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El Enfrentamiento entre Thyrus Gormann y Balthasar Gelt

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Balthasar Gelt por Tiernan Trevallion.jpg
Thyrus Gormann estaba seguro de sí mismo. Había ganado el duelo ritual las últimas tres veces y sus poderes eran más fuertes que nunca. Su dominio del ardiente elemento era inigualable. Embutido en la túnica roja de su Orden, Thyrus llevaba puestos todos los símbolos de su posición como maestro del Colegio de Fuego y Patriarca Supremo. Con sus casi dos metros de altura y las manos apoyadas en la guarda de su espada mágica. Thyrus tenía una apariencia impresionante. Estaba preparado, en la posición ritual del Patriarca dominante en el Gran Salón de los Duelos. La enorme estancia tenía forma de prisma octogonal. Los fuertes muros, el techo y el suelo estaban hechos de lisa y brillante obsidiana. Aquella piedra negra era la antítesis de la magia, totalmente refractaria e inerte. Thyrus sentía como sus poderes palidecían ante la presencia de tanta cantidad a su alrededor. Bajo los símbolos de sus respectivos Vientos de la Magia, los maestros de las otras órdenes permanecían a la espera, protegidos por poderosas barreras mágicas, en miradores excavados en cada uno de los ocho muros.

Remplazando al Patriarca en la posición del Colegio de Fuego estaba Hans Feuerbach, el aprendiz más aventajado de Thyrus. La cámara de obsidiana y la presencia de los ocho hechizos más poderosos del Imperio era necesaria para contener los poderes que los dos aspirantes pronto iban a desatar. Después de todo, el vencedor del duelo ganaría el título de Patriarca Supremo durante los próximos ocho años. El objetivo de la prueba consistía en alcanzar el centro del Salón, donde había un altar tallado a semejanza de la Gran Rueda de la Magia. Levitando sobre su eje se encontraba el Báculo de Volans, el Bastón de los Patriarcas. El primer contendiente que lograse poner sus manos en el báculo vería amplificados sus poderes inmediatamente por el antiguo artefacto. En ese momento, el otro mago normalmente debería de rendirse, si es que sabe lo que le conviene. Todo estaba permitido con tal de evitar que el oponente se acercase al altar; y, en el pasado, habían ocurrido accidentes fatales entre los aspirantes.

El lugar del desafiante aún estaba vacío. El oponente de Thyrus llegaba tarde. "Quizás el advenedizo se haya asustado". Los tres oponentes que había derrotado anteriormente eran todos Maestros de sus propias Órdenes, mientras que el tal Balthasar Gelt era simplemente un joven alquimista. "Uno prometedor", pensó. Thyrus había sido testigo de sus excelentes progresos a través de las pruebas de selección para el título de Desafiante; pero los Hechiceros Dorados nunca le habían parecido a Thyrus grandes combatientes. La principal táctica cuando se luchaba con ellos consistía en mantenerse a una distancia razonable, permaneciendo fuera del alcance de sus manos. Fracasar en ello podía traer como consecuencia ser convertido en una estatua de oro, pero Thyrus tenía otros planes para el futuro.

Finalmente, el desafiante entró en el Salón a través de la entrada del Oro. El portal fue inmediatamente sellado tras él. Thyrus examinó a su joven oponente y se dio cuenta de inmediato que no había rastro alguno de nerviosismo en él. No podía ver la cara de Baltazar a causa de la máscara que siempre lleva puesta; pero, por la postura de su cuerpo, podía adivinarse claramente que el Hechicero Dorado no estaba allí para perder. Baltazar Gelt tomó la posición establecida, ocho pasos frente al muro dorado, y aguardó preparado. Tras el ritual preparatorio, el silencio embargó el Salón y la tensión empezó a crecer. El desafiante tenía que dar el primer paso hacia el eje, dando así comienzo el duelo.

Baltazar se adelantó. Un gesto, algunas palabras de poder y una luz dorada le rodeó. El joven mago se derritió repentinamente, convirtiéndose en una masa de oro líquido que zigzagueaba hacia el altar. Thyrus se rió y formuló un contrahechizo mientras invocaba las Bandas Carmesíes para atrapar a su oponente. Cuando vio al mago dorado atrapado, Thyrus formuló un segundo hechizo. Inmediatamente quedó envuelto por unas alas de fuego y se elevó por los aires hacia el báculo. Una oleada de energía dorada vaporizó las Bandas. A continuación, Thyrus se estrelló contra el suelo con un grito. ¡La túnica del mago brillante, su amplio manto y todo lo que llevaba se habían convertido de repente en plomo! Baltazar comenzó a caminar hacia el altar.

