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El Enemigo Interior

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En este artículo de Adam Troke se profundiza en las múltiples organizaciones que amenazan con desestabilizar la seguridad del Imperio, desde bandas mutantes a cultos depravados que adoran a los Dioses Oscuros.

Una Época de Malestar Social.Editar

Corren tiempos difíciles para el Imperio: sus habitantes son testigos del final de los tiempos y sienten el miedo en sus almas mientras se preguntan si Sigmar tendrá la fuerza (y el deseo) suficiente de protegerlos. Este miedo resulta comprensible debido a la maligna influencia del Caos en la tierra; el número de Hombres Bestia que acecha en los bosques es cada vez mayor, igual que los recién nacidos humanos con mutaciones y aberraciones físicas. Los más afortunados de entre los mutantes solo sufren mutaciones menores, apenas perceptibles, como membranas en los dedos de los pies, verrugas que supuran o cualquier otro tipo de anormalidad oculta y disfrazada. Sin embargo, hay mutaciones tan horribles y obvias que no es posible ocultarlas. Por esta razón, los mutantes se ven obligados a ocultar su secreto y llevar una vida de engaños, o prefieren huir a los bosques para unirse a otros marginados peligrosos.

En el campo, las bandas errantes de Hombres Bestia y mutantes acechan y atacan a las granjas aisladas y a las aldeas pequeñas. Se reúnen como proscritos y monstruos, ya que en estos grupos buscan a criaturas afines con las que compartir su destino. Entretanto, en pueblos y ciudades aumentan los rumores sobre recién nacidos con dos cabezas, de hombres de piel transparente y de la impotencia del Culto de Sigmar para evitarlo. La corrupción del Caos se extiende por la tierra y su poder hace tambalear incluso la fe de los más devotos. El Culto de Sigmar predica la destrucción total de todos los mutantes y deformes, y la intolerancia y la desconfianza hacia todos aquellos que tienen la marca del Caos.

Quizás no sorprenda por ello que los débiles de voluntad, temiendo la destrucción, han entregado su corazón a otra fuerza, una fuerza que les ofrece la protección que necesitan. Los Dioses Oscuros aceptan seguidores de buena gana procedentes de cualquier barrio o pueblo, y siempre agradecen la presencia de mentes y cuerpos dispuestos a doblegarse a su voluntad. En una época en la que el Imperio trata de recuperarse de las consecuencias de una guerra terrible y lucha desesperadamente por la supervivencia, los cultos secretos y los enemigos desleales del Imperio son más fuertes y peligrosos que nunca.

Señuelos y Lealtad.Editar

La miríada de cultos existentes en el Imperio comparte muchos rasgos comunes y, a menudo, utilizan métodos y prácticas similares. Los líderes de los cultos hacen ofertas tentadoras a los ciudadanos confundidos, asustados y perturbados en un intento de que se unan a sus filas y consigan sus objetivos. Coaccionan psicológicamente a los débiles de espíritu, les ofrecen riqueza, amistad, poder y recompensas carnales a cambio de que se incorporen a su culto y juren lealtad a la causa.

Para proteger al culto de los infiltrados, existen diferentes niveles de implicación y los nuevos iniciados son introducidos en los secretos y misterios de la organización. Cuantos mas secretos y obligaciones se confían a los iniciados, mayores son sus responsabilidades y expectativas. A los iniciados se les permite abandonar el culto obligándoles a guardar silencio, pero un miembro veterano del culto nunca podría abandonarlo y considerarse a salvo.

Las astutas mentes que facilitan la propagación de estas sectas enigmáticas saben que una vez que hayan captado a nuevos miembros, la mayoría de ellos estará tan aterrorizado o cautivado por las actividades del culto como para poder abandonarlo, independientemente de las recompensas por hacerlo, o la depravación de las actividades del culto.

Estructura del Culto.Editar

Cada culto funciona de manera distinta ya que sus acciones les vienen dictadas por sus objetivos. Esta diversidad obliga a controlar y valorar la amenaza que supone un culto individual, por lo que los Cazadores de Brujas investigan con toda diligencia este tipo de actividades. Sin embargo, todos los cultos parecen compartir tres denominadores comunes y divergen a partir de ellos. Los rasgos comunes a todos los cultos son: reclutamiento, adoctrinamiento y ejecución. Cada uno de ellos lleva al siguiente.

