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Festus imagen 8ª

Dr. Anélido, Viejo Partehuesos, Apotecario Siniestro, el Fecundo.

Si un viajero desafortunado se apartara de los sinuosos caminos que llevan desde los bosques del norte a los Desiertos del Caos, podría recibir la visita de un desagradable individuo durante la oscuridad de la noche. Una criatura que murmura y camina arrastrando los pies acecha estas tierras, ataviado con una túnica apolillada y desgastada en la que lleva viales tintineantes que contienen brebajes inimaginables que utilizará sobre aquellos a los que atrape o embauca. Devoto de Nurgle, el Dios de la Plaga, este apotecario misterioso está muy, muy loco, aunque una vez tuvo el respeto de los médicos, alquimistas y científicos a lo largo y ancho del Viejo Mundo.

El Doctor Festus fue antaño un gran cirujano que fundó hospicios por toda la provincia de Nordland y era tan compasivo con su don como profesional en su trabajo. Especializado en bálsamos y ungüentos curativos, el buen doctor curaba a centenares de personas cada año. Con la ayuda de Festus, Nordland consiguió superar brotes de Fiebre Aullante, Peste Negra e incluso la paralizante Viruela Necrófaga.

Pero fue el inicio de la plaga de Fiebre Rechinadientes lo que marcó el inicio del fin de Festus. Aunque lo intentó con todas sus fuerzas, el doctor no pudo detener la expansión de esta nueva y altamente contagiosa enfermedad. Festus se encerró en su laboratorio trabajando incansablemente para crear un elixir curativo.

Pasó muchas noches sin dormir pero, a pesar de sus esfuerzos, no encontró la cura. Las víctimas de la plaga que había conseguido aislar en su laboratorio se iban muriendo y no podía hacer nada por evitarlo. Cuando la última de sus pruebas les hizo convulsionar hasta la muerte, Festus se arrodilló y gritó implorando ayuda. Entonces, uno a uno, los flojos cadáveres del laboratorio de Festus giraron la cabeza y le miraron. Con una voz que emanaba de resecas gargantas, prometieron darle a Festus no solo el conocimiento necesario para curar esta plaga, sino también la de todas las enfermedades del mundo, a cambio de una vida de servicio. Desesperado, Festus aceptó.

En un abrir y cerrar de ojos, la mente de Festus se llenó de todos los detalles de cada enfermedad, achaque y plaga conocida por el gran dios Nurgle. Esto hizo que se volviera loco, llevándose su compasión y dejando poco más que un profundo conocimiento de enfermedades y un deseo de experimentar. De este modo, Festus se convirtió en el Dr. Anélido de Nurgle y va a la guerra para poder profundizar aún más en sus asquerosos estudios. Aunque sus poderes curativos son más grandes que antes, pobre del que se cruce con el Doctor, ya que solo busca nuevos conejillos de indias en los que probar sus últimos brebajes y lograr formas de vida cada vez más repugnantes en el mundo. Es mejor morir en el campo de batalla que ser capturado vivo por Festus y ser utilizado en sus últimos experimentos oscuros.

Festus está compuesto principalmente de capas de grasa, inmensas mandíbulas y piel infectada. Sus víctimas indefensas se arrodillan ante él con la cabeza inclinada bruscamente hacia atrás, con su mandíbula ampliamente abierta y su garganta arañada por una mano huesuda. Cualquiera que sea la sustancia repugnante que Festus obliga a deslizarse por su cuello inclinado, acaba abrasando las entrañas del pobre hombre y estalla sobre sus muslos. Además de llevar puesto un delantal, Festus lleva a sus espaldas una cuba llena de carne, despojos y otras partes del cuerpo inimaginables de las que se formará con suerte un nurglete tuerto y baboso. Un tentáculo de Festus lleva agarrado un báculo recubierto de cráneos, hongos, pergaminos y una pluma.

