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Hombres Bestia

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Hombre Bestia por Chris J. Anderson.jpg

Mientras la sociedad humana continúa creciendo y sus avances culturales y tecnológicos y se vuelven increíbles, ojos celosos les observan desde los límites de los bosques. Esas criaturas ven el reflejo de su impureza y están inconcebiblemente resentidos con los humanos. Los hombres se engañan a sí mismos, creyendo que están seguros en sus ciudades amuralladas; que las criaturas de los bosques están desorganizadas y son incapaces de reclutar ejércitos que puedan amenazarles. Están equivocados y subestimar a los Hombres Bestia es un error fatal.

Los Hombres Bestia son criaturas salvajes y brutales a las que no les importan los demás seres. Sus cuerpos son mitad hombre y mitad bestia, y normalmente tienen cabeza de cabra. En batalla, combinan la ferocidad con una gran falta de disciplina, lo que los lleva a luchar y enfrentarse entre ellos por su deseo de llegar antes al enemigo.

DescripciónEditar

Hombre Bestia Imagen 4ª Edición.jpg
"Sería de esperar que los servidores más humildes del Caos no estuvieran tan bendecidos por sus dioses como sus compañeros más nobles de nacimiento, pero no es así. Las marcas de los Dioses Oscuros son tan evidentes entre estas malvadas criaturas como lo son en cualquier horda de humanos corrompidos. Quizá incluso más, puesto que parece que los dioses del Caos abrazan a los Hombres Bestia (este es el nombre con el que son conocidos) como un padre abraza a sus hijos. Engendrados por la más pura oscuridad, están más cerca del corazón del Caos que ninguna otra criatura y deben ser temidos por ello."
Extracto del Liber Caotica, del puño y letra de Richter Kless, sacerdote de Sigmar declarado demente

Los Hombres Bestia abrazan de buen grado la herencia que han recibido del Caos; aunque parecen tener la inteligencia de un hombre, la emplean con la astucia de un animal salvaje. Los Hombres Bestia no son criaturas de la naturaleza: su aparición se produjo cuando el portal polar de los Ancestrales se vino abajo, cubriendo el mundo de polvo de piedra bruja, un mineral con poder mutador. Este polvo ocasionó cambios atroces en muchos de los antepasados del hombre y en los animales, provocándoles terribles mutaciones. Así se crearon los Hombres Bestia: hombres que se convertían en animales, animales que se convertían en hombres, una mezcla de lo más caótica.

Rechazados y detestados por las demás razas, los Hombres Bestia son criaturas resentidas que se dejan llevar por la rabia animal y un instinto altamente destructivo. No buscan la conquista ni la gloria, sólo luchan para traer la ruina a los demás, para sembrar la destrucción y la discordia y llevar las otras razas al desastre. En particular, desprecian a los humanos que ellos nunca podrán llegar a ser, y están llenos de una aversión que da paso al odio agresivo. Son una amenaza constante que se oculta en las profundidades del mundo, preferentemente en zonas con bosques frondosos, donde permanecen escondidos de las razas civilizadas. Pero incluso en las tierras del sur, en los dominios de los caballeros de Bretonia y en las radiantes tierras de Tilea, y hacia el este, más allá de las Montañas de los Lamentos, los antiguos bosques y las desoladas estribaciones albergan guaridas ocultas de Hombres Bestia. En el Viejo Mundo son particularmente numerosos en el Drakwald y en el Bosque de las Sombras, pero también se encuentran en lugares tan distantes como Catai, las Tierras del Sur y los enormes bosques del oeste de Naggaroth.

Los Hombres Bestia viven en manadas de guerra dirigidas por el más fuerte entre ellos. Las hordas de Hombres Bestia son sumamente peligrosas en batalla, una horda de brutales guerreros, grandes y pesados carros, manadas de mastines del Caos y grupos de enormes bestias ansiosas por hacer trizas a todo enemigo que ose interponerse en su camino. Los Hombres Bestia salen de sus bosques en masas infinitas, extendiéndose por el horizonte. A menudo la horda se escinde en facciones antagónicas, puesto que los Hombres Bestia son Hijos del Caos y el orden es un concepto que les resulta desconocido.

Origen de los AstadosEditar

Hombres Bestias Portada 6ª Edición por Paul Dainton.jpg

Los Hombres Bestia son criaturas que han abrazado de forma voluntaria y orgullosa su herencia del Caos. Tienen la inteligencia de un humano y la astucia instintiva de un animal salvaje, pero carecen del menor atisbo de nobleza o compasión, porque desde el mismo nacimiento de su raza han pertenecido en cuerpo y alma a los Poderes Ruinosos.

Los Hombres Bestia establecen sus guaridas en los frondosos bosques del Viejo Mundo, pero no son ni mucho menos criaturas de la naturaleza. De hecho, tienen muy poco en común con nada que pueda ser considerado armonioso, sano o natural. Son un retorcido producto del Caos, viles y aberrantes parodias de hombre y bestia a la Vez, pero mucho más vigorosos y potentes físicamente que cualquiera de las especies a las que se parecen. Los Astados, como se llaman a sí mismos, pertenecen al Caos de una forma tan pura y completa como los tiburones pertenecen al mar, porque nacieron de la gran catástrofe que tiñó irrevocablemente de oscuridad el mundo.

Los Hombres Bestia fueron creados hace muchos miles de años, cuando el Caos se vio liberado sobre el mundo por primera vez, y todo lo que era normal, bueno y puro se vio bañado por una oleada de torturada sinrazón. Las leyendas hablan de una antigua raza de seres, conocidos únicamente como los Ancestrales, que dieron al mundo la forma que les resultó más grata, y que trajeron a la existencia a la primera de las jóvenes razas. Y entonces llegó el evento que cambiaría la historia en un único y terrible día. Las puertas dimensionales en los polos del mundo, creadas para facilitar el viaje astral, se colapsaron sobre sí mismas. La historia no ha dejado registro de por qué ocurrió aquello, pero lo que sí se sabe son sus consecuencias: la energía de la que está hecha el Caos fluyó incontrolable a través del velo del espacio-tiempo y se desparramó por el mundo.

Hombres Bestias Realms of Chaos por Tony Ackland.jpg

Fue un cataclismo más allá de toda mesura. Millones de almas inocentes se perdieron en un instante, absorbidas al interior del vacío espacio-temporal y reemplazadas por entidades de naturaleza nauseabunda. La superficie del mundo se retorció de dolor y sangró como una bestia herida. De los cielos cayeron pulsantes cometas que dejaban tras de sí flameantes estelas de no-luz antes de estrellarse contra los bosques del mundo, que hasta ese momento habían sido lugares completamente vírgenes. Las tierras se vieron machacadas y castigadas como si las hubiesen golpeado los puños de los propios dioses. Las destruidas puertas dimensionales escupieron enormes trozos de energía del Caos solidificada que incendiaron los cielos, y cayeron sobre el mundo como meteoritos, devastando vastas extensiones de bosque y hundiéndose en el interior de masivos cráteres de tierra calcinada.

Con cada nuevo impacto, la tierra iba siendo más y más infectada por la energía pura del Caos. Su insidiosa corrupción se extendía al suelo fértil, era absorbida por las raíces de los árboles más ancianos, y llenaba el aire respirado por las tribus de nómadas y las bestias que poblaban la tierra. A medida que el Caos lo cubría todo, los bosques mutaron y crecieron rebosantes de una nueva y corrupta vida, retorcidos por energías malignas que hacían gritar de dolor a la mismísima vegetación. Esos enormes y húmedos calderos de fecundidad dieron lugar a extraños y terribles procesos. De algún modo los hombres primitivos y las bestias de las regiones boscosas se aparearon, y sus terribles descendientes volvieron a aparearse entre sí, generación tras generación viniendo a la vida, reproduciéndose de forma indiscriminada y muriendo en rápida sucesión. Este proceso se repitió una y otra vez de manera incontrolada. Y así fue como vino al mundo la raza de los Hombres Bestia.

  • "Y en aquel tiempo de oscuridad, el Hombre se convirtió en Bestia y la Bestia en Hombre".

La Larga GuerraEditar

Caudillo de los Hombres Bestia por James Brady jimbradyart.jpg

Durante miles de años, los Hombres Bestia y sus monstruosos vástagos nacidos en el negror de la noche fueron amos y señores de los bosques, cazando a las diseminadas tribus de los hombres como los lobos cazan rebaños de ovejas. Hasta que apareció un hombre, portador de un dorado martillo de guerra que era la perdición de todos sus enemigos, y unió a las tribus humanas para disputar a los Hombres Bestia el control de las tierras. Este guerrero humano consiguió convertir a una caterva de tribus dispersas y mal organizadas en el poderoso y masivo Imperio humano que conocemos hoy. El tiempo anterior a la llegada de este hombre es recordado por los Hombres Bestia como una época idílica, mezcla de sueño medio olvidado y de leyenda.

Los rituales de los Hombres Bestia están llenos de referencias a un tiempo pasado en el que dominaban las tierras sin oposición, y también a un tiempo futuro en el que volverán a hacerlo. Para los Astados, la Guerra del Martillo marca el inicio de una era de amargos conflictos, en los que la Humanidad acabó por robarles el poder que les pertenecía por derecho, y se alzó como raza dominante de una forma totalmente inmerecida. Los Hombres Bestia de hoy en día sienten por la Humanidad un odio profundo, que se ha ido desarrollando a lo largo de incontables siglos de guerra. Ansían un retorno a la era primitiva, en la que el hombre no era más que una estúpida presa de caza, mientras que ellos eran los dueños del mundo.

Hombres Bestias Portada 7ª Edición por Paul Dainton.jpg

Desde la perspectiva de los humanos, los Hombres Bestia bien pronto se convirtieron en figuras de horror y superstición, en personificaciones del miedo primordial que siempre ha sentido el hombre por todo lo que ocultan los oscuros bosques del Viejo Mundo. Las leyendas de Bretonia cuentan que los Hombres Bestia espiaron al hombre desde las lindes de los bosques, y al comprobar su inocencia se hicieron conscientes de su propia impureza, mientras que algunos estudiosos del Imperio mantienen que las bestias simplemente están celosas de la inteligencia y perfección física del ser humano. Sea como sea, todos los hombres, mujeres y niños saben que los Hombres Bestia les odian amargamente; y es un odio que va mucho más allá de la simple envidia o el resentimiento. No es únicamente al ser humano a quien desprecian los Hombres Bestia, sino a toda su civilización, a todas sus obras e incluso a sus mismos dioses.

