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El Regreso del Nigromante

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Kemmler 5ª Edición.jpg
Fue una campaña que se publicó en el 2005, en las White Dwarf 125 a la 128, en la que se se enfrentaban los ejércitos Elfos Silvanos contra un ejército temático de No Muertos. Creado por Matt Ward, se basaba en el intento por parte de Heinrich Kemmler y Krell por hacerse con el control de los guerreros muertos en los túmulos de Athel Loren, y los intentos de los Elfos Silvanos por frustrar su plan. Para dar más profundidad a esta campaña, se creo el Ejército de los Túmulos, un ejército completamente nuevo de No muertos que se podía jugar independientemente de los ejércitos de los Condes Vampiro y los Reyes funerarios, ya que disponía de sus propias unidades, reglas, magia, objetos mágicos, etc,... además de aportar la cronología de la vida de Kemmler.

Dado que está basado en un hecho histórico de warhammer (históricamente, los Elfos Silvanos lograron frustrar los planes de Krell), aunque lo No muertos ganasen la campaña, esto no alteraría la historia.

TrasfondoEditar

Dispersos a las afueras de Athel Loren hay incontables túmulos funerarios. Algunos de ellos fueron construidos por los primeros Elfos que habitaron en los lindes del bosque, aunque en la mayoría de ellos están sepultadas las primeras civilizaciones primitivas que existieron en la zona, de algunas de las cuales se dice que mantenían las mismas tradiciones que las tierras nehekharanas del Sur. En estas tumbas, que el bosque fue poco a poco reclamando como suyas, hay enterrados artefactos de inconmensurable poder e incalculable valor y, aunque los Elfos respetan estos lugares y el descanso de sus ocupantes, son muchos los ladrones de tumbas avariciosos que ansían saquearlos, por lo que los Elfos Silvanos se ven obligados a hacerles frente constantemente. A veces, sin embargo, los túmulos se profanan por razones más siniestras que la avaricia.

En el invierno de 2495, un malvado ser intentó apoderarse de todo lo que había en estos túmulos. Esta criatura odiada, maldecida y menospreciada por los Elfos Silvanos era Heinrich Kemmler, un nigromante de indescriptible poder. A Kemmler, que era un taimado adversario, se lo solía ver viajando por el bosque, a veces solo, pero en la mayoría de ocasiones acompañado de un individuo acorazado y mucho más alto que él: Krell, el Rey de los Tumularios. Habitualmente, las bandas de exploradores elfos silvanos trataban de hacerle frente, pero él se limitaba a desaparecer como la neblina bajo la brisa. Se encontraron los cadáveres de otros centinelas transformados en polvo con los hechizos más siniestros o descuartizados mediante potentes golpes de hacha. A medida que el invierno se recrudecía, los augurios se fueron haciendo cada vez más graves para Athel Loren.

Unas enormes aves carroñeras procedentes de los Desiertos del Sur que Kemmler había invocado empezaron a posarse sobre los túmulos y a escarbar y rebuscar los huesos de los muertos ya olvidados. A pesar de que el bosque seguía aletargado bajo el manto invernal, los Elfos no podían ignorar una incursión como aquella. Ythil Ojo de Halcón dirigió a su tribu de jinetes de halcón contra las malignas criaturas y, contando con el elemento sorpresa, descendió sobre aquellos seres muertos vivientes y acabó con muchos de ellos hasta que el resto se retiró del bosque.

Por desgracia, Kemmler era un enemigo mucho más astuto de lo que los Asrai creían. Mientras los Elfos luchaban contra las aves, él y Krell lograron introducirse en uno de los túmulos funerarios más grandes: la tumba de un gran rey muerto tiempo ha. Oculto a las miradas de los Elfos en el interior de la húmeda sepultura, el Señor de los Nigromantes calculó con esmero el cruce de las lunas gemelas por los cielos nocturnos. Por su parte, los Asrai, al no encontrar más indicios de la presencia de Kemmler, fueron abandonando poco a poco su búsqueda, aunque no sin cierto recelo. Después llegó el equinoccio de invierno y Athel Loren se debilitó aún más. Orión sucumbió a las llamas de su pira y Ariel comenzó la hibernación en el Roble Eterno. Y fue en ese preciso momento cuando Kemmler decidió atacar.

