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Guerra de la Barba

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Portada La Gran Traición por Jon Sullivan Caledor Gotrek.jpg

En el alba de los tiempos, hace más de 2000 años antes del nacimiento de Sigmar Heldenhammer, los Enanos de las Montañas del Fin del Mundo y los Altos Elfos de Ulthuan y sus colonias del Viejo Mundo libraron una guerra catastrófica, una guerra entre dos razas que se encontraban en la cima máxima de su poder. Sin embargo la arrogancia de los Elfos y la obstinación de los Enanos empezó a producir fricciones entre ambos y acabó por desembocar en una guerra. Así comenzó una terrible carnicería que duraría toda una era.

Conocida como la Guerra de la Barba por los Elfos, y la Guerra de la Venganza o la Gran Traición por los Enanos (que no se toman estos asuntos a la ligera), fue una época de acciones legendarias y de magia poderosa; donde cientos de héroes de ambas razas se alzaron y murieron. Los Enanos, liderados por el Gran Rey Gotrek Rompeestrellas, se enfrentaron a los Altos Elfos que estaban bajo el reinado del Rey Fénix Caledor II.

En general, se considera que ambas razas lucharon desde el año -2000 hasta el -1560, con algunos encontronazos anteriores y posteriores a esas fechas. Aunque al final los Enanos se alzaron con la victoria, la guerra devastó ambas razas, por lo que en la actualidad solo son una mera sombra de sus días de gloria anteriores a la guerra.

Precedentes Editar

Las causas de este conflicto vienen de muy atrás de la primera incursión del Caos en el mundo. A pesar de su derrota a manos de Aenarion, el Caos había plantado una semilla en los Elfos que acabó siendo la perdición de las dos razas.

La Guerra Civil Editar

Bloody-handed Malekith Regresa por Tiernen Trevallion.jpg

Durante el gobierno del rey Fénix Bel Shannar, los elfos viajaron al Viejo Mundo, al que ellos denominaron como Elthin Arvan, donde establecieron colonias y entraron en contacto con los Enanos, con los que firmaron tratados de amistad, alianza y comercio. Durante siglos, los enanos y elfos vivieron en relativa paz. Sus imperios cubriendo lo que hoy es El Imperio, Bretonia y más allá. Con el poder de sus ejércitos combinados, mantenidos a raya a las bestias oscuras, los pieles verdes y las hordas salvajes.

Después de años de prospero comercio entre ambas razas, Malekith, quien había sido el embajador de Ulthuan en los reinos enanos y amigo personal del Gran Rey Snorri Barbablanca, trató de hacerse con el trono asesinando al Rey Fénix.

Mientras los Enanos continuaron con el comercio y la minería, un cisma el desarrolló entre los seguidores del traicionero Malekith (que más tarde sería conocido como los Elfos Oscuros) y los del recién elegido Rey Fénix Caledor I, nieto de Caledor Domadragones. Con el tiempo, una guerra civil estalló, y en poco tiempo se extendió en el Viejo Mundo.

El renombrado Rey Fénix Caledor I gobernó Ulthuan en una época de turbulencias que había resquebrajado la nación élfica. Mientras los hermanos luchaban contra los hermanos por el dominio de la isla y por ceñirse la corona del Rey Fénix, Caledor se puso al frente de sus súbditos leales para enfrentarse al pérfido Malekith, quien, en sus desesperación, trato de destruir la isla, y con ella el mundo, al tratar de destruir los hechizos que mantienen al caos confinado en el norte. Su plan fracaso y finalmente, el y sus súbditos fueron expulsado de Ulthuan, no sin ver como sus actos irreflexivos causaron una enorme destrucción en la isla continente.

Caledor I portada 2 novela Caledor por Jon Sullivan Altos Elfos.jpg

A pesar de los problemas que habían acuciado a los Altos Elfos, bajo el reinado de Caledor I, el reino se recuperó de las terribles secuelas, manteniendo a los Elfos Oscuros a raya, y haciendo que Ulthuan volviera a ser una nación poderosa, donde su magia estaba en pleno apogeo y los jinetes de dragón seguían sobrevolando el cielo de su isla.

Las calles de Ulthuan se llenaron de gritos de desesperación y de lamentos cuando Caledor murió en una emboscada organizada por Malekith. Su muerte fue un duro golpe para las Elfos. El viejo guerrero había gobernado el reino de Ulthuan durante sus peores crisis y había mantenido el reino unido cuando podía fácilmente haberse dividido y haber sido conquistado. Había hecho la guerra a los Elfos Oscuros y había dejado al siguiente Rey Fénix un poderoso ejército, una segura línea de fortificaciones en el norte y la flota más potente del mundo.

Trágicamente, todo sería en vano.

El Consejo de Príncipes se reunió en el Templo de Asuryan. Recordando los sucesos del fatal Segundo Consejo, se duplicaron las fuerzas de la Guardia del Fénix y se les hizo jurar que ni una palabra de las deliberaciones de los príncipes debía caer en oídos de los espías. Buscando continuidad, eligieron al hijo de Caledor, que se convertiría en el Rey Fénix Caledor II y que había de enseñar a los príncipes Élficos la locura e insensatez del gobierno hereditario.

Reinado de Caledor II Editar

Caledor II el Guerrero.jpg

Aunque por sus venas corría la sangre de su padre, Caledor II no compartía ni el buen juicio ni la sabiduría de este. Si su padre había sido sabio, Caledor II era un necio. Si su padre había sido un gran general, su hijo era temerario e impetuoso. Caledor II era vanidoso, irascible, pomposo, arrogante y altisonante. Solo compartía uno de los dones de su padre: era un poderoso guerrero. Pero para el pueblo de Elfos que buscaba desesperadamente tener un poco de estabilidad y conmocionado hasta el fondo por su secesión con sus parientes de Naggaroth, él significaba una mano conocida al timón; pero, si lo que precisamente Ulthuan buscaba con desespero era encontrar la estabilidad, no existía un gobernante que pudiera estar más lejos de proporcionársela.

Al principio,su reinado empezó bien. Los Elfos limpiaron los mares del norte de sus parientes de Naggaroth; y cuando los Elfos regresaron al Viejo Mundo en masa, se reabrieron las rutas comerciales con los Enanos, que habían permanecido cerradas durante la época de la guerra civil de los Altos Elfos y el comercio entre los dos reinos creció otra vez. Una vez más los Elfos mantuvieron un contacto continuo con los Enanos.

