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Elfos Oscuros

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Simbolo de los Elfos Oscuros

La historia de los Elfos Oscuros está llena de traiciones, de derechos de nacimiento negados y de una retribución muy esperada. Son incursores voraces que van dejando su huella sangrienta a lo largo y ancho del Mundo. Toman lo que quieren y arriesgan sus vida con la promesa de gloria, poder y riquezas. Ambicionan un futuro donde ellos dominen gloriosamente, donde los capiteles de sus odiados enemigos sean derribados y el gobierno de su Rey Brujo inmortal, Malekith, alcance todos los rincones del mundo.

Los Elfos OscurosEditar

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De todas las razas del mundo, los Elfos Oscuros encarnan la maldad más pura; sienten placer al cometer actos malignos por el simple placer de hacer sufrir a los demás. Como un niño que arranca las alas a una mosca, un Elfo Oscuro, torturará un prisionero muy lentamente, simplemente para ver cuánto dolor puede causarle antes de que su víctima muera. Ni siquiera los seguidores de los malignos Dioses del Caos son tan depravados, porque si bien son capaces de cometer actos de inenarrable horror, lo hacen en nombre de sus Dioses y para propagar su religión maldita. Los Elfos Oscuros no sienten la necesidad de refugiarse en ningún tipo de excusa.

Los Elfos Oscuros, o los Druchii como se llaman a sí mismos, no son la única raza de Elfos del mundo. Hay tres grandes civilizaciones nacidas en Ulthuan que se desprecian unas a otras por considerarse seres lloriqueantes y decadentes, no aptos para heredar el legado de la antigüedad. Al este de Naggaroth, sobre el suelo fracturado de Ulthuan, viven los Altos Elfos, los Asur. Entre estos dos reinos nunca podrá haber paz ya que las traiciones de antaño no fueron más que la salva inicial de una guerra amarga que ha durado milenios. Pese a que los Elfos Oscuros desean gobernar el mundo, al menos dejan clara su ambición. No como los Altos Elfos, que bajo el disfraz de la protección, no se preocupan de las consecuencias que pueda haber para otras tierras. Más al este, en el continente infestado por los humanos y otros bárbaros primitivos, se encuentra Athel Loren, el reino de los Elfos Silvanos, los Asrai. Los Elfos Silvanos reciben el desprecio tanto de los Elfos Oscuros como de los Altos Elfos ya que no pretenden gobernar o controlar, solo resistir.

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Independientemente de sus alianzas, todos los Elfos tienen vidas longevas y poseen una seguridad en sí mismos que parece de otro mundo. Son ágiles y rápidos de reflejos, capaces de avergonzar a los hombres más elegantes con su gracia sin igual. A pesar de que los diversos tipos de Elfos se diferencian poco entre sí, los Elfos Oscuros consideran que son los únicos que hacen un uso pleno de sus dones naturales, ya que son los únicos entre todos Elfos que no permiten que conceptos como la piedad y la tradición encadenen sus habilidades.

Los Elfos son mucho más altos que los humanos y son fuertes, aunque su constitución es más esbelta. Sus extremidades son largas y tienen dedos finos y delgados. Sus ojos son grandes y ovales, y su mirada es inquietante, ya que trasmiten una sabiduría ultramundana que desconcierta a otras criaturas. Para los Elfos Oscuros, su belleza fría enmascara el atractivo natural de su raza y un ceño fruncido o una sonrisa sarcástica suele acompañar el color pálido de la piel de sus rostros elegantes. En su mayoría, tienen el cabello oscuro, un aire siniestro y sus miradas solo trasmiten desdén.

Los Elfos son más astutos e inteligentes que las razas mortales. Cada una de sus palabras contiene un significado preciso que se altera con el cambio o la inflexión más sutil. Los Elfos Oscuros, en particular, son maestros del arte de retorcer el discurso para que sirva a su causa y pueden manipular las emociones de los demás para que se adapten mejor a sus propios intereses. Debido a ello los Druchii negocian y rompen alianzas sin tener en cuenta las consecuencias, sabiendo que sus lenguas de oro les ayudarán a sanar las heridas del pasado. Es esto, más que cualquier otra cosa, lo que hace que la sociedad de los Elfos Oscuros sea tan oportunista e impetuosa. Cuando las deudas pasadas se pueden borrar con una simple palabra, ¿qué necesidad queda de ley e integridad?

