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Historia de los Enanos

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Clan enano a la Guerra.jpg

Las fortalezas de los Enanos que hay en las Montañas del Fin del Mundo solamente son los restos del antiguo imperio, que ellos conocían por el nombre de Karaz Ankor. Esto significa o bien “reino eterno“ o bien “reino de la montaña”, puesto que la palabra enana para designar a las montañas y la duración extraordinaria de las cosas es la misma. la gran ciudad de Karaz-a-Karak , llamada Pico Eterno por los humanos, alza en medio del vasto imperio. La historia del Reino Eterno es una saga plagada de guerras y traiciones que han amargado las mentes y los corazones de los Enanos.

Los Enanos sienten un gran orgullo por su historia, más que cualquier otra raza del Mundo Conocido. Cada enano puede nombrar a sus antepasados durante al menos dos docenas de generaciones , y cada fortaleza enana ha mantenido una crónica detallada de su historia desde su fundación, junto con historias de clanes y archivos de documentos que ocupan varias cámaras extensas. Se tardaría generaciones en crear un registro histórico completo y exhaustivo de la raza enana tomaría generaciones, eso sin contar con las décadas de negociaciones que serían necesarias para poder tener acceso a los registros de las bodegas más recluidas, o los peligros de aventurarse en fortalezas perdidas para recuperar sus archivos. Y aunque se publicase , tal obra ocuparía varios edificios de gran tamaño, y ningún ser humano sería capaz de leerlo en toda su vida .

La Era de los Dioses AncestrosEditar

Dios grungni.jpg

Los primeros Enanos emigraron al Norte desde sus ancestrales hogares del sur de las Montañas del Fin del Mundo. En la antigüedad, los Dawi, como los Enanos se autodenominan en su propia lengua, vivían en cavernas y cuevas, usaban herramientas primitivas de sílex y trataban de sobrevivir en las inhóspitas montañas. Ya por aquel entonces, los Enanos eran una raza ruda y resistente que prevaleció ante las adversidades, multiplicándose y prosperando en tierras inhóspitas.

A medida que crecían en número, migraron al norte, dividiéndose en distintos clanes. Esto sucedió hace tanto tiempo que es imposible determinar cuando empezó el viaje de los Enanos ni cuánto tiempo les costó llegar hasta las tierras que habitan hoy en día. Posiblemente su avance fuera muy lento, puesto que seguían las vetas de mineral hacia el Norte y excavaban todos y cada uno de los filones en busca de oro, hierro, gemas y piedra que pudieran labrar. Según avanzaban, dejaron atrás clanes diseminados por todas las Montañas del Fin del Mundo.

Puesto que todo ello sucedió en los albores de la historia de los Enanos, la historia de la Edad de los Dioses Ancestros se acerca más a la narración mitológica que al registro de hechos objetivos y resulta imposible señalar con exactitud en qué momento los Enanos llegaron a las tierras que ahora habitan.

Muchas leyendas se remontan a este período, ya que los Enanos atribuyen muchas y formidables hazañas a sus ancestros. Es el caso de la Guerra de los Dragones, un cisma del que resultó el infame Paso del Fuego Negro; también del Relato del Padre de 1a Forja, de los esfuerzos épicos de Grungni por dominar el metal y transmitir a sus vástagos el conocimiento de la minería, la aleación y la forja del acero y el hierro.

Los Enanos sitúan el comienzo de su historia en el despertar de los primeros de su raza, gobernados directamente por un panteón de dioses que caminaban entre ellos. De estos, los más importantes son Grungni, Grimnir y Valaya, y los Enanos creen que descienden directamente de estos antepasados primigenios. Según la tradición, el tiempo dio forma a los dioses excavándolos en el corazón petreo de las montañas, en algún lugar de las Tierras del Sur. Dónde exactamente es un tema muy debatido.

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Algunos de los pergaminos rúnicos más antiguos sugieren que la legendaria fortaleza de Karak Zorn fue el lugar donde nacieron los primeros hijos de los primigenios Dioses Ancestros. Según los relatos, Karak Zorn, que albergaba riquezas mucho mayores que cualquier Rey Enano se hubiese atrevido a soñar jamás, fue invadido hace milenios por los antiguos habitantes de las cercanas selvas de las Tierras del Sur. Otros de los primeros registros afirman Karak Zorn fue fundada (y posteriormente se perdería) por enanos que se rebelaron contra la decisión de Grungni de emigrar hacia el norte.

Fue una época de grandes descubrimientos , y un período en que la raza enana desarrolló su identidad cultural. Esta época también es conocida como la “Gran Migración”, ya que los enanos se extendieron hacia el norte desde las sierras de las Tierras del Sur hacia las Montañas del Fin del Mundo.

La razón detrás de esta migración es aún más oscura. Algunas fuentes afirman que Grungni tuvo una presciencia divina de que el destino de su pueblo estaba en las montañas mucho más al norte de su lugar de nacimiento. Una epopeya histórica temprana empieza con Grungni recibiendo una premonición divina sobre papel que jugarían los Enanos en la salvación del mundo de un cataclismo desconocido que aún estaba por llegar. Entre las especulaciones más extravagantes de los historiadores revisionistas es la idea de que Grungni llegó a un acuerdo con los míticos Ancestrales después de una antigua guerra acabara en un punto muerto.

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Liderados por sus dioses en persona, los Enanos evolucionaron de la edad de piedra a una nueva era. Durante la migración, Grungni instruyó a los Enanos en el arte de la localización y la minería de vetas de piedras preciosas y metales. También les enseñó a fundir minerales metálicos con los que fabricar herramientas y armas. Con las armas y corazas primero de hierro y, más tarde, de acero que Grungni les enseñó a hacer, los enanos pudieron combatir los terrores de las montañas y expandir sus dominios.

La esposa de Grungni, Valaya, fue la que mostró a los Enanos cuando aún eran nómadas, el valor de una vivienda fortificada, enseñándoles a convertir las minas y cavernas en hogares seguros, y les instruyó en los valores sociales, que garantizarían el futuro de la raza, y en la importancia de los lazos de comunidad para los clanes que empezaban a desarrollarse.

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Por su parte Grimnir el Intrepido, hermano de Grungni, les enseñó el arte de la guerra. En las leyendas de la migración, el dios guerrero de los Enanos mató Gigantes, Trolls, Orcos merodeadores y a todo tipo de criaturas que amenazaba a la raza enana, y, de tal modo, adiestró a sus descendientes en las artes de la guerra, comandando sus ejércitos en la batalla.

A medida que los Enanos se extendían por por las Montañas del Fin del Mundo las vetas de minerales, los Enanos construyeron y dejaron tras de sí una red de fortalezas. Cada asentamiento era un pequeño reino fortificado, construido en torno a una gran mina productiva, un bastión en plena naturaleza salvaje. La mayor parte de las fortalezas descansan sobre un filón o una veta excepcionalmente productiva de piedras preciosas. Los más grandes se llamaron Karak, “fortaleza en la montaña” y su gloria es materia de leyendas.

En un momento dado, los Enanos alcanzaron el extremo norte de las Montañas del Fin del Mundo, una región desolada, salpicada por los huesos blanquecinos de múltiples criaturas. Bautizaron estas tierras frías y yermas Zorn Uzkul, la “Gran Tierra de Cráneos”. Allí la mayoría de Enanos volvieron sobre sus pasos, intimidados por el frío y defraudados pues aquel árido paraje ofrecía escasos minerales de valor, pero algunos de los clanes más audaces siguieron adelante. Algunos se dirigieron al oeste, a las Montañas de los Gigantes (khazalid: Grontlelug ), adentrándose en lo que hoy se conoce como Norsca; otros, en dirección al este, cruzaron la Gran Tierra de Cráneos y se aventuraron en las Montañas de los Lamentos.

Así se fundó el gran reino de los Enanos, Karaz-Ankor. En su seno, la ciudad de Karaz-a-Karak, el Pico Eterno. Durante largo tiempo, los clanes dispersos mantuvieron el contacto a medida que excavaban más profundamente en las montañas, por muy alejados que estuvieran los unos de los otros, pero pronto los separaría una tempestad sin precedentes...

El Advenimiento del CaosEditar

Los Enanos aseguran que Grugni había predicho la llegada de una gran calamidad, y sabía que los Enanos necesitarían armas de gran poder con el fin de sobrevivir y hacer retroceder a los terribles invasores que vendrían a raíz del desastre. Durante siglos se dedicó, junto con sus hijos Thungni y Smednir, a forjar armas y armaduras de gran poder. Grungni y Thungni inscribieron en ellos poderosas runas mágicas, para proteger a sus portadores y hacerlos más fuertes en la batalla. Las mejores y más poderosas armas y armaduras fueron entregados a Grimnir, que seguía siendo el más grande guerrero de la raza enana. Otras armas serían entregadas a los más grandes guerreros en cada una de las fortalezas, donde todavía hoy muchas de ellas están preservadas y custodiadas como tesoros del clan.

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Cuando se acercaba el momento del cataclismo que Grungni había previsto, se enviaron mensajeros a todo las fortalezas, portando pergaminos rúnicos con su sello personal. El mensaje de Grungni advirtió que un gran desastre estaba a punto de caer sobre el mundo, que lo cambiaría todo para siempre. Exhortó a los Enanos a cavar aún más profundamente en la tierra, y sellar todas fortalezas durante diez años.

De acuerdo con uno de los relatos del Gran Libro de los Agravios, el libro más antiguo de todos los que recogen la sabiduría e historia de los Enanos, la llegada del Caos abrió tanto los cielos como la tierra y partió las montañas en pedazos. Los cielos se oscurecieron y turbulentos vientos de magia multicolor enturbiaron el aire y surcaron la tierra. Advertidos por Grungni, los enanos se refugiaron en lo más profundo de las montañas. Allí, debajo de la superficie, a oscuras, se cobijaron durante la erupción de los Vientos Mágicos que arrasó el mundo.

Meses después, el caos se extendió por el mundo. Los antiguos relatos cuentan como las nubes dejaban tras de si una vil capa de negro y fino polvo de disformidad que mutaba todo lo que tocaba. Los animales y los habitantes de la superficia mutaron en abominaciones , y se unieron a los indecibles horrores que estaban atravesando las grietas que se habían formado con el colapso de los portales en los polos. La superficie del mundo estaba sufriendo una invasión a escala global. Los Enanos se escondían en sus minas y cavernas mientras todo lo que había en la superficie quedaba corrompido por el Caos.

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Después de que pasara la década, los Enanos abrieron sus puertas selladas, y vieron nuevamente la luz diurna. Cuando los Enanos emergieron de sus moradas subterráneas encontraron el mundo irreconocible. Bestias mutantes y monstruosidades rabiosas plagaban las montañas. Pero había algo incluso peor. Durante la gran tormenta los Demonios habían irrumpido en el mundo desde el Reino del Caos y acechaban por doquier para matar todo lo que encontraran. No pasó mucho tiempo hasta que las fortalezas Enanas fueron atacadas.

Los Demonios descubrieron pronto que los Enanos no estaban precisamente indefensos. Las leyendas cuentan que Grungni enseñó a su pueblo a grabar runas mágicas en sus armas y armaduras, que les permitían resistir ante las criaturas del Caos que los asaltaban. Valaya usó su poder protector para ahuyentar la magia oscura de sus enemigos, debilitando sus terribles poderes. Y Grimnir en persona, empuñando dos poderosas hachas y vistiendo una armadura más dura que las mismas montañas, lideró el contraataque. Con su dios guerrero al frente, los ejércitos de los Enanos salieron a la luz desde sus fortalezas subterráneas para enfrentarse a las hordas del Caos.

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Los Enanos se abrieron camino a lo largo de la cordillera, matando tantos enemigos que, por un tiempo, no quedaron Demonios en las Montañas del Fin del Mundo. La furia de Grimnir no remitió hasta que el último Demonio hubo probado el acero Enano por última vez. Hay muchas historias de furiosas batallas que duraron semanas donde los Enanos se enfrentaron contra Hombres Bestia, demonios y otras criaturas del Caos para expulsarlos de sus tierras. Aunque no eran suficientes como para acabar del todo con la marea de aberraciones, consiguieron mantener sus montañas limpias de los monstruosos servidores del Caos.

Con el tiempo, la mayor parte de las fortalezas enanas de las Montañas del Fin del Mundo fueron capaces de restablecer el contacto entre sí, combinando sus fuerzas para repeler las hordas del Caos de nuevo al norte. Sin embargo, se perdió contacto con los Enanos de las montañas de los Gigantes y de las Montañas de los Lamentos.