Karaz Ankor se encontraba en esos momentos en el cenit de su poder. Se trataba de una época dorada para la civilización Enana. Sus herreros rúnicos habían codificado muchas las runas mágicas y poseían un conocimiento de su arte muy superior al que tienen en la actualidad. Sus alquimistas experimentaban con nuevas sustancias y sus ingenieros habían comprendido los principios básicas de la propulsión a vapor. El acero de las forjas enanas era el mejor del Viejo Mundo y los elaborados juguetes con mecanismos de relojería que construían eran la delicia de los niños elfos. A través de las Montañas del Fin del Mundo, existían enormes rutas subterráneas y carreteras fortificadas que unían entre sí las florecientes fortalezas enanas.

Maestro de mapas por Anna Ignatieva Enanos.jpg

Los Enanos sabían muy poco de las luchas sufridas por la raza élfica. Los rumores sobre la guerra civil entre los Reinos Élficos habían llegado hasta el imperio de los Enanos en el Viejo Mundo, pero realmente no entendían la situación. Las guerras intestinas y las matanzas entre los miembros de una misma raza eran para ellos conceptos completamente extraños; ningún Enano rompería jamás el juramento que le ligaba a su señor. Excepto por unas pocas batallas navales, la guerra no había alcanzado al Viejo Mundo. Seguros en sus fortalezas de las montañas, creían que se encontraban a salvo de todo peligro y nunca pensaron en ello dos veces.

Esa confianza iba a ser la causa de su ruina, y también la de los Elfos. 

Comienzan las tensiones Editar

Las maquinaciones del Rey BrujoEditar

The sundering stefan kopinski Malekith Morathi.jpg

Mientras los Elfos de Ulthuan trababan amistad con los Enanos, Malekith, el Rey Brujo, continuaba tramando oscuros complots contra el Rey Fénix. Aunque al principio los Elfos Oscuros prosperaron en la helada tierra de Naggaroth, las flotas de Altos Elfos patrullaban las costas y cada año que pasaba, las incursiones eran más y más peligrosas. Pronto los esclavos y los botines empezaron a escasear y Malekith estaba descontento.

Caledor II había sucedido en el trono al adversario de Malekith durante la guerra civil y bajo el reinado, sus colonias prosperaban como nunca antes lo habían hecho, y su amistad con los Enanos se fortalecía cada vez más. Temiendo una alianza entre ambas razas, el Rey Brujo ordenó a sus Corsarios del Arca Negra que interceptaran los convoyes comerciales de los Enanos y les proporcionó mapas de las rutas comerciales secretas de los Enanos que había aprendido durante la época en que fue el embajador de Bel Shanaar en la corte de Snorri Barbablanca, y empleó ese conocimiento en beneficio propio.

La última parte del plan de Malekith fue una sugerencia de Khalaeth Tejemuerte, dirigente de Hag Graef en aquella época. Los incursores se vistieron como Elfos de Ulthuan, ataviados con unas túnicas blancas y armaduras plateadas que los Elfos Oscuros tenían de sus incursiones en las Tierras Sombrías.

Así, disfrazados como si de soldados de Ulthuan se trataran, los Guerreros Elfos Oscuros llevaron a cabo los primeros actos que propiciaron la guerra: comenzaron a asaltar las rutas comerciales, cayeron sobre las caravanas Enanas y atacaron asentamientos enanos menores, aniquilando a todos los miembros posibles (tanto a jóvenes y a mujeres como a guerreros) y apoderándose de sus mercancías, dejaron señales inequívocas de su paso para que los Enanos pensasen que habían sido sus parientes de Ulthuan.

Elfos Oscuros contra Enanos.jpg

Mientras ellos llenaban las arcas de Naggarond, los corsarios sembrarían la disensión entre Elfos y Enanos. Malekith se rió después de pensar que aquello suponía una traición para las dos razas que una vez lo alabaran como héroe; los bajitos y feos Enanos y sus decadentes primos de Ulthuan nunca más volverían a unir sus fuerzas contra él.

Los resultados de estos ataques clandestinos fueron mejores de los que Malekith había esperado. Dado que los Enanos no tenían mucha constancia del conflicto civil que había padecido el reino de Ulthuan, no les era posible diferenciar un Elfo de otro, y por tanto todas las evidencias apuntaba a que los actos vandálicos de sus siniestros congéneres eran obra de los Altos Elfos, por lo que la venganza de los Enanos cayó sobre algunos de ellos, organizando actos de justicia sumaria contra sus perpetradores.

Para los Enanos, el comportamiento desleal de sus nuevos aliados no era del todo inesperado. En su pragmatismo, identificaron a sus socios comerciales como gente voluble, propensa a estados de ánimo caprichosos. La suspicacia natural de su raza llevó a muchos Enanos a la conclusión de que sólo era cuestión de tiempo que los veleidosos Elfos se la jugaran. Después de todo, las obras de los Enanos eran tan buenas, tan ingeniosas y estaban tan bien manufacturadas que los Elfos se tomaron envidiosos y avaros.

La afrenta de la Barba Editar

Rey Enano.jpg

Cuando las noticias de los estos sucesos llegaron a oídos del Gran Rey Gotrek Rompestrellas, estaba perplejo antes estos aparentemente ataques no provocados de sus aliados y socios comerciales. Pero el Gran Rey era sabio y prudente (como demostraba su barba) y no le gustaba tomar decisiones precipitadas, por lo que ordenó detener todos los actos de represalia por parte de sus gobernadores y envió mensajeros a la lejana Ulthuan para exponer el caso ante el Rey Fénix Caledor II, y resolver la disputa de manera pacífica y honrosamente.

De este modo, Gotrek esperaba obtener una compensación que solventara el conflicto de un modo pacífico. Un Enano jamás perdona un agravio, pero en caso de haber un malentendido un acto de sincera contrición acompañado de un tributo exorbitado de oro y gemas como compensación por las pérdidas sufridas podría llegar a aplacar los ánimos y evitar que la disputa se resolviera a la usanza de los Enanos.

Cuando sus exigencias llegaron a manos del Rey Fénix, la respuesta de este fue inmediata y poco diplomática. Las historias relatan como los mensajeros fueron recibidos con desdén y desprecio por parte de los Elfos, burlándose de lo que llamaron acusaciones infundadas. El vanidoso y arrogante Caledor se negó a ver a los emisarios, enviándolos de vuelta con un mensaje de que el Rey Fénix no accedería a sus demandas, pero que podría atender a sus súplicas.