A medida que la sociedad de los humanos se ha ido refinando, consiguiendo cada vez avances más asombrosos en todos los campos, la animadversión de los Hombres Bestia ha aumentado de manera acorde. Para los ciudadanos del Imperio, de Bretonia y de todas las demás naciones humanas del Viejo Mundo, los Hombres Bestia se han convertido en la representación de un tiempo remoto, de una era de pesadilla que ya apenas se recuerda. Los humanos se engañan a sí mismos diciéndose que esa época de peligro ya ha pasado, que están a salvo en sus ciudades amuralladas, que su dominio del acero y la pólvora, las artes de sus hechiceros y las creaciones de sus ingenieros son más que suficientes para mantener a raya a las primitivas y degeneradas bestias de los bosques. Los hombres se dicen a sí mismos que los Hombres Bestia son desorganizados, y por tanto incapaces de reunir ejércitos que puedan suponer una amenaza para los altos y almenados muros de sus ciudades. Pero están muy equivocados.

Death below por Alex Boyd Hombres Bestia.jpg

Subestimar a los Hombres Bestia es un error gravísimo. Los Astados son criaturas para las que la violencia y el conflicto son algo natural, y su astucia es mucho mayor de lo que los humanos creen. Aún peor: cuanto más noble y arrogante parece su enemigo, más ansiosos se muestran los Hombres Bestia por hacerle caer de su ridículo pedestal y pisotearle con sus pezuñas sucias de sangre reseca.

Aunque los Hombres Bestia carecen de un método formal para registrar el paso de los años, saben que las ciudades de los Humanos son recientes comparadas con las tierras primordiales en las que ellos vagaban libremente. Hasta el Ungor menos avispado sabe que hubo un tiempo en el que los humanos se encogían de terror ante los bosques y las criaturas que los habitaban, y no se atrevían a aventurarse más allá de la linde de cualquier masa arbórea. Ahora, en cambio, sus fortalezas de piedra y sus castillos mancillan la tierra en todas direcciones, desafiando el dominio del Caos. Tanto ha avanzado la industria del hombre y la organización de su Imperio, que se atreven incluso a construir torres y bastiones en pleno territorio de los Hombres Bestia. Pero los Hombres Bestia saben que todas esas estructuras son temporales, y que todo lo que el hombre construya ahora será derribado por ellos algún día. Sólo entonces las tierras estarán una vez más en manos de los Astados, y sólo entonces los humanos retomarán el papel que les corresponde en el orden natural: el de ser presas para la caza, y nada más.

Los Desiertos del CaosEditar

Hombres Bestiuas con mutaciones por Tony Ackland.jpg

El Viejo Mundo está saturado por el mutante poder de la magia, la energía del Caos, que sigue manando a través del portal dimensional destruido, en el lejano norte, y que ha creado y alimentado una violenta y surrealista región a la que se conoce como los Desiertos del Caos. Desde aquí, la energía del Caos impregna el mundo entero, pervirtiendo todo lo que toca y transformándolo de manera horrible. Esta fuerza mutante es mucho más poderosa en la zona colindante con el arruinado portal, y va menguando a medida que uno se aleja de allí. Debido a esto, el lejano norte del Viejo Mundo sirve como hogar a muchas extrañas criaturas que se han visto deformadas por el poder del Caos. En esta región acechan todo tipo de Demonios, guerreros impíos y monstruosidades imposibles de describir, aunque por suerte no pueden desplazarse demasiado al sur ni siquiera cuando los Vientos de la Magia soplan fuerte, ya que el poder del Caos se vuelve demasiado débil para alimentarles.

Los Hombres Bestia, en cambio, no sufren de esta limitación. Aunque nacieron del Caos son criaturas nativas de los bosques, y puede decirse que todo el Viejo Mundo es su terreno de caza. Pueden deambular por donde quieran y hacer la guerra con quien quieran, y su afición por la caza los convierte en enemigos tan brutales como despiadados. Porque el poder de los Hombres Bestia no mana de los inestables y cambiantes Vientos del Caos, sino de ellos mismos: de la fuerza de sus musculados cuerpos, y del salvaje espíritu que anida en su interior.

Naturaleza de la BestiaEditar

Los Hombres Bestia viven según las leyes básicas de la naturaleza, aunque en su caso estén retorcidas por la corrupción del Caos hasta ser irreconocibles. En la sociedad de los Hombres Bestia el dominio se ejerce mediante la violencia más sangrienta, y cada individuo aprende rápidamente cual es su lugar bajo la pezuña del Caudillo del rebaño.

Características de los AstadosEditar

Beastmen Gor.jpg

Los Hombres Bestia son criaturas toscas y salvajes, dotadas de la codicia y la lujuria típicamente animales, unidas a un temperamento vitriólico. Su aspecto físico es de lo más repugnante, por no hablar de su olor corporal, pues al fin y al cabo no son otra cosa que un reflejo deforme de los aspectos más básicos, brutales y primitivos de la naturaleza. Dados a la violencia y la destrucción, tratar de razonar con estos seres es tan inútil como mortífero: sería como tratar de razonar con el huracán que destroza una aldea, con la epidemia que asola una región o con la plaga que malogra una cosecha. Los Hombres Bestia son, de hecho, mucho peores que los huracanes, las epidemias o las plagas, porque no tienen nada que ver con el orden natural de las cosas. La masacre y la desesperación que extienden por el mundo no forman parte del eterno ciclo de la vida y la muerte, sino del malévolo y deliberado intento de arrasar con todo lo que represente belleza, paz o santidad, para reemplazarlo con la mugre y la ruina. Incluso cuando se reúnen en sus campamentos para celebrar sus tórridos rituales, se pasan el tiempo peleando entre ellos, bebiendo, gritando o llenando sus panzas con carne cruda, porque tienen tanta vitalidad que nunca pueden estarse quietos del todo.

Mientras que otros seguidores del Caos son bendecidos con todo tipo de manifestaciones físicas del favor de sus Dioses Oscuros para ayudarles a avanzar por el camino hacia la condenación, los Hombres Bestia ya nacen del fétido vientre de los bosques con una forma física perfectamente adaptada a su horrible naturaleza. Tienen cuernos largos y puntiagudos con los que atravesar a sus enemigos, y unas extremidades inferiores como las de las cabras o los animales de ganado para poder pisotear a sus víctimas tras haberlas derribado. Su enmarañado y apelmazado pelo está incrustado de sangre y excrementos resecos, un paraíso para las colonias de pulgas y garrapatas que ayudan a los Hombres Bestia a mantenerse en un constante estado de excitación. Sus babeantes bocas están plagadas de afilados colmillos lupinos con los que desgarrar a sus presas, y sus cuerpos musculados y chorreantes de sudor son ideales para saciar el ansia de muerte que brilla en sus ojos inyectados de sangre.

Todos los Hombres Bestia tienen un carácter brusco y mezquino, en parte porque saben que sus vidas van a ser cortas, brutales y llenas de miseria y dolor. Cuando la sangre se les sube a la cabeza empiezan a soltar rápidos resoplidos, y entran en un estado de extrema beligerancia en el que cada uno de sus gestos o miradas rebosan hostilidad. La furia atávica que cada Hombre Bestia guarda dentro de su alma está siempre a flor de piel; y es precisamente este factor, el odio y la amargura que dominan sus corazones, el que otorga a los Hombres Bestia su increíble fuerza en el campo de batalla. Sólo son necesarias unas pocas palabras bien escogidas para lograr que un Gor estalle en una incontenible furia asesina. De igual modo, el sonido de cualquier batalla distante bastará para que un Hombre Bestia estire sus puntiagudas orejas al instante, completamente atento. Por tanto, cualquier combate o duelo que se desate en una senda del bosque acabará atrayendo invariablemente (y en muy poco tiempo) a docenas de Hombres Bestia venidos de todas partes.

Death below por Alex Boyd Hombres Bestia.jpg

Por encima de cualquier otro motivo, son los símbolos del progreso y la civilización los que avivan las ascuas del rencor que arde dentro del pecho de cada Hombre Bestia. La simple visión de unos colores vivos, especialmente el color rojo, son a menudo todo lo que hace falta para que el pulso de un Hombre Bestia se dispare por el ansia de sangre. La visión de un majestuoso estandarte o escudo de armas, de un uniforme reluciente o de una estatua de aspecto solemne causan una reacción espectacular en los Hombres Bestia, pues las cosas de orden y armonía son anatema para los Hijos del Caos. Cuando eso ocurre, los Hombres Bestia dejan a un lado toda cautela en un desesperado intento por destruir y machacar el objeto de su disgusto, hundirlo en el fango y pisotearlo, llenarlo de heces, o hacerlo añicos y comerse los restos a mordiscos. Pobres de aquellos que se aferran a estos símbolos de autoridad y orden, pues tendrán un final sangriento, doloroso y humillante. Aunque es cierto que para los Hombres Bestia resulta mucho más sencillo destruir que crear, pueden llegar a mostrarse verdaderamente inventivos a la hora de administrar castigos a sus prisioneros, y tienen además un enfermizo y siniestro sentido del humor que suele convertir a sus víctimas en blanco de indescriptibles atrocidades.

Ningún Hombre Bestia se queda realmente satisfecho a menos que ejerza alguna forma de violencia sobre una víctima indefensa. Las únicas herramientas que utilizan los Hombres Bestia son herramientas para la guerra, y no puede decirse que sean demasiado exigentes ni sofisticados. Suelen ir armados con crudos espadones y hachas a los que llaman “Trincha-humanos”, y que en su mayoría son armas que han logrado saquear en batallas anteriores (porque ni siquiera el Ungor más hábil con las manos será capaz nunca de llegar a dominar realmente los secretos de la forja y la herrería). Los rebaños de Hombres Bestia carecen de las resplandecientes armas y barrocas armaduras que llevan los sirvientes humanos de los Dioses del Caos, porque los Hombres Bestia ya han pertenecido desde siempre a los Poderes de la Corrupción, y por tanto los dioses no tienen necesidad de ofrecerles ningún tipo de baratijas a cambio de sus almas (este hecho sirve para aumentar aún más la ira y los celos que los Hombres Bestia sienten por los advenedizos humanos). No obstante, los Hombres Bestia son excelentes en el “arte” de la incursión, el pillaje y el saqueo de cadáveres, incluso cuando no están marchando a la guerra, por lo que nunca suelen andar cortos de armas melladas, ni de armaduras herrumbrosas y llenas de costras de sangre reseca. Para estas criaturas, la poca calidad de su equipo sólo es un inconveniente menor, que suelen compensar de sobra a base de fuerza bruta y determinación.

