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Elfos Silvanos

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La historia de los Asrai, como los Elfos Silvanos se denominan en algunos relatos, es una búsqueda del equilibrio y la soledad templados por una guerra interminable. Durante miles de años, han vivido en armonía con el bosque consciente de Athel Loren y con los espíritus que moran debajo de sus ramas. Aquí han aprendido a vivir en armonía con las estaciones y el entramado de la vida y la muerte que une a todos los seres vivos. A diferencia del resto de razas élficas, los Asrai nunca han buscado gobernar y solo desean ver cómo su hogar sobrevive en las épocas venideras. Esta es la causa por la que luchan, porque una tierra no puede resistir mucho tiempo si no levanta las armas frente a los que quieren dañarla, y el bosque de Athel Loren tiene un gran papel en ello.

Los seres humanos ven el bosque como un enemigo melancólico y malicioso, y tal vez tienen razón. Ni a los Asrai ni a los espíritus del bosque a los que su destino esta ligado les preocupa la vida de los forasteros. No les importa recurrir al sacrificio para aliviar las afrentas y, al parecer, siempre hay criaturas deseosas de provocar su ira. Los Enanos consideran las ramas de Athel Loren como un recurso que cosechar porque es el combustible para sus grandes máquinas. Los hechiceros demasiado imprudentes también ven el bosque como una fuente de combustible, pero no es la madera lo que ansían, sino la esencia mágica que da vida a los arboles y vigor a los que viven dentro de los límites del bosque. Por último, están los que tratan de derribar los arboles y contaminar el suelo por el simple placer de destruirlos.

OrigenEditar

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El reino de los Elfos Silvanos de Athel Loren permanece oculto en el centro del vasto Bosque de Loren, en Bretonia. Este misterioso reino forestal es todo lo que queda de las colonias élficas que en el pasado existieron en el Viejo Mundo. Hace más de cuatro mil años, las tierras situadas al oeste de las Montañas Grises, donde actualmente se encuentra el reino de Bretonia, fueron colonizadas por los Altos Elfos de Ulthuan. Comerciaban con el imperio Enano situado al este, y construyeron magníficas ciudades en las llanuras costeras, desde cuyos puertos zarpaban hacia Ulthuan sus navíos mercantes. Estas colonias eran puestos avanzados de la civilización de los Elfos en el entonces salvaje Viejo Mundo.

Después de una larga guerra entre los Altos Elfos y los Enanos, estas colonias fueron abandonadas y pronto quedaron en ruinas. Muchas de estas ciudades, como Tor Alessi, que se encuentra donde actualmente está situado el puerto bretoniano de L'Anguille, sufrieron el asedio de los Enanos durante la denominada "Guerra de la Barba".

Después de que ambos bandos quedaran agotados por la guerra, los Elfos Oscuros de Naggaroth atacaron por sorpresa la tierra natal de los Elfos, Ulthuan. Todos los guerreros Elfos que se hallaban en el Viejo Mundo fueron llamados para defender su isla de origen. Para no dejar su patria indefensa, la mayoría de los Elfos de las colonias decidió volver a Ulthuan, pero algunos se negaron a marcharse. Los que se negaron a regresar abandonaron las ciudades costeras, pero no zarparon hacia el Oeste, sino que se retiraron hacia lo más profundo del extenso e inexplorado bosque que cubría el interior del continente.

Esta gran extensión de tierra cubierta de bosques es lo que más tarde se denominaría Bosque de Loren. Al sur y al Este estaba rodeado por montañas de gran altitud. En este bosque, los últimos Elfos del Viejo Mundo se sintieron seguros y protegidos, y sus descendientes, los Elfos Silvanos, todavía viven en el Bosque de Loren.