Al frente de cada culto imperial, siempre existe la figura del líder del culto, el cerebro que cree haber sido elegido por alguna deidad oscura para promover las viles acciones de ese dios; otras veces, se trata de un demagogo en busca de seguidores para satisfacer su gloria y bienestar personales. Estos líderes obtendrán seguidores para su culto gracias a la adulación, las promesas y el engaño fingido, y después comenzará a dominarlos. Los que no soportan ser rechazados, afligidos por la pobreza o los que se hallan al margen de la sociedad son los reclutas ideales para convertirse al culto y, como consecuencia, forman la base de muchos de los cultos existentes en el Imperio. El ofrecimiento de abrigo, apoyo, recursos y aceptación de todos los que se sienten rechazados por la sociedad es el reclamo para que se unan al culto, ofreciéndoles a un objetivo a sus vidas y recibiendo altas dosis de una lealtad fanática.

Durante el proceso de adoctrinamiento, o dominación, los miembros recién incorporados al culto reciben el dogma del culto que les es inculcado en sus consciencias. El poderoso intelecto y el carisma del líder del culto abruma fácilmente a los iniciados y, durante un corto período de tiempo están totalmente a merced del líder, convencidos de la importancia de sus valores e ideales. Se desconoce el método que siguen para inculcar estos valores en sus miembros de una forma tan convincente, aunque la orden del Martillo afirma que, en muchos casos, los iniciados experimentan algún tipo de deformidad profunda previa a su ingreso en el culto, mientras que otros son tan débiles para permitir que la dominación mundana gobierne sus sentidos. Por supuesto, muchos líderes de culto disponen de otros medios de dominar a candidatos potenciales: unos lo hacen mediante poderes mágicos, otros mediante un abuso psicológico extenso o mediante otros métodos igual de viles.

La ejecución se basa en el modo en el que los cultos llevan a cabo sus oscuros propósitos. En el caso de los cultos asesinos existentes que veneran a Khaine, la ejecución es la perpetuación del asesinato y la muerte y la búsqueda de nuevas y violentas formas de asesinar en su nombre. Para el culto del placer consagrado a Slaanesh, la ejecución es la perpetuación de la seducción y las ceremonias de gratificación diabólica, donde los miembros se van insensibilizando paulatinamente, acostumbrándose a las depravaciones y actos diabólicos en los que participan. En ambos casos, el líder del culto intenta congraciarse con su deidad para poder obtener el poder personal. Otros cultos que no sirven abiertamente a alguno de los dioses prohibidos, también otorgan poder e influencia a su líder a través del crimen y el miedo. Ambos tipos de culto son muy cuestionables y dañan la esencia del Imperio.

El Destino de los Cultos.Editar

Por fortuna, la mayoría de los cultos son descubiertos mucho antes de que hayan crecido demasiado, pues resulta mucho más difícil acabar con una organización extensa que con un pequeño colectivo de pervertidos deformes. Cuando un culto alcanza un nivel determinado, puede ocurrir una de estas dos cosas, completar su objetivo o autodestruirse. Para el Imperio, ambas opciones son igual de terribles. La autodestrucción conduce inevitablemente a la muerte de una multitud de cultistas durante algún ritual extravagante y prohibido en el que se invoca a una presencia maléfica o a los Cazadores de Brujas. Se considera una blasfemia y un crimen contra el estado pronunciar el nombre de uno de los Dioses Oscuros, por lo que los cazadores de brujas se encargan de castigar con rapidez a todos los que suponen una amenaza para el Imperio.

Sin embargo, muchos cultos logran prosperar ganando en número de adeptos e influencia hasta que empiezan a aplicar sus planes diabólicos. Esta voluntad suele revelar sus intenciones, pero en este punto ya se ha dañado a la sociedad. Cientos de seguidores son sacrificados mientras el culto trata de perpetrar su plan siniestro, ya sea mediante ceremonias diabólicas o por medio de una rebelión abierta ya que el culto trata de desestabilizar el poder de la autoridad. Y si esto ocurre, solo una decisión rápida decisiva puede evitar la catástrofe.

Cultos No Humanos en el Imperio.Editar

Mutantes y Hombres Bestia.Editar

En los bosques y en las zonas de vegetación del Imperio hay cultos de naturaleza distinta cuyo número de partidarios aumenta día a día. Se trata de bandas de mutantes, grupos de criaturas deformes y bestias. Como les guía una causa común y su fuerza radica en su unión, estos grupos se convierten en verdaderas conglomeraciones de mutantes horribles que solo intentan asesinar y destruir. Las tropas regulares y las órdenes de caballería a menudo hacen incursiones para rastrear y destruir a estas bandas que se han hecho fuertes y se han convertido en una amenaza para las aldeas más aisladas e incluso para pequeñas ciudades, pero los soldados del Imperio no son los únicos que muestran interés por estas viles criaturas.

