Fandom

La Biblioteca del Viejo Mundo

El viaje de Yin-Tuan a Lustria

5.911páginas en
el wiki}}
Crear una página
Comentarios0 Compartir
Glifo de Slann.jpg
Yin-Tuan fue capitán de juncos de la malograda flota conquistadora, enviada por el emperador  Wu de Catai para conquistar y colonizar las Tierras del Sur, en el año 1690 según el calendario Imperial. Mucho antes de que el resto de la flota se hiciera a la mar. Años más tarde, como un sabio anciano viviendo en el monasterio del monte Li, escribió un relato de sus aventuras que ha sobrevivido como un clásico de la literatura Catayana. Los extractos siguientes contienen indicaciones iluminadoras en la civilización de los Hombres Lagarto.

Yin Tuan llega a LustriaEditar

Fue en el decimocuarto año del excelentísimo Emperador Wu cuando volvimos a avistar tierra, después de casi diez meses en el mar. Desde hacía dos meses nos alimentábamos únicamente del venenoso pez Po y por ello la mitad de la tripulación había muerto y el resto, enfermado. ¡Finalmente, éramos afortunados! ¡No moriríamos después de todo! Ordené navegar directamente hacia tierra. Acampamos en la playa de aquella extraña costa y nos alimentarnos cada día de sus frutas tropicales hasta que estuvimos sanos y fuertes de nuevo. Durante ese tiempo no vimos a ningún habitante nativo y no teníamos ni idea de dónde nos encontrábamos. Un grupo de hombres se aventuró tierra adentro y volvió algunos días más tarde. Habían encontrado una enorme estatua tallada con la forma de un dragón. Pero no se parecía nada a un dragón de Catai, sino más bien parecía algún tipo de demonio lagarto. Ordené a todos permanecer en las cercanías del campamento. Finalmente reuní a todos los soldados y marineros, de los que quedábamos ciento veintitrés hombres en total, y discutimos qué debíamos hacer".

Yin Tuan avanza tierra adentroEditar

Expuse a los hombres que, según mis mapas y observaciones astronómicas, calculaba que nos encontrábamos en el otro extremo del mundo respecto a Catai. Muchos sacudieron sus cabezas en señal de desesperación. Ninguno deseaba intentar el viaje de regreso por el camino que habíamos recorrido y soportar los mismos peligros otra vez. Su moral se elevó cuando mencioné que, como se sabía que las Tierras del Sur estaban habitadas por una raza de demonios lagarto, ¡la estatua era una prueba de que habíamos llegado allí, aunque por la ruta más larga! Si avanzábamos por tierra, encontraríamos nuestra victoriosa flota conquistadora, que debía haber tocado tierra en la costa oriental. Deberíamos encontrar poca resistencia, ya que el ejército de los demonios lagarto se habría dirigido a Oriente para enfrentarse con el invencible y siempre victorioso ejército del Emperador.

Guerrero saurio.jpg

Nota histórica: los habitantes de Catai sabían que las Tierras del Sur estaban divididas en tres reinos: Arabia, el reino de los No Muertos y el dominio de una misteriosa raza conocida vagamente corno los "Demonios Lagarto". La invasión del Emperador Wu tenía la intención de conquistar las Tierras del Sur y asegurar el control del comercio de especias, todo ello motivado por la intensa rivalidad con Arabia. A pesar de ello, las tropas de Catai no esperaban descubrir un poderoso y floreciente reino de Hombres Lagarto.

Después de haber avanzado durante varios días, abriéndonos paso a través de la densa jungla y alimentándonos de arroz silvestre y ranas selváticas, encontramos más estatuas de demonios lagarto. Poco después llegamos a un amplio claro y quedamos sorprendidos al ver tres enormes estructuras de piedra que se alzaban en una formación escalonada. Estas estructuras estaban totalmente cubiertas de vegetación y talladas con las formas de incontables cabezas de los demonios lagarto. Acampamos sobre la plataforma de la parte superior del edificio más alto, buscando una mayor seguridad.

