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Historia de los Condes Vampiro

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Guerra Vampiros 8ª.jpg

Los Vampiros son seres inmortales que han extendido la maldición de la no muerte por todas las tierras durante miles de años. Aunque actualmente la inmensa mayoría habitan en los lluviosos bosques del norte, sus orígenes se remontan a las ciudades batidas por el sol en los desiertos de muy al sur del Viejo Mundo.

Al sur del Imperio, al sur de los Reinos Fronterizos, al sur incluso de las Tierras Yermas y de Karak-Azul, se encuentra el antiguo reino de Nehekhara, conocida como Tar Uritharhain entre los Elfos y Grimaz-Ankor entre los Enanos. Es una tierra de la que pocos hombres hablan, por lo que se sabe bien poco. Incluso aquellos que conocen su verdadero nombre no se atreven a pronunciarlo en alto, sino que se refieren a ella entre susurros como "la Tierra de los Muertos”. Pocos hombres han estado allí y han regresado con vida para contarlo, por lo que la historia de esa región está envuelta en rumores oscuros y en un halo de misterio. Se pueden extraer unas pocas pistas al respecto estudiando ciertos textos antiguos, como el Libro de los Muertos de Abdul ben Raschid.

En este gran tomo se narra cómo Settra, el gran Rey Sacerdote, conquistó todas las ciudades del reino de Nehekhara. Sin embargo eso no fue suficiente para hacerle sentir satisfecho, pues aún no había sido capaz de derrotar a la muerte. Así que encargó a sus sacerdotes que resolviesen el misterio de la inmortalidad. Sin embargo, aunque los sacerdotes lograron alargar la vida de Settra muchos años, jamás llegaron a desentrañar por completo el secreto de la vida eterna. Tras la muerte y entierro de Settra en el interior de una vasta pirámide, los Reyes Sacerdotes que le sucedieron también se obsesionaron con la idea de evitar la muerte. Con el tiempo las pirámides y grandes templos mortuorios acabaron por eclipsar a las ciudades de los vivos, y todos los pensamientos y esfuerzos de la sociedad Nehekhariana fueron dirigidos hacia la búsqueda de la vida inmortal. Al final, esta cultura malsana, la obsesión por alcanzar la inmortalidad, conduciría a la desaparición de Nehekhara, de cuyas cenizas moribundas nacieron los Vampiros.

La Ascensión de NagashEditar

Portada El ascenso de de Nagash Nagash, el Hechicero por Jon Sullivan.jpg
Unos dos mil años antes del nacimiento de Sigmar, aproximadamente cuatro mil quinientos años antes de la época actual, Nagash nació en Khemri, la ciudad más grande del Gran Río. Nagash, hermano del Rey Sacerdote reinante, era a su vez un sacerdote poderoso y muy versado en los encantamientos místicos de su pueblo.

Desde su más tierna edad, estaba obsesionado con la muerte incluso más que el resto de su gente. Nagash podía vagar por las necrópolis de la ciudad durante semanas enteras, entrando en las tumbas más antiguas. Observó cómo los embalsamadores preparaban a los muertos para enterrarlos, o contemplaba cómo agonizaban y morían los guerreros que habían sido heridos en batalla. Ante todo aquello, Nagash decidió que él nunca sucumbiría a un destino tan funesto como la muerte.

Nagash descubrió la existencia de la Magia Oscura tras capturar (y torturar) a un pequeño grupo de Elfos Oscuros cuyo barco había naufragado en las costas de Nehekhara. Nagash necesitó poco tiempo para dominar los conocimientos básicos de la nigromancia, aunque los innombrables rituales y pruebas que llevó a cabo en la búsqueda de dicho saber hicieron que los habitantes de Kehmri empezaran a rehuirle. Esto importó poco a Nagash, cuyos experimentos culminaron con un éxito considerable que le confirmaba como un hechicero nato y brillante.

Entre los más grandes de aquellos logros macabros destacó especialmente la destilación de un elixir hecho a partir de sangre humana, que podía prolongar de forma indefinida la vida de quién lo bebiera. En poco tiempo, Nagash contaba con un séquito leal de nobles depravados con las que compartió su descubrimiento, y en un sangriento golpe de estado, Nagash se hizo con el control de Khemri e hizo enterrar vivo a su hermano en el interior de la Gran Pirámide que construyera su padre.

Nigromancia nigromante.jpg
A medida que los años se convinieron en décadas y las décadas en siglos, Nagash y sus seguidores empezaron a rehuir cada vez más la luz del día y buscaban lugares oscuros dónde protegerse del sol abrasador, trasladando sus siniestros experimentos y rituales a la oscuridad de las tumbas palaciegas en lo profundo de las necrópolis que se convirtieron en su residencia. Allí, lejos de los molestos rayos del sol, planearon su ascensión al poder absoluto.

Para canalizar las energías que necesitaba para sus arcanos sortilegios, el Rey-Sacerdote renegado ordenó iniciar la construcción de una Pirámide Negra monolítica que empequeñecería incluso las mas monumentales tumbas conocidas en la época. Nagash supervisó en persona la construcción de su propia gran pirámide, la estructura más impresionante jamás construida por el hombre hasta la fecha. Terminarla costó muchas vidas, pero la sangre, el sudor y hasta las mismas almas de todos quienes se entregaron a su construcción aún incrementaron más su poder, pues la Pirámide Negra estaba diseñada para atraer los terribles vientos de la Magia Oscura.

TK Sarcófago franchina.jpg
Para los Reyes Sacerdote de otras ciudades, que ya llevaban tiempo preocupados por los sucesos ocurridos en Khemri y temerosos del propio Nagash, aquella blasfemia fue la gota que calmó el vaso. Nagash se había vuelto demasiado poderoso y sin duda alguna, no tardaría en conquistarles a todos. El príncipe Lahmizzar de Lahmia se reunió con el resto de nobles en un concilio secreto donde decidieron aunar sus fuerzas contra Nagash y enviaron a sus ejércitos para que acabasen con él.

Nagash se oculto en el interior de su nuevo monumento y el príncipe Lahmizzar envió, guardias al exterior de la pirámide para esperar su inevitable rendición, pero el nigromante tenia otros planes. La Pirámide Negra había sido construida sobre los cimientos de la Necrópolis de Khemri y, aquella misma noche, Nagash utilizó sus oscuros poderes para invocar una inmensa legión de guerreros esqueléticos. Los soldados y los reyes que hablan sido enterrados siglos atrás se levantaron de sus tumbas y marcharon contra sus descendientes.

Portada Nagash el hechicero edición alemana.jpg

Nagash los guió despertando un miedo ancestral en los corazones de los nehekharianos más valientes que se enfrentaron a su visión, pues cabalgaba al frente de su ejército montado en un carruaje hecho íntegramente de huesos. Muchos bravos guerreros cayeron aquella noche durante el ataque sorpresa; pero los habitantes de Khemri sintieron tal horror ante las huestes de los No Muertos, que se unieron a la causa de los Reyes-Sacerdote y marcharon juntos contra Nagash.

Durante la larga guerra que siguió, grandes oleadas de magia oscura devastaron la tierra y muchos de los oasis de Nehekhara estaban tan saturados que se convinieron en lugares tan secos y yermos como el desierto que los rodeaba. No obstante, después de casi un siglo de guerra constante, los ejércitos de los Reyes Sacerdote consiguieron saquear Khemri.

Mientras huía de la ciudad en llamas y se adentraba a las profundidades frías de su pirámide, Nagash juró a los Reyes Sacerdote que algún día sus ciudades se convertirían en polvo, y menos que polvo. Los Reyes Sacerdote se rieron ante esta amenaza, tras lo cual mandaron apresar a todos los discípulos de Nagash en el interior de la pirámide. Uno por uno los siervos del Gran Nigromante fueron arrastrados hacia el exterior. Allí, bajo la ardiente luz del sol, se les decapitó a todos y sus restos se quemaron en una hoguera.

Los Reyes Sacerdote ordenaron la destrucción de todas las obras de Nagash. Todos los monumentos y mórbidas estatuas de Khemri edificados a mayor gloria del Detestado se derribaron y enterraron bajo la arena. Los santuarios de los discípulos del Nigromante fueron saqueados, y la práctica de la Magia Oscura se prohibió bajo pena de muerte. Todo vestigio de Nagash fue eliminado, pero aún así, los agentes de los Reyes Sacerdotes no pudieron encontrar al renegado. Aunque sus discípulos afirmaban haber visto a Nagash entrar en su sarcófago, pero el ataúd estaba misteriosamente vacío.

La Condenación de LahmiaEditar

Los habitantes de Nehekhara se habían unido bajo la soberanía del rey Lahmizzar para expulsar al gran nigromante Nagash. Tras un siglo de guerra, Nagash fue finalmente derrotado (aunque no por última vez), y se ordenó que su obra fuese destruida. Sin embargo, Nagash fue astuto y había previsto esta eventualidad.