Muchos cultos predican la llegada del día en el que las bestias se levantarán a miles y unidas en pueblos y ciudades destruirán al Imperio y sus dioses para erigir una nueva era de gloria de los Dioses Oscuros del Caos. Estos grupos incluyen mutantes y Hombres Bestia que se consideran los elegidos del Caos y que han sido bendecidos con facciones horribles y deformidades como señal del favor obtenido por los dioses. Los miembros de estos grupos han degenerado totalmente y por ello se adentran en los bosques aprovechando la oscuridad de la noche para unirse a sus aberrantes primos.

Cultos Influenciados por los Skavens.Editar

Existen otros cultos crecientes en el Imperio que tienen una motivación totalmente distinta a los enumerados previamente. Se trata de grupos que planean socavar la posición del Imperio en beneficio de otros maestros igualmente diabólicos. Atraídos por las promesas de los horribles hombres-rata, hombres y mujeres influyentes se ven engañados por el crecimiento del Imperio Subterráneo, una inmensa red de túneles y alcantarillas dominadas por los Skavens. Liderados por un Skaven o, más frecuentemente, por un humano que se encuentra ocasionalmente con los Skavens para someterse a su voluntad. Estos cultos ofrecen sacrificios con la esperanza de que la Gran Rata Cornuda lleve la destrucción a la Humanidad. Estos cultos favorecen el contrabando de Piedra Bruja y de un ciento de mortíferas sustancias prohibidas, mientras los que ocupan posiciones importantes, se dedican a entorpecer las mejoras en las zonas urbanas, desviando fondos de las obras en las alcantarillas y otras mejoras públicas.

Lo que hace a los cultos skavens tan peligrosos es la percepción común de que los hombres-rata no existen. A la mayoría de humanos que los han visto se les tacha de locos o ligeramente locos, ya que propagan historias de ratas que caminan a dos patas y que hablan igual que los hombres. Aunque los Cazadores de Brujas aplastan los cultos de ratas allá donde aparecen, son pocos los habitantes del Imperio que creen en la existencia de estas criaturas, ya que también desconocen donde encontrarlos exactamente.

Cultos Aceptados.Editar

No todos los cultos que se descubren en el Imperio son erradicados, ni todos suponen una amenaza para la sociedad imperial. El Imperio tiene docenas de organizaciones secretas en sus pueblos y ciudades. Por ejemplo, la Liga de Karl Franz, fundada en la Universidad de Altdorf, que proporciona diversiones a los herederos aristocráticos imperiales que estudian. La liga se caracteriza por sus ritos iniciales secretos, rangos y cosas por el estilo. Por tanto, no resulta sorprendente que muchos la consideren un culto. Sin embargo, la verdad no resulta tan atractiva y esencialmente la liga es, igual que otros muchos grupos, una sociedad mundana y, generalmente inofensiva, aunque escandalosa y juvenil.

Unos cuantos grupos resultan más útiles que peligrosos: la Hermandad de la Luz, El Acantilado y los Cazadores de Brujas protegen al Imperio de cualquier amenaza. Aunque, los cazadores de brujas han sido fundados y sirven a la ley, los tres grupos tienen un fin común: descubrir las influencias malignas y destruirlas. Si sus actividades no les llevan a entrar en conflicto con las autoridades provinciales del Imperio, la existencia de estos cultos se tolera ya que son pocos los hombres que en la actualidad se dedican a realizar acciones de bien en el Imperio. A pesar de ello, la Iglesia les vigila cuidadosamente en busca de posibles señales de traición.

Líderes de Culto.Editar

Uno de los líderes de culto más famoso e influyente en el Imperio fue Alfrict Schade, que se autoproclamó emisario de Sigmar. Schade era un hombre siniestro y diabólico que logró inducir a la corte imperial de Dieter IV. Alegando la sabiduría divina y la iluminación espiritual del propio Sigmar, embaucó a numerosos cortesanos para que se unieran a sus sórdidas "reuniones", inspiradas por los poderes del Caos.