Los Elfos SilvanosEditar

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Los Elfos Silvanos son físicamente muy parecidos a los Altos Elfos, de quienes descienden y con quienes están emparentados. Independientemente de la tierra de la que provienen, todos los Elfos son increíblemente longevos. Son altos y esbeltos, con mentes y cuerpos capaces de una gran destreza. Sus movimientos son elegantes y gráciles, pero pueden ser ágiles y rápidos cuando es necesario. En tales hazañas, los de Athel Loren son más hábiles que sus primos. Después de todo, los pueblos de Ulthuan y Naggaroth son habitantes de las ciudades principalmente, o bien se embarcan en sus naves de guerra durante semanas. Mientras tanto, los Asrai están perfeccionando constantemente sus habilidades en un entorno que los desafía a diario.

Los Elfos se adaptaron pronto a la vida en el bosque, viviendo y vagando entre los árboles, cazando y recolectando los frutos del bosque. Dieron por terminada su relación con los Altos Elfos de Ulthuan y proclamaron su independencia del Rey Fénix, desarrollando una nueva sociedad basada, en parte, en las antiquísimas tradiciones élficas que todavía recordaban. Privados de la riqueza y los recursos de Ulthuan, y de los conocimientos y restricciones de los eruditos Altos Elfos, su arte y su magia evolucionaron de forma diferente. Al cambiar sus motivaciones, evitaron inconscientemente las tentaciones de la riqueza y la lujuria que acosaban a sus parientes lejanos, y en muchos aspectos se convirtieron en un pueblo más endurecido y sencillo.

La intuición, más que el aprendizaje, se convirtió en la principal fuente de sabiduría de los Elfos Silvanos. Los Elfos Silvanos poseen una comprensión innata de las leyes y las fuerzas de la naturaleza, y sienten una gran afinidad con los árboles y los animales. La intriga y la ambición les son prácticamente desconocidas, y muchas de las pasiones destructivas que dominan a los otros Elfos permanecen adormecidas.

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La flexibilidad de la mente y el cuerpo de un Elfo lo hacen destacar como un adversario letal. A pesar de no ser tan resistentes o fuertes como los bárbaros del mundo, tienen una finura y precisión que otras criaturas nunca entenderían. Un Elfo ve cada grieta en la armadura de su oponente, cada debilidad en su guardia. Además, tiene la velocidad y habilidad para aprovechar estas oportunidades y asestar un golpe mortal antes de que el enemigo tenga oportunidad de reaccionar. Para un Elfo Silvano, esta afirmación nunca es más cierta que cuando va armado con el famoso arco largo de Athel Loren con el que puede atravesar el visor de un caballero a la carga desde una distancia increíble.

Los Elfos son sutiles por naturaleza, y perciben detalles y acciones que criaturas inferiores raramente notan. Viven para la intriga y se deleitan en una lengua inteligente manejada por una mente consumada. El discurso de un Elfo Silvano es particularmente incomprensible para un extraño. Esto no se debe a que las palabras no tengan sentido, sino que hay al menos dos posibles interpretaciones del significado. En la lengua élfica, un promesa de ayuda puede sonar tan inquietante como una amenaza, y una sentencia de muerte puede parecer una oferta de clemencia. En este sentido el discurso de los Asrai refleja su complicada relación con el mundo. Hasta que son respaldadas con acciones, sus palabras son sólo profecías vacías que hablan de resultados posibles y, a veces, ni siquiera ellos saben lo que pretenden hasta el momento de la acción.

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Los Elfos llevan viviendo dentro de Athel Loren o en sus alrededores casi cinco mil años. A lo largo de este tiempo se han unido al bosque y su naturaleza ha variado para reflejar la de Athel Loren. Tras renunciar a sus lazos de unión con los demás Elfos, los Elfos Silvanos han adquirido una astucia instintiva y un carácter furtivo. Son seres muy reservados y desconfiados, que han desarrollado un odio a todos los intrusos y un gran recelo hacia todo lo que no es natural. Evitan el contacto con otras razas, y son despiadados con los que invaden su reino con intenciones malvadas o que destruyen por pura ignorancia o necedad. Los Elfos Silvanos se han convertido en los guardianes del bosque y su destino está unido al de Athel Loren: si el bosque muere, ellos morirán con él.