Imagen sabretooth hombres bestia.jpg

De modo muy similar a como actúan las manadas de lobos o de leones, los Hombres Bestia son cazadores excelentes, aunque esto tenga más que ver con su habilidad innata para rodear y emboscar a las presas, que con la cautela y el sigilo. De hecho, todos los Hombres Bestia son ruidosos e impacientes, además de desprender un hedor corporal casi insufrible, mezcla de sangre en descomposición, vómito reseco, sudor rancio, estiércol y humo de fogata. Para ellos, la higiene es un concepto completamente desconocido. Suelen marcar territorio con el olor, defecando sin vacilar en cada punto destacable por el que pasan; y tras celebrar una victoria pueden tumbarse a dormir la borrachera en madrigueras subterráneas, zanjas o incluso humeantes pilas de estiércol, porque tampoco saben lo que es la vergüenza o el asco.

La robusta constitución de los Astados les permite vivir de las dietas más precarias o desagradables. Su comida preferida es la carne cruda (devorada a grandes bocados), pero a diferencia de sus congéneres mayores, los Minotauros, no les importa si es fresca o si está podrida e infestada de gusanos. Los Hombres Bestia son caníbales, acostumbrados a atiborrarse con los cadáveres de sus congéneres sin pensárselo dos veces. En estos casos suelen devorar el cuerpo entero (incluyendo las entrañas, el pelo, los cuernos y las pezuñas), pues tienen la creencia de que hacer eso les permite heredar la fuerza de la víctima. Esta dieta a base de carne se ve complementada por larvas, arañas peludas, ciempiés venenosos y todo tipo de otros bichos del bosque, además por supuesto del ocasional niño perdido o leñador solitario. Puede decirse que los Hombres Bestia son cazadores-recolectores, aunque sus “recolectas” suelan centrarse principalmente en las extremidades mutiladas que han quedado esparcidas por el suelo tras una cacería especialmente sangrienta. Consideran la carne humana como una exquisitez, y en ocasiones pueden llegar a luchar hasta la muerte entre ellos por un brazo o pierna humanos.

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De todas las criaturas del Caos, los Hombres Bestia son quienes guardan una relación más profunda con Morrslieb, la luna del Caos. Cuando Morrslieb está más alta en el cielo llevan a cabo grandes orgías que duran toda la noche, y en las que se entregan a satisfacer su lujuria y su sed de sangre de todas las maneras imaginables. En estas orgías se derrama mucha sangre, se bebe mucho vino y cerveza capturados, y se conciben muchos nuevos cachorros de Hombre Bestia, asegurando así la perpetuación de su impuro y aberrante ciclo vital. Aunque se rumorea que las brujas y los herejes del Viejo Mundo suelen unirse a los Hombres Bestia en estas escalofriantes y anárquicas bacanales, nadie ha sido nunca testigo de ello, porque tropezarse con un campamento de Hombres Bestia que celebran una fiesta bajo la corrupta luz de Morrslieb es como meterse de cabeza en el infierno.

Las Recompensas RuinosasEditar

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Aquellos Hombres Bestia que llevan a cabo importantes y terribles hazañas en nombre de sus sangrientas deidades pueden a veces ser bendecidos con mutaciones físicas. Estos dones por lo general exageran la forma bestial del receptor, convirtiéndolo en un depredador aún más mortífero y probando más allá de toda duda su capacidad como líder: cuernos espectacularmente largos y retorcidos, manos dotadas de largas garras que supuran veneno, colmillos alargados hasta convertirse virtualmente en espadas de hueso, pieles que segregan un mucoso ácido altamente corrosivo, o pelajes que se endurecen para transformarse en una armadura natural impenetrable. También pueden darse mutaciones aún más extrañas, como cuerpos de llamas vivientes, apéndices tentaculares llenos de pinchos que brotan del pecho, pieles que se vuelven negras como la pez para ocultarse en las sombras, extremidades que terminan en cabezas dentadas similares a las de las víctimas de la criatura, cuerpos hinchados hasta alcanzar una obesidad monstruosa, y un millar de otras variaciones enfermizas. En la mayoría de casos, el beneficiario de todas estas bendiciones suele ser el Caudillo de cada tribu, ya que el resto de Hombres Bestia se limita a actuar según su voluntad y sus odios personales. No obstante, en ocasiones otros individuos importantes como los Chamanes del Rebaño pueden hacerse también con el favor de los Dioses del Caos, si consiguen llevar a cabo alguna heroicidad digna de mención (como por ejemplo eliminar a un enemigo importante).

El Orden No NaturalEditar

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Los Hombres Bestia viven en salvajes bandas de guerra llamadas rebaños, cuyo tamaño puede ser muy variado, desde apenas algunas docenas hasta muchos miles de psicóticos individuos. Aunque los Hombres Bestia son criaturas capaces de caminar erguidas y de hablar, en realidad se encuentran tan cerca de los animales como de los humanos, y por tanto los que prevalecen en su sociedad son los más fuertes, mientras que los más débiles perecen.

La violencia acecha bajo la superficie de todas las relaciones entre los Hombres Bestia, que siempre están buscando la menor oportunidad para dejar clara su superioridad. Cualquier miembro del rebaño que muestre debilidad sufrirá por ello, y su posición de poder se verá dañada. Por tanto, cada rebaño es liderado por el Hombre Bestia más fuerte, aquel que ha sido marcado por el favor de los Dioses del Caos.

El Caudillo ocupa el cenit de la autoridad tribal de los Hombres Bestia. Mientras tenga la suficiente fuerza como para hacerse respetar, puede gobernar el rebaño tal y como le plazca. Sin embargo, su posición es constantemente discutida, y para mantenerla suele verse obligado a luchar una y otra vez, haciendo frente a desafíos de numerosos Gors y Bestigors ávidos de poder.

Para demostrar a sus congéneres su derecho a ostentar el mando, el Caudillo suele hacerse un tótem del que va colgando los ensangrentados pellejos de aquellos Hombres Bestia a los que derrota, de modo que todo el rebaño tenga a la vista un severo recordatorio de quién sigue siendo el jefe. Un día, no obstante, siempre acaba por aparecer un rival más fuerte y dinámico que él, y entonces es el pellejo del Caudillo el que acaba ondeando al viento, colgado del tótem del aspirante.

Hombres Bestias por Karl Kopinski.jpg

El grueso de un rebaño está formado por Gors. Los Gors son la principal fuerza de combate de los Hombres Bestia en el campo de batalla. En la parte más baja del orden tribal están los Ungors, que ni siquiera son considerados como auténticos Hombres Bestia por el resto del rebaño, ya que sus cuernos son mucho menos impresionantes que los de los Gors. Los Ungors esperan ansiosos la llegada de cada batalla, ya que para ellos supone una nueva oportunidad de reivindicarse y desafiar el estatus que les ha tocado en la vida. Un humano que resulte capturado por el rebaño deberá temer a los Ungors más que a ningún otro tipo de Hombres Bestia, ya que mientras que los Gors pueden garantizarle una muerte relativamente rápida y brevemente dolorosa, los Ungors le torturarán con saña mientras le quede un hálito de vida en el cuerpo. Junto a los Gors viven las tribus de Minotauros, los más poderosos de todos los Hombres Bestia, enormes monstruosidades con cabeza de toro cuya irrefrenable ansia de sangre les lleva a cometer terroríficos actos de masacre.

Lo único que consigue mantener bajo control a la indisciplinada masa de Hombres Bestia, y hacer que se comporten como un ejército en lugar de una mera banda, es la pura dominación animal del Caudillo. Pero incluso en el mismo campo de batalla puede surgir un congénere que le dispute su posición; y lo que es aún más sorprendente, a veces este sistema da a los Hombres Bestia excelentes resultados: el cambio a mitad de la refriega de un líder débil por uno que esté resuelto a demostrar que se merece el cargo que acaba de obtener, puede convertir lo que iba a ser una derrota sonada en una victoria heroica.

Khazrak el Tuerto A.Smith.jpg

Hace solo unos pocos años, Khazrak el Tuerto tomó por la fuerza el control de un rebaño de manos de su predecesor, el Señor de las Bestias Graktar. Sucedió tras un ataque contra un ejército humano campo abierto entre las aldeas de Kelp y Koldust, en el que Graktar resultó herido. Viendo que el Señor de las Bestias estaba sangrando profusamente, Khazrak decidió hacer su movimiento y le desafió por el liderazgo del rebaño. Tras un largo combate, Khazrak se hizo con la victoria al lograr arrancarle a su rival uno de sus cuernos con las manos desnudas. En lugar de matar a Graktar, Khazrak lo expulsó del rebaño. En medio de una lluvia de insultos y burlas, “Graktar un Cuerno” fue abandonado en lo profundo del bosque.

Pero Graktar vive todavía, y desde que fue expulsado no ha dejado de conspirar esperando el día en que pueda tomarse cumplida venganza por su humillación. Los seguidores de Graktar están aumentando en número, y su confrontación contra la horda de Khazrak parece inevitable. Khazrak por su parte está tranquilo, pues guarda el cuerno de Graktar como un trofeo y una muestra de su derrota. Lo ha convertido en su cuerno de guerra, y su desafinado sonido le ha servido para anunciar la muerte de numerosos enemigos.

La Mirada de los Dioses OscurosEditar

Chamán Hombre Bestia Imagen 4ª.jpg

A lo largo de su vida de interminable cacería, algunos Hombres Bestia llegan a cometer tales actos de salvajismo y derramamiento de sangre que la atención de las distantes deidades del Caos acaba fijándose en ellos.

Por lo general, los Poderes de la Corrupción muestran poco interés por los actos de los Hombres Bestia, sabedores de que los Hijos del Caos ya cumplen su voluntad sin necesidad de tener que convencerles a base de regalos o bendiciones especiales. Los Hombres Bestia viven completamente subyugados por la magnificencia del Caos, y por lo tanto están libres de cualquier coacción o limitación en cuanto a sus pensamientos y acciones. Hacen literalmente lo que les viene en gana, y al comportarse así sirven al Caos con cada gramo de su ser.

