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Los grandes demonios son los más terroríficos de todos los servidores de los Dioses Oscuros. Cada uno representa un poder no sujeto a las leyes o la razón, una escisión del poder divino que se manifiesta mediante una presencia impresionante y un propósito terrible. Cada gran demonio puede representar muchos y diversos papeles en el Gran Juego, puesto que la certeza y la estabilidad son conceptos ajenos a las esferas eternas del Reino del Caos. Líder de guerra, guardián, guardián del conocimiento, asesino, juguete; cada gran demonio ha asumido uno o más de estos papeles durante su existencia, dependiendo de las necesidades y caprichos de su divino amo. Sin duda, los grandes demonios son las criaturas más conscientes de todos los servidores de las Dioses Oscuros. Cada uno tiene sus propios impulsos, anhelos y personalidad, aunque siempre matizados por la naturaleza del Dios al que sirve. Por esta misma razón, varios grandes demonios al servicio de un mismo Dios difieren enormemente. 

Los Devoradores de Almas están siempre enfadados, porque Khorne está siempre iracundo, aunque hay un matiz de personalidad más allá de la ira. Mientras que un gran demonio es poco más que una bestia irreflexiva a la que únicamente impulsa el hedor de la sangre y la necesidad de matar, otro puede ser honorable en lugar de brutal o utilizar en cierta medida una habilidad marcial para extender el alcance de su carnicería y matanza. Del mismo modo, un Señor de la Transformación puede ser desde jovial a malicioso desde un astuto táctico a un guerrero hábil. En cualquier caso, disfrazan sus verdaderos propósitos a amigos y enemigos por igual, pues todas los Señores de la Transformación son fragmentos de Tzeentch, patrón de entrometidos, intrigantes y conspiradores. 

Decir que los grandes demonios tienen libre albedrío es una afirmación falsa y verdadera al mismo tiempo. Los Dioses Oscuros permiten a sus servidores una total libertad de acción, incluso hasta el punto de rebelión contra el edicto divino. Sin embargo, la naturaleza del demonio lo impulsa a ejemplificar las mismas obsesiones que su dios. 

Devorador de Almas sigue al servicio de Khorne aunque la hueste que lidere tenga que enfrentarse a otro ejército al servicio del Dios de la Sangre, pues se arrancaran más cráneos y se derramará más sangre en nombre de Khorne. Una Gran Inmundicia capaz de crear una plaga que arrase una porción del Jardín de la descomposición sigue cumpliendo los mandamientos paternales de Nurgle sobre la fecundidad pestilente. 

La inmortalidad conlleva una gran paciencia y los Dioses Oscuros están satisfechos de jugar la partida más larga. Saben bien que cualquier individualidad e iniciativa mostrada por sus servidores siempre será a su favor. Por esta razón los Dioses del Caos toleran las indiscreciones de sus grandes demonios como padres orgullosos que perdonan las rebeldías de sus hijos caprichosos. 

Grandes DemoniosEditar

FuenteEditar

  • Libro de ejército: Demonios del Caos (7ª edición).

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