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Mapa comercio Tilea.jpg

Desde épocas muy antiguas, los tileanos recorrían de un extremo a otro el Mar de Tilea en primitivos botes de pieles. Después de entrar en contacto con los Elfos, desarrollaron rápidas galeras propulsadas por remos, y se convirtieron en marinos avezados. Antes de las Cruzadas contra Arabia, el Mar de Tilea estaba plagado de corsarios y piratas, pero después los tileanos lograron ventaja y expulsaron a estos forajidos. Desde entonces, los marineros tileanos pudieron aventurarse más lejos.

Después de la derrota del Sultán Jaffar por los cruzados del Viejo Mundo, los mercaderes tileanos lograron acceso a los puertos de Arabia, que a su vez abrieron rutas hacia el Oeste y el Sur. Hoy en día, pueden verse naves tileanas en todos los puertos del Viejo Mundo, transportando exóticas mercancías procedentes de Arabia y las tierras de más allá.

Encuentros con los ElfosEditar

Los Altos Elfos nunca abandonaron por completo los mares que bañan el Viejo Mundo, aunque dejaran sus antiguas colonias. Cuando las tribus tileanas se convirtieron en Estados con sus propias ciudades, los Elfos estuvieron dispuestos a reanudar el contacto. Al mismo tiempo, hacia el Este, el comercio de Tilea con los Enanos estaba floreciendo. La mayor parte de este comercio se efectuaba por tierra.

La principal preocupación de los mercaderes tileanos siempre ha sido expandir sus negocios, o, por decirlo más claro, ganar dinero. La mayoría de los mercaderes de éxito no sólo intentaron asegurar las viejas rutas de comercio, sino que también se interesaron por abrir nuevas rutas. Las rutas de comercio más antiguas eran la ruta marítima hacia Ulthuan, la ruta terrestre a través de las montañas hasta los Reinos Enanos, la extensión de esta ruta a través de más montañas hasta el Imperio, y la ruta a través del Mar de Tilea hasta Tobaro.

Fueron los marineros élficos los que reabrieron la vieja ruta comercial hasta sus antiguas colonias en el Viejo Mundo, muchos siglos después de que las abandonaran. Allí encontraron a los tileanos, que se habían establecido entre las ruinas, reutilizando la masonería élfica para construir sus propias ciudades. Los Elfos se dieron cuenta de que los tileanos era una gente predispuesta al comercio, deseosos de intercambiar todo tipo de cosas por los exóticos lujos de Ulthuan. En cuanto a los Elfos, estaban interesados en adquirir los antiguos artefactos y esculturas que los tileanos encontraban entre las antiguas ruinas élficas. Sin duda, fueron estos primeros contactos los que estimularon el gusto de los tileanos por el arte y el beneficio.

La Vieja Carretera de los EnanosEditar

También llegaron a Tilea comerciantes Enanos procedentes del Este a través de las carreteras de las montañas. Estaban deseosos de saber qué había quedado después de que los Elfos se hubieran marchado. Sin duda, los aventureros Enanos ya habían saqueado las ruinas élficas aún antes de que los tileanos las repoblaran. Los Enanos volvieron de nuevo y se encontraron con que las ciudades volvían a estar habitadas, esta vez por humanos. Había montones de cosas que los tileanos estaban dispuestos a comprarles a los comerciantes Enanos a cambio de gemas y metales exóticos obtenidos de los Elfos: hierro, cobre, oro, plata y conocimientos sobre metalurgia y construcción de edificios. Parece bastante probable que los astutos tileanos persuadieron a los Enanos para que les mostraran cómo construir murallas realmente poderosas para sus ciudades. De hecho, uno de los chistes de Tilea es que cuando los tileanos combinan la arquitectura Élfica con los cimientos Enanos... ¡tienes una torre inclinada!

