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El Éxodo

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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos.jpg

Exodo.jpg

Tekto el Defensor, Portavoz del Consejo Sagrado de Hexoatl, se arrodilló en silencio ante la tarima dorada. Una convocación telepática le había llevado hasta la cámara de meditación del poderoso Mazdamundi, y había esperado encontrarse al Slann ya despierto. En lugar de eso, el Grande permanecía inmóvil, salvo por el constante subir y bajar de su pecho. Tekto no podría decir si Mazdamundi estaba perdido en su meditación o soñando, y no había manera de saberlo hasta que el slann decidiera iluminarle. A Tetko no le importaba. El Portavoz había sido convocado, y esperaría ante Mazdamundi (tanto si estaba despierto como si no) hasta que le despachara.

Tetko sintió que la neblina húmeda de la cámara se arremolinaba cuando otro atravesó el portal dorado. El recién llegado llevaba el manto con plumas de Quetzl, El Que Protege, lo que proclamaba su sagrado deber de salvaguardar Tlaxtlan. Dándole la espalda al silencioso Mazdamundi, Tekto se puso en pie y ofreció la ritual reverencia de agradecimiento según marcaba el protocolo.

- El líder de guerra Kroq-Gar confirma que los oscuros se agrupan en torno a la Ciudad de los Ecos en grandes números —proclamó el Alto Jefe de Escama Iqala—. Requiere refuerzos para contenerlos.

Pese al agobiante calor de la cámara de meditación, Tekto sintió un escalofrío que le subía por las escamas. Nada había sido igual desde que el Cometa de Dos Colas había vuelto. Los hombres rata ya habían empezado a aparecer en torno a Itza y Tlaxtlan, y ahora las ruinas de Xahutec estaban bajo el poder del enemigo una vez más. Agarrando con fuerza su vara de mando, el sacerdote se llamó a la calma. Tiempos fríos estaban por venir, pero los Grandes les guiarían a través de la tormenta como lo habían hecho antes.

- Ya se le han dado tres grandes cohortes este ciclo lunar —le dijo a Iqala—. Esto rompe cualquier precedente.

- Así es —respondió—. Y aún necesita más. Muchos han caído en la defensa de Xahutec. Kroq-Gar pide que a la Cohorte Escamas de Trueno se le permita disfrutar en el calor de la batalla.

Los párpados de Tekto se cerraron sobre sus bulbosos ojos. La Cohorte Escamas de Trueno eran los guardianes más importantes de Hexoatl, y no se les enviaba con ligereza a la batalla a otro sitio.

- ¿La situación es tan desesperada?

- El líder de guerra cree que sí —respondió Iqala—. Debemos confiar en su intuición.

Tekto permaneció en silencio durante un momento, con la cola moviéndose rápidamente de lado a lado mientras pensaba.

- La red geomántica ya se estremece con la presencia de los oscuros —dijo al fin, abriendo los ojos—. Kroq-Gar tendrá lo que pide. Su instinto no nos ha fallado nunca. Debemos escucharle ahora.

- Daré la orden —afirmó Iqala, girándose para abandonar la cámara.

- Esperad —tronó Mazdamundi.

La palabra resonó en la cámara, deteniendo a Iqala sobre sus pasos. Los dos eslizones se giraron para mirar hacia el Slann, despertado por fin. Tekto sintió que el calor le abrazaba mientras el Cacique le contactaba telepáticamente.

Las imágenes fluyeron hacia la mente de Tekto. Eran escenas de matanza y destrucción, de junglas ardiendo y Ciudades-Templo en ruinas. Vio la luna maldita atravesar los cielos y oyó los chillidos de las ratas; sintió la cruel risa de los oscuros en su mente. Vio a dos Elfos, uno oscuro y otro luminoso, enfrentarse en medio de un mar de cráneos, mientras a su alrededor grandes ejércitos batallaban sin cuartel. La visión pronto se desvaneció, sustituida por imágenes de ciudades humanas invadidas por enredaderas agarrotadas y árboles retorcidos. Por todo el mundo, los muertos de eras pasadas se libraban de sus tumbas, reuniéndose en torno a una voluntad opresiva. Tekto vio que las montañas caían y los mares crecían, y que la tierra se rompía y los cielos se desmenuzaban. Al final, la oscuridad lo tragaba todo.

El contacto telepático se cortó de repente, y Tekto cayó hacia delante, apoyándose en su báculo, respirando rápidamente.

- ¿Qué es? ¿Qué has visto? —preguntó Iqala, las plumas de su tocado bamboleándose mientras su cabeza giraba a un lado y a otro. Tekto tembló mientras buscaba las palabras para describir su visión, pero las imágenes ya se estaban desvaneciendo de su mente. Se difuminaban como los ecos de los sueños mientras el sacerdote intentaba recordarlas, dejando tras de sí únicamente el recuerdo de un terror atroz.

- Fuego y destrucción —murmuró débilmente Tekto—. El cometa no es un presagio de esperanza, sino un portento de perdición.

- Lo que dices es imposible —objetó Iqala—. ¡El cometa es un signo de Sotek! Tehenhauin así lo declaró, y los Grandes lo han confirmado.

- Y quizá Sotek vuelva —aceptó Tekto—, pero el cometa sólo trae muerte. No podemos detener lo que se acerca.

- No puede ser —argumentó Iqala—. El Gran Plan...

El sacerdote enmudeció cuando la mole que era Mazdamundi se movió en la tarima.

- El Gran Plan ha fallado —entonó el slann pesadamente—. El Éxodo debe comenzar.

FuenteEditar

  • The End Times I - Nagash.

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