Los HuerfanosEditar

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Los Enanos que habían cruzado las Tierras del Gran Cráneo no disponían de unas defensas tan buenas. Sus refugios no estaban a tanta profundidad como las más antiguas fortificaciones de las Montañas del Fin del Mundo y ningún Grimnir, Grungni o Valaya los lideró, o al menos no hay registro de que hubiera héroe alguno.

Como se corrompieron estos Enanos hasta convertirse en Enanos del Caos; es una omisión constante en las por lo demás exhaustivas historias de los Enanos. Todo lo que fue recogido es que. en este tiempo, las líneas familiares de los clanes más antiguos fueron corregidas. Los clanes con antepasados que habían emigrado al Este fueron “adoptados” por clanes que se habían quedado más atrás. Los clanes cuyos hijos habían marchado hacia el Este se negaron a reconocer que tuvieran descendencia.

Aunque muchos Enanos dicen descender directamente de los Dioses Ancestros, el desbarajuste creado por los cambios en los árboles genealógicos propicia que sea muy difícil saber que linajes son anteriores a este momento de la historia. Los Enanos han mantenido el silencio sobre los clanes perdidos y todavía consideran un grave insulto mencionar a los Enanos del Caos en su presencia.

Los ElfosEditar

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Fue durante la guerra contra el Caos cuando los Enanos coincidieron por primera vez con los Elfos. Liderados por Grimnir, el ejército Enano se dirigió hacia el oeste. Dentro años, los Enanos erradicaron a las fuerzas del Caos de las tierras sureñas del futuro Imperio. Siguiendo el caudal del gran río Reik (Ruvalk Reyak), los Enanos arrasaron grandes áreas mientras atravesaban bosques infestados por el Caos hasta que llegaron al fértil delta del norte. En el punto donde el Reik se junta con la bahía, los Enanos se encontraron un asentamiento elfo.

Antes de la catástrofe, los Elfos de Ulthuan había comenzado a explorar el mundo y a extender su poder. Entre las varias colonias comerciales establecidas se encontraba “Sitb Rionnasc'namisbatbtr", la “Gema Estelar del Océano”, donde actualmente se ubica la ciudad de Marienburgo. Al principio, la colonia no había atraído la atención de las hordas del Caos, pero esta situación no duraría mucho. La colonia fue rodeada y su destrucción pudo ser evitada con la llegada de una flota de Ulthuan, dirigido por el gran mago Caledor Domadragones. Caledor era un gran mago e inspeccionaba las costas del Viejo Mundo en busca de indicios de cuál podía ser la fuente del Caos que estaba destruyendo el mundo cuando su flota de naves de guerra Élficas tuvieron que desviar su rumbo tras una batalla contra una flota del Caos.

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Las fuerzas del Caos fueron expulsadas al otro lado de los muros de la Gema Estelar, y fruto de la casualidad (o del destino) los Elfos se encontraron con un ejército de Enanos dirigido por el propio Grimnir. que había acabado en la costa persiguiendo los remanentes de un ejército Demoniaco para liquidar hasta el último de ellos.

Grimnir y el Gran Ejército Enano cayeron sobre la retaguardia retaguardia de las fuerzas del Caos antes de que pudieran reagruparse. La expresión "Limpiando las paredes élficas" todavía se utiliza en la poesía épica enana como un término para describir la más sangrienta de las matanzas .

Las dos razas se reunieron por primera vez después de la batalla. Este fue un momento clave de la historia de ambas razas, en que uno de los mayores y más hábiles magos de los Altos Elfos de todos los tiempos conoció a la encarnación poderosa y brutal del dios guerrero de los Enanos. Grimnir el guerrero y el mago Caledor se estudiaban mutuamente en silencio. No ha quedado constancia de lo que pensó Grimnir del altivo y arrogante mago Alto Elfo, y también se desconoce lo que el Elfo pensó del tatuado señor de la guerra. Sin embargo, ambos supieron que no eran enemigos y se reconocieron como potenciales aliados contra el Caos. Además, el asunto quedó totalmente zanjado cuando se oyó el estruendo producido por decenas de cuernos de Guerra, anunciando el ataque repentino de una nueva horda de Hombres Bestia procedente del este. Tras establecer rápidamente los términos de su colaboración de mutua supervivencia, los Enanos y los Elfos lucharon mucho y ferozmente ante esta nueva amenaza, que fue rápidamente derrotada mediante los hachazos de Grimnir y los hechizos de Caledor.

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La historia cuentan que, en los días posteriores, Grimnir y Caledor hicieron un gran esfuerzo por superar las dificultades existentes, debido a sus diferencias lingüísticas y culturales, aunque al final acabaron intercambio información acerca de su enemigo común. Por Caledor, los Enanos supieron de la existencia del gran Rey Fénix y su pugna por liberar la lejana isla de Ulthuan del azote del Caos. Por Grimnir, Caledor conoció la tormenta que se originó en el norte, procediendo a los Demonios. El sabio mago concluyó que, en el lejano norte, se había abierto una Puerta del Caos, un portal entre el mundo y los inimaginables reinos demoníacos del Caos. El Caos había conseguido poner un pie en la tierra y no tardaría en acabar con todos sus habitantes.

Con esa información y una alianza recién forjada, Caledor partió, probablemente concibiendo ya el plan que llevaría a la creación de un potente vértice que absorbiera y erradicaría todo el poder del Caos desatado por el mundo. Antes de su marcha, para afianzar la alianza entre los Elfos y los Enanos se produjo intercambio de regalos. Caledor recibió el amuleto rúnico Bagdelredner, que los Elfos bautizaron como Teiurmeinn el Protector, que contenía un poder de protección superlativo de manos de Grimnir. A cambio, Caledor le regaló al Enano el Cristal de Fuego, un artefacto que se conserva hasta nuestros días en la Gran Bóveda de Karaz-a-Karak hasta el día de hoy. Mensajeros fueron enviados a las tierras natales de los elfos y los enanos, con la noticia de la alianza.

El Destino de GrimmirEditar

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La Guerra contra el Caos se extendió durante años. Los Elfos lucharon contra los invasores en Ulthuan y en el mar, mientras que los enanos lucharon por todo el Viejo Mundo. El respiro ganado por Grimnir y sus ejércitos había costado caro, pero fue breve. Cuando Grimnir dirigía a sus tropas de vuelta a las montañas, los cielos se tiñeron de desdicha.

Una vez más, la marea del Caos se cernía sobre la tierra y, con ella, las legiones de Demonios y sus inefables horrores lo destruían todo a su paso. Esta vez los Demonios eran tantos que el heroísmo de Grimnir no fue suficiente para contenerlos y los Enanos se vieron forzados a retroceder. Incapaces de mantener posiciones, llegó un punto en que los Enanos no tuvieron otra salida que la retirada al interior de sus fortalezas. Uno por uno, sus palacios de piedra fueron sitiados.

Aunque lucharon valientemente contra las hordas del Caos, varias fortalezas cayeron ante la arremetida blasfema. Con la teoría de Caledor sobre un portal del Caos en mente, Grimnir decidió pasar a la acción. Sin que el otro los supiera, tanto Caledor como Grimnir estaban trazando sus propios planes para derrotar a Caos. No se dieron cuenta de que el destino ejecutaría ambos planes al mismo tiempo.

En el Gran Concilio de los Enanos, Grimnir anunció que tenía la intención de luchar su camino a través de los Desiertos del Caos en busca del portal con la intención de cerrarlo personalmente, sin imaginar las energías cósmicas que allí iba a encontrar. Grungni y Valaya trataron de disuadirlo, pero él no cambió de parecer.

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Grungni le advirtió que lo más probable es que muriera, pero Grimnir le contestó a regañadientes que era un riesgo merecía la pena correr. El gran dios guerrero se afeitó ceremoniosamente la barba y la cabeza excepto por una cresta desafiante de pelo que iba desde la nuca hasta la frente. Entregó una de sus hachas a su hijo mayor, Morgrim, y partió hacia el norte, cantando su propia canción fúnebre.

Una partida de Enanos liderada por Morgrim acompañó a Grimnir hasta el límite de los yermos norteños, arrostrando incontables peligros sólo para llegar hasta allí. Allí, al fin, dieron por terminado su viaje y se dispusieron a regresar. Morgrim siguió a su padre hasta los lindes de los desiertos que hay en el Norte haciendo caso omiso de sus órdenes para que volviese. Al borde de los Desiertos del Caos, Grimnir y Morgrim se enfrentaron en una batalla titánica que duró tres días. Grimnir salió victorioso, y mandó a su hijo regresar junto a los Enanos, asumiendo su papel como protector de su raza. Al final, Morgrim respetó los deseos de su progenitor y se quedó observando con asombro el avance de Grimnir, mientras su silueta se diluía y finalmente desaparecía en la neblina iridiscente de aquel paraje ponzoñoso.

Esa fue la última vez que se vió a Grimnir y lo que después le aconteció al más valeroso de los Enanos nadie lo sabe. Quizás fue, a la postre, vencido por un ejército de monstruos. Hay relatos que afirman que se abrió camino hasta la misma boca del portal del Caos y que evitó la entrada de todo un ejército de demonios mientras Caledor completaba su hechizo en Ulthuan. ¿Pudo sobrecogerlo un destino más terrible y extraño? Los Enanos no hablan de la suerte que corrió Grimnir; solamente dicen que se sumió en la oscuridad hace mucho tiempo, y que su hacha se perdió con él.

La Edad DoradaEditar

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Mientras Grimnir se abría paso a través de los desiertos del Caos, Caledor y un círculo de magos elfos crearon un vórtice en Ulthuan que drenaba el poder del Caos del mundo. Sin embargo, esta victoria tuvo un precio muy alto: la creación de la Vórtice tuvo como coste la vida de los más poderosos magos Elfos de la historia, incluyendo al propio Caledor. Pero el flujo de Caos fue refrenado.

El hechizo de Caledor drenó la magia descontrolada y los Demonios que acechaban en los rincones más sombríos del mundo se desvanecieron. En un instante, los ejércitos de criaturas antinaturales que rodeaban las fortalezas de las montañas desaparecieron y los Enanos emergieron para contemplar el amanecer de una nueva era. Con el tiempo, los Elfos y Enanos derrotaron a las fuerzas restantes del Viejo Mundo que fueron expulsados a los rincones más sombríos del mundo.

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El Era de los Dioses Ancestor terminó con el confinamiento de Caos en el norte lejano. Los dioses Enanos se habían ido; Grimnir se había perdido para siempre en el oscuro norte y Grungni, Valaya y las deidades menores habían desaparecido. Los Enanos creen que, con su tarea completada, sus Dioses Ancestros volvieron al corazón de la montaña de donde provenían y que, cuando su pueblo más los necesite, volverán. Una nueva era de prosperidad surgió por sus descendientes.

Se estableció el comercio con los Elfos cuando estos desembarcaron en el Viejo Mundo para restablecer sus Colonias en la costa y en los bosques. Todas las grandes ciudades Enanas se fundaron en este tiempo. Como resultado, tuvo lugar una época de paz y prosperidad que duraría casi mil años.

Impulsados por el comercio con los Elfos, los Enanos prosperaron en las Montañas del Fin del Mundo como nunca antes se había visto. Los Enanos de las Montañas del Fin del Mundo prosperaron, pero no les llegaba noticia alguna de sus hermanos en las Montañas de los Lamentos y no quisieron saber nada de sus hermanos del Norte.

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Durante esta época, las fortalezas enanas existentes florecieron, se construyeron estupendas fortalezas en tomo a las antiguas, deviniendo en ciudades excavadas, y se fundaron otras nuevas a lo largo de las Montañas del Fin del Mundo. Prospectores enanos viajaron extensamente, y establecieron nuevas minas y asentamientos en las Montañas Negras, las Montañas Espinazo de Dragón y en otros lugares.

El mayor logro de la época fue la finalización del Undgrim Ankor, el Gran Camino Subterraneo: una vasta red de túneles que unía las fortalezas enanas de las Montañas del Fin del Mundo; y desde allí se construyeron carreteras entre las fortalezas enanas y las colonias élficas en la costa, con el comercio fluyendo a lo largo de ellas.