Al salir el sol el día siguiente, fuimos repentinamente despertados por un extraño sonido. Toda la jungla parecía estar moviéndose y estremeciéndose a nuestro alrededor. Cuando se levantó la neblina de la jungla, vimos un mar de demonios lagarto vivientes que llenaban todo el claro. Eran de color jade, con crestas amarillas, y marchaban al unísono. No nos habían visto: nuestra posición elevada nos permitió pasar desapercibidos.

Tzu Kwo, un soldado de vista muy aguda, descubrió el lugar de donde provenían los hombres reptil: un enorme lago cuadrado como un enorme arrozal, situado en el borde del claro. Parecían ser inteligentes y hacían ruidos irritantes, que zumbaban sin descanso como los cánticos de los monjes Fu Hong. Debía de haber por lo menos diez mil de ellos. Temiendo por nuestra seguridad, nos escondimos en la plataforma durante todo el día, hasta la puesta de sol. Al día siguiente, el claro estaba vacío.

La horda de lagartos se había movido a través de la jungla sin aplastar la vegetación, pero era posible descubrir la dirección que había seguido. Naturalmente, evité dirigirnos en la misma dirección. Proseguimos la marcha hacia el sol naciente durante varios días hasta que Lo Po, un soldado valiente y veterano, nos avisó de que nos estaban siguiendo. No sucedió nada hasta que salimos de la densa jungla y empezamos a vadear un manglar poco profundo. En cuanto nos adentramos en terreno abierto, varios hombres en la retaguardia de la columna murieron a causa de las flechas y las jabalinas lanzadas por unos enemigos invisibles que se movían entre las retorcidas raíces de los mangles. Inmediatamente ordené a mis hombres que adoptaran una formación defensiva. De pronto, cientos de lagartos de color jade surgieron de la vegetación armados con toscas armas. Afortunadamente, esta vez sus flechas rebotaron sin causar ningún daño sobre nuestros escudos tigre lacados. Respondimos con nuestras ballestas y matamos a varios de ellos antes de que desaparecieran de nuevo entre los árboles. La jungla quedó en silencio.

Una bandada de pájaros levantó de pronto el vuelo entre los árboles, seguidos de cerca por una criatura mucho más grande que cargó hacia nosotros armada con una descomunal hacha de bronce. Atravesó nuestros escudos y empezó a golpear a diestro y siniestro. Fueron necesarios veintitrés proyectiles de ballesta para abatir a aquel poderoso guerrero lagarto, ya que las gruesas escamas que le cubrían el cuerpo proporcionaban una protección mejor incluso que las armaduras de escamas lacadas utilizadas por la guardia personal del Emperador. Cuando estuvimos seguros de que el enemigo se había marchado, contamos nuestros muertos. Eran demasiados. Incluso aquellos que solo habían sido heridos ligeramente por las flechas del enemigo habían muerto rápidamente, pues las puntas estaban untadas de veneno.

Estas emboscadas se sucedían cada vez que abandonábamos la cobertura de los árboles y nos veíamos obligados a cruzar las áreas pantanosas al descubierto. Cada día perdíamos más hombres. Los enemigos eran expertos en camuflarse entre las plantas de los pantanos y eran capaces de aproximarse peligrosamente a nuestros hombres, manteniendo la mayor parte de sus cuerpos bajo el agua. Solo eran visibles sus ojos y sus fosas nasales, como los de los cocodrilos que había visto en otros viajes. Entonces, a corto alcance, emergían de improviso y disparaban con gran puntería una lluvia de flechas envenenadas.

Después de una de estas escaramuzas, observé que Kuan Wu tomaba algo de un camarada caído y lo escondía entre sus ropas. Vi el brillo del oro y le ordené que me lo mostrara. Era una simple placa inscrita con los símbolos de los demonios lagarto. Le obligué a confesar dónde la había encontrado: siete soldados la habían cogido de una cámara en uno de los edificios de la ciudad en ruinas. Estaba furioso porque estos hombres me hubieran desobedecido y hubieran traído la desgracia sobre nosotros, por lo que decapité personalmente a los seis restantes. ¿Acaso Tzu Sun no dice: "Un ejército no puede ser victorioso sin disciplina"? Entonces dejé las placas de oro junto a los hombres ejecutados y la columna prosiguió su marcha. Esto aplacó a nuestros enemigos, que solo tenían la intención de recuperar sus objetos sagrados. No se produjeron nuevas emboscadas.