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Aunque la rapidez de mente y la velocidad del cuerpo resultan útiles de forma individual a los Elfos Oscuros, la combinación de ambas les otorga una capacidad letal en combate. Los detalles de la postura y el equilibrio del enemigo le dicen mucho a un Elfo atento, permitiéndole saber no solo dónde y cuándo atacará el enemigo, sino la forma en que el gesto del ataque debilitará su guardia. De esta forma, muchos enemigos han muerto a de un golpe que creían que les iba a dar el combate, sus vidas robadas por un arma increíblemente veloz, guiada por una mente aún más ágil.

Los Elfos tienen largas vidas y pasan muchos siglos perfeccionando sus habilidades. Tienen emociones profundas y sus sentimientos de alegría y desesperación están mucho más arraigados que los de cualquier otra raza. Muchos Elfos pasan sus vidas perfeccionando sus talentos con objetivos pacíficos como la escultura o la poesía. Otros consagran su tiempo a la magia intrincada o a desarrollar el más exquisito de los artefactos. Gracias a ello, los Elfos consiguen dar sentido a sus largas existencias de siglos y perfeccionan sus habilidades tanto en el campo de la felicidad como en el del dolor. Para un Elfo Oscuro, la imposición de tristeza y dolor, el arte delicado del asesinato y la tortura son sus únicos medios de expresión. Solo se deleita con el sufrimiento de otros, pues una vida de cruel indiferencia y duras batallas ha enturbiado otros placeres. Los Elfos Oscuros viven para satisfacer sus propios deseos y para dominar a otros. Para ellos, los esfuerzos de los Altos Elfos son suaves e indulgentes y son síntoma de una debilidad que ha de suprimirse para que los Elfos vuelvan a tener poder en el Viejo Mundo.

ImágenesEditar

Origen¡Editar

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Artículo principal: Historia de los Elfos Oscuros.

Hace cinco mil años, las tierras élficas de Ulthuan se vieron convulsionadas por una terrible guerra civil. Durante décadas, ambos bandos lucharon ferozmente entre sí, hundiendo a los Reinos de los Altos Elfos en un periodo de anarquía, terror, muerte y violencia. La guerra empezó cuando Malekith, el futuro Rey Brujo de Naggaroth, intentó tomar el poder en un sangriento golpe de Estado.

Malekith y sus corruptos seguidores abandonaron a los ancestrales dioses Elfos, y buscaron los conocimientos prohibidos de la Magia Oscura. Cuando los demás Elfos intentaron detener a Malekith, los reinos de los Elfos fueron arrastrados a una larga y sangrienta guerra. Al final, los Elfos Oscuros, que es como fueron denominados los rebeldes, fueron expulsados y proscritos, refugiándose en Naggaroth, una tierra de exilio donde quedaron libres para cultivar su amargura y resentimiento. Allí levantaron sus propios reinos entre las inhóspitas montañas y los bosques de pinos de la denominada Tierra del Frío. La más grande y vieja de estas ciudades es Naggarond, donde el antiguo e inmortal Rey Brujo estableció su corte, y continúa planificando sus ofensivas en la inacabable guerra que los Elfos Oscuros llevan a cabo contra los Altos Elfos.

A lo largo de los milenios, los Elfos Oscuros han ido degenerando y corrompiéndose hasta convenirse en el extremo opuesto a los nobles y altruistas Altos Elfos. Son una raza cruel y maligna, que se regocija con el dolor y la desesperación de sus víctimas; se trata de una sociedad élfica completamente indigna de confianza, capaz de llevar a cabo los peores actos de depravación desenfrenada, masacres y asesinatos.