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Los Enanos son una raza que se caracteriza por su orgullo y testarudez, con lo que proponer a un Rey Enano que debía suplicar a un Elfo suponía una afrenta tan grave como si le hubiese propuesto afeitarse la barba. Furioso, Gotrek envió un segundo grupo de emisarios a Ulthuan, llevando la desafiante respuesta del Rey Gotrek a Caledor diciendo que el Gran Rey de los Enanos no suplica a ningún Elfo ni Dios alguno. El importe de la restitución que había exigido originalmente se duplicó debido a insulto de Caledor.

Despreciando de tal manera las demandas de los Enanos, los arrogantes Elfos llevaron a cabo un insulto tan ultrajante y deliberado que ni todo el oro del mundo no podría resarcirlo, y un agravio que pasaría de padres a hijos entre los Enanos: afeitaron la barba del embajador Enano.

Tras sufrir una humillación tan terrible, lo expulsaron de las tierras de los Elfos, obligándolo a volver a su hogar a través de tierras de extraños sin su barba y despojado de su orgullo para decirle al rey Gotrek que no tendría una sola moneda de oro a menos que él mismo se presentara en Ulthuan y suplicara ante el Trono del Fénix. Y mientras sucedían estos acontecimientos, agentes de Naggaroth que se habían ido infiltrando por todo el Viejo Mundo seguían causando todo tipo de problemas.

Para los Enanos, aquella acción supuso una afrenta a su honor que solo existía una respuesta posible a tamaña ofensa: ¡LA GUERRA!.

El Choque de Dos Imperios Editar

Preparativos Editar

La Gran Traición por faroldjo-d6t429w Enano Elfo.jpg

Con el agravio agravado por aquel insulto y con la sangre hirviendo, el Gran Rey Gotrek convocó a los clanes disgregados y a los reyes de cada fortaleza a las armas, había declarado la guerra a los Elfos.

Gotrek efectuó por el más poderoso de los juramentos en el que decía que obtendría una compensación justa o su equivalente en la sangre Élfica, o se afeitaría cada pelo de su cabeza. Era un formidable juramento. Su embajador ya se había convertido en un Matatrolls a causa de la vergüenza y ignominia sufrida de que le hubieran afeitado su barba, y era impensable que el Gran Rey de los Enanos sufriera un destino similar, por lo que toda la raza se mantuvo unida junto a su rey, decididos a que su monarca no tuviese que pasar por una humillación similar.

Aun así, los Enanos no dejaron embargar del todo por la ira y se prepararon adecuadamente. Todos los talleres del reino trabajaron día y noche para preparar las antiguas máquinas de guerra y afilar las hachas de la familia para la batalla Se acumularon provisiones para que toda fortaleza pudiera soportar un asedio en caso de producirse. Finalmente, cuando todo estuvo preparado, los cuernos de guerra empezaron a sonar desde las más altas torres de las fortalezas y el Gran Rey convocó a sus guerreros.

Armería Enanos.jpg

Los reyes de todos los rincones del imperio reclutaron a sus clanes (como se conoce a los ejércitos de los Enanos) y respondieron a la llamada de su rey. Cada enano estaba equipado con una magnífica armadura y en cada hacha llevaba forjadas una o más runas. Cada uno de los ejércitos iba acompañado de las mejores máquinas de guerra de la época: maquinas como los potentes lanzavirotes capaces de destrozar con facilidad los frágiles juguetes con los que contaban los Elfos, o los antiguos lanzaagravios, cuyos proyectiles llevan grabada cada petición que hacían los Enanos para resumir los diferentes agravios. Con estos artilugios pretendían abatir las altas y puntiagudas torres de los Elfos y hacerlas pedazos por su afrenta.

Nunca antes ni desde entonces se ha visto nada igual: todo el poder de los Enanos, en la cúspide de su pujanza, dispuestos para la guerra. Su avance era imparable.

Muchos Elfos del Viejo Mundo no veían con buenos ojos esta guerra, provocada por el nuevo Rey Fénix, Caledor II, ya que eran ellos los que tenían que soportar la crudeza de los combates, mientras él se encontraba muy tranquilo a kilómetros de distancia en su isla de Ulthuan. Los magníficos ejércitos de Ulthuan atracaron en los puertos élficos para enfrentarse a sus enemigos y el Rey Fénix ordenó a los Elfos de Elthin Arvan que luchasen para él. Y, aunque así lo hicieron muchos, los que vivían en los lindes de Athel Loren renunciaron a verse envueltos en aquel sin sentido. El resentimiento de los Elfos de Elthin Arvan creció, pues eran sus tierras las que estaban siendo destruidas, sus hogares los que ardían hasta los cimientos y sus hijos los que perdían la vida.

Asedio a Tor Alessi Editar

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Los ejércitos Enanos marcharon y asaltaron muchas colonias Élficas y sus estilizadas torres no resistieron el embate de la maquinaria de guerra Enana. Después, se dirigieron hacia la ciudad comercial de Tor Alessi (actualmente L'Anguille, en Bretonia) y la asediaron con sus tropas.

Al recibir la noticia de los asaltos de los Enanos, que arrasaban sistemáticamente sus asentamientos, el rey Caledor II se sintió ultrajado. Enfurecido, envió inmediatamente una fuerza expedicionaria para reforzar Tor Alessi y levantar el asedio. Era una flota formidable y un poderoso ejército en lo que estaban destinado casi todos los efectivos de Ulthuan. Sus consejeros, al ver cómo se alejaban las altas velas de los barcos, quedaron aterrados porque eso dejaba la isla prácticamente indefensa y suplicaron para mantener algunas tropas velando por el hogar de los Elfos. Caledor II montó en cólera y quitó importancia a sus miedos, diciendo que eran totalmente infundados y él mismo zarpó para comandar su armada.

El rey y sus refuerzos llegaron a tiempo para romper el asedio de los Enanos a la ciudad portuaria de Tor Alessi, cuyos muros se construyeron con la ayuda de los propios Enanos en los días en que su alianza todavía estaba en vigor. Así comenzó la guerra propiamente dicha, un conflicto que se prolongaría durante cuatro siglos.