Caprichosos e impredecibles, los Elfos Silvanos han adoptado un gran parecido con las fuerzas de la naturaleza: no son buenos ni malos (hace tiempo que Athel Loren y los Elfos Silvanos dejaron de poder medirse por el rasero de valores de otras razas). Los Elfos Silvanos pueden aparecer como un plácido lago, serenos, preciosos y encantadores, o como una terrorífica y destructiva tormenta. Por cada intruso al que los Elfos Silvanos obligan a abandonar Athel Loren, matan a otro sin hacer preguntas ni mostrar remordimiento alguno y lo dejan tirado para que sea el bosque quien se haga cargo de su cadáver. Con frecuencia, se hallan huesos y cráneos en las afueras de Athel Loren muchos de ellos con flechas en las costillas o las cuencas de los ojos, que no tardarán en ser cubiertos por las raíces o roídos por los animales salvajes.

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Los Elfos Silvanos, siempre vigilantes, guardan Athel Loren con sumo celo y sin descanso. Los Elfos Silvanos pueden transformar el bosque y el tiempo con sus enigmáticos hechizos. Sus poblaciones y lugares sagrados permanecen ocultos, escondidos a la vista, mientras los viajeros deambulan perdidos en el bosque durante años, sin permitirles jamás encontrar el camino que conduce al interior del reino hasta que los Forestales les han observado y han descubierto sus intenciones. Recelan incluso de aquellos que entran en el bosque con buenas intenciones (y es muy probable que mueran por su osadía).

A los Elfos Silvanos les interesa bien poco lo que sucede fuera de su reino, pues tienen intereses diferentes a los del resto del mundo y apenas se preocupan por otros seres que no sean ellos mismos. Es extremadamente difícil encontrar o incluso ver a un Elfo Silvano, a menos que éste lo desee. Si alguien invade su reino, quizás podrá ver fugazmente a uno, ¡y probablemente será lo último que verá en su vida! Los Elfos Silvanos son tan difíciles de hallar que el Rey de Bretonia debe enviar, como heraldos, al interior del bosque a sus mejores Caballeros Andantes.

A veces se ven forzados a tomar parte en guerras y batallas que tienen lugar fuera de los lindes del bosque para salvaguardar sus hogares de una futura amenaza, pero esto sucede en contadas ocasiones. Tales acontecimientos pronto pasan a formar parte de las leyendas. Los Elfos Silvanos serían completamente felices si pudieran vivir la vida sin interferencias del mundo exterior en su reino de hadas. Sin embargo, Athel Loren se ve asaltado constantemente por aquellos que intentan invadirlo y corromperlo, así que tienen que sostener una batalla sin final contra los que profanan su hogar.

Las demás Razas élficasEditar

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Los Asrai no son más que una de las tres razas élficas que existen. Igual que el resto de Elfos, surgieron de la cuna de Ulthuan pero, a diferencia de los otros, lo hicieron antes de que los celos y el rencor hicieran añicos esa gran nación y sus tradiciones.

Por ello, los Elfos Silvanos se autodenominan los únicos Elfos verdaderos que quedan en el mundo y abrazan ambas facetas de su naturaleza. El pueblo de Athel Loren se desembarazó de toda la mojigatería ritual y por lo tanto son capaces de pensamientos y acciones extremos. Son caprichosos y generosos, maliciosos y solícitos, servidores tanto de la oscuridad como de la luz.

Al oeste de Athel Loren se encuentra Ulthuan, la tierra natal de los Altos Elfos y el hogar ancestral de los Asrai. Para ellos, los Altos Elfos, o Asur, están equivocados y son unos mojigatos, atrapados por la creencia errónea de que sólo la fuerza de Ulthuan puede evitar que el mundo caiga en el Caos. El pueblo de Athel Loren se atribuye el papel de salvaguardar a todo el mundo y opina que sólo la arrogancia impulsa a sus primos a intentarlo. Más al noroeste se encuentra el reino frío de Naggaroth, el hogar de los Elfos Oscuros, los malévolos Druchii. Del mismo modo que los Asrai ven a los príncipes de Ulthuan como inflexibles y serios, perciben a los Naggarothi como niños salvajes e impetuosos, que arremeten contra un mundo que los ha ofendido amargamente.

