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El Cráneo Carmesí

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Craneo Rojo Símbolo.jpg

La secta del Cráneo Carmesí es una organización clandestina que se infiltra en las hermandades de guerreros para transformarlos en instrumentos involuntarios de Khorne. Al igual que el resto de los sangrientos seguidores de Khorne, los Cráneos Carmesí llevan a cabo sacrificios de sangre y propagan el caos, pero son lo bastante pragmáticos como para entender que no sobrevivirán mucho tiempo si se abandonan a la furia y odio ciegos tan favorecidos por el Dios de la Sangre y sus seguidores. En vez de eso, veneran a su amo encauzando los corazones de nobles guerreros hacia la adoración del Caos.

Estos hombres y mujeres se encuentran entre los más violentos del Imperio, y se han infiltrado en casi todas las sociedades militares imperiales. Son despiadados y están decididos a desbaratar la estructura del poder para despejar el camino a un nuevo y sangriento reino que se alzará sobre una montaña de cráneos. Consideran que se hallan a tan sólo unos pasos de la victoria.

HistoriaEditar

Para ser una secta tan poderosa y bien asentada, los Cráneos Carmesí son una organización relativamente reciente. La secta, que nació de los restos de una docena o más de intentos fallidos de crear un grupo unido que sirviera a los intereses del Dios de la Sangre, se formó justo antes de la Gran Guerra contra el Caos. Por aquel entonces el Imperio se hallaba sumido en el caos, en gran parte debido a la obra de la Mano Púrpura (una secta de Tzeentch bastante extendida), y había numerosos aspirantes al trono pugnando por conseguir el control de un panorama político caótico y poco alentador. Conforme crecía la tensión dentro de las tierras de Sigmar, las fuerzas del Caos se congregaron en el norte y marcharon lentamente hacia el sur para destruir el Imperio y esclavizar u masacrar a sus habitantes.

Advirtiendo la oportunidad de desbaratar las defensas del Imperio, un grupo de sectarios resentidos, cuyas organizaciones anteriores habían sido descubiertas por la Hermandad de los Encapuchados y destruidas por los Templarios de Sigmar, se unieron en Middenheim para idear la forma de llevar la batalla a sus odiados enemigos: los sigmaritas. En vez de agruparse como asesinos imprudentes y exterminar despiadadamente a todo un pueblo, aceptaron el valor de la manipulación y el subterfugio. Así. se establecieron en sus organizaciones militares y utilizaron a los soldados pan que hicieran su trabajo por ellos. Para derrotar a Sigmar y a sus sacerdotes de débil voluntad, los Cráneos Carmesí se dedicaron a enfrentar a las hermandades aliadas con las religiones rivales (la de Ulric, por ejemplo) ya empujadas a un conflicto abierto con los sigmaritas.

Justo antes de la Gran Guerra contra el Caos, los sigmaritas y los ulricanos se hallaban ferozmente enfrentados, y abundaban las disputas entre ellos. Los Cráneos Carmesí vieron la oportunidad de manipular a los ulricanos infiltrándose en uno de sus más prestigiosos grupos, la Hermandad del Hacha, y con la influencia que les aportaría esta fraternidad podrían obtener el control de todo el culto de Ulric. Pero el mago sectario, un hombre despreciable conocido como Libasangre, no pudo prever la aparición de Magnus el Piadoso, que llegó a Middenheim y atravesó la Llama Sagrada (el ardiente símbolo de la bendición de Ulric), acción que dio crédito a la doctrina de Sigmar como dios. Todos los esfuerzos por enfrentar ambas religiones se desmoronaron, y el Imperio logró rechazar a las hordas de demonios y bárbaros del Caos que brotaron del norte.

Durante los dos siglos posteriores, los Cráneos Carmesí extendieron su influencia por toda la Hermandad del Hacha y en otras instituciones militares. Incluso habiendo reconocido el Ar-Ulric a Magnus el Piadoso, las semillas de la duda y el odio hacia Sigmar habían arraigado con fuerza en el culto de Ulric. Los Cráneos Carmesí pudieron aprovechar esta intolerancia religiosa en beneficio propio, y paulatinamente fueron corrompiendo a la Hermandad del Hacha, arrastrando a sus líderes a la maligna secta del Caos.