Aunque los Hombres Bestia no lo comprendan del todo, son una parte vital de la eterna lucha del Caos para sumir al mundo en una sucia y turbulenta marea de cambio sin sentido y guerra constante. ¿Quiénes sino los Hombres Bestia derriban los elegantes monolitos élficos que impiden la expansión del Caos, y los reemplazan por sus propias Piedras del Rebaño, santuarios dedicados a los Dioses Oscuros? ¿Quiénes sino los Hombres Bestia cazan y dan muerte a aquellas criaturas de los bosques que de otro modo quedarían fuera del alcance de los Poderes de la Corrupción? Por todo ello, los Astados se mantienen como uno de los pilares de la guerra que el Caos mantiene contra el orden y la luz.

La Cacería EternaEditar

Los Hombres Bestia no construyen ciudades, porque el orden y la construcción son anatema para ellos. Prefieren desplazarse de un lado a otro, siguiendo el olor de la carne fresca y cazando hasta la muerte a cualquiera que entre en los ancestrales “territorios de caza” por los que patrullan.

HábitatEditar

Árbol del Caos.jpg

Para los Hombres Bestia, todo el Viejo Mundo es su dominio y su territorio de caza, tierras a las que se refieren como sus “campos de sangre”. Esto siempre ha sido así, desde la llegada del Caos en una era ya tan distante como legendaria. Los Hombres Bestia son criaturas fuertes y resistentes, ya que deben competir con los horrores inimaginables que pueblan los bosques. Bajo la oscura bóveda arbolada, incluso los Hijos del Caos son a menudo presa de criaturas aún más inquietantes.

Pese a vivir en los bosques, los Hombres Bestia rara vez permanecen en una misma localización durante mucho tiempo. En vez de eso, se mueven constantemente por antiguas pistas forestales que cruzan los territorios de su rebaño, aunque ocasionalmente también puedan invadir los dominios de otras tribus. Aunque ningún ser humano en su sano juicio es capaz de verles ningún sentido a los patrones de desplazamiento de los rebaños de Hombres Bestia, la verdad es que hay diversos detalles, como los súbitos cambios de dirección o la coordinación intuitiva entre partidas de guerra de tribus distintas, que apuntan a la existencia de algún tipo de pauta o planificación.

Cuando el rebaño se detiene, los Hombres Bestia establecen un campamento temporal desde el que lanzar sus despiadadas invasiones sobre las zonas colindantes, y en el que celebrar sus sangrientos festejos tras la batalla. Por lo general sólo permanecen en el mismo sitio durante un corto periodo de tiempo, antes de moverse hasta un nuevo punto de sus territorios de caza. Sus partidas de guerra pueden llegar a recorrer cientos de millas antes de volver a establecer campamento, y son frecuentes los enfrentamientos con otros grupos de Hombres Bestia para quedarse con las mejores zonas de acampada.

CampamentosEditar

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Los campamentos de los Hombres Bestia son muy toscos, y a menudo suelen consistir en poco más que una enorme hoguera central rodeada por un grupo de rudimentarias madrigueras y parapetos; a veces incluso utilizan las pieles recién arrancadas a sus enemigos, aún goteando sangre, y las sostienen con palos y ramas para formar improvisadas tiendas.

Los Hombres Bestia más poderosos, como los Minotauros y los Bestigors, se suelen quedar con las zonas del campamento más cercanas al fuego y a la comida. Los Ungors más pequeños se ven desplazados hacia las zonas más exteriores, y no es extraño que en los crudos inviernos los más débiles de entre ellos lleguen a perecer de frío. Los Mastines del Caos merodean por los límites del campamento, peleándose por los huesos y restos de comida, y en ocasiones llegando a devorar a los Hombres Bestia de menor tamaño.

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En los árboles alrededor del campamento se posan las Arpías, deformes criaturas que desde la distancia podrían pasar por mujeres humanas aladas. Estas bestias siguen a la tribu allá donde va, atraídas por los numerosos restos de víctimas sacrificadas, y se pasan la mayor parte del tiempo riñendo entre ellas por conseguir los mejores trozos de la comida descartada por los Hombres Bestia. En algunos campamentos también pueden verse terribles Engendros del Caos, monstruosas bestias mutantes que son contenidas en rediles rodeados de estacas afiladas, a fin de ser martirizadas y mantenidas al borde de la inanición hasta que llegue el momento de soltarlas y enviarlas a la batalla.

Tropezarse con un campamento de los Hombres Bestia no supone sólo ser testigo de una visión del infierno en todo su esplendor, sino exponerse a sufrir una muerte extremadamente truculenta.

Los Caminos de las BestiasEditar

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Los vastos bosques del Viejo Mundo están cruzados en todas direcciones por una telaraña de pistas forestales que sólo los Hombres Bestia conocen. Allí donde estos caminos se cruzan, significa que dicho lugar guarda algún tipo de significación para los Astados.

Estos “caminos de las bestias” se localizan en lo profundo de los bosques, lejos de las aldeas y carreteras de los humanos, pero no están ni mucho menos ocultos. Aunque los Hombres Bestia sean nativos de los bosques, carecen de dotes naturales para el sigilo y el subterfugio. Para cruzar zonas de densa vegetación simplemente se abren paso sin el menor cuidado, apartando a un lado el follaje y dejando claramente visibles las pisadas de sus pezuñas. Tras varios milenios de uso continuado, los caminos de las bestias han quedado hondamente marcados en el terreno, surcados por huesos de enemigos y otros detritos. Tan espesa es la maleza que crece a los lados de estos caminos, que resulta altamente improbable que un rastreador o cazador humano pueda encontrarlos excepto por pura suerte. De hecho, cualquier cazador que se tropiece con un camino de bestias hará bien en dar media vuelta y largarse lo más rápido que le permitan sus piernas, porque si en ese momento aparece algún grupo de Hombres Bestia, sus propios huesos podrían acabar formando parte de la decoración del suelo.

Ocasionalmente, dos rebaños de Hombres Bestia pueden coincidir a la vez en un mismo camino, viajando en direcciones opuestas. En tales casos, los Caudillos de cada rebaño deben encontrarse en el centro del camino para decidir cuál de los dos grupos se hará a un lado y permitirá pasar al otro. Ambos Caudillos empiezan llevando a cabo vulgares demostraciones de poder, pavoneándose y soltando bravuconadas hasta que uno de los dos da su brazo a torcer (lo cual no suele ser muy común), o hasta que el enfrentamiento deriva en violencia. En ese caso, hacen chocar sus cuernos y se lanzan cabezazos hasta que uno de ellos cae inconsciente, momento en que el otro es declarado vencedor. A continuación, la tribu del ganador cruza el camino entre sonrisas, algunos de sus Gors llegando incluso a detenerse un instante para aliviar su vejiga sobre la postrada forma del Caudillo derrotado.

Cazando en los Campos de SangreEditar

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Todas las criaturas que moran en los campos de sangre de los Hombres Bestia son consideradas sus presas, tanto si intentan huir como hacen los Goblins, si prefieren evadirles como hacen los Elfos Silvanos, o si se plantan y presentan batalla como hacen los humanos. Incluso el mismo acto de marchar a la guerra es para los Hombres Bestia similar a la caza, al proceso de rastrear y acechar a una presa; respecto a la batalla en sí, se parece al acto de un depredador tratando de derribar a su presa, o al enfrentamiento a muerte entre rivales para determinar el derecho de mando o el dominio territorial.

Los Hombres Bestia del Bosque de las Sombras, por ejemplo, están en guerra constante con todas las otras razas que quieren cobijarse en la penumbra bajo sus árboles. Cada día sus partidas de guerra se enfrentan a Goblins Silvanos, bandidos humanos, u hordas de cadáveres animados por Nigromantes que se han establecido en el bosque para escapar de las miradas entrometidas. Debido a esto, los rebaños de guerra del Bosque de las Sombras se cuentan entre los más fuertes y beligerantes de todo el Viejo Mundo (aunque de hecho sean menores numéricamente). En los periodos en los que consiguen dominar a sus rivales de dentro del bosque, se atreven a salir y guerrear contra los enemigos que moran fuera; y es entonces cuando las tierras de los hombres conocen la fuerza bruta de los Hombres Bestia.

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Ocasionalmente, estos Hombres Bestia han logrado tener tanto éxito al combatir al resto de razas que pueblan el Bosque de las Sombras, que han acabado por expulsarlas completamente, forzándolas a ocupar y asolar las tierras colindantes. Eso es lo que sucedió cuando el rebaño de guerra de Ul-Ruk Cuerno Rojo lanzó una campaña de genocidio contra los Goblins Silvanos de la tribu del Ojo Agrio. La guerra duró tres estaciones completas, y al final los restos de la horda Goblin fueron expulsados del bosque directamente hacia la aldea imperial de Ferlangen, perseguidos de cerca por los Hombres Bestia. Los defensores de Ferlangen apenas tuvieron tiempo de tomar las armas antes de verse aplastados por la marea de chillones pieles verdes en desesperada retirada. Los Hombres Bestia, al notar que la inercia de los acontecimientos parecía favorecerles, siguieron corriendo hasta entrar en Ferlangen y se abalanzaron sobre aquellos humanos que habían sobrevivido a la oleada de Goblins Silvanos, pasándolos a todos a cuchillo y a continuación incendiando la aldea con sus antorchas.

Un enemigo menos común que los Goblins Silvanos son los Elfos Silvanos, que a los ojos de los Hombres bestia son criaturas aún más despreciables por preferir el sigilo sobre la fuerza bruta. La mayoría de combates entre ambas razas tienen lugar en los márgenes de los sobrenaturales bosques de Athel Loren, al este de Bretonia.

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Para los Hombres Bestia, los Elfos Silvanos son otra raza más que compite con ellos por la tierra, y que por ello merece que les enseñen a base de cornadas y hachazos el lugar que les corresponde en el mundo. Por su parte, los Elfos Silvanos odian a los Hijos del Caos con un ardor apasionado, pues los Hombres Bestia representan justamente lo opuesto de todo lo que ellos defienden. Por tanto, cuando ambas razas se enfrentan la batalla suele ser memorable.