Cuando Nagash era al mismo tiempo sumo sacerdote del Culto Mortuorio, autoproclamado rey de Khemri y ávido investigador del secreto de la vida eterna, hizo que los sacerdotes de la Hermandad del Despertar renunciasen a su obra santa y colaborasen en sus siniestros estudios. Algunos trataron de impedir que Nagash pervirtiera su misión, pero fueron desterrados o asesinados por su lealtad a las viejas costumbres. Al mismo tiempo, Nagash tuvo la previsión de ordenar a algunos de sus más fieles sacerdotes que viajasen por el mundo en calidad de espías; los habitantes de Nehekhara los aceptaron en su seno, pues creyeron que también ellos eran exiliados del Detestado.

W'soran el Perverso y la Princesa NeferataEditar

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Uno de estos traidores fue W'soran, que llegó a ocupar el honorable cargo de sumo sacerdote de la ciudad de Lahmia, la joya de la costa del Mar de Cristal. W'soran aprovechó su posición para envenenar la mente de la joven princesa Neferata, destinada a convenirse un día en la reina de Lahmia.

Neferata era una muchacha obstinada que sentía fascinación por la magia y la muerte, pero su entusiasmo se frustró ante la negativa del Culto Mortuorio a transmitir sus conocimientos a mujeres. W'soran alimentó en secreto su sed de saber arcano, instruyéndola en las artes mágicas que él a su vez había aprendido de Nagash.

Tras la caída de este último, los triunfantes guerreros penetraron en la Pirámide Negra para saquearla y destruir así la oscura obra de Nagash. Neferata, dirigía la expedición. En el interior de la pirámide se topó con uno de los Nueve Libros de Nagash, los tomos malditos que contenían todo el saber nigromántico del Rey-Sacerdote, unas artes ahora famosas en todo el mundo.

El tomo maldito la llamó pidiéndole que lo salvara de las llamas purificadoras. En desafío a las leyes impuestas por los Reyes Sacerdote, Neferata, robó uno de los más poderosos libros de Nagash y se dedicó a estudiar las artes oscuras por su cuenta. Pronto, se sintió fascinada por los macabros experimentos que Nagash había realizado sobre sus desgraciados esclavos y, poco después, Neferata estaba copiando sus teorías más burdas. Al principio no se trataba más que de una atracción inocente; pero, con el tiempo, se obsesionó con la búsqueda de la inmortalidad de Nagash.

Entrada templo Nehekhara por Daarken Reyes Funerarios.jpg

Cuando su padre ocupó el lugar de Nagash como rey de Khemri, Neferata comenzó su reinado en Lahmia y se dedicó a estudiar los pergaminos tras las puertas cerradas de su palacio y a emular los hechizos nigrománticos más simples. Entre tanto, W'soran tanteaba el terreno en el Culto Mortuorio de Lahmia para averiguar qué sacerdotes se mostraban de acuerdo con sus objetivos y de cuáles tendría que deshacerse.

A los que no pudo convencer de estudiar las enseñanzas de Nagash les advirtió de las siniestras prácticas de la princesa Neferata, un acto premeditado de traición que la reina ignoraría durante muchos años. Y así fue como el culto se dividió en los leales a su reina y los que se oponían a ella. La situación culminó en un ataque contra el palacio, una rebelión que sólo pudo ser sofocada tras la aparición de la propia Neferata, envuelta en una crepitante aura de energía oscura, que desató contra sus enemigos toda la cólera de sus incipientes capacidades nigrománticas.

Los restantes rebeldes fueron apresados y ejecutados, y tan sólo quedaron con vida los miembros del Culto Mortuorio en quienes W'soran podía confiar. Con su ayuda, Neferata continuó sus estudios concentrándose en un ritual sobre todos los demás: la elaboración del Elixir de la Vida que había otorgado la inmortalidad a Nagash. El necio orgullo de Neferata la llevó a creer que podría tener el mismo éxito. Siguiendo sus macabros rituales, consiguió crear un elixir negro como la noche y hediondo como el polvo de una tumba recién profanada.

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Elevando una plegaria a sus ancestros, se lo bebió de un sorbo. Durante un breve instante, nada sucedió. Entonces la atenazo un dolor insoportable y sintió como sus venas gritaban de pura agonía. La tortura se tornó éxtasis, sus sentidos se volvieron trepidantes, su cuerpo vibro con una energía sobrenatural. Sintió como su corazón dejaba de latir y, a pesar de ello, ella continuaba viviendo y respirando.

De repente, notó como su alma era transportada con violencia a otro mundo, el mundo de los no muertos. Un plano de existencia totalmente desconocido se abría ante sus ojos y su imaginación se desboco con las bellas imágenes de los espíritus de los muertos. El arrebato de admiración inicial se convirtió en un acceso de pánico cuando Neferata se dio cuenta de que su frágil y débil alma atraía a los espíritus que la rodeaban, pues estaban hambrientos, deseosos de sentir una vez mas la calidez de los vivos.

Buscaban la esencia de la vida que una vez habían poseído, así que se abalanzaron sobre su indefensa alma. Neferata intento luchar contra ellos, pero no estaba preparada para un asalto de tal magnitud y no paso demasiado tiempo hasta que uno de los espíritus rompió sus defensas. Cuando la Reina despertó, se encontró de nuevo en la habitación en la que se había desmayado, pero ahora podía sentir el espíritu maléfico en su interior. Estaba sediento y deseaba la sangre de los vivos para saciar su dolor.

Con el tiempo, podría decirse que tuvo un éxito menor al respecto. La versión del Elixir que pudo destilar le proporcionó la inmortalidad, pero también alteró su naturaleza básica, pues aunque no parecía envejecer, estaba poseída por una insaciable sed de sangre. Se convirtió en la primera de los Vampiros.

Neferata y la Secta de SangreEditar

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Durante muchos años, la Reina consiguió mantener oculto su secreto limitando sus correrías nocturnas a los esclavos, a los sirvientes y a otros que nadie echaría en falta. Pero después de un tiempo, ya no pudo contener mas su sed y fue entonces cuando empezó a seducir a sus pretendientes y a llevárselos a sus aposentos, donde se alimentaba de su tibia sangre para liberarse del tormento que sentía su alma poseída.

Cuando los nobles de Lahmia envejecieron, empezaron a cuestionarse la eterna juventud de la reina. Neferata se dio cuenta de que sola era mas vulnerable, así que, uno a uno, les regaló su oscuro secreto en la forma del elixir negro. Entre los primeros nobles que bebieron el elixir se encontraban el Sumo Sacerdote de Lahmia, Wsoran. Entre él y Neferata propagaron su maldición de esta forma a muchos de los miembros de la corte de Lahmia, incluido el ministro de justicia Maatmeses y el visir de la corte, Harakhte; y con el tiempo, muchos de los demás cortesanos de Neferata también bebieron del elixir, y así se unieron a ella como Señores y Damas de los Vampiros.

Más cautos que Nagash, tomaron medidas para ocultar su verdadera naturaleza a los otros Reyes Sacerdote. Así, bajo el liderazgo de su reina eterna, los primeros vampiros empezaron a gobernar como dioses en Lahmia, ocultos de la ira del resto de los Reyes Sacerdote. Juntos, gobernaron como uno solo creyéndose dioses en su vanidad. Y como dioses que eran para el populacho, estos gobernantes inmortales se encargaron de reinar por toda la eternidad.

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El Culto Mortuorio de Lahmia renunció a sus contactos con los sacerdotes de las demás ciudades y comenzó una reforma de sus principios, permitiendo la incorporación de mujeres a su hermandad. El templo fue reconstruido con piedras tomadas de los edificios de Khemri que resultaron destruidos en la derrota de Nagash; sus cámaras se cubrieron de reluciente oro y se decoraron con estatuas y jeroglíficos que narraban la historia de su subida al poder. Se convirtió en el Templo de la Sangre. Los cultos de los demás dioses perdieron sus privilegios y su influencia en la corte, y muchos de sus sacerdotes se marcharon. Poco a poco, la antigua religión fue muriendo y se transformó en la adoración a los ancestros vivientes: la Reina Eterna y su Corte No Muerta.

A medida que pasaba el tiempo, la aristocracia vampirica fue descubriendo nuevos poderes. El sol les producía un dolor intenso, pero podían llamar al polvo de los desiertos y dominarlo para que les cubriese durante el día. Tenían la fuerza de doce hombres, nunca sufrían enfermedades y no había accidente ni arma que pudiera dañarles. Sus cuerpos cambiaron y les crecieron colmillos para poder alimentarse mejor con la savia vital de sus desdichadas victimas.

Pronto descubrieron que podían conceder el regalo de la eternidad con su propia sangre: crear vampiros menores mediante lo que llamaron el Beso de Sangre. Cada Vampiro creó a su vez a mas de su especie y el templo de Lahmia se convirtió en el refugio de una horda entera de estas criaturas. Estos ordenaron que sus súbditos los venerasen y que los alimentasen con sus malogradas almas. Y este fue el origen de su Corte Inmortal, los Primogénitos que se convertirían en los maestros de los vampiros inferiores que crearon.

La Corrupción se ExtiendeEditar

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Neferata invitó a su prima Khalida Neferher, la reina guerrera de Lybaras, a convenirse a su culto. Khalida rechazó su oferta, pues recelaba de los cambios que estaban teniendo lugar en Lahmia y se había consagrado a la diosa áspid Asaph. Preocupada por la posibilidad de que su prima hubiera descubierto su secreto, Neferata la acusó de traición e intentó asesinarla durante un banquete, retándola a un duelo ante todos los nobles de la corte de Lahmia. Neferata salió victoriosa del combate gracias a su fuerza vampírica, y mientras Khalida yacía moribunda, la vampiresa se mordió su propia lengua y besó a su prima, transmitiéndole su maldición.

