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Emboscada en las ciénagas

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Caballeros Gélidos Sabertooth.jpg

El marjal inundado no frenó el avance de los Gélidos cuando sus jinetes Elfos Oscuros los hicieron cruzar por el traicionero páramo. Oriundos de Lustria y sus vaporosos pantanos, las ciénagas de Albión serían casi como su hogar si no fuera por el frió clima. Kaleth Blackheart alzó la mano. Era la señal para que sus caballeros se detuvieran. No podía ver a mucha distancia a través de la densa bruma, pero podía oír claramente el sonido de una fuerza enemiga. Sus tambores redoblaron con más fuerza a medida que se acercaba. Kaleth maldijo. Sus cabaleros formaban la vanguardia de una enorme fuerza de incursión y había esperado encontrar poca resistencia. Un hechicero sin nombre les había dado a los Elfos Oscuros un mapa antiguo. Sobre él estaba garabateadas las localizaciones de templos primitivos y la localización de una ciudadela que hacía mucho que estaba en ruinas. El hechicero había explicado al consejo de Karond Kar que las ruinas desiertas contenían tesoros y artefactos, pero que otros habían llegado ya a Albión en busca de esos dones.

La patrulla de Kaleth había intentado explorar las inmediaciones para encontrar un pasaje seguro para el cuerpo principal del ejército. Su patrulla era demasiado pequeña para organizar un ataque serio, así que Kaleth había decidido utilizar la niebla para pasar junto a su enemigo sin ser visto. Azuzó su montura para que sugiera y dio la señal de avanzar. En cuestión de segundos, una lluvia de flechas cayó a través de la niebla sobre la columna de caballería que reiniciaba su patrulla. En las charcas estancadas del pantano podía adivinar vagamente las siluetas de pequeñas criaturas crestadas. Uno de los caballeros cayo de la silla y Kaleth se dio cuenta de que una flecha le sobresalía del brazo, por lo que supuso que las puntas debían estar untadas con algún tipo de veneno. antes de que Kaleth pudiera dar ninguna orden, el agudo sonido de un cuerno resonó en las profundidades de la niebla. La alarma había sonado.

Espoleando a su bestia, Kaleth bajo su lanza mientras su Gélido cargaba contra las hábiles criaturas. Su fuerza necesitaba atravesar a los defensores antes de que sus refuerzos pudieran interceptar la patrulla de Kaleth. Los pequeños arqueros intentaron dispersarse antes de que llegara la carga de los Gélidos, pero reaccionaron con demasiada lentitud. Mientras su lanza ensartaba a una de las bestias que huían, se deleitó contemplando cómo su Gélido partía a otra en dos con un mordisco de sus poderosas mandíbulas. Lanzó una rápida mirada al cadáver clavado en la punta de su lanza. Era una pequeña criatura reptiliana. Los incursores que habían navegado hacia el sur desde Naggaroth hablaban de enromes Hombres Lagarto que merodeaban las vaporosas junglas de esas tierras. Por las historias que habían explicado, debían de tratarse de bestias monstruosas. Quizás aquellas fuese una varienante nativa más pequeña, pero lo más probable era que aquellos que habían difundido tales rumores fuesen Elfos cobardes que no merecían llevar el nombre de Druchii.

Desde el interior de la bruma, Kaleth cayó un rugido que le heló la sangre. Levantó la mirada justo a tiempo para ver una enorme bestia que cargaba contra él. en sus brazos musculosos y escamosos blandía una gran hacha de bronce, que dirigía con un arco descendente hacia la cabeza de su montura. El cráneo del Gélido se partió con un crujido y la bestia cayó instantáneamente al suelo, atrapando la pierna de Kaleth con su cuerpo. Cuando el monstruo fijó su atención en el atrapado Elfo Oscuro, Kaleth supo que no podría liberase a tiempo. Cuando la bestia volvió para golpear al elfo postrado, Kaleth alzó su lanza y dejó que la inercia empujara a la bestia contra su larga punta.

La criatura cayó muerta y Kaleth luchó por liberarse. Mientras se debatia frenéticamente por liberar su pierna atrapada de debajo del Gélido muerto, podía oír loa gritos de sus compañeros de caballería. Resultaba obvio que no habían podido escapar de la emboscada y, poco después, el sonido de la batalla se apagó.

El noble Elfo Oscuro no podía siquiera calcular cuánto tiempo había estado atrapado. Al final habia conseguido liberarse al principio de una bota de cuero de calidad. Ahora vagaba entre la niebla, solo y completamente perdido. Cuando holló las profundas ciénagas y su pie descalzo chapotéo en el frío cieno, no se dio cuenta de los dos ojos que lo miraban desde las aguas lodosas. Incluso con su aguda visión élfica, si hubiese mirado directamente a la criatura, habría tenido poca posibilidades de verla: las Bestias del Cieno emplean un excelente camuflaje para atacar a su presa sin ser vistas y aquella noche Kaleth Blackheart fue la victima elegida por la bestia.

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