El Toque del CaosEditar

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El Caos ha dejado su marca sobre los Elfos, al igual que sobre casi todas las razas del mundo. En esta raza, sin embargo, el poder de los Dioses Oscuros ha tomado una forma sutil. Ha avivado la soberbia del alma de los Elfos, reforzando su orgullo y arrogancia. Tiempo atrás se decía que la compasión era el rasgo definitorio de los Elfos, ya que esa era la naturaleza que les otorgaron los Ancestrales, pero la generosidad ha sido eclipsada por el narcisismo, y la empatía por la presunción.

Sin embargo, el Caos no ha cambiado a todos los Elfos por igual. Los Elfos Silvanos se han aislado, negando la realidad del resto del mundo creyendo ciegamente que siempre y cuando su reino siga en orden, ningún daño puede herirles. Los Altos Elfos se han vuelto aún más testarudos, llegando a creer que ellos, y solo ellos, pueden proteger el mundo de los peligros a los que se enfrenta. En el caso de los Elfos Oscuros, sin embargo, el Caos los ha iluminado, les ha dado el conocimiento de que el mundo únicamente existe para complacer al más fuerte. Y ellos han abrazado esta revelación con una pasión ardiente que avergüenza los corazones de sus antiguos parientes. De hecho, arde con tal fuerza que puede incendiar el mundo.

Naturaleza OscuraEditar

Los Elfos Oscuros no son criaturas del Caos. Están completamente desligados de los Dioses Oscuros, y jamás han sido esclavos de las Fuerzas Malignas. Los Elfos Oscuros son Elfos corruptos, pero su corrupción se debe a un espíritu trastornado, a una maldad oculta que es anatema para la naturaleza y la existencia de los Altos Elfos. Sin embargo, aunque los Druchii no son esbirros del Caos por sí mismos, no dudan en rebajarse a pactar con Demonios y servidores de los Poderes Ruinosos para conseguir sus propios fines.

Herederos de NagarytheEditar

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Antaño, los Elfos estuvieron unidos bajo una causa común, luchando como un solo pueblo contra los peligros del Caos. Aquellos que un día se convertirían en Elfos Oscuros luchaban al frente de esta guerra terrible, derramando su sangre para proteger Ulthuan y a sus hermanos. Luchaban sin temor alguno ya que se deleitaban con la alegría desbordante del combate. Allí donde muchos Elfos eran soldados defendiendo sus tierras y familias, ellos eran asesinos que se deleitaban con la muerte.

Semejante ferocidad despertó muchos recelos, y cuando la amenaza del Caos retrocedió, esos mismos Elfos que lo habían hecho retroceder fueron traicionados por sus compañeros. Miles de años antes del surgimiento de los hombres, la isla élfica se vio convulsionada por una guerra cruenta entre el reino de Nagarythe y los reinos de otros príncipes. Nagarythe era poderoso; la fuerza del primer Rey Fénix, Aenarion, fluía por la sangre de su pueblo. Su gobernante, el Príncipe Malekith, era un guerrero sin rival, un general brillante y un hechicero poderoso. Sin embargo, su fuerza militar no le bastaba para ganar la guerra. Para contrarrestar a Malekith y sus seguidores se desplegaron jinetes de dragón, magos potentes y las legiones relucientes del Rey Fénix Caledor I.

La guerra civil duró décadas, hasta que Malekith desencadenó la potencia de la magia en un último intento de alcanzar la victoria. Cuando esta hechicería fracasó, las tierras de Nagarythe se hundieron en el océano y los ancestros de los Elfos Oscuros fueron desterrados de sus tierras y de su raza. Los Elfos exiliados encontraron refugio en Naggaroth, la Tierra del Frío. Es un nombre apropiado, ya que es un páramo gélido, una tierra amenazadora en la que los Elfos tendrían que luchar duramente por sobrevivir. Y eso fue lo que hicieron. Un pueblo menor no se hubiera recuperado de semejante traición, pero los Elfos Oscuros estaban decididos a prosperar. Han observado el mundo en busca de oportunidades desde las tierras heladas de Naggaroth, manteniéndose siempre alerta para encontrar una oportunidad de reclamar su legado. En ese reino desolado, los Elfos Oscuros encontraron un hogar tan implacable como ellos, un lugar adecuado para planear su venganza. Los años se convirtieron en décadas, las décadas se convirtieron en siglos y la batalla por la supervivencia fue más allá de toda compasión. Los Elfos Oscuros se hicieron tan duros e implacables como su nuevo reino, así que no hubo espacio para la paz o el perdón. Al principio odiaron a los Elfos de Ulthuan, pero después el sentimiento se extendió a tocios los seres vivos, y es este fuego helado que arde en los corazones de los Elfos Oscuros lo que les ha mantenido en las privaciones que han soportado.

