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Hung

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Barbaro del caos Warhammer online.jpg
A menudo se considera a los kurgan como los servidores más significativos del Caos, pues son los más numerosos y dispuestos a entregar sus cuerpos y almas a los dioses oscuros. La exposición regular a estos pueblos caóticos permite a los imperiales y los kislevitas aprender más cosas sobre sus belicosos vecinos, y cuanto más aprenden los viejomundanos, más seguros están de que los kurgan no están solos.

La VerdadEditar

Al otro lado del mundo hay más humanos que sirven a los dioses oscuros. El Gran Desierto los separa de los kurgan, y a menudo permanecen confinados en las tierras del norte de Catai, o al otro lado del tramo de tierra que conecta con los confines septentrionales del Nuevo Mundo. Al igual que los kurgan de las Estepas Orientales, los hung saquean a sus vecinos, lanzando ataques contra las fabulosas ciudades de Catai o las siniestras urbes de los elfos oscuros. Están en un estado de guerra casi constante. La razón es sencilla; creen que el propósito de su existencia es luchar, matar y masacrar. Luchando entre ellos, contra los kurgan y contra todos los demás, se honran a sí mismos y a sus dioses.

Los hung también son nómadas como los kurgan, pero en lugar de montar caballos utilizan recios ponis criados para ser resistentes y sobrevivir en los inhóspitos climas de sus terrenos de caza. Se trata de un pueblo de jinetes; incluso hay quien dice que nacieron a lomos de sus monturas. Todo miembro de la tribu lleva consigo a su robusta montura, una sucia tienda de lana y todo lo que necesita para subsistir. Los hung consideran iguales a todos los miembros de su tribu y no hacen distinciones entre hombres y mujeres. Existen muchas tribus menores, entre las que se encuentran los yin, los chi-an, los tu-ka, los mung, los aghols, los wei-tu, los man-chu, los temibles wo y los kuj, aunque todos ellos forman parte de los hung.

Aunque profesan lealtad a la tribu superior, los hung no cumplen promesas ni respetan pactos. Son célebres por su perfidia y por su disposición a matarse tanto entre sí como a todos los que se crucen en su camino. Son un pueblo taimado, que negocia con astucia y no duda en traicionar. Por ejemplo, podrían rodear un pueblo y prometer marcharse sin atacar si sus habitantes les entregan a sus hijas. Una vez que el pueblo acceda a sus deseos, los hung masacran a los lugareños y queman todos los edificios, sencillamente porque pueden hacerlo.

Les gustan las cosas refinadas, por lo que siempre saquean oro, sedas e incluso alfombras decorativas de colores chillones, y lo muestran todo con orgullo cada vez que acampan. A pesar de su ostentación, no saben nada sobre civilización y son un hatajo de patanes burdos. En realidad no son más que simples cazadores-recolectores, y la parte de la caza supone un elemento básico de su cultura. Ven en cada caza una oportunidad para demostrar su fuerza y coraje, razón por la cual vagan por los lugares más tenebrosos de los Desiertos del Caos en busca de algún mortífero engendro o criatura mutante que matar y llevar de vuelta como comida.

Hay algo que los hung valoran más que los tesoros, y son sus perros de caza. Crían una feroz raza canina, tan maltratada y desnutrida que apenas se reconocen como perros. Su crueldad insufla lealtad a estas estúpidas bestias, por lo que corren junto con sus amos en combate y despedazan salvajemente a sus enemigos. Los hung tratan de la misma forma a sus monturas, a las que alimentan con una mezcla de cereales y sangre humana para volverlas feroces e impredecibles.

El territorio de los hung no produce mucha comida, por lo que su dieta puede resultar macabra. Engullen ávidamente presas de caza y pescado, se alimentan de ratas, insectos e incluso de los piojos de sus cuerpos. Algunos testigos afirman que estos salvajes devoran las placentas de los potros de sus yeguas. Y si no hay nada de eso disponible, se beben la sangre de sus monturas e incluso recurren al canibalismo si es necesario.

Dadas las condiciones en las que viven, cabria esperar que los hung abandonen sus tierras; y lo hacen, pero sólo para saquear. Permanecen en sus terrenos de caza porque creen que los dioses moran en todo lo que hay en ellos. Cuando cae un rayo, ven la imagen del Dios de la Sangre. En sus propios excrementos ven al Dios de la Descomposición. En consecuencia, no tienen santuarios ni altares (aunque sí que construyen monolitos como los kurgan). En vez de ello, este perverso pueblo rinde culto a sus dioses rezando a toscos ídolos o dando gracias por los alimentos restregando la carne y los caldos contra las pieles de sus monturas.

Recientemente, muchos hung han sido sometidos bajo el control de Morathi, la Reina Bruja de los elfos oscuros y madre de Malekith el Rey Brujo. Para revigorizar el culto a Slaanesh entre su pueblo, Morathi y un aquelarre de sectarios viajaron al norte para dominar a los hung y emplearlos para sus siniestros propósitos. Numerosas tribus se unieron a ella y la siguieron al sur hasta Lustria, aunque nadie sabe con qué fin.

FuenteEditar

  • Warhammer Fantasy JdR: Tomo de Corrupción (2ª Ed. Rol).

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