Los Enanos estaban ansiosos por adquirir bienes de los Altos Elfos que estos con toda seguridad no les proporcionarían, ni por todo el oro de las Montañas del Fin del Mundo. Igualmente, los Elfos deseaban los metales y gemas de los Enanos, pero estos no comerciaban con ellos debido a los agravios que tenían pendientes con ellos. Los tileanos comerciaron sin ningún problema con ambos y se enriquecieron.

Comercio con el NorteEditar

Los objetos obtenidos en el comercio con los Elfos y los Enanos podían ser intercambiados en Bretonia y el Imperio por todo tipo de cosas, desde oro hasta pieles del lejano Norte, y también, por supuesto, ¡caballos de guerra! Puesto que los Bretonianos odiaban desprenderse de ningún ejemplar de su excelente raza, y ya que de todas maneras el Rey lo había prohibido, los tileanos siempre han obtenido la mayoría de sus caballos del Imperio.

El comercio con el Imperio aumentó, mientras que el comercio con Bretonia nunca fue tan lucrativo. Esto se debió en parte al oculto reino de Athel Loren, que se hallaba en el camino, y a los comerciantes no les gustaba adentrarse en el bosque. Bordearlo, a través de los Montes Irrana, era igualmente peligroso. Además, había un estado de hostilidad latente entre Miragliano y los Duques y Barones bretonianos al otro lado de las montañas. El comercio marítimo era mucho mejor, pero el riesgo de encontrarse con corsarios de Arabia, Norsca, Elfos Oscuros y piratas era bastante elevado.

La Ruta hacia el NorteEditar

Aunque Las Cuevas son unas montañas más altas que los Montes Irrana y son más peligrosas, especialmente en invierno, existe una carretera Enana poco frecuentada que evita los picos más elevados y acorta camino pasando a través del denominado "Paso del Diente Invernal". Este paso comunica Tilea con el Reino Enano, y conduce hasta el Imperio, o bien por los túneles Enanos bajo las montañas, o bien a través del Paso del Fuego Negro. Los mercenarios recorren esta carretera desde el Norte para llegar a Tilea, donde sin duda podrán encontrar algún trabajo lucrativo. Los convoyes de mercaderes utilizan la misma ruta, generalmente atravesando el Reino Enano para ahorrar tiempo. Los Enanos no siempre están dispuestos a permitir que los comerciantes humanos circulen libremente por sus carreteras y exigen el pago de un fuerte peaje. Sin embargo, la única alternativa es arriesgarse a seguir la ruta de la carretera Enana que rodea los Reinos Fronterizos, y entrar en el Imperio por el Paso del Fuego Negro.

Fue este frecuente intercambio comercial entre el Imperio y las ciudades de Tilea el que favoreció que los Condes Electores imperiales reclutaran mercenarios para las guerras civiles que periódicamente sacudían el Imperio antes de Magnus el Piadoso. De hecho, durante la Era de los Tres Emperadores había numerosos tileanos sirviendo como mercenarios en bandos opuestos.

Cuando alguno de los pretendientes al trono se convertía en Emperador, generalmente consideraba que lo más prudente era no sólo continuar utilizando los mercenarios tileanos, sino también contratar a los de los aspirantes derrotados, para privar a sus rivales de sus servicios. Por tanto, ya es tradicional que los Emperadores alquilen tropas tileanas. Los más solicitados son los Ballesteros, pues originalmente el Imperio tan sólo disponía de Arqueros, reclutados entre los hombres del bosque o incluso en Kislev. Incluso con la existencia de las armas de fuego, una ballesta en manos de un hábil tirador tileano no tiene rival tanto en alcance como en puntería.

Norsca y el lejano NorteEditar

Los drakkars cargados de peludos bárbaros del Norte empezaron a aparecer en el Mar de Tilea aproximadamente en el año 800. Desde entonces las costas de Tilea fueron saqueadas en numerosas ocasiones, al igual que las de Arabia y Estalia. En varias ocasiones, los grupos de incursores fueron rodeados y aislados de sus naves por los tileanos, que reconocieron en los Norses a unos magníficos guerreros, y les ofrecieron empleo como mercenarios.

