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Enanos del Caos

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"Vamos a rehacer el mundo bajo nuestro dominio, una tierra de cenizas y huesos ennegrecidos de nuestros enemigos, hasta que solo quedemos nosotros y los restos de los cuerpos se encojan bajo nuestros pies."
Lord Asteroth

Los Enanos del Caos, Dawi Zharr o Uzkul-Dhrath-Zharr, como se llaman a sí mismos en su antigua y terriblemente corrupta lengua, son una subraza de los Enanos, corrompidos hace mucho con la llegada del Caos al mundo y adoradores del Dios del Caos Hashut, el Padre de la Oscuridad. Los Enanos del Caos controlan un imperio en las Tierras Oscuras, donde explotan sus recursos naturales y comercian con pérfidas razas en su incesante búsqueda de esclavos.

Los Dawi ZharrEditar

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Es imposible determinar con certeza el momento exacto en que la estirpe de los Enanos del Este se convirtieron en las malévolas entidades que son los Enanos del Caos. Ni siquiera ellos mismos conocen todos los hechos relacionados con los oscuros tiempos de sus orígenes, salvo que fueron destruidos casi por completo, y que únicamente fue su obstinación por negarse a abandonar ante el horror innombrable y la muerte lo que los endureció, y lo que les dio a conocer a una nueva deidad patrona, Hashut, Padre de la Oscuridad.

La raza de los Enanos es más resistente a la magia que otras criaturas y, por lo tanto, posee una inusual resistencia al poder deformador del Caos (quizás, un reflejo de la afamada cabezonería Enana). Sin embargo los Enanos que viven a la sombra de las Montañas de los Lamentos sufrieron un lento pero inexorable proceso de mutación y cambio, y ahora su mente y sus cuerpos están retorcidos.

A pesar de sus similitudes superficiales con los Enanos, son fácilmente distinguibles en los aspectos más importantes. Los Enanos del Caos poseen colmillos protuberantes que les dan una brutal apariencia de salvajismo, mientras que su piel es cenicienta y sus ojos rojizos. Muchos de ellos tienen cuernos que sobresalen desde su frente y algunos tienen incluso pezuñas y cosas peores, aunque tales mutaciones son raras entre los Enanos del Caos ordinarios y más comunes entre los hechiceros y aquellos que tienen un contacto más directo con las energías del Caos.

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Los terribles cambios que la influencia del Caos ha provocado sobre los cuerpos de los Enanos del Caos no son nada comparados con la transmutación que han sufrido sus duras mentes. Los tradicionales valores Enanos de obstinada determinación, artesanía e industria han sido retorcidos y convertidos en una perversa burla en los corazones de los Enanos del Caos. Se volvieron despiadados, macabros y criaturas de frío corazón, faltos de misericordia y consumidos por la necesidad de esclavizar a todo y a todos aquellos con los que entrasen en contacto, y de esa necesidad nació su imperio.

Año tras año, década tras década y siglo tras siglo, los Enanos del Caos han crecido lentamente con maléficas intenciones y una monstruosa paciencia. Con el paso de los siglos, su cultura se ha visto tan retorcida como sus mentes a todos los niveles, desde su lengua y su artesanía rúnica, a la estructura de sus clanes y su culto; todo ello teñido por el Caos y envenenado por su malicia, pero siguen siendo Enanos en varios aspectos: juramentos y lealtad, rencor y parentesco sólidos como el hierro, pero la debilidad y la misericordia son defectos imperdonables que deben ser destruidos de forma despreciable. La aullante anarquía, los sacrificios y la rapaz locura de los humanos seguidores del Caos, el descerebrado salvajismo de los Hombres Bestia y las laberínticas intrigas y viciosas agresiones de los Skavens no son para ellos. En su lugar han sido consumidos por una siniestra y fría crueldad, codicia y meticulosa brutalidad.

HistoriaEditar

La historia de los Enanos del Caos trata de la saga de un magnífico y robusto pueblo cuya nobleza se vería convertida en cruda maldad, y aquellos obstinados que se negaron a morir serían conducidos hacia una amarga y oscura maldición.

El Pasado EnsombrecidoEditar

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Existen muchas grandes historias sobre la creación de esta raza. La mayoría son contradictorias, y otras son mentiras absolutas. Pero una de ellas parece sobresalir de entre las demás. De acuerdo con sus propias leyendas, poco después de la Gran Catástrofe, el Viejo Mundo estaba imbuido de magia, y de toda aquella energía liberada brotaron Demonios y otras creaciones viles procedentes del Reino del Caos. Los Altos Elfos de Ulthuan tuvieron el valor necesario para contener estas energías, pero el daño ya estaba hecho, y el mundo cambió para siempre. Tras el suceso, los Enanos experimentaron con la brujería, a pesar de su incapacidad innata para controlar los Vientos de la Magia. En vez de lanzar conjuros como los hechiceros Elfos, se propusieron darles formas físicas y forjarlos como imágenes y símbolos denominados runas. Esto tuvo como efecto inmediato la creación de dos tendencias; hubo un grupo que pensó que este camino les llevaría a la perdición, mientras que el otro ansió el poder que ofrecía.