Prolongación del conflicto Editar

Guerra de la Barba.jpg

En el Viejo Mundo, la guerra se prolongó, a pesar de la llegada de la gran hueste de Caledor. Ninguno de los dos bandos era lo suficientemente fuerte como para derrotar al contrario. Las ciudades fortaleza de los Enanos eran prácticamente inexpugnables. Las tropas de los tercos y robustos Enanos eran muy diferentes a todo con lo que los Elfos se habían llegado a enfrentar hasta entonces. Simplemente se negaban a abandonar o a admitir la derrota, incluso cuando se encontraban desesperadamente superados en número. Esta no era la valentía suicida de las Hordas del Caos o la ira furibunda de los guerreros de Malekith; esta increíble tenacidad estaba combinada con una increíble astucia y con una consumada habilidad militar.

Los Enanos, por su parte, estaban asombrados por el poder de las fuerzas de los Elfos. Posiblemente, los hijos de Grungni y Grimnir confiaban excesivamente en su poder. Cegados por la ira y confiados tras sus primeras victorias, los Enanos se vieron pronto superados. Habían juzgado el poder del enemigo según el modelo de la menos importante de sus provincias, pero ahora las fuerzas de Ulthuan al completo formaban ante ellos. Los inmensos ejércitos de caballeros con cotas de malla y la disciplinada infantería no era lo que se esperaban. Pero, siguiendo la más pura idiosincrasia Enana, no quisieron admitir su error, especialmente ante un Elfo.

Guerreros Enanos imagen 6ª.jpg

Ambas fuerzas se encontraron una y otra vez en batallas de cada vez mayor virulencia libradas por todo el Viejo Mundo. Grandes hechizos y jinetes de dragón presentaban batalla a Enanos armados con hachas rúnicas y protegidos por escudos impenetrables, mientras el suelo se empapaba con la sangre de las dos razas.

Durante siglos el poder de Ulthuan estuvo enfrentado al de los Enanos. Los Elfos Oscuros se aprovecharon de ello vagando por las costas y atacando donde les parecía. Sus flotas iban cargadas de refuerzos que eran enviados a las colonias y ejércitos incursores tendían emboscadas a muchos regimientos enanos mientras estos marchaban por las carreteras de la costa para atacar a los Altos Elfos. Mientras la desesperación y la muerte hacían mella en los reinos de los Enanos y los Elfos, el pueblo del Rey Brujo conoció una etapa de prosperidad como nunca había vivido antes.

La guerra engendró todo un legado de odio y amargura que duraría miles de años. En respuesta al mensajero afeitado, los vengativos Enanos talaron hasta el último árbol de bosques vírgenes para molestar a los Elfos. No les bastaba con destruir sus fortalezas y derribar sus elegantes torres. En ocasiones, los Enanos no detenían sus máquinas de guerra hasta que no quedaba piedra sobre piedra.

Lanceros Altos Elfos por Adrian Smith.jpg

En venganza, al parecer los Elfos envenenaron las pequeñas lagunas de montaña y lagos subterráneos de donde los Enanos tomaban el agua, y una gran plaga se extendió a lo largo de las Montañas del Fin del Mundo. También pactaron con Espíritus profanos de los árboles con tal de conseguir ventaja estratégica. Cuando se vieron acorralados por hordas de enanos ataviados con cotas de malla imposibles de traspasar con sus flechas, los Elfos recurrieron sin pudor a todo tipo de trucos sucios, rendiciones fingidas y engaños mediante magia. Ambos lados lucharon hasta que casi la totalidad de sus efectivos militares quedaron prácticamente exhaustos.

Malekith envió asesinos educados y adiestrados en Har Ganeth para que sembrar la discordia en las colonias élficas y en las fortalezas enanas del nuevo mundo; de este modo, Malekith quería asegurarse que no habría acuerdo posible entre Enanos y Elfos. La medida era del todo innecesaria, ya que Caledor II y el Gran Rey Gotrek Rompestrellas estaban resueltos a destruirse el uno al otro.

Los eventos finalmente tomaron un rumbo que Malekith considero que era la señal para atacar.

Sangre de Reyes Editar

Guerrero Enano Dimitri Bielak.jpg

En los primeros choques, Caledor II sumó a la creciente lista de agravios la muerte de Snorri Mediamano, el hijo del rey Gotrek. Snorri se enfrentó al propio Calendor, el Rey Fénix. Aunque sin duda se trataba de un acto de valor. Snorri se había sobrevalorado a si mismo. Le faltaba sabiduría para enfrentarse al carácter de los Elfos y se dejó atraer a un combate personal con el más poderoso de ellos y fue asesinado por un golpe de su adversario. El ejército de Snorri luchó bien y acabo con muchos Elfos, pero combatían contra corriente.

La pérdida de Mediamano indigno a los parientes de Gotrek. Morgrim, primo de Snorri, impulsado por la ira que sentía en su interior, marchó contra Oeragor, al oeste de Karak Izril, donde se enfrentó a las huestes de Saphery y Yvresse. Por los males causados al pueblo de los Enanos, Morgrim exigía una venganza sangrienta.

Los Elfos intentaron evitar la batalla por miedo a la ira de Morgrim, pero tras dos días de maniobras el enfrentamiento resulto inevitable, la batalla fue muy larga; ambos bandos estuvieron disparándose durante varias horas, pues, en un acto tercamente desafiante, el ejército Enano se situó expresamente bajo el aluvión de flechas de los Elfos, para demostrar que podían resistir lo peor que el enemigo podía lanzarles.

Enano matando dragon.png

Después de horas, desesperados y furiosos, los Elfos no tuvieron más remedio que aventurarse al combate cuerpo a cuerpo y fue entonces cuando empezó la verdadera carnicería. Imladrik, príncipe de Ulthuan y hermano menor de Caledor, en acto valentía que para los enanos fue inusitada de un elfo, lideró una carga contra el muro de escudos de Morgrim, y mató a muchos de sus mejores guerreros con espada. Morgrim, por su parte, combatió con fiereza y se abrió paso entre las líneas enemigas hasta llegar a lmladrik. A pesar del valor mostrado, Imladrik era hermano del Rey Fénix, por lo que, en lo que respectaba a los enanos, era también parte culpable de los males que afectaron a su raza.

Morgrim, en nombre de Snorri Mediamano, mató al príncipe élfico. Con un golpe de su hacha rúnica, decapitó a la bestia en la que Imladrik iba montado, enviando su cabeza al Gran Rey como un regalo, encima del escudo del príncipe elfo. La espada de Imladrik no pudo atravesar la armadura rúnica de Morgim, quien acabó con él con un golpe mortal en la cabeza. Aunque fue grande la tentación de deshonrar el cadaver al igual que le ocurriera al cuerpo de Snorri Mediamano, Morgrim se contentó con cortarle la nariz al elfo y después se dejó que los criados del príncipe se llevaran su cuerpo para que fuera enterrado.