Pronto se creó un floreciente comercio en el que pieles, ámbar y muchas cosas más llegaban desde el Norte para ser intercambiadas por oro y vino tileanos, e incluso objetos de manufactura élfica o enana, conseguidos por los tileanos. Las armas rúnicas de los Enanos eran lo que más codiciaban los Jarls Nórdicos, hasta tal punto que una única espada rúnica era pago suficiente para alquilar los servicios del Jarl y todos sus guerreros. A través de los contactos con los Norses, que se incrementaron muchísimo después del establecimiento de estos en Sartosa, los mercaderes tileanos tuvieron conocimiento de los viajes de exploración de los Norses, como por ejemplo las expediciones de Erik el Perdido y su hijo, Losteriksson, hasta Lustria y otras tierras lejanas. Los mapas norses, escritos con runas sobre pieles de foca o morsa, fueron generosamente comprados por los mercaderes tileanos por fuertes sumas de oro. De esta forma, los tileanos reunieron más información sobre la verdadera geografía del mundo conocido que cualquier otra raza, a excepción de los Altos Elfos de Ulthuan.

Los Elfos jamás habrían enseñado estos secretos a otras razas, pues deseaban guardarlos sólo para ellos. Tampoco los Enanos estaban dispuestos a revelar la mayoría de sus conocimientos, ¡por temor a que otros pudieran saquear los tesoros antes que ellos! Sin embargo, los Norses no sólo estaban dispuestos a contar sus heroicos viajes de exploración, sino que además los exageraban, elaborando historias que contenían una mezcla de detalles importantes y rumores de dudosa veracidad que se multiplicaban proporcionalmente a la cantidad de cerveza vertida en sus jarras en las tabernas de Tilea.

Arabia y las tierras del SurEditar

La vasta tierra desértica de Arabia se encuentra separada de Tilea y Estalia por un brazo de mar. En Arabia existen varias ciudades habitadas, algunas en la costa y otras en el interior, y muchas ruinas deshabitadas originarias de las legendarias Guerras de la Muerte, en las que las hordas de los No Muertos de Arkhan el Negro llegaron desde el Este y devastaron la antigua civilización de Arabia. Fueron necesarios muchos siglos para que la civilización volviera a florecer. Durante todo ese tiempo la cultura de Arabia fue mantenida viva por las tribus nómadas que recorrían los desiertos más remotos e inhóspitos, imposibles de destruir y demasiado resistentes para morir. Durante generaciones, estas tribus repoblaron gradualmente las viejas ciudades y establecieron nuevas dinastías para gobernarlas.

En 1240, las ciudades de la costa de Arabia eran prósperas y florecientes. Los corsarios de Arabia, navegando en sus bajeles de guerra, saqueaban las costas de Tilea y Estalia. Para neutralizar esta amenaza, los Tileanos alquilaron los servicios de más guerreros Norses y sus drakkars. Esto obligó a los corsarios a reunir una gran flota y atacar la fortaleza Norse de Sartosa, que fue capturada tras una gran masacre. Los Norses lucharon hasta la muerte, pero los Corsarios, que eran muy numerosos y astutos, consiguieron imponerse.

A partir de ese momento las incursiones de los corsarios contra las costas de Tilea fueron mucho peores. A los tileanos les resultó mucho más difícil atraparlos que a los Norses, y además estaban mucho más decididos a no dejar de efectuar sus incursiones para convertirse en mercenarios. La causa principal de ello es que los líderes de los Corsarios estaban obligados por juramentos tribales a sus Emires y Jeques, y por tanto no podían ser tentados para que cambiaran sus fidelidades por un puñado de oro.

La situación empeoró aún más con el estable cimiento del Sultanato de Arabia. Aproximadamente en 1435, un oscuro hechicero árabe conocido como Jaffar reunió a las tribus nómadas utilizando su poder carismático y su habilidad para invocar a los Djinns del desierto. Entonces surgió del desierto y se autoproclamó Sultán de toda Arabia. Tanto si estaba inspirado por visiones, como por engaños, ambición, genios, avaricia o los malignos consejos de los Skavens, el Sultán decidió invadir Estalia.