Los Elfos contrataron ingenieros y artesanos enanos para completar magníficos proyectos de construcción, como el muro marino que rodeó Sith Rionnasdnamishathir y el gran faro de Tor Alessi. Estas estructuras todavía siguen en pie, aunque las ciudades alrededor de ellos están en las manos del hombre, Marienburgo y L'Anguille respectivamente.

Karaz-a-Karak, la más céntrica de las fortalezas de las Montañas del Fin del Mundo, acabó convirtiéndose en la capital del imperio enano, desde donde el Gran Rey Enano se sentaba en su trono esculpido en piedra y gobernaba a los señores de los Enanos que regían las demás fortalezas.

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Esta fue la era de los Enanos, que aliados con los Elfos, exploraban el Viejo Mundo en busca de sus riquezas. El comercio entre estas dos antiguas razas florecía y sus gentes vivían codo con codo en puertos y ciudades del Viejo Mundo. En esta época, encontraron nuevos aliados en la salvaje raza de los hombres estaban divididos en tribus primitivas que, aunque bárbaros, acudían a las razas antiguas en busca de sabiduría y guía deseosas de aprender de razas más viejas y sabias.

Con el comercio y la riqueza que fluyendo hacia el Imperio Enano , parecía como si la edad de oro no tendría fin. Pero, ¡oh, hado funesto! el tiempo de bonanza y gloria no duraría mucho, pues nadie podía prever la inminente guerra que haría estragos en todo el Viejo Mundo durante casi 500 años

La Guerra de la VenganzaEditar

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Quizá los Elfos y los Enanos no fueran tan sabios como el hombre había pensado, puesto que la arrogancia de los Elfos y la obstinación de los Enanos empezó a producir fricciones entre ambos y acabó por desembocar en una guerra. Así comenzó una terrible carnicería que duraría toda una era.

Los Enanos culparon de la guerra a la inconsistente amistad de los Elfos. Los Elfos pusieron término a una era de prosperidad mediante la traición y la arrogancia. Para los Enanos, el comportamiento desleal de sus nuevos aliados no era del todo inesperado. En su pragmatismo, identificaron a sus socios comerciales como gente voluble, propensa a estados de ánimo caprichosos. La suspicacia natural de su raza llevó a muchos Enanos a la conclusión de que sólo era cuestión de tiempo que los veleidosos Elfos se la jugaran. Después de todo, las obras de los Enanos eran tan buenas, tan ingeniosas y estaban tan bien manufacturadas que los Elfos se tomaron envidiosos y avaros.

AntecedentesEditar

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Los primeros actos que propiciaron la guerra fueron una serie de ataques a caravanas comerciales de Enanos, asaltos en los que mataban tanto a jóvenes y a mujeres como a guerreros. Cuando encontraron evidencias de que los responsables de estos ataques eran los Elfos, los Enanos organizaron actos de justicia sumaria contra sus perpetradores.

En realidad, las causas de este conflicto vienen de muy atrás. A pesar de su derrota militar a manos de la Gran Alianza, el Caos había plantado una semilla en los Elfos que acabó siendo la perdición de las dos razas. Mientras los Enanos continuaron con el comercio y la minería, un cisma se desarrolló entre los seguidores del traicionero Malekith (que más tarde sería conocido como los Elfos Oscuros) y los del Rey Fénix Caledor I, nieto de Caledor Domadragones. Con el tiempo, una guerra civil estalló, y en poco tiempo se extendió en el Viejo Mundo.

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Elfos Oscuros empezaron atacando asentamientos enanos y atacando a los comerciantes, causando grandes pérdidas de vidas y bienes. Dado que los Enanos no tenían constancia del conflicto, no les era posible diferenciar un Elfo de otro, y por tanto todas las evidencias apuntaba a que eran obra de los Altos Elfos, por lo que la venganza de los Enanos cayó sobre algunos de ellos.

Cuando el suceso llegó a oídos del Gran Rey Gotrek Rompestrellas, se quedó perplejo por lo que estos ataques no provocados al parecer de sus aliados y socios comerciales. Pero el Gran Rey era sabio y prudente (como demostraba su barba) y no le gustaba tomar decisiones precipitadas. Detuvo todos los ataques por parte de sus gobernadores y envió mensajeros a la lejana Ulthuan para exponer el caso ante el Rey Fénix Caledor II, quien había ascendido al Trono del Fénix, y resolver la disputa pacífica y honrosamente.

De este modo, Gotrek esperaba obtener una compensación que solventara el conflicto de un modo pacífico. Un Enano jamás perdona un agravio, pero en caso de haber un malentendido un acto de sincera contrición acompañado de un tributo exorbitado de oro y gemas podría llegar a aplacar los ánimos y evitar que la disputa se resolviera a la usanza de los Enanos.

Caledor II el Guerrero.jpg

Las historias relatan como los mensajeros fueron recibidos con desdén y desprecio por parte de los Elfos, burlándose de lo que llamaron acusaciones infundadas. El vanidoso y arrogante Caledor se negó a ver a los emisarios, enviándolos de vuelta con un mensaje de que el Rey Fénix no accedería a sus demandas, pero que podría atender a sus súplicas.

Furioso, Gotrek envió un segundo grupo de emisarios a Ulthuan, llevando el mensaje diciendo que el Gran Rey de los Enanos no suplica a ningún Elfo ni Dios alguno. El importe de la restitución exigió se duplicó debido a insulto de Caledor. Despreciando de tal manera las demandas de los Enanos, los arrogantes Elfos llevaron a cabo un insulto tan ultrajante y deliberado que ni todo el oro del mundo no podría resarcirlo, y un agravio que pasaría de padres a hijos entre los Enanos: afeitaron la barba del embajador Enano.

Tras sufrir una humillación tan terrible, lo expulsado de las tierras de los Elfos y obligados a volver a su hogar a través de tierras de extraños sin su barba y casa despojado de su orgullo para decirle al rey Gotrek que no tendría una sola moneda de oro a menos que él mismo se presentara en Ulthuan y suplicara ante el Trono del Fénix.

Solamente existía una respuesta posible a tamaña ofensa: ¡LA GUERRA!.

El Choque de Dos ImperiosEditar

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Con el agravio agravadas por aquel insulto y con la sangre hirviendo, el Gran Rey Gotrek convocó a los clanes disgregados y a los reyes de cada fortaleza a las armas, había declarado la guerra a los Elfos. Gotrek juró por el más poderoso de los juramentos que tendría una compensación justa o su equivalente en la sangre Élfica, o se afeitaría cada pelo de su cabeza. El emisario afeitado había sufrido una humillación tan grave que se había convertido en un Matador, y era impensable que el Gran Rey de los Enanos sufriera un destino similar. Toda la raza se mantuvo unida junto a su rey.

Aun así, los Enanos no dejaron embargar del todo por la ira y se prepararon adecuadamente. Todos los talleres del reino trabajaron día y noche para preparar las antiguas máquinas de guerra y afilar las hachas de la familia para la batalla Se acumularon provisiones para que toda fortaleza pudiera soportar un asedio en caso de producirse. Finalmente, cuando todo estuvo preparado, los cuernos de guerra empezaron a sonar desde las más altas torres de las fortalezas y el Gran Rey convocó a sus guerreros.

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Los reyes de todos los rincones del imperio reclutaron a sus clanes (como se conoce a los ejércitos de los Enanos) y respondieron a la llamada de su rey. Cada enano estaba equipado con una magnífica armadura y en cada hacha llevaba forjadas una o más runas. Cada uno de los ejércitos iba acompañado de las mejores máquinas de guerra de la época: maquinas como los potentes lanzavirotes. capaces de destrozar con facilidad los frágiles juguetes con los que contaban los Elfos, o los antiguos lanzaagravios, cuyos proyectiles llevan grabada cada petición que hacían los Enanos para resumir los diferentes agravios. Con estos artilugios pretendían abatir las altas y puntiagudas torres de los Elfos y hacerlas pedazos por su afrenta. Nunca antes ni desde entonces se ha visto nada igual: todo el poder de los Enanos, en la cúspide de su pujanza, dispuestos para la guerra. Su avance era imparable.

Muchas colonias Elficas fueron atacadas y sus estilizadas torres no resistieron el embate de la maquinaria de guerra Enana. Al recibir la noticia de los asaltos Enanos que arrasaban sistemáticamente sus asentamientos, el rey Caledor II destinó todos los efectivos de Ulthuan a una flota inmensa, pese a las súplicas de su consejo de mantener algunas tropas velando por el hogar de los Elfos, y él mismo zarpó para comandar su armada. El rey y sus refuerzos llegaron a tiempo para romper el asedio de los Enanos a la ciudad portuaria de Tor Alessi, cuyos muros se construyeron con la ayuda de los propios Enanos en los días en que su alianza todavía estaba en vigor. Así comenzó la guerra propiamente dicha, un conflicto que se prolongaría durante cuatro siglos.

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Posiblemente, los hijos de Grungni y Grimnir confiaban excesivamente en su poder. Cegados por la ira y confiados tras sus primeras victorias, los Enanos se vieron pronto superados. Habían juzgado el poder del enemigo por la de sus provincias más débiles, pero ahora las fuerzas de Ulthuan al completo formaban ante ellos. Ambas fuerzas se encontraron una y otra vez en batallas de cada vez mayor virulencia libradas por todo el Viejo Mundo. Grandes hechizos y jinetes de dragón presentaban batalla a Enanos armados con hachas rúnicas y protegidos por escudos impenetrables, mientras el suelo se empapaba con la sangre de las dos razas.

En los primeros choques, Caledor II sumó a la creciente lista de agravios la muerte de Snorri Mediamano, el hijo del rey Gotrek. Snorri se enfrentó al propio Calendor, el Rey Fénix. Aunque sin duda se trataba de un acto de valor. Snorri se había sobrevalorado a si mismo. Le faltaba sabiduría para enfrentarse al carácter traicionero de los Elfos y se dejó atraer a un combate personal con el más poderoso de ellos. Snorri fue despachado con un golpe que ninguno de los más viejos y sabios Enanos hubiera llegado a recibir. El ejército de Snorri luchó bien y acabo con muchos Elfos, pero combatían contra corriente.

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La pérdida de Mediamano indigno a los parientes de Gotrek. Morgrim, primo de Snorri. impulsado por la ira que sentía en su interior, marchó contra Oeragor. Los Elfos intentaron evitar la batalla por miedo a la ira de Morgrim, pero tras dos días de maniobras el enfrentamiento resulto inevitable, la batalla fue muy larga; ambos bandos estuvieron disparándose durante varias horas, pues, en un acto tercamente desafiante, el ejército Enano se situó expresamente bajo el aluvión de flechas de los Elfos, para demostrar que podían resistir lo peor que el enemigo podía lanzarles.

Después de horas, desesperados y furiosos, los Elfos no tuvieron más remedio que aventurarse al combate cuerpo a cuerpo y fue entonces cuando empezó la verdadera carnicería. Morgrim combatió con fiereza y se abrió paso entre las líneas enemigas hasta llegar a lmladrik, Príncipe de Ulthuan. Morgrim, en nombre de Snorri Mediamano, cortó personalmente en dos al joven Elfo, tras lo que se ganó el sobrenombre de Elgidum, que significa “Mataelfos”.

Ni siquiera entonces fue capaz ninguno de los bandos de parar aquel sinsentido. Pasaron los años, todos y cada uno de ellos marcados por una gran batalla, con victorias y derrotas de ambos bandos. Los Elfos no consiguieron derruir las fortalezas Enanas y los Enanos, por su parte, no lograron derrotar definitivamente a los Elfos. Y ambas razas fueron desgastándose entre si. Poco a poco, los Enanos obligaron a los Elfos a retirarse al interior boscoso del Viejo Mundo, lo que propició la destrucción de bosques enteros por parte de los enanos para negar refugio a sus enemigos. Los elfos vieron sus colonias costeras asediadas por los Enanos vengativos, y uno por uno, los asentamientos más pequeños empezaron a caer.

Después de cuatro siglos de lucha, sólo las principales colonias de Tor Alessi y Sith Rionnasdnamishathir resistían. Frustrado, Caledor despechó sus generales y tomó personalmente el mando de las fuerzas de los Elfos. En una última arremetida, El Rey Gotrek y su clan se unieron a Morgrim para asediar la ciudadela portuaria de Tor Alessi por decimocuarta y última vez. Aquí, los agravios fueron resarcidos literalmente.