Si son los Hombres Bestia quienes prevalecen, disfrutarán de una forma perversa persiguiendo a los supervivientes con sus jaurías de Mastines especialmente entrenados. Cualquier Hombre Bestia que capture y devore vivo a un Elfo Silvano se ganará el título honorífico de “Mataduendes” pero poco más, porque para los Hombres Bestia la carne élfica es un alimento de baja calidad: tiene demasiada fibra, muy poco sabor y apenas la suficiente cantidad de tuétano en los huesos como para dejar satisfecho a un Ungor.

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Tras un combate exitoso, el rebaño celebra su victoria toda la noche, emborrachándose hasta perder el control, desfilando cómicamente alrededor de la hoguera, devorando a los prisioneros y deleitándose con el botín de guerra. Mientras, los Chamanes del Rebaño llevan a cabo sus más indescriptibles rituales al abrigo de la pálida luz de Morrslieb, la luna del Caos, quebrando la natural quietud de la oscuridad con sus espantosos gritos y cánticos. El eco de estas celebraciones resuena por todo el bosque, y a menudo llega a oírse hasta en las aldeas humanas. Durante esas noches, ningún centinela humano suele separarse demasiado de su fuente de luz, porque aventurarse en las sombras equivale a entregarse a las monstruosas criaturas que allí acechan.

Al día siguiente, cuando el sol esté en lo alto, el rebaño ya se habrá ido, dejando tras de sí un panorama de masacre y devastación. Cualquier humano lo bastante atrevido como para investigar el alboroto de la noche anterior se encontrará con un claro de maleza pisoteada y ensangrentada, las cenizas aún humeantes de una gran hoguera, y esparcidos por doquier los truculentos restos de un sinfín de criaturas (que hará mejor en no examinar con demasiado detalle, si no quiere que se le revuelva el estómago).

Llamada a las ArmasEditar

La ambición final de todo Caudillo de los Hombres Bestia es dominar los bosques tan completamente que todos los demás rebaños hagan su voluntad sin rechistar. Un Caudillo que pretenda unir a las tribus de Hombres Bestia contra la Humanidad debe antes probar que merece ostentar el derecho a intentar esta hazaña. Para ello, tendrá que enfrentarse en una serie de brutales combates rituales contra sus rivales.

Llamando a la Gran ManadaEditar

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La Gran Manada es una concentración de todos los rebaños de una misma región. Cada Gran Manada es reunida por un Caudillo que, más enfurecido de lo normal, determina que se debe reunir a los rebaños para llevar la guerra a las tierras del hombre. El Caudillo, al ser una criatura sumamente hosca y rencorosa, habrá planeado algún tipo de sangrienta venganza contra el enemigo humano, calculando cómo conseguir sus objetivos de acuerdo a su naturaleza bestial e instintiva.

El Caudillo no alimenta sus sueños de conquista y crueldad por sí solo, sino que se ve aconsejado en todo momento por el Chamán del Rebaño. El Chamán del Rebaño consulta los portentos e interpreta la voluntad de los Dioses del Caos, hasta que cree que ha llegado el momento justo de llamar a la Gran Manada. Es el Caudillo quien decide convocar a la Gran Manada, pero para hacerlo necesita antes el beneplácito del Chamán del Rebaño, porque los Hombres Bestia son tan supersticiosos que temen a la ira de los dioses por encima de todas las cosas.

La llamada de la Gran Manada empieza con la construcción de una masiva hoguera, a menudo hecha con huesos resecos para ofrendas de sacrificio, o con leña arrancada de templos de los dioses humanos. El Chamán del Rebaño lanza a la hoguera un nocivo preparado a base de hojas, hierbajos y líquenes, imbuidos con la antigua magia de los profundos bosques. Caracoleantes nubes de humo neblinoso se elevan desde el fuego y se esparcen por los caminos del bosque en todas direcciones. Los vapores llenan de ansia de sangre los corruptos corazones de los Hombres Bestia, y los atraen hacia el punto de reunión de la Gran Manada. A esta convocación mágica se le suman los estridentes balidos del Caudillo llamando a sus congéneres, que resuenan atronadoramente en el cielo nocturno.

A medida que se incrementa el número de Hombres Bestia en el lugar, también aumenta el eco de sus desacompasados bramidos, así como el canto de los Chamanes. Uno tras otro los Caudillos van llegando al claro, haciendo notar su presencia. Si la llamada está teniendo lugar alrededor de una Piedra del Rebaño o estructura similar, cada Caudillo graba sobre ella su marca personal, de modo que su presencia en el ceremonial quede registrada para la posteridad.

La Llamada del Minotauro de la CondenaciónEditar

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No son únicamente los Beligors y los Señores de las Bestias quienes están capacitados para llamar a la Gran Manada: a veces los terribles Minotauros de la Condenación también pueden hacerlo, aunque sus métodos de actuación sean bastante diferentes. Mientras que un Caudillo llamará a la Gran Manada tras planearlo bien y buscar el consejo de sus Chamanes del Rebaño, un Minotauro lo hará simplemente en respuesta a su necesidad casi física de destruir cosas. Los Minotauros suelen verse asaltados por una especie de hambre voraz, conocida como “ansia de sangre", que les lleva a proferir alaridos de guerra tan ensordecedores que su eco es capaz de contagiar a cualquier Hombre Bestia que los oiga.

A veces un Chamán puede probar a hablar con un Minotauro de la Condenación para intentar guiar sus acciones, pero los Minotauros son en general criaturas tan simples que cualquier conversación con ellos debe ser de lo más básica, concisa y directa al grano. Por lo general, con limitarse a informar al Minotauro de Condenación sobre la localización de una gran cantidad de “comida" (humanos, Enanos, o quizás incluso Elfos), será suficiente como para hacer brotar su ansia de sangre. Por supuesto, esto puede llegar a resultar peligroso para el propio chamán, que puede verse súbitamente atrapado en medio de la anárquica estampida de un grupo de Minotauros cegados por el ansia de sangre. Por suerte, al igual que el resto de Hombres Bestia, los Minotauros creen que matar a un Chamán del Rebaño trae mala suerte, pero aun así de vez en cuando se producen accidentes.

Los Chamanes más ambiciosos pueden intentar controlar a un Minotauro de la Condenación en lugar de simplemente ofrecerle consejos. Algunos incluso llegarán tan lejos como para poseer el cuerpo de la bestia, y usarlo para convocar a una Gran Manada con la que poder liderar una invasión a gran escala. Esta línea de actuación no suele ser bien vista por los demás Chamanes del Rebaño, ya que si el engaño es descubierto puede dañar seriamente su credibilidad, y por tanto su capacidad para guiar los eventos de acuerdo con sus planes. Un Minotauro de la Condenación que descubra que su cuerpo ha sido manipulado de esta forma entrará en un estado de furia asesina total, hasta el punto de que su única prioridad será vengarse del Chamán en cuestión, incluso saltándose a la torera la superstición que los Minotauros tienen en contra de hacer daño a los Chamanes.

Por ejemplo, el Minotauro de la Condenación Kha'Rak Corazón de Piedra descubrió casi al instante que había sido poseído, y antes de que el espíritu del Chamán pudiese liberarse se vengó de él, machacando el yacente cuerpo del chamán hasta reducirlo a pulpa. De resultas de esto el Chamán quedó atrapado en la mente de Kha'Rak, y desde ese día ambos Hombres Bestia mantienen un enfrentamiento constante por hacerse con el dominio del cuerpo de la criatura. Por tanto, el comportamiento del gigantesco Minotauro de Condenación en el campo de batalla se ha vuelto impredecible: es tan capaz de lanzar poderosas ráfagas de Magia Oscura como de cargar de cabeza hacia el combate.

El DesafíoEditar

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Duelo de Astados

Una vez que los Hombres Bestia consideran que ya se han reunido en un número lo suficientemente grande, el Caudillo que ha promovido la llamada exige que los demás Caudillos se sometan a su mando y le sigan a la guerra. Inevitablemente, otro Caudillo desafiará el derecho del convocante a liderar a la Gran Manada, y por tanto deberá celebrarse acto seguido un combate ritual para resolver la situación.

Si el nivel de ambos combatientes está muy descompensado, el desafío se termina de manera muy rápida, porque en este tipo de enfrentamientos no se suele dar ni conceder clemencia. En ese momento, el vencedor inflige a su contrincante el golpe de gracia, y antes de que expire por última vez le abre la caja torácica y le arranca el corazón aún pulsante. Lo que sigue es un espectáculo de lo más truculento, ya que el Caudillo vencedor desolla el cadáver del derrotado allí mismo y añade de inmediato el sanguinolento pellejo a su estandarte. Ocasionalmente, puede aparecer en ese momento otro aspirante dispuesto a retar al Caudillo vencedor; se han dado casos en los que se han producido largas sucesiones de retos y enfrentamientos de este tipo. En todo caso, cuando el vencedor final ha sido determinado, y ya no quedan más Caudillos dispuestos a seguir lanzando desafíos, los Chamanes del Rebaño anuncian que el asunto ha quedado decidido y declaran al vencedor como “Señor de las Bestias”.

Algunas veces, no obstante, los Chamanes del Rebaño no llegan a ponerse de acuerdo sobre si el vencedor merece o no liderar a la Gran Manada. Por ejemplo, pueden disentir sobre el significado de los portentos que han leído en las entrañas de los animales usados como ofrendas, o pueden llegar directamente a decir que dichos portentos están radicalmente en contra del vencedor, y que por lo tanto debe nombrarse a otro de inmediato. Si esto sucede, el periodo de desafíos y combates se inicia de nuevo, hasta que sale victorioso un Señor de las Bestias capaz de demostrar a todo el mundo que cuenta con las bendiciones de los Dioses Oscuros.