Al amparo de un hechizo de invisibilidad, Kemmler salió de su escondite y empezó a realizar un ritual maléfico con los conocimientos que había robado de la sala del tesoro del maldito Castillo Vermisace. Los portales de todos los túmulos sembrados por los páramos que rodeaban el bosque se abrieron de par en par y de ellos salieron los fríos y esqueléticos cuerpos de guerreros sin vida revestidos de bronce para conformar un imponente ejército.

El cielo se llenó de buitres, que seguían la marcha del ejército de No Muertos a través de las tormentas de nieve hacia Athel Loren. Las temibles dríades invernales, rencorosos seres con aspecto de bruja, atacaban al ejército de Kemmler a cada paso que daba y los forestales disparaban sus siempre certeras flechas para acto seguido desaparecer nuevamente tras los árboles. Sin embargo, no eran suficientes para detener a los No Muertos.

Finalmente, se produjo una gran batalla en uno de los mayores claros que hay en las profundidades de Athel Loren. Miles de estoicos guardianes eternos avanzaban contra el enemigo dirigidos por Sceolan mientras los jinetes del bosque cabalgaban en los flancos del ejército. Ythil Ojo de Halcón y los de su tribu, montados a lomos de bellos halcones, descendían de los cielos una y otra vez para cargar contra los guerreros no muertos. Muchos fueron los Elfos que perdieron la vida en aquel aciago día, pero el avance de los No Muertos fue detenido y Kemmler se vio obligado a huir de nuevo a las sombras. Este ha sido, hasta la fecha, el ataque que más lejos ha penetrado en Athel Loren, por lo que los Elfos Silvanos tienen una enorme sed de venganza y el hipotético retorno del nigromante los mantiene siempre en guardia.

EscenariosEditar

Escenario 1: Los muertos errantesEditar

El Señor de los Nigromantes vaga por Athel Loren en busca de los túmulos o, como mínimo, de los muertos que yacen enterrados bajo ellos, ya que son la clave de su nuevo complot. Kemmler no ha llegado a Loren en los meses de invierno sin razón: el bosque es ahora vulnerable y su conciencia de grupo estará demasiado aletargada como para poder frustrar sus planes fácilmente. Si nadie se lo impide, causará grandes males a Athel Loren y a las tierras circundantes. Como el bosque está hibernando, los Elfos Silvanos tan solo pueden reaccionar a los movimientos de Kemmler y esperar detenerlo antes de que cumpla sus maléficos objetivos.

Escenario 2: Polvo eres y...Editar

Después de haber conseguido llegar hasta Athel Loren, Kemmler ha encontrado el tesoro que andaba buscando: un conjunto de túmulos funerarios dispuestos en círculo que alberga un gran poder. Al amparo de las tumbas, el nigromante tiene tiempo para planear su siguiente paso mientras a su alrededor el otoño se convierte en invierno y el bosque empieza a quedarse dormido. Después de algunas semanas, Kemmler emerge del túmulo en el que ha estado escondido. Cubierto por un hechizo de ocultación, lleva a cabo un antiquísimo y terrible ritual mientras Krell le protege en silencio. El nigromante alacanza el vacío gracias a conocimientos prohibidos y convoca a siniestros espíritus para que le ayuden. Los hilos de energía nigromántica se extienden entre las tumbas del claro y envenenan la tierra y el aire. Los árboles y demás plantas en varias leguas a la redonda se marchitan y mueren debido al rito de Kemmler. El nigromante absorbe la energía vital de las plantas y la canaliza pºara conseguir sus nefandos fines.

