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Har Ganeth

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Har Ganeth-low.jpg
La Ciudad de los Verdugos, la Fortaleza de Hielo

Har Ganeth, conocida como la Ciudad de los Verdugos, es una de las seis ciudades de Naggaroth, el reino de los Elfos Oscuros. El nombre de la ciudad rara vez se menciona más allá de esas frías tierras, pues la ciudad es el principal centro del culto a Khaine, y su calles y almenas están a rebosas con los cadáveres mutilados de los sacrificados al dios de la Sangre. Fundada en la costa traicionera de Naggaroth, la ciudad fue entregada a Hellebron por Malekith, y pronto se convirtió en el principal centro del culto. Y a cambio, las enloquecidas elfas brujas lucharían por Malekith y sus nobles cuando las necesitaran.

Har Ganeth se conviritió en un centro floreciente del culto a Khaine y sus templo ensangrentados rivalizaban con las del la propia Naggarond. En el centro de la ciudad, Hellebron erigió un gran templo al que se accedía por una escalera de hierro de mil y un escalones. Gobernadas por la Elfas Brujas, cada día centenares víctimas son conducidas a los altares de sacrificio. Aquí es donde se encuentra el mayor templo de Khaine, desde donde las Reinas Brujas y sus acólitas controlan la ciudad.

Cientos de personas eran sacrificadas cada día, decapitadas por los guerreros elegidos por Khaine. De esta práctica surgió el culto de los verdugos, guardias del templo que tenían tanta habilidad con la espada que eran capaces de decapitar o eviscerar a un cautivo de un solo golpe.

La CiudadEditar

Antes de que los druchii construyeran Karond Kar en la desembocadura de los Estrechos de los Esclavos, Har Ganeth había sido la ciudad más septentrional de la Tierra Fría. Sus murallas y torres habían sido construidas con el más puro mármol blanco, extraído de las montañas cercanas a las Casas de los Muertos. La Fortaleza de Hielo era fría, cruel y eterna, un símbolo del corazón despiadado de los druchii.

Eso había sido antes de que Malekith le entregara el control de la ciudad al templo de Khaine, antes de la noche de la matanza, hacía siglos, cuando las calles se habían transformado en ríos de sangre. Las murallas de piedra de nueve metros se encumbraban por encima del transeunte, con la superficie pintada con capas de rojo desde las almenas hasta la base. Las murallas recubiertas de sangre podían ser vistas desde kilómetros de distancia; pero al verla de cerca, cuando la luz del amanecer despertaba el mármol blanco de debajo, se puede contemplar con asombro los cientos y cientos de huellas de manos ensangrentadas, unas sobre otras, destinadas a crear sutiles matices y homicidas tonalidades.

La puerta de la ciudad era insólitamente ancha y baja, lo bastante amplia para que seis jinetes montados pudieran entrar cómodamente uno junto otro, pero no con las lanzas en alto. Un enorme cuerpo de guardia se encumbraba muy arriba, con la ancha fachada perforada por saeteras y aspilleras. Salidas para aceite pendían como lenguas arqueadas desde las bocas talladas de dragones y basiliscos, preparadas para verter abrasadora muerte sobre cualquier invasor. No obstante, las puertas de Har Ganeth habían desaparecido hacía mucho tiempo y el rastrillo había sido desmantelado. La entrada parecía la enorme boca de un leviatán que bostezaba, siempre hambriento de nuevas presas. No había ningún guardia sobre las almenas, ni luz verde de fuego brujo que ardiera tras las saeteras.

La Ciudad de Verdugos había sido construida sobre terreno elevado en la costa del Mar Frío. Lo que al principio era sólo una colección de formidables torres que se alzaban hacia el cielo sobre una colina de granito, a lo largo de los siglos se había extendido como un manto de piedra blanca por las laderas de la colina y por el terreno llano que la rodeaba. Cuando Har Ganeth fue entregada al templo por un edicto del Rey Brujo, se había abandonado el templo de la zona inferior de la ciudad y los ancianos se habían apoderado de los distritos que rodeaban la cima de la colina. Muchos de los ciudadanos más ricos habían sido desalojados de sus casas, y éstas demolidas para construir la enorme fortaleza del templo que encerraba las manchadas torres blancas del drachau en un puño de piedra oscura. Con independencia de dónde se hallara uno en la zona inferior de la ciudad, sentía la ominosa sombra del templo de Khaine.

Al igual que todas las ciudades druchii, Har Ganeth era un laberinto de estrechas calles y callejones serpenteantes, diseñadas a propósito para confundir a los intrusos. Los altos y estrechos edificios conducían a los pretendidos intrusos hasta callejones y otros sitios sin salida, donde quedarían a merced de ciudadanos que los aguardaban en los altos balcones de hierro forjado. Salvo unas pocas avenidas principales destinadas al comercio o la guerra, no había ninguna calle lo bastante ancha para permitir el paso de dos jinetes, y en muchos casos eran aún más estrechas. El sol raras veces llegaba al interior de estas claustrofóbicas vías, e incluso a plena luz del día una de cada dos casas estaba iluminada por un farol de intrincada forja de hierro que pendía en el exterior de la pesada puerta de roble.

Har Ganeth es un lugar maldito. La locura tomó la ciudad tiempo atrás, una sed por la sangre y la carne que solo se ha mantenido a raya utilizando algunas de las leyes más estrictas de todo Naggaroth. Solo en Har Ganeth se consideran crímenes el asesinato, el robo y el libertinaje público; una carga muy pesada para gentes tan acostumbradas a la depravación. Aún más, solo existe un castigo para las infracciones en Har Garneth: se carga al transgresor con cadenas y se le lleva a la cima de las pirámides de sacrificio donde se le corta la cabeza; solo puede haber un castigo en la ciudad elegida de Khaine. Solo los muy listos o los estúpidos rompen la ley en Har Ganeth y no siempre es posible decir quién es quién hasta que el verdugo deja caer su hoja. Los que son realmente listos logran escapar antes de que llegue ese momento.

