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Flagelantes

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Flagelante Empire.jpg

El Imperio es, demasiado a menudo, un lugar peligroso y cruel. Las guerras, las plagas, los caprichos de la naturaleza y la amenaza de monstruos terribles, han llenado de miedo y desesperanza los corazones de sus habitantes. Después de estas calamidades, pueblos y ciudades enteras llegan a desaparecer de la faz de la tierra y llegan las privaciones y el terror, pues la sombra de la muerte campa a sus anchas, haciendo que sus habitantes lo pierdan todo y se vean obligados a convertirse en mendigos, vagabundos y bandidos. Algunos de los que sufren dichas penurias pueden ver fortalecido su espíritu, mientras que otros, al no ser capaces de soportar tanto sufrimiento, perderán el juicio y enloquecerán debido a las horribles experiencias que les toca vivir.

Para muchos de estos desgraciados, la dantesca situación en la que se encuentra el mundo no es otra cosa que una señal malsana de que el Imperio está a punto de desmoronarse, y basándose en el hecho "innegable" (al menos a sus ojos) de que estos son los últimos días de un mundo agonizante y decadente, se deleitan profiriendo todo tipo de pronunciamientos pesimistas, considerando que solamente la penitencia y la autoflagelación podrán salvarlos. Su interminable procesión va extendiendo los cánticos de la desolación por el Imperio.

Es bastante habitual que estas hordas de pobres fanáticos acudan con fervor a las predicciones de profetas lunáticos como polillas atraídas por una llama, y en su desesperación se reúnan bajo el liderazgo del desvarío de un loco, un predicador del apocalipsis final. Numerosos desdichados se unen a las filas de estos fanáticos que viven en la absoluta miseria, ayudándoles a extender su palabra sobre la pérdida de la esperanza y la llegada del fin del mundo.

Unidas, estas bandas de ingenuos Flagelantes vagan por el Imperio, predicando la desolación. Es habitual ver grupos de estos fanáticos enloquecidos azotándose y golpeándose a sí mismos mientras recorren las aldeas, mendigando a cambio de sobras y sermoneando su visión apocalíptica de ruina a todo aquel que presta atención a sus oídos. Aunque algunos dan crédito a sus discursos sobre la condenación, muchos ciudadanos simplemente los ignoran y otros los apedrean para que se vayan.

Flagelantes y Sacerdote Guerrero Karl Kopinski.jpg

Cuando un grupo de Flagelantes se entera de que una batalla está a punto de iniciarse, estas partidas de dementes Flagelantes se reúnen antes de que estalle el conflicto y se encaminan hacia el campo de batalla, donde aparecen sin previo aviso y cargan contra el enemigo sin miedo ni dudas, creyendo que se trata de la batalla final entre el bien y el mal. Cuando los ejércitos se enfrentan, los Flagelantes se arrojan al combate en un gesto desesperado de sacrificio y arrepentimiento y es que, aunque están rematadamente locos, los Flagelantes no son unos cobardes. Creen firmemente en el fin del mundo y sus convicciones les dotan de un valor maníaco. Muchos son tan temerarios que después de haber tenido sus visiones de destrucción del mundo, ya nada les produce terror. Su extrema locura proporciona a los Flagelantes una gran fuerza y resistencia, y les lleva a luchar con una furia y una determinación sorprendentes.

Los grupos de enloquecidos Flagelantes se ven invadidos por una especie de furia frenética antes de cargar directamente sobre el enemigo. Después se arrojan al combate sin dudarlo ni un instante aunque se trate de una lucha en las circunstancias más adversas. Debido a las constantes penurias que se ven obligados a soportar, muchas de ellas autoimpuestas, los Flagelantes prácticamente no sienten el dolor y son muy difíciles de matar. No temen a nada, pues desde que se han enfrentado a sus propias visiones de la destrucción del mundo nada les produce ya terror. Con aullidos de condenación saliendo de sus labios y visiones de martirio en sus pensamientos, los Flagelantes se baten con una ferocidad salvaje, golpeando al enemigo con sus flagelos y dejando a su paso únicamente sangre y desolación. Ajenos al dolor y a las heridas que sufren, estos enajenados continuarán combatiendo hasta caer muertos sobre el campo de batalla reivindicando así su creencia en que el fin del mundo es inminente.

MiniaturasEditar

  • 7ª Edición.
  • 6ª Edición.
  • 4ª Edición.
  • Warmaster.
  • Mordheim.

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: El Imperio (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: El Imperio (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: El Imperio (8ª Edición).

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