Las historias sobre los Enanos del Caos comienzan hace varios miles de años, durante la gran expansión de los Enanos hacia el norte, mucho antes del ascenso de la raza del Hombre. Los Enanos se dirigieron hacia el Norte desde sus hogares ancestrales en algún lugar de las Tierras del Sur. Exploraron aquellas tierras donde creían poder encontrar metales y gemas tras el rastro de las firmes rocas que actualmente se conocen como las Montañas del Fin del Mundo.

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Los Enanos se extendieron por las montañas, siguiendo adelante empujados por su codicia por descubrir más secretos de rocas y metales. Durante un período de muchos cientos de años, excavaron pozos y construyeron asentamientos en las cavernas subterráneas; llevaron sus minas hasta lo más profundo de las montañas, y expandieron un reino subterráneo de poderosas ciudadelas fortificadas conectadas por incontables kilómetros de minas y caminos de transporte.

Al final, en algún momento misterioso y distante del pasado, esta lenta pero continua expansión envió a un grupo de Enanos desde la superficie de la alejada zona norte de las Montañas del Fin del Mundo para adentrarse en las Tierras Oscuras, a las que bautizaron como "Zorn Uzkul", o "Tierra del Gran Cráneo". Allí se encontraron con una vasta e inhóspita meseta donde el aire era gélido y escaso, las rocas estériles y el polvo del suelo se levantaba con el viento que corría entre los huesos de antiguos muertos. El terreno estaba cubierto de fragmentos de obsidiana, mineral de hierro y muchos más minerales, pero la tierra y la roca tenían un color apagado y sucio.

Parecía evidente que en aquel lugar anidaba una maldad antigua y poderosa, y esto hizo que muchos Enanos consideraran que el lugar estaba maldito y se alejaron de allí mientras se retiraban hacia el Sur, para engrosar el número de los cada vez más abundantes Enanos de las Montañas del Fin del Mundo; otros eligieron adentrarse a explorar en la lejana Norsca o emprender un viaje hacia el este y luego al sur en dirección a las ricas vetas descubiertas en las Montañas de los Lamentos. De todas formas, algunos de los más aventureros rechazaron la idea de frustrarse tan pronto y eligieron permanecer en la Tierra del Gran Cráneo, seducidos por las riquezas que podrían obtener en aquel páramo.

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Con el paso de los años, los Enanos fueron enviando exploradores a los yermos infestados de pieles verdes, en dirección a las Montañas de los Lamentos, para investigar sus abrasadores picos. Por el camino hallaron armas quebradas, antiguas máquinas de guerra y enormes pedazos de obsidiana, por no hablar de los peñascos en los que relucían abundantes vetas de oro. Cuando llegaron a las lejanas montañas, descubrieron que estaban llenas de gemas y metales preciosos. Construyeron una fortaleza en las tierras baldías a las que habían llamado Llanura de Zharrduk, y enviaron expediciones mineras para extraer los filones de las piedras. A pesar del desolador paisaje, y de los vapores venenosos que emanaban de los siniestros picos, parecía que los Enanos habían hecho bien acudiendo a aquel lugar, pues sus ganancias eran increíblemente cuantiosas.

Al principio aquellos linajes Enanos mantuvieron fuertes lazos con los de su raza debido al parentesco y al comercio, pero a medida que el mundo se oscurecía y seres repugnantes emergían de las profundidades para dividir el reino subterráneo de los Enanos, el contacto con los alejados Enanos se volvió errático y poco frecuente, mientras se centraban en su propia supervivencia y defensa.

Sin embargo, pronto acontecería el desastre. El Gran Ojo del Caos se abrió y proyectó su intensa oscuridad hacia el sur. Cuando las ofensivas de las Hordas del Caos descendieron de las regiones del Norte para dividir el mundo, el contacto se perdió para siempre. En la vanguardia de sus ejércitos cabalgaban los Tong, los más depravados de todos los bárbaros del Caos. Los Enanos huyeron a sus fortines y fortalezas, y enviaron súplicas de ayuda a las fortalezas de sus parientes del sur, pero no la recibieron. Pronto la oscuridad cayó sobre ellos, aislándolos por completo. Los habitantes de las Montañas del Fin del Mundo dieron por destruidos para siempre a la mayoría de esos olvidados reinos Enanos, junto con sus parientes del este, dándoles por muertos mientras una ola de horror atenazaba las tierras. Los Enanos del Oeste no podían estar más equivocados, pues los estragos del Caos no destruyeron la robusta determinación de los Enanos, sino que provocaron un terrible cambio en ellos.