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Sobre la ciudad élfica cayó una lluvia de rocas envueltas en hierro que duró un centenar de días. Durante este tiempo, las murallas fueron abatidas en una docena de puntos diferentes y ninguna de las torres permanecía en pie para detener el avance de los Enanos. Rompeestrellas y Mataelfos atacaron juntos al traicionero Rey Caledor. que, incapaz de huir, se vio forzado a enfrentarse a Gotrek; y ambos reyes se midieron en combate singular. Caledor buscaba la victoria rápida, pero el Rey Rompeestrellas no estaba dispuesto a dársela.

El rey enano estaba satisfecho de haber estado luchando durante todo el día y seguir haciéndolo cuando empezó a caer la noche, punto en el que las fuerzas del Elfo empezaron a agotarse. Gotrek. en cambio, seguía adelante y acabó con todas las fuerzas del rey elfo antes de romper en pedazos la ligera espada élfica de Caledor con un preciso golpe de su martillo. Derrotado, Caledor pidió misericordia, pero el Gran Rey solamente quería vengar a su gente y no estaba dispuesto a mostrar misericordia, sino a hacer justicia. El Enano descargó una última vez su martillo y el duelo terminó.

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Como prueba de su victoria, el Rey Gotrek tomó la Corona del Fénix de entre la masa encefálica esparcida por el suelo y proclamó saldado el agravio llevandose la corona a Karaz-a-Karak. Los Elfos serían bienvenidos a Karaz-a- Karak si querían recuperar su corona. Mientras los Altos Elfos se preparaban para un asaltar a Karaz-a-Karak, les llegó la noticia de que los Elfos Oscuros se había aprovechado de la ausencia del Rey Fénix para invadir Ulthuan.

Incapaz de mantener un conflicto en dos frentes, el nuevo Rey Fenix, Caradryel El Pacificador, ordenó el retorno de los elfos para hacer frente a la amaneza de los Druchii. Los Elfos que sobrevivieron abandonaron el Viejo Mundo con sus ejércitos y su arrogancia destrozados por la derrota.

A día de hoy, la corona sigue en Karaz-a-Karak, de pie al lado del cristal de fuego en la Gran Bóveda. A pesar de que ya no están abiertamente en guerra, los Enanos nunca olvidarían, y desconfiar de los Elfos es la lección más común que ha pasado de generación en generación. Las relaciones entre los Elfos y los Enanos apenas han mejorado. Los elfos llaman a los Enanos ladrones y bandidos, mientras que los Enanos les responden llamándolos Rompejuramentos y Cortabarbas .

Con Furia en los CorazonesEditar

Tanto Enanos como Elfos conservan relatos de héroes de la Guerra de la Venganza, o la Guerra de la Barba, como la llaman los Elfos. Ambos bandos lucharon con honor, mas se cometieron también actos infames durante esa era larga y brutal, aunque ningún bando conserve un registro de los actos de salvajismo impávido que ellos mismos perpetraron, ni admitirán jamás tener nada que ver con cualquiera de esos ultrajes.

En su indignación, los Enanos talaron bosques vírgenes por completo, sólo para afrentar a los Elfos. No les bastaba con destruir sus fortalezas y derribar sus elegantes torres. En ocasiones, los Enanos no detenían sus máquinas de guerra hasta que no quedaba piedra sobre piedra. Por su parte, los Elfos envenenaron lagos de montaña y pactaron con Espíritus profanos de los árboles con tal de conseguir ventaja estratégica. Cuando se vieron acorralados por hordas de enanos ataviados con cotas de malla imposibles de traspasar con sus flechas, los Elfos recurrieron sin pudor a todo tipo de trucos sucios, rendiciones fingidas y engaños mediante magia.

La Era de la AflicciónEditar

Los Enanos se consideran a sí mismos los vencedores de la Guerra de la Venganza, pues sus enemigos no solo se retiraron, sino que incluso se vieron expulsados del continente. Esta situación debería haber asegurado a los Enanos el dominio del Viejo Mundo durante las eras venideras. Sin embargo, el destino no les fue favorable.

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El largo conflicto había dejado exhausto al imperio de los Enanos y, antes de que pudiera empezar a recuperarse, se vio asolado por diversos desastres naturales de una magnitud que no se había visto desde la llegada del Caos. El incuestionable final de la Era Dorada llegó en medio de una serie de terremotos que hicieron estremecer toda la cordillera de las Montañas del Fin del Mundo, seguidos por erupciones volcánicas de proporciones monumentales.

Durante la Guerra de la Venganza, los Elfos habían intentado varias veces arrebatar los grandes Karaks a los Enanos, pero sus pobres tácticas de asedio nunca llegaron a dañar demasiado ninguna de ellas. Sin embargo, lo que siglos de guerras no habían logrado, lo lograron los terremotos en apenas unos instantes. Cada asentamiento Enano sufrió grandes calamidades: las descomunales murallas que rodeaban las fortalezas se rompieron en pedazos, minas colapsadas, galerías inundadas por ríos subterráneos... Las montañas temblaron, algunas hasta partirse en dos, dejando caer avalanchas de rocas que aplastaron todo lo que encontraron en los valles bajo ellas. La lava llenó las cavernas y todo el Reino Eterno quedó hecho estragos.

Aún así, por muy devastadores que fuesen los terremotos, otras amenazas iguales o mayores seguían al acecho, fuerzas siniestras que se multiplicaban en secreto mientras la atención de los Enanos estaba en otra parte...

Las Guerras GoblinsEditar

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Debido a la cadena de desastres naturales que asolaron su reino montañoso, los Enanos quedaron vulnerables a los ataques de nuevos enemigos. Las numerosas invasiones que siguieron a aquel periodo dieron lugar a una serie de batallas independientes a las que los Enanos llamaron en conjunto las “Guerras Goblins”, pues los Goblins fueron el enemigo más numeroso al que tuvieron que enfrentarse, aunque en honor a la verdad también combatieron contra Orcos, Skavens, Trolls, Ogros y viles seguidores del Caos.

Los ataques se iniciaron antes incluso de que los últimos temblores hubieran acabado. Los enemigos se infiltraron por túneles sin vigilancia, arrollaron puestos de guardia mediante ataques sorpresa y barrieron incontables bosques y valles montañosos. Previamente, las fortalezas de los Enanos habían demostrado ser impenetrables ante todo invasor, pero ya no era así. Muchos muros defensivos habían caído, los antiguos bastiones eran poco más que pilas de ruinas y los niveles inferiores de catacumbas habían quedado comprometidos al abrirse en ellos numerosos pozos y simas. Las grandes puertas cubiertas de glifos que habían sido capaces de resistir los golpes de un Gigante, ahora colgaban fuera de sus goznes o estaban partidas en mil pedazos. Al detectar estos puntos débiles, los ejércitos enemigos ansiosos de tesoros empezaron a aparecer como lobos rondando una presa moribunda.

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Karak Ungor fue la primera de las fortalezas principales en caer, infestada de Goblins Nocturnos que emergieron desde las minas más profundas sin que nadie reparara en ellos, apareciendo súbitamente en el mismísimo centro de la ciudad de los Enanos. Los pieles verdes empezaron a asolar un barrio tras otro de la ciudad, precedidos por sus sanguinarios rebaños de Garrapatos. Una vez que hubieron superado las docenas de niveles de defensa interconectados que rodeaban los estratos más exteriores de la fortaleza, apenas quedaba ya ninguna resistencia organizada para detener la marea.

Con la esperanza de salvar a las mujeres y niños Enanos, el Rey Kargsson del Clan Yelmopétreo dio orden de abandonar la ciudad. A fin de dar a los refugiados tiempo para escapar, el Rey Kargsson lideró un contraataque sin posibilidad alguna de victoria, pero que logró contener al enemigo con una heroica acción de retaguardia.

Sabedor de que no había otro camino, ordenó que los túneles secretos fueran derrumbados una vez que el último de los refugiados Enanos lo hubiese cruzado. Así, el Rey Kargsson y su guardia quedaron encerrados junto con el enemigo. Lo último que los refugiados alcanzaron a ver de su Rey fue cómo entonaba su canción de muerte mientras blandía su famosa hacha rúnica Hendedom. Tras eso, las arcadas de los túneles fueron demolidas y ellos escaparon.

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En aquellos tiempo convulsos, incluso aunque alguno de los maltrechos bastiones hubiese logrado que un mensajero superara el cerco enemigo, no hubiese importado, pues no habría llegado ningún tipo de ayuda. La guerra había cubierto todas las Montañas del Fin del Mundo y una nueva era había caído sobre Karaz-Ankor, amenazando su misma existencia. Se perdió todo contacto entre las diversas fortalezas, minas y puestos de vigilancia, que quedaron a su suerte, totalmente aislados unos de otros y rodeados por un mar de enemigos. Afrontar una situación tan ardua cambió para siempre la naturaleza del reino de los Enanos.

Karak-Varn, la gran ciudad y complejo minero que dominaba Agua Negra, había sido la fuente más rica que los Enanos había encontrado jamás del muy codiciado metal gromril. Lo habían estado excavando durante más de mil años, cuando tuvo lugar el gran terremoto. Las sacudidas fueron tan grandes que las aguas del lago empezaron a filtrarse por fisuras en la roca e inundar los niveles inferiores. Muchos miles de Enanos perecieron y un enorme tesoro que incluía muchos artefactos rúnicos de gran poder fue barrido por la tromba de agua. Pero lo peor fue que aquello no era más que el principio...

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Sin previo aviso, los Skavens atacaron Karak-Varn desde bajo mientras los Orcos asaltaron las defensas exteriores. Atrapados entre esos dos enemigos inmisericordes, los Enanos tenían pocas posibilidades. Pese a organizar una defensa tenaz, en el espacio de un año tras el ataque inicial, Karak-Varn cayó. La mayor parte de su población murió en cruentos enfrentamientos subterráneos, aunque unos pocos clanes lograron abrirse camino hasta la libertad, algunos de ellos llegando hasta Zhufbar y ayudando en su defensa.

Los ataques eran tan numerosos que los meticulosos registros de los Enanos eran incapaces de llevar la cuenta al día. Las columnas de humo se elevaban muy alto sobre los picos nevados, cada una de ellas señalizando la destrucción de un asentamiento. Los desesperados refugiados que trataban de huir eran asolados por todo tipo de tragedias, pues los caminos estaban plagados de peligros, desde partidas de caza de jinetes de Lobos Goblins hasta grupos de Trolls hambrientos y terribles bestias que se veían atraídas por el olor de la sangre.

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Los Enanos que intentaron atravesar las montañas por los túneles bajo tierra que aún estaban operativos también se los encontraron llenos de enemigos. Secciones enteras de galerías estaban ahora en disputa entre los Goblins Nocturnos y los Skavens, que, no obstante, aparcaban su enemistad mutua en cuanto detectaban a los Enanos.

Durante aquel periodo oscuro, la profanación de tumbas sagradas y el exterminio de clanes enteros enloqueció de rabia a muchos Enanos. Los guerreros dedicados al Culto de los Matadores, que siempre habían sido muy escasos y raros de ver, se convirtieron en una presencia de lo más común en todas las fortalezas Enanas que aún seguían en pie.

Otras pérdidas mayores incluyeron las minas de Ekrund, saqueadas por Orcos y que desalojaron a los Enanos de las Montañas Espinazo de Dragón. Las minas de oro de Gunbad fueron conquistadas por Goblins Nocturnos, así como el Monte Lanza de Plata lo fue por Orcos, aunque, en este caso, sus defensores resistieron dos sangrientas décadas. Toda la cara este de las Montañas del Fin del Mundo acabó por ser abandonada.

Voluntad de HierroEditar

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Fue en ese periodo cuando la Montaña del Trueno, un volcán que había permanecido durmiente desde el inicio de la Era de la Aflicción, entró en actividad una vez más. Sus erupciones fijaron una gran migración de Trolls hacia las fortalezas Enanas que aún quedaban. Para combatir a estas criaturas, el Gran Rey Morgrim Barbanegra declaró las Guerras Troll, supusieron el arranque de una serie de contraataques desesperados que se extenderían durante casi trescientos años.

Aunque los Enanos ya estaban siendo asediados en todas partes, siguieron luchando. En ocasiones incluso lograron recuperar asentamientos perdidos o abrir rutas seguras entre fortalezas. Otras veces, se vieron al borde de la destrucción. Aquel era un equilibrio brutal, en el que los Enanos no eran completamente erradicados pero tampoco eran capaces de liberarse de sus enemigos y reconstruir sus reinos de antaño. Finalmente, la presión aumentó hasta un nivel insoportable para ellos, pues se unieron a la lucha un gran número de los Orcos y Goblins que habitaban en ese páramo barrido por el viento al que se conoce como las Tierras Yermas.