Yin-Tuan llega al Gran CharcoEditar

Quedé sorprendido cuando llegamos al mar después de tan solo diecisiete días. Había creído que era imposible atravesar las Tierras del Sur en tan poco tiempo. Entonces me percaté de que no era el mismo océano que separaba las Tierras del Sur de Catai: era un océano diferente, del que nuestros sabios no tenían noticias. Todos estaban muy desalentados, así que decidí iniciar inmediatamente la construcción de una nueva embarcación. Era difícil sin bambú, pero los árboles de la costa nos proporcionaron una madera excelente y solo tardamos dos semanas en construir un magnífico y gran sampán con un buen flotador lateral y tres velas de tejido de junco. También construimos una almadia y la llenamos de frutas y calabazas repletas de agua, tras lo cual nos hicimos a la mar en la barca y remolcamos la almadia detrás de nosotros.

Nota histórica: Yin-Tuan debió de haber cruzado el Istmo de Lustria, que es el estrecho corredor de tierra que une los continentes de Lustria y Naggaroth. Debió de pasar a doscientos o trescientos kilómetros de la colonia nórdica de Skeggi o incluso más cerca de la ciudad de los Hombres Lagarto de Pahuax. Yin-Tuan, por supuesto, no tenía ni idea de que estos lugares existiesen.

Yin-Tuan atraviesa las Tierras del SurEditar

Mantuvimos el rumbo hacia el sol naciente y permanecimos varias semanas en el mar. Nos habíamos comido casi toda la fruta, que ya estaba podrida, antes de volver a avistar tierra. Estaba seguro de que esta vez habíamos llegado a las Tierras del Sur. Todos esperábamos que todo el país ya hubiera sido conquistado por la invencible flota de invasión del Emperador.

Nota histórica: los vientos y corrientes predominantes habrían conducido a Yin-Tuan a bastante distancia del sur de Ulthuan, arrastrándolo hacia las costas de las Tierras del Sur.

Solo me quedaban setenta y tres soldados y marineros a mis órdenes. Otra vez avanzamos tierra adentra El paisaje era similar en muchos aspectos al de nuestro primer desembarco. Calculaba que nos encontrábamos a dos tercios del camino hasta Catai. Después de abrirnos paso a través de la densa jungla, aparecimos en una gran área de tierra seca recubierta por altas matas de hierba con hojas afiladas como navajas.

En medio de este espacio abierto, los agudos ojos de Tzu Kwo descubrieron una criatura volando a gran altura sobre nuestras cabezas. La criatura descendió planeando para observarnos con más detenimiento y, para nuestra sorpresa, resultó ser un lagarto volador que llevaba a dos guerreros lagarto sobre su lomo. Estos no eran de color jade como los que ya nos habíamos encontrado, sino de un color marrón amarillento con crestas rojas. La criatura voladora dejó escapar, cuando nos vio, un grito lastimero que llenó a los hombres de temor y malos presagios. Di la orden de disparar con las ballestas pasa abatir al lagarto antes de que los jinetes pudieran alejarse volando y advertir a su líder de nuestra posición. Desgraciadamente no le alcanzamos e inmediatamente se alejó volando. Sabía que esto era solo el principio de mis problemas. Era evidente que el enemigo volvería a caer sobre nosotros.

Yin-Tuan escapa por poco del sacrificioEditar

El enemigo atacó al anochecer y nos cogió por sorpresa, pues no podíamos ver para disparar con nuestras
39 BloodShrineofSotek-Graves.01.jpg
ballestas. Las criaturas que nos atacaron eran mucho más grandes que las que habíamos encontrado anteriormente, pero no tan grandes como la enorme criatura lagarto que había matado a tantos de los nuestros con su hacha. Estos guerreros lagarto mantenían una formación y estaban armados con lanzas y escudos. Luchaban con gran ferocidad, atacando con sus lanzas de pesadas puntas de bronce o cristal volcánico. Mis soldados no podían hacerles frente. Yo fui golpeado por detrás con una maza y caí al suelo inconsciente.