Desafío ChamánicoEditar

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En ocasiones será un Chamán, en lugar de un Caudillo, quien unirá a los rebaños e iniciará una invasión sobre los enemigos de los Hombres Bestia. Esto no resulta común, pero puede ocurrir cuando un Chamán se ve bendecido o tocado de algún modo por los Poderes Ruinosos. El Gran Chamán del Rebaño Gallak Ojo de Bestia, por ejemplo, se vio elevado hacia el cielo nocturno rodeado de un aura de relámpagos negros, durante la culminación de uno de sus rituales. Con una retumbante voz que no era suya, Ojo de bestia declaró la guerra a los gobernantes de Ostermark, y ningún Caudillo se atrevió a discutir su derecho a reunir y liderar la Gran Manada. La gigantesca horda de Ojo de Bestia, compuesta por veinte mil pares de cuernos, surgió del Bosque de los Muertos con el Chamán del Rebaño a la cabeza, y causó una escabechina en todas las villas y aldeas a lo largo de las riveras superiores del río Talabec. Miles de seres humanos fueron asesinados en espeluznantes sacrificios en masa, antes de girar hacia el sur y atacar Sylvania, la tierra de los muertos que caminan.

En caso de que un Chamán del Rebaño convoque a la Gran Manada y otro Chamán del Rebaño le desafíe, ambos deberán mantener un enfrentamiento ritual. Los Chamanes no se enzarzan en combate físico directo entre ellos, sino que envían sus espíritus a lo profundo de los bosques cercanos, para tratar de poseer la mente de la bestia más grande y poderosa que encuentren. El combate resultante se resuelve frente a la Piedra del Rebaño, a menudo destruyendo el campamento y buena parte del bosque colindante en el proceso.

Rituales EnfermizosEditar

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En el mismo instante en el que un Señor de las Bestias es reconocido como tal, la Gran Manada de Hombres Bestia entra en un frenesí de actividad. Liderada por los agudos gritos de los Chamanes del Rebaño, empieza a llevar a cabo los actos más bajos y zafios imaginables. Los prisioneros son arrastrados y sacrificados frente a los Piedras del Rebaño; sus gemidos, el sabor de su miedo y el aroma de su carne despedazada atraen a los Minotauros a alimentarse con sus restos a grandes bocados. Los bosques resuenan con los aullidos de agonía de los soldados enemigos, atados a las Piedras del Rebaño con sus propias vísceras. Encerrados en sus casas, todos los humanos en muchas leguas a la redonda se acurrucan temblando de terror, suplicando a sus dioses para que la horda de bestias salvajes no se fije en su aldea con la llegada del amanecer, y pase de largo en su infernal camino de destrucción.

A medida que el día se acerca, los rituales llegan a su punto álgido. Desde la linde del bosque puede oírse el atonal estruendo de los cuernos de guerra, acompañado por el arrítmico batir de los tambores hechos con la piel tensada de los enemigos derrotados. Al poco rato, una masa de figuras emerge de entre las nieblas del amanecer y la horda se hace visible en toda su terrible gloria.

La Horda se AlzaEditar

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Las tácticas empleadas por los Hombres Bestia no responden al entrenamiento marcial que practican muchas otras razas, sino a la astucia inherente a cualquier manada de animales salvajes acechando y rodeando lentamente a su presa, tratando de detectar sus debilidades y oler su miedo, esperando el momento propicio de lanzarse sobre ella y matarla en una orgía de violencia y sangre.

La llegada de la horda siempre es anunciada por una cacofonía de bramidos, balidos y rebuznos. Como si quisieran amplificar sus y de por sí ensordecedores gritos de guerra, los Hombres Bestia emplean cuernos hechos a partir de las cornamentas de las criaturas del bosque o de rivales eliminados. Además, marchan con una sorprendente cantidad de estandartes, por lo general adornados con las cabezas de más enemigos caídos, y crudamente embadurnados con las toscas runas que identifican a cada rebaño. Todos estos estandartes tienen el efecto visual de incrementar la estatura aparente de los Hombres Bestia, de modo que incluso los enemigos más distantes queden impresionados imaginando la fuerza y el tamaño que sin duda deben de tener los portaestandartes.

En el centro de la horda se encuentran los Bestigors, tropas de élite protegidas por pesadas armaduras. Armadas con enormes hachas tomadas de entre los tesoros que se agolpan al pie de cada Piedra del Rebaño, estos Hombres Bestia siegan a los enemigos con la misma facilidad con la que un granjero siega el maíz de la cosecha. Los Bestigors están dispuestos a luchar hasta la muerte con tal de arrebatar al enemigo sus estandartes, cargando sobre los portaestandartes y haciéndolos caer al barro, mientras el grueso de la horda se lanza al combate tras ellos. Mientras tanto, los Gors y Ungors se infiltran por entre la espesura para rodear y trabar a la línea de batalla enemiga, avanzando hasta estar en las posiciones más ventajosas para lanzar emboscadas terriblemente efectivas contra los flancos y retaguardia del ejército enemigo. Más de un batallón de artillería o de arqueros se ha creído a salvo por estar desplegado tras una línea de parapetos, estacas afiladas u otras defensas similares, sólo para comprobar con horror que los Hombres Bestia los han tenido rodeados desde el primer momento.

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Junto al rebaño principal avanzan los Minotauros, a quienes el olor de la sangre les lleva hasta tal extremo de excitación que ni siquiera pueden esperar a que la jornada acabe en victoria para alimentarse de sus víctimas: se detienen a atiborrarse de la carne de sus enemigos aún moribundos incluso con la batalla rugiendo a su alrededor. Otras bestias aún más salvajes también avanzan junto con la horda, como las repulsivas bandadas de Arpías, que sobrevuelan el campo de batalla chillando y peleándose entre ellas por hacerse con los restos de los cadáveres; o como los corrompidos Engendros del Caos, que rugen, se retuercen y se revuelcan llevados por el poder del Caos en estado puro que recorre sus venas. Finalmente, aquí y allá entre el ejército de Hombres Bestia pueden distinguirse las formas de varias criaturas de tamaño descomunal, como los ciclópeos Cigors, los gigantes bosquimanos de piel putrefacta, o las abotargadas cosas tentaculares que se arrastran acechantes por entre las ciénagas y que son capaces de tragarse a una docena de hombres enteros de un solo bocado.

Cuando los rebaños se reúnen para la batalla, no lo hacen como pequeñas y desorganizadas bandas, sino como ejércitos completamente pertrechados y preparados para todo, unidos bajo la voluntad de su Caudillo. La mera visión de un ejército de Hombres Bestia es suficiente para causar el terror incluso en los enemigos más bravos, porque la galería de horrores que lo componen es capaz de consumirlo todo a su paso.

El Reino de las BestiasEditar

La mitad de las tierras del Imperio y de Bretonia están cubiertas por densos bosques, en los que los hombres cabales temen adentrarse, porque saben que la floresta está infestada de reptantes abominaciones del Caos y tribus de Hombres Bestia.

La región conocida como el Viejo Mundo es más vasta de lo que cualquiera pueda imaginar, y la mayor parte de su superficie lo compone un verde océano de salvajes bosques. Los Astados reclaman como suyas todas esas tierras, incluso aquellas en las que los árboles han sido talados, porque incluso esas tierras fueron (y por tanto, siempre seguirán siendo) el territorio de caza de los Hombres Bestia. Los únicos bosques que los Hombres Bestia no se atreven a reclamar, al menos por el momento, son los de Athel Loren y Laurelorn. Pero aparte de eso, allí donde los humanos o cualesquiera otras criaturas se atreven a pisar sus campos de sangre, se acaban topando con poderosos rebaños de Hombres Bestia unidos por el liderazgo y la furia animal de un Señor de las Bestias. Las ciudades, aldeas y castillos del Viejo Mundo son para los Hombres Bestia meras estructuras temporales, construidas por intrusos. Un día todas ellas serán derribadas hasta que no quede piedra sobre piedra, y todos esos humanos entrometidos serán pasados a cuchillo, tal como merecen.

Los que Habitan en los BosquesEditar

Tal como corresponde a cualquier raza creada por el Caos, las tribus de Hombres Bestia exhiben una gran variedad de aspectos, a menudo debidos a la naturaleza misma de los campos de sangre en los que suelen cazar. Por ejemplo, los rebaños que recorren las faldas boscosas de las Montañas Centrales son muy diferentes de aquellos que moran en los bosques de más al sur. Además de acoger a millares de tribus de Hombres Bestia, las faldas de las montañas son el hogar de un gran número de nómadas Centigors. Estas criaturas con cuerpos de centauro son demasiado toscas, torpes y descoordinadas como para vivir confortablemente en las zonas con mayor densidad de árboles, y se sienten más cómodas en los bosques ralos de las onduladas laderas montañosas. Los Centigors descienden desde estas regiones para unirse al rebaño cuando va a la guerra, o para negociar trueques a cambio de cerveza y armas, dos productos que ellos son incapaces de manufacturar.

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Las tribus de Hombres Bestia de las Montañas Centrales son conocidas por ir a la guerra acompañadas de enormes y deformadas bestias del Caos, ya que las montañas albergan a un número prácticamente incontable de estas criaturas. Algunas de ellas, como el espantoso Escuerzo Alado, son tan salvajes e impredecibles que sólo la Magia Oscura de un chamán es capaz de guiarlas a la guerra.

Hay un rebaño concreto de las Montañas Centrales, el rebaño del Cuerno Dentado, que ha llegado a adquirir una enorme maestría en la doma de bestias del Caos, hasta el punto de que sus guerreros marchan al combate montados en gigantescos demonios de aspecto demencial, precedidos por unidades de Cazadores Ungors que rastrean el terreno en busca de la siguiente presa. Gracias a su uso de estas monturas, los Cuerno Dentado son capaces de viajar a distancias más largas que la mayoría de tribus. No obstante, por lo general sus guerreros prefieren desmontar para hacer frente al enemigo, porque cuando el salvajismo de la batalla se apodera del rebaño, sus bestias del Caos suelen volverse totalmente incontrolables.

El mayor rebaño que nunca haya dominado la región en torno a las Montañas Centrales fue el del Señor de las Bestias Gorthor el Cruel. Este poderoso líder estaba llamado a librar una de las más devastadoras guerras contra el Imperio en la que jamás se hayan visto envueltos los Hombres Bestia, una guerra que tuvo un coste de varios millones de vidas y asoló dos provincias enteras. Se decía que Gorthor había sido “tocado” por los Dioses del Caos, y sus poderes eran tales que incluso las bestias del cielo o las que vivían bajo tierra se unían de manera espontánea a su horda. Gorthor y su rebaño marcharon a la guerra montados en carros tirados por los más grandes y agresivos Tuskgors y Garragors, para asegurar que las tropas de élite de su masivo ejército fuesen las primeras en trabar contacto con el enemigo. Incluso a día de hoy, los descendientes del rebaño de Gorthor siguen yendo a la guerra casi de forma exclusiva montados en sus veloces y destartalados carros.