Al frente de una enorme horda, desembarcó en Estalia y capturó Magritta. Poco después Tobaro fue asediada por las fuerzas del Sultán. Esto desencadenó las Cruzadas contra Arabia, en las que miles de caballeros procedentes de Bretonia y el Imperio respondieron al velado llamamiento de ayuda efectuado por los orgullosos y apurados estalianos. Numerosos mercenarios de Tilea se unieron a la Cruzada, levantando el sitio a Tobaro y colaborando en la reconquista de Magritta.

Después de rechazar al Sultán hasta Arabia, y derrotarlo finalmente en Al Haikk, los tileanos se concentraron en limpiar el Mar de Tilea de Corsarios. En 1501, Sartosa fue finalmente tomada a los corsarios por un ejército mercenario dirigido por Luciano Catena. Para entonces había diversos contingentes árabes sirviendo a los Príncipes Mercaderes como mercenarios. La caída del Sultán les había liberado de sus juramentos de lealtad hacia él, y además Jaffar había sido condenado por su relación con los Djinns malignos.

La marcha de las fuerzas de la Cruzada hacia Arabia y el respiro temporal conseguido al neutralizar la amenaza de los Corsarios abrieron las puertas de Arabia a los mercaderes del Viejo Mundo. Los mercaderes tileanos llegaron rápidamente a lucrativos tratos con los Emires de las ciudades costeras y los Jeques del interior. Tras haber sido saqueadas la mayor parte de las riquezas de Arabia por los caballeros cruzados, y la gran mayoría de bajeles hundidos o incendiados, los mercaderes de Arabia estaban más que dispuestos a comerciar.

No pasó mucho tiempo antes de que los mercaderes tileanos más aventureros empezaran a inspeccionar las mercancías de los zocos y Kashbas de Arabia. Allí comerciaron con los nómadas del desierto y escucharon historias de las misteriosas junglas de las Tierras del Sur. Por los marineros locales supieron de la fortaleza que los Altos Elfos tenían en el lejano Sur, y de cómo los Altos Elfos impedían que nadie navegara hacia el Este o el Oeste.

Evidentemente, compraron mapas a la más mínima oportunidad, así como extraños aparatos astronómicos y de navegación construidos por los hechiceros árabes. Los mercaderes tileanos dominaron rápidamente el arte del regateo, ¡por lo que muchos de estos aparatos los compraron por un precio realmente bajo! El puerto de las especias de Copher tiene ahora un barrio tileano, que está separado de la ciudad por una muralla. También hay pequeños enclaves de comerciantes de otros reinos, como "la Calle de los Cien Enanos", que es muy conocida por sus bazares de herreros, armeros y posticeros. Son los mercaderes de Tilea los que efectúan el mayor volumen de comercio del Viejo Mundo con Arabia.

Aunque se producen frecuentes guerras entre Jeques rivales en el interior de Arabia, los tileanos intentan evitar implicarse con la política local. Sin embargo, en algunas ocasiones los tileanos han financiado ejércitos mercenarios en las guerras contra los No Muertos que llegan desde el Este.

A veces, los líderes árabes han alquilado mercenarios para explorar las diversas necrópolis y ciudades en ruinas. Estos han saqueado las tumbas para evitar que los muertos puedan ser animados, y han quemado los malignos pergaminos que han encontrado en ellas. Todo el oro y los tesoros que encuentran en estas tumbas es distribuido entre los mercenarios como botín. No es tan sólo el oro lo que motiva estas expediciones de saqueo. Los mercaderes tileanos de ciudades como Remas y Verezzo han llegado a pagar sumas desmesuradas por exóticas esfinges de piedra y otras estatuas esculpidas por los antiguos habitantes de Nehekhara, para adornar sus villas y plazas. A veces los muertos se despiertan al ser cometidas estas atrocidades, para vengarse de los saqueadores de tumbas. En una ocasión, centenares de guerreros esqueletos surgieron de repente de sus urnas de cerámica para proteger la momia de su antiguo señor. Los nómadas huyeron aterrorizados, abandonando al resto del ejército mercenario, que tuvo que abrirse camino luchando desde la necrópolis hasta el mar. ¡Ni siquiera los tileanos son capaces de comerciar con los Reyes Funerarios!

