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Gigantes de Albión

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Gigantes de albion.jpg
Capitán:

Hengus el Druída

Lema:

Tenemos Pelotos para ganar a cualquiera.

Grito de Guerra:

¡PELOTOS!

Aspecto:

Los Gigantes de Albión tienen diversas formas y tamaños. La Mayoría sólo tienen un ojo en el centro de su frente, y algunos incluso dos cabezas. El poco ropaje que llevan está confeccionado con las pieles de las bestias como los mamutes, los tigres de dientes de sable, los alces y los osos de las cavernas. Licen collares fabricados con los colmillos de los mamutes y jabalíes.

Patrones:

Cualquier ejército puede reclutar a Hengus y los Gigantes de Albión

"¡Vaya! No fue juego limpio. Mis camaradas y yo habíamos perseguido a Ronaldo y su banda de rufianes por todas las colinas Trantinas, y entonces Ronaldo nos lanzó esos horribles Gigantes de Albión, guiados por un tipo de aspecto bastante peludo. Aplastaron nuestras lineas, estrujando al pobre Hoskins Tirolargo, mientras gritaban la palabrota más soez que nunca haya oído. Si esos Gigantes son típicos de la isla, me alegro de que permanezca sin explorar."
Señor Alto Elfo Daverion, Gentilhombre y General Mercenario.

Los Druidas de Albión dicen que la poderosa raza de los Gigantes que habitan en su isla fue puesta allí por los Ancestrales para proteger la isla de los intrusos. ¿Quién puede decir si esto es cierto? Lo cierto es que aún hoy en día los Gigantes siguen recorriendo las costas de la isla. Deambulan por los riscos envueltos en niebla lanzan enormes rocas contra las naves que se acercan demasiado a la orilla, divirtiéndose como niños al ver cómo son reducidas a astillas y las tripulaciones intentan sobrevivir entre las enormes olas. Los Druidas tienen un extraño poder sobre los Gigantes y pueden hacer que levanten y carguen enormes peñascos y monolitos. Gracias a la ayuda de la tremenda fuerza de los Gigantes, estas altas piedras son colocadas en hileras o círculos para medir el movimiento del sol, las lunas y las estrellas.

El mayor de todos los Gigantes es Pelotos. Es adorado como un dios por las primitivas tribus cavernícolas de Albión, que han grabado su enorme figura en las arcillosas colinas de su tierra, blandiendo su enorme arma. Aunque es impresionante, Pelotos tiene un intelecto más bien limitado, incluso para un Gigante de Albión. Lo único que sabe decir es su propio nombre. Un día, mientras recorría los acantilados, la niebla se levantó lo suficiente para revelar el grisáceo mar y una playa rocosa. Bologs vio a un grupo de Elfos desembarcando en la playa. Ellos también vieron al enorme Gigante sobre el risco. El jefe de los Elfos gritó en la lengua de los Druidas, “¡Venimos en paz! ¡Sólo queremos comerciar!”. Al oír unas palabras que no podía comprender, el Gigante sonrió y respondió “¡PELOTOS!”. Después lanzó una enorme roca que aplastó a todos los Elfos cuando se incrustó en la playa.

El siguiente Gigante de Albión en tamaño es Cachtorr, hermano mellizo de Bologs. Es un poco más inteligente que su hermano y puede entender el idioma de los Druidas. Fue Cachtorr quien luchó contra los poderosos Dong y su compañero, Mae-Dong, dos terribles Gigantes del lejano Norte de Albión. Este legendario combate duró cientos de años y consistió en lanzar enormes peñascos en cuanto la niebla se aclaraba lo suficiente para que los Gigantes se viesen entre sí. La mayoría de los lanzamientos fallaban, pero donde caían, allí se quedaban para siempre como menhires, marcando los territorios de los Gigantes en duelo.

Albión permaneció envuelta en la niebla de las leyendas hasta que el famoso general tileano, Culio Gésar, primer ciudadano de Remas, desembarcó en la isla, al mando de su invencible ejército. Gésar buscaba fama y poder en Remas, y el mejor modo de conseguirlo era conquistando la neblinosa y misteriosa Albión, de la que se rumoreaba que estaba repleta de oro y perlas y donde se encontraba el tesoro del legendario Tritón. Cuando las galeras clavaron su proa en la playa, Cachtorr y Pelotos ya estaban en los acantilados, lanzando rocas contra las naves y haciéndolas astillas. Los soldados estaban aterrados y se negaron a desembarcar, así que Gésar lanzó el cofre de la paga por encima de la borda, esparciendo el oro entre los guijarros y saltando después a la playa. Al ver esto, todo el ejército le imitó y se desplegó hasta que el cofre de la paga estuvo a salvo tras la línea de batalla.

