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Emboscados por los No Muertos (Relato)

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Dos guerreros esqueleto.jpg

La oscura caverna estaba llena de formas asombrosas que se distinguían vagamente. Ojos que brillaban, con tono apagado, en la oscuridad, y decadentes miembros que se arrastraban en el húmedo y oscuro piso. El resplandor de una magia arcana se iba arremolinado alrededor de los esqueletos que acechaban a los Aventureros. Palabras oxidadas sostenían sus extremidades sacudidas. Rictus sonríe mirando a los Aventureros y un extrañó murmullo llego a sus oídos como los títeres fétidos y en descomposición del Nigromante Vidas Vaal cerrado a los héroes en inferioridad numérica.

Habían descendido, a la oscura caverna, a través de un agujero en el techo, bajando por la robusta cuerda del Enano, que caía sobre las losas de lo que suponía que iba a ser otro largo pasillo abandonado. Sólo cuando percibieron el movimiento en las sombras, y escucharon las duras palabras de magia nigromántica, los Aventureros se dieron cuenta de que habían caído, por accidente, en un agujero infernal.

Frente a la tambaleante horda de muertos vivientes, Gundar, el Luchador de Pozo, que había sido capturado por el terrorífico y escalofriante ejercito de hueso, estaba clavado en el suelo. El brillo mágico que rodeaba a Rigellan Moonglow desapareció, cuando el miedo paralizó la mente del Hechicero. Incluso Mog d'Kag, el Ogro, gruñó y se alejó cuando los zombis y esqueletos se iban acercando.

Había sido el Hermano Mortius Semmler, el Sacerdote Guerrero, el que había roto el hechizo. En el momento en el que. los muertos vivientes comenzaron a caminar hacia ellos, con sus decaídas y enfermas garras, y dispuesto a arrancarles los corazones a los Aventureros, había levantado en alto su poderoso martillo e hizo un llamamiento al poder de Sigmar, para conseguir expulsar a las oscuras abominaciones que les atacaban.

Por un momento no hubo respuesta, y la risa burlona del Nigromante, merodeando en las sombras, llenó la sala. Mortius no había vacilado, su fe en el poder de Sigmar era muy fuerte, en su mente. Entonces, el subterráneo se llenó de una luz brillante. Incandescentes rayos de energía, que irradiaban desde el Sacerdote, llenaban cada pequeña grieta de las cuervas con una cruda luz blanca. Silbando y escupiendo, las viles criaturas de la oscuridad fueron rechazadas en desbandada, protegiéndose los ojos del odiado resplandor.

Con un esfuerzo de voluntad y muchas maldiciones, Vidas Vaal lanzó, de nuevo, a sus secuaces al combate, forzándolos a dirigirse hacia los Aventureros. Pero, ahora estaban listos para luchar, y él se reunió con los No-muertos con frió acero y praderosa magia.

Superados ampliamentes por número, las Aventureros estaban decididos a luchar contra las criaturas de muerte. El puño en alto de Moonglow desató una lluvia de fuego sobre los zombis que se iban acercando, convirtiéndolos en llamas, figuras asombrosas, que deambulaban torpemente alrededor de la cueva.

Mog d'Kab se metió en medio de todos los tambaleantes esqueletos, haciendo astillas sus huesos de cristal, con su poderoso pico. Junto al enfurecido ogro, Gundar esquivó los torpes golpes de una momia armada con una maza, y le estrelló, a la figura en descomposición, el puño pincho en su estómago. Cara a cara con Vidas Vaal, Mortius Semmler, el Sacerdote Guerrero sonrió. levantando su poderoso martillo de guerra, en alto. El Nigromante se humedeció los labios febrilmente buscando una salida. "Mis creaciones serán tu perdición, tu pobre Sigmar nunca podrá ayudarte, todos nosotros, vamos a llegar a ese final", se burlo el Nigromante, retrocediendo lo más rápido que podía.

Como si se pudiera sentir el miedo de su creador, un gran escalofrío recorrió a toda la horda de No-muertos, y ellos también vacilaron, por un momento, antes de recuperarse y continuo con la lucha.

El Sacerdote Guerrero se dirigió, él solo hacia adelante, siguiendo al Nigromante Vidas Vaal hasta que su espalda llegó a la pared de la caverna. "Voy a permitir que estas pobres almas descansen, por fin. Tú no tienes derecho a obligares a estar aquí", gruñó Semmler, levantado su martillo, una vez más. El Nigromante se abalanzó de repente, hacia delante. El frío acero brillo en su mano, golpeando en el corazón del sacerdote, bajo sus túnicas.

Con su martillo de guerra, el Sacerdote Guerrero rompió el cráneo del Nigromante en varios trozos ensangrentados. El último pensamiento que a Vidas Vaals le pasó por su cabeza, fue preguntarse: ¿por qué su hoja envenenada no había podido penetrar en el paño de la túnica de su adversario?

El espasmódico cuerpo del Nigromante cayó al suelo, y tal como su vida le dejó, también lo hizo la magia que animaba a los zombis, esqueletos y momias. Y, en un momento, todo el grupo de No-muertos se estrelló contra el suelo, ya no era una amenaza, y los Aventureros suspiraron con alivio.

Soltando el escudo mágico protector, que le había sido protegido de los golpes de una poderosa momia, Moonglow gritó al ver a Semmler, y corrió hacia él.

"Oh, por favor, que todo esté en orden, hermano sacerdote, ¿está usted mal herido?"

Palpando con sus dedos a través de sus ropas. Semmler negó con la cabeza.

"Nada que no se pueda coser", sonrió, al ver las miradas de preocupación, que se cambiaban por diversión, en los rostros de sus compañeros.

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