El Fin de los Tiempos Editar

Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

Archaon Señor del Fin de los Tiempos

Festus fin de los tiempos nurgle
El Dr. Festus fue una vez un adinerado médico y cirujano, considerado como el mejor de los médicos de todo el Imperio. Tenía una cadena de albergues a través de Nordland, e incluso mantuvo un prestigioso apotecario en el propio Altdorf. A pesar de su éxito en el tratamiento de varias cepas virulentas de enfermedad durante su carrera, su fracaso en la conquista de la Fiebre Rechinadientes lo llevó al borde de la locura. Perdido y desesperado entre los cadáveres de los que no pudo salvar, el Abuelo Nurgle le ofreció un conocimiento enciclopédico de todas las formas de enfermedad - incluyendo la Fiebre Rechinadientes - Dr. Festus accedió con mucho gusto. No podía concebir el poder con el que negoció, ni el hecho de que el extraño don de su nuevo patrón le conduciría al precipicio de la locura. A partir de ese momento el apotecario era impulsado únicamente por un deseo obsesivo de experimentar, de llevar su conocimiento de contagio y sembrar sus frutos a través del Viejo Mundo y más allá. Si él y sus siempre sedientas sanguijuelas podían idear aflicciones aún más extrañas en el proceso, tanto mejor.

La extraña misión del Dr. Festus lo hizo avanzar más y más al norte en busca de extravagantes ingredientes. Los ejércitos salvajes de Norsca tomaron al Señor de las Sanguijuelas en sus filas con una complacencia que rayaba en la adoración, ya que el apotecario había sido rehecho de una forma más apropiada para su papel, y era evidente incluso para el más joven de los guerreros que la bendición de Nurgle estaba sobre él. Festus siempre tenía paciencia y estímulo suficiente para lograrlo; tanto si cazaba un basilisco legendario y molía sus huesos a polvo, hervía el corazón de una bestia de vórtice en una negra pasta viscosa, o reunía un ejército lo suficientemente grande como para matar a una docena de Engendros del Caos para que pudiera destilar su sangre en un elixir de lágrimas de ojos.

Las tribus que le siguieron eran vagamente conscientes de que el apotecario que viajaba con ellos estaba reuniendo los ingredientes para un gran ritual, pero no tenían idea de por qué, y tampoco les importaba. Estaban lo suficientemente contentos con que los venenos que Festus aplicaba en sus espadas podían matar hasta los trolls de hielo que atacaban sus asentamientos, y que sus pociones regenerativas podían traer de vuelta a un hombre cuando estaba al borde de la muerte. Sólo el propio Señor de las Sanguijuelas sabía la verdadera magnitud de la gran obra que subyacía en sus conquistas.

Una y otra vez marchó el Señor de las Sanguijuelas, con su actual objetivo oculto a todos, excepto al propio Nurgle. Para Hexenacht de 2520, Festus había asegurado la mayor parte de los ingredientes alucinógenos - la raíz de la mandrágora de cristal, robada en el transcurso de una pesadilla caleidoscópica por el atrapado en sueños geomante Eregrest a cambio de unos cuantos días más de vida. Durante un choque entre los ejércitos demoníacos menos de un año después, el Señor de las Sanguijuelas infectó a una de las propias doncellas de Slaanesh con una viruela desfiguradora, y sólo le dio la cura una vez que le hubo pasado los aceites perfumados que había tomado del tocador de su amo. Fingiendo una gran habilidad en la odontología, Festus convenció a la Gran Inmundicia Ghu'bu'hurgh que todos sus problemas se debían a los incisivos podridos, y extrajo personalmente una docena de dientes de las fauces del demonio. Más tarde, enmascarando su olor por completo, Festus se infiltró en la guarida del Glotón Sangriento y extrajo un trío de cráneos de bronce del pilar metálico donde hacía sus ofertas a Khorne. Con estos iconos del triunfo de Nurgle, Festus estaba más cerca que nunca de su objetivo.