Hengus.jpg

Druida Hengus

Haciendo caso omiso a los peñascos lanzados por los Gigantes y pasando por encima de los cadáveres, Gésar y su ejército avanzaron desde la playa. En poco tiempo se vieron enfrentados a todas las tribus salvajes de Albión, a numerosos Gigantes y a los enloquecidos Druidas lanzando maldiciones, todos en formación de combate sobre los acantilados, ¡y además empezó a llover! ¡Los mercenarios se negaron en redondo a seguir avanzando! Culio Gésar estaba enfurecido; ¿así cómo podía regresar a Remas triunfante? ¿Cómo podría jactarse de la conquista de la distante y misteriosa Albión? Furioso, Gésar se adelantó y arengó a la multitud de salvajes tribeños. “¡Estúpidos bárbaros! Os ofrezco todos los beneficios de la civilización: carreteras, baños calientes, dinero, edificios públicos y la poesía Tileana; ¡someteos y todo esto puede ser vuestro!”. Las tribus de Albión simplemente se quedaron mirándole. Entonces oyó una sola palabra aullada saliendo de entre la niebla y la copiosa lluvia: “¡PELOTOOOS!”. El grito de batalla del Gigante fue inmediatamente recogido por los tribeños mientras golpeaban sus mazas y hachas de piedra contra sus escudos y los laterales de sus carruajes gritando “¡Pelotos, Pelotos, Pelotos!”.

Gésar se quedó pasmado y ordenó a sus hombres que cargaran. La batalla fue feroz, y ninguno de los dos bandos parecía conseguir la victoria. Después de todo un día de combate, mientras el sol medio oculto por la niebla descendía hacia el mar, los dos bandos detuvieron el combate, separados unos metros y completamente exhaustos. Gésar intentó una última táctica para salvar su honra. No podía regresar a Remas humillado y con las manos vacías. Necesitaba algo impresionante para desfilar en su triunfo, y así lograr el apoyo del populacho. Gésar avanzó y gritó: “Entregadme a los Gigantes como rehenes y me marcharé”. Los Druidas conocían el Tileano por los contactos ocasionales con los mercaderes y consideraron su oferta. Sabían que sus hachas de piedra no eran rival para el acero Tileano. Finalmente, el viejo Hengus se ofreció voluntario, y escogió a dos de los Gigantes más pequeños para que le acompañaran. Cuando se adelantó, Gésar gritó: “¡Quiero a los más grandes!”, y señaló a Cachtorr y Pelotos. A pesar de las protestas de los tribeños, los Druidas enviaron a los dos poderosos Gigantes como rehenes a Remas, para evitar la conquista de Albión y salvar a las tribus de la esclavitud o, algo peor, la decadencia del lujo y la civilización.

Gésar reparó la mitad de su flota y partió con sus rehenes Gigantes vadeando el mar detrás de él, encadenados con las cadenas de las anclas. En cuanto la flota de Gésar llegó a Remas se corrió la noticia por toda la ciudad. Los oponentes políticos de Gésar habían estado esperando este momento y se dirigieron rápidamente hacia el puerto. Se reunieron alrededor del gran conquistador en cuanto desembarcó y le inundaron con los típicos halagos, pero sólo para hacerle bajar la guardia, ya que inmediatamente fue asesinado bajo multitud de dagas.

Cuando oyeron el grito de “¡Gésar ha muerto, larga vida a la república!”, los maltrechos y mareados por el viaje soldados de Gésar quedaron atemorizados y se dispersaron, apropiándose de todo el oro que pudieron en la confusión resultante. Uno de ellos, más por odio contra la ciudad que por piedad por su situación, rompió las cadenas que ataban a los Gigantes y liberó a Hengus de su prisión. Momentos después, Cachtorr y Pelotos llegaron a la orilla y entraron en Remas, haciendo que los ciudadanos huyeran completamente aterrorizados. En poco tiempo los Gigantes estaban en las afueras de la ciudad y en campo abierto, propagando el miedo y el pánico por toda Tilea, con Hengus muy cerca de ellos.

Desde ese día, Hengus y los Gigantes de Albión han recorrido la campiña, perdidos y confusos, buscando protección del ardiente sol y en busca de niebla. No es sorprendente que diversos generales mercenarios los hayan buscado para reclutarlos. Hengus accede a combatir con la esperanza de que la campaña les lleve cerca del océano y finalmente hasta Albión.

Objeto MágicoEditar

  • Báculo de Oggum: Hengus posee el Báculo de Oggum, que es un objeto mágico especial fabricado por los Druidas de Albión. Las marcas de Oggum en el báculo no sólo le proporcionan a su portador el poder para que los Gigantes le obedezcan, si no que ademas le protegen de las heridas.

MiniaturasEditar

FuenteEditar

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