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Durante casi un millar de años, los Enanos siguieron combatiendo; a veces recuperaban parte de sus tierras durante un tiempo y a veces se quedaban al borde de la destrucción. Finalmente, la creciente fuerza de los Orcos y de los Goblins en el sur propició la caída de casi todas las fortalezas enanas de aquella zona de las Montañas del Fin del Mundo.

Karak Ocho Picos cayó tras una desesperada y larga lucha en la vasta red de túneles y cavernas que había bajo la gran ciudad. Karak Azgal fue asaltada y saqueada. pero sus tesoros nunca fueron encontrados y los Orcos abandonaron sus cámaras enfurecidos, dejando tras ellos minas que acabarían por convertirse en nidos de dragones y cuevas de monstruos. Karak-Drazh fue atacada y capturada y se convirtió en la fortaleza orca de Peñasco Negro. Tras mil años de resistencia, los Enanos perdieron tres fortalezas en el periodo de cincuenta años.

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Tras este segundo reverso de la fortuna, el que antaño fuera el glorioso imperio de los Enanos estaba roto en pedazos, en ruinas, su poderío se había terminado para siempre y sus tesoros se los habían repartido las hordas invasoras. Tiempo atrás, su poder había dominado el Viejo Mundo y ahora, en cambio, sus ejércitos se esforzaban por defender apenas un puñado de fortalezas que aún resistían.

Los Orcos y Goblins infestaban los grandes salones subterráneos en los que antaño recitaban heroicas sagas los bardos enanos, y saqueaban las forjas donde los Enanos habían creado armas y artefactos sin igual durante siglos. Los tesoros habían sido arrancados de sus cámaras y repartidos entre las hordas conquistadoras. Los Trolls habían profanado las tumbas de los reyes Enanos y roído sus huesos. Los fétidos Skavens se internaron en las catacumbas y pasajes extendiendo la enfermedad y la decadencia. Los Enanos se aferraron a las pocas fortalezas que les quedaban y afilaron sus hachas con amargura.

El Cisma EnanoEditar

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Tras la pérdida de varias ciudades importantes, se inició un periodo de éxodo para los supervivientes. Las fortalezas de Karaz Ankor que todavía aguantaban se vieron reforzadas con la llegada refugiados procedentes de aquellas fortalezas que habían caído, aunque algunos de ellos no pudieron llegar hasta sus hermanos sitiados a través de las líneas de batalla pieles verdes. Sin embargo, algunos de estos clanes tomaron a una decisión trascendental: la única manera de asegurar su supervivencia era establecer nuevas fortalezas y asentamientos en las montañas al oeste.

Por mucho que les doliera, gran cantidad de Enanos se vieron obligados a abandonar sus tierras natales ancestrales, dejando tras de sí los familiares contornos de las Montañas del Fin del Mundo. Liderados por los supervivientes de Karak-Ocho-Picos, Karak-Azgral y Karak-Drazh, estos Enanos se abrieron camino hacia el oeste, asentándose en las regiones ricas en minerales de las Cuevas y las Montañas Negras y posteriormente fundarían asentamientos y minas al este de las Irrana, y al norte de las Apuccini. Aunque el principal destino sería las Montañas Grises.

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En este tiempo, muchos Enanos abandonaron sus ancestrales hogares y vagaron hacia el Oeste hasta llegar a las Montañas Grises, en las que construyeron nuevas y prósperas fortalezas: aunque, evidentemente, estas nunca podrían rivalizar con las grandes obras de sus antepasados. Eran hogares toscos y humildes, con minas que daban cobre y estaño en vez de oro. Mediante el trabajo sin descanso, lograron refinar y expandir estos nuevos dominios, pese a saber que nunca llegarían a rivalizar en escala, capacidad de producción ni belleza arquitectónica con las grandes obras de sus ancestros. No importaba cuánto prosperasen las nuevas fortalezas, nunca llegarían a estar a la altura de las de las Montañas del Fin del Mundo.

De hecho, en esta época se produjo una disputa entre los Enanos decididos a combatir por las fortalezas perdidas costase lo que costase y aquellos que preferían empezar una nueva vida en algún otro lugar. El Gran Rey Enano estaba furioso con estos clanes. En su ira, se decretó que los exiliados no serían considerados parientes sino traidores. Hizo una lista de todos y cada uno de los clanes en el Libro de los Agravios, para un futuro ajuste de cuentas una vez que la amenaza de los pieles verdes se hubiese calmado.

Gran Libro de los Agravios por James Brady jimbradyart.jpeg

Los exiliados respondieron declarando su independencia de Karaz Ankor, e inscribieron el nombre del Gran Rey en su propio Libro de los Agravios. Aunque esta disputa no llegó a traslucirse en un conflicto, entre ambos bandos se intercambiaron duras palabras y algún que otro golpe y durante varios siglos cesaron las comunicaciones entre ellos.

En aquella época, no obstante, no había tiempo para reflexionar sobre esto. Con la caída de las fortalezas sureñas, tanto el Sumo Sacerdote de Grungni y el nuevo Gran Rey se dieron cuenta de que el futuro de su pueblo dependía de la arreglar la fisura entre los Enanos imperiales y los clanes exiliados. Emisarios fueron enviados con regalos y las páginas con los nombres de los Clanes Exiliados arrancadas del Libro de los Agravios de Karaz-a-Karak. El gesto de conciliación fue correspondido por los Enanos de las Montañas Grises quienes enviando sus propias páginas arrancadas al Gran Rey, y prometieron su lealtad a Karaz-Ankor.

Aunque satisfecho de que le prometieron su lealtad en lugar de la obediencia que él esperaba, el Gran Rey fue persuadido por el Sumo Sacerdote a pasar por alto aquel desaire. Aseguró a los exiliados que cualquiera que regresara a Karaz Ankor sería perdonado.

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Algunos clanes decidieron volver, pero otros decidieron quedarse por diversas razones: Algunos se habían acostumbrado a su independencia, y muchos habían encontrado la riqueza en las montañas del oeste. Otros respondieron que solamente estaban expandiendo el reino de los Enanos, tal como habían hecho sus antepasados, y por tanto, no había nada que perdonarles. Otros clanes juraron que volverían a las montañas del Fin del Mundo una vez que se recuperaran sus ancestrales hogares en manos de los pieles verdes.

Los Enanos establecieron nuevas rutas mercantiles entre las Montañas Grises y las Montañas del Fin del Mundo e incluso volvieron a abrir rutas utilizadas en el pasado, cuando mercadeaban con los Elfos. Viajar aún era peligroso, no obstante, pues la tierra estaba llena de Orcos y Goblins y de las emergentes tribus de Hombres que empezaban a luchar contra los pieles verdes por la posesión de los bosques y los valles. Al descubrir esto, los Enanos hicieron todo lo que pudieron para ayudar a los seres humanos, en quienes veían un aliado natural contra los Orcos.

La Llegada del HombreEditar

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Después de que se pusiera fin a la amenaza del Caos, tribus de humanos emigraron al Viejo Mundo procedentes del sur. Eran pocos en número, utilizan herramientas y armas hechas de madera y de piedra, y se establecieron inicialmente en las tierras que se convertirían en Tilea y Estalia. Los Enanos no les hizo caso en gran parte, sobre todo porque las dos razas vivían muy alejadas.

Poco más de dos milenios más tarde, las tribus de humanos más altos y vestidos con pieles llegaron desde el este y se establecieron en las tierras boscosas al oeste de las Montañas del Fin del Mundo. Algunos incluso emigraron al otro lado de las Montañas Grises. Estos recién llegados tuvieron éxito en el cultivo de la tierra, y con el fin de reducir sus líneas de suministro, los Enanos empezaron a comerciar con las tribus humanas durante las etapas finales de la Guerra de la Venganza. Los enanos intercambiaron herramientas y armas de bronce por cereales y carne. Luego se produjo la invasión de los pieles verdes, y todo cambió.

Mientras las hordas de Orcos y Goblins atacaron la Fortalezas Enanas, muchos más se atravesaron los pasos de montaña para abalanzarse sobre las tierras de los humanos al oeste. Viendo en ellos un aliado potencial, el comercio entre ambas razas creció poco a poco y los Herreros Enanos enseñaron a los humanos algunos de sus secretos menos importantes, entre ellos, la manera de convertir el hierro en armas y armaduras.

Haciendo frente a un enemigo común, los humanos y los enanos forjaron una amistad provisional, que más tarde acabaría floreciendo en un acuerdo mutuo que garantizaba tanto la supervivencia de los Enanos y como la ascensión de la raza humana .

El Amanecer de una Nueva EraEditar

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Fue un extraño giro del destino lo que acabó por unir más estrechamente a las razas de los Enanos y los Humanos. Una caravana comercial que incluía al Gran Rey Kurgan Barbahierro se vio emboscada en su ruta desde Karaz-a-Karak a las Montañas Grises. El ejército Orco que les atacó era inmenso y, aunque los Enanos aniquilaron a sus enemigos en gran número, no pudieron prevenir que los Orcos capturasen al Rey Kurgan.

Por suerte para los maltrechos Enanos, aquel territorio era el dominio de los Unberógenos, una fiera y belicosa tribu de Hombres que luchaba sin descanso para limpiar sus tierras de pieles Verdes. Liderados por Sigmar, el hijo del caudillo de la tribu, los Unberógenos cayeron sobre los Orcos con enorme furia, aniquilándolos y liberando al Gran Rey Enano. Aquel acto creó un lazo de amistad eterna y una alianza inquebrantable entre el Imperio Enano y los Unberogens (y el posterior Imperio) que ha perdurado desde entonces y puso de inmediato a los Enanos en deuda con sus nuevos aliados y los Enanos son un pueblo que puede decir con orgullo que jamás olvida una deuda, especialmente una que hayan contraído hace mucho tiempo.

Como muestra de amistad, los Enanos obsequiaron a Sigmar con el poderoso martillo de guerra rúnico Ghal Maraz, que significa “Rompecráneos” en la lengua áspera de los Enanos, que, a la postre, acabaría por convertirse en el símbolo del emperador humano.

Portada La leyenda de Sigmar Heldenhammer por Jon Sullivan Orcos.jpg

Unidos, los Enanos y los guerreros de la tribu de Sigmar iniciaron una campaña que fue expulsando a los pieles verdes de las tierras del Oeste hasta culminar en la mítica Batalla del Paso del Fuego Negro. Se dice que aquella invasión Orca era tan vasta que hubiera podido barrer todo el Viejo Mundo. Sin embargo, embutidos en aquel estrecho valle, los pieles verdes vieron como su apabullante superioridad numérica quedaba reducida a la nada. La batalla se convirtió en un brutal duelo de voluntades para determinar qué bando cedería terreno antes.

El suelo del valle bien pronto quedó cubierto de cadáveres, que empezaron a apilarse hasta que ya casi no hubo espacio ni para blandir un hacha. No obstante, es precisamente en este tipo de campos de batalla donde los Enanos se desenvuelven mejor, pues están acostumbrados a combatir en los angostos pasadizos bajo las montañas. Los pieles verdes se estrellaron una y otra vez contra sus armaduras sin igual y sus compactos muros de escudos sin que los Enanos dieran un solo paso atrás. Cuando Sigmar y sus hombres cargaron finalmente, las ya desgastadas hordas de Orcos y Goblins se rompieron con estrépito. Aquella legendaria victoria puso fin a la Guerras Goblin.

La mayoría de estudiosos coinciden en que fue esta batalla la que dio origen al Imperio, la nación que un día llegaría a ser la más grande y poderosa del Viejo Mundo, y de la que el mítico guerrero Sigmar fue su fundador. Los Enanos nunca discuten este punto, pero opinan que las verdaderas bases del Imperio se asentaron en realidad el día en que Sigmar salvó a su Gran Rey.

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Una nueva era de de paz y prosperidad había dado comienzo. Como el Imperio de Sigmar prosperó, tambien lo hicieron los enanos. Muchos Enanos se trasladaron al recién formado Imperio para trabajar como herreros, artesanos, albañiles y mercaderes entre los asentamientos humanos en proceso de crecimiento, y el comercio entre las tierras bajas y las montañas floreció.