Cuando recuperé mis sentidos, me encontré atado de pies y manos a un largo palo, transportado por varios de los guerreros lagarto que nos habían atacado. Delante de mí podía ver al fiel Tzu Kwo, atado también a un palo. Le grite y él respondió que todos los demás estaban muertos. Este intercambio de gritos irritó a uno de los Hombres Lagarto más pequeños, que parecía estar al mando de la columna. Este oficial estaba magníficamente cubierto con brazaletes de oro y plumas exóticas. Me apuntó con su lanza y empezó a hablar en una lengua ininteligible. Decidí permanecer callado.

Soportamos un viaje terrible durante varios días. De vez en cuando alguien vertía un poco de agua en mi boca con una calabaza. Y la poca comida que se me daba consistía en gusanos secos de sabor amargo, pero que sorprendentemente saciaban mi hambre. Finalmente avanzamos a lo largo de una carretera pavimentada, entre filas de estatuas de demonios lagarto agazapados, y entramos en una amplía plaza. Había ruinas iguales a las de la primera ciudad de demonios lagarto, grandes edificios que se alzaban de forma escalonada, pero estos eran mucho más grandes y su estado de conservación era mucho mejor.

Había mucho ruido a nuestro alrededor y una frenética actividad por parte de grupos de pequeñas criaturas lagarto que se movían a nuestro alrededor cumpliendo con sus diversas tareas. Grandes bloques de piedra tallada estaban siendo arrastrados por una rampa en el lateral de un gran edificio escalonado. Enormes criaturas reptiloides tiraban de las cuerdas, mientras que las más pequeñas dirigían el trabajo. En otros lugares, grupos de pequeños Hombres Lagarto discutían acaloradamente frente a varias filas de escribas sentados que escribían sobre placas de arcilla. A Tzu Kwo y a mí nos llevaron a cubierto de la brillante luz solar y nos encadenaron a la pared de una cámara húmeda y oscura custodiada por dos enormes guerreros lagarto.

Al día siguiente nos sacaron de allí y nos subieron por unos escalones interminables hasta salir a la deslumbrante luz del sol. Nos llevaron hasta una plataforma que estaba situada en la mitad de una de las enormes estructuras escalonadas. Por todas partes a nuestro alrededor había guardias y dignatarios de las criaturas lagarto. En los escalones superiores e inferiores había varias filas de las criaturas lagarto más pequeñas, batiendo enormes tambores al unísono. A nivel de suelo, la plaza estaba atestada de una densa masa de Hombres Lagarto de todo tipo, dispuestos, o así parecía, en regimientos. Los escalones de los demás edificios grandes también estaban repletos de numerosas filas de Hombres Lagarto.

Todos los Hombres Lagarto a nuestro alrededor se giraron de repente y empezaron a inclinarse hacia la cima del gran edificio. En lo alto de la plataforma superior surgió un palanquín de la oscuridad de detrás de un portal adornado. Sobre él se sentaba una criatura diferente a cualquiera que hubiera visto antes. Parecía un gran sapo abotagado. Los adornos de oro y jade que llevaba resplandecían al sol como si fueran joyas.

Por el gran respeto que le demostraban todos los Hombres Lagarto, supuse que era el sumo sacerdote o gobernante de la ciudad. Este gran personaje hizo un gesto y los Hombres Lagarto interrumpieron sus reverencias e iniciaron sus ásperos cánticos. Frente a nosotros había un profundo foso del que emanaba un hedor malsano. Tzu Kwa y ya fuimos empujados hacia su borde. Era obvio que íbamos a ser sacrificados a los malignos demonios lagarto que adoraban. Tzu Kwo se mostraba valeroso y firme, dispuesto para ir al encuentro de sus antepasados como un auténtico soldado del Emperador. Mantuvo su compostura incluso cuando fue arrojado al interior del foso. Sabía que pronto me tocaría a mí rendir cuentas ante mis propios dioses y afrontar lo que allí me estuviera esperando como un verdadero noble de Catai.