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Y este sentimiento está mucho más acentuado en Malekith, el Rey Brujo de Naggaroth, gobernante indiscutible de esta raza perniciosa desde su exilio en Ulthuan. Malekith tiene una sed insaciable de poder y, gracias a la Magia Oscura, el Rey Brujo ha concentrado su atención en la brillante isla de los Elfos. Donde antaño reclamase justicia para él y su pueblo, ahora solo alberga una cruel sed de venganza. Malekith preferiría ver el mundo destruido antes que aceptar que otro se siente en el Trono del Fénix.

Y así, las crueles huestes de Naggaroth se extendieron por el mundo, con sus pendones ondeando al viento y cada guerrero alerta ante la perspectiva del gozo perverso de la batalla. Las filas de lanceros avanzan sin remordimientos, como una sombra de muerte que consume todo lo que encuentra en su camino. Los Corsarios de las Arcas Negras se abren paso entre el enemigo. Cada pirata de corazón helado se mueve con determinación para demostrar que sus armas y su astucia superan a las de sus compañeros. Las Hidras de guerra entran en combate pisoteando a aquellos que encuentran y lanzando una llama oscura que consume a quienes huyen. Los Caballeros Gélidos atacan en un torbellino de acero y garras, combinando la habilidad y frialdad de los jinetes con la ferocidad de sus monturas. Las Hechiceras liberan su magia oscura y prohibida arrancando la carne de los huesos y las almas de los cuerpos. Las Elfas Brujas bailan deslizándose entre la carnicería, cortando con un abandono frenético a quién se ponga a su alcance. Los Príncipes Oscuros dirigen todos los asaltos, malgastando las vidas de sus seguidores tan libremente como ordenan la destrucción de sus enemigos.

Los Elfos Oscuros y la GuerraEditar

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Como todos los Elfos, los Elfos Oscuros son ágiles y esbeltos, sus músculos son fuertes, y sus reflejos tan rápidos como sus mentes. A pesar de su mortal palidez y la cruel expresión de su cara, poseen una belleza salvaje y son muy inteligentes. En consonancia con su carácter, los Elfos Oscuros invariablemente visten ropas oscuras y siniestras y sus cascos y armaduras están finamente trabajados, con gran abundancia de adornos y motivos característicos en negro, oro y plata. Casi todos los Elfos Oscuros, tanto hombres como mujeres, son guerreros extremadamente peligrosos, igual de hábiles con la espada, la lanza, o sus famosas ballestas de repetición. En tiempo de guerra, casi la totalidad de la población de Elfos Oscuros puede ser llamada a las armas, por lo que los Elfos Oscuros pueden contar con grandes ejércitos aunque la población total de Elfos Oscuros es muy pequeña en comparación con las otras razas del Mundo.

En las batallas, los Elfos Oscuros prefieren utilizar la astucia y el engaño, para derrotar a sus enemigos en lugar de utilizar la fuerza bruta. Los ejércitos de Elfos Oscuros cuentan con gran cantidad de Exploradores Elfos Oscuros y las tropas de caballería de los Jinetes Oscuros. Estas tropas se adelantan al grueso del ejército propagando el miedo y la confusión, e informando al comandante del ejército sobre la composición y disposición del enemigo. Si es posible, los Elfos Oscuros utilizarán esta información para conducir al enemigo hasta una emboscada.

Incluso si se ve obligado a librar una batalla abierta el ejército Elfo Oscuro no acostumbra a cargar directamente contra el enemigo, sino que prefiere utilizar sus ballestas de repetición y los Lanzavirotes de Repetición para desgastar al enemigo y obligarle a efectuar ataques precipitados. Mientras el enemigo avanza, los Jinetes Oscuros lanzan ataques relámpago contra sus Flancos, y los Exploradores Elfos Oscuros abandonan sus escondites para efectuar sus certeros disparos de ballesta antes de que el enemigo pueda contraatacar. Tan sólo cuando el avance enemigo empieza a flaquear bajo la incesante lluvia de proyectiles y ataques sorpresa, los Elfos Oscuros atacan con sus Caballeros Gélidos e Hidras de Guerra para rematar al enemigo.