Guerreros enanos-0.jpg

Por esta acción, Morgrim se ganó el sobrenombre de Elgidum, que en el idioma de los enanos significa “perdición de los Elfos” o simplemente “Mataelfos”. Cuando Caledor II se enteró de aquello, ofreció la mano de su hermana Alaine en matrimonio a aquella persona que le trajera la barba del Morgrim.

Ni siquiera entonces fue capaz ninguno de los bandos de parar aquel sinsentido. Pasaron los años, todos y cada uno de ellos marcados por una gran batalla, con victorias y derrotas de ambos bandos. Los Elfos no consiguieron derruir las fortalezas Enanas y los Enanos, por su parte, no lograron derrotar definitivamente a los Elfos. Y ambas razas fueron desgastándose entre si. Poco a poco, los Enanos obligaron a los Elfos a retirarse al interior boscoso del Viejo Mundo, lo que propició la destrucción de bosques enteros por parte de los enanos para negar refugio a sus enemigos. Los elfos vieron sus colonias costeras asediadas por los Enanos vengativos, y uno por uno, los asentamientos más pequeños empezaron a caer.

Brok y Saledor Editar

Enanos vs Elfos.jpg

Durante la Guerra de la Venganza se alzaron un sinfín de héroes y fueron olvidados otros tantos. Con este conflicto épico como telón de fondo, el legendario Enano Brok Puñopétreo y el diestro Señor Élfico Salendor se enfrentaron en combate en numerosas ocasiones durante el transcurso de esta amarga guerra y ninguno de los dos llegó a ceder nunca ante los ataques del otro.

Miles de años más tarde, en estos tiempos actuales de declive tanto de los Enanos como de los Altos Elfos, se los considera dos de los guerreros más poderosos del mundo conocido; no obstante, en su época existieron muchísimas figuras legendarias igual de poderosas que ellos. Se perdieron miles de vidas en los enfrentamientos despiadados e irreconciliables que tuvieron lugar entre Brok y Salendor, y sus descendientes los recuerdan con un gran orgullo.

Personaje Minero Enano.jpg

Brok Puñopétreo de Karak-Azgul fue un guerrero poderoso que ya era considerado viejo durante la Guerra de la Barba. Había dirigido a los miembros de su clan en un sinfín de victorias durante los primeros años del épico conflicto y los Elfos que combatieron contra sus ejércitos llegaron a odiarlo y a temerlo con toda su alma.

Brok ascendió hasta su puesto empezando muy humildemente, sirviendo varias décadas como mensajero. Llevaba mensajes por los ancestrales túneles que conectaban los bastiones enanos que en tiempos antiguos aún se utilizaban. Conocía la disposición de todos los túneles mejor que cualquier otro Enano en vida y parecía poseer un mapa mental de todos los lugares por los que había viajado. Según fue creciendo su barba y las décadas fueron pasando, muchos Señores del Clan y Señores de los Enanos le pidieron ayuda para dirigir expediciones mineras en territorio desconocido y, en poco tiempo, se hizo famoso por sus habilidades de orientación subterránea.

Cuando estalló la guerra contra los Elfos de Ulthuan, llamaron a Brok para que guiara las tropas de Karak-Azgul por debajo de las llanuras y poder atacarlos por detrás de sus líneas. Durante una de esas misiones, las flechas de los Elfos derribaron al Señor del Clan que dirigía el ejército y la caballería élfica rodeó a los Enanos, que levantaron un muro defensivo formado por escudos. Tomando la iniciativa, Brok profirió un grito de guerra y salió corriendo de la barrera de escudos. Sin pensárselo dos veces, los guerreros enanos salieron corriendo tras él y lograron efectuar un contraataque tal que los Elfos no tuvieron tiempo de reaccionar y fueron cortados en pedazos.

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Con Brok al frente de la ofensiva, los Enanos consiguieron abrirse camino a través de las filas de los Elfos y pudieron retirarse luchando hasta los túneles. Una vez hubieron llegado, los Enanos le pidieron a Brok que los liderara, y él aceptó a regañadientes. Aquella noche, Brok condujo las mancilladas tropas enanas por túneles que nadie había utilizado en cientos de años y ordenó a los mineros excavar un túnel para llegar hasta la superficie. Los túneles llevaron a los Enanos a una zona sin defender y Brok los dirigió en un sanguinario ataque sorpresa al mismo ejército élfico contra el que habían luchado aquel mismo día y lo aniquilaron totalmente.

A partir de aquel día, todos los que habían seguido a Brok lo respetaron enormemente. Le otorgaron el título honorífico de Ungdrin Ankor Rik ("Señor de los Túneles"), y, durante los siguientes cien años, llegó a ser uno de los generales más consumados de todos los que participaron en la Guerra de la Venganza. Condujo a los Enanos de Karak-Azgul en innumerables victorias y se ganó una temible reputación entre los Elfos, que lo llamaron Arhain-tosaith, lo que se traduce más o menos como "el sombrío de la tierra".

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No fue hasta que se enfrentó a los ejércitos de Salendor de Tor Achare, quien se transformaría en su némesis final, que Brok Puñopétreo tuvo rival en el campo de batalla. Salendor era un joven y brillante Señor Elfo que dirigió sus tropas demostrando una pericia que nada tenía que ver con su juventud, puesto que apenas tendría unos doscientos años de edad.

El joven Salendor era un estratega muy calculador y un maestro de la espadachín parangón que, además, también estaba versado en el arte de la magia. Su talante tranquilo y una mente presta para la estrategia le sirvieron muy bien contra Brok, así que los dos se convirtieron muy pronto en airados rivales. Siempre que los ejércitos de Karak-Azgul aparecían tras las tropas de Salendor, este conseguía contrarrestar el ataque y siempre lograba responder adecuadamente a todas las argucias que a Brok se le ocurría probar contra él. Durante la Batalla del Río Ciego, Brok intentó socavar el suelo bajo los pies del ejército de Salendor, que marchaba por la noche.