El Toque del CaosEditar

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En el mismísimo corazón del Imperio se encuentra el Drakwald. Los rebaños que se aventuran dentro de este bosque encantado parecen estar especialmente tocados por los oscuros Poderes del Caos, pues no en vano el Bosque de Drakwald contiene una inusitada cantidad de piedra bruja bajo la broza de su suelo. Por tanto, las mutaciones abundan entre aquellos que habitan en este lugar. Los Bestigors muestran las más impresionantes cornamentas, y los Mastines del Caos están dotados de los más largos y afilados colmillos. Los rebaños del Bosque de Drakwald siempre suelen ir acompañados de una gran cantidad de bestiales Engendros del Caos, criaturas que quizá antaño fueron poderosos Caudillos, o incluso Chamanes del Rebaño que no supieron (o no quisieron) dosificar el uso de los Vientos del Caos, y que con el paso del tiempo han sido moldeados por sus indiferentes maestros en nuevas y grotescas formas. Cuando se acerca una guerra y los rebaños se reúnen, los Engendros del Caos acuden a la llamada igual que todos los demás Hombres Bestia, arrastrándose y retorciéndose fuera de sus guaridas en respuesta a algún tipo de instinto racial vagamente recordado.

De todos los rebaños del Bosque de Drakwald, los más famosos por el gran número de Engendros del Caos que se les unen en la batalla son los Hijos de Skrinder. Estas criaturas repugnantes, con extremidades en forma de filo, comparten el mismo color de piel, pelo y cuernos que los Gors del rebaño, así que es de suponer que originalmente también fueron Gors que, cuando sus cuerpos se vieron vencidos por el Caos, decidieron permanecer junto a sus congéneres en lugar de huir (y dichos congéneres les aceptaron en vez de expulsarlos, lo cual también es un detalle a tener en cuenta). De hecho, se sabe con cierta seguridad que al menos uno de estos Engendros fue en otros tiempos el portaestandarte del Caudillo, porque aún hoy en día lo blande en alto, convertido en una harapienta bandera cuyo mástil se ha fusionado con el cuerpo de la criatura en una especie de enorme garra.

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Pese a la localización en la que está situado Drakwald, las guerras libradas por los Hombres Bestia en ese bosque maldito y sus alrededores no sólo les han enfrentado contra los hombres del Imperio: también han tenido como adversarios a los entrometidos Skavens, que se sienten atraídos hasta esa región por su abundancia de piedra bruja. Los Hombres Rata disponen de una red de túneles que según se dice abarca hasta el último rincón del mundo, y muchos de dichos túneles salen a la superficie en lo más profundo del Drakwald. Por eso, los Hombres Bestia siempre están alerta en busca de señales de actividad Skavens. El primer indicio de una incursión Skaven suele ser el súbito hundimiento de una amplia zona del suelo boscoso, que haga caer árboles o formaciones enteras de roca. En muchas de esas ocasiones los poderosos ejércitos de los Hombres Bestia y de los Skavens acaban por enfrentarse, a veces a muy poca distancia de las ciudades de los humanos, que pueden oír perfectamente el clamor de la batalla mientras se aprestan a tomar posiciones tras sus murallas (por lo que pueda pasar), temblando de miedo ante los atronadores ecos que surgen del bosque o, más extraño aún, del subsuelo bajo sus pies.

Algunos rebaños de Hombres Bestia del Drakwald han logrado llevar esta guerra directamente hasta los dominios de los Skavens. El caso más conocido es el del rebaño de Ghorroz Tragatúneles: tras muchos años de guerrear en los oscuros y putrefactos corredores subterráneos bajo el Drakwald, los Tragatúneles de Ghorroz han perfeccionado la táctica de mantener al borde de la inanición a sus hordas de Mastines del Caos, y soltarlas súbitamente contra las madrigueras Skavens. A medida que los Skavens salen huyendo aterrorizados, los Bestigors los van trinchando con sus grandes hachas, para luego derrumbar todos los accesos del túnel sobre los Hombres Rata supervivientes.

Una Oleada InterminableEditar

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Los Hombres Bestia del Reikwald son especialmente viriles, y por alguna razón desconocida se reproducen a un ritmo mucho mayor que los rebaños de otras regiones. Estos bosques retumban con los ecos de terribles sonidos de apareamiento, mezclados con los gritos de aquellos humanos que han sido lo bastante estúpidos como para meterse en los dominios de los Hombres Bestia. Algunas zonas están literalmente infestadas de estas criaturas, y cada rebaño se ve obligado a competir con los demás por el dominio de los territorios de caza. Los Ungors son especialmente numerosos, hasta el punto de que existen tribus enteras compuestas exclusivamente por ellos. Dichas tribus acogen además a muchos “proscritos raciales”: Hombres Bestia nacidos de padres humanos, que han sido expulsados de su sociedad de origen o han huido hacia los bosques por iniciativa propia. Aunque estas peculiares criaturas tienen muy pocas posibilidades de ganarse una posición de fuerza y respeto entre los Gors, a menudo pueden llegar a dominar las tribus de Ungors, para embarcarse en terribles e interminables guerras contra los humanos que los desterraron. Debido a esto, la población de un asentamiento humano que se vea arrasado por un rebaño de Ungors será ejecutada de las maneras más horribles que quepa imaginar, tras haber sido torturada con unos niveles de crueldad difíciles de describir.

Por el contrario en el noroeste del Imperio, en los bosques que bordean los desolados páramos alrededor de Marienburgo, apenas pueden encontrarse humanos ni ningún tipo de animales de presa. Por ello muchas de las tribus de Hombres Bestia de esa región hacen un uso extensivo de carros, ya que sus territorios de caza se extienden a lo largo de centenares de millas de terreno llano y yermo, hasta la misma costa del Mar de las Garras. Cualquier humano que cruce esta franja de tierra deberá estar alerta en todo momento, por si aparecen los veloces carros de los Hombres Bestia. Se sabe de rebaños montados en carros que han logrado envolver y acorralar a ejércitos enteros, aniquilándolos con las cuchillas de sus ruedas y atando a los prisioneros supervivientes a la parte trasera de los vehículos para arrastrarlos de vuelta a su campamento y sacrificarlos ante las Piedras del Rebaño.

El Enemigo InteriorEditar

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En las zonas boscosas de Reikwald, los nobles del Imperio mantienen muchos pabellones de caza, lugares aislados en los que los plebeyos tienen prohibido cazar. Se rumorea que en estos pabellones, fuera de la vista de todo el mundo, se reúnen grandes conciliábulos de nobles y damas de la corte para entregarse a la adoración prohibida de los Poderes Ruinosos, y para retozar con los Hombres Bestia alrededor de rugientes hogueras, mientras Morrslieb brilla en todo su esplendor. Esta confraternización suele ir creciendo hasta acabar dando paso a actos de traición pura y dura contra la civilización humana. Más de una vez el portón de una ciudad ha sido sigilosamente desbarrado en medio de la noche, para permitir que una horda de Hombres Bestia se cuele dentro y pase a cuchillo a los defensores, que se creían a salvo de los horrores del crepúsculo sin sospechar que estaban siendo víctimas de un complot urdido por sus propios congéneres.

Honor MancilladoEditar

En el norte de Bretonia se encuentra el Bosque de Arden. Se dice de los Hombres Bestia de esa región que son los más grandes y fieros de todo el Viejo Mundo. Dicha aseveración tiene desde luego algo de verdad, principalmente porque los rebaños que habitan el Bosque de Arden contienen un número desproporcionado de Bestigors. Estos Hombres Bestia de élite se reúnen formando partidas que buscan activamente a los enemigos más poderosos contra los que poner a prueba su propia pericia en combate. Incluso en las épocas de relativa calma, los Bestigors del Bosque de Arden se enzarzan constantemente entre ellos en sangrientos rituales de batalla con los que aumentar sus habilidades, hacerse más fuertes y quitar de en medio a los individuos que no demuestren ser lo bastante duros como para merecer sobrevivir. Cuando estos rebaños marchan a la guerra, incluso la flor y nata de los caballeros de Bretonia se lo piensa dos veces antes de enfrentarse a ellos.

Las crónicas de Bretonia recogen muchas historias acerca de rebaños del Bosque de Arden que se han aventurado más allá de la oscura arboleda para hacer la guerra contra las tierras adyacentes. Es en estas ocasiones cuando las órdenes de caballería de Bretonia se ven obligadas a salir al galope para hacer frente a los salvajes Hombres Bestia, sólo para ver como sus mejores caballeros son desmontados sin contemplaciones y hechos pedazos por el rugiente enemigo. No han sido pocas las veces en que los Hombres Bestia han logrado derrotar a un orgulloso y confiado ejército bretoniano, obligándolo a retirarse hasta la seguridad de sus grandes castillos y ciudadelas. Pero ni siquiera tras sus gruesas murallas pueden sentirse a salvo los defensores, pues los Chamanes del Rebaño son capaces de convocar a enormes criaturas de los bosques, como las Gorgonas o los Cigors, con las que asaltar las fortalezas humanas.

En ocasiones, los Hombres Bestia utilizan una táctica curiosa con estas moles cornudas: pequeños grupos de Hombres Bestia se acercan por la noche hasta los portones de la fortificación que piensan atacar, y montan ante ellos un gigantesco ariete cuya cabeza es un cráneo bestial. Tras esto, los Chamanes del Rebaño convocan a una Gorgona, Cigor u otra bestia igualmente gargantuesca, y la incitan para que confunda al ariete con un enemigo. Si este engaño funciona, la bestia cargará al instante contra el ariete, con una fuerza tal que al impactarlo hará que los portones estallen en mil astillas, permitiendo a la horda de Hombres Bestia acceder al interior de la fortaleza como una verdadera marea de cuernos, garras y pelo. Por suerte para los bretonianos, este plan (arrastrar a escondidas el ariete hasta los portones, y luego atraer a la bestia para que cargue contra él) es tan rebuscado que rara vez suele salir bien. De lo contrario, las tierras de Bretonia se habrían visto pisoteadas bajo las pezuñas de los Hombres Bestia desde hace ya muchos siglos.