Aunque habían menguado en número, aún quedaban muchos pieles verdes, Hombres Bestia y monstruos, y los Hombres necesitaban armas con las que combatirlos. Había mucho trabajo para los fabricantes de espadas, ya que en los bosques quedaban muchos peligros que encontrar y expulsar. De hecho, los humanos estaban dispuestos a pagar bastante oro por cada espada que los Enanos les forjasen.

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La alianza entre los Enanos y los descendientes de Sigmar continúa aún hoy en día. Con las tierras occidentales estabilizándose y el Paso del Fuego Negro cerrado a los enemigos, los Enanos trataron de restablecer su presencia en las Montañas del Fin del Mundo. Los Enanos han trabajado duro y durante mucho tiempo para restablecer su soberanía sobre las montañas. pero los Orcos y sus malvados aliados no ceden terreno con facilidad.

Un clan tras otro marchó hacia allí y, con gran tenacidad, arrasaron los asentamientos Orcos en las laderas montañosas, limpiaron los túneles de la presencia de Goblins Nocturnos, exterminaron a los Skavens en sus madrigueras y desalojaron a los monstruos de sus guaridas. Pero el precio que pagaron a cambio fue elevado y cada caverna, túnel y paso montañoso se tiñó con sangre de Enano. Aún así, jamás cesarán en su empeño, jamás dejarán que sus hachas perdieran filo mientras quede una sola afrenta que vengar en el Gran Libro de los Agravios o mientras la tumba de algún ancestro Enano siga estando profanada y deshonrada.

Una Era de InvencionesEditar

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Durante la Era de la Aflicción se perdieron algo más que vidas y territorio. Aunque los Enanos seguían siendo maestros artesanos y sus habilidades no tenían rival entre las demás razas, no eran capaces de emular las grandes creaciones de sus antepasados. Los Herreros Rúnicos aún sabían cómo capturar la magia en artefactos de metal y forjar armas o armaduras de gran calidad, pero ni sus mejores trabajos podían equipararse con el poder que emanaba de los grandes artefactos fabricados en los primeros días. Solo hay un aspecto en el que sí puede decirse que los Enanos superaron a sus ancestros: la ingeniería.

Las invenciones florecieron en la Era de Plata, pero los Enanos son un pueblo conservador al que le lleva tiempo aceptar las ideas nuevas. Un objeto particular puede haberse inventado varias generaciones antes de que su uso se empiece a considerar aceptable y, a día de hoy, algunos clanes siguen sin ver con buenos ojos todos esos “nuevos cacharros”. No obstante, en líneas generales puede decirse que esta era propició enormes progresos en ingeniería. Se inventaron las armas de pólvora, y se llevaron a cabo constantes mejoras en muchos aparatos operados mediante engranajes, molinos de agua y tecnologías similares. La perforación con máquinas a vapor revolucionó la minería hasta tal punto que bastaba con unos pocos Enanos para excavar una nueva mina. Dado que la población total de Enanos era apenas una fracción de lo que había llegado a ser, todas estas innovaciones resultaron fundamentales.

La Era de los HéroesEditar

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En los primeros mil años del imperio de Sigmar, hubo relativa paz en las Montañas del Fin del Mundo. La amenaza de Orcos y Goblins se redujo considerablemente después de la Batalla del Paso del Fuego Negro, y los Enanos disfrutaron de un nivel de prosperidad sin precedentes desde la Era Dorada. En la historia enana, este período se conoce como la Era de los Héroes. Los grandes héroes enanos eran Dorin Heldour y Katalin Kandoom. Los dos se hicieron compañeros cuando ellos acompañados Thori Gundrikson en una expedición a la región al oeste de Agua Negra. Katalin fue uno de los muchos miembros del clan minero que acompañaron al líder enano Dorin fue uno de los miembro de un clan guerrero que proporcionó protección. La expedición fue un gran éxito, con el descubrimiento de gromril y la expulsión de pieles verdes. La experiencia dejó a los dos compañeros con un apetito por la aventura.

Dorin y Katalin solicitaron a sus respectivos ancianos del clanes en Karaz-a-Karak ser relevados de sus funciones para que puedan buscar y recuperar los tesoros perdidos enanos. Después de muchas discusiones, a ambos se les concedió su deseo. Los dos investigaron textos antiguos con un maestro del saber, y encontraron referencias del Corazón de Piedra de Aldin Atraeoro, un poderoso artefacto perdido con la caída del Ekrund. Se dirigieron a las Montañas Espinazo de Dragón a través de Barak-Varr. Al viajar solamente ellos, Dorin y Katalin pudieron eludir fácilmente las bandas itinerantes de Orcos y Goblins, y entraron en la mina enana en ruinas. En las profundidades, los dos lucharon contra las pocas criaturas solitarias que habitaban en los antiguos túneles y pozos, y finalmente encontraron su objetivo oculto en un templo en reuinas. Dorin y Katalin recuperaron con éxito Corazón de Piedra de las Tierras Yermas y lo presentaron ante el rey.

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Los dos héroes enanos llevaron a cabo muchas más acciones y se recuperaron varios objetos antiguos enanos. Su más famosa aventura fue el rescate de los hijos del Gran Rey de las mazmorras de Peñasco Negro. Mientras participaban en una expedición de caza al sur de Karaz- a-Karak, los príncipes Elmador y Oldor Finnson fueron capturados por una gran banda de guerra orca. Los pocos enanos que escaparon de la batalla regresaron malheridos a la fortaleza con la noticia. El Gran Rey Finn Ceñoagrio suplicó a Dorin y Katalin que les devolviera a sus hijos con él. Incapaces de resistirse a un desafío, los dos héroes aceptaron.

El sigilo que tan bien les había servido en los últimos años les permitió infiltrarse en el Peñasco Negro a través de un túnel secreto que los viles pieles verdes desconocían. En el camino, Katalin utilizó sus habilidades de minería para crear una serie de trampas y para debilitar la estructura del túnel en ciertos puntos críticos. Estas alteraciones cuidadosamente elaborados estaban destinados a frenar la persecución que sabía que se produciría. Dedujeron que los Orcos usarían las celdas de la antigua fortaleza para albergar a los prisioneros. Dorin y Katalin pusieron en marcha su plan en las últimas horas de la mañana, ya que los orcos aún dormían por los combates de la noche anterior y las apuestas. Rápidamente, neutralizaron a los pocos guardias medio despierto, irrumpieron en las celdas y liberaron a los príncipes antes de que se diera la alarma. Los preparativos de Katalin dieron sus frutos, y un gran número de perseguidores Orcos perecido en los derrumbes que el enano había preparado. Aunque hubo varios momentos angustiosos Dorin y Katalin regresaron junto con los dos príncipes a Karaz-a-Karak. En agradecimiento, el Gran Rey honró y recompensó a los dos héroes, dándoles una décima parte de su enorme riqueza.

Una Alianza DuraderaEditar

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Los Enanos descubrieron que los Hombres eran mucho más fiables y de su gusto que los volubles Elfos. Aún así, los Enanos son de naturaleza gruñona y pueden encontrarle defectos a todo. Les parecía que los Humanos vivían muy pocos años, resistían mal el alcohol y sufrían un sinfín más de debilidades. Algunas de estas características, lejos de ser anecdóticas, les preocupaban de verdad. Por ejemplo, los humanos parecían tener una sed insaciable de gloria y poder, una característica que, si se sabe canalizar, da como resultado líderes de gran valor y nobleza, pero pero los Hombres no tardaron en descubrir una senda más sencilla de recorrer y mucho mas atractiva: la del Caos.

Como raza, los Hombres eran especialmente susceptibles a los cantos de sirena de los Poderes Oscuros y sus cuerpos eran muy fácilmente corruptibles. Los Enanos les avisaron del peligro que corrían, pues sabían lo cerca que había estado el Caos de sumir el mundo en la locura. Los humanos más sabios supieron escuchar las advertencias de los Enanos, pero muchos se convirtieron rápidamente en adoradores de los Poderes Oscuros.

En sus viajes al lejano norte, los Enanos se encontraron con los salvajes habitantes de Norsca y los Kurgan. Al este descubrieron a los Hung, y los reconocieron enseguida por lo que eran: adoradores y suplicantes de los Dioses Oscuros. Los campeones de aquellas tribus se hacían muy poderosos bajo la malsana influencia del Caos puro y dicha influencia se estaba atendiendo. Incluso en el Imperio, los signos de malignidad eran cada vez más palpables.

Los poderes del Caos causaron estragos incluso en el Imperio, donde Sigmar había establecido un magnífico reino. Los Enanos respetaban el Imperio, puesto que sabían que había sido creado en torno a sus regalos, especialmente en tomo a Ghal Maraz y las doce espadas Colmillo Rúnico que los Hombres utilizaban para identificar al Emperador y a los condes electores que gobernaban sus tierras. Pero, en los bosques, la fuerza de los Hombres corrompidos y mutados por el Caos empezó a crecer hasta que la ley del Emperador no alcanzó mucho más allá de sus propias ciudades.

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Pese a la certeza de que tendrían que mantener vigilados a sus aliados, los clanes Enanos marcharon en ayuda del Imperio siempre que fue necesario. Grufiok y su partida de guerra de Matadores de Karak-Kadrin liberaron Solland de Ogthug el Horrible, un Gigante Quebrantahuesos de enorme tamaño. Los Enanos de Karak-Norn se alinearon con el Imperio en su disputa fronteriza de cien años con Bretonia y clanes de Zhufbar expulsaron a los ejércitos de Ogros de la Asamblea en no menos de doce ocasiones. Incluso en los días más oscuros del Imperio, la alianza con los Enanos salvaguardó a los seres humanos. Durante los años en que el Imperio se encontraba dividido, los Enanos eran el baluarte que protegía las fronteras orientales. Durante las Guerras de los Condes Vampiro, los Enanos se batieron en incontables batallas, algunas tan notables como la Batalla del Bosque Hambriento o el Asedio Nocturno del Castillo Templehof.

Pero los Enanos no solo apoyaron al Imperio en batallas, sino de muchos otros modos, como, por ejemplo, transmitiéndoles conocimientos sobre el arte de crear acero auténtico y de manufacturar pólvora. Naturalmente, también les dieron innumerables consejos para elaborar bebidas alcohólicas menos aguadas y para construir estructuras que durasen más que unos pocos siglos.

La Gran Guerra Contra el CaosEditar

Las fronteras norte del Imperio y Kislev eran víctimas de constantes incursiones de Hombres Bestia y bárbaros del norte. Con el tiempo, las incursiones se convirtieron en una guerra abierta y las hordas del Caos abandonaron el Paso Elevado y Norsca, y el Territorio Troll se llenó de ejércitos que marchaban a la guerra.

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La ciudad humana de Praag en el Río Lynsk cayó, sometida a horrores que los Hombres no habían visto jamás, ni en la peor de sus pesadillas, pero que, para los Enanos, eran perfectamente reconocibles, pues figuraban en su Gran Libro de los Agravios: los poderes del Caos estaban de nuevo en ascenso.

Parecía seguro que el Imperio acabaría cayendo, pero los Enanos nunca olvidan sus juramentos o deudas, por lo que el Gran Rey Alriksson alzó su estandarte, agrupó bajo él a sus súbditos y marchó desde Karaz-a-Karak para unirse a la refriega junto a quien, a la postre, seria el siguiente emperador: Magnus el Piadoso. La vieja alianza entre Enanos y Humanos resultó victoriosa de nuevo, logrando levantar el asedio de Kislev y derrotaron a la horda del Caos, a la que mandaron de vuelta a los Desiertos del Norte.

No obstante, aquella victoria apenas dio lugar a celebraciones pues, cuando la marea del Caos retrocedió, los estragos que había causado quedaron a la vista, puesto que todo aquello que toca el Caos rara vez vuelve a ser como antaño. La ciudad de Praag era testimonio de esto. Incluso después de que la horda del Caos se retirase, la ciudad era un lugar de pesadilla y sus ruinas un monumento a la malsana maldad de los Poderes Oscuros; un temible lugar que nunca podría recuperar su grandeza original.

Aunque los Hombres daban gracias a su dios, pues es así como veían ahora a Sigmar, los Enanos se acariciaban las barbas apesadumbrados, pues sabían que el Caos volvería y que lo peor estaba todavía por llegar. Y, en efecto, así fue, aunque hubieron de pasar muchas generaciones de Hombres antes de que tan siniestro pronóstico se cumpliera.