Tres de los primos del Emperador se dieron cuenta de la amenaza que suponía este villano para el Imperio, raptó a Alfrict y le llevó a su cabaña de caza en el Reikwald y allí puso fin a sus siniestros planes. De acuerdo con un rumor, tomó una pinta y media de veneno, recibió seis heridas de cuchillo y tres disparos de pistola antes de morir. Pero no contentos con esta ejecución, parece ser que los primos llevaron su cadáver de vuelta a Altdorf, lo cargaron en un gran cañón y lo dispararon para dispersar sus restos por todo el Reik.

Algunas Sectas Conocidas.Editar

La Liga de Karl Franz.Editar

Ostensiblemente poco más que una sociedad de colegiales, la Liga de Karl Franz tiene una reputación seria, sobre todo por tomar parte en los Grandes Disturbios. La liga se enorgullece de que su organización solo admite el acceso a los estudiantes de la Universidad de Altdorf de sangre noble. Los candidatos sufren una serie de ceremonias humillantes y largas a modo de novatadas, antes de poder convertirse en miembros y ganarse su "chaqueta de la liga". Estas ceremonias incluyen el ejercicio de las margaritas gritonas" y el "examen de las nueve pintas" y le han valido a la liga para obtener cierta notoriedad. A pesar de estas pruebas degradantes, ningún estudiante sería capaz de no aprovechar la oportunidad de incorporarse a la liga y hará lo que sea con tal de conseguirlo.

Abundan la corrupción y las intrigas en el seno de la liga y las reglas y estructura de la universidad van más allá de la simple creencia para acomodar las travesuras de sus integrantes. El Culto de Sigmar y los cazadores de brujas nunca han visto la necesidad de investigar formalmente a la liga, a pesar de las acusaciones que afirman que sus miembros participan en actos siniestros y diabólicos.

Los Creadores del Destino.Editar

Este grupo, aunque cuentan con un nombre rimbombante, se diferencia bastante del resto de cultos y sociedades secretas existentes en el Imperio. Los creadores del destino piensan que tienen la habilidad de moldear el futuro del Imperio y de todo el Viejo Mundo compartiendo su propia sabiduría y perspicacia económica. El grupo se centra en acumular grandes cantidades de riqueza y usa sus recursos para situar a sus miembros en posiciones de poder e influencia.

Los creadores del destino disponen de miembros infiltrados en los Cultos de Sigmar, Ulric y un gran número de estamentos públicos. Solo se puede formar parte de este grupo mediante una invitación expresa y solo se consideran para ello a personas de gran riqueza e intelecto. El grupo no dispone de un líder, y tampoco venera a un dios; además, hasta el momento no han quebrantado ninguna ley, aunque los Cazadores de Brujas vigilan sus actividades cuidadosamente.

La Hermandad de la Luz.Editar

Fundada por Quintis Baumann, la Hermandad de la Luz es uno de esos raros cultos que parecen encaminados hacia un objetivo virtuoso. Quintis era capitán de la Reiksguard y estaba convencido de que el destino le había elegido para acabar con el Gran Elegido del Caos y para proteger al Viejo Mundo de la inminente Tormenta del Caos. Los rumores de sus firmes convicciones se extendieron a los círculos militares y aristocráticos, por lo que Baumann pronto se encontró dirigiendo un culto formado por una curiosa combinación de individuos aduladores.

La organización preparaba duelos a muerte clandestinos donde se determinaba el verdadero campeón de la luz. Llegaban miembros al culto de lugares tan remotos como Bretonia, Tilea y Estalia con esa única finalidad. Archaón atacó Middenheim antes de que pudiesen decidir cuál sería su némesis, así que el grupo decidió partir para destruir al Gran Elegido del Caos. Fuese cual fuese su destino, parece que no fue demasiado afortunado.

El Culto de la Mano Púrpura.Editar

La Mano Púrpura es un culto secreto de los Dioses Oscuros, consagrado al poder de Tzeentch con la intención de dominar el Imperio. Se dice que el culto tiene a sus agentes en posiciones de poder en todo el Imperio, e incluso entre los miembros de más rango de los Cultos de Ulric y Sigmar. Una parte de su objetivo principal consiste en reiniciar el cisma causado por las herejías sigmarianas (una época de desesperación y persecución) en un intento de desestabilizar aún más el Imperio. Aunque sus creencias y perspectivas son similares al Culto de la Corona Roja, ambos cultos se odian entre si e intentan destruir al otro como sea. El Culto de la Mano Púrpura busca infiltrarse en posiciones de poder y el Culto de la Corona Roja pretende organizar la población creciente de mutantes y Hombres Bestia del Imperio y prepararles para cuando la autoridad fracase y se inicie la guerra civil.

FuentesEditar

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