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Solos, y enfrentados a su propia extinción, los Herreros Rúnicos Enanos afirmaron tener una posible solución. Empleando técnicas mágicas que afirmaban haber dominado mediante el estudio de las propiedades antimágicas de la obsidiana, apelaron al vacío en busca de ayuda. Esta vez sus plegarias fueron escuchadas, pero la ayuda que recibirían había de costarles muy cara. Los Enanos no tenían tiempo de debatirlo, pues los ejércitos del Caos estaban a punto de echar abajo sus puertas, por lo que no dudaron en aceptar el precio. Y entonces, o al menos así lo afirman los Enanos del Caos, Hashut, el Padre de la Oscuridad, rescató a sus nuevos hijos, y los apartó de todo peligro. Lentamente volvieron a aumentar de número y restablecieron su poder y una oscura majestuosidad, ahora apenas reconocible si la comparamos a como había sido antes.

Aunque diezmados, los Enanos sobrevivieron, pero habían cambiado; sus mentes y espíritus habían sido alterados. Tal y como habían prometido, los Herreros Rúnicos formaron el nuevo clero de su pueblo, sus sacerdotes hechiceros, y pronto pugnaron por el control de su nueva sociedad, dominando a los demás Enanos mediante su poderosa magia. Su primer mandato fue la construcción de la gran ciudad de Zharr-Naggrund, la Ciudad de Fuego y Desolación. En su centro erigieron una inmensa torre de obsidiana con forma de ziggurat, y en su cúspide construyeron un gran altar consagrado a Hashut.

Sin embargo, los Enanos del Caos (pues eso es lo que eran ya) comprendieron que eran demasiado pocos para conseguir todo lo que Hashut exigía de ellos. En primer lugar, esclavizaron a los pieles verdes nativos del lugar para que les ayudaran, pero demostraron ser muy traicioneros y poco fiables. Así, los hechiceros Enanos del Caos experimentaron con sus esclavos pieles verdes y crearon una nueva especie de Orcos, más fiables, a los que llamaron Orcos Negros; pero incluso estos resultaron demasiado obstinados e independientes. Cuando los Orcos Negros se rebelaron, los Enanos del Caos evitaron su destrucción total gracias a la ayuda de los Hobgoblins. De este modo, los Enanos del Caos se aliaron a regañadientes con las tribus Hobgoblins locales para poder continuar persiguiendo sus propósitos. Pero, aun contando con esta mano de obra adicional, los Enanos del Caos eran incapaces de completar su construcción sin esclavos.

Enviaron a los Hobgoblins a atacar la Carretera de la Plata y regresar a Zharr-Naggrund con suministros y víctimas. Pero ni siquiera esto bastó. Así, los Enanos del Caos empezaron a comerciar con los humanos salvajes del norte, una relación que aún perdura a día de hoy. A cambio de esclavos, los Enanos del Caos trabajan en sus forjas fabricando artefactos nuevos y horribles para sus aliados humanos. Armaduras del Caos, armas mágicas y terribles máquinas de guerra salen de las Tierras Oscuras y van a parar a manos de ansiosos Guerreros del Caos. Entre tanto, las forjas de los Enanos del Caos cubren la tierra con los densos humos nocivos que emiten las llamas de sus calderos, y el repiqueteo de sus martillos sólo es acallado por los alaridos de dolor y terror de aquellos condenados a tan maligno destino. Toda la estructura tiembla debido al incesante trabajo, mientras resuenan los gritos de los esclavos arrojados a los calderos de hierro fundido, ofrecidos como sacrificios para apaciguar a su hambriento dios.

Un Imperio de Humo, Fuego y CenizaEditar

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Los Enanos del Caos son criaturas irremediablemente malvadas y amargadas que no se preocupan en absoluto por las vidas de aquellos a los que dirigen en la construcción de su gran ciudad, Mingol-Zharr-Naggrund, la Ciudad del Fuego y la Desolación, y la lenta expansión de su poder e influencia sobre el mundo. Para lograr este fin los ejércitos de los Enanos del Caos recorren las Tierras Oscuras y los reinos mortales más lejanos en busca de esclavos para llenar la ciudad y trabajar en los profundos pozos que la rodean bajo tierra, y para ofrecer sacrificios en los fuegos de los hornos a Hashut, su oscuro dios.

El imperio ha llegado a abarcar la Llanura de Zharrduk, la cual está plagada de abrasadores fuegos volcánicos y en cuyo corazón se sitúa Zharr-Naggrund; como un negro iceberg, su verdadero alcance no se encuentra por encima de sus ziggurats acorazados y los templos de los cuales brotan llamas, sino a incontables kilómetros iluminados por el magma bajo su superficie, donde se encuentran cavernosas cámaras y abovedadas minas por las cuales resuenan los llantos de los esclavos torturados y el resonar de los martillos en las inescrutables diabólicas forjas.

A muchos kilómetros a la redonda, la Llanura de Zharrduk ha sucumbido a las manos de los Enanos del Caos. Se encuentra atestada de cicatrices por las vastas minas abiertas, furiosos ríos de magma, dunas de ceniza y estancadas charcas de espuma amarilla y sangrienta nociva con tóxicos corrompidos junto a fortificaciones y puestos de vigilancia por todo el paso por el cual incontables esclavos transportan los minerales y saquean para alimentar cada ciudad hambrienta de los Enanos del Caos.