Aunque la mayoría de los Elfos Oscuros son guerreros por naturaleza y preferencia, no sucede lo mismo con todos ellos. Los Elfos Oscuros son una raza favorecida por la magia, y las Hechiceras Elfas Oscuras han llegado a ser auténticas maestras de la Magia Oscura. Los Magos Altos Elfos conocen el poder de la Magia Oscura, pero durante eones renunciaron a sus posibilidades al considerar que era demasiado peligrosa. Fue Malekith quien hace mucho tiempo empezó a experimentar con el poder de la Magia Oscura. Muchos dicen que al hacerlo quedó afectado por el poder del Caos, el cual corrompió su espíritu noble. Sea como fuere, los experimentos de Malekith le enseñaron una nueva forma de energía mágica de un terrible poder. Cuando consiguió controlar sus mortíferos secretos, Malekith empezó a enseñar a un pequeño, pero creciente grupo de seguidores en cómo utilizar la Magia Oscura. Así nacieron los hechiceros Elfos Oscuros y con el paso del tiempo, toda la raza de los Elfos Oscuros. Actualmente los varones Druchii tienen prohibido el estudio de la Magia Oscura por decreto de Malekith, siendo exclusiva de la mujeres.

Incursores letalesEditar

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Inspirados por el odio de su maestro, rodeados de una tierra indiferente, los Elfos Oscuros observan las tierras y riquezas de otros con ojos envidiosos. Se llevan lo que les apetece, indiferentes al dolor y la pena que dejan a su paso. Sus palacios están decorados con el oro y la plata extraídos de la tierra por las manos de otros. Los Elfos Oscuros se apoderan de las cosechas, el ganado y los almacenes de invierno para llenar las mesas de banquetes de los Señores de Naggaroth, sin pensar siquiera en las víctimas que dejan al borde de la inanición. Los esclavos, encadenados al hierro y al terror, trabajan incesantemente en las forjas de Naggaroth para moldear el acero y convertirlo en armas y armaduras dignas de los poderosos ejércitos del Rey Brujo.

Las muchas flotas incursoras de los Elfos Oscuros hacen que esta existencia terrible sea posible. Las más poderosas de las naves Druchii son las Arcas Negras, enormes ciudadelas que surcan los mares gracias a la hechicería y al sacrificio. Cada Arca Negra es el corazón diabólico de una armada espeluznante que siembra el terror allá donde atraca. Grandes serpientes de las profundidades chocan contra las olas y acompañan a estas naves, mientras mantícoras y dragones negros sobrevuelan el cielo.

A bordo de estas naves, los ejércitos de guerreros despiadados aguardan el momento de atacar. Los grupos de corsarios afilan las hojas de sus armas a modo de anticipo de la inminente matanza. Asesinos crueles armados con lanzas mortíferas y ballestas de repetición relatan historias sangrientas de su gloria pasada y alardean de las depravaciones que van a causar a sus víctimas. En estas fortalezas negras flotantes, solo pueden oírse los lamentos de los esclavos y los gritos de las víctimas que sacrifican en los altares sangrientos de Khaine.

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Ninguna señal suele preceder a un ataque de los Elfos Oscuros. Una sombra mágica desciende sobre la flota envolviéndola con nubes oscuras. Los que están en tierra no ven nada, tan solo una tormenta que se aproxima rápidamente. Las naves y las torres vigía que hay a lo largo de la costa son atacadas antes de que pueda darse la señal de alarma. Las víctimas de los Elfos Oscuros continúan con sus quehaceres cotidianos, ajenas al peligro que corren. Solo cuando las amenazantes nubes negras aparecen en la orilla, entienden que están condenadas a morir.

