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Gutrot Spume

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Nagash Gran Nigromante retornado Fin de los Tiempos.jpg

El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

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Gutrot Spume wallpaper.jpg

El Señor de los Tentáculos, Señor de la Flota de la Plaga

Gutrot Spume es una mole brutal. Su increíble fuerza y tenacidad solo se ven igualadas por su descomunal arrogancia. Los espantosos tentáculos que forman la mitad de su torso pueden despedazar enemigos sin dificultad, mientras que cualquier ataque contra él rebotará en su armadura herrumbrosa o simplemente se hundirá en su repugnante carne fofa sin causar daños graves.

Historia Editar

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Gutrot Spume es el señor de la tribu Hueso Dragón y el comandante de la flota de plaga más grande del norte. Un orgulloso guerrero cuya imponente arrogancia a menudo lo lleva a batallas contra probabilidades abrumadoras, Spume ha resurgido de las cenizas del fracaso para recuperar su posición como uno de los señores de la guerra preeminentes de su edad.

El amor por el mar corre por las venas de Spume. En su juventud, obtuvo su nombre de su hábito de sumergirse en el Mar de las Garras con nada más que un cuchillo. Pasó más tiempo bajo el agua, matando al pez mordedor y al tiburón espada que vagando por los fiordos y arrastrando los cadáveres de nuevo a su tribu. Su habilidad como guerrero y proveedor no pasó desapercibida, y Spume pronto se convirtió en el jarl de la tribu Hueso Dragón.

Gutrot no estaba tratando de impresionar a sus compañeros humanos, sino a los dioses del cielo. Spume se sumergía una y otra vez en el Mar de las Garras. Mientras sus contemporáneos cazaban engendros, trolls y bestias asesinas en la tundra de su tierra natal, Spume hundía el cuchillo en kharibdyss, serpientes marinas y merwym por igual. Cuando Spume oyo hablar de un gigantesco kraken de la plaga que se cernía sobre las costas de las Tierras de la Bilis, se apresuró a cazarlo. La ambición de su loco plan vio a su expedición amasar una flotilla de barcos lobo Norscas, cada uno lleno de miembros de la tribu deseosos de convertir los mares a color rojo con la sangre de los monstruos.

A pesar de que llevó a Spume varios meses de lucha no sólo contra las bestias mortales del Mar de las Garras, sino también contra las flotas élficas que intentaron detenerlos, su destrozada flota finalmente encontró las manchas aceitosas de fluidos enfermos que decían ser el paso del kraken de la plaga. Sin perder tiempo, Spume desnudo hasta la cintura se sumergió profundamente en las aguas. Siguió la corriente destructora de las secreciones que pensaba que llevarían a la guarida del kraken, nadando cada vez más profundo, hasta que divisó una sombra con tentáculos de inmenso tamaño retorcerse en las profundidades.

Con desbordante confianza, Spume nadó hacia abajo y hundió la hoja en la espesa grasa que protegía el cráneo del kraken. Una serie de bajos temblores subsónicos golpeó a través del agua, con su ritmo sonando incómodamente como una risa en auge. Demasiado tarde, Spume vio bestias más pequeñas con tentáculos que convergían sobre él. Cada una de las cosas pálidas no era más grande que un perro, sin embargo atacaron en tal número que pronto se encontró luchando por su vida. Blancos tentáculos gomosos lo golpearon y agarraron, y afilados picos mordieron su carne. Una de las criaturas se tragó entero el brazo izquierdo de Spume.

Al darse cuenta de que le quedaban segundos como máximo, el jarl se abrió camino, con sus piernas pataleando desesperadamente para llegar a la superficie. No esperaba sobrevivir, al igual que sus hombres no esperaban que regresara de su búsqueda temeraria. Sin embargo, el Abuelo Nurgle se sentía aún más generoso de lo habitual, y aunque sus dioses rivales se alejaron desinteresados por el fracaso de Spume, el Señor de la Decadencia tuvo a bien recompensarle por su valentía.

Cuando Gutrot finalmente salió a la superficie, su cuerpo había cambiado más allá del reconocimiento. Su lado izquierdo se había fusionado con el engendro kraken que había arrancado su brazo, y todo su flanco se erizaba con los tentáculos que se retorcían de la bestia submarina. Spume subió a bordo de su buque insignia, una vez más, no como el jarl de una tribu Norsca, sino renacido como el Señor de los Tentáculos.