Festus esperaba nada menos que abrir una brecha en la realidad, un portal tan grande que la esencia del Jardín de Nurgle pudiera derramarse en el reino de los mortales. Era un plan de tal asombrosa ambición que incluso Festus dudaba en secreto poder llevarlo a cabo, pero si iba a ganar el favor de su amo, sabía que tenía que intentarlo. Por suerte, había otro de los sirvientes de Nurgle que quería que este plan tuviera éxito. A veces los caprichos del destino se torcían a favor del doctor, y otros podía haber jurado que una fuerza invisible estaba actuando para facilitar sus tareas. Pasarían años hasta que descubriera la verdad.

Usando las alcantarillas de la ciudad para ocultar su presencia, Festus regresó a su apotecario subterráneo en Altdorf durante el verano de 2525. Cada uno de sus ingredientes cuidadosamente reunidos fue escondido de forma segura en la gran cesta que llevaba sobre su espalda. Entonces el gran trabajo comenzó en serio. Los alambiques burbujearon y los viales de vapor rieron, decantando los ingredientes que necesitaba para traer el Jardín de Nurgle al reino material, difundiendo la vida desenfrenada y asegurando su favor a los ojos de su amo para siempre.

Sólo cuando Ku'gath, el Padre de la Plaga reveló su participación en la búsqueda de Festus, se dio cuenta el Señor de las Sanguijuelas que el mismo Nurgle estaba observando. Durante días los dos apotecarios perfeccionaron el Séptimo Ingrediente, con Festus por las noches acechando por las calles de Altdorf, sembrando las semillas del Caos que estaban a punto de dar sus frutos. Efectivamente, en Geheimnisnacht de 2525, Festus y Ku'gath abrieron la puerta del jardín de su maestro, y trajeron la irrealidad.

El mundo de los hombres estuvo al borde de la derrota, con su ruina traída a la existencia no por el capricho de reyes o príncipes demonio, sino por el trabajo de los devotos artesanos. Fue un acto de tal alcance, de tal imponente magnitud, que Nurgle recompensó a Festus con la inmortalidad que deseaba. Se convirtió en un nuevo ser hinchado con el poder de su amo. Había desaparecido el atormentado matasanos, el apotecario que se arrastraba alrededor de bóvedas húmedas y había convertido su negocio en evitar la muerte - aquí era el jardinero de Nurgle, para quien llevar la obscena vida al mundo exterior era tan fácil como tomar aliento.

ORIGINAL:

Dr Festus was once a well-heeled physician and chirurgeon,thought of as the finest of medics across the Empire. He had a string of hostels across Nordland, and even maintained a prestigious apothecarion in Altdorf itself. Despite his success in the treatment of several virulent strains of disease over his career, his failure to conquer the Gnashing Fever drove him to the edge of madness. Lost and despairing amongst the corpses of those he could not save, when Grandfather Nurgle offered him an encyclopaedic knowledge of every form of disease - including the Gnashing Fever - Dr. Festus gladly agreed. He could not conceive of the power with which he dealt, nor the fact that his new patron’s strange gift would drive him over the precipice of madness. From that point on the apothecary was driven only by an obsessive desire to experiment, to take his knowledge of contagion and sow its fruit across the Old World and beyond. If he and his ever-thirsting leeches could devise even stranger afflictions in the process, then so much the better.

Dr Festus’ strange mission saw him head further and further north in search of outlandish ingredients. The savage armies of Norsca took the Leechlord into their ranks with a willingness bordering on worship, for the apothecary had been remade in a form more fitting to his role, and it was evident even to the youngest of warriors that the blessing of Nurgle was upon him. Festus always had patience and drive enough to achieve it, too; whether it was hunting down a fabled cockatrice and grinding its bones into powder, boiling down the heart of a vortex beast into a slimy black paste, or mustering an army big enough to slay a dozen Chaos spawn so that he could distil their blood into an eye-watering elixir.