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Han alzado ciudadelas fortificadas y torreones más allá del corazón de la Llanura de Zharrduk para establecer su dominio a través de las amplias y peligrosas Tierras Oscuras, aunque ninguna fuerza, ni siquiera una tan brutal como la de los Enanos del Caos puede reclamar la completa soberanía de esos vastos reinos malditos de cambiantes desiertos de ceniza infestados de monstruos. En los bordes de las Tierras Oscuras, los puestos de avanzada y las torretas de vigilancia de negro hierro de los Enanos del Caos se extienden hasta la gran Desolación de Azgorh y la línea costera del Mar del Terror hacia el sur y el Paso Elevado hacia el norte, mientras Uzkulak, el Trono de Cráneos, el asiento que los ancestrales Enanos mantuvieron antes de la llegada de los Tiempos del Caos, todavía está poblado pero es un extraño lugar lleno de secretos, y el bullicio provocado por los estibadores esclavos y los atraques de barcos esconden una antigua ciudad pecaminosa que es poco más que una tumba fuertemente guarnecida.

Los prohibidos niveles inferiores de Uzkulak son esquivados incluso por sus propios amos, y ser consignado a las profundidades es un castigo reservado para los violadores de juramentos y los blasfemos como el peor destino que los Enanos del Caos pueden otorgar. Lo cierto es que la maléfica inventiva que los Herreros Demoníacos demuestran tener en la materia dice mucho de los horrores que se pueden encontrar allí.

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Los planes de los Enanos del Caos son el resultado de intrincados trabajos creados por su maligna inteligencia, profunda paranoia y fría crueldad. No ven la necesidad de ver el mundo consumido por la furia en un desesperado intento de aplastarlos a todos para simplemente desmoronarse y derrochar recursos, como así lo hicieron en el pasado multitudes de merodeadores humanos y huestes de salvajes pieles verdes. En lugar de eso, reagrupan sus fuerzas lentamente y extraen de las Tierras Oscuras el valioso mineral que contiene en abundancia.

Se aventuran hacia otras regiones en las que capturar esclavos pero también para castigar a aquellos que podrían oponerles resistencia directamente, o someter a cualquier criatura o fuerza que pudiera aumentar su poder en las Tierras Oscuras antes de que se convierta en una amenaza. También forman expediciones a tierras más lejanas aunque de forma menos habitual, en busca de extraños pillajes cuyo valor han visto reflejado en los fuegos de los altares de Hashut, vengar afrentas o simplemente para poner a prueba cruelmente sus armas contra los poderes del mundo. Como resultado de su política, muchos de los Enanos del Caos son, en el mejor de los casos, una oscura leyenda, una verdad que ellos mismos han tenido la desgracia de conocer.

Los dominios de los Enanos del Caos son de lenta expansión, han sido tallados por mano de obra esclava hasta convertir en un reino las tierras más yermas concebibles, y los sueños de conquista de sus amos están cargados de sangriento odio y amarga perseverancia. Se ven animados cuando resuelven satisfactoriamente sus planes tras siglos de maldiciones, y tal vez pasen incluso milenios hasta que un día todo el mundo yazca bajo un plan en el que los Enanos del Caos se encuentren victoriosos sin resistencia alguna, a salvo de sus encogidos esclavos y de las cenizas de los muertos.

Esclavismo y SacrificiosEditar

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Aunque los Enanos del Caos han mostrado un lento aunque constante incremento de su población con el paso de los siglos en los que han ido forjando su imperio desde las Tierras Oscuras, siguen siendo pocos y en su propio reino están ampliamente superados en número por aquellos sobre los cuales han impuesto su voluntad en virtud del poder y la crueldad, trabajando constantemente en la Torre de Zharr-Naggrund y en la Llanura de Zharrduk, sus esclavos. Todos los Enanos del Caos pertenecen a uno de los Brujos Enanos del Caos, son sus súbditos además de su estirpe, unidos por un nexo de sangre que todos los Enanos del Caos consideran inquebrantable. Grupos de Enanos del Caos recorren las Tierras Oscuras buscando cautivos para enviar a Zharr-Naggrund a trabajar en las minas y forjas, o para sacrificar en el templo de Hashut.

La adquisición de esclavos es muy importante para los Enanos del Caos, porque dependen totalmente de ellos para mantener la ciudad y sus industrias en marcha. Los destacamentos de Enanos del Caos pueden recorrer muchos cientos de kilómetros para atacar una fortificación Orca, Goblin u Ogra en las Montañas de los Lamentos, y cuando conquistan a una tribu se llevan tantos prisioneros como puedan de regreso a la ciudad. Cuanto más cautivos capturen, más valiosa se considerará la expedición. Todas las guerras de conquista se llevan a cabo con la intención de obtener esclavos; los Enanos del Caos no están interesados en extender más sus territorios, ya que las Montañas de los Lamentos y la Llanura de Zharrduk contienen todas las riquezas que necesitan. Con frecuencia, ejércitos enteros de Enanos del Caos marchan contra las tribus de Orcos y Goblins, subyugando a una tribu tras otra, antes de volver a la Torre de Zharr-Naggrund cargados de esclavos.