No pasó mucho tiempo antes de Spume reuniera su armada, una vez más, esta vez con la intención de saquear los asentamientos costeros del Imperio. Se corrió la voz de sus poderes, y aquellos que se oponían a él rápidamente enfermaban y morían, o eran encontrados ahogados inexplicablemente en la noche. Para el equinoccio de primavera la flota de desvencijadas embarcaciones de Spume navegaba a través de las olas del Mar de las Garras hacia la costa de Nordland. Más de diez mil hombres se mantenían dentro de los cascos de los barcos apelmazados de algas, merodeadores de la tribu y asesinos blindados en igual número. Esta vez iban a tallar sus destinos de la carne blanda de los sureños.

La flota de Gutrot Spume llegó a la costa de Nordland intacta, haciendo frente al fuego de los cañones de los fuertes fiordos sólo para encontrar la playa llena de filas y filas de tropas estatales del imperio. Por encima de ellos, los comandantes con elaborados yelmos volaban sobre pegasos y grifos, gritando órdenes a sus hombres para resistir. Entre ellos estaba el propio Karl Franz, ya que el Imperio conocía bien del amor Norsca por las incursiones de primavera, y la noticia de la flota que se aproximaba había viajado rápido.

La flota invasora navegó a toda velocidad hacia la bahía, con aullantes hordas saltando por encima de las bordas de escudos tachonados y cargando hacia las aguas poco profundas. En cuestión de minutos se habían unido a la batalla, con Spume a la vanguardia mientras comenzaba la matanza. El señor de la guerra gritó un desafío al Emperador en lo alto, pero en lugar de luchar contra él, el jinete grifo volvió su montura y huyó.

Spume seguía riendo cuando el gobernante del sur regresó unas horas más tarde. Su alegría pronto se desvaneció cuando la reina del hielo de piel pálida que compartía ahora su silla de montar echó un gran hechizo que congeló las aguas de la bahía, atrapando a la gran mayoría de sus hombres hasta las rodillas. Con las hordas Norscas atrapadas en las olas congeladas, las tropas estatales del sur redoblaron su ataque, encontrando más fácil acabar con los guerreros de Spume uno por uno con largas lanzas y alabardas. Gutrot luchó duro, pero finalmente admitió su derrota, patinando hacia atrás a lo largo del espeso hielo hasta su buque insignia y navegando de regreso a la tribu Hueso Dragón para lamer sus heridas. Durante los años que siguieron, reconstruyó su ejército y su flota, jurando solemnemente que en caso de que encontrara una oportunidad para inflingir su venganza, la aprovecharía sin dudar.

Original:

Gutrot Spume is the lord of the Dragonbone tribe and the commander of the greatest plague fleet in the north. A proud warrior whose towering arrogance often leads him into battles against overwhelming odds, Spume has risen from the ashes of former failure to reclaim his position as one of the pre-eminent warlords of his age.

The love of the sea runs in Spume's veins. As a youth, he earned his name from his habit of plunging into the Sea of Claws with nothing but a knife. He spent more and more time underwater, slaying the eater-fish and swordsharks that roamed the fjords and dragging their corpses back to his tribe. His ability as a warrior and a provider did not go unnoticed, and Spume soon became the jarl of the Dragonbone tribe.

Gutrot was not seeking to impress his fellow humans, however, but the gods above. Spume dived time and time again into the Sea of Claws. Whilst his contemporaries hunted spawn, trolls and sloughterbrutes on the tundra of his homeland, Spume sunk his knife into kharibdyss, sea serpent and merwym alike. When Spume heard tell of a gigantic rot-kraken that was haunting the coast of the Bile Lands, he made haste to hunt it down. The lunatic ambition of his plan saw his expedition amassing a flotilla of Norscan wolf ships, each filled with tribesmen eager to turn the seas red with the blood of monsters.

Though it took Spume several months of battling not only the deadly beasts of the Sea of Claws but also the elf fleets that sought to stop them, his shattered fleet eventually found that oily slicks of diseased fluids that were said to follow the rot-kraken's passage. Wasting no time, Spume stripped to the waist and dived deep into the waters. He followed the noisome stream of secretions that he reasoned led to the kraken's lair, swimming ever deeper until he glimpsed a tentacled shadow of immense size writhing in the depths.