Rylanus Evernarion por Carl Frank Comandante Alto Elfo.jpg

Salendor, de quien se rumoreaba que había nacido con el don de la premonición, se dio cuenta de la artimaña en el último instante. Envió una tropa de Guardianes de Ellyrion al galope por encima de la trampa y el suelo se fue hundiendo tras ellos mientras cabalgaban en la noche. Cuando los Enanos, recubiertos de polvo, iniciaron su ataque desde los túneles subterráneos, se encontraron con que los Elfos los estaban esperando, con las lanzas y los arcos preparados.

Durante los siguientes cien años, Brok y Salendor se enfrentaron varias veces en encarnizados combates; los encuentros entre estos dos poderosos héroes eran siempre confrontaciones épicas que podían alargarse durante horas. Ninguno de los dos podía vencer al otro, y en este tipo de duelos ninguno daba ni un solo paso atrás. Brok era tan fuerte como las mismas montañas, y se dice que ningún Elfo llegó a moverse nunca tan ágilmente como Salendor; era como si este supiera lo que su enemigo iba a hacer incluso antes que él mismo. Siempre que podían, cada uno buscaba al otro durante la batalla, abriéndose paso a través de incontables adversarios para poder enfrentarse el uno al otro en combate singular.

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Finalmente, en la gran batalla de Athel Maraya, los dos se enfrentaron por últimas vez. Varios ejércitos enanos, incluida una fuerza de choque dirigida por Brok, sitiaron la ciudad élfica. Los mineros guiados por Brok cavaron túneles por debajo de las murallas de la hermosa ciudad, los socavaron y provocaron con ello el derrumbe de varios trozos de la muralla, lo que creó brechas por las que los Enanos pudieron entrar.

Entonces, varios dragones aparecieron volando en círculo alrededor de las elegantes torres y descendieron para llevar a cabo un devastador ataque por las calles de la ciudad en el que incineraron a cientos de Enanos, que quedaron calcinados dentro de sus armaduras al rojo vivo. Brok y sus tropas más veteranas salieron a la superficie en mitad de la ciudad y atacaron perfectamente coordinados con la caída de la muralla, lo que provocó el pánico y la confusión en las calles: Los Enanos lucharon con bravura para ganar cada centímetro de terreno a pesar de sufrir un número horrible de bajas a manos de los arqueros situados en los altísimos edificios, el aliento de los dragones y la temeraria milicia élfica, que luchaba para proteger sus hogares y sus familias.

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Los Enanos encendieron fuegos con antorchas y tizones ardientes que, combinados con el aliento de los dragones, resultaron en un infierno creciente que transformó la ciudad en un horno de muerte y destrucción. Ambos bandos se vieron obligados a abandonar la ciudad o quedar atrapados en ella. Justo en el momento en que el incendio llegaba al centro de la ciudad, Brok se encontró cara a cara con Salendor por última vez. Mientras la ciudad ardía a su alrededor, los dos guerreros blandieron sus armas en una danza mortal mientras hacían caso omiso de las súplicas de sus camaradas para que huyeran de la ciudad. Los elegantes puentes y las duplicadas torres se iban derrumbando haciendo caer una lluvia de escombros ardientes alrededor de los dos adversarios; no obstante, estos seguían luchando, ignorándolo todo excepto los movimientos de su enemigo. Finalmente, Enanos y Elfos se vieron obligados a huir del intenso calor y dejaron a los dos héroes atrás, luchando, hasta que la ciudad se vio totalmente envuelta en llamas.

Así se recuerda a los dos rivales, como dos héroes fantásticos que no quisieron dejar de combatir mientras una ciudad en llamas se desmoronaba a su alrededor; que combatieron hasta ser consumidos por el fuego. Entre los Elfos se dice que los dos rivales todavía siguen luchando tras la muerte; que continúan su lucha a través de los milenios como espectros fantasmales. Entre los Enanos de Karak-Azgul, Brok es honrado como ejemplo de las virtudes enanas y personifica el espíritu luchador y tenaz de su pueblo. Los dos siguen vivos en el recuerdo de las dos razas como dos de los guerreros más valientes e inflexibles que hayan existido nunca.

La caída del rey Fenix Editar

Portada The Curse of the Phoenix Crown por Fred Rambaud Rey Fénix Caledor II Gran Rey Gotrek Rompeestrellas Altos Elfos Enanos.jpg

La guerra engendró un legado de odio y amargura que duraría miles de años. Ambos bandos lucharon hasta consumir sus últimas reservas militares. Después de cuatro siglos de lucha, sólo las principales colonias de Tor Alessi y Sith Rionnasdnamishathir resistían. Frustrado los pocos éxitos obtenidos en aquella guerra, Caledor II despechó sus generales y tomó personalmente el mando de las fuerzas de los Elfos para supervisar personalmente la guerra con los Enanos. Fue su último gran error.

Mientras tanto, el convento de Hechiceras de Malekith, que espiaban para el Rey Brujo, le advirtieron que de la partida de la nave insignia del Rey Fénix con Caledor a bordo. Ulthuan jamás había sido tan vulnerable, pues sus guarniciones habían sido despojadas de luchadores y sus mejores generales estaban muertos o habían caído en desgracia y habían sido apartados de la corte. Malekith observó Ulthuan con ojos ávidos y vio que era débil y vulnerable. Envió mensajeros ordenando a sus súbditos que se prepararan para llevar a cabo la invasión de la isla en cuando llegara el momento adecuado. Malekith confiaba en que Ulthuan, al estar dividido y sin líder, esta vez no podría resistir.

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Mientras tanto, en el Viejo Mundo, en una última arremetida, el Rey Gotrek y su clan se unieron a Morgrim para asediar la ciudadela portuaria de Tor Alessi por decimocuarta y última vez. Aquí, los agravios fueron resarcidos literalmente. Sobre la ciudad élfica cayó una lluvia de rocas envueltas en hierro que duró un centenar de días. Durante este tiempo, las murallas fueron abatidas en una docena de puntos diferentes y ninguna de las torres permanecía en pie para detener el avance de los Enanos.

Durante el asedio de Tor Alessi, el Rey Fénix y sus guerreros cargaron directamente hasta lo más profundo de la infantería Enana donde se encontraban Rompeestrellas y Mataelfos, quienes atacaron juntos al Rey Caledor. Incapaz de huir, el elfo se vio forzado a enfrentarse a Gotrek; y ambos reyes se midieron en combate singular. Caledor buscaba la victoria rápida, pero el Rey Rompeestrellas no estaba dispuesto a dársela.