El Paso del Fuego NegroEditar

La gran mayoría de rebaños de Hombres Bestia se desplazan por sus propios campos de sangre, guerreando contra aquellos a los que consideran intrusos en sus tierras. En estas regiones ningún enemigo es inmune a ser atacado, sin importar lo bien protegido que viaje o lo mucho que se atrinchere. No obstante, algunos rebaños prefieren mantenerse dentro de una franja de territorio mucho más pequeña, sabedores de que la comida fresca acabará acudiendo a ellos. Los rebaños del sur, por ejemplo, representan un auténtico martirio para cualquiera que se vea obligado a cruzar el Paso del Fuego Negro.

Este amplio valle establece una ruta desde el sur del Imperio hasta las tierras del suroeste, como Tilea y Estalia, además de ser parte de las peligrosas rutas de comercio que llevan al Lejano Oriente. No sólo eso, sino que también representa un antiguo itinerario de invasión, utilizado por los pieles verdes de las Tierras Yermas y por otras muchas terribles razas de la Tierra de los Muertos y las Tierras Oscuras. Pese a que los Hombres Bestia representan una amenaza constante para cualquiera que cruce dicho paso, cuando se encabritan de verdad es cuando ven a un ejército entero de sus enemigos intentar atravesarlo; si eso ocurre, los Astados se reúnen en número aplastante para lanzarse sobre los intrusos sin contemplaciones. No es raro que un ejército de humanos se vea obligado a luchar contra numerosos enemigos a lo largo del camino hasta el Paso del Fuego Negro, sólo para llegar allí y encontrarse la entrada al desfiladero saturada con miles y miles de Hombres Bestia.

Las Tribus de MinotaurosEditar

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De todas las tierras boscosas del Viejo Mundo, el Bosque de las Sombras es la que alberga una mayor concentración de Minotauros. Estas bestias ebrias de sangre son tan numerosas allí que llegan a formar tribus enteras, unidas bajo el mando de poderosos Minotauros Destripadores y Minotauros de la Condenación. Dichas tribus incluyen a muy pocos Bestigors, porque esos Astados de menor rango saben que probablemente nunca serán lo bastante poderosos como para poder desafiar el liderazgo de un Caudillo Minotauro. En cambio, lo que sí que puede encontrarse en las tribus de Minotauros son centenares de Ungors, que se pasan la mayor parte del tiempo merodeando en torno a los Minotauros mostrándoles adoración, frotándose contra ellos, y robando sigilosamente cualquier trozo de comida que se les caiga inadvertidamente al suelo. En combate, los Ungors se lanzan por delante de los Minotauros, encarándose contra enemigos a los que está claro que no tendrían ninguna oportunidad de derrotar en un combate limpio. Sin embargo, los Ungors no entienden de combates limpios: cuando el enemigo en cuestión empieza a perseguirles retroceden de nuevo hasta sus posiciones de partida (apenas conteniendo una malévola sonrisa en sus deformes caras), atrayéndolo contra los Minotauros que acechan en segunda línea; la carnicería subsiguiente suele ser horripilante.

Cuando un Minotauro de la Condenación convoca a la guerra a los rebaños, a ningún Hombre Bestia le cabe la menor duda de que va a tener lugar un terrible baño de sangre. De hecho, la monstruosa ansia de masacre del Caudillo Minotauro suele contagiarse rápidamente a toda la horda. Cada tribu de Minotauros de la zona se unirá de manera espontánea a la estampida. Cada Beligor sentirá el aumento palpable del ansia de sangre entre su rebaño (y hará bien en responder a ese ansia, si no quiere que un Hombre Bestia más joven y agresivo que él le desafíe por el puesto de Caudillo). Las demás bestias de los bosques también se verán probablemente atrapadas en este estallido de furia: Arpías, Garragors y gigantescas Gorgonas, todos ellos serán consumidos por una desesperada necesidad de rajar, destripar y devorar.

El Corazón de la OscuridadEditar

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Existe un lugar mágico de especial adoración para los Astados, un lugar al que se refieren en susurros como “el Corazón de la Oscuridad” porque allí nunca brilla el sol. Su localización exacta jamás se menciona, pero los Chamanes del Rebaño aseguran que todos los caminos de las bestias acaban llevando hasta él, por lo que muchos Hombres Bestia simplemente siguen las rutas secretas en peregrinación hasta encontrarlo. En el centro del Corazón de la Oscuridad se encuentra la más imponente Piedra del Rebaño del mundo, un monolito que vibra y resuena de poder maligno. Los Chamanes del Rebaño suelen encadenarse a su irregular superficie para absorber la energía en estado puro que desprende, y en el mejor de los casos incluso llegan a recibir visiones de los Dioses del Caos (en el peor, no pueden controlar la energía absorbida y se acaban transformando en Engendros del Caos).

En la base de la Piedra hay una retorcida masa de gruesas raíces, que parecen las tripas desparramadas de un Titán de los Cielos. Por entre ellas se extiende una red de apestosos túneles, poblados no sólo por Hombres Bestia, sino también por otras muchas monstruosidades sin nombre. En la profundidad de esos túneles se llevan a cabo horribles rituales, y cada noche de luna llena un millar de prisioneros son arrojados como alimento a unas enormes y aberrantes fauces que se abren en los mismos cimientos del pilar. Este festín parece tener el efecto de revigorizar al infame monolito, de modo que su corrupta magia se extienda a centenares de leguas de distancia por entre los bosques de alrededor. Los árboles se retuercen y adoptan extrañas formas, entrecerrándose amenazadoramente sobre las carreteras y los pueblos. Los hombres sufren terribles pesadillas. Los sacerdotes se ven invadidos por innombrables tentaciones. Cada bestia experimenta un ansia primaria por matar y destruir; y entonces los Astados marchan a la guerra.

Tipos de Hombres BestiaEditar

Aunque pueda parecer que los Hombres Bestia forman una única raza es precisamente todo lo contrario. La naturaleza caótica de estas bestias se ha demostrado en la variedad tan grande de criaturas que engrosan sus filas. Se pueden encontrar entre las manadas a:

Dioses de los Hombres BestiaEditar

Como era de esperar, los Hombres Bestia adoran únicamente a los cuatro Dioses del Caos. Normalmente le rinden culto al panteón conjunto de los cuatro dioses, aunque se dan algunos casos en ciertas tribus que adoran a un solo dios oscuro.

KhorneEditar

Para los Hombres Bestia, el dios que el hombre llama Khorne es el que garantiza a estos salvajes el odio violento que los impele a la batalla. Es esta aversión asesina la que exige que un Bestigor se levante a desafiar al caudillo de su tribu y la fuerza que descarga el golpe que lo mata.

Se da el caso de Hombres Bestia que se dedican exclusivamente a este único aspecto de su naturaleza bestial. Estos fanáticos salvajes empapan sus cuerpos musculosos con la sangre de sus enemigos. Adornan sus escudos oxidados y sus estandartes manchados de sangre con los cráneos de los que han derrotado en batalla. Su pelo está enmarañado y los guerreros están tan sedientos de batalla que braman y constantemente les cae un chorro de babas por sus fauces. Lo más terrible de todo es que a veces aparecen manadas de estas bestias que, llevadas por una rabia inimaginable, hacen trizas a sus enemigos con una facilidad aterradora.

Los Astados que únicamente veneran a Khorne se llaman Khornegors.

TzeentchEditar

Los bosques oscuros en los que habitan los Hombres Bestia están siempre cambiando y creciendo, debido a los designios del dios al que el hombre llama Tzeentch. La variedad interminable que existe de estas bestias salvajes del bosque garantiza su poder. Es el mismo ser que tiene los mismos rasgos físicos de la bestia; cuernos, colmillos, dientes y músculos, que retuerce y distorsiona para convertirlos en armas mucho más fuertes que cualquiera forjada por los hombres, Elfos o Enanos.

Las bendiciones particulares de este dios son evidentes en los Hombres Bestia que lucen cuernos enormes y retorcidos en todo tipo de formas afiladas y complejas, y en aquellos cuya piel y pelaje resplandece con marcas o diseños raros y extravagantes. Estos son llamados Tzaangors.

NurgleEditar

Los bosques rebosan de tantas bestias y vegetación que se han convertido en lugares de muerte y corrupción. El suelo frío y húmedo del bosque acoge todo tipo de enfermedades y plagas concebibles con una repulsión exasperante. Cuando los árboles, los animales y los Hombres Bestia mueren, sus cadáveres se suman a este brebaje fétido. Por el poder de seres como el que los humanos llaman Nurgle, los Hombres Bestia están entusiasmados por toda esta repugnancia y es que lo que no les mata, les hace más fuertes.

Los Pestigors disfrutan con estas viles plagas que atenazan los bosques y las extienden a las tierras de los hombres, adelantándose al día en que toda la obra de los mortales se desmorone y caiga. Invaden el dominio de Athel Loren para infestar sus árboles con plagas virulentas, envenenando el hogar de los Elfos Silvanos. Estas criaturas son hervideros andantes de pestilencia, cuyos cuerpos supuran pus constantemente, les rodean enjambres de moscas gordas, y sus armas pesadas y afiladas están impregnadas de ese cieno infeccioso. Sus figuras están deterioradas por la putrefacción, pero estos Hombres Bestia se han hecho inmunes al dolor y a la descomposición y es que sus cuerpos mortales han sido bendecidos con la resistencia antinatural del Caos.

SlaaneshEditar

Los Hombres Bestia son posiblemente la raza que mayor relación guarda con Morrslieb, la luna del Caos. En las noches que Morrslieb está mas alta en el cielo, los Hombres Bestia sienten una gran necesidad por reproducirse, pero no lo hacen de forma individual con algún otro congénere, sino en una gran orgía anárquica y caótica entre todos los miembros de la manada. Durante estas noches de pesadilla, se conciben los nuevos miembros de la raza de los Astados.

Esta lujuria y ansia por satisfacer sus instintos más básicos es un regalo del Dios del Caos al que las razas mortales llaman Slaanesh, y gracias a estas horribles bacanales, en las que se dice que participan brujas y herejes además de las bestias, la aberrante raza de los Hombres Bestia tiene el futuro de su especie garantizado.

Los Astados que únicamente veneran a Slaanesh se llaman Slaangors.

ImágenesEditar

FuentesEditar

  • Ejércitos Warhammer: Hombres Bestia (7ª Edición).
  • Ejércitos Warhammer: Bestias del Caos (6ª Edición).

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