Los guerreros hombres lagarto me sujetaron, preparados a arrojarme al interior del foso para que sufriera el mismo destino que mi bravo camarada. Al hacerlo, mi túnica de seda, que estaba recubierta de sangre y hedía por el sudor, se rasgó. En ese momento, los Hombres Lagarto más pequeños, que habían estado presidiendo nuestra ejecución, mostraron una considerable agitación y ordenaron detener el ritual. Examinaron mi espalda desnuda con gran interés, moviéndose de un lado a otro y discutiendo entre ellos en su extraño lenguaje. Me di cuenta de que la causa de su consternación era el tatuaje del Dragón Imperial que me habían tatuado en la espalda hacía ya muchos años en el fumadero de opio de Fu Chow. Era un tatuaje magnifico y ahora me había salvado de la muerte. Mis captares lo habían tomado por algún tipo de profecía.

Nota histórica: el Dragón Imperial tal y como era representado en el período de la dinastía Wat podría confundirse con una imagen arcaica del dios Sotek. Sin duda, esto planteo a los eslizones y a sus amos slann un dilema que debía considerarse y retrasó el sacrificio de Yin-Tuan.

Me arrastraron escaleras arriba hacia la criatura sapo y me tumbaron en el suelo frente a él. Este examinó mi espalda durante largo tiempo. Al final pronunció una palabra e hizo un nuevo gesto. Los pequeños hombres lagarto repitieron la palabra y el gesto dando por finalizado el ritual. La multitud reunida empezó a dispersarse mientras los tambores seguían batiendo. Se produjo un agitado debate entre los Hombres Lagarto más pequeños, mientras que los guardianes más grandes seguían observando sin mostrar emoción alguna. El venerable ser del palanquín parpadeó y fue conducido a través del oscuro portal. A mí me devolvieron a la cámara mientras decidían qué hacer.

Cuando tuve tiempo para calmar mis nervios después de aquella terrible experiencia, se me ocurrió que era posible que me despellejasen vivo y utilizasen mi piel como decoración para su templo. Empecé a desear haber muerto con Tzu Kwo, aunque suponía que su final habría sido igualmente desafortunado. Busqué a mí alrededor una forma de escapar. La cámara quedaba iluminada por un rayo de luz solar que, al caer la noche, se convirtió en un rayo de luna. La cámara estaba muy oscura.

Había notado que los guardias se mantenían inmóviles junto a la puerta y que reaccionaban lentamente a mis movimientos. Pensé que las reacciones de estos reptiles no serían tan buenas durante el frío nocturno. Reuniendo todas las fuerzas que me quedaban, efectué un único e increíble salto como los que había practicado en la escuela del Maestro Po. Aunque solo era un simple iniciado en las artes marciales, conseguí asirme a los bajorrelieves del pozo de iluminación. Me moví tan rápido que los guardias lagarto fueron incapaces de detenerme: tan solo pudieron gruñir desde abajo, intentando ensartarme con sus lanzas. Salí a toda prisa del pozo y me encontré en el exterior, en la plataforma más baja del templo. No perdí el tiempo y eché a correr tan rápido como pude hacia la jungla, con los grilletes de bronce todavía atados a mis piernas y a mis manos.

El destino de la flota del Emperador.Editar

Seguí corriendo durante toda la noche, sin detenerme a descansar, hasta caer exhausto. Podía oír los tambores de guerra de los Hombres Lagarto dando la alarma a lo lejos y sabía que me estarían persiguiendo. De pronto salí de la jungla y me encontré en la orilla de un río. Avancé tambaleándome a lo largo de la orilla tirando con fuerza de los troncos que encontraba entre las raíces de los mangles y los restos de árboles caídos hasta que conseguí mover uno. Lo arrastré hasta el agua y roe tendí sobre él. Pronto me encontré deslizándome río abajo. Por suerte, el río discurría en dirección al sol naciente, pensé mientras me dormía lentamente.

De repente me desperté. Tenía los pies dentro del agua y me dolían enormemente. Al sacarlos del agua, vi que unos peces carnívoros se habían aferrado a ellos y estaban acerándolos con sus dientes afilados como navajas. Había tenido suerte al despertarme en cuanto empezaron a morderme. De alguna forma conseguí sostenerme sobre el tronco y me mantuve despierto hasta la salida del sol.