Las naves tileanasEditar

Los mercaderes tileanos no habrían conseguido comerciar con lugares distantes si no hubiese sido por sus naves muy marineras. Durante mucho tiempo los tileanos utilizaron galeras propulsadas por velas y remos. Las galeras son ideales para las tranquilas aguas del Mar de Tilea, por lo que las ciudades tileanas, especialmente Remas, disponían de grandes flotas de galeras de guerra para luchar contra las naves de los incursores Norses, y los Corsarios de Arabia. La experiencia surgida de las constantes guerras navales, combinada con la genial inventiva de los tileanos, permitieron construir galeras cada vez más grandes y mejores a medida que pasaban los siglos, hasta que finalmente los tileanos consiguieron construir galeras capaces de aventurarse más allá del Mar de Tilea, y hacia las frías aguas del Norte.

Fue más o menos entonces cuando los mercenarios tileanos empezaron a ser contratados en grandes cantidades para luchar en las guerras civiles del Imperio, y Marienburgo llegó incluso a contratar una flotilla de galeras de guerra de Remas. Poco después la ciudad estaba construyendo sus propias galeras, haciéndolas aún más pesadas para utilizarlas en el Mar de las Garras. Siglos después, cuando los Tileanos empezaron a montar cañones en sus galeras, optaron por modelos mucho más ligeros que los utilizados en el Imperio, pero para entonces las tripulaciones tileanas incluían gran cantidad de ballesteros expertos, y por tanto no necesitaban una potencia de fuego tan grande.

Las naves mercantes tileanas, al contrario que las galeras de guerra, son simples naves de vela, mucho más adecuadas para capear las tormentas oceánicas. Estas naves son similares a las utilizadas en Bretonia y el Imperio, excepto porque son más ligeras y la disposición de los mástiles y las velas es más similar a la de los barcos de los Corsarios. Esto significa que son más rápidas y no dependen tanto de la dirección del viento, por lo que pueden aventurarse a efectuar largos viajes por océanos no demasiado conocidos, y llegar así más lejos en busca de nuevos mercados.

La aventura de LustriaEditar

Después de la incursión de los Elfos Oscuros contra Remas en 1487, hubo muchas especulaciones respecto a la procedencia de los atacantes. Los Altos Elfos acusaron a los Elfos Oscuros, pero no dieron ninguna explicación respecto al lugar de dónde provenían. Sin embargo, los mercaderes de Remas estaban ansiosos de vengarse y dispuestos a financiar expediciones de exploración hacia el Oeste.

Los mapas que se descubrieron en Arabia después de las cruzadas revelaron muy poco de lo que había al otro lado del océano occidental, sólo las tierras y las costas de las Tierras del Sur. Entonces, en 1491 Marco Colombo, un mercader de Remas, le compró un mapa a un marinero Norse. Sobre él estaba dibujada la costa de Lustria, revelando que había un continente occidental más allá de Ulthuan, e incluía la localización aproximada de los asentamientos Norses establecidos siglos antes por Losteriksson. También había otros detalles interesantes en el mapa, como marcas que indicaban cuántos días de navegación duraba el viaje, y runas para marcar los vientos predominantes y diversos peligros que podían encontrarse.

Marco finalmente logró persuadir a Orlando, un Príncipe exiliado de Trantio que estaba al servicio de Remas, para que le permitiera utilizar tres de las naves más modernas y una tripulación de mercenarios. Por desgracia, ¡la tripulación resultó ser de mercenarios problemáticos de los que Orlando quería librarse!

