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Ghrond

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Ghrond Warhammer Online - Prelude To War.jpg

Ghrond en el comic Prelude To War

La Torre del Norte, la Torre de la Profecía

Situada en la fría y amarga tierra del norte de los dominios del Rey Brujo destaca la esbelta torre de Ghrond. Su forma es muy similar a la de la gran ciudad de Naggarond, pero su tamaño es mucho menor. Ghrond era una ciudad sólo en cuanto a la población y la abundancia de estructuras; en realidad, se trataba más de una fortaleza que debe ser guarnecida y un campamento militar permanente cuyos edificios estaban únicamente dedicados a propósitos marciales, que de un lugar donde vivir. Su única torre enorme se eleva desde una montaña como una larga, negra y siniestra lanza.

Esta ciudad fortaleza tenía una muralla exterior de forma hexagonal de más de doce metros de altura, que en la parte superior era lo bastante ancha como para que un destacamento de caballeros pudiera cabalgar sobre sus nauglirs a lo largo de ella, en formación de dos en fondo. Cada ángulo del hexágono estaba doblemente fortificado por un reducto de forma triangular que en sí mismo era una ciudadela, con sus propias barracas, armería y almacenes. El reducto sobresalía bastante de las murallas, con el fin de que los arqueros y lanzadores de virotes pudieran disparar a lo largo de ellas y atrapar a los atacantes en un mortífero fuego cruzado. Al igual que los reductos, las dos entradas de la ciudad también estaban fortificadas con imponentes cuerpos de guardia que podían dejar caer una lluvia de muerte sobre cualquiera que intentara abrirse paso a través de las puertas reforzadas con hierro.

A diferencia de otras ciudades druchii, las calles de Ghrond estaban trazadas en línea recta para facilitar el rápido movimiento de tropas. Dentro de la ciudad se alzaba la negra mole de la muralla interior de la fortaleza, cuyas almenas erizadas de púas se levantaban dieciocho metros por encima de los distritos fortificados de la ciudad. Al igual que la muralla exterior, la interior tenía forma hexagonal, con seis pequeños reductos y un solo cuerpo de guardia, de sólida construcción. Al otro lado se alzaba la Torre Negra en sí, rodeada de torres menores como la ciudadela de cualquier drachau, y cubierta de torreones rodeados de púas y provistos de una batería de pesados lanzadores de virotes. Todo el poder de las atalayas combinadas no podía igualar la potencia que la sólida construcción confería a aquella fortaleza. Unos pocos miles de druchii podían defender la Torre Negra contra una fuerza más de diez veces superior. Era una trampa mortal expertamente diseñada, construida sólo para acabar con un ejército invasor.

La ciudad fue fundada por la bella vidente Morathi, la madre del Rey Brujo, mientras este combatía en Ulthuan. Su dominio es absoluto y gobierna Ghrond sin rivales que la amenacen, y no tolera ninguna interferencia del exterior. Una cosa es que la Hechicera Bruja apoye el gobierno de Malekith y otra diferente es que lo acepte sobre sí misma. El Rey Brujo tolera la pequeña rebelión de su madre siempre y cuando sus diezmos sean pagados puntualmente y sean generosos. Y son generosos, ya que las minas bajo Ghrond son ricas en oro, plata y gemas de todo tipo. Incluso tras miles de años, siguen quedando suficientes riquezas enterradas bajo Ghrond como para comprar la lealtad de todos los Elfos de Naggaroth.

Desde aquí, Morathi puede observar personalmente las impredecibles mareas del Caos en el norte, y tratar de definir el futuro mediante el estudio del siempre cambiante Reino del Caos. Para ayudarle en su tarea, Morathi fundó el Convento de las Hechiceras. Para ello creo una serie de horribles pruebas de fuerza mágica y mental para encontrar a las videntes y brujas jóvenes más capacitadas. Las que sobreviven a estas pruebas, salen reforzadas y tan amargadas y devotas de la magia negra como su señora. Los varones tienen prohibido por ley estudiar magia negra (a excepción de Malekith), por lo que los Hechiceros Elfos Oscuros son tratados con desdén y miedo por el resto de Druchiis, pero son muchos los que se arriesgan a emplearlos para no tener deudas con el Convento Oscuro.

Desde el pináculo de la torre de Ghrond, las hechiceras del Convento Oscuro vigilan la distante tundra y el siempre cambiante Reino del Caos, donde viven los Dioses, y fuente de toda la magia bondadosa y maligna. En el interior del Reino del Caos, la tierra rebosa energía, elevándose y bajando como el mar, y el aire está impregnado de los cambiantes colores de la hechicería, que giran y se retuercen, aullando y gimiendo como el viento. Las hechiceras observan los patrones del cambio en los Reinos del Caos, pues aseguran que quien se atreva a mirar con atención la forma en la que se producen podrá descubrir los secretos del futuro y del destino, y todos los misterios del mundo están allí guardados para los que se atrevan a buscarlos.

Cada día parten jinetes ataviados de oscuro desde la torre de Ghrond que llevan los informes de sus guardianas a Naggarond. Las predicciones de estos informes indican lo que sucederá, cuando será el momento propicio para que los ejércitos del Rey Brujo ataquen con éxito o cuando el poder de sus enemigos está en auge. A partir de estos informes, Malekith traza sus estrategias y lanza sus ejércitos contra el mundo.

Ghrond es conocido por ser un lujoso palacio decadente, no solo en Naggaroth sino también en tierras distantes. Las historias se vuelven aún más atractivas ya que existe una ley que prohíbe el paso a los santuarios internos a los Elfos varones, excepto bajo el decreto de Morathi. Aquellos que son admitidos son a la vez, los mortales más benditos y malditos, ya que sus vidas (y muertes) sirven únicamente al placer de la Reina Hechicera. Aquellos que no llaman la atención de Morathi solo pueden esperar una vida de combate contra los horrores de los yermos norteños. Demonios, monstruos y adoradores de los Dioses del Caos se ven atraídos constantemente hacia Ghrond y hacia la embriagadora hechicería y el exceso que fluye sobre sus muros. La defensa de Ghrond es una batalla casi interminable, llena de peligros y privaciones. Y aún así, los Elfos Oscuros que defienden sus murallas nunca piensan en desertar a tierras más fértiles. Cautivados por la belleza de Morathi y por sus propios deseos, son tan esclavos de la Bruja Hechicera como los miserables que trabajan en las minas subterráneas.

FuentesEditar

  • Libro de ejército: Elfos Oscuros (5ª Edición).
  • Libro de ejército: Elfos Oscuros (6ª Edición).
  • Libro de ejército: Elfos Oscuros (7ª Edición).
  • Libro de ejército: Elfos Oscuros (8ª Edición).

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