Hellebron Mark Gibbon.jpg

Esta situación no impide que las rivalidades internas sean menos hostiles en Har Ganeth que en otras ciudades, sencillamente se llevan a cabo de forma diferente. Los Príncipes Oscuros aprendieron hace tiempo que encargar un asesinato puede acabar con ellos mismos muertos igual que la víctima. Por tanto, se concentran en engañar a sus rivales para que cometan actos que rompen la ley y que solo pueden ser castigados con la hoja del verdugo. Semejantes complots han de ser sutiles y pueden tardar años en completarse. Har Ganeth es guarida de política sombría como ninguna otra, donde cada petición y concesión no es más que una pieza en un juego más amplio de desgracia y muerte. Solo hay un ser en Har Ganeth que está por encima de sus leyes. La Anciana Hellebron ha gobernado la ciudad casi desde su fundación y no ve ningún motivo para obedecer sus propios dictados. Aunque invita a que le hagan peticiones para adquirir parte de su inmunidad (a cambio de favores adecuados, naturalmente) esas peticiones son escasas y alejadas en el tiempo entre sí. Se necesita una falta de vergüenza especial o una desesperación extrema para admitir abiertamente que se ha quebrantado la ley ante quien es su supremo guardián.

Solo durante la Noche de la Muerte, una noche de frenesí sangriento en honor de Khaine, se permite cualquier exceso en Har Ganeth. En el resto de Naggaroth, solo las Elfas Brujas celebran la Noche de la Muerte, mientras que el resto de Elfos Oscuros hacen lo que pueden para evitar ser sacrificados al Señor del Asesinato. Sin embargo, en Har Ganeth, todo el mundo participa en la locura de la Noche de la Muerte, ya que es el único interludio en el que se permite liberar toda la maldad restringida durante todo el año. Las grandes puertas de la ciudad se sellan y se libera a los prisioneros y esclavos en las calles que crepitan de anticipación. Cuando la luna se alza, la locura se cierne. El vino y la sangre fluyen como agua por los canalones, los gritos salvajes dividen la noche y los cuerpos medio devorados obstruyen los canales. Las Elfas Brujas danzan desnudas alrededor de los cuerpos de los caídos y los Elfos, estupefactos, yacen amontonados sobre las losas resbaladizas por las entrañas de los cadáveres.

Solo cuando amanece y los grandes gongs de bronce resuenan, cesa la carnicería. Mientras los extenuados supervivientes se arrastran por las calles, las puertas del palacio de Hellebron se abren y su guardia de élite barre las calles buscando a los Elfos demasiado cansados como para escapar. Estos son arrastrados hasta las habitaciones de Hellebron donde se encuentra su caldero de bronce. Mientras que otras Reinas Brujas eligen bañarse en sangre de doncellas e inocentes, la Reina sangrienta de Har Ganeth solo lo hace en sangre que ha sido regada con la locura corruptora de la Noche de la Muerte.

El origen de la Noche de la MuerteEditar

Caldero Sagrado por A.L.Ashbaugh.jpg
En Ulthuan, el propio nombre de Har Ganeth está maldito y nadie habla de la ciudad que ellos denominan Lugar Maldito. En el año 1122 del Calendario Imperial, poco después de ser coronado como Rey Fénix, Morvael ordena un ataque de represalia contra Naggaroth por el asesinato de Aethis, con el ejército más grande que haya osado nunca invadir el reino del Rey Brujo. Sin embargo para sus desgracia, las hechiceras de Ghrond, utilizando sus poderes premonitorios para prever el ataque y dar el aviso. Así cuando los Altos Elfos atacaron, se encontraron con las huestes Druchii perfectamente preparadas para hacerles frente.

Durante muchos días y noches se libró una violenta batalla, hasta que los Altos Elfos tuvieron que retroceder, Muchos murieron mientras huían, demasiado exhaustos para seguir luchando. Otros fueron capturados por los jinetes oscuros mientras intentaban huir. Despertaron mucho después en los altares empapados de sangre de Khaine. Las Elfas brujas se encargaron de los elfos demasiado cansados para oponer resistencia.

La celebración de victoria de los Elfos Oscuros fue un espectáculo terrible. Prisionero tras prisionero fue conducido hasta los altares, donde todos murieron de las formas más crueles imaginables. Los gritos de los moribundos se mezclaban con las risas de las elfas brujas, que bailaban desnudas entre los cadáveres. El vino y la sangre fluyeron abundantemente de los altares y los Elfos Oscuros alabaron borrachos a su dios maligno. Los fuegos de los sacrificios ardieron durante muchas noches y los Elfos Oscuros se alimentaron de la carne de sus enemigos derrotados y, a continuación, se lanzaron a una espiral de muerte y destrucción en un violento éxtasis.

La sangre se desbordó por las ventanas de la alta ciudadela y discurrió por las calles como un río. Las entrañas de los muertos salpicaron los templos de Khaine y tiñeron de rojo sus ídolos de bronce. Las escalinatas de sus templos estaban cubiertas de cadáveres desmembrados y entrañas desparramadas. Yacían por doquier Elfos Oscuros entrelazados y cubiertos de sangre, después de haberse atiborrado de la carne y la sangre de sus enemigos y saciados con los horrores de su propia depravación inhumana. Cuando todo acabó, salió el sol sobre la ciudad teñida de rojo sangre y la infamia de Har Ganeth quedaría por siempre marcada en los anales de Ulthuan.

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (4ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Elfos Oscuros (8ª Edición).

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