Todo el bosque de Athel Loren grita de dolor. Los dragones del bosque rugen enfurecidos y alzan el vuelo mientras las dríadas y los arbóreos despiertan de golpe del letargo del invierno. En el corazón del Roble Eterno, la dormida Ariel percibe inconscientemente lo que está sucediendo y empieza a derramar lágrimas negras mientras su mente pide ayuda. El consejo real de los Elfos convoca a las tribus al Claro del Rey, pero, mientras el bosque aúlla de agonía, muchos de los caminos quedan cerrados y reunir el ejército resulta muy lento. Mientras tanto, el ritual del nigromante llega a su punto cumbre y las tumbas empiezan a abrirse y las manos esqueléticas empiezan a asomar de las fosas. Con los huesos llenos de musgo y líquenes, el ejército de los túmulos parece una parodia de la vida. Enloquecidos por el dolor y la ira, muchos espíritus del bosque se revuelven contra Kemmler y el ejército que está despertando sin pensar en su propia defensa. Ralentizados por el invierno, las primeras dríades y los primeros arbóreos son una presa fácil para el nigromante, que los ataca con su magia y acaba con ellos mientras sigue adelante con su gran trabajo. Oleadas de dríades llegan al claro, pero todas ellas se encuentran con el mismo destino y, a cada momento que pasa, el ejército del nigromante se hace más y más fuerte. No obstante, cuando todo parece perdido, llega la ayuda.

Un caballero del grial bretoniano, Sir Amalric de Gaudaron, se ha dirigido hacia Athel Loren en los últimos días, guiado por las visiones de la Dama. Incluso desde los lindes del bosque resulta evidente lo que está haciendo Kemmler, y Amalric ve en esta una oportunidad de realizar una gesta digna del grial, por lo que espolea a su caballo y se interna entre los árboles que no dejan de gritar mientras los cielos lloran continuamente. En otro lugar de Athel Loren, el espectro de los árboles Drycha permanece a los pies de la aletargada figura de Durthu (el milenario duerme a pesar del barullo que hay a su alrededor). No hay mucho en común entre la rebelde espectro de los árboles y Durthu, pero ella sabe que solo un milenario como él puede unir a los espíritu del bosque y liderar sus hasta ahora desordenados y desesperados ataques. Durthu es el único milenario que se encuentra cerca del lugar del ritual y el único que podrá intervenir a tiempo, así que Drycha empieza a cantarle para que despierte…

Escenario 3: El campo de huesosEditar

El plan de Kemmler ya ha alcanzado su punto álgido y los furiosos ataques de los espíritus del bosque defensores de Athel Loren no han logrado impedir su desarrollo, ya que, por cada guerrero no muerto despedazado por las Dríades, surgen tres más de las silenciosas tumbas subterráneas. El ritual ya ha alcanzado su cénit y las legiones de esqueletos se han sumado ahora a criaturas más oscuras y tenebrosas, algunas de las cuales se han alzado de la tierra y otras han sido invocadas por Kemmler y proceden del exterior del bosque.

Para los Elfos Silvanos, la situación se ha hecho totalmente desesperada. Al haber tantísimos enemigos reunidos en torno a los lindes del bosque, la única forma de sobrevivir es liquidar al Señor de los Nigromantes o convertir en polvo a su ejército. Ninguna  de las dos opciones va a ser fácil, y como Orión y Ariel están hibernando, sus ejércitos se verán en grandes apuros para lograr vencer. En un último y desesperado consejo de guerra, el anciano guerrero Sceloan toma el mando de las tropas, incluidos los restos de la malograda ofensiva de Drycha contra el claro de las tumbas, y encabeza el combate contra el ejército no muerto de Kemmler.

En la terrible batalla que se produjo a continuación perdieron la vida miles de elfos silvanos contra las, al parecer, interminables hordas de esqueletos al mando del Señor de los Nigromantes. Al final, lograron vencer cuando Sceloan lideró un puñado de Guardias Eternos a combatir contra el Señor de los Nigromantes y su escolta.

Pese a que Krell abatió a Sceloan en el combate subsiguiente, Kemmler resultó gravemente herido y, tras ocultarse mediante artes mágicas, huyó del combate abandonando al ejército y a Krell a su suerte. Al verse desprovistos del liderazgo del Señor de los Nigromantes, el ejército que se había alzado cayó rápidamente presa de la cólera de los Elfos. Krell fue el único en escapar del claro, adentrándose en el bosque y perseguido muy de cerca por las Dríades

PersonajesEditar

No MuertosEditar

Elfos SilvanosEditar

Ejército de los TúmulosEditar

HeroesEditar

Unidades BásicasEditar

Unidades BásicasEditar

Unidades BásicasEditar

FuentesEditar

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