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Los Enanos del Caos también llevan a cabo incursiones hacia el Norte, atacando a las feroces tribus de jinetes nómadas de las tierras altas del Norte, pero se trata de campañas poco frecuentes. Les es mucho más facil comerciar con las tribus de bárbaros adoradores de los Dioses Oscuros, forjándoles poderosas armas y armaduras, así como demoníacas máquinas de guerra, a cambio de esclavos. Hacia el Oeste, los Enanos del Caos han llegado como máximo a los verdes valles de Farside, la provincia de Kislev que está junto a la ladera Oeste de las Montañas del Fin del Mundo. Pequeños grupos de Enanos del Caos han penetrado hasta las tierras cercanas al Paso de la Muerte, donde se han encontrado con las numerosas tribus de pieles verdes que viven al oeste de las Tierras Oscuras. Los Enanos del Caos comercian con esclavos con las tribus Goblins, prefiriendo emplear a los Goblins como intermediarios antes que avanzar más hacia el Viejo Mundo. De esta forma, Enanos y humanos del Viejo Mundo han sido capturados primero por los Goblins y a continuación vendidos a los Enanos del Caos, para acabar sus días en los pozos de la Llanura de Zharrduk o en los ardientes altares de Hashut. En el este, los Enanos del Caos tambien intercambian armas (especialmente cañones y pólvora) por esclavos con las primitivas tribus de Ogros que habitan en las Montañas de los Lamentos, manteniendo estrechas relaciones con varias de ellas.

Los Enanos del Caos consideran que toda vida que no sea la de su propia raza solo tiene valor como fuente de rabia y alimento de sacrificio, y para ellos el músculo, el tendón e incluso el alma de aquellos que se inclinan y se arrastran hacia ellos con las manos suplicantes atadas por cadenas y se encojen ante los latigazos de sus barbudos capataces no son más que un recurso que debe ser amasado, explotado y gastado. Sin los esclavos Zharr-Naggrund no hubiese sido construida y su enorme industria no hubiera podido ser mantenida, e incluso ahora la necesidad de sangre fresca y mano de obra solo incrementa con cada año que pasa y el desolado imperio siempre pide más.

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Si los enormes y funestos planes de los Enanos del Caos cedieran a cualquier tipo de prisa en su realización, esto incrementaría la necesidad de esclavos frescos. Los niveles de "reserva de vidas" flaquearían si ocurriese algún tipo de desastre o si se requiriera la puesta en marcha de un nuevo gran proyecto. En este caso las huestes de guerra de los Enanos del Caos se reúnen y acuerdan un nuevo objetivo que sea adecuado para su despojo, mientras emisarios con máscaras de hierro parten hacia las tribus de los hombres de oscuro corazón, Ogros e incluso Orcos a cambiar acero forjado por vidas. Esto a su vez puede desembocar en ataques fortuitos y otros estragos más allá de las Tierras Oscuras para satisfacer a los meticulosos Enanos del Caos, y los cautivos secuestrados en tierras lejanas pueden encontrar el fin de sus días dragando un pozo de esclavos de Zharrduk o sacrificado sobre un altar en llamas.

Desafortunados miserables de muchas razas trabajan entre vapores venenosos y las ardientes cenizas de Zharrduk, y como artesanos que son, los Enanos del Caos prefieren utilizar la herramienta adecuada para el trabajo indicado cuando es posible: desde Elfos mutilados, desollados y desangrados para proveer de ungüentos alquímicos, a fétidas y apaleadas Bestias del Caos de los Desiertos del Norte ancladas con argollas por su inmensa fuerza y su tolerancia a las heridas.

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Sin duda los esclavos más numerosos en el reino de los Enanos del Caos son Orcos y Goblins, y esto no se debe a que sean originarios de las Tierras Oscuras y sus montañas, sino porque son criaturas resistentes que suelen permanecer todo el tiempo posible en sitios nocivos y condiciones letales bajo las cuales están hechos para trabajar. Sobre estos, los Hobgoblins poseen un único y favorecido lugar, dentro de lo que cabe para tan crueles y monstruosos amos. Tal vez los más desconfiados, viciosos y traicioneros de entre todos los miembros de la raza Goblin, raramente los Enanos del Caos reducen a los Hobgoblins a trabajar en la base aunque de vez en cuando los utilizan como supervisores de los esclavos, lacayos e incluso como tropas, obteniendo refuerzos completamente desechables para sus propias fuerzas, lo que les permite debilitar un ejército enemigo mayor sin coste alguno de vidas de los Enanos del Caos antes de que ellos lleguen para rematarlo.