Tras su aparición, llega el fuego y la muerte, ya que los Elfos Oscuros toman lo que quieren y destruyen el resto. Todo lo que queda a su paso son ruinas devastadas y los cadáveres de los que no se han llevado como esclavos. Durante semanas se dedican a atacar toda la costa, efectuando incursiones donde les apetece. Solo cuando sus bodegas están llenas de esclavos quejumbrosos y de riquezas saqueadas, deciden parar y regresar a la distante tierra de Naggaroth con su botín.

El Reino de OscuridadEditar

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Los Elfos Oscuros consideran que el mundo es suyo y que, dado que tienen el poder suficiente como para reclamarlo, pueden hacer con él lo que deseen. Han dado de lado a los dioses benevolentes de su panteón y adoran a las deidades más caprichosas y crueles, en especial a Khaine, el Dios del Asesinato. Se trata de una unión apropiada, ya que los Elfos Oscuros no se preocupan en absoluto por la santidad de la vida y consideran a las razas menores poco más que insectos que deben ser aplastados con el tacón de la bota si no se les puede encontrar un uso más productivo o divertido.

Los Elfos Oscuros consideran que el resto de razas son inferiores. Incluso aquellos que se acercan a su habilidad e intelecto son considerados débiles, esclavos de las leyes y tradiciones que malgastan recursos nutriendo a los débiles, el grillete de las ambiciones de los fuertes. Los Elfos Oscuros no tienen esas restricciones. En Naggaroth, los débiles mueren y los fuertes obtienen lo que desean.

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Eso no quiere decir que los Elfos Oscuros quieran exterminar al resto de razas. Mientras las minas deban ser trabajadas, las granjas atendidas, las fortalezas construidas y los sacrificios rituales sean necesarios para conseguir el favor de los dioses siempre habrá un lugar para las razas primitivas en Naggaroth. De hecho, algunos de los bárbaros más capacitados pueden ser usados como armas por derecho propio, manipulados con amenazas, trucos y promesas vacías para que asalten las orillas de la odiada Ulthuan y creen el caos en sus mares. Los Altos Elfos son los únicos que no sobrevivirán bajo el yugo de los Naggarothi, ya que el sueño de todos los Elfos Oscuros es que sus antiguos enemigos sean exterminados de la faz del mundo. Ninguno tiene en cuenta la posibilidad de que cuando el último Alto Elfo muera gritando de agonía en el altar de Khaine, la victoria final deje un vacío en el propósito de su raza que sea imposible llenar. Ese día, los Elfos Oscuros descubrirán lo devoradas por el odio que están sus almas, y puede que no aprueben el precio que han pagado por ello.

Hasta que llegue ese día, los Elfos Oscuros continúan con su búsqueda sangrienta. Las grandes flotas de asalto llevan la destrucción a las playas de todo el mundo, y sus velas negras son el heraldo del terror y la muerte en reinos distantes, a menudo por motivos nimios y sin importancia. Con cada año que pasa, el poder de Naggaroth crece, alimentado por el flujo constante de despojos de otras tierras y el sudor de los esclavos conseguidos con sus asaltos. Cuando otras razas antiguas se desvanecen, los Elfos Oscuros prosperan, sabiendo que su hora se acerca. Nubes de tormenta se reúnen sobre los reinos de los Altos Elfos y la risa malévola del Rey Brujo se escucha como un eco en el viento. Naggaroth se alzará, Ulthuan caerá y al fin llegará la venganza que los Elfos Oscuros han reclamado durante miles de años.

CostumbresEditar

Tradiciones AncestralesEditar

La sociedad de los Elfos Oscuros posee una estructura rígida, y sus títulos y cargos son originarios de tradiciones ancestrales de la Nagarythe previa a la Secesión. Solo se crean nuevos rangos y honores en las ocasiones más excepcionales, y la mayoría son abolidos por orden de Malekith tan pronto como este llega a saber de su existencia, pues si el Rey Brujo no lo hiciera, daría a entender que las tradiciones reales de Nagarythe tenían algún tipo de defecto, y si hay algo que Malekith atesore en su negro corazón como una certeza absoluta es que la Nagarythe de antaño era un reino intachable.