La devota Khalida rezó mientras moría, y su oración fue escuchada: Asaph le extrajo la corrupción de la sangre y la sustituyó con veneno, concediendo a Khalida una muerte piadosa. Se dice que, aunque fue una muerte en santidad, no fue del todo completa, y que Khalida continuó viviendo como guardiana eterna del templo de Asaph. Habiendo sido frustrado su intento de conseguir una poderosa aliada, Neferata expulsó de Lahmia a todos los sacerdotes de las demás religiones.

Durante aquel periodo de cambios Neferata había estado alimentándose en secreto de los habitantes de su ciudad, hasta que levantó las sospechas de Abhorash, su enamorado capitán de la guardia. Una noche oscura, mientras hacia la ronda nocturna, Abhorash, descubrió a Neferata bebiendo la sangre de una victima. Horrorizado, huyo de la irreconocible criatura que había visto, toda cubierta de sangre, con los colmillos y las garras desnudas para poder matar mejor. Abhorash se horrorizó al descubrir la verdadera naturaleza de su amada, pero no podía resistir sus órdenes durante mucho tiempo.

Al poco tiempo fue llamado al templo, donde le dieron de beber de un cáliz que contenía, sin que el lo supiera, Elixir de la Vida. El era un capitán leal y, por orden de su reina, bebió el contenido del cáliz sin rechistar: esto selló su destino. Abhorash estaba horrorizado por el ardid de Neferata, pero nada podía hacer contra la sed que le sobrevino. Durante muchos días lucho contra el deseo de sangre, pero una noche no pudo mas y asesinó a varios de sus propios familiares.

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Cuando se dio cuenta de lo inútil que resultaba negar su destino, Abhorash no tuvo mas opción que unirse a Neferata y su terrible corte. No obstante, la bondad que Abhorash tuvo en vida aún le hacía sentir remordimientos, y seguía siendo fiel a su gente, así que decretó un código de leyes por el que se deberían regir los Vampiros de Lahmia. Pero creó una serie de normas que los Primogénitos debían acatar para no ser descubiertos. Tan sólo se alimentarían de criminales y esclavos, no de ciudadanos ordinarios. También les fueron prohibidas las rencillas entre ellos; ningún Primogénito podía matar a otro. Así, cuando Ushoran, el hermano de Neferata, descubrió la existencia del Elixir de la Vida y robó un poco para su propio uso, la reina no pudo castigarle, y en su lugar permitió que Ushoran, el vil Señor de las Máscaras, se uniera a su Corte Inmortal.

Sin embargo, pese a que Abhorash se guiaba por su propio código de honor, el resto de Vampiros sintieron que estaban por encima de aquellas leyes; y aunque desde el principio trataron de ocultar su naturaleza sedienta de sangre, los vampiros de Lahmia se fueron confiando demasiado y empezaron a cometer excesos: insistían en ser transportados a todas partes en ornamentados tronos (pues no estaban dispuestos a caminar como si fueran vulgares soldados de infantería), u ordenaban traer cada día a sus palacios a cientos de esclavos que jamás volvían a ser vistos con vida. Bajo el reinado de su inmortal monarca, Lahmia se hizo célebre por su intolerancia religiosa y la severidad de sus leyes. Los agentes de otras ciudades comenzaron a instigar la rebelión, horrorizados por la forma en que se extendía la Secta de Sangre. Cuando se produjo la insurrección, Neferata la aplastó con mucha más brutalidad que la vez anterior.

La Caída de LahmiaEditar

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Aunque la rebelión fracasó, las demás ciudades de Nehekhara seguían deseando la destrucción de Lahmia. El principal representante de esta coalición era el general Setep de Khemri, cuya legión había conquistado territorios tan lejanos como los que conformaban el sur de lo que más tarde se convertiría en el Imperio. Entre sus soldados había un brillante estratega llamado Vashanesh, por cuyas venas corría la sangre del mismísimo Nagash. Vashanesh traicionó a Setep y viajó a Lahmia para advertirles de que planeaban invadirla.

El estratega impresionó tanto a Neferata que la vampiresa le dio a beber las últimas gotas del Elixir de la Vida (que nadie más había logrado replicar) y lo desposó, convirtiéndolo en rey de Lahmia y soberano consorte de su creciente población de vampiros. Juntos conspiraron para mantener las demás ciudades de Nehekhara distanciadas entre sí, creando una red de espionaje que dividió a la nación durante siglos, interrumpiendo todo intento por unificar al pueblo contra ellos.

Las vampiros también supieron que Nagash no había sido destruido y que estaba recuperando su poder en la ciudadela de Pico Tullido, que más tarde se conocería con el nombre de Nagashizzar. El resto de Reyes-Sacerdotes convocaron un concilio en el que llamaban a la unidad frente a la amenaza, pero los gobernantes de Lahmia, dado que estaban al servicio del Gran Nigromante y unidos a él por el Elixir de la Vida, decidieron mandar heraldos a Pico Tullido, pero algunos de ellos fueron capturados e interrogados por los agentes de los Reyes Sacerdotes, y de ese modo fue desvelada la existencia de los vampiros. Iracundos más allá de toda mesura, los Reyes Sacerdotes, encabezados por el rey Alcadizaar el Conquistador, alzaron una vez más a sus ejércitos y declararon la guerra contra Lahmia invocando los nombres de los antiguos dioses de Nehekhara. Tambien instó al oprimido pueblo de Lahmia a que se alzara contra sus gobernantes, con lo que consiguió reunir un gran ejercito para atacar el templo de los Vampiros.

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La coalición cercó la ciudad al frente de un ejército compuesto por guerreros de todas las ciudades, así como de los territorios que había anexionado a su reino, que se extendía por Arabia y las Tierras del Sur. Cuando llegaron a la ciudad, quedaron espantados al comprobar que no sólo se enfrentaban al ejército de Lahmia, sino también a una hueste de muertos vivientes reanimados por W'soran. Las tropas de Alcadizaar se sobrepusieron al terror y plantaron cara a los no muertos.

La lucha por Lahmia fue ardua y sangrienta ya que los letales Vampiros se aplicaron con toda su fuerza y habilidades como hechiceros, matando a cientos de guerreros de los Reyes Sacerdotes; y pese a su inferioridad numérica, el ejército de Lahmia recibía refuerzos constantemente, ya que los muertos volvían a levantarse tan pronto caían. Pero los Reyes Sacerdote también contaban con sus propias formas de magia, y sus ejércitos estaban formados por decenas de miles de guerreros. Además, muchos de los seguidores mortales de los vampiros resultaron poco fiables, y varios de ellos traicionaron a sus amos y se aliaron con los nehekharanos.

Las cuadrigas de la Escuadra del Chacal de Mahrak regaron las calles con sangre, y los vampiros que no huyeron se vieron obligados a presentar batalla en la escalinata del templo. Abhorash lidero la defensa del templo y nadie pudo hacer frente al guerrero no muerto. Si en vida había sido el mejor luchador de toda Lahmia, en la no muerte era, simplemente, imparable. La escalinata del templo se cubrió con la sangre de sus adversarios y sus cuerpos se apilaron en los primeros escalones en un gran montículo de muerte. En su frenesí, Abhorash se alimentó compulsivamente y su fuerza creció aun mas.

A una palabra de Wsoran, los fenecidos se levantaron una vez mas ligados a su voluntad y asaltaron a sus camaradas y amigos todavía vivos. Muchas leyendas explican que el mismísimo Nagash empleo sus vastos poderes mágicos para ayudar a sus aliados en la defensa. La leyenda habla de una poderosa tormenta que se formó justo encima de Abhorash cuyos rayos caían alrededor del cuerpo del guerrero y acababan con cualquiera que osara enfrentarle. La espada de Abhorash hacia caer a un rival con cada golpe y ni la armadura mas resistente ni el espadachín mas diestro podían hacer nada para evitarlo. Los Khemrianos trajeron maquinas de guerra, pero, aunque le dispararon virotes y rocas envueltas en llamas alquímicas, resultó imposible destruirle. Los Sumos Sacerdotes de Zandri invocaron el poder de su antigua magia para maldecir al guerrero no muerto, pero, pese a todo, este seguía luchando.

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Durante una semana entera, el general de los Vampiros y su hueste sin vida lucharon contra el ejercito de los Reyes-Sacerdote defendiendo con tenacidad el templo y lanzando devastadores contraataques montados en criaturas de pesadilla. Pero, a pesar de toda su ferocidad y destreza, Abhorash no fue capaz de detener a los Nehekharianos, que asaltaron la camarilla de su Reina.