Quizás lo único que comparten entre sí los Druchii, los Asur y los Asrai, además de su ascendencia común, es la mezcla de pena y enojo que los Asrai sienten por ellos. A pesar de los esfuerzos en sentido contrario, los Elfos de Ulthuan y Naggaroth están desapareciendo del mundo. Los Asrai, por el contrario, ni crecen ni menguan y son tan eternos como el bosque en el que habitan. Hace mucho tiempo, en el comienzo mismo de la historia de los Elfos, se forjó un pacto entre los espíritus del bosque y los Elfos de ultramar. Ahora, reforzados por ese acuerdo, los Asrai se erigen en la cúspide de la grandeza y al borde de la extinción, a la espera del día en que Athel Loren supere sus límites y recupere las tierras perdidas, o sea abrumado por la maldad de los forasteros.

La Corrupción del CaosEditar

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Aunque pueda parecer lo contrario, los Elfos no son inmunes a la influencia del Caos y, aunque no sufren los efectos de la mutación física, el poder de los Dioses Oscuros ha impregnado sus almas. Los Elfos hacen gala de una arrogancia legendaria desde tiempos inmemoriales. La compasión incondicional que una vez fue rasgo definitorio de los Elfos hace mucho que se ha extinguido, sustituida por una creencia en su propia preeminencia que no conoce la negación.

Esta arrogancia se ha manifestado de manera diferente entre las razas élficas. Los Druchii son saqueadores egoístas de un mundo que sólo existe para su placer. Los Asur se han vuelto tercos y engreídos, los protectores autoproclamados de un reino cuyo destino está más allá de su control. Sólo los Asrai rechazan la tentación de someter otras tierras bajo su voluntad, porque en ellos, la influencia del Caos sólo ha despertado desconfianza y aislacionismo. El pueblo de Athel Loren anhela por encima de todo que lo dejen solo, para ocuparse de las arboledas de su bosque en paz. Sólo en aquellas ocasiones en que el destino del mundo amenaza Athel Loren se aventuran más allá de los aledaños del bosque.

SociedadEditar

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Antes de que el Rey Fénix llamara a sus súbditos para defender Ulthuan, su tierra natal, muy pocos Elfos de entre los antiguos colonos del Viejo Mundo habían empezado a morar en el Bosque de Loren. Durante la larga Guerra de la Barba ente Elfos y Enanos, los ejércitos Enanos habían avanzado desde las montañas, a través de las tierras del Oeste, para asediar los puertos costeros. Los Enanos talaron gran número de árboles del bosque con sus hachas para forjar sus máquinas de asedio, pero también para hacer sufrir a los Elfos.

Los Elfos quedaron desconcertados y encolerizados ante tal destrucción indiscriminada de árboles vivos por parte de una raza que tan sólo amaba el fuego, el metal y la dura piedra. Algunos decidieron vivir en la naturaleza y defenderla de la devastación de los Enanos, aprovechando cualquier oportunidad para tender una emboscada a aquellos que penetraran en los bosques. La guerra se prolongó durante dos siglos, y estos guardianes de la naturaleza se convirtieron en habitantes permanentes de los bosques, ganándose la confianza y la amistad de los Hombres Árbol y algunos espíritus del bosque.

Los Enanos no se adentraron demasiado profundamente en los bosques, y el Bosque de Loren en particular quedó a salvo de sus hachas. Cuando los Elfos tomaron la decisión de abandonar sus colonias para siempre, aquellos que se quedaron decidieron unirse a sus parientes ocultos en el bosque en vez de seguir viviendo entre las plazas desiertas y los palacios vacíos de las ciudades, que seguramente atraerían a numerosos saqueadores en busca de despojos.