El Gran Rey Enano estaba satisfecho de haber estado luchando durante todo el día y seguir haciéndolo cuando empezó a caer la noche, punto en el que las fuerzas del Elfo empezaron a agotarse. Gotrek, en cambio, seguía adelante y acabó con todas las fuerzas del rey elfo antes de romper en pedazos la ligera espada élfica de Caledor con un preciso golpe de su hacha. Derrotado, Caledor pidió misericordia, pero el Gran Rey solamente quería vengar a su gente y no estaba dispuesto a mostrar misericordia, sino a hacer justicia. El Enano descargó una última vez su hacha y el duelo terminó.

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Como prueba de su victoria y pago por la insolencia mostrada por los Elfos, el Rey Gotrek tomó la Corona del Fénix de entre la masa encefálica esparcida por el suelo y proclamó saldado el agravio llevándose la corona a Karaz-a-Karak. Con esta victoria final, los Enanos se retiraron del campo de batalla al considerar que su honor había quedado satisfecho, y rechazaron todas las peticiones de devolución de la corona. Gotrek afirmaba que, si la querían, podían ir a Karaz-a-Karak con un ejército y suplicar que se la devolviera.

Mientras los Elfos reunían una expedición suicida para asediar Karaz-a-Karak, la fortaleza más inexpugnable de todo el Viejo Mundo, les llegó la noticia de que los Elfos Oscuros se había aprovechado de la ausencia del Rey Fénix para invadir Ulthuan una vez más. El plan a largo plazo del Rey Brujo, en el que tanto Caledor II como Gotrek Rompestrellas habían desempeñado un papel involuntario, había cosechado sus frutos.

Después de la guerra Editar

Tanto Enanos como Elfos conservan relatos de héroes de la Guerra de la Venganza, o la Guerra de la Barba, como la llaman los Elfos. Ambos bandos lucharon con honor, mas se cometieron también actos infames durante esa era larga y brutal, aunque ningún bando conserve un registro de los actos de salvajismo impávido que ellos mismos perpetraron, ni admitirán jamás tener nada que ver con cualquiera de esos ultrajes.

A pesar de que ya no están abiertamente en guerra, los Enanos nunca olvidarían, y desconfiar de los Elfos es la lección más común que ha pasado de generación en generación. Las relaciones entre los Elfos y los Enanos apenas han mejorado. Los Enanos se refieren a los Elfos calificándolos de "rompejuramentos" y "afeitabarbas", mientras que los Altos Elfos llaman a los Enanos ladrones y bandidos. Fue una guerra frívola, rencorosa y sin sentido, pero lo peor estaba todavía por llegar.

Invasión de los Elfos Oscuros Editar

Mientras la armada de los Elfos Oscuros se preparaba, las naves del este llevaron la noticia a Malekith de que Caledor Il había muerto a manos del Gran Rey Gotrek Rompestrellas. Lejos de alegrarse con ello, el Rey Brujo quedó muy preocupado pues no esperaba ese giro en los acontecimientos y sus pensamientos se concentraron en ver quién sería el sucesor al trono de los Reyes Fénix.
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Con el incompetente Caledor II gobernando Ulthuan, Malekith estaba seguro de que podía ganar a los Elfos en una campaña rápida. Pero, si elegían otro rey con el mismo aplomo que Caledor I, la victoria sería imposible. Malekith decidió resolver el asunto personalmente y ordenó que su flota se dirigiese a toda velocidad a la costa de las Tierras Sombrías. Si los Elfos Oscuros atacaban antes de que un nuevo Rey Fénix fuese elegido, podrían aprovechar la confusión y la desorganización para asegurar la victoria.

Con la muerte de Caledor II, los Altos Elfos se encontraron una vez más en medio de una guerra sin un Rey Fénix. Navegando bajo un manto de magia negra, las flotas del Rey Brujo se apoderaron de la Isla Marchita y volvieron a tomar la mayor parte de las Tierras Sombrías.

Varias Arcas Negras navegaron hasta las playas donde quedaron varadas para formar el núcleo de una nueva ciudad fortificada en el puerto de Anlec. Desde allí, los Elfos Oscuros se dirigieron hacia el sur para asediar la Puerta del Grifo. Para complicar aún más las cosas, la semilla de las hechicerías del Rey Brujo se había extendido por todo Ulthuan, atrayendo a todo tipo de bestias viles de sus guaridas en medio de las Montañas Annulii. Mientras los reinos del norte llevaban el peso de la lucha contra los Elfos Oscuros, solo los principados más afortunados se salvaron de sufrir los ataques de ArpíasQuimeras y otras bestias peores.

Ascenso de Caradryel. Editar

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Los Altos Elfos se encontraron en medio de las fauces de una trampa, luchando una guerra de dos frentes contra dos poderosos enemigos. Viendo que la guerra contra los Elfos Oscuros se había avivado, los príncipes de Ulthuan eligieron rápidamente a su nuevo rey. El Cuarto Consejo se reunió en el Templo de Asuryan y eligieron a Caradryel de Yvresse, que era tan diferente de Caledor II como la noche lo es del día. Era callado y no daba nada por sentado; se trataba de un soldado mediocre, pero era un hábil gobernante.

Incapaz de mantener un conflicto en dos frentes, el primer decreto de Caradryel fue tomar la dura decisión de retirarse del Viejo Mundo y abandonarlo a la suerte de los Enanos y a la cada vez más fuerte raza de los Hombres. Convocó a todos los Elfos leales para que regresasen y defendieran Ulthuan frente a la amaneza de los Druchii, abandonando las colonias del Viejo Mundo. Enfrentado con la implacable hostilidad de los Enanos, le parecía estúpido mantener enormes ejércitos en ultramar, especialmente con una amenaza más urgente en la patria de los Elfos. Los Elfos que sobrevivieron abandonaron el Viejo Mundo con sus ejércitos y su arrogancia destrozados por la derrota.

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Caradryel sabía que transcurrirían muchas edades del mundo antes de que los Enanos consintieran una reconciliación sin exigir una recompensa ruinosa, pero también sabía que no podía haber guerra si los Enanos no tenían a nadie con quien luchar. Así fue como Caradryel, abandonando a un lado el orgullo, pidió la forja de una nueva corona del Fénix y ordenó a los ejércitos que regresaran a casa.