El templo de Lahmia ardió y muchos Vampiros murieron entre las llamas. Aquellos que consiguieron huir fueron perseguidos y asesinados por los vengativos Nehekharianos. La población de Lahmia fue esclavizada, las pirámides destruidas y los vampiros expulsados de allí. Abhorash estaba destrozado por la aflicción y clamaba venganza contra la humanidad entera por lo que les habían hecho. Su otrora orgulloso reino, un reino de oasis dispersos y bellos jardines en medio del desierto, se había convertido ahora en un páramo quemado. No quedo nada con vida en Lahmia y, aun hoy en día, los muertos no pueden descansar en sus tumbas, Tal fue la fuerza de la magia desatada durante la titánica batalla.

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Abhorash se vio forzado a huir con varios de sus tenebrosos vástagos, perdiendo los últimos resquicios de compasión humana que le quedaban. Se negó a unirse al resto de vampiros y viajó muy lejos hacia el norte, y la masacre de orcos que llevaron a cabo él y los suyos en lo que hoy día se conoce como Tierras Yermas ha pasado a la historia. Los demás vampiros que sobrevivieron (incluidos Neferata, W'soran, Ushoran, Maatmeses y Harakhte) huyeron al norte, y uno a uno fueron llegando a Nagashizzar, donde un Nagash renacido que se disponía a crear su propio ejército de muertos vivientes les recibió con los brazos abiertos. Nagash miraba a aquellas corruptas criaturas inmortales y se sentía complacido, pues le parecían campeones más que dignos para sus ejércitos. Las almas condenadas de los Vampiros eran como un tributo al oscuro genio del Gran Nigromante.

El Gran Nigromante se había vuelto en verdad poderoso y los vampiros de Lahmia eran sus mas letales guerreros. Estos aprendieron muchas de las artes nigrománticas de su creador y, pronto, fueron capaces de levantar una horda de muertos con su propia magia.

La guerra con los Reyes SacerdoteEditar

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Los vampiros no encontraron a Nagash por coincidencia. El nigromante les había manipulado desde el principio a través de W'soran, y utilizó su magia para ayudarles desde la distancia durante el asedio de Lahmia, Neferata monto en cólera cuando descubrió el verdadero alcance de la manipulación de W'soran, máxime cuando Nagash la ignoró y ofreció a su pariente lejano Vashanesh el puesto de líder de sus tropas. Nagash había fabricado un anillo que permitiría al vampiro que lo llevase volver de la muerte con mucha más facilidad de la que ya tenían, pero al mismo tiempo concedería al nigromante el control sobre toda su especie. Vashanesh lo aceptó y, por mandato de Nagash, los vampiros condujeron a su ejército hasta Khemri.

Nagash no había estado ni mucho menos de brazos cruzados durante todo aquel tiempo, sino que se había dedicado a estudiar a fondo la nigromancia y las técnicas para reanimar a los muertos, como parte del letal plan maestro que estaba concibiendo. Su intención era convertir el mundo entero en un Reino de los No Muertos, lleno de quietos cadáveres, en donde no se llevara a cabo ni la más mínima acción salvo cuando él lo ordenara. De esta manera, Nagash gobernaría un cementerio mundial habitado por los inquietos no muertos, como amo y señor absoluto de todas las cosas.

El primer paso en este plan de dominación total sería la eliminación de su antigua tierra natal, pues ansiaba vengarse de los Reyes Sacerdotes con toda la virulencia posible. Nagash había pasado muchas décadas reuniendo una horda no muerta como jamas antes ninguna otra había caminado sobre la tierra. Mientras los Reyes-Sacerdote ignoraban su presencia, se había dedicado a vagar por las necropolis y ahora su ejercito de las tinieblas se disponía a marchar hacia el Sur. Bajo su mando, los Vampiros lideraron sus legiones a la guerra. En naves hechas de huesos fusionados, la horda No Muerta partió desde el Mar Agrio atravesando lo que muchas generaciones después se conocería como los "Estrechos de Nagash", hasta llegar al Mar Amargo. Los No Muertos tomaron tierra en el puerto en ruinas de Lahmia, y avanzaron hacia el enemigo con los exiliados Vampiros como punta de lanza del ataque.

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Un ejercito de regimientos y carros esqueléticos descendió sobre Nehekhara. Sin embargo, Nagash había subestimado seriamente a sus antiguos camaradas, pues las valientes gentes del desierto no pensaban rendirse. En su ausencia, la Tierra del Gran Río se había convertido en un imperio poderoso gobernado por un único Rey Sacerdote: Alcadizaar el Conquistador. Alcadizaar era el más importante general de su época, y su imperio se encontraba en el cénit de su poder. Cuando los No Muertos llegaron, se encontraron ante ellos a un un estado unificado con un ejército confiado seguro y seguro de sus fuerzas, excitados todavía por su victoria contra el templo de los vampiros de Lahmia. Y no solo eso, sino que los hechiceros del Gran Reino habían hecho importantes progresos en el arte de la magia, particularmente en la forja de armas letales y en la creación de autómatas de guerra animados. No era posible lograr una victoria fácil contra ellos.

En efecto, las subsiguientes guerras que enfrentaron a estas dos fuerzas tiñeron las arenas de sangre durante muchos años. Los vampiros eran hechiceros poderosos y enemigos despiadados, totalmente decididos a reclamar su reino perdido. Allí donde aparecían infundían el terror y el pánico en el enemigo. Aún así, los Vampiros no eran invencibles, y el conflicto se prolongó durante una década, con vaivenes pero sin un vencedor definitivo. Al principio las legiones de los No Muertos lograron cobrar cierta ventaja, pero entonces los ejércitos de Alcadizaar contraatacaron y recuperaron el terreno perdido con varias demostraciones de genialidad estratégica.

Portada El ascenso de de Nagash Nagash, el Inmortal por Jon Sullivan.jpg
Aunque en un principio los vampiros se mostraron dispuestos a servir como lugartenientes de Nagash para vengarse de Alcadizaar y recuperar Lahmia, pronto fue evidente que a Nagash le importaba bien poco su supervivencia. Los arrojaba descuidadamente contra el enemigo como hacía con sus guerreros no muertos, y no sólo le traía sin cuidado la reconstrucción de Lahmia. sino que pretendía destruir toda Nehekhara. De este modo se siguió librando una batalla tras otra.

Bajo el liderazgo de Alcadizaar, los Nehekharianos lucharon valientemente y Nagash se vio obligado a retroceder. Cuando Nagash huyó de nuevo hacia el Norte, las primeras semillas de la discordia ya habían germinado. De nuevo, los vampiros se culpaban los unos a los otros de la derrota. Ushoran quería rebelarse contra Nagash y tomar el mando de lo poco que quedaba de su ejercito. Neferata creyó que era una postura sabia aliarse con Nagash y volver a fundar una nueva ciudad de Lahmia. Wsoran argumento contra ambos cursos de acción, ya que deseaba esconderse una vez mas junto a su oscuro señor para poder conquistar el mundo juntos gracias a la nigromancia.

Nagash ignoró las rivalidades insignificantes de sus mas leales sirvientes, desató una plaga que asoló la tierra y levanto a todos los que habían muerto por aquella terrible enfermedad para crear otro gran ejercito; pero, en la víspera de la gran batalla, estalló el conflicto entre las filas de los Vampiros. Los Vampiros auténticos que habían sobrevivido a la quema del templo se enfrentaron cada uno con los demás. La lucha fue brutal: ningún Vampiro lograba superar al resto. Pelearon durante toda la noche y, cuando salió el sol, huyeron cada uno por su lado. No hay duda de que, juntos, podrían haber conquistado el mundo con facilidad; pero, por culpa de su arrogancia y de su vanidad, se vieron condenados a convertirse en enconados enemigos durante toda la eternidad.

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De esta manera, la última de las legiones de Nagash fue destruida. Entonces, los derrotados Vampiros se vieron obligados a huir a través del desierto hasta Nagashizzar, para informar de aquel fracaso a su oscuro maestro. La ira de Nagash fue grande, hasta el punto de llevarle a maldecir a los capitanes vampíricos que le habían fallado. De inmediato éstos empezaron a experimentar un dolor eterno y terrible, sus gritos de agonía servirían de recordatorio de su miseria ante el resto de los hombres. Al ver el cariz que tomaban las cosas, los restantes Vampiros empezaron a temer por sus vidas, pero al estar atados por el poder del anillo que llevaba Vashanesh, fueron incapaces de desobedecer a Nagash ni a su segundo al mando, Arkhan el Negro.

Vashanesh dio con una ingeniosa solución al problema. Sospechaba que el control que ejercía Nagash sobre ellos requería que fuera un vampiro quien llevase puesto el anillo, por lo que, creyendo la afirmación del gran nigromante de que le permitiría regresar de la tumba, Vashanesh se dejó abatir por Alcadizaar en el momento álgido de una de sus batallas. Los vampiros quedaron libres de su control, y huyeron de Nagashizzar, dispersándose en todas direcciones para confundir a cualquier perseguidor. Sin embargo, incluso tras la muerte de Nagash a manos de Alcadizaar seguirían cargando con su maldición.

Así fue como los primeros Vampiros, tras discutir a dónde debían ir y quién merecía liderarlos, desaparecieron y se extendieron y por todo el mundo. Unos para conquistar sus propios reinos, otros para convenirse en grandes guerreros y nigromantes. Cada uno de ellos fundó su propia dinastía sedienta de sangre, que iría creciendo y fortaleciéndose con el paso de los siglos, y que ha seguido aterrorizando a los vivos hasta el día de hoy.