En 1492 Marco partió en un largo viaje hacia Lustria, dirigiéndose al asentamiento Norse de Skeggi. Las naves de Marco, el Nino, el Bimbo y la Pintolaga, esquivaron milagrosamente cualquier encuentro con las naves de los Altos Elfos, que con toda seguridad hubieran intentado detener a la expedición para conservar su propio monopolio comercial. La expedición llegó finalmente sana y salva a la costa de Lustria, pero muy al Sur de Skeggi, en la cercanías de la ciudad de los Hombres Lagarto de Tlax. Marco ya conocía algunas cosas de los Hombres Lagarto gracias a las preguntas que les había efectuado a algunos Norses y marineros de Arabia, y había traído consigo prisioneros Skavens como regalo para su dios serpiente, quien aparentemente tenía un apetito insaciable por los sacrificios de tales víctimas. Esto fue muy bien recibido por el Slann local, ¡quien incluso accedió a reclutar a Marco y a sus mercenarios para que protegieran su dominio de los incursores marinos!

Después de servir como mercenario durante un tiempo y ser largamente recompensado, Marco tuvo el privilegio de ver a los Hombres Lagarto destruir a los mismos incursores Elfos Oscuros que habían atacado Remas unos cuantos años antes. Poco después, los hombres de Marco, cada vez más inquietos, se amotinaron, partiendo con todo el tesoro. Sin embargo, carecían del tacto diplomático de Marco, y pronto fueron alcanzados y capturados por los Hombres Lagarto costa arriba, y el tesoro fue devuelto a Marco, que gozaba de la confianza de los Magos Sacerdote locales.

Para entonces Marco pensaba que era hora de regresar a Tilea, ¡antes de que todo el mundo pensara que había desaparecido para siempre! Partió con un solo barco, y nuevamente se deslizó entre las naves de los Altos Elfos y llegó a Tilea. Mientras tanto, Orlando, el patrón de Marco, ya no estaba al servicio de Remas, sino que recientemente había sido reclutado por la República de Trantio. Por desgracia, la república no había hecho honor a su acuerdo con él debido a antiguas vendettas contra su familia, y su ejército mercenario estaba acampado en las afueras de la ciudad, impagado y hambriento. Y lo que era aún peor, ¡Orlando había sido mortalmente herido por la daga de un asesino! Orlando estaba encantado de que Marco llegase cargado con un tesoro. Se le pagó al ejército, se le alimentó, se le rearmó y se reclutaron más mercenarios. Gracias a una poción que Marco trajo de Lustria, Orlando vivió lo suficiente como para ver a su ejército derrotar a las fuerzas que sus rivales habían reclutado para librarse de él. Marco tomó el mando con la recomendación de Orlando y capturó la ciudad de Trantio. La junta gobernante fue derrocada, para gran satisfacción de los ciudadanos.

Marco utilizó el resto de su riqueza para establecer la influencia de la familia Colombo en Remas y la familia Orlando en Trantio. Juntas monopolizaron el comercio con Lustria. Financió una expedición de cinco naves que finalmente llegaron a Skeggi al tercer intento. De este modo se abrió una fiable, aunque intermitente, ruta comercial desde Lustria hasta Tilea, con la ayuda de marineros Norses mercenarios, que eran expertos en esquivar a las naves de los Altos Elfos.

Marco se casó con la hija de Orlando, y su única heredera, que había permanecido prisionera de las otras familias en una alta torre famosa por su excepcionalmente peligroso ángulo de inclinación. Después de vengarse de los viejos enemigos de Orlando, Marco se hallaba en situación de reinstaurar el Principado de Trantio, con él mismo como Príncipe.

La Ruta de la SedaEditar

La Vieja Carretera Enana que lleva desde Tilea hasta las Montañas del Fin del Mundo y las antiguas fortalezas Enanas era conocida desde antaño por los mercaderes Tileanos. Habitualmente eran los comerciantes Enanos los que utilizaban esta carretera para llegar hasta las ciudades de Tilea y la costa, donde podían intercambiar sus metales y gemas por oro élfico, perlas, maderas exóticas y otros lujos traídos en naves desde Ulthuan. Por supuesto, algunos emprendedores mercaderes tileanos siguieron la carretera de vuelta a los reinos Enanos, donde intentaron que los Enanos se interesaran por cosas tales como el vino, el perfume y el jabón, ¡sin mucho éxito!