La Era del DesagravioEditar

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A su regreso a Karaz-a-Karak de las batallas de Kislev, el Gran Rey Alriksson sintió su edad y la pesada carga de su gobierno. Pero sobre todo sintió el coste de la guerra, porque muchos Enanos habían muerto luchando contra las fuerzas del Caos, incluidos sus propios hijos. El Gran Rey no escapó ileso de la refriega pues, sentado sobre su Trono de Poder, se había adentrado en el fragor de la batalla y matado a muchos enemigos a costa de acumular heridas graves que no mostraban ningún signo de curación. Pese a ello, el Gran Rey se había mantenido estoico y erguido, sin permitir que le hicieran mella. La decisión de ayudar al Imperio había sido fácil e, incluso de haber sabido de antemano cuál iba a ser el coste de aquella batalla, hubiera honrado el juramento de sus antepasados y habría marchado en ayuda de los herederos de Sigmar.

A pesar de que regresó victorioso, la mente del Gran Rey Alriksson estaba inquieta. Las otras fortalezas no habían respondido a la llamada a las armas con tantos guerreros como él había esperado. El Reino Eterno se le antojaba dividido por algo más que la distancia y los enemigos. Cada fortaleza estaba preocupada por sus propios problemas y sospechaba que algunos de sus primos reales sufrían el mal del oro, una enfermedad que, si no se controla, acaba en el aislamiento y locura, ya que los avaros se mueren de hambre únicamente preocupados por atesorar ese metal. Por otra parte, el Gran Rey sabía que se estaba muriendo lentamente de sus heridas y que ya no tenía un heredero. Pero el tiempo no le vería sentarse en una sala oscura junto a ancianos rencorosos y pulir su hacha con amargura sin hacer nada por Karaz-Ankor.

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El Gran Rey Alriksson convocó un Consejo de los Reyes, cosa que no había sucedido durante más de tres siglos. Los Reyes Enanos de cada fortaleza, junto con los Señores del Clan más poderosos y la realeza de los clanes, emprendieron el peligroso viaje a las salas del Gran Rey. Se reunieron en su Gran Salón e hicieron muchos juramentos de lealtad antes de que Alriksson anunciase su plan para la sucesión. Había una docena de candidatos adecuados, grandes reyes y señores de los clanes reales que podrían reclamar descender de los Dioses Ancestros. Cada uno de estos nobles guerreros dispondría de un año completo para llevar a cabo hazañas y hechos dignos de un gran rey, tras lo cual se presentarían todos ante la asamblea y se tomaría una decisión.

El plan fue aceptado por la asamblea, cuyas voces resonaron en la Gran Sala como antaño. El nombramiento de un sucesor aprobado por un Consejo de Ancianos era (y sigue siendo) una tradición entre los Enanos y, para ellos, la tradición es algo muy gratificante que siempre es recibido con entusiasmo. Además, esta empresa era aún mejor, pues proponía una competición de hazañas, un protocolo que no era desconocido, pues muchas sagas clásicas hablaban de los reyes de la antigüedad y las grandes hazañas que les habían hecho alcanzar el trono. En este sentido, el Gran Rey Alriksson mostró una gran sabiduría, pues todos los Enanos están ansiosos de demostrar la superioridad de su clan y de su fortaleza.

Hazañas Dignas de un Gran ReyEditar

Transcurrido un año, el Consejo de los Reyes se convocó una vez más. Mientras la cerveza fluía, el contingente de cada clan vitoreaba ruidosamente hasta que el Gran Rey Alriksson levantó la mano para pedir silencio. Las palabras exactas fueron dichas y escritos los agravios por tres de los candidatos que no estaban presentes: dos de ellos habían muerto en el curso del año y el tercero había desaparecido, presumiblemente muerto.

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Concluidas las formalidades, la Gran Sala se llenó nuevamente de voces, cánticos, y comentarios groseros acerca de los fallos de los diferentes clanes. Cada reclamante subió al estrado ante el trono del Gran Rey y se volvió hacia la multitud allí congregada. Después de que los ecos de sus partidarios se calmaron, obsequiaron a los asistentes con un relato de sus hazañas.

La mayoría de ellas fueron bien recibidas; quizás los aplausos más fuertes Fueron para Ungrim Puñohierro, que traía la cabeza del Gigante que había matado (transportada por una veintena de Enanos) para que todos pudieran admirar su tamaño. El segundo puesto fue para Buregar, el líder del Clan Angrund y descendiente directo del Rey Lunn, último rey de Karak-Ocho-Picos. Durante varios períodos de la historia enana, el Gran Rey se había sentado en el trono de Karak-Ocho-Picos y unos pocos clanes esperaban que ese linaje volviese a gobernar, aunque Karak-Ocho-Picos yacía ahora en ruinas.

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Thorgrim, por Dave Kendall.

A pesar de que el Gran Rey Alriksson calmó a la multitud para comenzar la declaración, un recién llegado entró en la gran sala. Era nada menos que el hijo de la hermana del Gran Rey, Thorgrim, al que daban por muerto. Era bien conocido en Karaz-a-Karak y había sido apadrinado por el Gran Rey en su juventud. Ahora volvió, flanqueado por un espectáculo que no se veía en Karaz-a-Karak desde hacía miles de años: un contingente de Enanos de Norsca. Durante la campaña de Kislev, después de que el Gran Rey Alriksson había sido herido, Thorgrim restableció los viejos lazos con los clanes lejanos. A su vez, cada uno de los reyes Norsca habló de Thorgrim y de los actos de valor que había realizado en el helado norte, de los grandes monstruos que había matado y de las batallas ganadas. Sin embargo, tales actos no daban la medida de los viajes de Thorgrim.

Thorgrim, junto con otros miembros de su clan, había entrado en varios de los Salones Perdidos, en busca de los tesoros que permanecían ocultos, o para cazar y matar a las criaturas que reclamaban los artefactos venerados, forjados por los Enanos de antaño. Regreso con varias reliquias perdidas que llevaban runas de las que Kragg el Gruñón, el mayor Señor de las Runas vivo de Karaz-Ankor, sólo había oído hablar en leyendas. Muchos Enanos del Consejo de Ancianos allí reunidos lloraban abiertamente mientras contemplaban estas piezas recuperadas de una época más gloriosa, maravillándose de la orfebrería del Cetro de Oro de Norgrim, y los fragmentos de lo que sólo podía ser la corona perdida de Karak-Drazh.

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Mientras que los reyes y ancianos del clan allí reunidos se pasaban unos a otros estos tesoros, Thorgrim finalmente habló. Su vozarrón resonó en la sala de columnas de más de un kilómetro de longitud, todos podían oír el acero en el mismo. El retorno de estos tesoros perdidos hace mucho tiempo, dijo, no era suficiente. Sus palabras eran audaces, porque pedía que recuperasen los reinos caídos y que los clanes se uniesen como antaño. Y, en tono apasionado, Thorgrim reclamó una poderosa venganza. Todos los sucesores potenciales habían hecho lo mismo, pero la promesa de Thorgrim fue más allá, porque anunció que su sueño era vengar el daño causado a su pueblo saldando todas las afrentas recopiladas en el Gran Libro de los Agravios.

Los Señores Enanos allí reunidos, aún con el brillo del tesoro devuelto en sus ojos, permanecían en silencio: el atrevimiento y la audacia de las palabras de Thorgrim fueron recibidas como un rayo. Entonces miles de voces se alzaron al unísono, tantas como para elevarse hacia el techo abovedado. Las jarras de cerveza entrechocaron y tan ruidoso fue el clamor que hacían contra las mesas que las ondas de espuma de cerveza cayeron al suelo. Thorgrim, Custodio de Agravios, fue nombrado el sucesor del Gran Rey Alriksson y, de este modo una nueva era dio comienzo.

El Gran Rey Thorgrim Custodio de Agravios gobernaba Karaz-a-Karak y devolvió la fuerza y determinación de antaño a los Enanos. Thorgrim zanjaba agravios con la facilidad que otros Enanos vaciaban sus jarras de cerveza. Como rey, a los Enanos y actuaba de tal manera que los demás reyes enanos no podían hacer otra cosa que seguir su ejemplo. El Rey Ranulfsson de Karak Hirn siguió los dictados del gran rey con considerable éxito e incluso en la mundana Barak Varr el Rey Byrrnoth fue abanderado de una vuelta a los orígenes. El reinado de Thorgrim había hecho recordar a los Enanos que. aunque ya no tuvieran el poder de antaño, todavía eran una gran potencia en el mundo.

El Gran Desagravio ComienzaEditar

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Thorgrim al frente de sus fuerzas, por Adrian Smith.

No pasó mucho tiempo entre el nombramiento de Thorgrim como sucesor y su coronación como Gran Rey, ya que las heridas sufridas por Alriksson en la Gran Guerra contra el Caos nunca llegaron a sanar. El viejo Enano era tan resistente y tenaz que simplemente se había negado a morir, luchando contra el dolor hasta que el heredero adecuado fuese nombrado y sus designios de unificar a su gente se mantuviesen vivos. Así murió un gran rey.

Thorgrim sabía que había dado nuevos bríos a sus súbditos y que necesitaba mantener ese impulso. Por lo tanto encabezó personalmente una campaña para expulsar a los Orcos y Goblíns de Paso del Fuego Negro, a fin de lograr que Karaz-a-Karak garantizase un nivel fluido de comercio con el Imperio. Después de una serie de batallas sangrientas, Thorgrím llevó a su clan hasta el Paso del Fuego Negro desde el sur mientras el rey Alrik Ranulfsson, de Karak-Hirn, lo rodeaba con sus fuerzas para atacarlo desde el norte. Ambos reyes abrieron brechas través de los ejércitos de pieles verdes y se encontraron en medio de aquel valle escarpado. Allí, se detuvieron brevemente a charlar apoyados en sus hachas, tras lo cual completaron la masacre. Muchas afrentas se saldaron aquel día, que supuso el inicio de lo que más tarde se conocería como el Gran Desagravio.

El Regreso a Karak-Ocho-PicosEditar

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Thorgrim relevó a Alriksson en el gobierno, recordando a su raza y a sus enemigos que, aunque los Enanos no tenían el poder de antaño, seguían siendo una fuerza en el mundo. Una a una, se reconquistaron fortalezas en ruinas. El progreso fue lento, ya que los Enanos luchaban con firmeza para establecer puntos de apoyo en medio de las ruinas del esplendor de sus antepasados. El plan más ambicioso de Thorgrim fue su intento de reunir a los clanes para ayudar a Belegar, el hijo del recientemente fallecido Buregar, para volver a tornar Karak-Ocho-Picos. Desde su caída, muchas expediciones habían intentado recuperar Karak-Ocho-Picos, pero habían fracasado.

El gran esfuerzo del rey Belegar podría devolverles la fortaleza, ya que incluso en su estado de ruina, Karak-Ocho-Picos presentaba una formidable serie de defensas naturales y cuellos de botella mortales. Los Enanos que intentaron reconquistarla en el pasado habían sido emboscados, envenenados y eliminados antes de que pudieran penetrar en las profundidades de la fortaleza. Para equipar al ejército de Belegar, Thorek Cejohierro, el Maestro de las Runas de Karak-Azul, había forjado nuevas runas en hachas y martillos y Thorgrim dio las armas antiguas de sus tesoros a los guerreros de Belegar. Era un ejército como en los días de la antigüedad, cuando batallones enteros fueron a la guerra con armas rúnicas y protegidos por armaduras forjadas con runas.

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Ayudados por un clan de Karak-Azul dirigido por Thorek Cejohierro, los Enanos rompieron las defensas exteriores y se adentraron en el reino de Karak-Ocho-Picos. Desde allí, tomaron una parte de la ciudad alta y la fortificaron, en previsión del contraataque. Lo hicieron justo a tiempo ya que, poco después, los Goblins Nocturnos les asaltaron en una marea abrumadora, superando en número a los Enanos en una proporción de mil a uno. Los Enanos resistieron gracias a las máquinas de guerra y los rayos crepitantes del yunque de Thorek, que causaron un daño terrible.

Los pieles verdes que encabezaban la carga encontraron una pared de acero que ningún enemigo podía pasar. En las mansiones en ruinas de sus antepasados, los Enanos se mantuvieron fuertes y el valle escarpado de los ocho picos resonó una vez más con los sonidos de sacrificio y cantos de guerra.