Odiados por los otros pieles verdes, que los matarían alegremente si pudieran, los Hobgoblins de las Tierras Oscuras han llegado a confiar en el patronato y la protección de los Enanos del Caos. Mientras se disponen a traicionarse alevosamente los unos a los otros para avanzar, son incapaces de fomentar ningún tipo de rebelión contra sus brutales amos, ¡aparte de que no pueden confiar en los demás!, lo que los convierte de algún modo en los mejores esclavos.

Los humanos también tienen su lugar entre los esclavos de los Enanos del Caos, ya que son adaptables y de rápido ingenio aunque menos duraderos que los pieles verdes y mucho más impredecibles, al igual que los Ogros, que son apreciados por su poderosa fuerza pero que siempre presentan un peligro por sus primitivos y violentos espíritus que les impiden doblegarse del todo. Los Skavens nunca son capturados con vida a no ser que vayan a ser torturados inmediatamente o vayan a formar parte de algún tipo de sacrificio en masa, ya que son demasiado astutos y los Enanos del Caos han aprendido tras amargas experiencias que cualquier grupo capturado podría incluir espías, saboteadores o portadores de la plaga deliberadamente infectados y colocados entre ellos.

Pero el más oscuro destino de los reservados a las razas que caen en manos de los amos de Zharr-Naggrund aguarda a los Enanos del Oeste. Los frutos de amarga malicia y de largos y sangrientos milenios están reservados para los Dwari, y de entre todos los sacrificios en nombre de Hashut, ningún otro es más favorecido que la muerte de los leales a sus traicioneros Dioses Ancestrales.

Los Orcos NegrosEditar

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Ciertos saberes arcanos e historias blasfemas estipulan apócrifamente que hace muchos siglos los hechiceros Enanos del Caos buscaban crear una nueva raza de esclavos Orcos por medio de la sangre, la magia y el poder infernal. Por supuesto, ya disponían de decenas de miles de esclavos Orcos y Goblins, pero los Enanos del Caos solían considerarlos alborotadores, indisciplinados e ineficaces, carentes de la inteligencia de los humanos y de la pura resistencia de los Ogros, y muchas veces terminaban peleándose entre ellos. La nueva raza debía ser poderosa en la batalla y resultar mano de obra hábil en las partes más hostiles de su oscuro reino, inferior a sus amos y obediente a su voluntad, y no tan dispuesta a pelearse entre sí. Usando su maligna magia y una cuidadosa selección, la nueva raza era superior en todos los aspectos a los Orcos comunes a partir de los cuales estaban siendo creados; y así fue como surgió la raza de los Orcos Negros.

El experimento funcionó al principio, pero los Enanos del Caos se dieron cuenta en seguida de que, aunque sus creaciones eran mucho más fuertes y resistentes que los esclavos comunes, también estaban dotadas de una mentalidad demasiado independiente como para resultar ser buenos esclavos. En realidad su firmeza de voluntad y brutal claridad de propósito comparada con la del Orco común resultaba en sí misma una causa grave de preocupación. No mucho después su número aumentó y se expandió, y esos Orcos Negros comenzaron a crear revueltas e incluso a organizar a otros pieles verdes para que obedecieran su voluntad del mismo modo que a sus amos Enanos del Caos.

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Los Orcos y los Goblins normales estaban discutiendo continuamente y nunca tenían tiempo de conspirar contra sus amos. Sin embargo, los Orcos Negros estaban demasiado bien organizados; sus frecuentes rebeliones armadas y su capacidad para ponerse al mando de los demás Orcos y Goblins en ellas sorprendieron a los Enanos del Caos. Algunos creen que durante el "refinamiento" de los Orcos Negros, los Enanos del Caos concentraron de manera involuntaria la naturaleza belicosa de los pieles verdes, por lo que su deseo de batalla alcanza niveles insospechados. Otros, en cambio, sugieren que algo del arrogante deseo de dominar y destruir enconado en los corazones de los Enanos del Caos fue transferido y enraizado en su progenie de alguna forma. En cualquier caso, los Enanos del Caos se vieron afectados continuamente por revuelta tras revuelta y fueron acosados por todas partes por un poderoso y mortífero enemigo de su propia creación.

En la más grande y decisiva de las revueltas, poco antes de que estallase una guerra civil, los Enanos del Caos fueron sitiados con sus propias armas y Zharr-Naggrund se convirtió en un campo de batalla. Los Drath-Zharr se abocaban a un precipicio de destrucción, hasta que fueron ayudados por la pérfida naturaleza traicionera de los Hobgoblins, que se volvieron contra los restantes miembros de su propia raza. Después de estar al borde del desastre varias veces, en las que ejércitos mandados por Orcos Negros destruyeron secciones de la Torre de Zharr-Naggrund, los Enanos del Caos decidieron echarlos de la ciudad para siempre. Los Orcos Negros fueron finalmente derrotados, expulsados y alejados del reino de los Enanos del Caos con un gran coste. Muchos Orcos Negros escaparon hacia las Montañas de los Lamentos, donde sus descendientes viven aún en la actualidad, mientras otros iniciaron un largo viaje hacia el Oeste hasta que finalmente llegaron al Viejo Mundo. Los Enanos del Caos mataron a muchos Orcos Negros y el experimento nunca volvió a repetirse, pero dejaron algunas tribus en libertad para que merodearan por las montañas de modo que siempre pudieran reclutarlos como soldados para sus ejércitos, si era preciso.