Expansión CancerígenaEditar

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Durante ese periodo, la mayoría de los Primeros Nacidos huyeron hacia el Norte atravesando tierras infestadas de Orcos y cruzando ciclópeas montañas. Cada uno de ellos llegó a un pequeño reino aislado, uno de tantos que había en el Viejo Mundo. En estas tierras empezaron a fundar sus propios reinos.

Neferata viajaría por todo el mundo, influyendo en las naciones humanas desde sus cimientos situando a sus hijas en posiciones privilegiadas entre los mortales. Finalmente, tras muchos siglos deambulando, le arrebataría la fortaleza conocida como el Pináculo de Plata a los Enanos desde donde controlaría su basta red de espías. Ahora, la Reina Eterna y su Corte No Muerta se reúnen en el Pináculo de Plata. Aun hoy en día, allí se mantienen las tradiciones Lahmianas y un ejercito de guerreros No Muertos guarda el lugar de cualquier ataque. Los hijos e hijas de Neferata están dispersos por todo el Viejo Mundo como acompañantes, consejeros y cónyuges de duques y barones, de ricos mercaderes y de lideres militares. De este modo, Neferata logra extender cada día un poco mas su oscura red de poder para completar un plan misterioso y remoto que solo ella conoce.

Vashanesh acabó regresando de la muerte, tal y como prometiera Nagash, y pasó los siglos posteriores poniendo a prueba las capacidades del anillo. Incluso aunque Nagash hubiera muerto realmente después de que los vampiros le abandonaran (cosa poco probable), el anillo también había concedido a Arkhan el control sobre ellos. Nadie podía saber cuántos sirvientes más tendría Nagash que pudieran esclavizar a los vampiros, por lo que Vashanesh se propuso dominar ciertas artes mágicas que le permitieran controlar el anillo, y no a la inversa.

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Abhorash

Abhorash, por su parte, fue el único que no se unió a Nagash tras la caída de Lahmia. Cuando cayó la Ciudad de los Vampiros, el antiguo comandante del ejercito no viajó a Nagashizzar como los otros vampiros, sino que se dirigió hacia el norte junto con cuatro de sus vástagos, entre los que se encontraba Walach Harkon. Juntos, masacraron todo lo que se cruzó en su camino y se alimentaron como animales salvajes regocijándose después de años de pasar privaciones y de reprimirse. Todavía hoy, los Chamanes Orcos de las Tierras Yermas divierten a sus primos pielesverdes con los "kuentoz pa viejaz" de los Rajagargantaz que acabaron con cinco tribus enteras. Los Enanos aprendieron a temer profundamente a Abhorash, pues, a menudo, enviaban suministros a una mina o fortaleza aislada solo para descubrir que todos sus habitantes habían sido descuartizados por el inclemente asesino. La leyenda cuenta que, en una montaña, Abhorash venció en combate a un antiguo dragón y bebió su sangre, con lo que quedó eternamente saciado y pudo romper la maldición del hambre vampírica que anidaba en él. Tras ello, mandó a sus seguidores que viajasen por el mundo y mejorasen sus habilidades marciales, para algún día poder trascender también la maldición. Tras ello, desapareció. Desde entonces sus hijos se llamaron Dragones Vampiro, en memoria del gran dragón que su señor había matado.

De Maatmeses y Haraldne poco se sabe; se desvanecieron de la historia, aunque se rumorea que existen vampiros en la lejana Catai y las Tierras del Sur que podrían pertenecer a su desaparecido linaje. De todos los Vampiros Primigenios, W'soran fue el único vampiro que siguió siendo fiel a Nagash. Mientras el resto de Vampiros huía hacia la oscuridad de la noche, el permaneció al lado de su maestro y accedió a dirigir su ejercito en la batalla.

Ningún vampiro era mas poderoso que el resto, así que mantuvieron sus nuevos dominios en secreto, esperando pacientemente a que los demás vampiros dieran el primer paso para decidir si les atacaban o no. Muchos también se escondían por miedo a Nagash, pues temían que volviera a controlarlos una vez más. Al darse cuenta de que necesitarían poderosos aliados si pretendían derrotar al resto de vampiros, cada uno de los Primeros Nacidos creo varios Neonatos mediante el Beso de Sangre.

La Dispersión del Clan NecrarcaEditar

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W'soran se quedó junto a Nagash mientras éste maldecía y despotricaba sobre la veleidad de los vampiros. Esperaba que, al seguir con Nagash, su oscuro maestro le revelase sus secretos nigromanticos. W'soran acompañó a Nagash a la batalla montado en un carruaje con poderosas guadañas hecho con los huesos blanqueados por el sol de lo que antaño fuese una criatura monstruosa.

W'soran condujo una gran horda de esqueletos al combate cabalgando al frente del ejercito y lanzando sus corruptos hechizos por el campo de batalla. Cuando los cuerpos ensangrentados de sus adversarios caían al arenoso suelo del desierto traspasados por negros relámpagos de energía crepitante, el invocaba sus espíritus y les hacia levantarse para luchar contra su propia gente. La batalla fue brutal y el ejercito de Alcadizaar se debilitó a causa de la repulsiva plaga desatada por Nagash que había asolado su tierra. El horror de tener que luchar contra sus propios amigos y familiares en descomposición recién levantados de la tumba hizo que el ejército de Alcadizaar sucumbiera ante el asalto en masa.

Nagash estaba contento con su aprendiz y, como recompensa, le entregó a W'soran uno de sus siniestros tomos de magia para que lo estudiase. W'soran adquirió un conocimiento arcano terrible gracias a las decrepitas paginas de aquel libro impío mientras el resto de los vampiros huía hacia el Norte. Durante el corto espacio de tiempo en el que W'soran pudo estudiar bajo la tutela de Nagash, aprendió mucho del otro mundo, el Reino de los No Muertos.

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Por desgracia para él, Alcadizaar acabo con su maestro un año después de que este se hubiera alzado con el poder. No se sabe como, pero W'soran logró escapar llevándose consigo el tomo que Nagash le había entregado. Wsoran no tenia las mismas ambiciones que los demás vampiros. Conquistar el mundo de los mortales no era suficiente para el Necrarca; en lugar de ello, hizo lo posible por conquistar el mundo de los muertos. Sabia que, si tenia que conseguir el poder definitivo, este solo podría venir del conocimiento del mundo espiritual que esta ligado a cada ser.

Sin aspiraciones de construir una gran nación, no se sintió inclinado a crear un ejercito de Vampiros Neonatos, como los otros vampiros. W'soran escogió a algunos de los sacerdotes mas inteligentes de Nagash que habían logrado escapar de la ira de Khemri, decidió convertirlos en sus discípulos vampíricos y se encerró con ellos, a salvo de los demás vampiros, para enseñarles las oscuras artes de la nigromancia.

Wsoran estudió muchos de los escritos de su maestro con ayuda de sus acólitos; su mejor y mas aplicado discípulo, Melkhior, transcribió sus notas en el temible Grimorium Necronium. Su maestría de la nigromancia mejoró hasta tal punto que fue capaz de controlar la sed roja que impulsaba a los vampiros a vivir peligrosamente cerca de los humanos, aunque este cambio produjo una deformación espantosa de la forma física de su linaje.

Poco se sabe del lugar donde se oculto Wsoran tras la derrota de Nagash. Se mantuvo apartado del resto del mundo durante siglos estudiando el arte de la Nigromancia con escaso interés por los asuntos de sus camaradas vampíricos. Utilizando el conocimiento obtenido en el Libro de Nagash, paso gran parte del tiempo caminando por el mundo espiritual de los no muertos. Esta fue su perdición. Para poder cruzar la barrera que separa el mundo de los vivos del Reino de la No Muerte, se sometía a un estado de trance. Mientras su cuerpo se encontraba en ese estado, su alma era libre de explorar el mundo de los espíritus y conversar con los muertos.

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Sucedió que un día, Melkhior, aprovecho uno de esos momentos para acabar con su maestro. Nadie sabe que provoco la traición del discípulo contra el maestro; algunos rumorean que fue el Libro de Nagash el que le hablo y le ordenó que asesinara a W'soran. Otros creen que fue, sencillamente, la torturada mente de Melkhior la que le llevó a clavar una estaca en el corazón de su maestro.

Sea como fuere, al hacerlo, Melkhior sumió a los vampiros que había creado W'soran en un mundo de tinieblas; y también se esparcieron por el Viejo Mundo. Tal vez debido a su aislamiento o a algún sortilegio terrible lanzado por el espíritu de W'soran, sus discípulos pasaron a ocupar (aunque parcialmente) el mismo plano que los No Muertos: sus cuerpos siguieron caminando sobre el mundo mortal libres de ir a donde quisieran, pero incapaces de ver el mundo real como el resto de seres vivos. Para los Vampiros Necrarcas, las criaturas mortales son como apariciones fantasmagóricas; en cambio, pueden dirigir a voluntad los espíritus de aquellos que han pasado al otro mundo.