Correo postal Elfos Silvanos por Milek Jakubiec Warhammer Total War.jpg

Los últimos Elfos del Viejo Mundo viajaron directamente hacia el gigantesco Bosque de Loren en pequeños grupos, que fueron acogidos por los guardianes como bienvenidos refuerzos. Cada grupo o Estirpe se instaló en los claros o arboledas del bosque que, por cualquier motivo, más le gustaban. Algunos prefirieron establecerse en aquellas partes del bosque donde crecía una especie de árbol determinada, otros lo hicieron donde sus magos adivinaron que sería un lugar adecuado para quedarse.

Fueron varias las Estirpes que decidieron quedarse a vivir en el bosque, aunque fueron muy pocos los Elfos que se negaron a regresar a Ulthuan. Poco a poco, estas Estirpes fueron estableciendo relaciones entre sí, y entre ellas se encontraban los primeros guardianes del bosque, que formaron su propia Estirpe. Todas las Estirpes empezaron a reunirse regularmente en un consejo que tenía lugar en el claro más oculto y secreto del interior del bosque. Estaba rodeado por una arboleda de robles excepcionalmente altos y ancianos. Esta arboleda se convirtió en el centro religioso y político del reino de Athel Loren.

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Cada Estirpe de los Elfos Silvanos había vivido por separado, en el bosque, durante muchos años antes de convocarse el primer consejo. Muchos de ellos habían empezado a adaptar su estilo de vida al bosque, y permitieron que desaparecieran muchas de sus antiguas tradiciones. Ninguno de ellos mantenía relaciones con Ulthuan o con el Rey Fénix. La mayoría se habían liberado de las ataduras y obligaciones hacia los señores de los Altos Elfos, que habían zarpado hacia el Oeste junto a los ejércitos.

Se concertaron matrimonios entre las Estirpes, y se crearon nuevos vínculos. Los que hacía más tiempo que habían llegado al bosque se convirtieron en guías y mentores de los recién llegados. Los artesanos y los magos adaptaron sus habilidades a la vida del bosque, buscando nuevas formas de modelar los árboles, en vez de hacerlo con el metal o la piedra como antaño.

Los magos empezaron a descubrir nuevas fuentes de energía mágica que extraían de la tierra y de los seres vivos. Los Elfos se dieron cuenta del paso de las estaciones, algo que no sucedía en Ulthuan, y acumularon ávidamente los nuevos conocimientos sobre el bosque. Incluso el lenguaje de los Elfos sufrió algunos sutiles cambios, y el arte de la escritura o la necesidad de leer empezó a decaer, llegando incluso a adquirir un significado arcano y ritual. El hablar y contar leyendas, la danza y los rituales pasaron a ser las artes más importantes para los Elfos Silvanos, pues les servían para recordar sus pasado y adorar a sus dioses.

Estirpes de Athel LorenEditar

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Los Elfos no siempre han estado unidos en sus propósitos y los habitantes del bosques prefieren reunirse en pequeños grupos nómadas de seres con ideales muy parecidos. A estos grupos se los denomina Estirpes o tribus y sustituyen a las ciudades llenas de habitantes tan habituales entre los demás Elfos. Para empezar existieron rivalidades entre esos grupos, ya que se definían tanto por ideología y tradición como por lazos de sangre. Ocasionalmente la influencia del bosque conseguía que las diversas estirpes se unieran para una causa común.

Con el tiempo, pequeñas Estirpes, conocidas como clanes, se combinaron y recombinaron y crearon nuevas tradiciones que diferían de las que habían traído de Ulthuan. En la Estación de la Revelación no sólo estaban las doce grandes Estirpes cuyos señores y damas gobernaban Athel Loren junto a Ariel y Orión, sino también cientos de pequeños clanes, cada uno dedicado a seguir su propio estilo de vida.