En una décima de segundo, el cuerpo de Thyrus quedó cubierto por intensas llamas que derritieron rápidamente el plomo y el Patriarca se puso en pie de nuevo. Una Cimitarra Escarlata, la sólida manifestación de la ira de Thyrus, se materializó en el aire y avanzó velozmente hacia Baltazar. La cimitarra se encontró a mitad de su vuelo con un Guantelete Bruñido, conjurado de manera similar, y los dos hechizos se cancelaron el uno al otro con un destello.

Baltazar fue el siguiente en contratacar y una Jaula Dorada aprisionó al mago rojo. Thyrus se sintió ultrajado por la renuncia de su oponente a utilizar hechizos ofensivos, así que de su mano extendida salió disparado un rayo de intenso calor. La ardiente energía abrió un gran agujero en la jaula y avanzó hacia el mago dorado. Baltazar alzó su mano izquierda enguantada y el rayo fue detenido por un reluciente escudo dorado. Thyrus mantuvo la presión y el rayo se convirtió en un delgado haz de energía roja. El escudo de Baltazar iba palideciendo por momentos durante el ataque y, obviamente, no podría resistir mucho tiempo. La mano derecha del Mago Dorado se alzó y brilló un instante sin efecto aparente.

El Patriarca se sentía triunfante, pronto el desafiante debería rendirse o se convertiría en una pila de huesos calcinados. Fue entonces cuando Thyrus, de repente, se dio cuenta de que algo extraño le ocurría a sus piernas. Tenía una sensación de frió glacial que comenzaba a extenderse hacia arriba desde sus miembros inferiores. Thyrus tuvo que interrumpir su ataque. Miró hacia abajo. Presa del terror, ¡se dió cuenta de que su cuerpo se estaba convirtiendo en oro! ¿Cómo era posible? No le había tocado, a no ser...¡Su propio rayo de calor!. El rayo había establecido un contacto entre los dos magos. ¡El maldito Baltazar debía de haber canalizado la energía dorada a través del propio hechizo de Thyrus! Durante un segundo, el Patriarca estuvo a punto de caer presa del pánico, ¡Qué dominio! ¡Qué control!

Fue entonces cuando su espíritu guerrero tomó el control una vez más y canalizó toda su ardiente energía en un intento desesperado de detener la transmutación. Se concentró en la fría sensación del metal y luchó contra ella con todo el ardor de sus venas. Tras una difícil lucha, el Patriarca logró detener la energía dorada a la altura de su cintura, mientras alzaba de nuevo su cabeza justo a tiempo de ver a Baltazar a pocos metros del altar. Con sus piernas todavía paralizadas, el Patriarca levantó sus brazos y conjuró el hechizo más poderoso de su Orden. Un enorme Muro de Fuego surgió entre Baltazar y el altar. La creación se extendía desde un muro de la enorme cámara hasta el otro. Los dos magos parecían empatados...O, al menos, eso parecía: Thyrus no podía moverse, ni podía perder su concentración si quería mantener el Muro; Baltazar tenía al alcance de su mano el báculo, pero no podía cogerlo. El Patriarca intentaba concentrarse, tenía muy poco tiempo para intentar encontrar una solución. Luego, una vez más, presenció lo imposible ¿Fue un brazo de oro sólido lo que atravesó el muro y asió el báculo? La brillante luz de su hechizo impedía ver con claridad.

Entonces acabó todo.

La estancia estaba inundada de destellos de luz dorada que cegaron a los Maestros en sus miradores protegidos. Cuando pudieron ver de nuevo, Baltazar estaba en el centro del salón sosteniendo firmemente el báculo en sus manos. Frente a él había una estatua dorada, tan sólo los ojos y la boca del Patriarca eran aún de carne. La voz pausada de Baltazar hizo eco en sus mentes: "Thyrus Gormann, has olvidado que la esencia del metal se compone de Piedra y Fuego a partes iguales; y eso ha sido la causa de tu derrota. Podría acabar con tu vida ahora; pero el Imperio necesita de tus poderes contra sus múltiples enemigos, tu Orden requiere tu liderazgo y yo preferiría conservarte como a un amigo. ¿Reconoces mi autoridad?

"De acuerdo, has ganado el duelo de una manera justa. Eres ahora nuestro Patriarca Supremo y podrás contar con mi respeto y lealtad hasta que nos volvamos a encontrar aquí, dentro de ocho años".

"Estaré preparado Gormann -respondió Baltazar-. Estaré preparado".

FuenteEditar

  • Libro de ejército: El Imperio (7ª Edición).

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