Los HobgoblinsEditar

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Durante el momento álgido de la mayor y más salvaje de las rebeliones de los Orcos Negros, los Enanos del Caos casi fueron derrotados. Ampliamente superados en número por sus antiguos esclavos, estaban siendo empujados hacia las partes superiores de la ciudad, luchando por cada nivel, acercándose cada vez más al Templo de Hashut. Al final, la ciudad se salvó por la traición de los Hobgoblins, quienes, habiéndose rebelado junto a los Orcos Negros, cambiaron de bando una vez más y atacaron a los Orcos rebeldes. Al hacerlo, los Hobgoblins se ganaron la enemistad de las demás razas goblinoides que desde ese día los odian profundamente.

Los Hobgoblins disfrutan del favor de los Enanos del Caos y se preocupan poco de lo que las demás criaturas goblinoides puedan pensar de ellos. A diferencia de los demás esclavos de los Enanos del Caos, no se les hace trabajar en los pozos o en los talleres, sino que son empleados como guerreros. Son una raza escurridiza, maligna, tan deshonesta y cobarde al servicio de los Enanos del Caos como lo fue cuando luchaba junto con los Orcos Negros. Las demás razas goblinoides les desprecian y los aniquilarían si no fuera por la protección de que disfrutan entre los Enanos del Caos.

Los Hobgoblins tienen una apariencia inconfundible. Se parecen mucho a los Goblins, pero son más altos; a pesar de ello, no son tan fornidos como los Orcos. De hecho, su apariencia general es delgada y furtiva, con grandes ojos y bocas burlonas llenas de puntiagudos dientes. Montan en Lobos Gigantes y suelen usar arcos para disparar contra el enemigo a distancia. Los Enanos del Caos utilizan mucho a los Hobgoblins en sus ejércitos, pero no confían realmente en ellos. Los Enanos del Caos saben que los Hobgoblins son odiados por las demás razas goblinoides, y que necesitan de la protección de los Enanos del Caos para sobrevivir.

Las Forjas del InfiernoEditar

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Los Enanos del Caos son maestros artesanos, y sus armerías producen un flujo sin fin de armas y armaduras, oscuros dispositivos y maquinaria de ingeniería demoníaca. A mayor cantidad de equipo de guerra, menos productos de su artificio; espadas y acero cuya calidad todavía compite con las de manufacturación humana son llevadas a venderse en el norte con las belicosas tribus tocadas por el Caos y en el este en los Reinos Ogros a cambio de esclavos, de los cuales los Enanos del Caos ofrecen una demanda sin fin, extraños metales y gemas, y ahogar cualquier extraño deseo que los experimentos de los Profetas Hechiceros pudieran precisar.

Debido a este tipo de comercio la sangre es derramada por todo el mundo con sus armas, y al hacerlo los Enanos del Caos se enriquecen y siembran la destrucción en nombre de Hashut, y por otra parte propagan su insidiosa influencia más lejos y reúnen información sobre sus enemigos para que así sus sueños de dominación estén más cerca de convertirse en realidad, gota tras gota de sangre derramada.

De todas formas guardan para sí mismos los mejores trabajos de sus forjas infernales y las semillas de la oscura inteligencia de los hechiceros, y estos maléficos ingenios, crueles armas y brutal hechicería son los cimientos sobre los que está fundado el poder de los Enanos del Caos. Los guerreros Enanos del Caos se equipan a sí mismos hasta el más alto nivel y cada Señor Hechicero otorga las armas y el equipo a sus soldados con su propio diseño y su propia y distintiva librea. La mayoría de los guerreros están armados con hachas de gran artesanía, viciosas espadas cortas o alabardas de guerra, y protegidos por pesadas fajas laminadas de hierro o bronce forjadas con runas, altos cascos y pesados escudos forrados de metal. La vestimenta más poderosa, llamada armadura negra, es forjada con sangre en los fuegos del infierno y resulta más fuerte que el mero acero y fenomenalmente resistente a los efectos del fuego y del calor. Un número significativo de tropas están equipadas con armas de fuego, desde intrincadas Pistolas de Repetición a pesados mosquetones de repetición con alabarda incorporada.