Los miembros de estas tribus se sienten unidos por lazos mucho más fuertes que el de la sangre. Hay, literalmente, cientos de estos grupos nómadas en Athel Loren. Cada uno de ellos simboliza una manera de relacionarse con el entorno y la influencia (incluso física) que este le supone, además de su manera de tratar con otros Elfos, con el propio Athel Loren y con los diferentes espíritus que moran en él.

Las tribus con las mismas creencias e ideales tienen los mismos nombres, incluso aunque se encuentren a muchas leguas de distancia unas de otras. En realidad, estas tribus viven alejadas unas de las otras a propósito y debido a las sospechas que las unas suscitan en las otras. Algunas Estirpes mantienen ciertas rivalidades entre sí generadas desde el principio de los tiempos, por lo que los enfrentamientos entre tribus son habituales.

Aunque por norma general los Elfos Silvanos sean un pueblo errante y nómada, cada tribu o Estirpe rinde pleitesía a un Biennacido o príncipe del bosque en particular. Algunos biennacidos gobiernan sobre más de una Estirpe, como es el caso del Señor de los Riscos, bajo cuyo mando hay multitud de Estirpes de Jinetes de Halcón, o el Señor de los Claros del Sur, que rige incontables Estirpes de Equos.

Lista de Estirpes conocidasEditar

ImágenesEditar

Huestes de la NaturalezaEditar

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Los Elfos Silvanos, unos arqueros sin igual dotados de un sigilo sobrenatural, son un formidable enemigo. En contadas ocasiones habrán visto sus víctimas quién les atacaba antes de caer muertas por una acertada flecha en el pecho que ha salido de algún lugar indeterminado de la densa floresta. Rápidos y silenciosos, los Elfos Silvanos salen de entre los árboles como una salvaje erupción de lava y ponen fin a la vida de sus enemigos sin piedad alguna para luego desaparecer como fantasmas en los profundos bosques que conforman su hogar.

Cuando la hueste de Athel Loren va a la guerra, se oculta con hebras de bruma mágica. La batalla empieza con una sola flecha, disparada por el mejor arquero del ejército y dirigida al corazón del comandante enemigo. Una vez dada esta señal, la Guardia del Bosque y los Forestales emergen de la espesura y ennegrecen el cielo con sus virotes, con disparos guiados por un instinto que va mas allá de la comprensión humana. Solo entonces suenan los cuernos de caza y los Asrai se lanzan a la carga.

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El semidiós Orión, que muere en llamas cada año para renacer de nuevo en primavera, dirige la carga esparciendo enemigos a su paso con cada golpe de su poderosa lanza. Los Jinetes Salvajes galopan a su paso, con sus corceles furiosos pisoteando a los que sobreviven a su acometida. Los Bailarines Guerreros corren y giran raudos ante sus desconcertados oponentes, propinando golpes y esquivando al enemigo en un acto de adoración a su dios embaucador. La Guardia Eterna y los Guardianes del Bosque Salvaje avanzan a su lado, golpeando con sus armas a una velocidad endiablada.

Los Asrai no luchan solos, ya que cuentan con la ayuda de los espíritus del bosque. Las Dríades desgarran a sus enemigos gracias a sus formas volubles y la maldad que anida en sus corazones espinosos. Los colosales Hombres Árbol atraviesan las líneas enemigas pulverizando todo a su paso con sus pies nudosos. Los lideran los Cantores de los Árboles de Athel Loren, que dirigen las magias oscuras y las de luz donde es necesario, llevando bálsamos a los aliados heridos y haciendo estallar a los enemigos con rayos abrasadores de magia negra.