Muchos vampiros, como los Carstein y las Lahmias, ambicionan el control absoluto sobre el Viejo Mundo como maestros inmortales. Desde aquel fatídico día en que Melkhior asesinó el cuerpo de W'soran, el único propósito de los Vampiros Necrarcas ha sido transformar toda la vida en muerte. Naturalmente, su demencial existencia provoco que la mayoría de Necrarcas perdieran sus últimos vestigios de racionalidad. La mayoría están locos y pasan sus vidas encerrados en torres aisladas trazando siniestros planes para provocar la caída de la humanidad, pero, ocasionalmente, uno marchará a la batalla.

De todos los vampiros conocidos, los Necrarcas son los más malvados. Gracias a sus malsanas habilidades nigrománticas, tienen la capacidad de invocar enormes hordas de guerreros no muertos cuando marchan a la guerra y de reforzar sus filas con los cuerpos mutilados del ejercito enemigo.

Auge y Caída del Clan StrigoiEditar

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Cuando los antiguos vampiros escaparon de la destrucción de Lahmia y huyeron hacia el norte, Uhsoran, el señor de las máscaras, se encontraba entre ellos. Ushoran tenia un talento inigualable para la diplomacia y era un buen guerrero que suplía su falta de destreza con la espada mediante una inmensa fuerza muscular y una mente hábil para la estrategia. Se trataba del vampiro más poderoso y orgulloso, así que al poco tiempo desafió al resto de los vampiros por la supremacía. Sin embargo, estos se resistieron, y decidieron que ninguno de ellos volvería a gobernar sobre los demás de nuevo. Prefirieron dirigirse al norte y entonces dividirse, libres para elegir cada uno su propio camino. Uhsoran enfureció. Con un rencor profundo los rechazó, los maldijo y después partió.

Se puso al frente de unos pocos seguidores y se dirigió al oeste, hacia un pequeño reino humano. Strigos era el nombre de este reino situado al pie de las colinas más occidentales de las montañas del Fin del Mundo, allí donde el río Ciego desemboca en las llanuras. La capital de este reino era la gran ciudad amurallada conocida como Mourkain (que aparece en algunos mapas imperiales con el nombre de Morgheim).

CaidaEditar

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Ushoran descubrió que en esta una joven nación, que por aquel entonces era gobernada por un chamán llamado Kadon, adoraba al Detestado como a un dios. Los poderes mágicos de aquel chamán procedían de la corona que portaba. Ushoran la reconoció como la Corona de Nagash, llevada hasta aquel lugar por su ejecutor. La Corona había absorbido tal cantidad de la esencia del nigromante que éste podía canalizar sus pensamientos a través de ella para comunicarse con su portador, aunque esta sombra de lo que fue Nagash debía someterse a la voluntad de aquél. Ushoran vio la oportunidad de ejercer su dominio sobre Nagash y ser el primero de su especie en atreverse a fundar un nuevo reino de no muertos.

Ushoran se introdujo en la corte de Strigos y propagó su maldición entre aquellos dotados de un ansia de poder similar a la suya. Tras unas pocas décadas, fue capaz de crear una pequeña cohorte de Vampiros Neonatos y situarlos a todos entre la nobleza de la ciudad. Cuando sintió que su posición era lo bastante fuerte, dio el paso definitivo y, con el apoyo de sus vástagos, su facción acabó deponiendo a Kadon y se declaró gobernante de aquel reino. El culto a Nagash fue substituido por el culto a los vampiros. Los humanos lo veneraban como una divinidad, de un modo que guardaba ciertas reminiscencias con el ancestral culto de la sangre en Lahmia. A unos pocos hombres, elegidos de entre la nobleza, se les concedió la vida eterna como vampiros, y formaron el grupo de los ministros más próximos a Uhsoran y los sumos sacerdotes de su culto.

Una vez más, los sacrificios humanos se consumaron en noches sin lunas; pero Ushoran había aprendido de los errores de la corte de Lahmia, y basándose en el credo de Abhorash, impuso un estricto sistema de leyes que limitaba a los suyos a alimentarse de la sangre de aquellos que merecían la muerte como esclavos, enemigos capturados y de criminales, para que los habitantes de Strigos no se sintieran amenazados por sus terribles amos (razón por la que Strigos se convirtió en una de las naciones con menor tasa de criminalidad de la historia). Con un líder tan fuerte, el reino prosperó y, poco después, el resto de los vampiros se dio cuenta de que solo uno de sus hermanos podía estar tras aquel éxito.

Pero gobernar en paz no era el destino de este clan vampírico. Ushoran, ebrio de orgullo, envió a sus Vampiros Neonatos a buscar al resto de los Primeros Nacidos para pedirles que se dirigieran a su reino, donde, bajo su mando, podrían fundar una nueva dinastía inmortal. La primera que rehusó la invitación fue su propia hermana Neferata. Ushoran le envió un mensajes a su hermana para invitarla a su corte y jactarse de su gloria. Neferata hizo encarcelar al mensajero neonato y le envió a Ushoran los colmillos todavía chorreantes de sangre que ella misma había arrancado de su boca como contestación. La desdeñosa respuesta de Neferata fue emplear su influencia sobre las tribus humanas para que declarasen la guerra a Strigos. Neferata había construido una red de vampiros entre las florecientes tribus que mucho tiempo mas tarde formaron el Imperio. Aprovechando esto, avisó a los reyes y príncipes de aquellas tierras del terrible poder de Ushoran. Juntos, levantaron un ejercito y marcharon hacia el Sur contra Ushoran.

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Si los humanos hubiesen sabido a que se iban a enfrentar se lo habrían pensado dos veces, pero el subterfugio de las hermanas Lahmias de Neferata era sutil. Formaban una fuerza disciplinada de guerreros fuertes y hábiles. Ushoran reunió a sus tropas y marcho hacia el Norte para interceptar a los ejércitos compuesto por tribus bárbaras que no suponían una amenaza para él. La fuerza de Ushoran prácticamente había aplastado la confederación de tribus humanas. Sus Vampiros Neonatos no habían tenido piedad en el campo de batalla y habían aniquilado a miles con su furia impía. El ejercito de Ushoran podría haber derrotado con facilidad a los hombres de las tierras del norte; pero, por desgracia para Ushoran, cuando los ejércitos de Strigos libraron una batalla en el norte del reino, en la que rechazaron una incursión de uno de los reinos humanos vecinos, sobrevino el desastre.

Mientras se centraba en esta distracción, desde más allá de las Montañas del Fin del Mundo surgió una ingente horda de orcos descendió de las montañas como una marea verde, invadieron Strigos. Los Orcos y los Goblins se habían sobrepuesto al miedo de las terribles bestias con colmillos que habían atravesado sus territorios y, al mas puro estilo orco, buscaban pelear contra estos monstruos. Montados en fantásticas serpientes aladas, el Kaudillo Orco Garsnag Dientepartido y su Chamán Fuzzgig dirigieron un gran ¡Waaagh! hacia el Norte para vengarse por los Orcos masacrados por los siniestros Dragones Sangrientos de Abhorash.

Los orcos invasores arrasaron las llanuras de Strigos, aniquilaron las patrullas fronterizas y, poco después, asediaron Mourkain. Cuando Uhsoran, que se encontraba al frente de su ejército en las tierras del norte, tuvo noticias del ataque, se dirigió inmediatamente a defender su ciudad. Ushoran sabia que había dejado sin defensas la capital de su reino, por lo que tuvo que regresar retrocediendo apresuradamente hacia el sur con su ejercito. Fueron perseguidos por los humanos, que acabaron con gran parte de su ejercito cuando la retaguardia no pudo contenerlos.

Finalmente, cuando alcanzaron las llanuras de polvo, a corta distancia de la capital, Ushoran contemplo la autentica fuerza de la horda Orca. Incontables pielesverdes se apiñaban ante él listos para barrer su esquilmado y exhausto ejército. Aullando salvajes gritos guturales, golpeaban sus toscas armas contra sus escudos desafiando al ejercito de los vampiros. Ushoran sabia que estaba en inferioridad numérica, pero no tenia otra opción que luchar contra la horda.

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En la batalla de la llanura de la Ceniza, un reducido ejército de Striganos se enfrentó contra una innumerable horda orca bajo las murallas de la ciudad. Tras una larga y cruenta lucha, los Stríganos fueron derrotados y tuvieron que replegarse desesperadamente hacia el interior de la ciudad. Cuando el poderoso chamán orco que estaba al frente de la horda vio que las puertas de la ciudad se abrían para que entrasen los restos del ejército, aprovechó la ocasión y lanzó un ataque general contra las defensas de la puerta. Un caudillo orco y el chamán, montados en serpientes aladas, cayeron sobre los humanos asediados en la entrada de la ciudad. En esas puertas se decidió el destino de Mourkain, ya que fue allí donde tuvo lugar el último intento de resistencia de Uhsoran.

El duelo entre los orcos y el señor de los vampiros fue épico. Los Orcos habían subestimado el poder de un vampiro y, en el primer asalto a la ciudad, Ushoran segó la vida de Dientepartido y se dice que lo hizo arrancándole la cabeza con las manos desnudas. Nadie se atrevió a plantar cara al vampiro y el ataque orco hubiera fracasado de no ser por Fuzzgig, que invoco los prodigiosos poderes de la magia del ¡Waaagh! y acabo con el vampiro engulléndolo en una explosión de energía verde. Su grito agonizante todavía resuena por las noches en las siniestras ruinas de la ciudad de Mourkain. Después, los orcos se abalanzaron sobre la capital y destruyeron todo lo que se encontraba a su paso, matando o esclavizando a la población. Lo que una vez había sido un poderoso reino, acababa de ser barrido de la historia.