El culto de Ulric tiene a la Hermandad del Hacha en alta estima, pues la historia de dicha organización se remonta a los albores del Imperio. Al estar considerados como los más devotos e implacables guerreros de Ulric, simbolizan al Rey del Invierno en su faceta de dios de la batalla. Cuando la Tormenta del Caos barruntaba en el horizonte, los sectarios aguardaron para comprobar si Middenheim caía. Prestaron su fuerza en la defensa de la ciudad y consolidaron una vez más el honor e influencia de su "honorable" institución. La razón de esta argucia fue que los líderes del grupo sabían que con Valten (ampliamente reconocido como la reencarnación de Sigmar), el Imperio jamás sería derrotado. Por tanto, en vez de oponerse a Valten, los Cráneos Carmesí decidieron avivar su furia y su odio para convertirlo al Caos. Sin embargo, Valten desapareció antes de que los Cráneos pudieran corromperlo.

Los Cráneos Carmesí creen que su hora ha llegado. Recientemente han descubierto cierta información acerca de un demonio conocido como Xathrodox, cuya esencia se halla dividida en tres artefactos. La secta cree ser capaz de volver a unir al demonio y contar con tan poderoso aliado para completar la destrucción de Middenheim. Aún está por ver si tendrán éxito en su plan.

OrganizaciónEditar

En el Imperio se piensa que hay muy pocos cultos dedicados a Khorne. Hay varias razones para esto. Khorne espera que sus seguidores sacrifiquen cráneos y sangre en su nombre en todo momento, lo cual hace que sea difícil mantener el carácter secreto del que tanto dependen los cultos caóticos. En segundo lugar, debido a los niveles de violencia de los Khornitas, muchos cultos se colapsan rápidamente debido a que los cultistas compiten por el liderazgo o simplemente están en constante conflicto, lo que acaba diezmando a sus miembros. También hay algunos seguidores de Khorne que no se dan cuenta de que han entregado sus almas a Dios de la Sangre; mientras que otros, que conoce los verdaderos propósitos de su señor oscuro, se niegan a rebajarse para unirse a personas con las mismas creencias.

Esto no quiere decir que no existan cultos de Khorne entre los habitantes de la sociedad imperial. Uno de los cultos más establecidos y más secretos que existe hoy en día es el Culto del Craneo Carmesí. Totalmente dedicado a Khorne, saben que los actos continuos de violencia lo único que consiguen es que acaben en las hogueras de los Templarios de Sigmar. Así que, en lugar de centrar su odio y rabia en los ciudadanos inocentes de las ciudades y pueblos imperiales, buscan infiltrarse en organizaciones militares, pervirtiendo los corazones y las mentes de los grandes líderes, los generales y los políticos del Imperio a la adoración de Khorne, incitándolos a cometer actos sangrientos de venganza y violencia. Otros optan por sembrar las semillas de la guerra por otros medios brutales y sangrientos, como el asesinato de una persona y dejar pruebas falsas sobre su cadáver. Al hacer esto, se preparan para el día en el que el río Reik fluya con la sangre de un millón de necios peones que pensaban que era prudente adorar al hombre-Dios Sigmar, y las calles de Altdorf están pavimentadas con sus cráneos.

A pesar de su implicación actual con la Hermandad del Hacha, los Cráneos Carmesí están realmente extendidos, y cuentan con células en la mayoría de los grandes pueblos y ciudades. Cada célula opera en pequeños grupos de ocho y está formada por un acólito sectario y siete sectarios más, de los cuales al menos tres son conscientes del verdadero propósito y afiliación de la secta.

Los acólitos emprenden peregrinaciones a Middenheim al menos una vez al año. Aquí se venera Khorne, ofreciéndole sacrificios y honrando su símbolo de acatamiento hacia él: un cráneo en el que gotea la sangre de los asesinados por el culto. Especialmente importante es la Convocación Sangrienta, en la que se reúnen con el lider de la secta, un asesino sanguinario llamado Boris Eichermann, antiguo sacerdote de Ulric y descendiente directo del jefe de la tribu teutógena de los tiempos de Sigmar. Fingió su muerte hace cinco años, después de matar a treinta y cinco mujeres jóvenes con sus manos desnudas.

Aunque Khorne exhorta a sus seguidores a matar y masacrar desenfrenadamente, los sectarios del Cráneo Carmesí moderan esta exigencia debido a la constante necesidad de mantenerse en secreto para sobrevivir. Si los sectarios se limitasen a coger sus armas y matar a los habitantes de una ciudad, correrían el riesgo de atraer a los cazadores de brujas y enfrentarse a todo el poder del Imperio. Esto no ayuda a propugnar los intereses del Dios de la Sangre, y desde luego tampoco proporciona a sus fieles ninguna oportunidad de alcanzar la verdadera gloria a ojos de su amo oscuro.