The tribes who followed him were dimly aware that the apothecary in their midst was gathering ingredients for some great ritual, but had no idea why, and neither did they care. They were content enough that the poisons Festus spread on their blades could lay low even the ice trolls that attacked their settlements, and that his regenerative potions could bring a man back from the brink of death. Only the Leechlord himself knew the true scale of the great work underlying his conquests.

On and on the Leechlord went, his driving goal hidden from all save Nurgle himself. Upon Hexenacht of 2520, Festus secured the most hallucinogenic of ingredients - the root of the crystal mandrake, stolen over the course of a kaleidoscopic nightmare by the dream-trapped geomancer Eregrest in exchange for a few more days of life. During a clash of daemonic armies less than a year later, the Leechlord afflicted one of Slaanesh,s own handmaidens with a disfiguring pox, and only gave her the cure once she had passed him the scented oils she had taken from her master’s boudoir. Feigning great skill at dentistry, Festus convinced the Great Unclean One Ghu’bu’hurgh that all of his woes could be traced to rotten incisors, and personally extracted a dozen teeth from the daemon’s maw. Later, by masking his scent entirely, Festus infiltrated the lair of the Goregluttons and worked loose a trio of brass skulls from the metallic pillar that had sprouted from their offerings to Khorne. With these icons of Nurgle’s triumph, Festus was nearer than ever to his goal.

Festus was aiming for nothing less than to open a rift in reality, a portal so large that the essence of Nurgle’s Garden could spill through into the mortal realm. It was a plan of such breathtaking ambition that even Festus privately doubted he could achieve it, yet if he was to earn his master’s favour, he knew he had to try. Luckily, there was another of Nurgle’s servants that would see this plan succeed. Sometimes the vagaries of fate would twist in the doctor’s favour, and others he could have sworn that an invisible force was acting to facilitate his tasks. It would be years until he found out the truth.

Using the city’s sewers to hide his presence, Festus returned to his subterranean apothecarion in Altdorf during the summer of 2525. Each of his carefully-marshalled ingredients was stashed safely in the large casket he carried upon his back. There the great work began in earnest. Alembics bubbled, steam-phials chortled, brass ingredients he needed to lure the Garden of Nurgle into the material realm, spreading unbound life and securing his favour in the eyes of his master forever more.

Only when the Plaguefather Ku’gath revealed his involvement in Festus’ quest did the Leechlord realise that Nurgle himself was watching. By day the two apothecaries perfected the Seventh Ingredient, by night Festus stalked the streets of Altdorf, sowing the seeds of the chaos that was soon to bear fruit. Sure enough, upon Geheimnisnacht of 2525, Festus and Ku’gath opened the gate of their master’s garden, and sent unreality.

The world of men teetered on the brink of defeat, their ruin brought into being not by the whim of kings or daemon princes, but by the toil of devout craftsmen. It was a deed of such scope, such awe-inspiring magnitude, that Nurgle rewarded Festus with the immortality he desired. He became a new being swollen with his master’s power. Gone was the harrowed sawbones, the apothecary who scrabbled around in damp vaults and made it his business to prevent death - here was the Gardener of Nurgle, for whom bringing obscene life to the world was as easy as drawing breath.

BatallasEditar

La Batalla del Templo de Shallya Editar

Festus libro glottkin
El Doctor Festus había completado su gran búsqueda para preparar los siete ingredientes que permitirían al reino de Nurgle romper los límites de la realidad e infestar el mundo mortal. Festus estaba ahora en el umbral de la demonicidad, un solo acto de devoción le alejaba de la inmortalidad.

ORIGINAL

Doctor Festus had completed his great quest to brew the seven ingredients that would allow Nurgle’s realm to break the bounds of reality and infest the mortal world. Now Festus stood on the threshold of daemonhood, a single act of devotion away from immortality.

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Miembro a cargo: snorri Fecha de inicio: 13-04-16 Estado: Esperando revisión


MiniaturaEditar

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Guerreros del Caos (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Guerreros del Caos (8ª Edición).
  • The End Times II - Glottkin.

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