En la actualidad, a esta zona se la conoce como las Tierras Yermas. Los pocos supervivientes que pudieron escapar a la devastación orca se han convertido en un grupo disperso de nómadas conocidos como Stríganos, que viajan por los reinos humanos en caravanas y malviven como pueden. Sus mitos y leyendas todavía recuerdan la edad dorada en la que "el rey no muerto" gobernaba la rica y próspera tierra de Strigos, y profetizan la llegada del día en que vuelva y guíe a su gente para reclamar su ancestral tierra y reconstruirla en todo su esplendor.

DegeneraciónEditar

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No todos los vampiros Strigoi fueron destruidos con Uhsoran. Cuando los Strigois supervivientes vieron la destrucción de su maestro, huyeron de la batalla, pues sabían que la ciudad estaba perdida. Se dirigieron a los reinos humanos del norte. Buscaron desesperadamente la seguridad entre los de su propia clase y fueron en busca de otros Vampiros. Pero no hallaron ninguno. Los vampiros se habían disociado rigurosamente, en parte por su propia seguridad (pues pensaban que, en pequeñas cantidades, no provocarían reacciones adversas como la de Lahmia ni llamarían la atención de Nagash), y en parte porque no estaban dispuestos a competir por sus limitadas reservas de sangre. Cada uno de los Primogénitos grabó su propia personalidad en los que se unieron a ellos, y la separación entre clanes se fue exagerando de tal manera que llegó un punto en que los clanes vampíricos fueron hostiles unos con otros.

Al cabo de poco tiempo, encontraron una pequeña secta vampirista en los fríos y oscuros bosques del Norte gobernada por Vashanesh. Pidieron de rodillas que les permitieran unirse al grupo; pero Vashanesh declaró que no perdería el tiempo con cobardes o débiles, y mató por desprecio a algunos de los Strigoi que acudieron a él en busca de ayuda. Pocos escaparon a su venganza homicida. Cada vez que se encontraban con otros vampiros, los Strigos recibían un trato similar: los Dragones Sangrientos de Abhorash los cazaron por deporte; las Lahmia de Neferata volvieron a los humanos en su contra, y los Necrarcas de W'soran los utilizaron para sus experimentos nigrománticos.

Tras la sangrienta traición, los pocos Strigoi que quedaron se dispersaron por el Viejo Mundo. Desesperados, se vieron obligados a ocultarse y comenzaron una vida de carroñeros en los límites de la sociedad humana. Por doquier había enemigos dispuestos a destruirlos. No les quedaba otra opción que vivir en las tierras baldías alimentándose de bestias salvajes. Desde la oscuridad de cunetas, bosques y edificios abandonados espiaban a las Lahmia y los von Carstein en los bailes y banquetes de la aristocracia. Su belleza, nobleza y opulencia hacía recordar a los Strigoi todo lo que habían perdido, por lo que el odio y la envidia comenzaron a devorar sus mentes. También comenzaron a tener el mismo sentimiento hacia los marciales vampiros Dragón Sangriento y hacia los místicos Necrarcas; que, a cambio, les trataban respectivamente como a un enemigo al que destruir en un duelo o como un espécimen interesante que diseccionar en sus laboratorios.

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Los Strigoi lentamente se transformaron en criaturas desesperadas, odiadas tanto por los vivos como por los vampiros. En su desolación, muchos de ellos se volvieron completamente locos y se convirtieron en seres solitarios, criaturas patéticas temerosas de alimentarse de los humanos por miedo a atraer la atención de los cazadores de brujas, o incluso peor, de otros vampiros. Por esa razón tuvieron que refugiarse en las cercanías de la civilización, en tumbas y cementerios, donde desenterraban cadáveres recientes para alimentarse con su sangre fría y donde podían ocultarse de la luz del día en las húmedas criptas y en las alcantarillas cerca de donde se alimentaban. Normalmente los vampiros no se alimentan de la sangre de quienes llevan largo tiempo muertos; ya que apenas les proporciona sustento y además sabe a ceniza. Pero los vampiros. del clan Strigoi no tenían otra elección, de modo que tomaron la sangre e incluso la carne de cadáveres putrefactos.

Su apariencia física pronto comenzó a reflejar su miserable condición a medida que iban degenerando hasta convertirse en grotescas monstruosidades encorvadas. Tras muchos siglos, la exposición a la crudeza de los elementos y su antinatural estilo de vida convirtió sus otrora gráciles siluetas en una compacta masa de músculos, burlas salvajes de su propia especie. Los rasgos más bestiales de su raza fueron los únicos en prevalecer, y erradicaron cualquier rasgo de apariencia humana. Los Strigos adoptaron tanto la forma como el comportamiento de las bestias y se transformaron en una parodia de sus antiguas personalidades aristocráticas.

La amargura y la locura fue creciendo en su interior al contemplar como las criaturas del Viejo Mundo crecían y se hacían mas fuertes y hermosas. Pero, más que cualquier otra cosa, crecía el odio que sentían hacia los demás vampiros por aquello en to que les habían convertido; a ellos, que antaño fueron nobles y orgullosos vampiros: monstruos errantes que vivían en los limites de la civilización, obligados a roer los huesos de los muertos recién enterrados y que solo podrían tomar como seguidores a los Necrófagos que habitaban en los cementerios. Los viajeros solitarios a menudo caen presa de los Strigos y los viajeros que viven en las fronteras apenas patrulladas de los reinos explican historias acerca de las terribles criaturas que habitan en los bosques oscuros.

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Aunque la mayoría de ellos ha degenerado hasta volverse locos, poseen aún muchos de los poderes innatos que tienen todos los vampiros. Su autoridad sobre los muertos vivientes y sobre multitud de criaturas nocturnas es aún fuerte. No han perdido el poder de levantar a los muertos de sus tumbas y someterlos a su voluntad, aunque lo hacen de forma instintiva.

Manadas de necrófagos carroñeros se ven atraídas hacia estas criaturas solitarias y, a menudo, forman grotescas cortes a su alrededor. Los saqueadores de tumbas y aquellos hombres viles que viven de los despojos de las batallas y del saqueo de cadáveres han aprendido demasiado bien que deben llevar a cabo estos actos antes de que caiga la noche. Con la llegada de la oscuridad, diferentes tipos de carroñeros aparecen siempre en estos lugares de muerte: manadas de necrófagos liderados por enormes, rápidos y mortíferos cazadores nocturnos, los vampiros Strigoi. No es de extrañar que los habitantes del Viejo Mundo se refieran a ellos como los Reyes Necrófagos.

La misma gente supersticiosa que dice tales cosas acusa a los errantes striganos de estar en contacto con esas peligrosas criaturas, y de venerarlas y servirlas. Se dice que los nómadas a veces raptan niños para dárselos como ofrenda a los Reyes necrófagos, en una especie de parodia de los rituales de la antigua Strigos. Otros aseguran que los stríganos ayudan a los vampiros Strigoi a trasladarse de una ciudad a otra en sus caravanas, con lo que contribuyen a extender su maligna plaga. Esos rumores normalmente resultan falsos y han sido la causa de que los striganos sean a menudo perseguidos, repudiados e, incluso, aniquilados.

Los vampiros strigoi son escasos y se encuentran en su mayoría en las provincias más al sur del Imperio, en Tilea y en los Reinos Fronterizos. Parecen verse impelidos a dirigirse hacia las Tierras Yermas, el antiguo Strigos. A veces, poderosos vampiros Strigoi forman un vasto ejército de muertos vivientes y se dirigen hacia el sur en un intento desesperado de recrear el reino que una vez fue suyo y que han perdido; pero siempre se les ha podido detener. Por lo menos, hasta ahora...

Vampiros e ImperiosEditar

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Varios siglos después de la caída de Strigos, un vampiro del clan Strigoi llamado Vorag Diente Ensangrentado trató de reclamar sus tierras. Aprovechando la afinidad de su especie con los necrófagos, creó un ejército de estos seres y lo enfrentó a la tribu goblin de la Nube Roja. A los que no mató los convirtió en esclavos y los obligó a construir una fortaleza (que todavía se alza en algún lugar de la Llanura de los Huesos). A continuación, envió a su variopinto ejército de carroñeros contra la tribu del Brujo Gris. En esta batalla, un proyectil disparado por un lanzavirotes le atravesó el corazón y puso fin al reinado de Vorag.

Durante los siguientes dos mil años, muchos vampiros cedieron al impulso ancestral manifestado en Lahmia y Strigos e intentaron fundar o conquistar sus propios dominios. Neferata arrebató el Pináculo de Plata a los enanos; Luther Harkon bautizó la Costa del Vampiro en Lustria; Walach Harkon tomó la Torre Sangrienta: el Duque Rojo de Aquitaine se abrió paso por Bretonia hasta caer muerto (aunque luego regresó de la tumba y volvió a probar suerte); Nourgul el Necrarca aterrorizó Estalia en la Guerra de la Sangre. Vashanesh pasó casi desapercibido en los anales de la historia: viajo a la región de Sylvania que había visto por primera vez siendo un soldado del ejército de Setep, se hizo llamar "príncipe Vladimir” y ayudó a Vanhel a crear una hueste de no muertos para derrotar a los skavens que amenazaban aquellas tierras tras los estragos causados por la Muerte Negra. Satisfecho con el cambio que había grabado en la historia, volvió a ocultarse durante setecientos años más.