Entre los Altos Elfos más orgullosos y arrogantes se produjo un gran alboroto. Parecía un enorme insulto al orgullo Élfico que la Corona del Fénix permaneciera en manos de los Enanos y proponían continuar el conflicto hasta recuperarla, pero el reino de los Altos Elfos estaba en ruinas después de tantos miles de años de guerra. Caradryel, que era un individuo franco, sabía que su gente no podría aguantar mucho más un conflicto como aquel, especialmente cuando los ejércitos del Rey Brujo estaban invadiendo Ulthuan; por lo que replicó que prefería perder la corona que el reino y prosiguió con su política.

A día de hoy, la primera corona del Fénix corona todavía continua en Karaz-a-Karak, de pie al lado del cristal de fuego en la gran fortaleza de la Montaña Eterna, como símbolo y origen del amargo odio enconado y recriminación que existe entre los dos pueblos.

Surgimiento de los Elfos Silvanos Editar

Vigilancia Nocturna Hermandad de la Espada de Belannaer por John Gravato Altos Elfos Maestros de la Espada.jpg

La gran Guerra de la Barba acabó con la colonización de los Elfos en el Viejo Mundo y con las ambiciones de un imperio Enano extendido hasta el mar occidental. Ambas razas agotaron sus recursos en esta brutal confrontación, y sufrieron disensiones internas en sus reinos natales.

Durante el periodo más encarnizado de la guerra, los ejércitos Enanos descendieron de las montañas para asediar a las colonias Élficas de la costa. Los guerreros Enanos tuvieron que avanzar a través de densos bosques, y a su paso hicieron un buen uso de sus hachas. Cortaron leña para alimentar sus hogueras, para construir fortalezas y puentes, y para alimentar las máquinas de vapor y las forjas. Los Enanos descubrieron que esto enfurecía a los Elfos, por lo que talaron muchos más árboles. Muchos Elfos decidieron convertirse en guardianes de los bosques y tendieron emboscadas a los ejércitos Enanos mientras se abrían paso a través del bosque. Los Enanos no podían avanzar a través de las tierras salvajes por el peligro de sufrir un repentino ataque por sorpresa. Los Elfos demostraron estar muy bien adaptados para luchar en el interior de los densos bosques, ya que sus Arqueros podían disparar sin ser vistos y eran rápidos y ágiles por naturaleza.

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Cuando la Guerra llegó a su fin y Caradryel fue proclamado como nuevo Rey Fénix. Al Viejo Mundo llegó un decreto del rey fénix en el que se decía que no quedarían en aquellas tierras ejércitos para defender a los colonos y que todos ellos debían volver a su isla natal. La decisión fue acogida con alegría y en la siguiente década se produjo el éxodo del Viejo Mundo y las florecientes ciudades y torres de Elthin Arvan fueron abandonadas.

Adicionalmente, se elevaron protestas entre las colonias Elficas del Viejo Mundo, ya que consideraron la partida de los ejércitos como una traición. Los que tenían parientes en Ulthuan elevaron grandes protestas. Una vez más, Caradryel se mantuvo firme y directo en su respuesta. Les replicó diciendo que si los Elfos del Viejo Mundo necesitaban de la protección de los ejércitos, que regresaran a Ulthuan, donde los ejércitos podían ofrecer esa protección con garantías. 

Muchos Elfos volvieron pero otros, como los que vivían cerca del bosque de Athel Loren, se negaron a abandonar su patria adoptiva y permanecieron en el Viejo Mundo. Siguieron un camino diferente al de los Altos Elfos y se alejaron de la corriente principal de la Cultura élfica, autoproclamándose independientes del Trono del Fénix. Aislados de los suyos y de su cultura a partir de entonces tornaron un camino diferente al practicado en Ulthuan, manteniéndose fieles a la tradición élfica en algunos aspectos y apartándose en otros.

Aunque entristecido por este giro de los acontecimientos, Caradryel se encogió de hombros y no les obligó a regresar: tenía cosas más importantes que hacer como para arriesgarse a empezar una nueva guerra civil. 

La Era de la Aflicción Editar

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A pesar de que los Enanos resultaron vencedores en aquel largo conflicto, lo que debería haberles asegurado el dominio del Viejo Mundo durante las eras venideras, el destino no les fue favorable. A pesar de que tras el final de La Guerra de la Venganza se expulsaron a la mayoría de los Elfos, el Imperio enano había dejado exhausto y apenas pudo gozar de un tiempo de paz para recuperarse cuando se vio asolado por diversos desastres naturales de una magnitud que no se había visto desde la llegada del Caos.

Las Montañas del Fin del Mundo empezaron repentinamente a ser sacudidas por terremotos y erupciones volcánicas. Cada asentamiento Enano sufrió grandes calamidades: las descomunales murallas que rodeaban las fortalezas se rompieron en pedazos, minas colapsadas, galerías inundadas por ríos subterráneos... Las montañas temblaron, algunas hasta partirse en dos, dejando caer avalanchas de rocas que aplastaron todo lo que encontraron en los valles bajo ellas. La lava llenó las cavernas y todo el Reino Eterno quedó hecho estragos.

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Los Enanos de refieren a este desastre y al tiempo que le siguió como la Era de la Aflicción. Muchos de los tomos que guardan la historia se pierden para siempre o dejan de ser actualizadas, incluso el Gran Libro de los Agravios de Karaz-a-Karak permanece en silencio durante esta época. De los pocos escritos que han sobrevivido se deduce que fueron muchos los Enanos que murieron y que incontables minas y asentamientos resultaron destruidos. Incluso las fortalezas más grandes resultaron dañadas debido a las grandes grietas que se abrieron en la roca y a que pisos enteros quedaron sumergidos bajo la lava.

Por si fuera poco, tras los desastres naturales, los Orcos y Goblins empezaron a extenderse por todos los territorios, saqueando y destruyendo las ciudades aún existentes de los Elfos y las fortalezas enanas que sobrevivieron. El periodo que siguió a este es conocido por los Enanos como las Guerras Goblins a aunque en realidad, a parte de los pieles verdes, entre los enemigos de los Enanos también había Ogros, Trolls, Skavens y todo tipo de criaturas malvadas.

Así, durante los siguientes siglos, los Enanos empezaron una época en la que tuvieron que luchar por su supervivencia.

Fuentes Editar

  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (4ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Altos Elfos (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Enanos (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Enanos (8ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Silvanos (4ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Silvanos (6ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (7ª Edición).
  • Warhammer Fantasy JdR: Dwarfs - Stone and Steel (1ª Ed. Rol).
  • Black Library: Grungelord.

Spotlights de otros wikis

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