His confidence brimming, Spume swam down and buried his blade in the thick fat that protected the kraken's skull. A series of low subsonic shivers pounded through the water, their tempo sounding uncomfortably like booming laughter. Too late, Spume saw smaller tentacled beasts converging upon him. Each of the pallid things was no larger than a hound, though they attacked in such number that he soon found himself fighting for his life. Rubbery white tentacles slapped and grabbed, razored beaks bit into his flesh. One of the creatures swallowed Spume’s left arm whole.

Realising that he had seconds left at most, the jarl fought his way free, his legs scissoring as he reached desperately for the surface. He did not expect to survive, just as his men did not expect him to return from his foolhardy quest. Yet Grandfather Nurgle was feeling even more generous than usual, and though his rival gods turned away in disinterest at Spume’s failure, the Lord of Decay saw fit to reward him for his bravery.

When Gutrot finally surfaced, his body had changed beyond recognition. His left side had merged with the kraken-spawn that had taken his arm, and his entire flank bristled with tentacles that writhed undersea beast. Spume climbed aboard his flagship once more, not as the jarl of a Norscan tribe, but reborn as the Lord of Tentacles.

It was not long before Spume marshalled his armada once more, this time intending to sack the coastal settlements of the Empire. Word spread of his powers, for those who opposed him quickly sickened and died, or were found drowned inexplicably in the night. By the spring equinox Spume’s fleet of ramshackle vessels was plunging through the waves of the Sea of Claws towards the coast of Nordland. Ten thousand men and more were held within the hulls of the algae-caked ships, marauding tribesmen and armoured killers in equal number. This time they would carve their destinies from the soft flesh of southerners.

Gutrot Spume’s fleet reached the Nordland coast all but intact, braving the cannon fire of its fjord-forts only to find the beach packed with rank upon rank of Empire state troops. Above them, commanders in elaborate helms flew on pegasus and griffon, bawling down orders for their men to hold. Amongst their number was Karl Franz himself, for the Empire knew well of the Norscan love of spring raids, and word of the approaching fleet had travelled fast.

The invading fleet sailed at full speed into the bay, bellowing hordes leaping over shield-studded gunwales and thundering out into the shallows. In a matter of minutes battle had been joined, Spume at the forefront as the killing began. The warlord shouted a challenge to the Emperor high above, but instead of fighting him, the griffon rider turned his steed around and fled.

Spume was still laughing when the southern ruler returned a few hours later. His mirth soon faded when the pale-skinned Ice Queen that now shared his saddle cast a great spell that froze the waters of the bay, trapping the vast majority of his men up to the knees with it. With the Norscan hordes trapped in the frozen waves, the state troops of the south redoubled their attack, finding it easy to kill Spume’s warriors one by one with longspear and halberd. Gutrot fought hard but eventually admitted defeat, skidding back along the thick ice to his flagship and sailing back to the Dragonbone tribe to lick his wounds. Over the years that followed, he rebuilt his armies and his fleet, swearing a solemn oath that should he find a chance to wreak his revenge, he would seize it without hesitation.

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Batallas Editar

Guerra en el Drakwald Editar

Spume se abrió paso hasta el dominio sobre las tribus fjord hace muchas décadas, y amasó una flota de buques capturados con la que estaba más que encantado de llevar a la guerra. El autoproclamado Señor de los Tentáculos era un guerrero orgulloso, conocido en el norte por el conjunto de seudópodos que erizaban todo el lado izquierdo de su cuerpo. Muchos afirmaron que estos apéndices eran los signos del favor de Nurgle, pues eran siete, el número preferido del Señor de la Descomposición, y a menudo parecían tener vida propia. Estas extremidades adicionales proporcionaron a Spume una ventaja inusual en la batalla, lo que le permitía enrollar a varios enemigos simultáneamente antes de aplastarlos.

La Caída de Altdorf Editar

La calamitosa decisión de Gutrot Spume de vadear en línea recta el Drakwald le costó la oportunidad de ser el primero en llegar a las murallas de Altdorf, pero su orgullo quedó algo restaurado al ver la gran cantidad de hombres bestia que habían sido atraídos hacia su ejército. Decidido a ganar gloria, Spume lideró a su vanguardia en una carga masiva.

MiniaturaEditar

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • The End Times II - Glottkin.

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