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Imagen Enanos del Caos 3ª Edición de John Blanche

Pero el disparo de los trabucos (una poderosa arma de corto alcance cuya feroz potencia es amplificada cuando se usa en formación de pelotón de fusilamiento) es la más común e icónica. Esta última arma fue desarrollada para combatir en las distancias cortas a las hordas de Orcos y Goblins que abundan en las tierras colindantes a los dominios de los Enanos del Caos y se ha convertido en el terror de los pieles verdes en la batalla, al ser capaz de llenar de agujeros sus poderosas cargas y causar masacres sobre aulladores Goblins en un único y atronador cañonazo de sus filas de guerreros.

Mediante sus máquinas de guerra los Enanos del Caos se han convertido en los seres más infames y temidos en el campo de batalla. Sin las restricciones habituales del tradicionalismo y la resistencia al cambio de los Enanos, han combinado su intelecto y sofisticado conocimiento sobre el poder de las máquinas de vapor con el demoníaco saber de Hashut para producir una serie de armas de pesadilla. Estas van desde cañones que expulsan chorros de magma a segadoras impulsadas a vapor, pasando por morteros destructores de fortalezas y colosales máquinas de asedio con motores de brillantes brasas. Las más terribles de esas máquinas están poseídas por hambrientos demonios desde su fabricación, garantizándoles a la vez una sacrílega semblanza de vida y una capacidad de matar sin igual. El poder y la sed de sangre de estos artefactos forjados en el infierno son innegables, y son peligrosos incluso para sus amos en el caso de que su unión arcana se rompiera.

Como resultado de su falta de fiabilidad y de la dificultad de su construcción, las máquinas de guerra poseídas son usadas y exhibidas menos frecuentemente que los más convencionales (aunque no menos mortíferos) diseños del arsenal de los Enanos del Caos. Tales armas suelen ser "probadas" en batalla con un pacto de alianza con los Guerreros del Caos del norte, durante tanto tiempo como sirva a los propósitos de los Dhrath-Zharr, y no es inusual ver pequeños contingentes de las temidas máquinas de guerra de los Enanos del Caos en medio de las filas de las bandas guerreras y las hordas de los Desiertos del Caos, prestándoles su inmenso poder destructivo.

ReligiónEditar

Hace mucho tiempo que los Enanos del Caos renegaron del culto a los Dioses Ancestrales y empezaron a adorar a un Dios del Caos conocido como Hashut, el Padre de la Oscuridad. La razón de que los Enanos empezaran a adorar a Hashut fue la desesperación. Cuando cayeron los Portales de los Ancestrales en los polos, se produjo la intrusión de cientos de entidades demoníacas a través de las grietas resultantes. Los Enanos de Zorn Uzkul se encontraban al borde de la aniquilación y sintiéndose abandonados por sus Ancestros, elevaron plegarias a cualquier entidad que pudiese rescatarlos. Sus plegarias fueron escuchadas por Hashut, quien rescató a los Enanos a cambio de su devoción absoluta. Desesperados, los Enanos aceptaron, sellando así su condenación eterna y tranformandose en los Enanos del Caos.

Desde entonces, los Enanos nunca han dejado de adorar a Hashut, y en los templos de Zharr-Naggrund los Enanos del Caos sacrifican cientos de esclavos a diario para alabar al Padre de la Oscuridad y obtener su favor y bendiciones.

La MagiaEditar

Brujo enano del caos.jpg

La raza de los Enanos posee una resistencia inherente muy fuerte a la magia y esto hace que les sea casi imposible seguir los senderos de la hechicería. Por ello, no hay magos ni hechiceros entre los Enanos y el único medio que tienen para manipular los Vientos de la Magia es la Magia Rúnica. Los Enanos del Caos han llegado a superar esta carencia, pero a un alto precio...

Para sobrevivir al advenimiento del Caos, los Enanos del Caos recurrieron al malvado dios toro Hashut, quien les dio sus bendiciones, y por primera vez surgieron magos entre su raza. Los hechiceros Enanos del Caos gobiernan ahora a su gente con autoridad absoluta, ya que no sólo son poderosos magos, sino que también son los sacerdotes de Hashut. Son seres extraños y atormentados, muy hábiles en la fusión de la magia con la ingeniería, pero malditos.

Los Enanos nunca debieron usar la magia del Caos, y el precio que pagan es la Maldición de la Piedra. Todo hechicero Enano del Caos se transformará inevitablemente algún día, poco a poco, en una estatua inmóvil de piedra. El cambio comienza por sus pies, que se vuelven grises e inútiles, antes de progresar por el resto de su cuerpo. Muchos de ellos usan su ingeniería hechicera para construir nuevos cuerpos movidos por vapor para que les sirvan un tiempo, pero también estos llegan a sucumbir a la maldición. Sus formas inmóviles llenan ahora el camino que conduce al centro de su poderoso imperio, la torre de Zharr-Naggrund, la Ciudad del Fuego y la Desolación.

UnidadesEditar

Los ejércitos de Enanos del Caos están compuestos por:

EstandartesEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Enanos del Caos (4ª Edición).
  • Tamurkhan: Throne of Chaos.
  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de Corrupción (2ª Edición).

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