En vez de ello, estos sectarios adoran a Khorne por medios menos obvios. Celebran rituales secretos en los que los miembros beben sangre, devoran carne humana cruda, libran sangrientos combates entre sí y propagan las semillas de la furia en la comunidad de su elección. Animan a la gente a vivir con odio, a cometer actos violentos y a aceptar sus naturalezas bestiales. Los sectarios que son superados por su necesidad de matar y mutilar acaban muriendo en combate o viajando al norte en pos de gloria y recompensas en los Desiertos del Caos.

SímboloEditar

Cuando llevan a cabo los rituales del Dios de la Sangre, veneran al cráneo ensangrentado como símbolo de su deidad, representado normalmente por la cabeza ululante de un hombre con la carne de la cara arrancada (para evitar que el sujeto muera de shock, los sectarios atiborran a la víctima de estimulantes, manteniéndolo con vida hasta el final de la ceremonia).

Motivación y objetivosEditar

La secta se compromete a destruir el culto de Sigmar y, por extensión, a todo el Imperio. Desde hace mucho, la devoción por Sigmar ha llevado a numerosos cazadores de brujas a perseguir y destruir las sectas de Khorne y frustrar sus esfuerzos por transformar el Imperio en un osario. La única forma de conseguirlo consiste en desmantelar el Imperio y a su más poderosa oposición contra el Caos: el culto de Sigmar.

ReclutamientoEditar

Guerrero Caos Cráneo Carmesí Khorne.png
Los Cráneos Carmesí son muy cautelosos a la hora de reclutar nuevos miembros. La mayoría de los seguidores de Khorne son inestables y nada sutiles (todo virtudes, claro, pero de las peligrosas). La secta busca individuos que, si bien comprometidos con la propagación de la muerte y la destrucción, sean capaces de templar con paciencia sus ansias violentas. También aceptan miembros de entre los oponentes naturales de los sigmaritas, por lo que muchos de sus nuevos reclutas son sacerdotes o guerreros devotos de Ulric.

Los candidatos viables son seleccionados de entre aquellos que sienten predilección por matar, los que se dejan seducir fácilmente por la violencia. El candidato es invitado a unirse al círculo interior de un grupo militar establecido, donde los sectarios lo cubren de propaganda antisigmarita. Este proceso continúa hasta que el candidato comienza a proferir sus propias frases de odio, mostrando su cólera y desprecio por la religión rival. Estas llamas se avivan hasta que el individuo lleva a cabo su ritual de iniciación, que ciertamente no es para los débiles de corazón, e el que deber matar "accidentalmente" a un sacerdote de Sigmar, acto que casi siempre es dirigido y controlado por los Cráneos Carmesí (disponen las circunstancias y luego se deshacen del cadáver).

El iniciado se ven obligados a masacrar a un sacerdote de Sigmar y beber del cráneo ensangrentado de la víctima. El asesino, aterrorizado, acude a la secta en busca de ayuda. Es en este momento cuando la secta introduce al asesino en su rebaño, iniciándolo en los verdaderos secretos de Khorne. Aquellos que no pueden, o no quieren, seguir adelante con el ritual y rechazan la propuesta de la secta son sacrificados, descuartizados y devorados por los demás, indignos de adorar a Khorne.

CeremoniasEditar

Los Cráneos Carmesí realizan ofrendas regulares a su dios. Creen que cada noble o sacerdote que matan es una señal de su devoción por su amo oscuro. Siempre que se congregan realizan un sacrificio de sangre, consistente en varias horas de combate físico y el exterminio de prisioneros (y a veces incluso de ellos mismos). Tras la orgía de violencia, eligen a uno de sus prisioneros para utilizarlo como sacrificio. Entonces el líder le arranca la cara a la víctima, pronunciando una invocación en la lengua de los demonios mientras el sujeto, moribundo, se retuerce de agonía. Mientras la víctima muere, los demás sectarios se acercan a ella para extraer trozos de carne cálida y beber la sangre que mana del hombre muerto.

FuentesEditar

  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de Corrupción (2º Edición)
  • Warhammer JdR: Liber Carnagia (3º Edición)

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