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Hombre de Armas Pat Loboyko
"Deberás luchar al mando de su Señoría y a su capricho. ¡Serás mejor de lo que eras, pues empuñas las armas de Su Excelencia! Y morirás, si tal sacrificio se te exige, pero será una buena muerte pues será por la causa de nuestro Señor."
Hombre de Armas anónimo

Mientras que los caballeros son la espina dorsal de los ejércitos bretonianos, los campesinos conforman el grueso. Algunos no reciben ningún entrenamiento, y simplemente se les reúne en un lugar y se les señala al enemigo. Los Hombres de Armas son los más afortunados. Cuando desfilaron ante su señor, éste decidió que tenían potencial para el combate y ordenó que recibieran entrenamiento.

Aun así, el adiestramiento y el equipo que reciben los Hombres de Armas no son muy buenos, y si bien cobran cierta suma de dinero, es mucho menor de lo que cabría esperar por arriesgar la vida. Y lo que es más importante, no se les da ninguna opción. Así, es habitual que los hombres de armas aprovechen cualquier oportunidad para desertar, y muchos desertores emprenden una vida de aventuras. 

RegresandoEditar

Estoy cansado, Vaorn. ¿No podemos parar un rato y descansar? ¿O al menos encontrar algo de comida?

¡Cállate, Artor!- le dijo Vaorn por encima de su hombro.- ¿Quieres atraer a los cazadores de su señoría? ¡Si nos atrapan nos ahorcarían en el mejor de los casos! Ahora pisa por donde yo voy... "

La llovizna humedeció la ropa de Artor, y el pantano en el que él y Vaorn le cubrían hasta las rodillas. Tenía que emplear su alabarda como pértiga para mantenerse mientras avanzaban por el pantano, y esperaba no tener luchar en ese momento, pues el arma estaba resbaladiza.

Vaorn siempre había pensado para los dos, incluso cuando eran niños. Le dijo que habían sido elegidos para unirse al ejército de su señoría, sin decir hasta más tarde a cual. Artor accedió de todos modos, feliz al principio de poder comer con más frecuencia que cuando era palafrenero. Llevaban elegantes uniformes de cuero, y habían sido entrenados para luchar con alabardas. Su señoría, el caballero Sir Jhollas, les prometió tierras, tierras que primero debían ganarse luchando por él. Por supuesto, hasta que marcharan a lo largo del Grismerie, no supieron que debían reclamar parte del maldito Mousillon al barón Perryol.

Después de dos meses luchando contra las enfermizas fuerzas del barón, Vaorn finalmente dijo - Al diablo con las enfermedades, me largo…- mientras comían galletas agusanadas remojadas en un frío cocido, que era más perro que ciervo. Como siempre, Artor se dejó llevar por la iniciativa de su hermano, lo que los llevó a aquel pantano frío y fétido.

Vaorn se movió hacia una zona de juncos, resbaló y cayó en un profundo charco, maldiciendo mientras caía. Se levantó a medias del agua oscura, pero volvió a caerse antes de que pudiera ponerse de pie. Su fornido compañero desapareció bajo la superficie, haciendo temblar los juncos mientras luchaba bajo las fétidas aguas.

Artor llamó por él, antes de que un brazo se cerrara sobre su pierna izquierda. La carne putrefacta de color negro verdoso solo cubría dos de los cinco dedos y parte del antebrazo.

Tal vez la vida como el hombre de armas de su señor no fuera tan malo comparado con aquello…

Fuente Editar

  • Warhammer Fantasy JdR: Career Compendium (2ª Ed. Rol).