Skarsnik, el líder de los Goblins Nocturnos y autoproclamado “Señor de la Guerra de los Ocho Picos”, suspendió los ataques ineficaces después de unos días. Las pérdidas pieles verdes estaban en decenas de miles, pero Skarsnik sabía que podía darse el lujo de asumir aquellas bajas diariamente si era necesario. Ese asalto no era más que un sondeo, y ahora sabía lo que los Enanos estaban haciendo, por lo que el astuto líder Goblin Nocturno comenzó a tramar un ataque más certero.

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Muy cerca, en las sombras, los espías Skavens de ojos rojos lo vieron todo e informaron de ello a Queek “el Coleccionista de Cabezas”, el más infame de los caudillos del clan Mors. Después de muchas batallas, Queek dominaba la mayor parte de los niveles subterráneos de Karak-Ocho-Picos. Allí, en la parte más vulnerable de la fortaleza, los Skavens habían roído su propio laberinto. A la orden de Queek, las tropas de choque Alimañas se congregaron, un millar de garras esperando iniciar el ataque. Pronto, aniquilarían a los Goblins Nocturnos y a los odiados barbudos en un solo ataque.

Y ese ha sido el destino de a Karak-Ocho-Picos durante décadas; Belegar y sus Enanos han soportado complots, alianzas, emboscadas, super-armas e incontables trampas mortales. Tres veces han sido rescatados por las fuerzas de relevo que rompieron el cerco de los enemigos para llevar refuerzos muy necesarios, el último ejército dirigido por el propio Thorgrím. Belegar ha hecho un juramento para recuperar Karak-Ocho-Picos y, centímetro a centímetro, a costa de su sangre, los Enanos han ampliado su territorio. Los ingenieros fortifican cada nueva franja conquistada a la espera de los inevitables contraataques. Así que la batalla prosigue en un estado permanente de asedio.

Batalla del Barranco de la Pierna RotaEditar

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Siempre dispuesto para la batalla, Ungrim Puñohierro, partió en busca de Gnashrak Piñozfeoz, un líder Orco cuyo ejército ya había eludido antes a Thorgrim Custodio de Agravios. En tres ocasiones, el clan de Ungrim derrotó al ejército de pieles verdes, pero los Orcos lograron escapar en cada ocasión, en parte debido a la ferocidad del contingente de Ogros Mercenarios de Gnashrak.

Poco después de la tercera batalla, Gnashrak tuvo un enfrentamiento con el capitán Ogro, una bestia temible llamada Golgfag. Tras unirse a los Enanos, Golgfag y sus Ogros entregaron el brazo de Gnashrak como prueba de su nueva lealtad. Ungrim aceptó la oferta de los Ogros y eliminaron juntos a los pieles verdes restantes. Todo habría ido bien si Golgfag, un Ogro codicioso, no hubiese traicionado al Rey Matador. Antes de partir hacia pastos más verdes, los Ogros Mercenarios saquearon el tren de provisiones Enano, robándoles toda la cerveza.

A pesar de que le llevó cinco años, Ungrim finalmente pudo vengarse. Mientras se dirigía hacia el este, Golgfag y sus Ogros cruzaron las Montañas del Fin del Mundo por el Paso del Pico, una ruta que pasaba a la sombra de Karak-Kadrin. Cuando se hallaban en ese paso estrecho, encontraron su camino bloqueado por el Rey Matador a la cabeza de un centenar de sus parientes enojados. Al ver que había más Ogros que Matadores Enanos, Golgfag rió, pero sus carcajadas enmudecieron en su garganta cuando vio la ruina roja desatada por Ungrim y sus tropas con crestas. Con su ejército masacrado, Golgfag fue capturado y arrojado a un Calabozo para que se pudriese hasta el fin de sus días.

Zhufbar LideradoEditar

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El asalto de los Goblins a Zhufbar no era de extrañar, aunque se trata de un episodio inusual en algunos aspectos. La mayoría eran jinetes de Lobo o vagabundos nómadas del este y estaban desorganizados incluso para su propio estilo anárquico. Los Enanos de Zhufbar fueron imperturbables.

Comúnmente se dice que los clanes de Zhufbar tienen mucho más plomo que la mayoría de los Enanos, en alusión a la gran cantidad de ingenieros y capitanes de artillería que se encuentran en esa fortaleza, así como a su enfoque imperturbable. Sabiendo que el asedio finalmente cedería, se contentaban con permanecer dentro de sus fortificaciones para que su nueva máquina de guerra a vapor hiciese prácticas de tiro. Sin darse cuenta de que la situación estaba controlada, los clanes de Karaz-a-Karak y Karak-Kadrin marcharon para ayudar a sus primos, con Thorgrim Custodio de Agravios y Ungrim Puñohierro al frente de ellos.

La amenaza Goblin se eliminó rápidamente pero, apenas abrieron los barriles de celebración, apareció una figura encapuchada que interrumpió el brindis de victoria del Gran Rey. Era nada menos que Josef Bugman, un Montaraz solitario que vagaba por la espesura desde la destrucción de su cervecería-fortaleza.

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Bugman reveló que los Goblins eran invasores accidentales que venían huyendo de otro ejército procedente del este. Varias tribus de Ogros se habían unido bajo del mando del Ogro Déspota Browl Martillotocho y venían de camino. Por el camino que seguían, los indicios visibles para el rastreador astuto y una punzada intuitiva en la rodilla, Bugman sabía que los Ogros se dirigían a la Asamblea. Después de esta intervención, el Montaraz bebió un trago de cerveza antes de escupirlo y lanzar una diatriba acerca de aquel brebaje inapropiado.

No pasó mucho tiempo antes de que los Enanos se pusieran en camino. Los clanes de Karaz-a-Karak, Karak-Kadrin y Zhufbar siguieron a Bugman por senderos poco conocidos de montaña. Gracias al atajo, los Enanos alcanzaron al ejército Ogro justo cuando trataban de vadear el río Aver. Grandes filas de pesados Cuernospétreos estaban en medio de la corriente, cuando un ejército imperial de Nuln llegó a la otra orilla para unirse a la refriega. La mayor concentración de artillería vista en el Viejo Mundo abrió fuego y los Ogros que sobrevivieron a la tormenta de balas de cañón fueron eliminados por las fuerzas de Thorgrim Custodio de Agravios. A pesar de que desapareció después de la batalla, Bugman dejó un poco de su cerveza legendaria para la fiesta de celebración. Todos los Enanos admitieron que la de Bugman era superior a todas las que habían probado.

La Tormenta del Caos Editar

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La Tormenta del Caos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la campaña mundial de La Tormenta del Caos, que recientemente ha sido sustituida por la de El Fin de los Tiempos.

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Tal como habían predicho tras la Gran Guerra, el Caos regresó. Más allá de las tierras civilizadas, en los Desiertos del Norte. surgió un poderoso señor de la guerra. Su nombre era Archaón el Elegido. Los Dioses Oscuros le habían otorgado su favor y se lo mantendrían al menos siguiese vertiendo sangre y extendiendo la locura, por lo que bajo su mando empezó a formarse una nueva tormenta que eclipsaría todas las anteriores.

Cuando el Caos decidió golpear, Archaón atacó la ciudad de Middenheim. los Enanos volvieron a honrar los votos y promesas que habían hecho a los Hombres y se unieron a ellos para luchar contra el Caos, igual que sus Dioses Ancestros hicieran hacía milenios. Ungrim Puñohierro, Rey Matador de Karak-Kadrin, dirigió a sus guerreros de crestas naranjas a la batalla contra las hordas de Vardek Crom, el Heraldo de Archaón.

Mientras tanto, el hijo de Ungrim, Garagrim, que había escogido el Juramento del Matador para honrar a su padre, estaba preparado para enfrentarse al enemigo. Nada más llegar a Praag, Garagrim encontró su destino al acabar con un monstruoso gigante del Caos que segó su vida con su último aliento. Morir en batalla era justamente lo que reclamaba su voto.

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Su padre se hizo con el control del Paso de los Picos y resistió los numerosos ataques hasta que llegaron los Enanos del Caos, momento en el que no fue capaz de resistir por más tiempo. Al conocer la muerte de Garagrim. Ungrim tomó el Juramento del Matador nuevamente. reforzando así su voto como rey y su voto de buscador de la muerte.

Los mayores ejércitos de toda la historia se enfrentaron a las puertas de Middenheim. Lo que sucedió en aquella batalla es evidente, pues el mundo no está en manos de Archaón. Baste con decir que a la cabeza de los ejércitos de los Hombres se encontraba el Avatar de Sigmar, Valten. que empuñaba el martillo Ghal Maraz y vestía una exquisita armadura de gromril que le había regalado Barak Bocatorcida. Los primeros golpes que recibió Archaón habían sido dados siglos antes, a la hora de forjar el poderoso martillo rúnico que sería regalado al Dios Emperador.

Estas son las lecciones que da el tiempo y nadie las conoce mejor que los Enanos. Nunca habrá respiro para ellos debido a los innumerables Skavens y Goblins que intentan apoderarse de su antiguo reino, pero los Enanos honrarán igualmente sus promesas y tradiciones y se alzarán como una roca ante a todo aquel que atreva a enfrentarse a ellos.

Fin de los Tiempos Editar

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El Fin de los Tiempos

El trasfondo que puedes leer en esta sección o artículo se basa en la serie de libros de campaña y novelas de El Fin de los Tiempos, que recientemente ha sustituido la línea argumental de La Tormenta del Caos

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A la Sombra de Nagashizzar

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Siendo embajadora de los Altos Elfos ante el Gran Rey Thorgrim, Aliathra, la futura Reina Eterna de Ulthuan, había sido capturada. El Vampiro Mannfred von Carstein había tendido una emboscada a su escolta con un poderoso ejército de No Muertos ante las puertas de Karaz-a-Karak.

A Thorgrim le preocupaba poco el destino de cualquier Elfo, pero en este caso el honor le exigía emprender alguna acción. El clan de Thorgrim siguió a Mannfred hasta Nagashizzar y, al llegar, comprobaron que los Altos Elfos ya habían enviado a su propio ejército, una fuerza dirigida por el renombrado Príncipe Tyrion. Los Altos Elfos habían logrado rescatar a Aliathra de la ciudadela en ruinas, pero Mannfred había desatado un contraataque con una enorme hueste de No Muertos. A una orden brusca de Thorgrim, los guerreros sombríos de Karaz-a-Karak se unieron a la refriega y, al final, el acero Enano logró cambiar el rumbo de la situación. Thorgrim, con sus Atronadores a la espalda, aplastó a la Cábala del Nigromante que había hecho que cobrara vida el ejército de Mannfred. Por desgracia, el golpe cayó demasiado tarde.

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A pesar de que sus secuaces perecieron bajo los martillos de gromril, Mannfred se abrió camino a través de las filas de los Elfos, hiriendo o matando a muchos de sus héroes, y volvió a capturar a Aliathra, alejándose en la oscuridad. Así fue corno una gran victoria se oscureció. Para empeorar las cosas, Tyrion no mostró gratitud a los Enanos, culpándolos por la pérdida de Aliathra. Tyrion no hizo ademán de atacar, pero sus palabras fueron insultos no menos imperdonables. Muchos Enanos se enfurecieron al ver cómo insultaba a su rey, pero Thorgrim los detuvo. No era tan obstinado, dijo, como para convertir la tragedia en un desastre, y la deuda de honor ya estaba saldada; la próxima vez que se enfrentaran a los Altos Elfos, podrían hacerlo solos. En los días posteriores, los consejeros de Thorgrim le instaron a inscribir una nueva entrada en el Gran Libro de los Agravios, pero Thorgrim se negó, sabiéndose en superioridad moral y presintiendo que Tyrion ya estaba al borde de la destrucción.

Aun descontando a los volubles Elfos, hasta el momento en el reinado de Thorgrim, más cuentas han sido saldadas del Gran Libro de los Agravios que nuevas añadidas, circunstancia que los Enanos, normalmente sombríos y fatalistas, consideran una gran victoria. Pero desde el norte reclaman el regreso de Thorgrim y sus guerreros, de modo que el Gran Rey ha tenido que emprender otra vez una larga marcha.

FuentesEditar

  • Libro de Ejército: Enanos (7ª Edición).
  • Libro de Ejército: Enanos (8ª Edición).
  • Warhammer Rpg: Dwarfs - Stone and Steel (Juego de Rol).

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