frente a la adversidad acabó por olvidarse en muy poco tiempo.

El Colmillo Rúnico de SollandEditar

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A pesar de los múltiples intentos de localizar el Colmillo Rúnico de Solland que se llevaron a cabo a lo largo de los siglos posteriores a la invasión de Gorbad, ninguno de ellos tuvo éxito y llegó a temerse que la legendaria espada de Alaric el Loco se hubiera perdido para siempre. Los mapas que indicaban la situación del Colmillo Rúnico se hicieron muy comunes y nunca faltaron bandas de aventureros ansiosos por arriesgar sus vidas con la esperanza de recuperar el arma. Nadie lo consiguió y el paradero final de la espada siguió siendo un misterio durante siglos, pues ya nadie tenía la esperanza de poder llegar a encontrarla.

Sin embargo, aunque el Colmillo Rúnico estaba perdido, los Enanos, que habían apuntado el robo de Gorbad en el Libro de los Agravios de Zhufbar, no lo olvidaron. Cada cierto tiempo, varios guerreros de la más antigua de las fortalezas se embarcaban en la misión de tratar de encontrar la espada y devolverla a sus legítimos dueños. De vez en cuando, había aventureros humanos que se ofrecían para acompañar aquellas empresas, si bien a los integrantes de la mayoría de tan peligrosas expediciones no se los volvía a ver nunca jamás. Uno de estos grupos, liderado por el señor del clan Ergrim Martillo de Piedra y un caballero desterrado, partieron en 2378 para acabar con un monstruo que había estado aterrorizando las aldeas y pueblos de La Asamblea y llevándose sus víctimas y tesoros a su guarida en las montañas.

Caballero Imperio Lobo Reiksguard.png
La banda de guerreros escaló las escarpadas cimas de las Montañas del Fin del Mundo siguiendo el Aver Azul hasta llegar a la guarida de la bestia en Agua Negra. La mayoría de los miembros del grupo habían muerto en el camino luchando contra bandas salvajes de Orcos y Skavens o debido a extraños desprendimientos de rocas. Cuando los guerreros encontraron la guarida del monstruo, descubrieron una criatura tan mutada por los poderes disformes que impedía toda clasificación, pues era una especie de quimera con cabeza de león, miembros fuertes acabados en garras y alas de ave.

La bestia atacó a los intrépidos aventureros y acabó con muchos de formas demasiado repugnantes como para describirlas. Los aventureros se encontraban luchando al límite de su coraje, cuando de repente la espada del caballero se partió y fue arrojado al suelo entre una pila de monedas de plata. Por azares del destino, del montón de tesoros sobresalía la empuñadura dorada de una espada y, cuando la maligna criatura del Caos se cernió sobre él, el caballero cogió la espada rápidamente y le cortó la cabeza al monstruo de un solo golpe. Tras la batalla, Martillo de Piedra reconoció inmediatamente el arma por lo que era: el Colmillo Rúnico perdido de Solland.

Los pocos supervivientes de la banda, cargados con todos los tesoros que pudieron transportar, regresaron a Altdorf y ofrecieron el Colmillo Rúnico al Emperador. Aunque Solland ya no existía, el retorno del Colmillo Rúnico fue recibido con gran júbilo y los que lo encontraron fueron recompensados con tierras y títulos. El caballero desterrado fundó la Orden de la Espada Reluciente, pero Martillo de Piedra viajó hacia el Norte hasta Karak-Kadrin y, por razones desconocidas, se convirtió en matador.

Al no contar con ningún conde elector de Solland que pudiera blandir el recién devuelto Colmillo Rúnico, el Emperador guardó la espada en la Tesorería Imperial para regalársela al mayor de los héroes y que fuera utilizado en el campo de batalla tan solo en las circunstancias más apremiantes.

FuentesEditar

  • Libro de ejército: Orcos y Goblins 5ª (edición).
  • Libro de ejército: Orcos y Goblins 7ª (edición).
  • Libro de ejército: Orcos y Goblins 8ª (edición).

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