Con respecto a lo que había al Este de los reinos Enanos, poco se sabía. Los Enanos simplemente se atusaban la barba, meneaban la cabeza y aconsejaban a los tileanos que no fueran allí. Decían que más allá de las montañas sólo había una desolación árida poblada por Goblins y malos Enanos. Aquellos que se adentraban nada más un par de días en aquel territorio descubrían que todo era cierto.

Un día, los hermanos Ricco y Robbio, mercaderes tileanos en Karaz-a-Karak, compraron un deshilachado pero excepcionalmente delicado estandarte de seda a unos aventureros Enanos que habían estado en el Este. Dijeron que se lo habían capturado a una banda de Hobgoblins. El estandarte mostraba el símbolo de un Dragón, y los Enanos, nada interesados en guardar lo que creían era un estandarte élfico, estaban más que dispuestos a venderlo por oro.

El significado del estandarte no se le escapó a Ricco y Robbio. Si era un estandarte élfico capturado por los Hobgoblins, podía ser la respuesta a una pregunta que había estado preocupando las mentes de muchos mercaderes tileanos: ¿era posible llegar hasta Ulthuan hacia el Este por una ruta terrestre en vez de dirigirse hacia el Oeste por mar? Si algo así era posible, ¡significaría que Ulthuan era el extremo oriental del continente del Viejo Mundo! También implicaría que el mundo era redondo, y no plano como la gente creía. Los marineros élficos nunca habían revelado demasiado sobre Ulthuan. Los Norses parecían estar convencidos de que era una isla. Marco Colombo en sus escritos especulaba acerca de si se trataba de una isla o la península de un gran continente norteño unido a Lustria. El creía, como muchos otros, que sólo esta teoría podía explicar de dónde venían los Elfos Oscuros y por qué luchaban contra los Altos Elfos.

Ricco y Robbio sospechaban que si viajaban lo bastante lejos hacia el Este llegarían hasta Ulthuan, o quizás incluso hasta Lustria, o la costa más lejana del continente del Viejo Mundo que se hallaba frente a Ulthuan. Por desgracia, era probable que esta costa estuviera ocupada por los Elfos Oscuros, quienes de todos era sabido que eran unos indeseables socios comerciales. El excelente bordado del estandarte de seda y el detalle del símbolo del Dragón sugerían un origen élfico. ¿Quizás había sido perdido en combate con los Elfos Oscuros y capturado por los lacayos Hobgoblins a su servicio?

Ricco y Robbio recorrieron las fortalezas Enanas de las Montañas del Fin del Mundo en busca de más artefactos de artesanía élfica procedentes del Este. Reunieron un pequeño tesoro de objetos, incluidos pergaminos cubiertos de lo que parecía ser escritura élfica, armas y sedas que los comerciantes Enanos estaban encantados de vender por oro. Los dos hermanos regresaron a su ciudad natal de Verezzo e intentaron conseguir fondos para una expedición hacia el Este. Su intención era encontrar una ruta terrestre hasta Ulthuan, y posiblemente incluso hasta Lustria. Con esto se evitarían los peligros de un largo viaje por mar, y demostrarle a los Altos Elfos que puede que dominaran los mares, pero no la tierra. También le permitiría a Verezzo rivalizar con los mercaderes de Remas, que disfrutaban del monopolio del comercio marítimo en el Oeste en ese momento.