El río era ahora mucho más ancho. Durante todo el día la corriente me siguió arrastrando bajo un sol abrasador. Por fin había escapado de los Hombres Lagarto, pero parecía evidente que moriría de todos modos, devorado por los peces. Finalmente el tronco embarrancó en un inmenso banco de arena. Me arrastré hasta tierra firme y dormí. Al día siguiente empecé a caminar a lo largo del banco de arena hasta que llegué al otro extremo. El agua tenía otro color, el color del océano. Era salada, pero a mí lo único que me importaba era que por fin había alcanzado el Gran Océano Oriental. Por la posición del sol, deduje que me hallaba en la ribera norte de la desembocadura del río, por lo que empecé a caminar hacia el Norte pensando que antes o después encontraría la invencible flota del Emperador anclada frente a la costa y sería rescatado.

Anduve lentamente durante varios días, comiendo moluscos y huevos de pájaros. Conseguí liberarme de los grilletes de tobillos y muñecas golpeándolos con grandes piedras. Algún tiempo después empecé a ver madera de barcos esparcido por la playa, que había sido arrastrado allí por las mareas. Siguiendo más hacia el Norte vi los pecios de varias naves que reconocí como los juncos de guerra de la Catai imperial. Al principio creí que se trataba de otros juncos que habían sido dispersados y hundidos por el tifón. No encontré supervivientes, tan solo algunos huesos deslucidos que habían sido pelados por los pájaros.

Me senté desesperado. Ante mí tenía una visión terrible. Toda la playa estaba plagada de juncos destartalados y de incontables huesos. Era todo lo que quedaba de la poderosa e invencible Flota Imperial de Catai: más de mil juncos de guerra y cien mil hombres. Vagué entre los restos durante horas y no encontré señal alguna de posibles supervivientes. La desgracia que aniquiló a la flota había sucedido hacía ya demasiado tiempo.

Yin-Tuan regresa a CataiEditar

Acampé en la playa durante varios días antes de ver las velas de un junco en el mar. Encendí una hoguera, con los maderos que el mar había arrastrado hacia la playa, para hacerle una señal. El junco se aproximó rápidamente a la Costa. Era un junco mercante que hacía la ruta de las especias hasta Arabia bajo el pabellón de los Tei Pings, unos comerciantes de especias muy conocidos. Enviaron un sampán en mi busca mientras yo seguía gritándoles y haciéndoles señales desde la playa. La tripulación estaba sorprendida de verme y muy ansiosa de abandonar el lugar tan pronto como fuera posible. Por ellos supe que la flota del Emperador había naufragado mientras se encontraba anclada a causa de un segundo tifón. Los supervivientes habían marchado tierra adentro y habían desaparecido. Por tanto, el Emperador había ordenado a todos los comerciantes vigilar las costas en busca de cualquier señal de sus estandartes. Yo era el único superviviente de aquella poderosa expedición que había sido encontrado con vida. Regresé a Catai y fui recibido en audiencia por el Emperador para contar mi historia. El Emperador ordenó que esta fuera registrada para la posteridad y me recompensó con el mando de la guardia de palacio.

Nota histórica: es bastante probable que los magos sacerdote slann con su arcano poder para modificar la geografía del mundo causaran los dos tifones que destruyeron la flota de Catai. Un tifón se abatió sobre la flota apenas zarpar, el otro cuando ya estaba anclada. En ese momento la mayor parte de las tropas ya había desembarcado. Sus oficiales decidieron marchar tierra adentro e intentar la conquista antes que admitir el fracaso ante el Emperador.

Los slann no habrían necesitado ningún aviso previo de la invasión. Habrían actuado siguiendo las predicciones de los Ancestrales, y, por ello, los tifones habrían coincidido, con una precisión sorprendente, con el intento de invasión del emperador de Catai. Es posible que según las predicciones de los Ancestrales, se necesitara un solo tifón, pero que dos corrientes de pensamiento opuestas entre los propios magos sacerdotes de diferentes ciudades hubieran dado como resultado los dos tifones, que se produjeron con un intervalo de varias semanas.

FuenteEditar

  • Libro de ejército Hombres Lagarto 5ª edición

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

Spotlights de otros wikis

Wiki al azar