UnidadesEditar

CulturaEditar

ReligiónEditar

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Con el paso del tiempo, los Elfos Silvanos fueron tomando conciencia de la existencia de sus dioses más antiguos: Kurnous, el Cazador, e Isha, la Madre Tierra. El espíritu de Kurnous se manifiesta en las bestias silvestres, y en el indómito salvajismo de la naturaleza, mientras que el espíritu de Isha reside en la vegetación y en los manantiales de agua que manan de la tierra. En Ulthuan, su adoración había quedado eclipsada por los nuevos cultos de la civilización, la riqueza y la decadencia. Sin embargo, en el bosque salvaje, el poder de estos dioses podía percibirse en todas partes.

Kurnous e Isha empezaron a ser invocados por los primeros Elfos guardianes del bosque para que les ayudaran en su guerra contra los Enanos. Estos Elfos descubrieron lugares sagrados, dispersos por el bosque, donde la energía mágica transcurría cerca de la superficie. Todos estos parajes podían ser fácilmente reconocidos por la venerable edad y la excepcional belleza de los árboles que crecían en ellos. A veces, los Elfos enterraban grandes piedras para dirigir el flujo de estas corrientes mágicas hacia ciertos claros para concentrar la magia. Estos parajes se convirtieron en templos dedicados a los dioses Kurnous e Isha.

Todas las estirpes que posteriormente llegaron a Loren adoran principalmente a Kurnous e Isha por encima de todo. Sus elaborados rituales y sus danzas, interpretados durante el equinoccio, parecen despertar algo en el bosque, como si invocaran los espíritus de los dioses de la tierra y los árboles. Más allá de estos dos dioses, los Elfos Silvanos no hacen distinción entre los Dioses de los Cielos y los del Inframundo. Su devoción abraza con la misma facilidad el furor de Khaine y la compasión de Lileath, según les dicte su espíritu.

El Destino del CuerpoEditar

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Cuando un Asrai muere, su cuerpo se devuelve al bosque. De este forma pasa a nutrir a los árboles que le han alimentado a él durante su vida. La forma en que se devuelve el cuerpo varía dependiendo de la familia y el clan. Algunos incineran a sus seres queridos en grandes piras imitando el ritual que acaba con la vida de Orión anualmente. Otros entierran a sus muertos a gran profundidad, donde las raíces hambrientas de los árboles pueden obtener sus nutrientes rápidamente.

Semejantes tradiciones son importantes pare los Asrai y forman una parte clave de su pacto con el bosque. Si un Elfo muere en tierras distantes, aunque sea a miles de millas, su cuerpo se transporta hasta Athel Loren. Si es imposible, tal y como sucede en tiempos de guerra, los Hombres Árbol y las Dríades se alimentan del cuerpo, de forma que se obtiene un beneficio de la tragedia. Estas prácticas horrorizan a los Elfos de otras tierras, pero para los Elfos Silvanos no son más que otro aspecto del Tapiz.

El Destino del EspírituEditar

El Fin de los TiemposEditar

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El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

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Durante gran parte de la existencia de los Asrai, no escatimaron ni el más mínimo pensamiento en el mundo exterior, a menos que afectara sus vidas cotidianas. De hecho, sólo los muy jóvenes o los muy viejos le prestaron atención. Los más jóvenes lo hicieron porque anhelaban una aventura que no podían encontrar dentro de los límites del bosque, y los más viejos, porque se les había enseñado demasiadas veces que Athel Loren no estaba tan alejado de los círculos del mundo como ellos deseaban.

Los Asrai se percataron de que el destino de otros reinos sería también el suyo. Se rumorea que un castigo hará pedazos el mundo, y la santidad de Athel Loren se perderá para siempre. Este destino los estremece a pesar de sus milenios de aislamiento. Guiados por la profecía y sabiduría de Ariel, su inmortal Reina Maga, los Asrai buscan evitar la catástrofe que se aproxima a reclamar su hogar en el bosque. Ahora, sus huestes marchan con un propósito que no se veía desde hace milenios. Saben que Athel Loren no sobrevivirá indemne al futuro desastre y si el precio para salvar su amado hogar es la preservación de otros reinos, que así sea.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Elfos Silvanos (5ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Silvanos (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Silvanos (8ª Edición).

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