El orden subyacente pasa del todo inadvertido a aquellos pocos extraños que llegan a entrever la dinámica interna de Naggaroth. Al ver la incesante racha de politiqueos, deshonras, traiciones, y asesinatos, confunden el atentado contra la persona que ostenta un cargo con un ataque contra el cargo mismo. Sin embargo ningún Elfo Oscuro desea la abolición de esos títulos ancestrales, porque no hay modo más efectivo de medir la propia valía que contar cuántos esbirros se humillan por debajo de ti, y cuántos estúpidos se pavonean por encima.

Cualquier noble podría crear con facilidad un feudo totalmente nuevo en el desolado paisaje Naggaroth. El que ninguno de ellos lo haga se debe a que ese logro jamás les otorgaría el mismo estatus que ascender a una posición privilegiada en una de las grandes ciudades. Y lo que es peor, aquellos a quienes ese Príncipe Oscuro pretende igualarse lo considerarían un síntoma de debilidad, algo que no suele tolerarse mucho tiempo en Naggaroth.

Nombres de PoderEditar

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No es habitual alardear de los lazos familiares en Naggaroth. Para que un Elfo Oscuro adquiera auténtico renombre deberá hacerlo a partir de sus propias acciones y no a partir de las gestas de antaño de algún ancestro. Es por ello que pocos Elfos Oscuros revelan su linaje y prefieren adoptar un nombre de guerrero elegido para infundir el miedo en los corazones de sus aliados y enemigos. Estos títulos deben estar respaldados en hechos si se espera que adquieran cierta aceptación y renombre y es habitual que reflejen sus inclinaciones más viles o que al menos puedan ser corroborados por acciones terribles. Un Naggarothi que asuma el nombre guerrero de "Hoja envenenada" deberá ir al combate con sus armas untadas con los venenos más mortales o sufrir la burla (y probablemente una muerte por veneno) a manos de sus pares. De forma similar, un noble que adopte el nombre de Partespaldas, llegará a extremos casi teatrales para recordar al resto de Elfos Oscuros la idoneidad de su nombre.

Es curioso que algunos de estos nombres han adquirido tanta fama que se han heredado, tal y como si fueran nombres familiares. De esta forma, durante cinco generaciones los miembros de una familia han llevado el nombre Fellheart y un guerrero llamado Acero Glacial ha servido como mano derecha de Malekith desde su ascenso, aunque ningún Elfo con ese nombre ha vivido más de un centenar de años. Los Elfos Oscuros no ven nada contradictorio en este comportamiento ya que el nombre familiar se recibe únicamente por haber nacido mientras que el nombre de guerrero solo se cede a una progenie que ha llevado a cabo gestas dignas de recibirlo.

El Destino del CuerpoEditar

Cuando un Elfo Oscuro muere, sus compañeros rara vez se preocupan por el cascarón vacío que deja atrás. La debilidad es despreciada en Naggaroth y es raro que la muerte de algún individuo no pueda atribuirse de algún modo a la fragilidad de su cuerpo o a la escasez de determinación.

Por supuesto, hay excepciones. A pesar de las formas crueles y endurecidas de los Elfos Oscuros, los vínculos de verdadera amistad y admiración existen en Naggaroth (aunque estos últimos son a menudo una aceptación cauta de la habilidad del rival). Dichos vínculos se ocultan con cuidado para que no sean vistos como debilidad. En cualquier caso aseguran que algunos individuos están lo suficientemente bien considerados para ganarse el descanso eterno en un sepulcro de obsidiana en vez de convertirse en forraje de Arpías y Gélidos. Incluso los rivales más acérrimos aceptan este honor. Nada refuerza más el sentido de superioridad (y la seguridad) de un Elfo Oscuro que saber no solo que su enemigo ha muerto, sino conocer también el lugar donde está enterrado el cuerpo, en caso de que desee verlo. Incluso el Rey Brujo no es inmune a la atracción de tales garantías y suele acercarse a la explanada de la Torre Negra llena de mausoleos con los restos mohosos de los Príncipes Oscuros que pensaban usurpar el trono a Malekith.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (4ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (8ª Edición).
  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de Corrupción (2ª Ed. Rol).

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