La Fundación del Clan Dragón SangrientoEditar

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Antaño, los caballeros de la orden del Dragón Sangriento pertenecían a una de las más nobles órdenes de caballería del Imperio, respetados por todos como sus defensores. Su gran fortaleza-monasterio, la Torre Sangrienta, defendía los pasos que conducían a Bretonia, y era famosa por la inexpugnabilidad de sus murallas y el valor de sus defensores.

Pero como nos cuenta el libro de las Lamentaciones, una noche un hombre de elevada estatura y porte noble apareció a las puertas de la fortaleza y pidió poder unirse a la orden. Se presentó como Walach de la familia Harkon. Con su admisión se selló el destino de la orden.

En una terrible noche, Walach infectó a los caballeros con la maldición de la no vida y se convirtió en el nuevo Gran Maestre de los caballeros sangrientos. A los más fuertes, nobles y hermosos los convirtió en vampiros, mientras el resto era asesinado para servirle como hombres de armas tumularios. Poco después, los caballeros iniciaron su reinado de terror. En vez de proteger a los hombres que les habían sido confiados, los caballeros vampiro los cazaron como si fueran una manada de lobos voraces. Las doncellas vampiro, las esposas de los caballeros, se bañaban en sangre para mantener su eterna juventud. La Orden se convirtió en la más terrible y poderosa fuerza que el Viejo Mundo haya visto jamás.

Durante muchos años, los Caballeros Sangrientos mantuvieron su auténtica naturaleza oculta al resto de la sociedad humana; pero finalmente la iglesia de Sigmar, extrañada por los informes de gente desaparecida durante la noche, descubrió la terrible verdad.

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La totalidad de los efectivos de cuatro órdenes templarias del Imperio se reunieron para destruir a los caballeros vampiro, orgullosos de poder demostrar así su poder y virtud. La Torre Sangrienta fue asediada. Durante tres largos años la orden vampírica resistió, hasta que al final los atacantes consiguieron abrir brecha e incendiaron la torre. Enfrentados a una fuerza muy superior, los caballeros vampiro se vieron obligados a abandonar su hogar ancestral. Fueron perseguidos por los templarios y los cazadores de brujas, hasta que se creyó que habían sido totalmente exterminados. La Torre Sangrienta quedó en ruinas, pero su maligno legado no fue olvidado.

La verdad fue muy diferente. Cuando su fortaleza-monasterio fue saqueada, los caballeros del Dragón Sangriento se dispersaron. Huyeron de sus perseguidores dirigiéndose a Estalia, Bretonia, Tilea y aún más allá para establecer sus propios dominios. Actualmente se les puede encontrar en castillos abandonados, armando su propio ejército de muertos, u ocultos entre los humanos en las ciudades más corruptas del Viejo Mundo. Viven como mercenarios, asesinos o soldados, y tan solo el brillo de sus ojos delata el hambre que bulle en sus venas.

La sangre de Abhorash les convierte en espadachines insuperables, pues su señor fue el más poderoso de los guerreros de la antigua Nehekhara, el general de los ejércitos de Lahmia y paladín de la reina Neferata.

La Ascensión del Clan von CarsteinEditar

Clan von Carstein.jpg

De todos los vampiros que ha conocido el hombre, el clan maldito de los von Carstein es el más infame. Hermosos, arrogantes, carismáticos y orgullosos, los von Carstein son los auténticos aristócratas de la noche. Fue Vlad von Carstein, el primero de su línea, quien trajo el vampirismo a las tierras de Sylvania. Él infectó con la enfermedad maldita a todos los nobles más poderosos de esa tierra, esclavizándolos a su voluntad y convirtiéndose en el gobernante indiscutible y el señor de un reino no muerto en el corazón del Imperio.

Hace trescientos años Vlad y su cohortes de no muertos desafiaron abiertamente el gobierno de los hombres en el Imperio, y durante cien años de guerra ininterrumpida casi consiguieron doblegar al Imperio. Tan sólo los esfuerzos combinados de los Condes Electores del Imperio consiguieron derrotarle. Pero aunque Vlad había muerto, este no fue el fin de los von Carstein, pues sus sucesores prosiguieron las guerras vampíricas durante los años siguientes.

En las leyendas del Imperio los nombres de los condes vampiro aún se recuerdan con terror: Vlad e Isabella, los primeros gobernantes inmortales de Sylvania. Pieter y Emmanuelle von Carstein, que degollaron cien doncellas en una sola noche para saciar su sed. Fritz von Carstein, el que no conoce la piedad. Konrad, el demente conde sanguinario, y Mannfred von Carstein, el más sabio y más astuto de todos, un genio retorcido y el más poderoso de los vampiros en el dominio del arte prohibido de la nigromancia.

El final del reinado de los von Carstein llegó en la terrible y sangrienta batalla de Hel Fenn, donde Manfred von Carstein, el último de los condes vampiro de Sylvania, murió a manos del Conde Elector de Stirland. El último de su estirpe murió en la batalla, y así se acabaron las guerras vampíricas en el Imperio.

Sin embargo, este no fue el fin de los von Carstein en el Imperio. Quién puede decir cuántos hombres excéntricos todavía conservan la maldición en sus venas, o cuántos vampiros se ocultan en los siniestros castillos o en los bosques encantados de Sylvania. Es muy probable que un día el Imperio vuelva a temblar ante el nombre de los von Castein.

El Retorno de los Condes VampiroEditar

Vlad, que en realidad era Vashanesh, murió definitivamente -a manos del Gran Teogonista durante el asedio de Altdorf. La condesa Emmanuelle fue destruida durante el asedio nocturno del castillo Tempelhof. Konrad von Carstein cayó en la Batalla del Páramo Siniestro, y Mannfred en la Batalla del Pantano de Hel. Y así fue como los condes vampiro pasaron a la historia, al menos de momento.

Mannfred von Carstein por Wayne England-.jpg

Casi cuatrocientos años después, Mannfred regresó por culpa de la insensatez de un nigromante mortal. Comenzó a reconstruir discretamente su Sylvania. Corrieron rumores sobre la presencia de pálidos nobles que arrebataban territorios a los stirlandeses que los habían recibido tras la Batalla del Pantano de Hel. No fue hasta el inicio de la Tormenta del Caos cuando salió a relucir la verdad tras aquellos rumores: Mannfred había regresado.

Varias huestes de guerra del Caos se separaron de Vardek Crom tras su batalla contra los enanos de Karak-Kadrin y entraron en el Imperio a través de Sylvania. Los muertos se levantaron contra ellos, como si la mismísima tierra se hubiera enfurecido, y finalmente fueron expulsados. Ultrajado por la intrusión, y comprendiendo la amenaza que suponía el Caos para los imperiales que estaban destinados a convenirse en su ganado, Mannfred fue a la guerra mucho antes de lo que había planeado. Conjuró una hueste de cadáveres en la aldea de Sokh, compuesta por aquellos que habían muerto en combate, y los añadió a su propio ejército. Esta fuerza combinada asestó el golpe definitivo que supuso la derrota de la horda de Archaón.

Cuando el Señor del Fin de los Tiempos hubo huido, los victoriosos ejércitos del Imperio y el vampiro se contemplaron mutuamente en silencio. Mannfred había creado su legión antes de lo previsto, y aún no estaba preparado. Por su parte, el ejército imperial, aunque había sufrido bajas, estaba unido corno una sola fuerza, y detrás de él, en Sylvania, las restantes hordas de Vardek Crom amenazaban con descender de las montañas y arrasarlo todo como una oscura oleada de muerte. Mannfred se enfrentaba a un Gran Teogonisra de poder similar al que acabó con Vlad, y tenía bien presente el ejemplo de Ushoran y la caída de Strigos, por lo que ordenó a su ejército que diera media vuelta y regresara a Sylvania para cimentar su poder en la región.

Puede que los condes vampiro de antaño fueran monstruos, pero en la actualidad hay sylvanianos que los recuerdan con nostalgia. Eran soberanos temibles pero carismáticos, poseedores de una gran fuerza y una evidente inteligencia. El amor de Vlad por Isabela, que era su confidente y la única capaz de aplacar su cólera cuando se desataba, aún es el tema de muchos poemas románticos escritos por jóvenes apasionados. Derrotar a las fuerzas del Caos hizo a Mannfred merecedor del respeto de muchos. En Sylvania todavía hay muchas personas que agradecerían el regreso de los von Carstein, aun a pesar de las consecuencias.

FuentesEditar

  • Libro de ejército: Condes Vampiro (6ª edición).
  • Libro de ejército: Condes Vampiro (7ª edición).
  • Libro de ejército: Condes Vampiro (8ª edición).
  • Warhammer RPG: Amos de la Noche.

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