El Príncipe de Verezzo estaba muy entusiasmado, y todos los príncipes mercaderes de la ciudad siguieron su ejemplo. Comerciantes de Luccini, Miragliano y Pavona también contribuyeron en la empresa. Se decidió que, dada la peligrosa naturaleza del viaje, solamente un poderoso ejército tenía la capacidad de atravesar el continente. Por lo tanto, se organizó un gran ejército de mercenarios, dirigido por los mejores comandantes mercenarios de la época y acompañado por un gran contingente de civiles formado por comerciantes, artesanos y otros, acompañados por sus esposas y sus seguidores. El convoy de abastecimiento se extendía por varios kilómetros.

El objetivo de esta expedición era establecer un puesto de comercio tan lejos como fuera posible. Mientras la expedición atravesaba los Reinos Fronterizos, se vio reforzada por otras tropas en busca de aventuras. Cuando llegaron a los Reinos de los Enanos, varios contingentes de Enanos se unieron a la expedición, incluyendo numerosos Matatrolls ¡atraídos por la certeza de que la expedición estaba condenada al fracaso!

En 1699 C.I., la expedición, que estaba formada por miles de tileanos y varios cientos de mercenarios, dejó Karaz-a-Karak hacia el este, viajando por las Montañas del Fin del Mundo a la Carretera de los Cráneos y más allá. Pasaron muchos años antes de que nadie en Tilea oyera hablar de la suerte de la expedición o de lo que habían descubierto.

Fue en 1714 cuando una caravana de yaks llegó a Verezzo, cargados con fardos de seda. Con la carga de seda, llegó un mensaje de Robbio y Ricco explicando que ahora vivía en la parte más occidental ¡del imperio de Catai! Por supuesto, hasta entonces nadie en Tilea, ni en el Viejo Mundo, había oído nunca de Catai.

Ahora estaba claro de que no había una ruta oriental hacia Ulthuan o Lustria. El mundo era plano y mucho más grande de lo que nadie había imaginado. En lugar de Elfos, los Tileanos había conocido a un reino completamente desconocido. No solo eso: era una imperio ampliamente poblado, vastas dimensiones y de una riqueza inimaginable. Al parecer, a Ricco y a Robbio no se les permitió entrar en el imperio de Catai, pues, como les habían explicado amablemente los catayanos, ¡eran unos bárbaros peludos e incultos! Sin embargo, el Emperador Wu, el más grande de todos los emperadores de Catai, estaba intrigado por estos extranjeros. Estaba encantado con la devolución del estandarte de la Guardia del Palacio y se declaró honrado ¡por la sumisión y los tributos de toda la tierra de Tilea!

Esto causó gran regocijo en Verezzo donde se supuso que la astucia de Ricco y Robbio había apelado a la vanidad de este potentado oriental ¡con el fin de evitar ser sumariamente decapitados! El mensaje terminaba diciendo que el Emperador se comprometió a contratar toda la expedición después de haber quedado impresionado durante un simulacro de batalla donde los mercenarios lograron mantener a raya a una pequeña parte del ejército de Catai. Los tileanos que viajaron con los yaks explicaron que la batalla no había sido un "simulacro" y el ejército, aunque pequeño para los estándares catayanos, era de hecho mucho más numeroso, ¡superando en tres a uno a los tileanos!

Desde entonces, un distrito comercial ha florecido en Shang-Yang, la más occidental de las ciudades amuralladas de Catai en la "Ruta de la Seda". Este es el nombre con el se conoce actualmente el camino abierto por Ricco y Robbio hacia Catai. Las caravanas comerciales rara vez recorren esta ruta, y solo unos pocos llegan a su destino a causa de los terribles peligros del viaje y la amenaza de Hobgobla Khan y su numerosa horda. Se dice que, cuando todas las tribus leales a él se disponen para la batalla, se extiende por todo el horizonte.

Los mercenarios residentes en Shang-Yang se convirtieron en "invitados" del Emperador de Catai y valorados guerreros a su servicio. El Emperador emplea estas tropas para reforzar la defensa de su frontera occidental contra la furia de Hobgobla Khan. Obviamente, al hacer esto, los tileanos sirven a sus propios intereses por mantener abierta la Ruta de la Seda.

FuenteEditar

  • Libro de Ejército: Mercenarios (5ª Edición).

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